Este libro conserva la ortografía de la época




INDICE

Introduccion

Plan de la Obra

Prólogo

Jeneral Nariño

Jeneral Baraya

Jeneral Cabal

Jeneral Ricaurte

Coronel Jirardot

Coronel D´Elúyar

Capitan Ricaurte

Jeneral Santander

Coronel González

Jeneral Velez

Jeneral Maza

Jeneral Ortega

Jeneral Córdova

Jeneral Padilla

Jeneral Ucros

Jeneral Narváez

Coronel Móntes

Jeneral Fábrega

Jeneral Fortoul

Jeneral Moráles Galavis

Jeneral Caicedo

Coronel Concha

Jeneral Neira

Jeneral Obando (Antonio)

Jeneral Herrera

Jeneral Franco

Jeneral Murguéitio

Jeneral Obando (José Maria)

Jeneral López

Jeneral Arciniégas

Jeneral Gaitan

Jeneral Paris

Coronel Garcés

Coronel Vezga

Coronel Córdova

Coronel Vanégas

Coronel Briceño

Coronel Cancino

Coronel Nariño

Jeneral Barriga

Coronel Muñoz

Jeneral Mendoza

Jeneral Mantilla

Coronel Gutiérrez

Jeneral Espina

Coronel Canáles

Jeneral Duran

Jeneral Buitrago

Jeneral Mendoza

Jeneral Barriga

Coronel Martin

Jeneral Rivero

Coronel Tello

Comandante Calle

Comandante Herrera

Jeneral González

Jeneral Martínez

Jeneral Acevedo (Ramon)

Jeneral López (Laureano)

Coronel Madiedo

Jeneral Piñéres (Juan A.)

Jeneral Urdaneta

Jeneral Weir

Comandante Cárdenas

Jeneral Acevedo (José)

Coronel Carrasquilla

Comandante Figueroa

Comandante Triana

Jeneral Peña (Camilo)

Jeneral Herran

Jeneral Réyes Patria

Jeneral Briceño

Epílogo

JENERAL HERRERA

El ilustre jeneral TOMAS HERRERA, hijo de la ciudad de Panamá, era en noviembre de 1821 ayudante de la comandancia jeneral del Istmo, i poco despues de la de armas de Veráguas, sirviendo en su pais natal a la causa de la Independencia hasta 1822.

De Panamá fué a hacer las campañas del bajo i del alto Perú, en los años de 23 i 25, contra el formidable ejército español, enorgullecido entónces con sus triunfos sobre las fuerzas independientes del Perú, i las ausiliares de Chile i Buenos-Aires.

A HERRERA lo acompañaron en su campaña al Perú varios oficiales de Panamá, entre ellos Miró, de quien hemos hablado en la biografía del jeneral Fábrega, i Ayarza, que fué jeneral despues i hombre de grandes influencias en el Ecuador, donde fijó su residencia desde entónces; Fernando Ayarza, que fue vencedor en |Junin, |Matará i Ayacucho, a quien el presidente del Ecuador, García Moreno, hizo flajelar en un cuartel por estarle haciendo oposicion a su política. Ayarza, el benemérito jeneral Ayarza, fué víctima de ese salvaje despotismo, muriendo al dia siguiente de haber recibido ese terrible ultraje, con que se ultrajó tambien al pais de su nacimiento.

Apénas es creible que esto haya pasado en un pais de la América, en la mitad del siglo en que vivimos. Tan solo García Moreno i sus sicarios en 1858 i 59, podian ser capaces de semejante crímen.

El jeneral Ayarza, el mismo que habia triunfado del jeneral Raighs en Guayaquil en 1845 i despues sobre Flóres en la |Elvira, como jefe del partido liberal del Ecuador, tenia que ser un hombre demasiado temible para el sátrapa García Moreno; pero cediendo éste a sus malos instintos, ha debido mas bien fusilarlo o asesinarlo de otro modo para quitarse el estorbo, i no empleando martirio tan desusado i cruel para con un hombre esclarecido i casi octojenario. Mas tarde García Moreno halló su merecido castigo en los campos de |Tutcan i de |Cuaspud.

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HERRERA, como buen colombiano, lidió valerosamente contra el enemigo en el Perú, concurriendo a las gloriosas acciones de |Junín, |Matará i |Ayacucho, en que ganó por su brillante comportamiento, los ascensos de teniente i ayudante mayor, i despues en 1826 i 27 los de capitan efectivo i teniente coronel.

En 1831 hizo la campaña de Cundinamarca para combatir contra el gobierno intruso del jeneral Urdaneta; i a las órdenes del jeneral Domingo Caicedo, vice-presidente constitucional, i del jeneral Hilario López, comandante en jefe del ejército restaurador, entró en triunfo a la capital.

En el mismo ario dirijió la campaña del Istmo como comandante jeneral de ese departamento, contra la faccion de Alzuro i Urdaneta, que se habian apoderado de aquel territorio, con el apoyo de un gran número de jefes i oficiales venezolanos. Fueron tan pronta i tan bien dirijidas las operaciones, que la fraccion quedó vencida i aniquilada en ménos de un mes en los combates de |Rio-grande i en el de |Albina.

Mui merecidos fueron, pues, los ascensos que se le dieron de coronel graduado i coronel efectivo en 21 de mayo i 22 de octubre de ese mismo año.

Por sus opiniones políticas, constantemente adversas al réjimen dictatorial, sufrió el jeneral HERRERA, crueles persecuciones en 1828. Reducido a prision en Cartajena, pasó dos meses encerrado en un calabozo i otros dos en el edificio de la Inquisicion, apurando hasta las héces el sufrimiento i la amargura, privado de comunicacion, i lleno de escasez i de miseria. De allí se le trajo cargado de prisiones a la capital para ser militarmente juzgado. I se le juzgó i sentenció a degradacion i muerte en el mes de octubre, conmutándose esta pena por seis años de presidio, i últimamente por destierro del territorio colombiano. Pero ántes de ejecutarse esta pena, se le condujo en union de otros patriotas, liberales de esa época, a la bóvedas de Bocachica, en donde permaneció un mes. De allí se le embarcó en la fragata "Colombia" con destino a las fortalezas de Puerto-cabello. En el buque estuvo por espacio de dos meses, unas veces en la insoportable barra i otras con un par de pesados grillos. El dia que desembarcó en Puerto-cabello se le redujo a prision en una de las bóvedas de las Vijías, donde duró seis meses. Espulsado entónces del territorio, permaneció en destierro hasta que obtuvo salvo-conducto para restituirse a su patria, a mediados de 1830; i ya de regreso en Panamá, sabiendo que en el Cauca sostenian con las armas la causa constitucional, los jenerales López i Obando, partió hácia el Chocó para incorporarse luego en las filas del ejército restaurador, como en efecto lo lograra, contribuyendo desde entónces, como se ha dicho, al restablecimiento del gobierno lejítimo.

En 1845 fué gobernador de Panamá.

El jeneral HERRERA no volvió a figurar en grande escala, hasta el año de 1849 en que hizo parte de la Administracion del jeneral López como secretario de guerra i marina, ministerio que desempeñó con el mayor lucimiento, influyendo en el consejo con su ilustrado voto a la adopcion de las grandes reformas que a cabo se llevaron durante ese período i que tanto lustre dieron a esa Administracion.

En la revolucion de 1851, se puso en campaña contra el partido rebelado, a cuya cabeza se hallaba en Antioquia el jeneral Eusebio Borrero, a quien HERRERA derrotó completamente en la accion de Rionegro, el 10 de setiembre, despues de su habilísima retirada de Abejorral, el dia 7, quedando restablecido con ese triunfo el órden constitucional en toda la provincia.

HERRERA fué recibido en Medellin con las mayores demostraciones de júbilo, disputándose todos el honor de obsequiarlo con bailes i banquetes, haciéndose allí, en pequeño, lo que se hiciera en Lima i en el Cuzco con el Libertador i el jeneral Sucre despues de la batalla de Ayacucho. Hasta ninfas hubo de las primeras familias, que ofrecieron guirnaldas al vencedor i que regaran flores i perfumes en la habitacion que se le destinó, ricamente amueblada i decorada por el gobernador de esa provincia, restituido a su empleo, señor Sebastian Amador.

Antes de emprender la campaña de Antioquia, en la que HERRERA manifestó la mayor humanidad i clemencia con los vencidos, sin faltarle la enerjía necesaria para evitar nuevos alzamientos, se hallaba de tránsito en el Cauca con mision del gobierno, i su sola presencia en esos pueblos azotados por la anarquía, bastó para calmar las pasiones exaltadas, poniendo un dique poderoso a los desbordes de la democracia turbulenta i demagójica, i haciendo cesar esos escándalos i atentados, efectos del odio i la venganza, que jamas podrán justificarse ni escusarse, i que por alguno fueron calificados entónces de "retozos democráticos." ¡Linda democracia, bella República!

Las flajelaciones, los asesinatos, los brutales ataques a la inocencia i al pudor, ejecutados en esa época de salvaje terrorismo, a nombre de la democracia, en el hermoso cuanto desgraciado valle del Cauca, fueron crímenes atroces que cubrieron de baldon indeleble i de eterna vergüenza a sus autores. Pero de ellos no podrá hacerse responsable, sin la mayor injusticia, a todo un partido político, por decir los que tales monstruosidades hicieron, que a él pertenecian; pues que el partido verdaderamente liberal, humano i jeneroso, las rechazó i condenó con todas sus fuerzas, i desde el principio protestó contra ellas.

En 1853 fué presidente del senado de plenipotenciarios, firmando como tal la constitucion sancionada en ese año.

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Subvertido el órden constitucional por el motín militar que encabezó el jeneral José Maria Melo el 17 de abril de 1854, el jeneral HERRERA marchó hacia el norte de la República, i asociado al jeneral Manuel María Franco, levantan ámbos la opinion de esas provincias, reunen i organizan fuerzas con la mayor actividad para oponerse a la dictadura, i con una division numerosa pero indisciplinada, se presentan en Cipaquirá el dia 21 del mes de mayo, en donde fueron rechazados por la guarnicion dictatorial, fortificada, con pérdidas considerables, habiendo sido en ese combate victima le su arrojo, el jeneral Franco, que tanta i tan merecida nombradía de intrépido habia ganado desde la perra de la Independencia, el jóven abogado Narciso Gómez Valdez i otros jóvenes del norte tan entusiastas i distinguidos como éste.

Debe recordarse, que un dia ántes del en que salió el jenerál HERRERA de la capital para dirijirse al norte, se le vió en pleno día paseando a caballo, i uniformado, por las calles mas públicas de la ciudad. Pensó desde ese día declararse, como primer designado, en ejercicio del poder ejecutivo; pero no podia hacerlo i no lo hizo hasta llegar a Tunja. Cuando se emprendió la campaña venia i vestido de ese carácter.

Al día siguiente del rechazo de |Cipaquirá, cargado sobre los restos de la division lejitimista el grueso de las magnificas tropas del dictador, fueron completamente batidos i destrozados en el campo de |Tíquisa, salvándose HERRERA con algunos jefes i oficiales que se dirijieron al alto Magdalena, donde se estaban reuniendo i organizando mas fuerzas para debelar la dictadura.

De Honda regresó HERRERA hácia el norte por el camino de Caparrapi, a encontrarse con el jeneral Mosquera que mandaba ya fuerzas respetables.

El vicepresidente Obadía se habia encargado a la sazon del poder ejecutivo en la ciudad de Ibagué, donde tambien se hallaba el congreso.

Las fuerzas dictatoriales las rejia en la provincia del Socorro el coronel Juan de Jesus Gutiérrez, que por un estravío formó en aquellas filas. Atacado por Mosquera en |Los Cacaos, logró rechazarlo al principio, a favor de sus buenas posiciones. HERRERA, que iba en la vanguardia del ejército lejitimista, lleno de ardimiento se adelantó a todos sus compañeros, i, con lanza en mano, llegó al pié de la trinchera principal del enemigo, recibiendo sus fuegos con la mayor serenidad; pero viéndose solo, tuvo que retroceder, escapando por casualidad de caer muerto o prisionero.

El ejército del norte habria sido tal vez destruido en esa campaña, si al otro dia de la accion de |Los Cacaos no se hubiera presentado el entónces coronel Sántos Gutiérrez (despues invicto jeneral) i con la fuerza que mandaba no hubiera destrozado, con su acostumbrada bravura, las fuerzas dictatoriales en |Tierra-Azul, franqueando con este triunfo la marcha del ejército del norte hacia la capital.

Sántos Gutiérrez i su contrario en ese combate, Juan de Jesus Gutiérrez, fueron dignos de lidiar por una misma causa en mejores tiempos, para que su valor heróico i sus brillantes disposiciones militares, los hubieran colocado entre los primeros guerreros de la América del Sur.

Sántos Gutiérrez en la guerra de la Independencia habria alcanzado tal vez los mismos lauros que Páez o que Córdova. Juan de Jesus (de distinta familia) no era ménos valeroso i entendido: la accion de |Los Cacaos en 1854 i la de |Galan en 1860, en las cuales combatió contra dos jenerales ex-presidentes, jefes entendidos i esperimentados, lo comprobaron de una manera inequivoca.

Puestas en movimiento las fuerzas constitucionales, i habiendo el dictador concentrado las suyas en la capital, se dispuso el ataque a ésta por los dos ejércitos del sur i del norte en combinacion, rejido el primero por el jeneral Pedro A. Herran i el segundo por el jeneral Tomas C. de Mosquera. En éste venia el jeneral HERRERA comandando una division.

Despues de los brillantes hechos de armas de |Bosa i |Las Cruces, es atacada la ciudad el dia 4 de diciembre. El ataque simultáneo en todas direcciones, fué tan acertadamente combinado i dirijido como impetuoso i sangriento. Los dictatoriales abandonan sus puestos huyendo en desórden; i hasta el mismo Melo, con su merecida fama de valiente i esperto, en vez de abrirse paso por cualquier punto, a la cabeza de su numerosa i arrogante caballería, se encierra en su último atrincheramiento del cuartel de San Francisco, para capitular en seguida, entregándose casi a discrecion.

A las dos horas de combate, la bandera constitucional tremolaba en la plaza de Bolívar, conducida por las fuerzas avanzadas de los dos ejércitos triunfantes.

Pero este triunfo fué sumamente costoso para la República, por la pérdida de muchos de sus defensores, muertos i heridos, i mui particularmente por la sensible i lamentada muerte del jenenal TOMAS HERRERA.

Venia de los primeros, acompañado de unos pocos de su division, por una de las calles que desembocan en el camellon de las Niéves, con animo de atacar i tomar el cuartel de San Francisco, cuando un baja disparada del interior de una de las casas laterales lo postró en tierra. A su lado venian tambien sus dos edecanes Jacinto Corredor i Clodomiro Tejada.

Parece que HERRERA, despues de los reveses de |Cipaquirá i |Tíquisa, vivia preocupado con ellos i buscaba una muerte segura, como la que halló el 4 de diciembre en esta ciudad.

Para un jeneral pundonoroso hasta el estremo, acostumbrado ántes a triunfar, debieron ser ciertamente demasiado sensibles esos desastres; pero ellos en nada pudieron menoscabar la merecida fama que sus anteriores heróicos hechos le habian conquistado. Sobre HERRERA, ménos que sobre otro alguno de los jefes del ejército del norte, podia recaer la responsabilidad del rechazo de |Cipaquirá i la derrota de |Tíquisa. Estos no fueron sino sucesos desgraciados, efecto de la confianza ciega de los que atacaron, o de la temeridad en buscar un triunfo sin probabilidades de obtenerlo.

El jeneral Franco se prometió destruir la dictadura en Cipaquirá, el mismo dia que un año ántes se habia sancionado la constitucion desconocida por Melo; i esto fué, a no dudarlo, la causa de haberse festinado el ataque, cediendo a los impulsos del entusiasmo, i atenido Franco, mas que a todo, a su indomable brio.

"La triste suerte de su amigo i compañero de armas, se dijo entónces de HERRERA; los desastres de Cipaquirá i Tíquisa; los quebrantos sufridos por la República a consecuencia de aquellas melancólicas jornadas, afectaron de tal modo el espíritu del héroe, que ya no ambicionó desde entónces sino la muerte, como una espiacion sublime de errores inculpables.

"Sus votos fueron desgraciadamente escuchados.

"Miserable condicion humana! Crece el cipres al lado del laurel; i la hoz que sirve para formar la corona del héroe, corta a nuestro pesar el fúnebre adorno de su tumba!"

El jeneral HERRERA fué de los jefes mas denodados del ejército granadino, i de los mas distinguidos por su noble carácter, ilustracion i talentos. Su apuesta i marcial figura, correspondia con sus hechos i relevantes cualidades.

HERRERA murió sin enemigos. Su vida civil i política fué inmaculada, así como lo fué tambien la doméstica, aunque no estuviera en ésta esento de contrariedades.

Era el hijo mimado de Panamá; i por esto su muerte, deplorada en todo el pais, fué en el Istmo un golpe jeneralmente sentido. La lejislatura de esa provincia i todos los cabildos de la misma decretaron honores a su memoria. La primera dispuso ademas, que los restos del héroe se trasladasen a la ciudad de Panama manifestando así su estimacion i gratitud al panameño ilustre.

El jeneral HERRERA gozaba de grande popularidad en todo el pais, desde la administracion del 7 de marzo de 49. Si en 54 no hubiera sido víctima de la dictadura, la eleccion para presidente de la República en el siguiente período, era mas que probable que hubiese recaido en él; en él, hombre de méritos positivos e incontestabies, i que por medios lícitos habria obtenido lo que otros no obtienen sino a favor de procedimientos indignos, de manejos reprobados por la moral i las leyes.

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