JENERAL HERRERA
El ilustre jeneral TOMAS HERRERA, hijo de la ciudad de Panamá,
era en noviembre de 1821 ayudante de la comandancia jeneral del
Istmo, i poco despues de la de armas de Veráguas, sirviendo en su
pais natal a la causa de la Independencia hasta 1822.
De Panamá fué a hacer las campañas del bajo i del alto Perú, en
los años de 23 i 25, contra el formidable ejército español,
enorgullecido entónces con sus triunfos sobre las fuerzas
independientes del Perú, i las ausiliares de Chile i
Buenos-Aires.
A HERRERA lo acompañaron en su campaña al Perú varios oficiales
de Panamá, entre ellos Miró, de quien hemos hablado en la biografía
del jeneral Fábrega, i Ayarza, que fué jeneral despues i hombre de
grandes influencias en el Ecuador, donde fijó su residencia desde
entónces; Fernando Ayarza, que fue vencedor en
|Junin,
|Matará i Ayacucho, a quien el presidente del Ecuador, García
Moreno, hizo flajelar en un cuartel por estarle haciendo oposicion
a su política. Ayarza, el benemérito jeneral Ayarza, fué víctima de
ese salvaje despotismo, muriendo al dia siguiente de haber recibido
ese terrible ultraje, con que se ultrajó tambien al pais de su
nacimiento.
Apénas es creible que esto haya pasado en un pais de la América,
en la mitad del siglo en que vivimos. Tan solo García Moreno i sus
sicarios en 1858 i 59, podian ser capaces de semejante crímen.
El jeneral Ayarza, el mismo que habia triunfado del jeneral
Raighs en Guayaquil en 1845 i despues sobre Flóres en la
|Elvira, como jefe del partido liberal del Ecuador, tenia que
ser un hombre demasiado temible para el sátrapa García Moreno; pero
cediendo éste a sus malos instintos, ha debido mas bien fusilarlo o
asesinarlo de otro modo para quitarse el estorbo, i no empleando
martirio tan desusado i cruel para con un hombre esclarecido i casi
octojenario. Mas tarde García Moreno halló su merecido castigo en
los campos de
|Tutcan i de
|Cuaspud.
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HERRERA, como buen colombiano, lidió valerosamente contra el
enemigo en el Perú, concurriendo a las gloriosas acciones de
|Junín,
|Matará i
|Ayacucho, en que ganó por su
brillante comportamiento, los ascensos de teniente i ayudante
mayor, i despues en 1826 i 27 los de capitan efectivo i teniente
coronel.
En 1831 hizo la campaña de Cundinamarca para combatir contra el
gobierno intruso del jeneral Urdaneta; i a las órdenes del jeneral
Domingo Caicedo, vice-presidente constitucional, i del jeneral
Hilario López, comandante en jefe del ejército restaurador, entró
en triunfo a la capital.
En el mismo ario dirijió la campaña del Istmo como comandante
jeneral de ese departamento, contra la faccion de Alzuro i
Urdaneta, que se habian apoderado de aquel territorio, con el apoyo
de un gran número de jefes i oficiales venezolanos. Fueron tan
pronta i tan bien dirijidas las operaciones, que la fraccion quedó
vencida i aniquilada en ménos de un mes en los combates de
|Rio-grande i en el de
|Albina.
Mui merecidos fueron, pues, los ascensos que se le dieron de
coronel graduado i coronel efectivo en 21 de mayo i 22 de octubre
de ese mismo año.
Por sus opiniones políticas, constantemente adversas al réjimen
dictatorial, sufrió el jeneral HERRERA, crueles persecuciones en
1828. Reducido a prision en Cartajena, pasó dos meses encerrado en
un calabozo i otros dos en el edificio de la Inquisicion, apurando
hasta las héces el sufrimiento i la amargura, privado de
comunicacion, i lleno de escasez i de miseria. De allí se le trajo
cargado de prisiones a la capital para ser militarmente juzgado. I
se le juzgó i sentenció a degradacion i muerte en el mes de
octubre, conmutándose esta pena por seis años de presidio, i
últimamente por destierro del territorio colombiano. Pero ántes de
ejecutarse esta pena, se le condujo en union de otros patriotas,
liberales de esa época, a la bóvedas de Bocachica, en donde
permaneció un mes. De allí se le embarcó en la fragata
"Colombia" con destino a las fortalezas de
Puerto-cabello. En el buque estuvo por espacio de dos meses, unas
veces en la insoportable barra i otras con un par de pesados
grillos. El dia que desembarcó en Puerto-cabello se le redujo a
prision en una de las bóvedas de las Vijías, donde duró seis meses.
Espulsado entónces del territorio, permaneció en destierro hasta
que obtuvo salvo-conducto para restituirse a su patria, a mediados
de 1830; i ya de regreso en Panamá, sabiendo que en el Cauca
sostenian con las armas la causa constitucional, los jenerales
López i Obando, partió hácia el Chocó para incorporarse luego en
las filas del ejército restaurador, como en efecto lo lograra,
contribuyendo desde entónces, como se ha dicho, al restablecimiento
del gobierno lejítimo.
En 1845 fué gobernador de Panamá.
El jeneral HERRERA no volvió a figurar en grande escala, hasta
el año de 1849 en que hizo parte de la Administracion del jeneral
López como secretario de guerra i marina, ministerio que desempeñó
con el mayor lucimiento, influyendo en el consejo con su ilustrado
voto a la adopcion de las grandes reformas que a cabo se llevaron
durante ese período i que tanto lustre dieron a esa
Administracion.
En la revolucion de 1851, se puso en campaña contra el partido
rebelado, a cuya cabeza se hallaba en Antioquia el jeneral Eusebio
Borrero, a quien HERRERA derrotó completamente en la accion de
Rionegro, el 10 de setiembre, despues de su habilísima retirada de
Abejorral, el dia 7, quedando restablecido con ese triunfo el órden
constitucional en toda la provincia.
HERRERA fué recibido en Medellin con las mayores demostraciones
de júbilo, disputándose todos el honor de obsequiarlo con bailes i
banquetes, haciéndose allí, en pequeño, lo que se hiciera en Lima i
en el Cuzco con el Libertador i el jeneral Sucre despues de la
batalla de Ayacucho. Hasta ninfas hubo de las primeras familias,
que ofrecieron guirnaldas al vencedor i que regaran flores i
perfumes en la habitacion que se le destinó, ricamente amueblada i
decorada por el gobernador de esa provincia, restituido a su
empleo, señor Sebastian Amador.
Antes de emprender la campaña de Antioquia, en la que HERRERA
manifestó la mayor humanidad i clemencia con los vencidos, sin
faltarle la enerjía necesaria para evitar nuevos alzamientos, se
hallaba de tránsito en el Cauca con mision del gobierno, i su sola
presencia en esos pueblos azotados por la anarquía, bastó para
calmar las pasiones exaltadas, poniendo un dique poderoso a los
desbordes de la democracia turbulenta i demagójica, i haciendo
cesar esos escándalos i atentados, efectos del odio i la venganza,
que jamas podrán justificarse ni escusarse, i que por alguno fueron
calificados entónces de "retozos democráticos."
¡Linda democracia, bella República!
Las flajelaciones, los asesinatos, los brutales ataques a la
inocencia i al pudor, ejecutados en esa época de salvaje
terrorismo, a nombre de la democracia, en el hermoso cuanto
desgraciado valle del Cauca, fueron crímenes atroces que cubrieron
de baldon indeleble i de eterna vergüenza a sus autores. Pero de
ellos no podrá hacerse responsable, sin la mayor injusticia, a todo
un partido político, por decir los que tales monstruosidades
hicieron, que a él pertenecian; pues que el partido verdaderamente
liberal, humano i jeneroso, las rechazó i condenó con todas sus
fuerzas, i desde el principio protestó contra ellas.
En 1853 fué presidente del senado de plenipotenciarios, firmando
como tal la constitucion sancionada en ese año.
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Subvertido el órden constitucional por el motín militar que
encabezó el jeneral José Maria Melo el 17 de abril de 1854, el
jeneral HERRERA marchó hacia el norte de la República, i asociado
al jeneral Manuel María Franco, levantan ámbos la opinion de esas
provincias, reunen i organizan fuerzas con la mayor actividad para
oponerse a la dictadura, i con una division numerosa pero
indisciplinada, se presentan en Cipaquirá el dia 21 del mes de
mayo, en donde fueron rechazados por la guarnicion dictatorial,
fortificada, con pérdidas considerables, habiendo sido en ese
combate victima le su arrojo, el jeneral Franco, que tanta i tan
merecida nombradía de intrépido habia ganado desde la perra de la
Independencia, el jóven abogado Narciso Gómez Valdez i otros
jóvenes del norte tan entusiastas i distinguidos como éste.
Debe recordarse, que un dia ántes del en que salió el jenerál
HERRERA de la capital para dirijirse al norte, se le vió en pleno
día paseando a caballo, i uniformado, por las calles mas públicas
de la ciudad. Pensó desde ese día declararse, como primer
designado, en ejercicio del poder ejecutivo; pero no podia hacerlo
i no lo hizo hasta llegar a Tunja. Cuando se emprendió la campaña
venia i vestido de ese carácter.
Al día siguiente del rechazo de
|Cipaquirá, cargado sobre
los restos de la division lejitimista el grueso de las magnificas
tropas del dictador, fueron completamente batidos i destrozados en
el campo de
|Tíquisa, salvándose HERRERA con algunos jefes i
oficiales que se dirijieron al alto Magdalena, donde se estaban
reuniendo i organizando mas fuerzas para debelar la dictadura.
De Honda regresó HERRERA hácia el norte por el camino de
Caparrapi, a encontrarse con el jeneral Mosquera que mandaba ya
fuerzas respetables.
El vicepresidente Obadía se habia encargado a la sazon del poder
ejecutivo en la ciudad de Ibagué, donde tambien se hallaba el
congreso.
Las fuerzas dictatoriales las rejia en la provincia del Socorro
el coronel Juan de Jesus Gutiérrez, que por un estravío formó en
aquellas filas. Atacado por Mosquera en
|Los Cacaos, logró
rechazarlo al principio, a favor de sus buenas posiciones. HERRERA,
que iba en la vanguardia del ejército lejitimista, lleno de
ardimiento se adelantó a todos sus compañeros, i, con lanza en
mano, llegó al pié de la trinchera principal del enemigo,
recibiendo sus fuegos con la mayor serenidad; pero viéndose solo,
tuvo que retroceder, escapando por casualidad de caer muerto o
prisionero.
El ejército del norte habria sido tal vez destruido en esa
campaña, si al otro dia de la accion de
|Los Cacaos no se
hubiera presentado el entónces coronel Sántos Gutiérrez (despues
invicto jeneral) i con la fuerza que mandaba no hubiera destrozado,
con su acostumbrada bravura, las fuerzas dictatoriales en
|Tierra-Azul, franqueando con este triunfo la marcha del
ejército del norte hacia la capital.
Sántos Gutiérrez i su contrario en ese combate, Juan de Jesus
Gutiérrez, fueron dignos de lidiar por una misma causa en mejores
tiempos, para que su valor heróico i sus brillantes disposiciones
militares, los hubieran colocado entre los primeros guerreros de la
América del Sur.
Sántos Gutiérrez en la guerra de la Independencia habria
alcanzado tal vez los mismos lauros que Páez o que Córdova. Juan de
Jesus (de distinta familia) no era ménos valeroso i entendido: la
accion de
|Los Cacaos en 1854 i la de
|Galan en 1860,
en las cuales combatió contra dos jenerales ex-presidentes, jefes
entendidos i esperimentados, lo comprobaron de una manera
inequivoca.
Puestas en movimiento las fuerzas constitucionales, i habiendo
el dictador concentrado las suyas en la capital, se dispuso el
ataque a ésta por los dos ejércitos del sur i del norte en
combinacion, rejido el primero por el jeneral Pedro A. Herran i el
segundo por el jeneral Tomas C. de Mosquera. En éste venia el
jeneral HERRERA comandando una division.
Despues de los brillantes hechos de armas de
|Bosa i
|Las Cruces, es atacada la ciudad el dia 4 de diciembre. El
ataque simultáneo en todas direcciones, fué tan acertadamente
combinado i dirijido como impetuoso i sangriento. Los dictatoriales
abandonan sus puestos huyendo en desórden; i hasta el mismo Melo,
con su merecida fama de valiente i esperto, en vez de abrirse paso
por cualquier punto, a la cabeza de su numerosa i arrogante
caballería, se encierra en su último atrincheramiento del cuartel
de San Francisco, para capitular en seguida, entregándose casi a
discrecion.
A las dos horas de combate, la bandera constitucional tremolaba
en la plaza de Bolívar, conducida por las fuerzas avanzadas de los
dos ejércitos triunfantes.
Pero este triunfo fué sumamente costoso para la República, por
la pérdida de muchos de sus defensores, muertos i heridos, i mui
particularmente por la sensible i lamentada muerte del jenenal
TOMAS HERRERA.
Venia de los primeros, acompañado de unos pocos de su division,
por una de las calles que desembocan en el camellon de las Niéves,
con animo de atacar i tomar el cuartel de San Francisco, cuando un
baja disparada del interior de una de las casas laterales lo postró
en tierra. A su lado venian tambien sus dos edecanes Jacinto
Corredor i Clodomiro Tejada.
Parece que HERRERA, despues de los reveses de
|Cipaquirá i
|Tíquisa, vivia preocupado con ellos i buscaba una muerte
segura, como la que halló el 4 de diciembre en esta ciudad.
Para un jeneral pundonoroso hasta el estremo, acostumbrado ántes
a triunfar, debieron ser ciertamente demasiado sensibles esos
desastres; pero ellos en nada pudieron menoscabar la merecida fama
que sus anteriores heróicos hechos le habian conquistado. Sobre
HERRERA, ménos que sobre otro alguno de los jefes del ejército del
norte, podia recaer la responsabilidad del rechazo de
|Cipaquirá i la derrota de
|Tíquisa. Estos no fueron
sino sucesos desgraciados, efecto de la confianza ciega de los que
atacaron, o de la temeridad en buscar un triunfo sin probabilidades
de obtenerlo.
El jeneral Franco se prometió destruir la dictadura en
Cipaquirá, el mismo dia que un año ántes se habia sancionado la
constitucion desconocida por Melo; i esto fué, a no dudarlo, la
causa de haberse festinado el ataque, cediendo a los impulsos del
entusiasmo, i atenido Franco, mas que a todo, a su indomable
brio.
"La triste suerte de su amigo i compañero de armas, se
dijo entónces de HERRERA; los desastres de Cipaquirá i Tíquisa; los
quebrantos sufridos por la República a consecuencia de aquellas
melancólicas jornadas, afectaron de tal modo el espíritu del héroe,
que ya no ambicionó desde entónces sino la muerte, como una
espiacion sublime de errores inculpables.
"Sus votos fueron desgraciadamente escuchados.
"Miserable condicion humana! Crece el cipres al lado
del laurel; i la hoz que sirve para formar la corona del héroe,
corta a nuestro pesar el fúnebre adorno de su tumba!"
El jeneral HERRERA fué de los jefes mas denodados del ejército
granadino, i de los mas distinguidos por su noble carácter,
ilustracion i talentos. Su apuesta i marcial figura, correspondia
con sus hechos i relevantes cualidades.
HERRERA murió sin enemigos. Su vida civil i política fué
inmaculada, así como lo fué tambien la doméstica, aunque no
estuviera en ésta esento de contrariedades.
Era el hijo mimado de Panamá; i por esto su muerte, deplorada en
todo el pais, fué en el Istmo un golpe jeneralmente sentido. La
lejislatura de esa provincia i todos los cabildos de la misma
decretaron honores a su memoria. La primera dispuso ademas, que los
restos del héroe se trasladasen a la ciudad de Panama manifestando
así su estimacion i gratitud al panameño ilustre.
El jeneral HERRERA gozaba de grande popularidad en todo el pais,
desde la administracion del 7 de marzo de 49. Si en 54 no hubiera
sido víctima de la dictadura, la eleccion para presidente de la
República en el siguiente período, era mas que probable que hubiese
recaido en él; en él, hombre de méritos positivos e incontestabies,
i que por medios lícitos habria obtenido lo que otros no obtienen
sino a favor de procedimientos indignos, de manejos reprobados por
la moral i las leyes.