JENERAL BARRIGA (VALERIO F.)
Los hombres que nos quedaron de esa jeneracion de héroes que nos
dió Patria, han ido desapareciendo, dejándonos el recuerdo de sus
hechos gloriosos, i ejemplos de valor, abnegacion i patriotismo
dignos de la pluma de Tácito o de Plutarco.
Con diferencia de pocos dias la República ha tenido que
lamentar, de entre esos hombres, la muerte de los jenerales Joaquin
Paris, José María Gaitan, Rafael Mendoza, Marcelo Buitrago i
VALERIO F. BARRIGA; del coronel Joaquin Garcés, i de los jefes
Florentino Doronsoro i Fernando Romero.
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El jeneral VALERIO F. BARRIGA empezó a servir en el año de 1819,
a la edad de diez i nueve años. Se le nombró subteniente en 31 de
agosto de aquel año; teniente en 19 de abril de 1820; capitan en 22
de enero de 1824 sarjento mayor graduado en 14 de julio de 1826;
sarjento mayor efectivo en 4 de julio de 1827; teniente coronel
graduado en 13 de octubre del mismo año; teniente coronel efectivo
en 29 de enero de 1830; coronel graduado en 25 de febrero; coronel
efectivo en 26 de agosto de ese último año; i jeneral efectivo en 2
de junio de 1851.
Sirvió en el batallon Barcelona i en el Granaderos de la
Guardia; en la brigada de Venezuela i en la de artillería de
Bogotá. Fué comandante del castillo de Puerto-cabello; primero i
segundo ayudante de Estado mayor jeneral, en distintas veces;
comandante jeneral de artillería del departamento del Magdalena;
jefe militar de la provincia de Bogotá, i comandante en jefe de la
primera columna.
En 1820 el Libertador Simon Bolívar lo nombró parlamentario
cerca del jeneral en jefe del ejército español, cuando todavía se
hacia la guerra a muerte, comision importante i peligrosa en
estremo, la cual desempeñó a entera satisfaccion, siendo entónces
teniente del Granaderos, primer oficial colombiano a quien cupiera
ese honor. En 1830 fué igualmente nombrado por el Gobierno de
Colombia para ir a Venezuela a desempeñar una mision de alta
importancia, cerca del jeneral en jefe José A. Páez.
En la campaña de Venezuela contra el ejército español, combatió
en las siguientes acciones de guerra: en la de
|Chama contra
una division española que mandaba el jeneral Tello, i que dió por
resultado la ocupacion del puente de ese nombre, despues de un
triunfo completo: en la gloriosa batalla de
|Carabobo, el 24
de junio de 1821, a órdenes del Libertador i contra el ejército que
mandaba el mariscal de campo don Miguel de la Torre: en la
ocupacion de la
|Guaira, despues de perséguir i hacer
capitular la division que mandaba el coronel español Pereira: en el
tiroteo que tuvo lugar en el páramo de
|Zumbadores: en la de
|Ñaguangue el dia 11 de agosto de 1 822 contra las fuerzas
españolas que mandaba el jeneral Moráles. Despues de la ocupacion
de Maracaibo marchó con el ejército hasta Trujillo, i al regreso
hasta Valencia; i se halló en los tres sitios de
|Puerto-Cabello, hasta que en noviembre de 1823 fué tomada
esa plaza por asalto que le dieron las fuerzas republicanas,
premiándose al teniente BARRIGA con el ascenso a capitan de
artillería por su brillante comportamiento, i confiriéndosele a la
vez el mando del castillo de San Felipe.
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En 1830 combatió en la accion del
|Santuario, en defensa
del gobierno constitucional i de los principios republicanos; i en
1831, en Venezuela, a órdenes del jeneral en jefe José A. Páez, en
favor de la misma causa.
Despues de esas épocas se le vió siempre defendiendo con
entusiasmo la causa de la República, terminando sus hechos
militares en 1862 con la gloriosa defensa de San Agustin.
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El jeneral BARRIGA obtuvo i desempeñó siempre con honradez,
habilidad i lucimiento, varios otros destinos del órden militar i
del civil.
Se le elijió senador por la antigua provincia de Bogotá, i con
tal carácter asistió a los congresos de 1835 a 1838. Cuatro veces
en distintas Administraciones fué secretario de guerra i marina, i
una de gobierno. Fué tambien varias veces juez de la Suprema corte
de justicia, en su calidad de Corte Marcial.
El jeneral BARRIGA se distinguió en la guerra por su valor,
decision i entusiasmo, i en la paz por su amor al órden, su respeto
a la constitucion i a las leyes, su consagracion en el desempeño de
los destinos públicos i su probidad jamas desmentida, por cuyas
virtudes tuvo siempre el aprecio de sus conciudadanos i de sus
compañeros de armas.
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El jeneral Páez refiere en los siguientes términos el último
sitio i a de Puerto-cabello. ¿Quién mejor que él?
"La plaza de Puerto-cabello, dice en su Autobiografía,
está dividida en dos partes: la una llamada Pueblo-Interior forma
una península que por medio de un istmo se junta a la poblacion
llamada Pueblo-Afuera, que comienza en dicho istmo i se estiende
hasta el continente. El Pueblo-Interior estaba separado del
esterior por un canal que corria del mar al seno de la bahía,
bañando sus aguas el pié de la batería llamada la Estacada, que con
un baluarte al naciente, nombrado el Príncipe, i otro al poniente,
de nombre la Princesa, defendian la plaza por el sur."
"Por el Este tenia el enemigo una batería llamada
Picayo o Constitucion, establecida en la orilla del pueblo, opuesta
por esta parte al estenso manglar que forma por aquel lado la
bahía. Por el Norte no tenia la plaza mas defensa que la batería
del Corito i el castillo de San Felipe, construido enfrente sobre
una isleta situada en la boca del canal que forma la entrada del
puerto, cuya boca cerraba una cadena tendida entre las precitadas
fortificaciones. Todos estos puntos estaban artillados i servidos.
Del Corito corria una cortina hácia el Sur hasta unirse al
Príncipe, pero sin artillar. Delante de la estacada i despues de un
espacio despejado, como de unas doscientas cincuenta varas, quedaba
el pueblo esterior. Al principio de éste, saliendo de adentro,
establecióse una línea fortificada, defendida al Oeste por una casa
fuerte, situada en la desembocadura del rio San Estévan, i tambien
por un reducto frente a la calle real del pueblo. De allí al
Naciente formaba la línea una curva para dejar libres los fuegos de
la princesa."
"Comencé yo las operaciones para montar la artillería
en la batería del Trincheron, trabajando bajo los certeros fuegos
del enemigo que contaba con escelentes artilleros. El 7 de octubre
(1823) nos apoderamos de dicha batería, situada a orillas del
Manglar, i allí colocarnos una con piezas de a 24. El teniente
realista, don Pedro Calderon, que con una flechera armada en el
estrecho que forma el Manglar i la batería del Trincheron, al pié
del cerro, nos impedia traer del puerto de Borburata nuestros
elementos de guerra, tuvo que retirarse de aquel punto con gran
pérdida, i ya desde entónces tuvimos el camino franco para fijar la
otras baterías contra la plaza. El 8 se montó la batería San Luis
al Oeste del Trincheron, que nos ofreció la ventaja de dar mas
proteccion a los elementos que nos venian de Borburata. Lograrnos
el 11 construir en los Cocos una batería que dominaba la boca del
rio, para impedir que los sitiados salieran a sacar agua de él i
para ofender a la Casa fuerte. Aprovechándose el enemigo del
incendio de esta batería, producido por la esplosion de una
granada, hizo una salida; pero fué rechazado i obligado a volver a
la plaza por el capitan Laureano López (granadino) . Al Oeste de
los Cocos colocamos un mortero, i establecimos las baterías de la
calle real contra el reducto de la línea esterior, i la del Rebote
para ofender a la Princesa i a unas lanchas que tenian los
realistas apostadas en el manglar. Nos habiamos ya aproximado tanto
a los muros, que abrimos brecha en la Casa fuerte i en el
Tamborete; pero el enemigo que tenia buenos obreros reparaba por la
noche los daños causados durante el dia."
"Para esta fecha ya habia capitulado la fuerza que
ocupaba el Mirador de Solano, punto que servia de vijía al enemigo,
i que desde entónces nos proporcionó a nosotros igual ventaja para
observar el interior de la plaza sitiada."
"El hecho que voi a referir me hizo concebir esperanzas
de tomar la plaza por asalto."
"Fué, pues, el caso que da cuenta de que se veían todas
las mañanas huellas humanas en la playa, camino de Borburata,
aposté jente i logré que sorprendiesen a un negro que a favor de la
noche vadeaba aquel terreno cubierto por las aguas. Informóme dicho
negro de que se llamaba Julian, que era esclavo de don Jacinto
Iztueta i que solia salir de la plaza a observar nuestros puestos,
por órden de los sitiados. Díle libertad para volver a la plaza,
con tal de que prometiera que volveria a presentárseme. Despues de
ir i volver muchas veces a la plaza, logré al fin atraerme el negro
a mi devocion, que se quedara entre nosotros, i al fin se
comprometiera a enseñarme los puntos vadeables del manglar, por los
cuales solia hacer sus escursiones nocturnas. Mandé a tres
oficiales: el capitan Marcelo Gómez i los tenientes de Anzoátegui,
Juan Albornoz i José Hernández, que le acompañasen una noche, i
éstos volvieron a las dos horas dándome cuenta de que se habian
acercado hasta tierra sin haber nunca perdido pié en el
agua."
"Despues de haber propuesto a Calzada por dos veces
entrar en un convenio para evitar mas derramamiento de sangre, le
envié al fin intimacion de rendir la plaza, dándole el término de
veinticuatro horas para decidirse, i amenazándole, en caso de
negativa, con tomarla a viva fuerza i pasar la guarnicion a
cuchillo."
"A las veinticuatro horas me contestó que aquel punto
estaba defendido por soldados viejos que sabian cumplir su deber, i
que en el último caso estaban resueltos a seguir los gloriosos
ejemplos de Sagunto i Numancia; mas que si la fortuna me hacia
penetrar en aquellos muros, se sujetarian a mi decreto, aunque
esperaba que yo no querria manchar el brillo de mi espada con un
hecho digno de los tiempos de barbarie. Cuando el parlamento salió
de la plaza, la tropa formada en los muros nos desafiaba con gran
algazara a que fuésemos a pasarla a cuchillo."
"Me resolví, pues, a entrar en la plaza por la parte
del manglar, i para que el enemigo no creyera que íbamos a llevar
mui pronto a efecto la amenaza que habiamos hecho a Calzada, puse
quinientos hombres durante la noche a construir zanjas, i torcí el
curso del rio para que creyesen los sitiados que yo pensaba
únicamente en estrechar mas el sitio i no en asaltar por entónces
los muros de la plaza."
"En esta ocasion escapé milagrosamente con la vida
(habla el Jeneral Páez), pues estando aquella mañana mui temprano
inspeccionando la obra, una bula de cañon dió con tal fuerza en el
monton de arena sobre el cual estaba de pié, que me lanzó al foso
con gran violencia, pero sin la menor lesion
corporal."
"Finalmente, casi seguro de que el enemigo no
sospechaba el asalto, por el dia dispuse que todas nuestras piezas
rompieran el fuego desde las cinco de la mañana i no cesaran hasta
que yo no les enviase contraórden. Era mi ánimo llamar la atencion
del enemigo al frente i fatigarlo para que aquella noche lo
encontrásemos desapercibido i rendido de cansancio. Reuní, pues,
mis tropas, i ordené que se desnudasen quedando solo con sus
armas."
"A las diez de dicha noche, 7 de noviembre, se movieron
de la Alcabala cuatrocientos hombres del batallon Anzoátegui i cien
lanceros a las órdenes del mayor Manuel Cala i del teniente coronel
José Andres Elorza para dar el asalto en el siguiente órden:
"El teniente coronel Francisco Farfan debia apoderarse
de las baterías Princesa i Príncipe con dos compañías, a las
órdenes del capitan Francisco Domínguez, i cincuenta lanceros que,
con el capitan Pedro Rójas a la cabeza, debian, al oir el primer
fuego, cargar precisamente sobre las cortinas i baluarte sin dar
tiempo al enemigo a sacar piezas de batería para rechazar con ellas
el asalto."
"Una compañía al mando del capitan Laureano López i
veinticinco lanceros, a las órdenes del capitan Juan José Mérida,
debian ocupar el muelle, i el capitan Joaquin Pérez con su compañía
apoderarse de la batería de Corito. El capitan Gabriel Guevara con
otra compañía atacarian la batería Constitucion. El teniente
coronel José de Lima con veinticinco lanceros ocuparia la puerta de
la Estacada, que era el punto por donde podia entrar en la plaza la
fuerza que cubria la línea esterior. Formaba la reserva con el
mayor Cala, la compañía de Cazadores del capitan Valentin Réyes.
Las lanchas que yo tenia apostadas en Borburata, debian aparentar
un ataque al muelle de la plaza."
"No faltar quien considere esta arriesgada operacion
como una temeridad; pero debe tenerse en cuenta que en la guerra la
temeridad deja de ser imprudente cuando la certeza de que el
enemigo esta desapercibido para un golpe inesperado, nos asegura el
buen éxito de una operacion por arriesgada que sea."
"Cuatro horas estuvimos cruzando el manglar con el agua
hasta el pecho, i caminando sobre un terreno mui fragoso, sin ser
vistos a favor de la noche, i pasamos tan cerca de la batería de la
Princesa, que oiamos a los centinelas admirarse de la gran
acumulacion i movimiento de 'peces' que aquella noche mantenian las
aguas tan ajitadas. Pasamos tambien mui cerca de la corbeta de
guerra "Bailen," i logramos no sen vistos de las
lanchas españolas destinadas a rondar la bahía."
"Dióse pues el asalto, i, como era de esperar, tuvo el
mejor éxito: defendióse el enemigo con desesperacion hasta que vió
era inútil toda resistencia, pues tenian que luchar cuerpo a
cuerpo, i las medidas que yo habia tomado les quitaban toda
esperanza de retirada al castillo."
"Ocupada la plaza, la línea esterior que habia sido
atacada por una compañía del batallon de Granaderos, que dejé allí
para engañar al enemigo, tuvo que rendirse a
discrecion."
"Al amanecer me presentaron dos sacerdotes diciéndome
que el jeneral Calzada, refujiado en una iglesia, queria rendirse
personalmente a mí, i yo inmediatamente pasó a verlo. Felicitóme
por haber puesto sello a mis glorias (tales fueron sus palabras)
con tan arriesgada operacion, i terminó entregándome su espada.
Díle las gracias, i tomándole familiarmente del brazo, fuimos
juntos a tomar café a la casa que él habla ocupado durante el
sitio."
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He ahí la relacion hecha por el jeneral Páez del último sitio i
asalto de Puerto-cabello. " Así sucumbió aquella plaza,
dice Baralt i Díaz, último recinto que abrigaba todavía las armas
españolas en el vasto territorio. comprendido entre el rio
Guayaquil i el magnífico delta del Orinoco."
La jenerosa capitulacion concedida por el jeneral Páez le honra
en alto grado; asi como el suceso de ese grande hecho de armas, es
uno de los mejores timbres de los que a él concurrieron, contándose
entre ellos el entónces teniente VALERIO FRANCISCO BARRIGA.
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Parece que la Providencia hubiera destinado familias enteras de
estos paises para la consecucion de la Independencia. Una de ellas
la familia Barriga, de la cual hasta las mujeres tomaron parte
activa en la lucha.
La señora Gabriela Barriga de Villavicencio, fué condenada por
los opresones de la Patria a vestir en un pueblo de indios el
chircate, despues de fusila. do su ilustre esposo, el jeneral
Antonio Villavicencio, por su adhesion a la causa de la República.
Su casa fué siempre un verdadero club revolucionario, al que
concurrian los mas de los hombres notables de esa época. Su hermano
el doctor Barriga firmó el acta de la Independencia en 1810, i
sufrió el presidio i la persecucion; pero el dia del castigo, se
presenta de nuevo con sus tres hijos: el doctor se convierte en
coronel, i sus hijos en bizarros jenerales por sus servicios a la
misma causa. Isidoro, que hizo la campaña de Venezuela de 1820 a
1823, i despues la del Sur, obtiene el diploma de benemérito de la
Patria en grado heroico i eminente, i VALERIO FRANCISCO i Joaquin
se hacen notar en el ejército colombiano por los hechos que hemos
referido en sus respectivas biografías.
El coronel Tomas Barriga, era Brito i Ricaurte, pariente de don
Pedro Brito, el ardiente republicano, notable en las letras, i de
Ricaurte el héroe de San Mateo.
El jeneral VALERIO FRANCISCO BARRIGA murió en esta ciudad el 19
de junio de 1869.
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Esto escribia en junio de 69
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Se nos ha informado que se quiso capitular con el jefe
centralista Canal, i que a esto se opusieron entre otros el
entónces coronel Andres Ceron i los oficiales Calisto Camacho i
Aureliano González. El primero de estos oficiales, intrépido como
el que mas, tomó un botafuego i prometió que haria volar el parque
ántes que capitular.
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