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INDICE
NOTA PRELIMINAR
INTRODUCCION
PARTE PRIMERA
HISTORIA ORAL
COMO ELLOS LA CUENTAN
LOS CUENTEROS DE LA HISTORIA
EL DESARROLLO DEL HATO LLANERO DURANTE LA EPOCA COLONIAL
DEFINICION DE LA NEOETNIA LLANERA COLOMBO
TENENCIA DE LA TIERRA Y DEL GANANDO EN EL HATO DE LOS LLANOS OCCIDENTALES BARINESES VENEZOLANOS
EL REGIMEN DE TENENCIA DE LA TIERRA EN LOS LLANOS VENEZOLANOS
SEGUNDA PARTE
INSTITUCIONES Y DESARROLLO
LAS INSTITUCIONES Y LA LEGALIDAD EN LOS LLANOS ORIENTALES DE COLOMBIA
¿REGENERACIÓN FUNDAMENTAL O CATASTROFE?
HISTORIA DOCUMENTAL EN LA FRONTERA DE LOS TRES LIMITES
EL DESARROLLO INDUSTRIAL DEL OCCIDENTE DEL ESTADO BARINAS
BIBLIOGRAFÍA
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CAFÉ, CABALLO Y HAMACA
EL REGIMEN DE TENENCIA DE LA TIERRA EN LOS LLANOS
VENEZOLANOS
Figuras jurídicas, económicas y sociales
Adelina Rodríguez Mirabal
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Al margen de las incursiones de criadores en los llanos, os
rebaños de ganado circulaban mostrencos por la sabana. El Llano,
zona de refugio por excelencia, había dado albergue a un
considerable número de cabezas de ganado producto -en algunos
casos-del extravío en las expediciones que en pos de la tierra de
los Omeguas se llevaron a cabo en los albores de la colonización;
diezmados los hombres por la inmensidad de la sabana y los
sinsabores de la vida rústica, quedaron las bestias que se
multiplicaron con aquellas fugadas de los hatos circundantes y
arrocheladas en la sabana.
La dinámica geofísica del medio y su ritmo habitual de sequías e
inundaciones períodicas no constituían el mejor de los alicientes
para fijar sitios de población. Las entradas -o expediciones- se
repetían pero en su avance eran frustradas por sorpresivos
inconvenientes, una y otra vez se intentaba el avance con
diferentes fines pero con un mismo destino: la conquista del Llano.
De esta manera, las crónicas narraban las inclemencias a que se
vieron sujetos los iniciales buscadores de oro: toleraban con algún
sufrimiento sus fatigas, pero advirtiendo después, que mientras más
se iban remontando por aquel piélago sin fondo de los llanos, se
multiplicaban con exceso las incomodidades y miserias, se fueron
desmayando, faltándoles a todos el aliento pues además de ser la
tierra inhabitable, llena de tremedales y anegadizos, de cuyas
aguas detenidas, corruptos con el demasiado calor, era imponderable
la cantidad de mosquitos y sabandijas ponzoñosas que los
atormentaban. Padecían también el desabrigo de una total desnudez;
porque siéndoles preciso el caminar sin veredas por aquellas
sabanas dilatadas, era tanta la aspereza de los pajonales, que como
si fueran cuchillos de dos filos, les hacían pedazos los vestidos;
de suerte que se vieron obligados, para resguardar las carnes, a
hacer unos zamarros de pellejo de venado, que les cubrían los
cuerpos hasta abajo de las rodillas, pues no era suficiente otro
remedio para poder defenderse (de Oviedo y Baños, José. En: García
Brito, Luis 1986, pg. 18).
Lento fue el proceso que dio origen a la colonización pecuaria
en Apure, (Rodríguez, Adelina, 1987 Parte II Cap. V) caracterizada
por el avance de criadores primero con sus mayordomos y luego con
sus rebaños y familias en dirección Norte a Sur; desde la Provincia
de Caracas y sus adyacencias hacia las tierras de la llamada Otra
Banda de Apure, equivalente para la época, a la zona geoeconómica
delimitada por Alejandro de Humboldt entre... "las sabanas
de Palmarito, las sabanas de Arauca y las del Meta, desde el río
Caquetá hasta el río Apure y desde éste hasta el Delta
Orinoco" (Humboldt, A. 1951. Tomo III pg. 220).
Por extensión, las tierras planas se fueron transformando
progresivamente en una especie de refugio y en un lugar de tránsito
fluido para contrabandistas y forajidos, que paralelo a la
resistencia de las comunidades primitivas autóctonas de la sabana,
no reducidos a pueblos de misión, frenaban el acceso a las tierras
de Apure. La dinámica del poblamiento ganadero siguió, en este
sentido, dos líneas concretas que permiten delimitar dos momentos
históricos precisos en el proceso de poblamiento ganadero.
Incursiones esporádicas
En primer lugar, sucedieran incursiones esporádicas,
caracterizadas por la dispersión de los sitios poblados, con una
marcada dependencia a la villa de Españoles de San Jaime, fundada
en 1753 con la finalidad específica de controlar efectivamente el
furtiva comercio que se desarrollaba en forma ilícita por las
márgenes del Apure con rumbo hacia Angostura y del cual eran
participes grupos de holandeses, ingleses e indias caribes que
deambulaban libremente por las sabanas (Rodríguez, Adelina y Pedro
Olivares, 1990 pg. 5). En este primer momento, entre 1750 y 1760
(Mapa Nº 5) el poblamiento ganadero en los llanos de Apure
comprende la avanzada de las órdenes religiosas con escolta de
criadores y la consecuente distribución del espacio en tres zonas
bien delimitadas a saber: la correspondiente a las Villas, en este
Caso las Villas de San Jaime (españoles) y San Antonio de Padua de
las Cocuizas (Mulatos). En segundo lugar la correspondiente a
poblados indígenas, dispersos en el territorio, en su mayoría no
reducidos. Y por último, la correspondiente a los hatos, unidades
de poblamiento y producción igualmente dispersos en el
territorio.
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Mapa Nº 5 Poblamiento ganadero en
los Llanos de Apure 1750-1760 (Adelina Rodríguez, 1991)
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La dispersión es el elemento predominante en el conjunto. Las
órdenes religiosas avanzan cautelosamente escoltadas por algunos
criadores que brindan el apoyo de sus armas y aprovechan la
circunstancia para fundar a través de sus capataces y mayordomos
sitios de hatos, ocupan la tierra. A partir de este momento, se
comienza a perfilar el marcado interés de organizar una ganadería
de rodeo y de imponer una normativa que regulase a su favor la
riqueza social de los Llanos: el ganado. Los conflictos entre
criadores y misioneros no tardaron en presentarse: la apetencia de
los criadores se transformó en el acicate de los misioneros y
muchas quejas comenzaron a elevarse ante las ordenes superiores por
el hostigamiento a que se veían sometidos y la constante
destrucción de los pueblos fundados para la reducción de los indios
gentiles.
Tanto la Villa de Españoles de San Jaime como la Villa de
Mulatos fundada por vecinos procedentes de Barinas denominada- de
San Antonio de Padua de las Cocuizas, cumplen el papel de centros
demográficos en este primer momento. En efecto, de ellas provienen
tanto los hombres como los bastimentos para las huestes que entran
con violencia en la sabana. Al amparo de las Villas otros criadores
incursionan procedentes de Caracas, San Sebastián de los Reyes, San
Carlos de Austria, Calabozo, El Sombrero, Barbacoas y otras
localidades de la provincia de Caracas; estos incursionan con sus
mayordomos y comienzan a fundar hatos en forma paralela a la
entrada de misioneros con escolta.
Se observa con particularidad que estas primeras incursiones se
ejecutan con una finalidad exploratoria; los criadores y mayordomos
entran sin rebaños a cazar cimarrones. A la violencia de las
primeras entradas se incorporó la violencia desatada entre los
criadores y los misioneros por el derecho a la ocupación de
tierra:
Aunque algunas veces pudo ocurrir lo contrario, con el auge de
la exportación pecuaria se acrecentaba de tal manera la voracidad
de los empresarios que apetecían de tal manera las tierras de los
misioneros antes de que éstos las consideraran pacificadas y
planificasen desplazarse más hacia el sur. A finales del siglo
XVIII, los Capuchinos pleitaban con algunos miembros de la
oligarquía de las sabanas situadas entre el Apure y el Meta (Izard,
Miguel, 1988 pg. 60).
Con la reducción parcial de algunas tribus, las ordenes
religiosas intentaron un proceso de fundación de pueblos de indios,
sin embargo, este proceso se vió directamente afectado, no sólo por
la oposición de los criadores -sino- fundamentalmente, por la
propia resistencia indígena al esquema misional de reducción a
pueblos, hecho éste que se pone de manifiesto en la destrucción de
los pueblos recien fundados y el asesinato de los frailes a manos
de los indios.
Con el apoyo de las Villas de San Jaime y San Antonio el proceso
de poblamiento ganadero siguió una ruta acelerada, pero firme. No
sólo habían ingresado a los Llanos de la otra banda de Apure,
misioneros con escolta de criadores, sino también criadores con sus
mayordomos al amparo de una figura jurídica aparentemente superada
en el territorio como la del Capitan Poblador o Pacificador. De
esta manera, en una relación dada en Barinas en enero de 1775 puede
leerse:
En la ciudad de Caracas a 5 de enero de 1775 el señor don
Lorenzo Joseph Fernández de León (...) dijo que habiendo
establecido y fundado la Villa de San Jaime en la riveras del río
Apure con vecinos y moradores de él, por quienes y por otros
vecinos y dueños de hatos y ganados de la Villa de San Carlos y de
otras ciudades y lugares de esta misma provincia acompañado a
dichos padres capuchinos y ya internados con sus ganados, poco a
poco se fueron descubriendo, pacificando y poseyendo con estos los
terrenos incultos y aún ignorados de parte de la ciudad de Barinas
hasta su respectivo descubrimiento (...) a donde fue el primero que
pasó con sus ganados don Sebastián Sánchez de Mier y Terán,
siguiendo inmediatamente el Dr. don Fernando Dominguez de Rojas,
vecinos de esta ciudad y otros ganaderos con el título de Capítan
Poblador (Archivo General Nacional. Diversos, XLVI, fls 42-43).
Las fuentes indican que entre 1760 y 1765, don Sebastián de Mier
y Terán, poderoso hacendado que disfrutaba el carácter de dueño de
tierras y esclavos en Barbacoas, San Sebastián, Calabozo y Caracas,
entró a la tierra de los Llanos primero con sus mayordomos y luego
nuevamente con sus rebaños, en calidad de Capitán Poblador, con él
entraron también el Dr. don Fernando Dominguez, Adrián Camacho,
Adrián Delgado y otros criadores apoyados en sus armas y mayordomos
con fines de pacificación. Ello les permitió aquerenciar ganado,
cazar cimarrones, fundar hatos y queseras y posteriormente optar al
desempeño de cargos de poder local como alcaldes de hermandad,
jueces de tierras y jueces de llanos.
La fundación de sitios de hatos para la cría de ganado y el
hecho de levantar "casas y corrales" en lugares
tan distantes que escapaban en cierta medida de la normativa
colonia implicaba el ejercicio de cierto derecho de conquista. El
fundador, en este caso, el Capitán Poblador y quienes arriesgaban
sus vidas con fines de pacificación se plegaban a una norma de
derecho de ocupación para legalizar posteriormente por vía de las
composiciones. El servicio prestado a la Corona en una tierra que
permanecía virgen les permitió incursionar en detrimento de las
ordenes religiosas que a todo lo largo del proceso histórico de
poblamiento ganadero en los Llanos de Apure sufrieron la oposición
de los hateros y de las propias tribus indígenas. Este hecho
explica que todavía para fines del siglo XVIII las poblaciones
indígenas en Apure no pasaran de ser simples congregaciones,
segregaciones y pequeños pueblos varias veces refundados y
diezmados por las plagas y por la pésima localización espacial
producto del estrangulamiento de los hateros o criadores.
Incursiones sistemáticas u organizadas
En este segundo momento, sofocada parcialmente la resistencia de
los grupos moradores en las tierras incultas de los Llanos, se
organiza el espacio en función de una determinada línea de
poblamiento pecuario, con una finalidad específica: controlar la
riqueza social de los Llanos: el ganado. Se trata del momento más
álgido de las contradicciones entre los criadores de ganado y las
ordenes religiosas, manifiestas a través de la correspondencia
remitida a los superiores de la orden franciscana y aquellas
recopiladas por el Obispo Mariano Martí en su visita pastoral.
Martí acusaba directamente a los hateros de ser responsables del
poco fomento y del estado caótico en que se encontraban los pueblos
de misión. De acuerdo con las informaciones del Obispo Martí hacia
1780, grupos de hateros se habían instalado en las mejores tierras
de la extensión geográfica ya conocida como de Apure. Entre ellos
se destacan, don Andrés Curvelo en Achaguas, los capitanes
pobladores Fernando Dominguez de Rojas y Sebastián de Mier y Terán
(su antecesor El Viejo) don Adrián y Bernardo Camacho y Antonio
Mirabal en San Juan de Payara, don Alejandro Pío Blanco de Ponte,
don Juan de Araña y don Juan de Mier y Terán en Cunaviche, José
Romero y Javier Gutiérrez y Crescencio Ochoa en Capanaparo, don
Sebastián Sánchez de Mier y Terán, don Antonio de Sosa, don Juan
Mirabal, los hermanos Adrián y Bernardo Camacho en Calabozo, don
Juan de Araña en San Rafael de Atamaica. Este grupo de hateros
-entre otro-complementaban sus hatos con queseras y corrales para
el aquerencimiento de las reses cimarronas.
A través de sus criados y mayordomos se dedicaban a promover la
formación de "rochelas" de indios en las
cercanías de los pueblos de misión y en el más atrevido de los
casos enviaban a sus mayordomos directamente a destruír los pueblos
fundados por los mayordomos, fomentando el desorden y acorralando a
los misioneros en las peores tierras -las anegadizas- motivo por el
cual para 1780 no se había logrado la reducción de las tribus
indígenas que huían dispersos por los montes. Afirmaba el Obispo
Martí:
Los hatos que hay fundados en estas tierras son el motivo del
poco fomento de las misiones, y los amos de dichos hatos, sino
pueden de otra manera quitar a esos misioneros de esta tierra les
imputan muchas calumnias para que abandonen estos pueblos y dichos
amos de hatos se quedan en sus tierras sin pueblo alguno de indios
(Martí, Mariano, 1969 pg. 221).
La característica fundamental de este segundo momento en el
poblamiento ganadero es -precisamente- el crecimiento de los hatos
en detrimento de los poblados indígenas. El poblamiento ganadero en
los Llanos de Apure desde 1760 hasta 1800 (Mapa Nº 6) refleja el
hecho concreto del crecimiento progresivo de los hatos en
detrimento de otras unidades demográficas. Para este momento, el
espacio se había dividido en cinco unidades geohistóricas: las
villas de resguardo, los pueblos de misión, los hatos, las misiones
y la población no reducida.
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Mapa Nº 6. Poblamiento ganadero de
los Llanos de Apure 1760-1800 (Adelina Rodríguez, 1991)
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Las villas de resguardo
Entre estas estaban: la Villa de Españoles de San Jaime, la
Villa de Mulatos de San Antonio de Padua de las Cocuizas y la
importante villa de San Fernando del Paso Real del Apure.
Los pueblos de misión
Podemos mencionar a: San Juan de Payara fundado en 1769, San
Joseph Leoniza de Cunaviche fundado en 1770, San Vicente de la
Horqueta en 1770, La Trinidad de Arichuna y Guasdualito fundados en
1771, Guasimal, San José de Arichuna, Santa Bárbara de Arichuna,
San Rafael de Atamaica y Santa Bárbara de la Isla de los Achaguas
fundados en 1774; San José de Apunto en 1781, San Esteban en 1786 a
la márgen derecha del río Apure y San Miguel de Mantecal cuya
fundación se registra en 1788. En las postrimerías del siglo XVIII
se fundaron Nuestra Señora del Carmen de Banco Largo, Palmarito, El
Amparo y Biruaca.
Los hatos
Ocupadas las tierras para cría, los hateros que habían entrado
en calidad "quieta y pacífica" apelan a las
"instrucciones que deben seguirse en adelante sobre las
mercedes, ventas y composiciones de bienes realengos y sitios
baldíos" dictadas por la Real Cédula de 1754
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y que refieren en el ordinal ocho
a:
Todo el que denunciare tierras, aguas y sitios baldíos y yermos,
se les dará recompensa correspondiente y admitirá a moderada
composición de aquellos que denunciaren sin justo título (Archivo
General Nacional. Reales Cédulas. Sec. 2 Tit. II. ff 23-24).
Al legalizar la ocupación de hecho los criadores obtuvieron
además el beneficio de nuevas composiciones, incrementando
cualitativamente la posesión original. Numerosos hatos fueron
fundados por un número de criadores que no excedía de ochenta, pero
que a través de sus mayordomos y criados ocupaban las tierras y
solicitaban posteriormente la legalización. Esta zona de hatos
sobresale en el contexto y a su vez cubre funciones demográficas
pues al influjo de los hatos subsistieron muchos pueblos y se
fundaron otros.
Las misiones
En algunos casos las misiones de fundaban vinculadas a los
pueblos, sobre todo a los pueblos de misión pero minimizadas por la
presión de los hateros que ya ocupaban cargos importantes como
tenientes ordinarios, alcaldes de la hermandad, jueces de llanos.
Estos continuaban fustigando las aspiraciones de los religiosos de
continuar su gestión en el territorio de los Llanos.
Población no reducida
Esta era una población difícil de censar pues se refugiaba en
"rochelas" y cabezuelas en las periferias de los
hatos, al amparo de la sabana y vagaba libre, escotera y
"sin maletas" como las mencionan las autoridades
de la epoca.
El hato como unidad de producción realmente se fortalecía en
detrimento de las comunidades indígenas; en la medida en que se
fortalecía el latifundio ganadero, se desarrollaba un proceso de
absorción de las tierras correspondientes a las comunidades
indígenas y todo intento de éstas por lograr algún beneficio al
respecto era frenado por las autoridades alegando que al entregar
tierras para fundar hatos a los indios. Una comunicación del dos de
noviembre de 1791 como respuesta del Rey a la petición formulada
por las comunidades indígenas, solicitando tierras para sitios de
hatos dice:
A más de que pueden servir de rochelas, ha de resultar
precisamente se acabe con semejantes fundaciones de perder la
sabana, pues es corriente que a los pocos años de sentarse alguna
fábrica en cualquier terreno del llano, se pierdan sus pastos y
llene de esobillales, y brechales todas sus inmediaciones (Acosta
Saignes, Miguel, 1977 pg. 73).
Cerca de ochenta criadores habían seguido a los primeros
Capitanes Pobladores, ocupando, usurpando las tierras, levantando
hatos y corrales, luego introdujeron a sus criados y peones
fundando queseras y topochales o conucos y por último entraron las
familias. El proceso había sido acelerado pero firme. Los criadores
entraron armados, arrebañaron el ganado cimarrón auspiciando la
implantación de la Junta de Hacendados Ganaderos y de las
Cuadrillas de Ronda, y a través de la junta y del rodeo lograron
sistematizar, a su favor la producción pecuaria incrementada
sustancialmente por la incorporación del caballo y la mula con los
cuales se organizó el espacio desde el punto de vista geoeconómico
con los lineamientos de un espacio pecuario.
Como síntesis de las condiciones históricas dadas podemos decir
que el espacio en cuestión se presenta organizado en función de los
intereses de los hateros o criadores, quienes favorecidos por el
movimiento de las composiciones entran en un proceso de aguda
contradicción entre ellos mismos y entre los habitantes de los
pueblos cercanos y villas por el control no sólo del ganado sino de
la extensión territorial. En este sentido, tal vez el más sonado de
los casos sea el de Sebastián de Mier y Terán con Fernando
Dominguez en contra de los moradores de la villa de San Fernando de
Apure por encontrarse éstos en tierras de su propiedad. Este caso
ameritó la publicación de un conjunto de Reales Ordenes que
emanadas de la Real Audiencia obligaron a los hateros a regresar
las tierras de la villa a los moradores pues el proceso y el uso de
las armas obligaron a los moradores a abandonar la villa durante el
período de las inundaciones y a buscar refugio en los pueblos
cercanos. Elevada la queja ante la Real Audiencia ésta dictaminó en
favor de los moradores quienes pudieron regresar a sus casas y
habitaciones (Archivo General de la Nación. Venezuela. Expedientes.
Sección Reales Provisiones Tomo VII, IX, X).
Los criadores o hateros si bien no ostentaban -en su mayoría-
una comprobada "limpieza de sangre", controlaban
grandes extensiones de tierras aptas para la transhumancia del
ganado -pastaje -. Tanto las dimensiones como las características
de los hatos fueron configurando el espacio llanero.
Cada hato representaba una unidad de notables dimensiones
identificada por el apellido o pseudónimo de su amo. Así por
ejemplo, se encontraban los hatos de la Cruz Rubiera perteneciente
a los diferentes Rubios, Sánchez de Mier y Terán, la Candelaria
Arañara de don Juan de Araña, la Camachera (de los hermanos
Camacho); la Concepción de don Alejandro Pío Blanco de Ponte, en
otros casos se identificaban por algún rasgo significativo de la
topografía. Se fundaba -por regla general- hacia el interior de la
sabana, lejos de los caminos reales o del acceso común. Los hatos
se complemenban con queseras y corrales que usaban para el
"aquerenciamiento" del ganado mostrenco y para
evitar que se formaran rochelas de ganado:
La extensión de estos hatos es enorme, siendo habituales los
hatos que tienen 50.000 hectáreas o más de extensión en leguas
cuadradas (Cunill Grau, Pedro, 1987 pg. 608).
Separados entre si por una distancia considerable, alejada de
los caminos, estos hatos determinaron la línea de poblamiento
ganadero, pues si bien prevalecieron los nombres dados a los
pueblos por los misioneros, el pueblo sólo subsistió al amparo de
los hatos.
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Profesora de Historia Colonial de Venezuela. Universidad Santa
María. Caracas, Venezuela.
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Nota del Editor. Las mercedes, ventas y composiciones eran la
base para obtener posesión sobre un territorio o hacienda. Según J.
M. Ots Capdequi en su obra El Estado Español en las Indias (F. C.
E. México 1941) el repartimiento, gracia o merced fue el
"título originario para adquirir en las Indias la
propiedad de la tierra" (pg.35). Para poder adquirir un
terreno en "composición" se debía poner en
cultivo la tierra, residir en ella más de 5 años. Este autor
agrega: "A partir de 1591 se adjudicaban las composiciones
en pública subasta al rematante mejor postor que hubiere poseído y
cultivado la tierra como mínimo diez años y que hubiese pagado una
cantidad" (Ots Capdequi, J. M. op. cit. pg. 36).
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