Este libro conserva la ortografía de la época




INDICE

Introduccion

Plan de la Obra

Prólogo

Jeneral Nariño

Jeneral Baraya

Jeneral Cabal

Jeneral Ricaurte

Coronel Jirardot

Coronel D´Elúyar

Capitan Ricaurte

Jeneral Santander

Coronel González

Jeneral Velez

Jeneral Maza

Jeneral Ortega

Jeneral Córdova

Jeneral Padilla

Jeneral Ucros

Jeneral Narváez

Coronel Móntes

Jeneral Fábrega

Jeneral Fortoul

Jeneral Moráles Galavis

Jeneral Caicedo

Coronel Concha

Jeneral Neira

Jeneral Obando (Antonio)

Jeneral Herrera

Jeneral Franco

Jeneral Murguéitio

Jeneral Obando (José Maria)

Jeneral López

Jeneral Arciniégas

Jeneral Gaitan

Jeneral Paris

Coronel Garcés

Coronel Vezga

Coronel Córdova

Coronel Vanégas

Coronel Briceño

Coronel Cancino

Coronel Nariño

Jeneral Barriga

Coronel Muñoz

Jeneral Mendoza

Jeneral Mantilla

Coronel Gutiérrez

Jeneral Espina

Coronel Canáles

Jeneral Duran

Jeneral Buitrago

Jeneral Mendoza

Jeneral Barriga

Coronel Martin

Jeneral Rivero

Coronel Tello

Comandante Calle

Comandante Herrera

Jeneral González

Jeneral Martínez

Jeneral Acevedo (Ramon)

Jeneral López (Laureano)

Coronel Madiedo

Jeneral Piñéres (Juan A.)

Jeneral Urdaneta

Jeneral Weir

Comandante Cárdenas

Jeneral Acevedo (José)

Coronel Carrasquilla

Comandante Figueroa

Comandante Triana

Jeneral Peña (Camilo)

Jeneral Herran

Jeneral Réyes Patria

Jeneral Briceño

Epílogo

CORONEL VEZGA (RASGO BIOGRÁFICO)


Este valeroso jefe empezó su carrera el año de 1819 en la campaña sobre el Cauca, a órdenes del córonel José M. Cansino, en clase de alférez. Era teniente en mayo de 1822, i por rigurosa escala ascendió a coronel efectivo en octubre de 1830.

Hizo la campaña del sur en 1821, hallándose en las acciones de |Juananbú, |Piedras i |Jenoi. Llegado a Guayaquil, marcho hácia Quito, i se halló en la batalla de |Pichincha, el 22 de mayo de 1822; de allí siguió al Perú, para hallarse en las acciones de |Junin, Matará i |Ayacucho, i para cubrirse de gloria como todos sus conmilitones en esa campaña.

Acompañó despues de ella al jeneral Sucre a la de Bolivia en 1825, estando en la capital de esa República de guarnicion, así como en la del Perú i el Ecuador desde ese año hasta 1828, en que a las órdenes del jeneral Juan José Flores emprendió la campaña del Asuay i la de Guayaquil contra el ejercito invasor del Perú, mandado por Lamar. Terminada esta campaña con la batalla de |Tarqui, en la que el pérfido jefe peruano i sus compañeros de ingratitud fueron dura i merecidamente escarmentados, volvió el coronel VEZGA a su pais.

VEZGA acompañó al gran mariscal de Ayacucho, presidente de Bolivia cuando fué a someter en persona en la mañana del 8 de abril de 1828, la guarnicion sublebada de Chuquisaca, acometiéndola en su cuartel con solo seis hombres i recibiendo el gran mariscal una herida de bala que le rompió el brazo derecho; brazo poderoso al que debian en gran parte su libertad esa República i la del Perú.

En 1831 VEZGA promovió en Barranquilla i Soledad el pronunciamiento que se hizo en esos pueblos contra la dictadura, de aquel tiempo i en favor del gobierno constitucional. Marchó poco despues sobre Cartajena, i el 26 de abril ocupó la plaza, haciendo que sus habitantes se adhirieran al movimiento restaurador, i emprendiendo luego la campaña sobre el Itsmo, contra la faccion de Alzuro, que fué vencida en |Rio Grande i en Albina.

Sirvió al principio de su carrera en los batallones Cáuca, Paya i Pichincha; i fué comandante de armas i jefe militar de las provincias de Santamarta i Cartajena, desempeñando en distintas épocas varios otros destinos i comisiones importantes.

Estaba condecorado con los escudos concedidos a los vencedores en |Pichincha, Junin i Ayacucho, i con el busto del Libertador decretado por el gobierno del Perú.

VEZGA pagó bien caro su ardiente amor a la libertad, su decision por los principios republicanos, o, si se quiere sus estravios políticos. Por sus comprometimientos en la revolucion de 1840, en que se proclamó la federacion del pais, fué fusilado en Medellin con el entusiasta e intelijente coronel Galindo i con el valeroso coronel Vegal, que con tanta gallardía salió al patíbulo, considerados no como prisioneros de guerra, que lo eran, sino como facciosos o bandidos.

En esa época de triste recordacion, parecia que habian vuelto para el sur i occidente de la República los maldecidos tiempos de Warleta, de Sámano i Tolra. Tantas así fueron entónces las ejecuciones sangrientas, los asesinatos cometidos en nombre de la lei, con escarnio de la humanidad, la filantropia i la justicia.

La ciudad de Ibagué, suelo natal del benemérito córonel JOSÉ MARIA, deplora todavia la muerte trájica de uno sus mejores hijos, del veterano de la Independencia del valeroso demócrata, del constante defensor de las libertades públicas, distinguido como el que mas por su pericia i denuedo.

Bien merece la memoria del coronel VEZGÁ que asociemos a este rasgo biográfico la descripcion del famoso combate de |Junin por uno de sus compañeros de armas. Dice así:

"El Ejercito unido libertador, compuesto de las tropas de Colombia, Perú, Buenos Aires i Chile a las órdenes del Libertador de Colombia, abrió la campaña del Perú en mayo de 1824, con 10,000 hombres, en cuyas filas se encontraban los vencedores de Boyaca, Carabobo, Bombona, Pichincha, Chacabuco i Maipú i muchos otros peruanos que en los últimos reveses habian dado pruebas de valor, de constancia, de abnegacion i patriotismo.

"En los últimos dias de juilio llegó aquel ejército al cerro de Pasco, i cada uno de los cuerpos fué alojado en una de las muchas haciendas que se encuentran contiguas unas a otras en la dilatada sabana del Sacramento, que siguiendo la costumbre española llevan los nombres de Sacra-familia, Sacramento, Espiritu Santo, Trinidad, Concepcion &.ª

"El jeneral Cantera, con una division de 9,000 hombres, entre los que contaba 2,000 de una brillante caballería mui bien montada i equipada, hacia mas de un año que estaba acantonado en la provincia de Jauja, la cual se encuentra en una alta planicie pasados los lindes de la de Tarma, cuya elevacion permitia que se alcanzase a divisar desde el campo que ocupaba el Ejército unido, a unas catorce leguas de distancia. Los españoles, siempre fanfarrones i presuntuosos, habian establecido un periódico semanal, que publicaban los sábados con el objeto de describir sus operaciones militares, elojiando su pericia, su valor i sus proezas en las campañas anteriores. En el ultimo número que llegó a nuestras manos se vanagloriaban de catorce años de triunfos obtenidos contra los insurjentes del Perú i sus aliados, i denigrando a los colombianos, ofrecian arrollarlos i abatir su orgullo en el primer encuentro, castigando la audacia con que habian hollado el suelo que conquistó Pizarro. Aunque el Ejército unido llevaba imprenta i tenia tambien su periódico, titulado. "El centinela en campaña," el Libertador no quiso que se les contestase su arrogante artículo, limitándose a manifestar en las conversaciones, irónicamente, que por la primera vez se le presentaba la ocasion de medir, sus armas con tan valientes adalides.

"El 1.° de agosto el Ejército unido se reunió en gran parada en la pampa del Sacramento, estendiendo su línea de batalla de nordeste a sudeste, desde la hacienda de Sacra-familia a la de la Concepcion. La division del jeneral Córdova ocupaba la derecha de la línea, el ejército del Perú el centro, la primera division de Colombia mandada por el jeneral Lara la izquierda, i a la cabeza de todas las caballerías el valiente jeneral Necochea. El Libertador se presentó acompañado de los jenerales Sucre, Lamar, Santacruz, Gamarra Aldunate, i fue recibido coni vivas demostraciones de jubilo i entusiasmo. El sol de la semana era templado: las encumbradas crestas de los Andes cubiertas de nieve perpetua, despedian rayos luminosos de indefinidos colores, como los del Iris, que reflectaban sobre las armas de los soldados, dándoles el aspecto imponente de celestes guerreros: las bandas i las musicas hicieron vibrar el aire con sus marciales ecos, inflamando el pecho de aquellos, soldadós de la libertad.
"Los jenerales Sucre i Lamar saludaron al Libertador, pidiendo la. venia de estilo para mandar sus  ejércitos, i colocándose cada  uno a la cabeza del suyo; los mandaron poner al órden de parada. El libertador recorrió las filas lleno de satisfacción, al ver en el semblante de cada soldado no solo el entusiasmo sino tambien el valor con el heroismo, retratado en sus ardiente miradas  trasportado de gozo i lleno de confianza en aquellos soldados, entre lo cuales la mayor parte le habian acompañado en cien combate se propuso marchar lo mas pronto posible sobre los españoles i presentarles  batalla en su acantonamiento de Jania el dia 7 de aquel mes como el presagio mas seguro de la victoria Las jenerales Sucre i Lamar, pasada la revista de insepeccion mandaro a plega susu ejercitos en columna cerrada, i el Libertador, colocandose a su frente les dirijio la siguiente alocucion:

" |Soldados!  Un nuevo dia de gloria se os presenta: el 7 de agosto en Caracas el 7 de agosto en Boyacá i el 7 de agosto en las pampas e Jauja (señalandolas con el dedo, porque se alcanzaban a divisar). Los enemigos con quiénes vais a combatir se jactan de catorce años de triunfos: ellos pues ser dignos de medir sus armas con las vuestras, que han brillado en mil combates. El mundo liberal os admira i la Europa entera os contempla con encanto, porque la libertad del nuevo mundo es la esperanza del universo. El  Perú i la América toda, esperan de vosotros la paz, hija de la victoria. ¡ La burlaréis ? o, No, no, no; vosotros sois invencibles."
"¡ Viva el Perú, viva Colombia, viva la libertad!"
"El ejército del Perú que ocupaba el centro de la linea, entusiasmado con las palabras  Libertador, manifestó en aquel momento el fuego ardiente que discurria en sus venas, i dándole espansion al sentimiento de honor i patriotismo i a voces altas la vanguardia, para entrar  él primero en el combate. El ejercito todo prorrumpió en aclamaciones i vivas a la Patria, al Peru a Colombia i al Libertador, i sus ecos fueron repetidos por las concavidades de los cerros, que parecian entonar los himnos de victoria en aquel instante, parecia tambien que ya se habia alcanzado la l e independencia de todo el continente.
"Todos los jenerales i jefes rodearon al Libertador, quien pidió los estados de la fuerza para informarse del número de combatientes con que podia contar observó que teniamos 7,000 i pico de hombres disponibles, porque el resto quedaba rezagado en hospitales a retaguardia con aquella confianza  en el valor de sus soldados, que no le abandonó jamas, se espresó así: "Cuento con los vencedores de Boyacá, Carabobo, Boinbona i Pichincha, i aun mas," con el brillante ejercito peruano i. sus aliados, con sus valientes jenerales o jefes, i no es posible que vacile en presentar una batalla: aunque contaremos con menos fuerza, estoi seguro que alcanzariamos la victoria, porque un soldado republicano, que tiene conciencia de su libertad, vale por ciento de los que jimen bajo la servidumbre. No está lejos el campo que la mano del destino tiene señalado a los hijos de la gloria para abatir el insano orgullo de los vencedores de catorce años."

"Despues de esta escena, que dejó inflamados todos los corazones el deseo de presentarse en el campo de batalla para combatir por la libertad e independencia del Perú, los jenerales i jefe tambien manifestaron el de dar pruebas al caudillo colombiano de su valor i arrojo, i así lo acreditaron cinco dias despues en la pampa de Junin.

"El Liberatdor regresó al cerro de Paseo acompañado de los jenerales i de su Estado Mayor jeneral, i la tropa a sus respectivos cuarteles, en donde con el mayor entusiasmo se aplazaban para el dia 7 en las pampas de Jauja i se estimulaban los unos a los otros. Esa misma noche estabamos reunidos junto a la casa que ocupaba el Libertador en el cerro de Paseo, los mayores Cuervo i Bustamante, el capitan Piñeres (hoi jeneral), el teniente Grau i yo, i nos ocupabamos del aspecto anticuado de aquella casa basada sobre un pretilon a guisa morisca, cuando pasó un peloton considerable de soldados del ejército Libertador que hablaban acaloradamente i les alcanzamos a oir estas o semejantes palabras: "¿ No hemos vencido a los españoles en mas de cien combates ? ¿ Qué puede' arredramos ? Pues bien, aquí tambien serán vencidos, o debemos morir antes que mostrarles las espaldas." Tal era el entusiasmo que inspiraba en el soldado la palabra m del hombre estraordirio a quien cinco Repúblicas apellidaron su Libertador. Aquellos soldados no habrian cedido a ningun precio el honor' de ser los primeros que en al combate: ¡¡ ellos se juzgaban inveneibles!! i lo acreditaron en el tiempo feliz de tan glorosia campañas.
En la hacienda de Conocancha se tuvo conocimiento de que el enemigo despues de una marcha a Paseo habia regresado a Jauja, i el Libertador se propuso salir a su encuentro, cortarle la retirada a su regreso, i obligarlo a presentar una batalla, por cuyo motivo dispuso que el dia 6 a las cuatro de la mañana, el jeneral Córdova con su division rompiese la marcha, que siguiera al centro el jeneral Lamar con el ejército del Perú, i que el jeneral Lara con su division cubriera la retaguardia. A las seis de la mañana todo el ejército se encontraba en marcha con direccion al pueblo de Réyes: como a las diez tuvo que demorarse un poco en atravesar el rio de Conocancha con el agua arriba de la cintura, i allí los espías dieron parte al Libertador que los enemigos regresaban de Paseo a marchas forzadas.
Queriendo el Libertador salir a su encuentro antes que pasaran del pueblo de Réyes, ordenó en el acto: que el jeneral Necoechea con toda la caballería marchara inmediatamente a la vanguardia del ejército, i que la infantería redoblara la marcha. El mismo Libertador con los jenerales Sucre, Lamar, Santacruz, Gamarra i Míller, siguieron con la caballería, mientras que los jenerales Córdova i Lara hacian marchar la infantería al paso redoblado.
A las cuatro de la tarde nuestra caballería, como a una legua de. distancia, divisó al enemigo que salia del pueblo de Réyes por el camino de Tarma: toda su infantería por columnas en masa se retiraba al paso redoblado i al trote por toda la pampa, cubriendo la retaguardia su brillante caballería. El Libertador mandó apurar el paso a nuestra infantería, que a pesar de sus esfuerzos iba como a una lengua de distancia de nuestra caballería, lo cual habia sido observado por el enemigo. Una gran laguna separaba las dos caballerías: la nuestra dejando el camino de Réyes, marchó por la orilla opuesta como a cortar la del enemigo que aparentaba retirarse con su infantería.
El jeneral Canterac, que desde la pampa observó este movimiento, conociendo  que su caballería era superior en número i caballos, i que a la cabeza de la nuestra iban nuestros principales jenerales, se dispuso a esperarla para dar una carga, contando con un triunfo seguro, segun se lo anunciaba al jeneral Rodil en un parte que se intercepté despues de la batalla, en el cual re- cuerdo que entre otras cosas decia: "La primera carga de nuestra caballería fué tan impetuosa, que logró romper i dispersar las primeras filas enemigas que habian ocupado su línea de batalla, i cuando contaba con un triunfo seguro, no sé por qué, porque no cabe en el calculo humano, ha vuelto vergonzosamente grupas nuestra caballería, dando a los enemigos una victoria que por derecho nos correspondía."
Nuestra caballería debia salir a la pampa de Junin por enmedio de unos pequeños cerros cubiertos de paja, situados a la orilla de la laguna. El jeneral Canterac, a la sombra de estos mismos cerros, dejando el camino que llevaba su infantería, descabezó la laguna con su caballería, varió de direccion por una pronta maniobra, i formando una línea de batalla, reforzada por otra de reserva, esperó el momento en que asomase la nuestra para cargarla.
Al salir a la pampa, el jeneral Necoechea que vió al enemigo en aquella formacion, sin perder un instante i al trote, mandó entrar en batalla a la izquierda a nuestra caballería, por retaguardia de la primera subdivision; pero aun no se habia acabado de ejecutar esta maniobra, cuando el enemigo, aprovechándose de este movimiento para envolver nuestra caballería ántes que estuviera preparada para recibirlo, a todo galope, enristradas las lanzas i con sable en mano, se arrojó sobre la nueva línea, rompiendo los primeros cuerpos que habian entrado en batalla i desordenando parte de las columnas que sucesivamente iban entrando. Sinembargo de que este primer impulso fué violento, el desórden no se prolongó mas allá de los escuadrones que sufrieron el choque; los otros con aquella serenidad hija del valor que siempre les acompañó, refrenando sus caballos sin perder terreno, formaron a discrecion de sus jefes una nueva línea i vengaron bien pronto a sus camaradas. El enemigo,
aunque triunfante al principio, no pudo conservar su formacion por la mayor o menor resistencia que esperimentó en los cuerpos arrollados, i por grupos empezó a cebarse a rienda suelta en aquellos que habian vuelto grupas. El comandante Suárez, que mandaba el rejimiento de coraceros del Perú, i el coronel Silva, que mandaba el de húsares de Colombia, lograron desplegar en batalla sus rejimientos, i con una parte de ellos cargaron por retaguardia a la primera línea de los españoles que habia atacado a nuestros cuerpos: algunos de los arrollados volvieron caras i se trabó un combate a muerte. Al mismo tiempo la segunda línea de los enemigos se arrojó sobre los coraceros i los húsuares. Suárez i Silva no quisieron esperar la carga a pié firme, salieron a recibirlos lanza en ristre, i el choque fué violento. En el primer encuentro nuestra caballería rompió a la del enemigo por el centro i desorganizó completa mente su flanco izquierdo.
Desde aquel momento ninguno pudo conservar su formacion: dispersos en la pampa en pelotones mas o ménos grandes, unos i otros se acometian con un valor heroico. Por largo rato estuvo indecisa la victoria, porque ya eran rechazados los unos, ya los otros, hasta que al fin el enemigo fué cediendo el campo poco a poco a nuestros valientes, que consiguieron el triunfo al precio de los esfuerzos mas heroicos: las sombras de la noche i sus buenos caballos salvaron a la caballería española de una destruccion completa.
El Libertador, que al principio de la batalla se encontró en la pampa, se retiró a una loma baja a la orilla de la laguna, donde reunió la caballería que nos habian dispersado. Al principio se manifestó ajitado al aspecto de una lucha tan desigual; pero viendo la tenacidad con que peleaba nuestra caballería i que ni un soldado, ni un herido se retiró del campo de batalla, no desconfió del triunfo. A las seis i média, el coronel Carvajal, herido i con un prisionero a el anca de su caballo, lo sacó de la ansiedad con que esperaba la noticia de la pérdida o ganancia de la batalla, porque la oscuridad nos impidió ver el resultado de aquella jornada.
Grabados en mi memoria los hechos de aquel glorioso dia, los trasmito a la posteridad tal cual yo los ví.
Los enemigos perdieron en este encuentro 4O hombres muertos, entre ellos 14 jefes i oficiales, 80 prisioneros, como 90 heridos i muchos dispersos quedaron en nuestro poder mas de 300 caballos aperados, algunas lanzas i carabinas: el campo quedó cubierto de despojos.
Nuestra pérdida alcanzó a 90 hombres entre muertos i heridos, contando entre los primeros al capitan Urbina i al teniente Cortés; entre los segundos al valiente jeneral Necoechea con siete heridas de lanza i sable, pero ninguna de gravedad; al coronel Carvajal, al comandante Sovervi, gravemente, al mayor Browm i al capitan Peraza.
Los españoles contaban como con 500 hombres de caballería mas que nosotros, i como nuestros primeros cuerpos que fueron arrollados no volvieron a entrar en combate, nuestros valientes lidiaron en la pampa de Junin contra doble fuerza.
El coronel Silva, el coronel Carvajal, el comandante Su el capitan Jiménez, el teniente Camacaro i el aspirante Corsse, holandes, hicieron pro dijios de valor."

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El valeroso i malhadado coronel VEZGA, de los vencedores en |Junin, no mereció la desgraciada suerte que en mala hora le cupo. Sus servicios a la Patria, su porte caballeroso i sus maneras distinguidas en sociedad, con sus otras cualidades de diverso órden, le hacian estimar de todos, hasta de sus enemigos políticos, i de todos fué sentido al saberse su trájica muerte. Dicen que, como el gran Murat, mariscal de Francia i rei de Nápoles bajo el impeno, quiso mandar la escolta que lo fusiló.
La república no dejará nunca de deplorar la pérdida de sus hijos, i sobre todo la de sus hombres notables, en las guerras civiles. Por fortuna el avance de las ideas ha hecho abolir en nuestro pais el cadalso político i hasta la pena de muerte con que se castigaban algunos delitos comunes, verdaderos delitos, que no lo son los llamados delitos políticos.

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