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INDICE
NOTA PRELIMINAR
INTRODUCCION
PARTE PRIMERA
HISTORIA ORAL
COMO ELLOS LA CUENTAN
LOS CUENTEROS DE LA HISTORIA
EL DESARROLLO DEL HATO LLANERO DURANTE LA EPOCA COLONIAL
DEFINICION DE LA NEOETNIA LLANERA COLOMBO
TENENCIA DE LA TIERRA Y DEL GANANDO EN EL HATO DE LOS LLANOS OCCIDENTALES BARINESES VENEZOLANOS
EL REGIMEN DE TENENCIA DE LA TIERRA EN LOS LLANOS VENEZOLANOS
SEGUNDA PARTE
INSTITUCIONES Y DESARROLLO
LAS INSTITUCIONES Y LA LEGALIDAD EN LOS LLANOS ORIENTALES DE COLOMBIA
¿REGENERACIÓN FUNDAMENTAL O CATASTROFE?
HISTORIA DOCUMENTAL EN LA FRONTERA DE LOS TRES LIMITES
EL DESARROLLO INDUSTRIAL DEL OCCIDENTE DEL ESTADO BARINAS
BIBLIOGRAFÍA
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CAFÉ, CABALLO Y HAMACA
¿REGENERACION FUNDAMENTAL O CATÁSTROFE ?
Un análisis de la política gubernamental hacia los Llanos
Orientales a finales del Siglo XIX
Jane M. Rausch
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1
En 1878 cuando el senador Rafael Núñez se dirigió al Presidente
de la República Julián Trujillo para promover "la
regeneración administrativa fundamental" o enfrentarse a
la "catástrofe", la facción radical del partido
liberal, entonces en el poder, ya estaba a la defensiva,
desilusionada por la guerra civil sangrienta de 1876 a 1877 y el
fracaso de sus ambiciosos planes para el país. Dos años mas tarde
el mismo Nuñez, elegido Presidente como independiente, comenzó a
desmantelar el régimen que había sido consolidado bajo la
Constitución de Rionegro en 1863, pero no fué sino hasta que
acaeció la derrota liberal en el campo de batalla en 1885 cuando
emergió un consenso claro sobre su programa.
El centralismo -el fortalecimiento de la autoridad institucional
y la estrecha cooperación de la iglesia y el estado- elementos
básicos de la "Regeneración" fueron excesivamente
elogiados en la Constitucion de 1886 que restauró el poder del
gobierno nacional y redujo antiguos estados a departamentos regidos
por gobernadores nombrados por el Presidente. Durante los trece
años que siguieron, la prosperidad retornó a las tierras altas. Los
altos precios del mercado mundial favorecieron la expansión de la
economía cafetera y la paz política sólamente se rompió con la
revuelta liberal de 1895, la que fue abortada, sin embargo para los
Llanos de Casanare y San Martín -las praderas tropicales que se
extienden miles de kilómetros al oriente de la cordillera hacia la
frontera Venezolana y que se unen con la selva amazónica para
formar la frontera oriental del país- los beneficios de la
Regeneración fueron menos tangibles (Bergquist, Charles 1978; Park,
James 1985; Delpar, Helen 1981; Deas, Malcolm 1986)
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2
.
Tal como este ensayo lo demuestra -con la excepción de la
revitalización de las misiones y un comercio libre transitorio a lo
largo del río Orinoco- el régimen: nacionalista-conservador
instalado por Nuñez trajo a los Llanos, si no
"catástrofe", por lo menos, el atraso económico,
la confusión administrativa y la represión política
|
3
.
Renacimiento de las Misiones
La decisión de Nuñez de revivir las misiones fué un punto de
partida para el programa radical de gobierno y para el crecimiento
del acercamiento del Presidente con la iglesia católica. Aún antes
de 1849 las misiones había desaparecida de los Llanos; de San
Martín y Casanare y la campaña dirigida por los liberales en contra
de las prerrogativas de la iglesia despues de ese año sólamente
sirvió para servir de preámbulo a su renacimiento. El
anticlericalismo oficial alcanzó en 1861 su máximo punto Cuando
Tomas Cipriano Mosquera suprimió todas las ordenes religiosas en el
país. Durante la década siguiente algunos Dominicanos y Recoletos
-que prefirieron escaparse a los Llanos antes de renunciar a sus
votos- continuaron atendiendo las necesidades espirituales de
pueblos aislados pero sin seguridad política ni recursos materiales
lentamente sucumbieron en aquellos climas tropicales-, Hacia
finales de 1870 sólamente el padre José de Calazans vela permanecía
allí. Vela -un Dominicano enamorado de los Llanos- superó
obstáculos burocráticos y ambiental es para ser ministro de blancos
e indios en el Territorio de San Martín hasta el año de su muerte
en 1895 (Mesanza, Andrés en Fr. José de Calasanz, 1936)
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4
Mientras tanto, durante su primera administración, Nuñez comenzó
a cerrar la brecha entre la iglesia y el estado al reintegrar a las
comunidades religiosas y motivar al Congreso para rechazar muchas
reglamentaciones anticlericales emanadas despues de la guerra civil
de 1876-1877. En 1880 el Papa León XIII aprobó la separación de
Boyacá y Casanare de la nunciatura metropolitana y creó una
diócesis nueva. Un año más tarde, el Vicario Gobernador de Tunja,
Moisés Higuera nombró a Miguel de Jesús Medina, antiguo párroco de
Labranzagrande, como Vicario de Casanare y fundó un Seminario en
Nunchía para preparar nuevas vocaciones sacerdotales. En 1883 cinco
curas destinados a los Llanos fueron ordenados, pero la guerra
civil de 1885 detuvo sus actividades (Restrepo Posada, Eduardo vol.
III 1961-1971. Pgs 337-338; Ganuza, Marcelino, 1921 vol. II pg.
404).
Durante la segunda administración de Nuñez, tanto la
Constitución de 1886 como el Concordato de 1887 regularizaron las
relaciones entre el estado y la iglesia. La nueva constitución
declaró la religión católica romana como la religión de la
República. Se especificó allí que las autoridades civiles debía
respeto a la iglesia, estipuló el papel de la iglesia en la
educación pública y se la consideró como persona jurídica en
materias civiles. Por medio del Concordato, el Gobierno aceptó
compensar a la iglesia por las pérdidas ocasionadas por el decreto
de desamortización de bienes de manos muertas de 1861. Allí se
garantizó la independencia de la iglesia de la interferencia civil
y aumentó su control sobre la educación. Finalmente, se le asignó a
la iglesia, -a perpetuidad- un subsidio anual de cien mil pesos
para el mantenimiento de las diócesis, seminarios, misiones y otros
asuntos (Gibson, William Marion, 1948 pg. 297; Mechan J. Lloyd,
1966 pg. 126).
En ese momento se inició un esfuerzo de evangelización, primero
en Casanare cuando cuatro Recoletos comenzaron a hacer proselitismo
entre las indómitas tribus de Guahibo en 1891, tomando como base la
localidad de Orocué. En 1893 el Papa León XIII designó a los
Llanos, al norte del río Meta, como vicariato apostólico, y un año
más tarde, el primer vicario apostólico, Fray Ezequiel Moreno,
llegó a su sede en Támara. Los Recoletos trabajaron
sistematicamente. Compilaron un Diccionario gramática de lengua
Guahibo y comenzaron las misiones en Barrancopelado, Santa Elena y
San Juanito (Ganuza, Marcelino, op. cit. vol. III pg. 99 -273;
Fernández, Manuel y Marco Bartolomé, 1895). Aunque muchos fueron
forzados a escapar durante la rebelión liberal de enero a mayo de
1895, algunos volvieron a sus puestos después que el gobierno
retomó el control. En 1896 Fray Nicolás Casas y Conde sucedió a
Moreno como vicario apostólico. Cuando llegó a Támara en Junio
acompañado de varias Hermanas de la Caridad, ellas iniciaron los
colegios para niñas. Hacia 1898 había diez y seis Recoletos
administrando las misiones de Támara, Orocué, Nunchía, Manare,
Arauca, Chámeza y San Juanito y las Hermanas habían abierto
escuelas en Támara, Orocué y San Juanito. El padre Marcelino
Ganuza, historiador Recoleto menciona con orgullo estos datos:
En ninguna otra época, ni siquiera durante la floreciente
prosperidad de las misiones coloniales, había tenido Casanare una
atención espiritual tan afortunada como durante los años que
precedieron a la revolución de 1899 (Ganuza, loc. cit.)
|
5.
La Sociedad de San Francisco de Sales, conocida como la
comunidad Salesiana, se encargó de las misiones de los Llanos de
San Martín en enero de 1896, un mes más tarde de que hubiese
fallecido trágicamente el padre Vela en un accidente cuando fué
tumbado por su caballo cerca de La Uribe. Don Juan Bosco fundó la
comunidad en Turín, Italia en 1895. La orden creció rápidamente y
en 1888 tenía un millar de clérigos en 57 fundaciones distribuídas
por Europa y Sur América. En febrero de 1890 los primeros nueve
Salesianos dirigidos por el Padre Evasio Rabagliati vinieron a
Bogotá a iniciar un contrato con el gobierno colombiano. Abrieron
una escuela para niños y se hicieron cargo del leprocomio de Agua
de Dios, cerca de Tocaima. Durante un viaje a los Llanos de San
Martín en Enero de 1895, en busca de un hospital para leprosos, el
padre Rabagliati quedó convencido que su orden debería aceptar la
posibilidad de tener una mision allí. Cinco salesianos fueron a
Villavicencio un año más tarde, pero, encontrando la iglesia aún en
ruinas después de un incendio que destruyó el poblado el 28 de
enero de 1890, se fueron para San Martín. Allí los habitantes
locales les dieron la bienvenida y comenzaron a progresar en su
empresa. Hacia 1897 cuando el Papa León XIII declaró el territorio
de San Martín como vicariato apostólico, ya habían abierto casas en
La Uribe, Villavicencio y San Martín (Ortega Torres, José Joaquín,
1941 pgs. 6, 144, 195).
La Guerra de los Mil Días forzó a los misioneros a suspender
operaciones en los Llanos, pero tanto Recoletos como Salesianos
regresaron despues de la firma del Tratado de Neerlandia en Octubre
24 de 1902
|
6
. En
Diciembre de ese año Colombia negoció con el Vaticano un nuevo
Convenio de Misiones que fortaleció el poder de las órdenes
religiosas sobre los indígenas y sus territorios. Aunque los
críticos liberales acusarían más tarde al gobierno de conceder tres
cuartas partes del territorio del país al dominio de padres
extranjeros, al aprobar la medida, el Vicepresidente José Manuel
Marroquín continuaba un proceso iniciado por Rafael Núñez que
restauraba las misiones a la importancia que tradicionalmente
tenían como institución dominante de la frontera hispánica (Abel,
Christopher, 1987 pg. 43).
La libre navegación por el río Orinoco
El acceso de Colombia al libre comercio a lo largo de los ríos
Meta y Orinoco fué el producto del mejoramiento de las relaciones
con Venezuela después de la elección de Nuñez en 1880. Desde 1819
las disputas acerca de la demarcación de las fronteras y los
derechos de transportes en los ríos comunes había tenido a las dos
naciones en contradicción. Renovadas las negociaciones en 1881,
dieron pié a un acuerdo para someter la cuestión de las fronteras
al arbitraje del Rey Alfonso III de España. La muerte del rey en
1885 demoró estos procedimientos pero en 1891 la Reina Regente
María Cristina dió a conocer su decisión denominada
"Laudo". Aunque ninguno de los lados estaba
satisfecho, aceptaron la decisión del Laudo de la Reina Cristina
-como se le conoce- basados en negociaciones futuras. Firmaron por
ello, en abril de 1894 un Tratado de Navegación y Libre Comercio
mediante el cuál Colombia le cedía a Venezuela algún territorio de
la Guajira y Guainía a cambio del derecho de navegar libremente por
los ríos Orinoco, Atabapo y Río Negro y la excepción de cargos de
aduanas a fletes y personas. Este tratado nunca fue ratificado y en
1898 se suscribió un nuevo pacto en el cual los dos países
acordaban designar comisiones mixtas para revisar una vez más toda
la frontera y se recomendaban cambios a la situación establecida
por el Laudo. Sin embargo, hasta 1899 Venezuela permitía a los
colombianos acceso libre a los ríos Meta y Orinoco, y por lo menos,
un empresario, José Bonnet, sacó provecho de esta oportunidad
(Valois Arce, Daniel 1970 pgs. 79-80)
|
7
.
Bonnet inmigró de Francia hacia Colombia en 1865. Dos años más
tarde fundó una casa comercial en Bogotá con oficinas en Orocué y
Villavicencio y comenzó a adquirir plantaciones de café en los
Llanos. En 1881 persuadió al Presidente de Venezuela Antonio Guzmán
Blanco que le permitiera importar bienes de Colombia por el Orinoco
y el Meta sin pagar aduana en Ciudad Bolívar, pero el Congreso
colombiano declaró ilegal dicho arreglo en 1884. Sin desanimarse
por éste limitante y aprovechando un enfriamiento en las relaciones
bilaterales Bonnet firmó un contrato en 1890 con el gobierno de
Nuñez en el cual se comprometía a hacer seis viajes completos al
año en el vapor, entre Ciudad Bolívar y Orocué y a iniciar tres
colonias agrícolas en 30.000 hectáreas de baldíos a lo largo del
Meta (Bonnet, José 1884. pg. 10; Anales del Senado, Serie II Nº 107
Agosto 7, 1884). Bonnet adquirió su barco El Libertador de la firma
londinense Yarrow y Compañía por 4.300 libras esterlinas y lo hizo
adecuar en la Isla de Trinidad; el vapor tenía veinticuatro pies de
ancho y ciento veinticuatro pies de largo incluyendo la rueda con
un motor de ochenta y cuatro caballos de fuerza, alcanzaba a
navegar nueve millas por hora llevando una tripulación de diez y
nueve hombres (Brisson, Jorge, 1896 pg. 130-131).
El Libertador salió de Ciudad Bolívar en su viaje inicial el
primero de noviembre de 1893 cargado con telas, vino, alimentos,
herramientas; pasando por Orocué llegó a Puerto Barrigón el 17 de
noviembre para ser recibido por los habitantes locales con un coro
de admiración para Colombia y para Bonnet; en el viaje de regreso
llevó pasajeros, café, cacao, cueros, caucho y completó los
seiscientos kilómetros entre Orocué y Ciudad Bolívar en cinco días
(AHN, MG. vol. 47 fols. 110, 111; Gómez Picón Rafael, 1953 pg.
455)
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8
.
La navegación a vapor aceleró la actividad económica de toda la
región y benefició especialmente a Orocué al acortar el tiempo de
viaje entre ese puerto y Ciudad Bolívar de sesenta a ocho días o de
quince a cinco días, dependiendo de la estación. Al mismo tiempo
que Bonnet, Ramón Real -un venezolano- y los hermanos Franzius
-alemanes- iniciaron casas comerciales allí y gracias a la
presencia de aduanas, el comercio del café, ganado y caucho así
como la actividad comercial se aceleró. El señor Real adquirió un
barco de vapor llamado Boyacá y lo utilizó por el río Pauto para
bajar el café que salía de Támara, hasta Orocué. La designación de
Orocué como capital de Casanare en 1896 y la apertura de escuelas y
colegios de las Hermanas de la Caridad aumentó la reputación de
este puerto -denominado en la época- "el Sultán de la
Llanura" hasta el punto que comenzó a rivalizar con el
intercambio comercial que tenía lugar en el puerto de la, ciudad de
Arauca (Brisson, J. op. cit. pg. 154, 305; Ortega Ricaurte,
Enrique, 1943 pg. 128).
Sin embargo, los éxitos de Bonnet fueron algunas veces
tergiversados; ni Colombia ni Venezuela habían ratificado el
Tratado de Libre Navegación y Comercio de 1894 y los comerciantes
de ambos países, celosos de los privilegios que le habían dado a
Bonnet -por ser francés-comenzaron a demandar la revocación de su
contrato. En 1898 el Secretario de Hacienda anuló las asignaciones
que Bonnet tenía para colonizar tierras, teniendo en cuenta que él
aún no había iniciado la fundación de las tres colonias agrícolas,
tal como lo especificaba el contrato inicial. Cipriano Castro
-despues de tomarse el poder en Caracas el 22 de Octubre de 1899-
prohibió todo libre comercio por los ríos Meta y Orinoco.
Finalmente, durante la Guerra de los Mil Días los rebeldes se
hicieron cargo del vapor Libertador y cuando la guerra terminó los
restos de su casco permanecían en la Isla de Trinidad. Bonnet quedó
arruinado y solamente en los años veinte, otro empresario aceptaría
restaurar el servicio de navegación por el río Meta (Intendente de
Casanare, MMG 1904 pg. 148; AHN, Baldios vol. 18, fol. 397; vol. 19
fol. 235; Intendente de Casanare, MMG 1898 pg. 46-50; El
Espectador, febrero 11, 1923).
Estancamiento económico
Aunque es obvio que una década de libre comercio por el río Meta
no podía resolver por sí misma todos los problemas económicos del
Llano, también es claro que los gobiernos de la Regeneración
fracasaron en sacar ventajas de las posibilidades que esta bonanza
tan breve les podía suministrar. Por ejemplo, no se hicieron
mejoras significativas en las carreteras que iban desde las tierras
altas hacia el río Meta y la construcción de una carretera tan
importante como la de Bogotá a Villavicencio -despues de registrar
considerable progreso en la década de 1870- vino a detenerse a
pesar de la Ley 140 de 1888 que exigía su extensión hasta el río
Meta (Ministro de Fomento, 1890, xxiv). Un contrato firmado por el
gobierno en 1893 con la firma londinense Puchard Mc Taggard,
Louthier y Compañía para construir un ferrocarril que conectaría a
Bogotá con un puerto sobre el río Meta fracasó cuando los
ingenieros no pudieron ponerse de acuerdo sobre cuál era la mejor
de las tres rutas posibles para atravesar la cordillera (Ossa,
Peregrino, 1937 pg. 81). Las carreteras se inundaban en las épocas
de lluvia entre Casanare y San Martín, dejando a muchos pueblos
aislados durante meses y por eso era que los vapores Libertador y
Boyacá, además de los bongos y veleros llevaban carga a lo largo
del río Meta.
En 1890 José de Calasanz Vela rindió un informe al Secretario de
Hacienda detallando las exploraciones que él había hecho en las
selvas al sur del río Meta; el dominicano le pedía al gobierno
"trabajar inmediatamente con la finalidad de asegurar la
colonización material, intelectual y moral de nuestros Llanos
orientales". Recomendaba) específicamente la asignación de
un status especial a la región; bajar el precio de la sal, extender
la línea de telégrafos desde San Martín hasta Villavicencio y
establecer colonias de campesinos con protección militar en San
Pedro de Arimena y San Vicente, sobre el río Ariari (Vela, José de
Calasanz, op. cit. III pg. 322-324).
En 1894 Jorge Brisson -un ingeniero civil- visitó Casanare para
hacer unos reconocimientos solicitados por el Intendente. Su
informe pedía la construcción de una línea de telégrafos entre
Chita, Támara y Arauca y cambiar la capital territorial de Támara a
Orocué. Brisson concluyó que Casanare tenía un futuro promisorio
pero que ello dependía del apoyo y desarrollo que el gobierno le
diera:
En resumen -en nuestro concepto- y a todas luces todo el
desarrollo viene hacia nosotros desde el centro, nosotros debemos
buscar como timonel para el barco que comenzó a navegar hace
algunos meses y ese timonel está en Bogotá. Por ello, el telégrafo
es una buena conexión para el interior y esas son las primeras
cosas que nos deben preocupar en el área de los servicios públicos
(Brisson, op. cit. pg. 309).
Sin embargo, los presidentes de la Regeneración no respondieron
a estos requerimientos. Los radicales Santos Gutiérrez (1866-1867);
Eustorgio Salgar (1870-1872); Manuel Murillo Toro (1872-1874);
Carlos Holguín (1888-1890) y Miguel Antonio Caro (1892-1898) habían
ignorado a los Llanos en sus mensajes anuales al Congreso y los
decretos orgánicos de los años 1893 y 1897 mediante los cuales se
reorganizaba las administración de las Intendencias omitieron
cualquier mención acerca del desarrollo económico de la región. El
Secretario de Justicia de Miguel Antonio Caro -Antonio María Rueda
G.- comprendió muy bien esta falta de interés cuando escribió en
1894 que Colombia debía dirigir sus limitados recursos a las
tierras bajas del Magdalena, Panamá, la Guajira y la Sierra Nevada.
La importancia de los Llanos -explicó- era más estratégica e
internacional que económica. La inversión allí sería prematura
mientras que Venezuela pudiera influir en obstaculizar cualquier
desarrollo de los Llanos debido al control que ellos tenían sobre
el Orinoco. "Las convulsiones políticas armadas tan
frecuentes entre nuestros hermanos del otro lado del río Táchira no
representan un estímulo para el sacrificio que la colonización de
nuestra región Oriental pudiera demandar para nuestro tesoro tan
exprimido (MMJ, 1894, lxxx).
La producción ganadera de los Llanos quedó estática, cuando no
tuvo apoyo del gobierno. Mientras que los ganaderos en otras partes
del país experimentaban con pastos artificiales y con nuevos
cruces, solamente unos pocos propietarios progresistas -tanto en
San Martín como en otras regiones- adoptaron estas técnicas; entre
ellos citamos a Emiliano Restrepo y Sergio Convers. En Casanare los
ganaderos siguieron los métodos tradicionales de explotación
traídos por los españoles en el siglo diez y seis. A lo largo de
los años, estos ganados se habían adaptado al clima tropical;
tenían fortaleza y eran resistentes al calor y a los insectos,
sinembargo era ganado pequeño y de lento desarrollo. Durante los
viajes a los mercados de las zonas altas, el ganado perdía peso y
debía ser engordado durante varios meses despues de su llegada,
antes de poder ser vendido. Sin embargo, este ganado podía competir
con los ganados de la costa y los valles interiores; los ganaderos
del Llano también pudieron vender sus ganados en Venezuela y
utilizar el camino de San Cristóbal para llegar a Cúcuta. Cuando
los venezolanos decretaban impuestos sobre los ganados o cuando
cerraban la carretera, los ganaderos se veían forzados a sacrificar
las reses y obtener lo que pudieran de la venta de los cueros
(Rouse John, 1977 pg. 164; Pedraja René de la, 1984 pg. 35).
La agricultura de San Martín recibió en los años de 1870 un
impulso con la llegada de Restrepo, Convers y otros empresarios con
capital que llegaron a incorporar cultivos que pudieran ser
llevados a las tierras altas. De las ocho fincas más grandes en el
territorio de San Martín en 1875, El Buque -propiedad de Sergio
Convers y La Virginia, propiedad de Diego Suárez y Vicente Lafaurie
estaban dedicadas exclusivamente a la producción de café. Por otra
parte, la hacienda Ocoa, propiedad de Narciso Reyes y Federico
Silva producía caña de azúcar y cacao. El Buque -con sus ochenta a
cien mil matas de café- se decía que era más grande que cualquier
otra finca cafetera de Cundinamarca. La hacienda de Ocoa con siete
mil matas de café era más o menos tan grande como El Buque. Las
tres haciendas tenían máquinas para moler, lavar y secar el café.
El Buque poseía una rueda hidráulica, molino de viento, tanques de
agua y talleres (Restrepo Emiliano, 1957 pg. 115; Flórez Raquel
Angel de, 1962-1963 vol. I pg. 75).
Gracias a las cosechas de estas tres haciendas, el Territorio de
San Martín exportó 90.4 toneladas métricas de café valoradas en
$20.642 pesos en 1874; la producción de café de los Llanos siguió
en un nivel significativo en relación con la producción nacional
hasta la caída del precio del mismo en 1882-1883 (Pedraja de la,
René op. cit. pg. 48, 54). Aunque la producción se recuperó en
Cundinamarca y los Santanderes en la década de 1890, los
empresarios de los Llanos estaban muy aislados de la Costa
Atlántica como para ser competitivos y dependían mucho de la
voluntad de Venezuela para poder tener acceso al Atlántico por la
ruta del río Orinoco. Localmente el café siguió siendo importante.
Por ejemplo, tanto Támara como Arauquita y Medina -una localidad
del piedemonte al nororiente de Villavicencio- fueron regiones
productoras de café. En ésta última tuvo lugar una violenta lucha
por la tierra
|
9
. En
aquellas haciendas ya establecidas Convers, Reyes Silva y Restrepo
dejaron de lado la producción de café para dedicarse al cacao, a la
caña de azúcar y a la ganadería. René de la Pedraja concluye que la
producción de café en los Llanos fue un "episodio
aislado" el cual no estimuló un desarrollo sostenido
(Pedraja, René de la, op. cit. pg. 55).
En relación con la producción de los recursos del bosque, había
en la época una demanda en el mercado mundial por la quina, lo que
generó un interés por los bosques del piedemonte oriental de la
cordillera andina a partir de 1850. La Compañía de San Martín, la
Compañía de Sumapaz y la Compañía Colombia obtuvieron inmensas
porciones de baldíos del gobierno y comenzaron a cosechar a gran
escala la cubierta externa de la chinchona mientras que cientos de
colonos invadían las tierras tumbando árboles y ocasionando
enfrentamientos con los empleados de las compañías. El colapso del
mercado internacional debido a la competencia de Ceylán y la India,
terminó esta bonanza cuando en 1890 surgió el caucho como una
alternativa posible. Las compañías y los colonos buscaban el
"oro negro" con el mismo interés que habían
adoptado para la búsqueda de la quina, pensando que el bosque era
un recurso interminable que se podía explotar siguiendo las
demandas del mercado y en de la manera más bárbara (Pedraja, René
de la, op. cit. pg. 63).
La bonanza del caucho se centró en los ríos Putumayo, Caquetá y
las zonas de la Amazonia al sur de los Llanos. Alcanzó su máximo
auge entre 1900 y 1915 pero el impacto llegó a los Llanos de San
Martín una década antes. En 1887 la Compañía Colombia se reorganizó
como la Compañía Herrera y Uribe y la Compañía Lorenzana y Montoya;
ambas se dedicaron a sacar caucho de los territorios boscosos
alrededor de Uribe (Gaceta del Cundinamarca, Diciembre 24, 1886;
Informe Intendente de San Martín, MMG, 1898 pg. 3). Los registros
del Ministerio de Industria muestran que entre los años 1887 y 1899
diez y siete individuos adquirieron concesiones de explotación de
tierras en más de dos mil hectáreas en los distritos de Uribe,
Medina y Villavicencio, de los cuales -estamos seguros- iban a
extraer caucho. No estan disponibles estadísticas similares para
Casanare pero de la Pedraja afirma que en 1890 los comerciantes de
Orocué controlaban las operaciones de la recolección de caucho que
se adelantaban en el Vaupés y Guainía, almacenando las bolas de
látex crudo en sus depósitos y enviandolas en sus vapores río Meta
abajo hacia el Orinoco y Ciudad, Bolívar. En ambas regiones
innumerables colonos independientes se fueron a la búsqueda de
caucho en los baldíos sin necesidad de pedir al gobierno un título
para la tierra o un permiso para hacer esta explotación (Memoria
del Ministro de Industrias, 1931, vol. V pg. 326-328; Pedraja René
de la, op. cit. pg. 63).
La Compañía Herrera y Uribe era la que tenía operaciones más
amplias. Sus funcionarios administraban la población de Uribe donde
estaban asentados trabajadores traidos del Tolima por la carretera
que fué construida y mantenida por la misma compañia. Esta
construyó la iglesia del pueblo, la casa cural y la cárcel mientras
que la Compañía Lorenzana y Montoya pagó por dos escuelas. El
Intendente de San Martín Antonio Silva informó que la población de
Uribe había crecido a tres mil habitantes. Esta localidad, erigida
en municipio tenía diez y seis mil cabezas de ganado, doscientos
cincuenta mil árboles de cacao, trescientas mil matas de café y
cientos de hectáreas en caña de azucar, plátano, yuca y tabaco.
Silva adujo este progreso a la Compañía Herrera y Uribe y elogió a
sus empleados como "trabajadores incansables, verdaderos
luchadores del progreso de nuestro país" quienes
desafiaban la enfermedad y las privaciones para convertir aquellos
bosques en una región rica y floreciente (Informe, Intendente de
San Martín MMG, 1898 pg. 12).
Sin embargo, la bonanza del caucho fué una actividad endeble
sobre la cual construir una economía regional. Desafiando las
reglamentaciones del gobierno, los colonos -en lugar de sacar el
látex de los palos como lo hacían en el Brasil y lo exigían las
autoridades locales-cortaban de tajo los árboles. La bonanza atrajo
delincuentes de todas clases a Uribe y generó disputas sobre la
tierra. Despues de la Guerra de los Mil Días, se hizo generalizada
la táctica de esclavizar a los indígenas para recolectar caucho.
Los informes de las atrocidades hechas por los blancos a los
nativos en el Putumayo provocaron una denuncia internacional en
1912. El colapso de la bonanza del caucho despues de 1915 debido a
la competencia de las plantaciones de Malasia dejó a cientos de
personas aisladas en la Amazonia sin una forma de continuar
subsistiendo
|
10
.
Confusión administrativa
La confusión administrativa enraizada en la Constitución de 1886
contribuyó a la ausencia de liderazgo del gobierno nacional en el
frente político. Mediante la Constitución de Rionegro los liberales
habían sacado del olvido a seis territorios del país: San Andrés y
Providencia, los Llanos de San Martín y Casanare, Bolívar, la
Sierra Nevada de Santa Marta, la Motilonia y la Guajira con la
finalidad de que fuesen administrados directamente por el gobierno
federal conforme a la Ley del 30 de Junio de 1868. Entre 1863 y
1881 la nación invirtió $ 455.379 en la administración y desarrollo
de estos territorios. Pero los conservadores y los independientes
comenzaron a atacar esta iniciativa de una manera muy aguda hacia
1880 arguyendo que los resultados no justificaban esos gastos y que
era un error quitarle los fondos a las provincias del interior para
dárselos a regiones remotas puesto que estas requerirían el
sacrificio de muchas generaciones en el futuro para que alcanzaran
un verdadero progreso (MMG, 1881 pg. 33-37; MMG, 1882 pg. 77-78).
Al tomar el poder en 1884 los conservadores independientes
exigieron que dichos territorios fueran retomados a los
Departamentos a donde originalmente pertenecían. Esta reforma se
incluyó en el Artículo 4 del Título I de la Constitución de
1886.
El retorno de los territorios de Casanare y San Martín a los
Departamentos de Boyacá y Cundinamarca mediante decreto ejecutivo
de septiembre de 1886 fué la primera de las cinco reorganizaciones
de la administración política ordenadas por el Congreso en los once
años que seguirían. Al comienzo los líderes de los departamentos
buscaron el control de estos territorios puesto que era una manera
de ampliar su poder a nivel nacional, pero muy pronto encontraron
que las obligaciones financieras de administrar el Llano
representaban una erogación económica supremamente fuerte y los
recursos eran muy escasos. Ambas legislaturas solicitaron subsidios
al Congreso en 1892. Los diputados, en lugar de responder sus
solicitudes -persuadidos tal vez por el Laudo de 1891 y por los
informes de la agresión venezolana en la frontera oriental-
aprobaron la Ley 13 del 17 de septiembre de 1892 que separaba a los
territorios de San Martín y Casanare de sus respectivos
Departamentos y autorizaba a la nación para administrarlos
directamente. El Decreto 392 del 17 de enero de 1893 reglamentó la
Ley 13 mediante la organización de cada región a manera de
Intendencia Nacional bajo la administración del Ministerio de
Justicia. El decreto 392 organizó todos los aspectos de la
administración pública dividiendo a Casanare en tres provincias:
Arauca, Támara y Orocué; a San Martín en cinco municipios:
Cabuyaro, Medina, San Martín, Uribe y Villavicencio (Diario
Oficial, Oct. 1 1892; Enero 27, 1893).
En septiembre de 1894 el Congreso suprimió el Ministerio de
Justicia y transfirió las Intendencias al Ministerio de Gobierno.
Por esta epoca, el primer Intendente de Casanare, Elisio Medina -el
mismo que había elaborado un borrador del Decreto 392 para el
Presidente Caro-estaba exigiendo la eliminación de las provincias
en Casanare con base en que habían contribuído a una burocracia que
no se justificaba. El Congreso accedió a ésta solicitud el 12 de
noviembre de 1894 eliminando las provincias y consolidando los
poderes de los prefectos que los habían dirigido desde la oficina
del Intendente. Finalmente, un segundo decreto orgánico Nº 392,
pero del 28 de julio de 1897, estableció seis circuitos judiciales
independientes en ambos territorios y aumentó el número de
municipios de Casanare a veinte y los de San Martín a seis (Diario
Oficial, Sept. 6 1897).
Segun Humberto Plazas Olarte, en su tésis de grado "Los
Territorios Nacionales", escrita en 1944 para la Facultad
de Derecho de la Universidad Javeriana, dice que la abolición de
los Territorios en 1896 fué "culminación de caos"
que había rodeado la trayectoria irregular de su administración. A
pesar de la importancia de estas regiones para la unidad nacional y
de los asuntos críticos que se vivían allí tales como la
identificación de las fronteras internacionales, los asuntos
indígenas y la colonización, la Constitución de 1886 no reconoció
su existencia y no estableció una salida posible para que aquellas
regiones se convirtieran en Departamentos. Debido a que este
defecto no se corrigió sino con la reforma constitucional de 1936,
la administración de las regiones periféricas continuó en unas
bases ad hoc durante cinco décadas (Plazas Olarte Humberto, 1944
pg. 138).
El hecho de que se hubieran dado cinco reorganizaciones
territoriales durante la Regeneración creó una confusión
administrativa que no resolvía los problemas fundamentales y que se
subraya con la decisión de trasladar la capital de Casanare de
Nunchía a Tame en 1889; de Tame a Támara en 1891 y de Támara a
Orocué en 1895. La designación de una localidad como capital traía
consigo un aumento de prestigio, un tren de funcionarios
asalariados, la construcción de servicios públicos y la expansión
de oportunidades económicas, ventajas por las cuales valía la pena
luchar para salir de la pobreza en que se encontraban estos
pueblos. Algunas consideraciones en la selección de una capital
eran -entre otras- el clima saludable, el acceso a Sogamoso, Tunja
y Bogotá y un grado de influencia ejercido por los vecinos ante las
autoridades nacionales y departamentales. Según estos criterios, la
escogencia de Tame como capital en Marzo de 1889 aparecía como un
caso fortuito. Tame estaba conectado por la vía del Sarare a
Pamplona, por la vía de Cusirí al Cocuy y por la ruta de Socha a
Tame y tenía una ventaja adicional al estar cercano a la ciudad de
Arauca, la localidad más próspera del territorio de Casanare. Tame
tenía mil quinientos habitantes la mayoría de los cuales eran
agricultores de cacao, café, arroz o caña de azúcar y era una base
adecuada desde la cual los misioneros podían hacer proselitismo con
los Guahibo (Informe, Prefecto de Casanare, 1889 en El Boyacense,
Tunja, abril 5 1889).
A pesar de los atractivos de Tame, la capital fue transladada a
Támara en 1891. Támara está localizada sobre el río Pauto y posee
un clima templado pero húmedo debido a los fuertes vientos que
vienen de los Llanos durante la estación lluviosa. Cuando Jorge
Brisson la visitó en febrero de 1894 observó que tenía ochocientos
habitantes, muchos artesanos, tiendas con mercancías traídas de
Bogotá y escuelas administradas por los Recoletos y por las
Hermanas de la Caridad. Por otra parte, las carreteras de Támara
hacia Boyacá eran con frecuencia inundadas, el clima era muy frío y
la localización del pueblo en un filo muy angosto de la cordillera
dificultaba sus posibilidades de expansión. Debido a estas
limitaciones, Brisson predijo que la capital muy pronto sería
transladada a Orocué, que ofrecía una localización estratégica
sobre el río Meta y tenía un clima más benigno (Brisson, J. op.
cit. pg. 43).
Los llaneros ya estaban en Bogotá haciendo intermediaciones para
el traslado cuando en 1895 un decreto ejecutivo ordenó trasladar
todas las oficinas del Gobierno a Orocué, con excepción de los
juzgados. El Intendente Leonidas Norzagaray escribiría un año más
tarde que el traslado había sido adecuado teniendo en cuenta la
posición militar y comercial del puerto sobre el río Meta. El
recomendaba que la rama judicial debería también ser trasladada. La
solución adoptada a finales de 1896 era la de crear dos distritos
judiciales, en Casanare, uno en Támara y otro en Orocué (AHN, MG
Vol. 50 fol. 208; Informe Intendente de Casanare, MMG 1898, pg.
51).
El hecho de transladar la capital del territorio tres veces en
seis años aumentó las rivalidades locales y dejó sin resolver los
problemas administrativos crónicos como la falta de personal
calificado, edificios gubernamentales adecuados, fuentes de
financiación; la comunicación con el interior era difícil y
escaseaban las copias de los códigos y leyes según las cuales los
funcionarios debían gobernar. Un obstáculo aún mayor lo
representaba el hecho de que los funcionarios enviados para
administrar los Llanos -procedentes de Villavicencio, de Támara o
de Orocué- eran conservadores y representantes de un régimen
nacional que había suprimido abiertamente a sus opositores
políticos. Recordemos que la población de San Martín y Casanare era
mayormente liberal; los representantes del gobierno encontraron una
oposición pasiva y abierta que impedía su habilidad para una
administración efectiva.
El antagonismo liberal hacia el gobierno nacional se hizo
evidente al Intendente en Villavicencio. El 12 de Julio de 1894,
Habacuc Beltrán informaba:
En muchos pueblos de la intendencia uno observa movimientos en
contra de las autoridades y una clase intranquilidad social que si
no se remedia, es posible que esta región se convierta en un centro
de organización revolucionaria o fuerzas indisciplinadas que estan
inclinadas a protestar en contra de lo que el gobierno haga,
ignorando sus buenas intenciones (AHN, MMG vol. 47 fol. 406).
Su sucesor -Pioquinto Márquez- solicitó al Secretario de
Gobierno el 19 de noviembre de 1894 que le enviara soldados para
vigilar la Intendencia porque "la mayor parte de los
habitantes de estas regiones tienen opiniones contrarias a aquellas
de los pocos empleados que estan conmigo...Nuestros oponentes creen
en la absoluta libertad y rechazan todo tipo de monopolio, y la
carretera Bogotá-Villavicencio es una manera fácil para que ellos
adquieran todo tipo de armas" (AHN, MG vol. 48 fol.
314).
Cuando la fracción rebelde del partido liberal se pronunció en
contra de Miguel Antonio Caro el 23 de enero de 1895, el veterano
general liberal Gabriel Vargas Santos estaba esperando con un
ejército en Venezuela Vargas Santos se dirigió a Arauca en donde
superaba numéricamente a los soldados del gobierno que estaban
allí. Les confiscó los recibos de la aduana y proclamó préstamos
forzosos a los Recoletos que escaparon a refugiarse en el pueblo
fronterizo de El Amparo. Otros rebeldes se tomaron a Orocué y a
Támara. En el Territorio de San Martín, solamente la localidad de
Medina se sumó a la insurrección aunque algunas guerrillas
liberales se replegaron a Uribe despues de su derrota en el Tolima.
En Villavicencio el Intendente Tobías Hernández reunió a cincuenta
hombres con la finalidad de defender al gobierno. El 11 de marzo el
General Rufino Gutiérrez llegó a Arauca para asumir el cargo de
Jefe Civil y Militar (Ganuza, M. op. cit. III pg. 288-290; AHN MG
vol. 49 fols. 376-389; 438-450). Gracias a la habilidad superior de
sus comandantes militares, Caro fué capaz de terminar con las
revueltas en las zonas altas el 17 de marzo de 1895. Hacia abril
del mismo año, Gutiérrez había restaurado la paz en Medina y en el
resto de San Martín. Vargas Santos huyó hacia Venezuela pero los
rebeldes continuaron refugiados en Támara hasta que un ejército
procedente de Boyacá, comandado por el General Francisco Duarte
Ruiz, los convenció de lo inútil de su empresa. Duarte sometió a
los rebeldes que quedaban en la Intendencia y el Intendente Moisés
Camacho levantó el estado de sitio el 8 de octubre (AHN, MG vol. 49
fol. 418).
La revuelta liberal de 1895 causó pocos daños materiales en los
Llanos pero aumentó las tensiones políticas. En Casanare, uno de
los lugartenientes de Duarte -Juan Francisco Pérez- fue designado
Jefe Militar de la región comprendida entre los ríos Upía y Cravo;
molestó y persiguió a los habitantes, recogió impuestos ilegales y
préstamos forzados (AHN, MG vol. 49 fol. 548-549). En Villavicencio
el Intendente Hernández -siguiendo órdenes de Bogotá- despidió a
los empleados locales partidarios de la rebelión y los reemplazó
con "amigos del gobierno". En Uribe, donde
solamente el alcalde principal cumplía con ese criterio, Hernández
informó que él había sustituido a los demás funcionarios por
"los conservadores más decididos que se encuentran en este
lugar". En la localidad de San Martín los profesores del
colegio eran "amigos del gobierno" pero el
notario no lo era y Hernández confesó que su nombramiento había
sido un accidente. La localidad de Medina representó un reto
especial debido a que toda la población había estado comprometida
con la revolución. El Intendente resolvió el problema postponiendo
las elecciones municipales partiendo del hecho de que la gente que
podría ganar no apoyaría al gobierno. Como resultado, Medina
permaneció sin funcionarios oficiales hasta Junio cuando Hernandez
nombró a individuos en quienes él creía se podía confiar (AHN, MG
vol. 49 fol. 391, 396).
Los liberales se disgustaron debido a esta represión, abierta.
En Casanare había rumores frecuentes de intranquilidad, de intentos
de Vargas Santos de invadir los Llanos y de que había comercio
clandestino de armas a lo largo del río Meta. La aduana de Arauca
-reorganizada en 1897- era aún notoriamente corrupta; desde
Villavicencio el Intendente Aristides Novoa escribió el 11 de mayo
de 1896:
Los radicales de aquí -turbulentos y revolucionarios-mantienen
al pueblo en alarma constante, forman grupos políticos, circulan
falsas noticias, denigran del gobierno, escriben artículos y
telegramas escandalosos en contra de los empleados del intendente.
Hay mucha especulación e inestabilidad acerca de cuando tendrá
lugar el próximo pronunciamiento. Nosotros tenemos sólamente diez
rifles y doscientas cincuenta cartuchos. Aunque podemos contar con
nuestros amigos, no tenemos las armas indispensables para organizar
una fuerza (AHN, MG vol. 50 fol. 324, vol. 51 fol. 690).
Las elecciones del 5 de diciembre de 1897 confirmaron lo dicho
por Novoa acerca de la notoria minoría formada por los funcionarios
conservadores. En Villavicencio hubo ciento cuarenta votos por
Miguel Samper y Foción Soto, candidatos liberales para la
presidencia y la vicepresidencia; Rafael Reyes -independiente- tuvo
veintidos votos y los candidatos "nacionalistas"
Manuel A. Sanclemente y José Manuel Marroquín -declarados
victoriosos el 1º de febrero de 1898- tuvieron solamente diez y
ocho votos (AHN, MG vol. 50 fol. 803).
El desarrollo de las elecciones fue notoriamente revelador. De
acuerdo con el Intendente Francisco Duarte -segun su informe al
Secretario de Gobierno Antonio Roldán- el juez Nicasio Anzola votó
por los nacionalistas, pero el fiscal votó con los liberales; el
administrador de la Salina de Cumaral apoyó a los oposicionistas e
impidió que sus trabajadores votaran, mientras que el administrador
del monopolio de licores "trabajó con tanto entusiasmo y
actividad con los liberales" para derrotar al gobierno,
comportamiento que motivó a Duarte para recomendar su destitución.
El intendente continúa en su informe:
Los oposicionistas no son sólo los enemigos políticos, sino
también los enemigos personales; insultan a los funcionarios del
grupo nacionalista, formando círculos amenazadores y sospechosos de
tal manera que yo he tenido que llamar a los pocos nacionalistas
para reforzar la policía en ciertos casos. Les ruego que me envíen
algunos soldados porque de lo contrario me será imposible continuar
desempeñando este trabajo y me veré forzado a presentar la renuncia
irrevocable de mi cargo (AHN, MG vol. 50 fol. 889).
El secretario fue muy comprensivo. Propuso que se asignara una
unidad del ejército a la Intendencia debido a que "los
llaneros no tenían suficiente disciplina y carácter" para
servir como policias, pero como de costumbre, no se tomó una acción
al respecto (47). En los albores de la Guerra de los Mil Días los
Llanos eran una fuente de odio político y de resentimiento popular
contra el régimen conservador de Bogotá.
En resumen, las políticas de la Regeneración tuvieron
consecuencias diversas para los Llanos Orientales. Restaurando las
misiones el gobierno renovó su compromiso de utilizar a las
misiones y a los curas misioneros para integrar a los indígenas a
la vida nacional. El anuncio del Laudo español de 1891 y el Tratado
de Libre Comercio y Navegación de 1894 suavizaron la disputa con
Venezuela acerca de la frontera lo cual abrió temporalmente el
comercio por los ríos Meta y Orinoco. Se promovió la navegación por
vapor en forma regular para exportar café, cacao, ganado, cueros, a
pesar que los beneficios de este comercio se limitaron a unos pocos
empresarios. El surgimiento de la demanda de la economía del caucho
como producto mundial trajo como consecuencia una numerosa
población de cazadores de fortuna que viajaron a Uribe y a la
Amazonia, reforzando el patrón económico de saqueo que había
caracterizado la economía de los Llanos desde 1850. El rechazo de
Nuñez, Holguín y Caro a atacar los problemas económicos
fundamentales de los Llanos estuvo combinado con su aceptación de
un sistema político administrativo sencillamente caótico y con su
decisión de excluir a los liberales de cualquier papel en el
gobierno. El apoyo dado por los llaneros a los rebeldes en 1895 fue
una manifestación clara de alerta de lo que estaba por suceder.
Cuando la Guerra de los Mil Días comenzó en octubre de 1899 la
gente de Casanare y San Martín -que no tenía nada que perder- se
reunió alrededor de los grupos liberales y así, los Llanos
constituyeron más tarde un teatro crítico de la contienda
civil.
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Departamento de Historia. Universidad de Massachusetts.
Amherst. EE.UU.
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Ninguno de estos autores tiene en cuenta el impacto de la
Regeneración en los Llanos.
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Este ensayo se basa en material recopilado para un libro que se
publicará próximamente titulado "La frontera de los Llanos
en la Historia de Colombia, 1830-1930". Entre las fuentes
inéditas consultadas se encontraron documentos en los Fondos de
Baldíos, Ministerio de Hacienda, Ministerio de Gobierno (MG)
localizados en la sección República del Archivo Histórico Nacional
(AHN) en Bogotá. Los Informes de los Intendentes de Casanare y San
Martín publicados con las Memorias anuales de los Ministerios de
Justicia o Gobierno (MMJ o MMG) contienen mucha información útil.
Tambien se adelantó investigación en el Archivo Departamental de
Boyacá en Tunja y en la Biblioteca Luis Angel Arango en
Bogotá.
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Para una discusión acerca del colapso de las misiones después
de la Guerra de Independencia referirse al ensayo de mi autoría
titulado "Fronteras en crisis: la ruptura de las misiones
en el Norte de México y Nueva Granada, 1821-1849" en
Comparative Studies of Society and History, vol . 29 N° 2 abril de
1987 pgs. 340-359).
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Otros tres Recoletos publicaron trabajos relacionados con sus
experiencias en Casanare. Ellos fueron Santiago Matute quien
escribió "Los padres Candelarios en Colombia o apuntes
para la historia" (6 vol. Bogotá, 1897-1903); Nicolas
Casas y Conde: "Los hechos de la revolución en las
misiones de Casanare, Bogotá 1900 y el padre pedro Fabo:
"Restauración de la provincia de la Candelaria, Bogotá,
1911; "Idiomas y etnografía de la región oriental de
Colombia, Barcelona, 1911 y una novela, "El doctor
Navascuéz": novela de costumbres casanareñas, Bogotá,
1904).
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El retorno de los Salesianos fué muy breve. En 1904 por órdenes
superiores cerraron sus casas en el territorio de San Martín. En
1907 fueron reemplazados por los padres Monfortianos.
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Nota del Editor: Ampliación acerca de la presencia del Estado
en la Orinoquia durante el siglo XIX se encuentra en: Romero, María
Eugenia. Ensayos Orinoquenses, Orinoquia Siglo XXI, Bogotá, 1988,
pgs. 37-47 y en: Romero María Eugenia y Claudia Desde el Orinoco
hacia el siglo XXI: el hombre, la fauna y su medio. Fondo FEN.
Editorial presencia, Bogotá, 1989, pg. 120-121.
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Nota del Editor: Este tema se explica en el trabajo ya
publicado de la historiadora Nohora Beatriz Guzman Ramírez
"La expansión de la frontera económica en el piedemonte
llanero. 1856-1905. El caso de Medina" en la obra Los
Llanos: una historia sin fronteras. Academia de Historia del Meta.
Asociación Cravo Norte (Ecopetrol, Occidental de Colombia Shell).
Bogotá, 1988 pgs. 459-469.
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Nota del Editor: Los antecedentes de esta situación están
descritos en la obra de Beatriz Guzmán mencionada con
anterioridad.
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Amplias discusiones acerca del escándalo del Putumayo se pueden
encontrar en los libros: W.E. Handenburg, "The
Putumayo-The Devil's paradise" (Londres, 1912); Richard
Collier "The river that God forgot" (Londres, 1968); Victor Daniel
Bonilla "Servants of God or Masters of Men? The story of a
Capuchin Mission in Amazonia" (Middlesex, Inglaterra,
1972) y José Antonio Ocampo: "Colombia y la economía
mundial: 1830-1910", (Bogotá, 1984).
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