Ficha bibliográfica
Titulo: CAFÉ, CABALLO Y HAMACA
Autores: María Eugenia Romero
Edición original: 1992
Edición en la biblioteca virtual: 2005
Notas: Historia de los Llanos de Venezuela y Colombia
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| CAFÉ, CABALLO Y HAMACA

COMO ELLOS LA CUENTAN

La ocupación de la Orinoquia según la historia oral de un grupo Maipure del Norte

Alberta Zucchi M. | 1

Hasta ahora la reconstrucción de la historia prehispánica y colonial temprana de la Orinoquia (Llanos Colombo-Venezolanos) se ha basado fundamentalmente en datos arqueológicos, o en los documentos producidos por los agentes colonizadores. Estos últimos de calidad variable, y generalmente influenciados por los factores económicos, socio-culturales e ideológicos imperantes en las metrópolis. Por el momento son escasas, por no decir inexistentes, las reconstrucciones de la historia llanera correspondientes a estos períodos, en las que se incorpore no solo la visión de los propios indígenas - quienes fueron actores importantes en los eventos- sino también las evidencias que aportan otras disciplinas (Ej: linguística, etnografía). No obstante, es evidente que todos ellos nos permitirían obtener una visión más completa, articulada y veraz sobre los hechos del pasado.

La Historia oral como fuente de datos

Cuando la gente se comunica, se generan mensajes, algunos de ellos pueden ser repetidos, con lo cual comienza el proceso de transmisión (Vansina, J. 1985 pg. 3).

Entre la enorme variedad de tipos de mensajes que se repiten, el historiador diferenciará: a) las noticias; b) las interpretaciones de experiencias y c) la historia oral. Como sabemos, las fuentes de la historia oral (historia inmediata), son los recuerdos, rumores o testimonios sobre eventos y situaciones contemporáneas, es decir, que ocurren durante la vida del informante. No obstante, cuando los mensajes son transmitidos más allá de la generación en la cual surgen se convierten en tradiciones orales. Las diferencias en cuanto a la forma en que se transmite el mensaje han permitido establecer diferentes categorías de tradiciones factuales: 1. Discursos Memorizados. 2. Narraciones a) chismes históricos; b) relatos personales; c) relatos de grupos; d) tradición de origen y génesis y e) relatos acumulativos). 3. Epica. 4. Cuentos, proverbios y dichos (Vansina, J. 1985 pg. 13).

La dinámica de las narraciones comienza con chismes históricos o relatos personales, los cuales, posteriormente, se transforman en tradiciones de grupo y eventualmente, en tradiciones de origen. La mayoría de las noticias que se generan una vez ocurridos los eventos, son transmitidas a través de los canales usuales de comunicación de una comunidad, pero no desaparecen una vez que la novedad ha pasado. En esta forma, una enorme cantidad de información (localización de pueblos, lugares en donde ocurrieron determinados eventos, personajes, etc.) sobrevive más allá de la generación en la que tuvo lugar o acaeció, puede conservarse durante largos períodos de tiempo y ser recordada en determinadas circunstancias. La misma también incluye datos sobre el medio ambiente, asentamientos, migraciones, matrimonios, significado de palabras o fenómenos, que no estaban estrictamente en la conciencia histórica de la gente, pero que sin embargo, se transmiten como chismes cuando la ocasión lo requiere (Vansina, J. op. cit. pgs. 17-18).

En este trabajo, y a manera de ejemplo, nos referiremos a la migración emprendida por los ancestros de los Piapoco (desde la Amazonía hasta la Orinoquia), tal como es narrada por los descendientes de sus protagonistas. Posteriormente cotejaremos esta información con los datos que se han obtenido a través de otras disciplinas que como veremos -no solo parecen confirmar la veracidad de los hechos narrados, sino que los enriquecen y los amplían.

Cómo comenzó todo: los dos ciclos míticos

Según se ha indicado, los ciclos de mitos y creencias de los grupos Maipures revisten particular importancia, no solo porque son códigos que contienen los principios y la información que posibilita tanto la recreación o reorganización del orden social en distintos contextos espacio-temporales así como la continuidad del grupo, sino porque además sintetizan una parte de la historia sobre movimientos poblacionales del pasado (Wright, R. 1981; Wright R. y J. Hill 1986; Vidal S. 1987). Al mismo tiempo, estos ciclos permiten que exista un sentimiento de identidad étnica y cultural entre diferentes grupos, el cual se basa en la emergencia de los antepasados míticos de los Sibs y las fratrias en un territorio ancestral común, que sigue visualizando como el "centro del mundo", independientemente de la posición geopolítica que ocupe en la actualidad (Wrigth R. op. cit. pg. 14).

Según la Tradición Oral de los Piapoco, el Kaaliduápeni fue el creador del mundo, del Sol, de la Luna, de las Estrellas, del Verano y del Invierno, de los ríos, de los paisajes y de las especies vegetales (Vidal S. 1987 pg. 123). El mundo del Kaaliduápeni era pequeño e imperfecto y estaba integrado por animales pensantes y seres sobrenaturales; eran frecuentes los conflictos entre parientes consanguineos y afines, la experimentación y los descubrimientos (Vidal, S. op. cit. pg. 124).

Para hacer al hombre, el creador experimentó inicialmente con una colmena de abejas pero fracasó. Luego utilizó barro que moldeó a su imagen y lo sopló por todas partes para darle vida. Estos primeros seres (animales pensantes) fueron mantenidos por el creador en su yuluatá | 2 , mientras les enseñaba la manufactura de la cerámica, de la cestería, así como el procesamiento de la comida | 3 . También se señala que la piedra yuluatá del Kaaliduápeni se encuentra en los Raudales de Hípana en el río Ayarí (Vidal, S. loc. cit.).

Después de lo anterior, el Kaaliduápeni y su tropa, extrajeron -por la puerta de la yuluatá y en orden jerárquico- a cada uno de cinco hermanos agnáticos ancestrales, quienes dieron origen a la organización social de los Piapoco. A cada uno de ellos se le asignó el naik (fratria y sib); un nombre totémico; un símbolo y un oficio, los espiritus masculino y femenino del tabaco, así como otros instrumentos rituales. El creador también los distribuyó en un territorio adyacente a su lugar de origen y les asignó los lugares en donde residirían sus descendientes vivos y muertos (Vidal S. op. cit. pg. 121).

Sin embargo, otro grupo de informantes Piapoco señala que el lugar de orígen está situado en la desembocadura del río Atabapo. Se ha indicado que esta divergencia con respecto a la información anterior podría estar referida con "lugares de origen" de naturaleza diferente.

La primera posición estaría relacionada con el período durante el cual los Piapoco estaban articulados con otro u otros grupos Maipures. La segunda, en cambio, se referiría a una etapa más reciente, cuando los Piapoco se transformaron en una étnia diferenciada.

La segunda etapa o ciclo corresponde al culto del Kúwai-séiri (hijo del creador) y de su mujer. A partir de su nacimiento, el creador entrena al Kúwai en todas las habilidades y conocimientos que él posee, aunque este demuestra tener tantos poderes sobrenaturales como su padre, y que le permiten llevar a cabo una serie de innovaciones y transformaciones. Es a través de su acción que los animales pensantes se transforman en seres humanos culturales y el mundo se expande a su tamaño actual. Durante este ciclo también se produce el desarrollo agrícola, se instauran los cultos secretos masculinos, así como las ceremonias de iniciación (Wright R.1981 pg. 354-377; Hill J. 1983 pg. 91-119; Vidal S. 1987 pg. 122). Por un tiempo el padre y su tropa acompañan al Kúwai en sus principales actividades transformadoras, pero luego el primero emprende viaje hacía otras regiones, en donde sigue creando nuevas gentes. Como por ejemplo: Maipure, Achagua, Sáliva, Piaroa, Puinave, etc. (Vidal S. op. cit. pg. 126).

Con la marcha del Kaali-duápeni el trabajo creador y el bienestar de la gente quedan en manos del Kúwaiséiri, quien en compañía de su mujer y de su tropa lleva a cabo una serie de hazañas y viajes por diversas zonas de la región.

Estos viajes y las rutas utilizadas se conocen con el nombre de "caminos del Kuwai" (Mapa Nº 2), y se mencionan tanto en la tradición oral como en los cantos y recitales sagrados de los shamanes y de otros especialistas rituales de los Piapoco (Vidal S. op. cit. pg. 127). Los mismos representan el conocimiento geográfico sobre extensas regiones de Suramérica adquirido por los Piapoco a lo largo de los siglos. También es posible que estos caminos del Kúwai se relacionen con antiguas redes de intercambio, y/o rutas migratorias.

Mapa Nº 2. Viajes y Rutas: "Caminos del Kuwai". (Según Vidal, S. 1987)

Nuestros antepasados y sus migraciones

Antes de comenzar esta sección es importante señalar que los Piapoco indican que en su historia es indispensable diferenciar dos partes. La primera de ellas se refiere a los eventos relacionados con el origen del mundo y con los ancestros míticos (cultos del Kaali-duápeni y del Kúwai-séiri). La segunda, en cambio, es la que narra la historia de los antepasados reales del grupo. A esta última nos referiremos en el resto del trabajo.

El relato comienza con la salida y emigración del sib primigenio de los Piapoco desde algún lugar del Ayari. Si bien los informantes no tienen clara la causa de esta migración, ni el nombre de la parcialidad de la cual se desprendieron, señalan claramente que la gente de este sib estaba vinculada o formaba parte de algunos de los grupos Curripaco o Wakénai que eran "dueños" del Ayari.

Desde el Ayari (Mapa Nº 3), y a través de un camino del Kúwai, los antepasados de los Piapoco pasaron el Cayarí o Vaupés y lo remontaron hasta las cabeceras. Luego, tomando otro de estos caminos llegaron al Alto Guaviare (Waáwi-eeri) cerca de su confluencia con el Ariari (Eéri-eeri), en donde permanecieron por un tiempo. Durante este período, y en la "casa del Kúwai-seiri" en el raudal del Zamuro, se produjo la primera escisión, la recreación de la gente y el establecimiento de una nueva fratria compuesta por cuatro sibs.

Mapa Nº 3. Rutas de Migración Piapoco según la tradición oral y lugares de re - creación societaria. (A. Zucchi, 1991)

Posteriormente, los migrantes continuaron el viaje por el Guaviare y al llegar a la desembocadura del Uva se dividieron. La gente del sib Neri entró por este afluente del Guaviare, mientras que los demás permanecieron a lo largo de este último por un largo período. Con el tiempo la población Neri aumentó, logrando constituirse en una nueva fratria compuesta por cuatro sibs, uno de los cuales estaba integrado por los ancestros o "antigüeros" de los Atsáwa-nai o Achagua. Estos últimos posteriormente se separaron de la fratria y emigraron a través de las cabeceras del Uva y de un camino del Kúwai, hasta llegar al Manacacías y al Meta. Relatan los informantes que esta gente sólo volvió al Uva para visitar a sus "abuelos" Neri, aunque éstos últimos ya no eran sus capitanes, y los Atsáwa-nái eran otra clase de gente que "no escuchaba (hablaba) más el Piapoco" (Vidal S. op. cit. pg. 143).

Con el tiempo, el resto de la población Piapoco se extendió hasta la confluencia del Guaviare-Atabapo-Orinoco, y dado que ya era numerosa, se produjo un nuevo proceso de recreación societaria que dio origen a cada uno de los sibs que integran las fratrias Tsáse, Kawíri y Málai. Se dice que dicho evento tuvo lugar en el barrio La Punta del actual pueblo de San Fernando de Atabapo. Según Vidal (op. cit. pg. 143 - 144) este segundo proceso reviste una particular importancia porque marca el comienzo de la diferenciación étnica de los Piapoco.

Luego de permanecer un tiempo en la zona, gente perteneciente a los sibs Kierru y Aasi y a la fratria Malai decidieron expandirse territorialmente. Desde la confluencia Guaviare-Atabapo-Orinoco, bajaron por este último río hasta la desembocadura del Vichada. Dado que este río estaba ocupado por gente que hablaba otra lengua (se señala que no se trataba ni de Sáliva ni de Guahibo), tramitó el permiso correspondiente y luego establecieron un primer asentamiento en el sitio denominado Benakú (actual Santa Rita), a partir del cual se extendieron progresivamente a lo largo del Vichada. Transcurrido un tiempo, invitaron a los Néri, Kalikué, Kiéwa y Kitései a una gran ceremonia durante la cual se produjo el tercer proceso de recreación societaria. Este último se complementó con una subdivisión del territorio y con la asignación formal de sus partes a las distintas unidades de descendencia, que aún está vigente (Vidal, S. op. cit. pg. 145).

El aporte de otras líneas de evidencia

En esta sección analizaremos el aporte de otras disciplinas -arqueología, linguística, etnología y etnohistoria en relación a la narración que hacen los Piapoco sobre la migración de sus primeros ancestros. No obstante, y dadas las limitaciones de tiempo, solo nos concentraremos en cuatros aspectos de la misma:

1. Los primeros ancestros constituían una sub-unidad social (sib) de un grupo o sociedad matriz que era "dueño" y habitaba el Ayarí.
2. Desde el Ayarí, esta sub-unidad social ancestral emigró hacia el Guaviare, Uva-Manacacías-Meta, y Orinoco-Atabapo-Vichada.
3. A lo largo de la ruta migratoria ocurrieron diversos procesos de recreación societaria que hicieron posible que el sib primigenio se transformara sucesivamente en: a) una nueva fratria compuesta por cuatro sibs, b) en cuatro fratrias, y eventualmente, c) en una sociedad diferenciada.
4. Los lugares en donde se produjeron estos procesos rituales-seculares de recreación tienen carácter sagrado y cuentan con un registro material de los acontecimientos.

Los primeros ancestros y su relación con los Curripaco

Como ya indicamos los informantes Piapocos señalan que en tiempos muy remotos estuvieron estrechamente relacionados con grupos y/o subgrupos Curripacos que ocupaban el Ayarí. A este respecto, los datos linguísticos indican que tanto la lengua Curripaco como la Piapoco integran el subgrupo "Río Negro", perteneciente al grupo Maipure del Norte (Payne D.L. 1989 pg. 133).

Si bien algunos linguistas han señalado que las cifras de correlación que se han obtenido hasta el momento, no tienen aún la suficiente precisión como para permitir una clasificación genética, otros han indicado que la lengua Piapoco se deriva del Curripaco (González Nañez, O. 1984; 1985; 1986) | 4 .

También es importante señalar, que hace ya más de treinta años, W. Taylor (1958 pg. 155) estableció que el Piapoco compartía más del sesenta por ciento de cognados con el Catapolitani (ojo-karro), una de las variantes dialectales del Curripaco, que es hablado por la gente de diversas fratrias de este grupo, entre las cuales se encuentra la Hohódene (gente gallineta).

A su vez, los datos etnográficos señalan que la tradición oral de los Hohódene menciona que en épocas muy remotas, uno de sus sub-grupos (sib) denominado Dáyzo-dakénai (transcripción del autor) y que habitaba el Ayarí o sus alrededores, emigró hacia el Guaviare (Wright R. 1981 pg. 11-12). Se ha sugerido la posibilidad que este nombre pueda estar relacionado con la autodenominación de los Piapocos Dzáse, Tsáse o Cháse, así como con el de su fratria de mayor jerarquía que se denomina Tsáseitaákenai (Vidal S. op. cit. pg. 141). Por último y a este respecto, es interesante mencionar que los Piapoco consideran a la gente de la fratria Hohódene como "hermanos", mientras que los miembros de otra fratria como la Waríperi-daákenai son considerados "cuñados".

Los procesos de recreación y el surgimiento de nuevos grupos

Se ha indicado que cuando una unidad social Maipure (sib o fratria) decide emigrar en forma permanente | 5 , se produce un regreso simbólico a los "comienzos del mundo", dado que tanto el jefe como el resto de los migrantes se transforman en el Kúwai y su tropa. Una vez en el lugar de destino, en cambio, entra en vigencia el culto del Kaali-dudpeni, con lo cual los poderes de éste se transfieren al jefe del grupo (Gráfico Nº 1). Con ello se produce un regreso simbólico a los "comienzos del mundo", que hace posible que el jefe del grupo recree simbólicamente a la gente y a sus unidades de descendencia.

Gráfico Nº 1. Proceso de re-creación de la fratría Piapoco. (A. Zucchi, 1991)

A través de este mismo proceso, determinados lugares de la zona receptora adquieren un carácter sagrado, por ser los sitios en donde líderes-chamanes llevaron a cabo la transformación ritual de los jefes de cada patrilinaje migrante en los "hermanos ancestrales", es decir, en los fundadores de los sibs que integrarán una nueva fratria. En este contexto, a estos últimos también se les asignará un oficio o especialidad, una posición jerárquica dentro de la misma, un simbólo totémico y otras parafernalias rituales, así como un sector específico dentro del nuevo territorio.

Es precisamente mediante este proceso ritual-secular como una población migrante puede dejar de ser lo que era, para transformarse en una sociedad nueva y diferente de aquella de la cual se desprendió (Hill J. 1983 pg. 40-42; Vidal op. cit. pg. 137).

Los procesos de recreación y los lugares sagrados

En la Tradición Oral de los Piapoco se señala la ocurrencia de tres de estos procesos, cada uno de los cuales está vinculado con un lugar geográfico específico: el raudal del Zamuro (Alto Guaviare), el barrio La Punta (San Fernado de Atabapo) y Benakú (Santa Rita, río Vichada). A través del primero de ellos, el sib primigenio Dayzo-dakénai o Tsáse-itaákenai se transformó en una fratria compuesta por cuatro sibs, que con el tiempo se transformaron a su vez en fratrias. Un sib (Atsáws) de una de estas cuatro fratrias (Neri) que había ocupado el río Uva, emigró hacia el Manacacías y el Meta, convirtiéndose eventualmente en un grupo diferente: Los Achaguas.

En cambio, a través del segundo proceso de recreación ocurrido en el sitio en donde se encuentra el actual barrio La Punta, se originaron los sibs que integran las tres fratrias restantes: Tsáse, Káwiri y Málai. Señalan los informantes que como prueba de este acontecimiento, los antepasados dejaron "dibujos del Káuwai-seiri" (petroglifos), en los cuales se nana esta historia y se señalan los simbolos de las fratrias y de los sibs. Según Vidal (op. cit. pg. 144), este acontecimiento es el que marca el comienzo de la diferenciación étnica de los Piapocos.

Según los informantes, cuando ocurrieron los hechos anteriores las fratrias no estaban jerarquizadas. La jerarquización se produjo a través del tercer proceso de recreación que se llevó a cabo en Benakú. En esta ocasión también se dividió el territorio, y sus partes fueron asignadas formalmente a las distintas unidades de descendencia. (Vidal S. op. cit. pg. 145).

La revisión de las fuentes coloniales permitió la reconstrucción del territorio Piapoco (Mapa Nº 4), así como el de cada una de sus fratrias (Vidal S. 1987 pg. 97 - 98). De éstas también se desprende que para comienzos del siglo XVIII (1715), los Caberres (Kawirri) constituían el grupo más numeroso en la zona Alto Orinoco-Atabapo-Guaviare (Gilij F.S. 1965, I pg. 134; Ramos Pérez D. 1974 pg. 94-95; Tapia M de, 1966 pg. 206-207). Su supremacía en el sector, sin embargo, parece haber comenzado a declinar a partir de 1730 (Vega A. de, 1974 pg. 94-95).

Mapa Nº 4. Territorio tribal de los Piapoco y de sus fratrías )Según Vidal S. 1987)

A su vez, lo datos arqueológicos nos han permitido proponer que el material de la mayoría de los sitios arqueológicos correspondientes a la parte Venezolana del territorio Piapoco y Maipure, pertenece a la Fase Nericagua (Zucchi, A. 1988, 1989, 1991a; 1991b), descrita por C. Evans, B. Meggers y J.M. Cruxent (1959, pg. 363-366). Esta unidad estilística no sólo parece confirmar la ocupación de determinados sitios por parte de los Piapoco, sino que es indicadora de estrechas relaciones entre los grupos Maipure y Piapoco. Esto último se confirma a su vez, por las fuentes históricas correspondientes al período 1744-1756, en los cuales se menciona la existencia de pueblos mixtos (Piapoco-Maipure) en algunos sitios arqueológicos pertenecientes a esta fase (Ej: Nericagua).

Igualmente nuestras investigaciones en el Alto Orinoco y Atabapo, nos han permitido constatar igualmente, que en el sitio La Punta, no sólo se encuentra uno de los yacimientos más importantes de la Fase Nericagua, sino también petroglifos, cuyo significado, sin embargo, aún debe ser investigado (Zucchi 1988; 1989; 1991a; 1991b).

Para finalizar queremos hacer énfasis en que si se quiere llegar a escribir una verdadera historia temprana de los Llanos, es necesario que se incorpore el aporte de las diferentes disciplinas, entre las cuales se encuentra la Historia Oral.

1.
Departamento de Antropología. Mc. Caracas, Venezuela.
2.
El término yuluatá significa casa o churuata.
3.
La tradición oral de los Piapocos señala que el ciclo del Kali-duapéni, los antepasados ocupaban poco sus casas, ya que deambulaban por la selva comiendo frutas silvestres "palo podrido" (?), hongos que crecían en los arboles caídos así como gusanos y pescado (Vidal S. 1987 pg. 125). Pensamos que esto podría referirse a una etapa preagrícola de esta sociedad.
4.
Las otras lenguas que integran el grupo Río Negro son: Kabiyari, Yucuna, Achagua y Tariana (Payne, D.L. 1989 pg. 133). Otros autores sin embargo tambien incluyen al Maipure y al Resigaro (Vidal S. op. cit.).
5.
Según Vidal (1987: 22-23) entre los Piapoco existen cuatro tipos de migración: a) estacional; b) temporal; c) de retorno, y d) permanente.