CORONEL VEZGA
(RASGO BIOGRÁFICO)
Este valeroso jefe empezó su carrera el año de 1819 en la campaña
sobre el Cauca, a órdenes del córonel José M. Cansino, en clase de
alférez. Era teniente en mayo de 1822, i por rigurosa escala
ascendió a coronel efectivo en octubre de 1830.
Hizo la campaña del sur en 1821, hallándose en las acciones de
|Juananbú,
|Piedras i
|Jenoi. Llegado a
Guayaquil, marcho hácia Quito, i se halló en la batalla de
|Pichincha, el 22 de mayo de 1822; de allí siguió al Perú,
para hallarse en las acciones de
|Junin, Matará i
|Ayacucho, i para cubrirse de gloria como todos sus
conmilitones en esa campaña.
Acompañó despues de ella al jeneral Sucre a la de Bolivia en
1825, estando en la capital de esa República de guarnicion, así
como en la del Perú i el Ecuador desde ese año hasta 1828, en que a
las órdenes del jeneral Juan José Flores emprendió la campaña del
Asuay i la de Guayaquil contra el ejercito invasor del Perú,
mandado por Lamar. Terminada esta campaña con la batalla de
|Tarqui, en la que el pérfido jefe peruano i sus compañeros
de ingratitud fueron dura i merecidamente escarmentados, volvió el
coronel VEZGA a su pais.
VEZGA acompañó al gran mariscal de Ayacucho, presidente de
Bolivia cuando fué a someter en persona en la mañana del 8 de abril
de 1828, la guarnicion sublebada de Chuquisaca, acometiéndola en su
cuartel con solo seis hombres i recibiendo el gran mariscal una
herida de bala que le rompió el brazo derecho; brazo poderoso al
que debian en gran parte su libertad esa República i la del
Perú.
En 1831 VEZGA promovió en Barranquilla i Soledad el
pronunciamiento que se hizo en esos pueblos contra la dictadura, de
aquel tiempo i en favor del gobierno constitucional. Marchó poco
despues sobre Cartajena, i el 26 de abril ocupó la plaza, haciendo
que sus habitantes se adhirieran al movimiento restaurador, i
emprendiendo luego la campaña sobre el Itsmo, contra la faccion de
Alzuro, que fué vencida en
|Rio Grande i en Albina.
Sirvió al principio de su carrera en los batallones Cáuca, Paya
i Pichincha; i fué comandante de armas i jefe militar de las
provincias de Santamarta i Cartajena, desempeñando en distintas
épocas varios otros destinos i comisiones importantes.
Estaba condecorado con los escudos concedidos a los vencedores
en
|Pichincha, Junin i Ayacucho, i con el busto del
Libertador decretado por el gobierno del Perú.
VEZGA pagó bien caro su ardiente amor a la libertad, su decision
por los principios republicanos, o, si se quiere sus estravios
políticos. Por sus comprometimientos en la revolucion de 1840, en
que se proclamó la federacion del pais, fué fusilado en Medellin
con el entusiasta e intelijente coronel Galindo i con el valeroso
coronel Vegal, que con tanta gallardía salió al patíbulo,
considerados no como prisioneros de guerra, que lo eran, sino como
facciosos o bandidos.
En esa época de triste recordacion, parecia que habian vuelto
para el sur i occidente de la República los maldecidos tiempos de
Warleta, de Sámano i Tolra. Tantas así fueron entónces las
ejecuciones sangrientas, los asesinatos cometidos en nombre de la
lei, con escarnio de la humanidad, la filantropia i la
justicia.
La ciudad de Ibagué, suelo natal del benemérito córonel JOSÉ
MARIA, deplora todavia la muerte trájica de uno sus mejores hijos,
del veterano de la Independencia del valeroso demócrata, del
constante defensor de las libertades públicas, distinguido como el
que mas por su pericia i denuedo.
Bien merece la memoria del coronel VEZGÁ que asociemos a este
rasgo biográfico la descripcion del famoso combate de
|Junin
por uno de sus compañeros de armas. Dice así:
"El Ejercito unido libertador, compuesto de las tropas
de Colombia, Perú, Buenos Aires i Chile a las órdenes del
Libertador de Colombia, abrió la campaña del Perú en mayo de 1824,
con 10,000 hombres, en cuyas filas se encontraban los vencedores de
Boyaca, Carabobo, Bombona, Pichincha, Chacabuco i Maipú i muchos
otros peruanos que en los últimos reveses habian dado pruebas de
valor, de constancia, de abnegacion i patriotismo.
"En los últimos dias de juilio llegó aquel ejército al
cerro de Pasco, i cada uno de los cuerpos fué alojado en una de las
muchas haciendas que se encuentran contiguas unas a otras en la
dilatada sabana del Sacramento, que siguiendo la costumbre española
llevan los nombres de Sacra-familia, Sacramento, Espiritu Santo,
Trinidad, Concepcion &.ª
"El jeneral Cantera, con una division de 9,000 hombres,
entre los que contaba 2,000 de una brillante caballería mui bien
montada i equipada, hacia mas de un año que estaba acantonado en la
provincia de Jauja, la cual se encuentra en una alta planicie
pasados los lindes de la de Tarma, cuya elevacion permitia que se
alcanzase a divisar desde el campo que ocupaba el Ejército unido, a
unas catorce leguas de distancia. Los españoles, siempre
fanfarrones i presuntuosos, habian establecido un periódico
semanal, que publicaban los sábados con el objeto de describir sus
operaciones militares, elojiando su pericia, su valor i sus proezas
en las campañas anteriores. En el ultimo número que llegó a
nuestras manos se vanagloriaban de catorce años de triunfos
obtenidos contra los insurjentes del Perú i sus aliados, i
denigrando a los colombianos, ofrecian arrollarlos i abatir su
orgullo en el primer encuentro, castigando la audacia con que
habian hollado el suelo que conquistó Pizarro. Aunque el Ejército
unido llevaba imprenta i tenia tambien su periódico, titulado.
"El centinela en campaña," el Libertador no quiso
que se les contestase su arrogante artículo, limitándose a
manifestar en las conversaciones, irónicamente, que por la primera
vez se le presentaba la ocasion de medir, sus armas con tan
valientes adalides.
"El 1.° de agosto el Ejército unido se reunió en gran
parada en la pampa del Sacramento, estendiendo su línea de batalla
de nordeste a sudeste, desde la hacienda de Sacra-familia a la de
la Concepcion. La division del jeneral Córdova ocupaba la derecha
de la línea, el ejército del Perú el centro, la primera division de
Colombia mandada por el jeneral Lara la izquierda, i a la cabeza de
todas las caballerías el valiente jeneral Necochea. El Libertador
se presentó acompañado de los jenerales Sucre, Lamar, Santacruz,
Gamarra Aldunate, i fue recibido coni vivas demostraciones de
jubilo i entusiasmo. El sol de la semana era templado: las
encumbradas crestas de los Andes cubiertas de nieve perpetua,
despedian rayos luminosos de indefinidos colores, como los del
Iris, que reflectaban sobre las armas de los soldados, dándoles el
aspecto imponente de celestes guerreros: las bandas i las musicas
hicieron vibrar el aire con sus marciales ecos, inflamando el pecho
de aquellos, soldadós de la libertad.
"Los jenerales Sucre i Lamar saludaron al Libertador,
pidiendo la. venia de estilo para mandar sus ejércitos, i
colocándose cada uno a la cabeza del suyo; los mandaron poner al
órden de parada. El libertador recorrió las filas lleno de
satisfacción, al ver en el semblante de cada soldado no solo el
entusiasmo sino tambien el valor con el heroismo, retratado en sus
ardiente miradas trasportado de gozo i lleno de confianza en
aquellos soldados, entre lo cuales la mayor parte le habian
acompañado en cien combate se propuso marchar lo mas pronto posible
sobre los españoles i presentarles batalla en su acantonamiento de
Jania el dia 7 de aquel mes como el presagio mas seguro de la
victoria Las jenerales Sucre i Lamar, pasada la revista de
insepeccion mandaro a plega susu ejercitos en columna cerrada, i el
Libertador, colocandose a su frente les dirijio la siguiente
alocucion:
"
|Soldados! Un nuevo dia de gloria se os
presenta: el 7 de agosto en Caracas el 7 de agosto en Boyacá i el 7
de agosto en las pampas e Jauja (señalandolas con el dedo, porque
se alcanzaban a divisar). Los enemigos con quiénes vais a combatir
se jactan de catorce años de triunfos: ellos pues ser dignos de
medir sus armas con las vuestras, que han brillado en mil combates.
El mundo liberal os admira i la Europa entera os contempla con
encanto, porque la libertad del nuevo mundo es la esperanza del
universo. El Perú i la América toda, esperan de vosotros la paz,
hija de la victoria. ¡ La burlaréis ? o, No, no, no; vosotros sois
invencibles."
"¡ Viva el Perú, viva Colombia, viva la
libertad!"
"El ejército del Perú que ocupaba el centro de la linea,
entusiasmado con las palabras Libertador, manifestó en aquel
momento el fuego ardiente que discurria en sus venas, i dándole
espansion al sentimiento de honor i patriotismo i a voces altas la
vanguardia, para entrar él primero en el combate. El ejercito todo
prorrumpió en aclamaciones i vivas a la Patria, al Peru a Colombia
i al Libertador, i sus ecos fueron repetidos por las concavidades
de los cerros, que parecian entonar los himnos de victoria en aquel
instante, parecia tambien que ya se habia alcanzado la l e
independencia de todo el continente.
"Todos los jenerales i jefes rodearon al Libertador, quien
pidió los estados de la fuerza para informarse del número de
combatientes con que podia contar observó que teniamos 7,000 i pico
de hombres disponibles, porque el resto quedaba rezagado en
hospitales a retaguardia con aquella confianza en el valor de sus
soldados, que no le abandonó jamas, se espresó así:
"Cuento con los vencedores de Boyacá, Carabobo, Boinbona i
Pichincha, i aun mas," con el brillante ejercito peruano
i. sus aliados, con sus valientes jenerales o jefes, i no es
posible que vacile en presentar una batalla: aunque contaremos con
menos fuerza, estoi seguro que alcanzariamos la victoria, porque un
soldado republicano, que tiene conciencia de su libertad, vale por
ciento de los que jimen bajo la servidumbre. No está lejos el campo
que la mano del destino tiene señalado a los hijos de la gloria
para abatir el insano orgullo de los vencedores de catorce
años."
"Despues de esta escena, que dejó inflamados todos los
corazones el deseo de presentarse en el campo de batalla para
combatir por la libertad e independencia del Perú, los jenerales i
jefe tambien manifestaron el de dar pruebas al caudillo colombiano
de su valor i arrojo, i así lo acreditaron cinco dias despues en la
pampa de Junin.
"El Liberatdor regresó al cerro de Paseo acompañado de
los jenerales i de su Estado Mayor jeneral, i la tropa a sus
respectivos cuarteles, en donde con el mayor entusiasmo se
aplazaban para el dia 7 en las pampas de Jauja i se estimulaban los
unos a los otros. Esa misma noche estabamos reunidos junto a la
casa que ocupaba el Libertador en el cerro de Paseo, los mayores
Cuervo i Bustamante, el capitan Piñeres (hoi jeneral), el teniente
Grau i yo, i nos ocupabamos del aspecto anticuado de aquella casa
basada sobre un pretilon a guisa morisca, cuando pasó un peloton
considerable de soldados del ejército Libertador que hablaban
acaloradamente i les alcanzamos a oir estas o semejantes palabras:
"¿ No hemos vencido a los españoles en mas de cien
combates ? ¿ Qué puede' arredramos ? Pues bien, aquí tambien serán
vencidos, o debemos morir antes que mostrarles las
espaldas." Tal era el entusiasmo que inspiraba en el
soldado la palabra m del hombre estraordirio a quien cinco
Repúblicas apellidaron su Libertador. Aquellos soldados no habrian
cedido a ningun precio el honor' de ser los primeros que en al
combate: ¡¡ ellos se juzgaban inveneibles!! i lo acreditaron en el
tiempo feliz de tan glorosia campañas.
En la hacienda de Conocancha se tuvo conocimiento de que el enemigo
despues de una marcha a Paseo habia regresado a Jauja, i el
Libertador se propuso salir a su encuentro, cortarle la retirada a
su regreso, i obligarlo a presentar una batalla, por cuyo motivo
dispuso que el dia 6 a las cuatro de la mañana, el jeneral Córdova
con su division rompiese la marcha, que siguiera al centro el
jeneral Lamar con el ejército del Perú, i que el jeneral Lara con
su division cubriera la retaguardia. A las seis de la mañana todo
el ejército se encontraba en marcha con direccion al pueblo de
Réyes: como a las diez tuvo que demorarse un poco en atravesar el
rio de Conocancha con el agua arriba de la cintura, i allí los
espías dieron parte al Libertador que los enemigos regresaban de
Paseo a marchas forzadas.
Queriendo el Libertador salir a su encuentro antes que pasaran del
pueblo de Réyes, ordenó en el acto: que el jeneral Necoechea con
toda la caballería marchara inmediatamente a la vanguardia del
ejército, i que la infantería redoblara la marcha. El mismo
Libertador con los jenerales Sucre, Lamar, Santacruz, Gamarra i
Míller, siguieron con la caballería, mientras que los jenerales
Córdova i Lara hacian marchar la infantería al paso
redoblado.
A las cuatro de la tarde nuestra caballería, como a una legua de.
distancia, divisó al enemigo que salia del pueblo de Réyes por el
camino de Tarma: toda su infantería por columnas en masa se
retiraba al paso redoblado i al trote por toda la pampa, cubriendo
la retaguardia su brillante caballería. El Libertador mandó apurar
el paso a nuestra infantería, que a pesar de sus esfuerzos iba como
a una lengua de distancia de nuestra caballería, lo cual habia sido
observado por el enemigo. Una gran laguna separaba las dos
caballerías: la nuestra dejando el camino de Réyes, marchó por la
orilla opuesta como a cortar la del enemigo que aparentaba
retirarse con su infantería.
El jeneral Canterac, que desde la pampa observó este movimiento,
conociendo que su caballería era superior en número i caballos, i
que a la cabeza de la nuestra iban nuestros principales jenerales,
se dispuso a esperarla para dar una carga, contando con un triunfo
seguro, segun se lo anunciaba al jeneral Rodil en un parte que se
intercepté despues de la batalla, en el cual re- cuerdo que entre
otras cosas decia: "La primera carga de nuestra caballería
fué tan impetuosa, que logró romper i dispersar las primeras filas
enemigas que habian ocupado su línea de batalla, i cuando contaba
con un triunfo seguro, no sé por qué, porque no cabe en el calculo
humano, ha vuelto vergonzosamente grupas nuestra caballería, dando
a los enemigos una victoria que por derecho nos
correspondía."
Nuestra caballería debia salir a la pampa de Junin por enmedio de
unos pequeños cerros cubiertos de paja, situados a la orilla de la
laguna. El jeneral Canterac, a la sombra de estos mismos cerros,
dejando el camino que llevaba su infantería, descabezó la laguna
con su caballería, varió de direccion por una pronta maniobra, i
formando una línea de batalla, reforzada por otra de reserva,
esperó el momento en que asomase la nuestra para cargarla.
Al salir a la pampa, el jeneral Necoechea que vió al enemigo en
aquella formacion, sin perder un instante i al trote, mandó entrar
en batalla a la izquierda a nuestra caballería, por retaguardia de
la primera subdivision; pero aun no se habia acabado de ejecutar
esta maniobra, cuando el enemigo, aprovechándose de este movimiento
para envolver nuestra caballería ántes que estuviera preparada para
recibirlo, a todo galope, enristradas las lanzas i con sable en
mano, se arrojó sobre la nueva línea, rompiendo los primeros
cuerpos que habian entrado en batalla i desordenando parte de las
columnas que sucesivamente iban entrando. Sinembargo de que este
primer impulso fué violento, el desórden no se prolongó mas allá de
los escuadrones que sufrieron el choque; los otros con aquella
serenidad hija del valor que siempre les acompañó, refrenando sus
caballos sin perder terreno, formaron a discrecion de sus jefes una
nueva línea i vengaron bien pronto a sus camaradas. El
enemigo,
aunque triunfante al principio, no pudo conservar su formacion por
la mayor o menor resistencia que esperimentó en los cuerpos
arrollados, i por grupos empezó a cebarse a rienda suelta en
aquellos que habian vuelto grupas. El comandante Suárez, que
mandaba el rejimiento de coraceros del Perú, i el coronel Silva,
que mandaba el de húsares de Colombia, lograron desplegar en
batalla sus rejimientos, i con una parte de ellos cargaron por
retaguardia a la primera línea de los españoles que habia atacado a
nuestros cuerpos: algunos de los arrollados volvieron caras i se
trabó un combate a muerte. Al mismo tiempo la segunda línea de los
enemigos se arrojó sobre los coraceros i los húsuares. Suárez i
Silva no quisieron esperar la carga a pié firme, salieron a
recibirlos lanza en ristre, i el choque fué violento. En el primer
encuentro nuestra caballería rompió a la del enemigo por el centro
i desorganizó completa mente su flanco izquierdo.
Desde aquel momento ninguno pudo conservar su formacion: dispersos
en la pampa en pelotones mas o ménos grandes, unos i otros se
acometian con un valor heroico. Por largo rato estuvo indecisa la
victoria, porque ya eran rechazados los unos, ya los otros, hasta
que al fin el enemigo fué cediendo el campo poco a poco a nuestros
valientes, que consiguieron el triunfo al precio de los esfuerzos
mas heroicos: las sombras de la noche i sus buenos caballos
salvaron a la caballería española de una destruccion
completa.
El Libertador, que al principio de la batalla se encontró en la
pampa, se retiró a una loma baja a la orilla de la laguna, donde
reunió la caballería que nos habian dispersado. Al principio se
manifestó ajitado al aspecto de una lucha tan desigual; pero viendo
la tenacidad con que peleaba nuestra caballería i que ni un
soldado, ni un herido se retiró del campo de batalla, no desconfió
del triunfo. A las seis i média, el coronel Carvajal, herido i con
un prisionero a el anca de su caballo, lo sacó de la ansiedad con
que esperaba la noticia de la pérdida o ganancia de la batalla,
porque la oscuridad nos impidió ver el resultado de aquella
jornada.
Grabados en mi memoria los hechos de aquel glorioso dia, los
trasmito a la posteridad tal cual yo los ví.
Los enemigos perdieron en este encuentro 4O hombres muertos, entre
ellos 14 jefes i oficiales, 80 prisioneros, como 90 heridos i
muchos dispersos quedaron en nuestro poder mas de 300 caballos
aperados, algunas lanzas i carabinas: el campo quedó cubierto de
despojos.
Nuestra pérdida alcanzó a 90 hombres entre muertos i heridos,
contando entre los primeros al capitan Urbina i al teniente Cortés;
entre los segundos al valiente jeneral Necoechea con siete heridas
de lanza i sable, pero ninguna de gravedad; al coronel Carvajal, al
comandante Sovervi, gravemente, al mayor Browm i al capitan
Peraza.
Los españoles contaban como con 500 hombres de caballería mas que
nosotros, i como nuestros primeros cuerpos que fueron arrollados no
volvieron a entrar en combate, nuestros valientes lidiaron en la
pampa de Junin contra doble fuerza.
El coronel Silva, el coronel Carvajal, el comandante Su el capitan
Jiménez, el teniente Camacaro i el aspirante Corsse, holandes,
hicieron pro dijios de valor."
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El valeroso i malhadado coronel VEZGA, de los vencedores en
|Junin, no mereció la desgraciada suerte que en mala hora le
cupo. Sus servicios a la Patria, su porte caballeroso i sus maneras
distinguidas en sociedad, con sus otras cualidades de diverso
órden, le hacian estimar de todos, hasta de sus enemigos políticos,
i de todos fué sentido al saberse su trájica muerte. Dicen que,
como el gran Murat, mariscal de Francia i rei de Nápoles bajo el
impeno, quiso mandar la escolta que lo fusiló.
La república no dejará nunca de deplorar la pérdida de sus hijos, i
sobre todo la de sus hombres notables, en las guerras civiles. Por
fortuna el avance de las ideas ha hecho abolir en nuestro pais el
cadalso político i hasta la pena de muerte con que se castigaban
algunos delitos comunes, verdaderos delitos, que no lo son los
llamados delitos políticos.