|
INDICE
NOTA PRELIMINAR
INTRODUCCION
PARTE PRIMERA
HISTORIA ORAL
COMO ELLOS LA CUENTAN
LOS CUENTEROS DE LA HISTORIA
EL DESARROLLO DEL HATO LLANERO DURANTE LA EPOCA COLONIAL
DEFINICION DE LA NEOETNIA LLANERA COLOMBO
TENENCIA DE LA TIERRA Y DEL GANANDO EN EL HATO DE LOS LLANOS OCCIDENTALES BARINESES VENEZOLANOS
EL REGIMEN DE TENENCIA DE LA TIERRA EN LOS LLANOS VENEZOLANOS
SEGUNDA PARTE
INSTITUCIONES Y DESARROLLO
LAS INSTITUCIONES Y LA LEGALIDAD EN LOS LLANOS ORIENTALES DE COLOMBIA
¿REGENERACIÓN FUNDAMENTAL O CATASTROFE?
HISTORIA DOCUMENTAL EN LA FRONTERA DE LOS TRES LIMITES
EL DESARROLLO INDUSTRIAL DEL OCCIDENTE DEL ESTADO BARINAS
BIBLIOGRAFÍA
|
|
|
CAFÉ, CABALLO Y HAMACA
DEFINICION DE LA NEOETNIA LLANERA COLOMBO-VENEZOLANA COMO
UTOPIA REALIZADA
Adolfo Rodríguez
|
1
El etnónimo llanero de Venezuela y Colombia, usualmente tiene
una connotación afirmativa. Los habitantes de los Llanos, en ambos
países, lo asumen con ostentación. ¿La causa? Su función
representativa de un ideario -una ideología- un modo de vida
deseable para ellos y una modalidad o forma de producción y
correspondientes prácticas políticas, religiosas y culturales en
general, que funcionan como ritual reproductivo de un sistema
societario de comprobada eficacia. La principal evidencia del hecho
llanero como utopía es su coherencia: una interacción que se
manifiesta, entre otras relaciones, en la que es posible advertir a
simple vista entre los tres subsistemas fundamentales que definen
el trabajo de llano: El llanero, el caballo llanero y el medio
físico llanero. Estos interactúan, a su vez -con otras culturas-con
otros animales y otras topografías, que se le articulan de manera
contrastante o complementaria.
El llanero se autoidentifica como ejecutor del trabajo de llano,
cultura del riesgo, la dicha y la sobriedad: una orientación
emancipatoria de la particular etnicidad que funciona como acción
para el mantenimiento y reproducción indefinida del ethos.
Cultura de la dicha, la sobriedad y el riesgo
Los llaneros Colombo-Venezolanos constituyen una de las etnias
de filiación mestiza, que surgen del encuentro de los pueblos
autóctonos de América con los grupos humanos procedentes de Europa
y Africa. Un mestizaje que se localiza en la región de los Llanos
de las actuales repúblicas de Venezuela y Colombia
|2
y que no se expresa en una
dinámica estrictamente social y cultural, sino que tiene
importantes implicaciones de orden ambiental derivadas de la
presencia -en la misma región- de los grandes rumiantes (bovinos y
equinos) venidos también de Europa, más o menos en la misma época:
el Siglo XVI
|
3
.
La condición de neoetnia
|
4
remite -lo entendemos a-sí- a un mestizaje
cultural que opera a través de supervivencias y reetnizaciones, por
lo que, en el caso de los llaneros, estos se identifican -en primer
lugar- con el grupo o los grupos asentados en el espacio elegido
por la nueva cultura: cumplen una función nucleadora que también es
ejercida -complementariamente- por los modos de producción y demás
prácticas socioculturales pre-llaneras.
La neoetnia llanera se manifiesta como opción cultural nueva en
un instante indefinido durante el Siglo XVI
|
5
, en que el auge de la ganadería cimarrona en
la región, promueve un inusitado interés por parte de la
administración colonial asentada en la zona centro-norte-costera,
que ante las posibilidades económicas representadas por esa
multiplicación espontánea de los grandes rumiantes, inician allí,
lo que algunos historiadores denominan "La invasión del
Llano"
|
6
. Por
lo que es importante apuntar que amén del hecho referido a las
matrices societarias que concurren a la configuración de la
neoetnia, y a la especificidad de la nueva cultura como trabajo de
Llano, el llanero insurge como respuesta de emergencia frente al
proyecto colonial dirigido al control y dominación, tanto de esas
matrices como de su entorno.
El proceso histórico que da origen a la neoetnia llanera, no
obstante el cambio ambiental y cultural representado por la
irrupción de la ganadería bovina y equina en la región y la
presencia de diversas etnias americanas, europeas y africanas en el
espacio llanero, es una continuidad: transfiguración étnica, que no
exactamente evolución. Para explicar esa situación, hablamos de dos
hechos o dos fases que se situan en el tiempo como expresión de
diversidad, no de cambio evolutivo: tiempo pre-llanero y tiempo
llanero del Llano
|
7
,
entendiendo por aquél el conjunto de prácticas de subsistencia
propias de las etnias autóctonas
|
8
cuya persistencia durante la fase
propiamente llanera y durante la historia de conflictos a que es
sometida la región, es producto de una legitimidad que dimana de la
especificidad del ecosistema y de las opciones culturales
pertinentes.
El tiempo llanero se inicia con la asunción del caballo por
parte de las etnias de la región a manera de recurso para la caza o
para el transporte. Esta pauta de comportamiento se asocia casi
inmediatamente con la incorporación de la carne de res a la dieta
de esas etnias que se adscriben a la cultura regional. Dichos
comportamientos se erigen como contrastantes frente a los que
predominaban en la fase pre-llanera, pero de ninguna manera
conflictivamente ante ésta.
Imagen real, autoimagen e identidad
La etnia llanera de la Repúblicas de Venezuela y de Colombia es
una utopía realizada. Principal postulado orientador para nuestro
acercamiento a la autoimagen con la que dicha comunidad
sociocultural se define y define a "los otros"
con quienes interactúa. Aproximación a través de la información
documental, apoyada en la dinámica endoculturativa a manera de
mecanismo de "interiorización" en "los
intereses del otro..." como una de las condiciones claves
para una investigación cultural confiable. Recomendaciones modernas
a tal fin proponen "convivencia y familiaridad con el
nativo, atención a (la) particularidad extraña, descripción
pormenorizada y apropiación hermenéutica de la singularidad del
otro..." (Lisón Tolosana, C. 1983 pgs. 95, 96, 128).
Identificación que ha de prever, en la medida de lo posible,
adhesión y compromiso.
Postulamos asímismo la cualidad fundamental del hecho étnico,
como utopía, si partimos de la premisa de que cada miembro de una
etnia o grupo étnico -usualmente- asume el ethos particular como un
bien deseable, a cuya reproducción se orientan coherentemente, los
rasgos distintivos de la respectiva dinámica sociocultural. Ellos
son signos expresivos de una intencionalidad, de un significado y
de unos valores pertinentes a la naturaleza utópica de la
etnicidad: es afirmativa en si misma y concurrente al proceso
permanente de gestación y regeneración del corpus específico.
La representatividad máxima de ese ideal es el etnónimo que,
entre los llaneros, debió aparecer contemporáneamente con tal
fenómeno étnico y por lo tanto, antes de que en 1799 fuese oído por
Humboldt y apuntado en sus libros de notas. La aparición del
autodenominativo étnico en la literatura es un hecho decisivo para
comprender la especificidad histórica del grupo social en
cuestión.
Todo proceso étnico implica una interacción fecundante: cierta
dinámica autoreproductiva y generatriz que se expresa en prácticas
comunitarias o convivenciales, en un ámbito de satisfacciones
dirigido al desarrollo pleno del conjunto y de todas y cada una de
sus partes. Esta cuestión dice de la existencia de historicidades
particulares y un sentido de continuidad, definido por la inserción
de cada etnicidad en fondos -en cierto modo- inalienables y de
índole primaria: ecosistémicos, productivos, organizacionales,
rituales, etc. La índole fundacional que explica la legitimidad del
ethos: su "locus" particular y su
"traditio".
Asumimos que la universalidad se concreta en lo específico y
también la utopía que, al fin y al cabo, no es más que la
optimización de modos de vida únicos e irrepetibles, aun que
comunicables: originalidades que se legitiman en la interacción
garante del mantenimiento y existencia permanente de lo que por
original no debe ser extingido.
La cuestión de la continuidad dice de una dialéctica cíclica,
inherente a toda dinámica productiva y reproductiva: una
regularidad sustentadora de la disponibilidad para persisitir, para
la ritualidad, para la homeóstasis y, desde luego, para resistir en
caso de conflicto y resurgir luego de desaparición.
Un "tempus primordial" que sobrevive, se
prolonga, persiste, haciendo aún más compleja la cuestión del
llamado tiempo histórico.
|
9
Aquel correspondería a ese tiempo cíclico
de la conexión del hombre con la naturaleza, que, además es
conexión con todo cuanto proporciona vida y es nutrimento de
utopía.
El tiempo primordial de la neoetnia llanera es una continuidad
entre espacio y culturalidad, entre nueva etnicidad y etnias
matrices (indígenas, africana y europea). La circularidad inherente
a este tiempo se explica por la comprobada eficacia del mismo en el
mantenimiento del modelo. Existe una condición estabilizadora, que
no implica estancamiento.
Para comprender tal estructura y su particular movimiento, nos
servimos del enfoque acerca de lo múltiple y lo unitario sugerido
por el diferencialismo dialéctico, paradigma antropológico
resultante de reflexiones contemporáneas dirigidas a la elaboración
de una teoría general de las sociedades (Mosonyi, E. E. 1982). El
análisis respectivo consistiría en la determinación de índices y
síntomas, para lo cual la antropología funcionaría como semiología
o hermenéutica (Lison Tolosana C. op. cit. pg. 93).
La complejidad es también inherente a la etnicidad, como hecho
utópico que es: consagra un vasto entramado de territorialidad, de
estructura societaria, de modos de ser, prácticas colectivas que
proceden homeostáticamente, uno de cuyos mecanismos de relojería es
la autosatisfacción ante la mismidad y sus específicos
componentes
|
10
.
Las etnias en cuanto que sociedades convivenciales alcanzan sus
niveles de desarrollo coexistiendo con la naturaleza, compartiendo
interfecundantemente sus habitantes y procurando convivir
armónicamente con otros pueblos, en el marco de una
"armonía y (un) equilibrio con el cosmos". La
dinámica atribuida al aprovechamiento de "los recursos
internos de (los) propios modos de producción, ... (la) base
histórica y ... su identidad, trabajando en el seno de los límites
inherentes a su propia formación (Lison Tolosana C. op. cit. pg.
31-32).
La armonía como meta del modelo societario étnico plantea la
cuestión de la posibilidad cierta y cumplida de una autodirección
social eficaz más allá de lo estrictamente ecobásico
|
11
. La dinámica utópica implica
conocimiento y control del tiempo, el espacio y todos y cada uno de
los hechos constitutivos de la especificidad social: la etnicidad,
hecho étnico o utopía étnica funciona -como mínimo- a través de un
triple haz de conciencias, que concurren al proceso vitalizador y
revitalizador de tal hecho.
En primer lugar, existe un autoconocimiento o auto-entidad, que
permite una conciencia de los propios límites y alcances, de la
mismidad y de la otredad y cuando redunda al proceso
autoreproductivo, un sentido de pertenencia, denominado por Lison
"focos primarios de diferenciación" (Lisón T. op.
cit. pg. 100). Estos los entendemos como hechos espaciales,
societarios, productivos, culturales, etc.
En segundo lugar existe una coherencia entre las partes
constitutivas de la etnicidad: dinámica interfecundante al interior
del grupo, que a su vez condiciona para comportamientos
complementarios, convivenciales y no conflictivos, frente a
"los otros" étnicos: conducta de reprocidad, al
interior y a lo externo, intensiva y no extensiva
|
12
. Esta disponibilidad que se
manifiesta en el individuo consigo mismo, frente a alter y con
respecto al particular ecosistema y macrocosmos.
Por otra parte, se da una orientación ideológica productiva
(Fromm E. y Maccoby, 1974 pgs. 101 y ss) o fecundante y que
caracteriza todo ser o colectividad impetuada por la necesidad de
vivir y dejar vivir. A tales hechos de etnicidad, nos hemos
permitido denominarlos energías étnicas o energías utópicas,
orientadas a fortalecer el proceso dinamizador de ethos
específicos, su mantenimiento y desarrollo: un etnodesarrollo que
define la particular manera de ser, estar evolucionar cada
etnia
|
13
.
Creemos que este enfoque vincula la ideología de lo
interfecundante con una dialéctica de la diferencia que, por lo
expuesto, implica diálogo creador y no unicentrismo: la diversidad
y la pluralidad como complementarios a la especificidad, a lo que
vive y da vida. El "corpus misticum" de la
etnicidad, como hecho totalizador expresado en coherencia y utopía
demanda un comprensión que va desde la connotación autoafirmativa
del etnónimo hasta la determinación de la fuerza representativa de
cada uno de los componentes del particular fenómeno étnico: la
espaciedad, el modelo laboral, la organización societaria y
política, como fuerzas dirigidas al sostenimiento de una conquista
humana definida por la autosatisfacción de las particulares
necesidades y la consiguiente dicha.
Tales hechos caracterizadores de la utopía étnica llanera
configuran este ensayo investigativo.
La Totalidad y la Utopía
La cuestión de una utopía llanera pasa por la asunción del
"trabajo de Llano",
|
14 15
como síntesis de los procesos auto-organizativos de la neoetnia: la
acción en el plano pragmático, congnitivo, afectivo y estético,
orientada en función de la apuesta en disponibilidad del
sicosistema regional para los requerimientos auto-reproductivos de
la especificidad ambiental.
Con lo cual estamos asumiendo la noción de "trabajo de
Llano" como la adscripción de la cultura de la res y del
caballo en el marco de los modos de vida convivenciales americanos,
frente a la noción de "trabajo de Hato", en
cuanto a que actividad productiva, dinamizado fundamentalmente por
una economía de excedentes. La dinámica del "trabajo de
Llano" se fundamenta en la interrelación de tres grandes
invariantes, que no pueden faltar sin que el modelo sociocultural
sea afectado en su estabilidad. Ellas son: el hombre llanero, el
caballo llanero y el medio físico llanero.
|
16
Uno involucrando al otro, y cada cual, aisladamente, conteniendo
al conjunto son totalidades cada una, son representativas del todo
del que surgen y al que retornan para auto-reproducirse y
participar en el proceso de reproducción global. Su dinámica es una
interinfluencia que representamos con un triángulo cuyos vértices
se comunican (Gráfico Nº 2a).
La interacción dialéctica que no es oposición a otros hechos de
la dinámica étnica y regional, que estimamos más bien
complementarios y, en todo caso, contrastantes, no conflictivos.
Los modos de producción no llaneros, en el sentido cultural o
diferencial, son: el de los vegueros, el de los pescadores, la
recolección, la caza, etc
|
17
.
Los animales forman parte del habitat llanero en general y del
habitat pecuario en particular: uno de los personajes llaneros del
libro de Antonio José Torrealba, establece que: "Después
del caballo, viene la vaca...", agregando: "la
caña, la gallina y la oveja son tres factores útiles a los
llaneros, pero... quedan abolidos ante la vaca y el
caballo" (Torrealba, A. J. II, 1987, pg. 530).
Los espacios que interaccionan con el ecosistema propiamente
llanero es decir, con la sabana. José Balbino León -refiriéndose al
medio ambiente- explica esa relación así:
A la sabana intervenida hay que considerarla integrada a los
bosques de galería a los morichales, a las sabanas arboradas y a
las formaciones boscosas que contienen o se localizan en sus
fronteras... (León, J. B. 1981 pg. 65).
|
|
Gráfico Nº 2. Dinámica del Trabajo
del Llano. (Adolfo Rodríguez, 1991)
|
Una dinámica que podemos representar ampliando el gráfico ya
examinado (Gráfico Nº 2b). No es aventurado decir, de acuerdo con
lo sugerido por Dubos (1986, pg. 150), que la parentela del llanero
debe localizarse más allá de lo prescrito por la genealogía
convencional. Sus progenitores serían la tierra y sus formas más
significativas para la cultura regional: la sabana, el monte, el
río; sus hermanos: los animales, las plantas, etc. El caballo, de
fundamental importancia para la étnia llanera, se identifica por
los miembros de ésta, unas veces como progenitor y en ocasiones
como hermano.
La revisión documental acerca de los llaneros de Colombia y
Venezuela, confirma buena parte de las observaciones presenciales,
que generan usualmente impresiones más bien afirmativas que
negadoras de su especificidad étnica. Tal registro nos permite
evidenciar que existe una conciencia de una territorialidad que
oscila entre lo unificador restrictivo (la amplitud, la bipolaridad
climática, la variedad ecosistématica) y lo diferenciador
dialéctico (opciones productivas, modos de vida, patrones
culturales, etc.). Por otra parte, anotamos una interdependencia
entre lo pautado y lo libre, lo lúdico y lo ceremonial, la
sobriedad y el despliegue de capacidades
|
18
.
La cultura llanera es la cultura de autorestricciones y riesgos,
balanceada con la diponibilidad grupal hacía lo estético y una
ética particular al respecto
|
19
. Además es la cultura del riesgo, la
sobriedad y la dicha como estrategias específicas para la
reproducción del contexto étnico (la particular lógica de
autosubsistencia).
El hecho societario y cultural es una totalidad maciza e
integrada al ambiente, que garantiza continuidad indefinida real o
potencial de los modos de producción, modos de vida, sistema de
valores, etc., alternativos. La orientación convivencia) tanto con
el medio ambiente como con "los otros" gira
alrededor de garantizar la propia reproducción y la de la vida en
general
|
20
. Existe
un carácter irrepetible del sistema productivo, distributivo y de
consumo de los bienes materiales y espirituales, a manera de opción
original, no competitiva, sino contrastante o complementaria a
otras de igual condición.
El carácter deseable o utópico de cada sistema étnico, define a
su vez su voluntad de persistencia o recuperación y por lo tanto,
un cuerpo de condiciones objetivas y subjetivas conducentes a tal
fín: hechos "productores", según la denominación
de Lisón T. (op. cit. pg. 148), que consideramos intercambiables
con esos "límites" que es indispensable accionar,
grupal o individualmente, para el sostenimiento del modelo. Una
ideología o sistema valorativo, que unifica a los miembros del
grupo, para generar acciones que en el marco de las etnias,
funcionan como rituales de reproducción
|
21
.
El ethos llanero se ha forjado por la dialéctica del trabajo de
llano, el caballo llanero y el medio físico llanero, que en actitud
convivencia) con los demás modos de vida, animales y ecosistemas
regionales, se ofrece como hecho singular y convivencia) al mismo
tiempo. La cultura llanera se presenta como una opción legítima en
el contexto de alternativas válidas para una existencia humana
plena de satisfacciones materiales y espirituales: una utopía
realizada.
La especificidad histórica, territorial, económica, política,
societaria y cultural de los Llanos, debe ser considerada como
variable fundamental en el proceso de definir el desarrollo
deseable para dicha región: el etno-ecodesarrollo pertinente para
los llanos Colombo-Venezolanos.
No creemos posible visualizar con un cierto margen de
objetividad la historia de los Llanos Colombo-Venezolanos, si se
excluye la presencia de esa historicidad primaria, omnipresente,
legítima en sí misma, subsistiendo convivencialmente en el marco de
relaciones intraétnicas e interétnicas, o enfrentándose de manera
conflictiva a los hechos extensivos que intentan oprimirla,
suprimirla o negarla.
|
|
Universidad Nacional Experimental de los Llanos Centrales.
Rómulo Gallegos. San Juan de los Morros. Ed. Guárico.
Venezuela.
|
|
|
Para la caracterización de la Región de los Llanos de Venezuela
y de Colombia véase Morales, Faustino 1978; Vareschi, V. 1982.
|
|
|
Sobre los orígenes de la ganadería llanera, véase las obras de
Julio de Armas, 1974; Pablo Vila, 1969 y Adolfo Rodríguez,
1988.
|
|
|
E. E. Mosonyi propone la denominación de
"neoetnia" para catalogar, entre otras, a las
sociedades campesinas que continúan históricamente, "en
cierta forma", las antiguas formaciones indígenas, que
subsisten, muchas veces, de manera encubierta y en otros casos,
"destruidas", desmanteladas "por los
procesos de conquista y colonización..." (1982 pg. 39).
Ribeyro incluye a los llaneros venezolanos entre "los
pueblos nuevos" de América Latina resultantes de
"la potencialidad de la protoetnia neoamericana"
(1969 pg. 98-100).
|
|
|
No existe ninguna investigación acerca del proceso que da lugar
al nacimiento de la neoetnia llanera, pero hay pronósticos
confiables que nos permiten postular que aflora, como alternativa
de mestizaje y de respuesta defensiva-ofensiva aproximadamente en
el siglo XVI.
|
|
|
"La invasión del llano" como la cataloga
Izard (1983 pg. 14-17) o el cerco del llano, que explica con
bastante acierto Adelina Rodríguez Mirabal en 1987, es un fenómeno
estrechamente vinculado al surgimiento de la neoetnia llanera.
|
|
|
La catalogación de "tiempo llanero" para la
fase definida por la aparición de una cultura del caballo y de la
res en el llano, estimamos que es atinente a la fase mencionada por
la procedencia hispánica tanto del término como de algunos rasgos
culturales que en él se observan. Además el anónimo
"Llanero" es un auto-gentilicio que los llaneros
toman del español para distinguirse de "los
otros", tanto de manera nominal como sustantivamente,
expresando con él todo un sistema significativo.
|
|
|
Acerca de las etnias del llano antes de la conquista, véase
Sanoja M. y Vargas, 1974.
|
|
|
Véase "tiempo primordial y tiempo final" de
G. Vander Leeww, en Adolfo Portmann, et al. 1970 y G. Dorfles 1973
pg. 116-119.
|
|
|
D. A. Rangel, no sin acierto, apunta que en los Llanos se
prolongó la guerra de conquista, atribuyendo tal hecho a la lucha
"contra el tremedal y el desierto" que obliga a
que "el terrateniente español" prosiga
"siendo un soldado, pues para este tipo de actividades se
necesita el temple de la milicia" (1974. I pg. 22).
|
|
|
Kateb y Skinner apuntan que "la palabra armonía es sin
duda muy ambigua de por sí. Sin embargo, es obvio que este término
es simplemente una forma breve de referirse a una serie de
condiciones sociales, cada una de las cuales es una manifestación
de dicha armonía. Entre estas condiciones figura la paz perpetua,
la entera satisfacción de las necesidades humanas; un trabajo
satisfactorio o un ocio fecundo, o una combinación de ambos; una
extrema igualdad, o una igualdad basaba en causas racionales; la
ausencia de la autoridad, o la participación alternativa de todos
en ella, o su delegación en manos de quienes aspiran con derecho a
ella; y una virtud casi sin esfuerzo por parte de todos los
hombres..." (1977). A los efectos del desarrollo de
nuestro punto de vista acerca de la sociedad llanera como grupo
social orientado cognocitivamente hacia la convivencialidad y el
equilibrio, hemos asumido la idea al respecto como equivalente de
la noción de "ecobase" o "base ecológica
de un área espacial", configurara por hechos físicos,
bióticos, socioculturales y peculiarizada para resistir por sí sola
"perturbaciones externas" (tendencia a la
estabilidad), para desplazarse a otro sitio y regresar a él
(tendencia a la elasticidad o a la continuidad), etc. (León J. B.,
1981 pg. 71).
|
|
|
Michaud define el grupo étnico como: a) una realidad colectiva
históricamente y generalmente estable, lo que hace a los factores
de tradición y conservación presentes; b) sin embargo, en
transformación permanente, lo que hace a los factores de innovación
y cambio; c) que mantiene patrones de interacción con sus vecinos
próximos o lejanos (Michaud 1978, pg. 115; Serbin 1986 pg.
32).
|
|
|
Acerca de la dialéctica de la tradición y el cambio, véase los
desarrollos teóricos siguientes: la conceptualización de
"inconciente" propuesta por C. Lévi Strauss
(1972); la idea acerca de modos de producción
"dominados" que no son subyugados plenamente por
los "dominantes" (Chesneaux, 1977 pg. 175), así
como la noción de razón emancipatoria, omnipresente, que puede ser
reprimida, pero no suprimida, propuesta por Habermas e
interpretada, a los fines de una explicación del fenómeno de la
diferencialidad cultural y las identidades colectivas, por Jorge
Mosonyi (1982). Así mismo vale la pena mencionar las nociones de J.
Jahn, acerca de lo "restafricano" y lo
"neoafricano" (1963, 32).
|
|
|
Definimos "trabajo de Llano "en oposición a
" trabajo de Hato".
|
|
|
La noción más usual de vocablo "utopía" es de
índole negativa: remite a una realidad inexistente, un proyecto, un
anhelo, algo por venir (Neususs, 1971 pg. 14-17) - que implica por
lo tanto-negación de lo existente (Marcuse, 1969 pg. 17-42). Y se
refiere a un evolucionismo unilineal. La conceptualización
diferencialista dialéctica de la cultura puntualiza acerca de
posibilidades que también son localizables en el presente y en el
pasado. No solamente en el futuro como impone la etimología de
utopía: ningún lugar (Neususs, 1971 pg. 83).
|
|
|
La mayoría de los autores que han escrito sobre los llaneros se
han propuesto definir esa presunta trilogía de factores que los
peculiarizan: Simón Bolívar, a fín de ponderar su potencialidad
bélica, hace referencia a sus lanzas, a sus caballos y a sus
desiertos. Rafael Bolívar Coronado apunta que sus "dioses
son la mujer, el caballo y la guitarra" (1846, 1922, pg.
16), _una selección dirigida a identificar al llanero con lo
amatorio. José Antonio De Armas Chitty dice que "caballo,
res y mujer son los elementos centrales de su mundo" (1979
I pg. 61). Esto en cierto modo reproduce lo dicho por Bolívar
Coronado. Para Ovalles, el café, el caballo y la hamaca son
"los dioses penates -esto es, domésticos- del
llanero" (1905) opinión que toma de Carlos Palacios (1891,
1967) y que Eloy G. González confiesa compartir (1906).
|
|
|
Mario Sanoja sostiene que los grupos aborígenes que habitaban
el bajo y medio Orinoco -desde los primeros siglos del último
milenio antes de Cristo-, practicaban un sistema de subsistencia
que combinaba la caza con la pesca fluvial, la recolección de
caracoles terrestres y los bivalvos de agua dulce con el cultivo y
consumo de la yuca amarga en forma de casabe. Agrega que estaban
ajustados a las fluctuaciones estacionales muy marcadas del Llano
(1981 pg.181-182). Estos modos de vida étnicos de acuerdo con la
lógica de la continuidad que los caracteriza, persisten si no a
través de la misma cultura, transfigurados en las neoetnias
llanera, veguera etc. que los suceden en el Llano a raíz de la
penetración de componentes bióticos y culturales provenientes de
Europa. La persistencia cultural es más probable cuando tambien
persisten los ecosistemas. Algunos autores insisten en atribuir a
los llaneros cualidades de cazadores. Otros hacen referencia a su
disponibilidad de mantener dentro de un espacio pecuario (i.e.
hato), un pequeño conuco o majada (Calzadilla Valdés, 1948 F. 1948;
Hernández, L. 1980; Balza Donatti C. 1955 pg. 21)
|
|
|
Quijano apunta que "las tradiciones y leyendas...
contienen elementos protectores" (Huizer, 1980, 28). Es
decir, reguladores. O como apunta Foster en su tesis acerca de
"la imagen del bien limitado", son
"mecanismos de autocorrección" que velan por el
equilibrio de la comunidad (Wagley at alt, 1974, 73).
|
|
|
En las conclusiones de su trabajo sobre el saber, el
conocimiento y la educación de los llaneros, Mariano Herrera
enumera "quelques unes des característiques les plus
importantes qui peuvent étre considerées comme vivantes au sein de
la culture des llaneros au jourd'hui, et qui nous montren en quoi
ces choix sont différents de ceux de la rationalité de la
dominatión" (1983 pg. 407), identificables con la
definición de etnia que empleamos.
|
|
|
Barth denomina "límites étnicos" en el orden
social o territorial, aquellos que disponen las "normas
que determinan pertenece al grupo y los medios empleados para
indicar afiliación o exclusión". Tales
"límites" orientan "la
interacción" y garantizan "la persistencia en
situaciones de contacto..." (1976: 18). Para Barth
"los rasgos o contenidos culturales más representativos de
la etnia, sus signos manifiestos o señales, son rasgos diacríticos
que los individuos esperan descubrir y exhiben para indicar
identidad..." (1976 pg. 16).
|
|
|
La noción de valor en el marco del presente enfoque, la
asumimos con el concepto propuesto por Heller: como "todo
aquello que en la esfera que sea y en comparación con el estado de
cada momento contribuye al enriquecimiento de aquellos componentes
esenciales..." (1972: 23). Intercambiable con la noción de
"energía" aquí propuesta.
|
|