Este libro conserva la ortografía de la época




INDICE

Introduccion

Plan de la Obra

Prólogo

Jeneral Nariño

Jeneral Baraya

Jeneral Cabal

Jeneral Ricaurte

Coronel Jirardot

Coronel D´Elúyar

Capitan Ricaurte

Jeneral Santander

Coronel González

Jeneral Velez

Jeneral Maza

Jeneral Ortega

Jeneral Córdova

Jeneral Padilla

Jeneral Ucros

Jeneral Narváez

Coronel Móntes

Jeneral Fábrega

Jeneral Fortoul

Jeneral Moráles Galavis

Jeneral Caicedo

Coronel Concha

Jeneral Neira

Jeneral Obando (Antonio)

Jeneral Herrera

Jeneral Franco

Jeneral Murguéitio

Jeneral Obando (José Maria)

Jeneral López

Jeneral Arciniégas

Jeneral Gaitan

Jeneral Paris

Coronel Garcés

Coronel Vezga

Coronel Córdova

Coronel Vanégas

Coronel Briceño

Coronel Cancino

Coronel Nariño

Jeneral Barriga

Coronel Muñoz

Jeneral Mendoza

Jeneral Mantilla

Coronel Gutiérrez

Jeneral Espina

Coronel Canáles

Jeneral Duran

Jeneral Buitrago

Jeneral Mendoza

Jeneral Barriga

Coronel Martin

Jeneral Rivero

Coronel Tello

Comandante Calle

Comandante Herrera

Jeneral González

Jeneral Martínez

Jeneral Acevedo (Ramon)

Jeneral López (Laureano)

Coronel Madiedo

Jeneral Piñéres (Juan A.)

Jeneral Urdaneta

Jeneral Weir

Comandante Cárdenas

Jeneral Acevedo (José)

Coronel Carrasquilla

Comandante Figueroa

Comandante Triana

Jeneral Peña (Camilo)

Jeneral Herran

Jeneral Réyes Patria

Jeneral Briceño

Epílogo

JENERAL CAICEDO

Nació el jeneral DOMINGO CAICEDO en Bogotá el 4 de agosto de 1783. Fueron sus padres los señores don Luis Caicedo i Flórez i doña Josefli Sánz de Santamaría, de distinguida estirpe.

Recibió en su primera edad la educacion propia de su época, ayudada por las lecciones morales i el fecundo ejemplo de sus virtuosos padres. Vistió despues la beca blanca en el colejio de Nuestra Señora del Rosario, haciendo en él los estudios de latinidad, filosofía, teolojía i jurisprudencia, hasta obtener el grado de doctor en estas últimas facultades.

Fué discípulo del sabio Mútis i de los doctores Caicedo, Rosillo i Vallecida, siendo despues catedrático i vice-rector del mismo colejio.

En 1809, habiendo terminado ya sus estudios i frustrada la tentativa de revolucion que se pensó hacer en ese año, fué encargado de llevar a España las representaciones i quejas de que habla la historia del señor Restrepo. En Sevilla tomó servicio entónces en las tropas que mandaba el jeneral Zayas, i se distinguió en la batalla de la |Barrosa, desempeñando despues arriesgadas comisiones cerca del jeneral Castáños. Ya para entónces habia sido nombrado i le cupo el alto honor de tomar asiento como suplente en las cortes de España, a las cuales concurrio en asocio de don José Mejía, natural de Quito, representando las provincias del vireinato de la Nueva Granada. Las cortes se reunieron en ese año en Cádiz i despues en la isla de Leon, i fue secretario de ellas el señor CAICEDO, quien con Mejia i demas diputados americanos formaron causa comun para sostener de una manera indeclinable las cuestiones que de cualquier modo se rozaran con los derechos de las provincias americanas

Pero esta animosa i patriotica parte de la diputacion, estando en minoria, tema que ver ahogada su voz i estrellados sus esfuerzos i votos en la gran mayoría de la Peninsula, la que jamas concedió de gracia o de justicia, lo que la fuerza debia al fin arrebatarle por entero.

Las colonias se ajitan i el grito de Independencia se da en la capital del Nuevo Reino de Granada el 20 de julio de 1810.

A consecuencia de estos sucesos, i temiendo CAICEDO ser perseguido por el poder español, tuvo que salir sijilosamente de España, valiéndose de medios injeniosos para conseguirlo i venir coadyuvar a la libertad de su Patria.

Hízolo así en efecto, como vamos a verlo.

En un buque norteamericano sale de España i llega Nueva York, de donde partió para la Guaira con don Vicente Bolívar, hermano del Libertador, llegando a su pais cuando estaba encendida en él la primera guerra civil.

El jeneral Antonio Nariño, presidente de Cundinamarca en 1812, convocó la representacion nacional con el objeto de darle cuenta de las diferencias sucitadas con el gobierno de las provincias unidas, i de los preparativos bélicos que por este gobierno se estaban haciendo contra el de Cundinamarca. Tomado en consideracion este grave asunto, la representacion nacional facultó a Nariño para nombrar un consejo, compuesto de cinco sujetos de probidad i saber, con el cual debia consultar sus providencias i resoluciones en todos los casos graves.

El señor CAICEDO fué escojido para constituir ese cuerpo, en union de los señores don José Ignacio Gutiérrez, don Primo Groot, don José María Lozano, marques de San Jorje, i don Félix Vergara, sujetos de lo mas respetable del pais.

Abierta la campaña, en guerra civil, en junio del mismo año (1812), el jeneral Nariño emprendió la marcha para Tunja con fuerzas considerables. CAICEDO iba en la espedicion en clase de capitan i de ayudante del jeneral presidente.

El 30 de ese mes, segun el diario que de la espedicion llevaba don Miguel José Montalvo, fueron comisionados el señor CAICEDO i el inglés Perri, teniente de artillería, para esplorar el terreno que ocupaba el enemigo, trepando a este fin, a pié, por el cerro del páramo de Gachaneque con gran riesgo de caer en manos de las avanzadas enemigas.

Adelantados los sucesos, Nariño escribió a Niño, gobernador de Tunja, proponiéndole una entrevista, con el objeto de arreglarlo todo amigablemente, i nombró de comisionados a los señores CAICEDO, Montalvo i Aranzaurogoite.

Estos señores cumplieron su patriótica comision, con la cual debia ponerse término a la primera guerra civil, i despues de los acontecimientos que se han narrado en otro lugar, fueron nombrados el mismo señor CAICEDO don Tiburcio Echeverría i don Miguel José Montalvo, plenipotenciarios de Cundinamarca cerca del gobierno de Tunja para celebrar los tratados, los cuales fueron ajustados i firmados en Santa Rosa el dia último del mes de julio de dicho año.

La accion distinguida de valor de que habla el señor Groot en su historia i que consistió en haber atacado CAICEDO en union de otro oficial frances una partida enemiga, obligándola a rendirse, le mereció el ascenso a teniente coronel, i su comportamiento en el Combate del 9 de enero de año de 13 el de coronel graduado.

El resto de ese año lo pasó CAICEDO en su hacienda de Saldaña.

Emprendida por Nariño la campaña del sur en ese mismo año i llegado a Purificacion con su brillante ejército, el señor CAICEDO lo mantuvo todo a su costa por mas de un mes, habiendo recibido Sus raciones desde los jefes hasta el último soldado de manos del mismo CAICEDO, sin que éste pretendiera en ningun tiempo el pago de tan injente gasto.

Quedóse entónces en la provincia de Neiva para ayudar en su marcha al ejército republicano, suministrándole toda clase de ausilios, i en ella permaneció hasta el desenlace de la campaña.

En 12 de febrero de 1815 se unió en matrimonio con la señora Juana Jurado, natural de Sevilla, en España, e hija lejítima del noble i benemérito oidor de la real audiencia de Santafé don Juan Jurado.

A principios de 1816, al retirarse el presidente de Cundinamarca para el sur, puso a sus órdenes en Purificacion las fuerzas que habia organizado. En ese lugar se tramó una sublevacion por el rejimiento de caballería, la cual fué sufocada por CAICEDO, presentándose solo en el cuartel con sable en mano i arrojándose sobre el motin, que con este acto de arrojo quedó confundido i se puso en dispersion. Despues del primer momento, le acompañaban el español patriota don Idefonso Covaleda i don Clemente Zárate.

Todos los pueblos de esa provincia se alzaron entónces a favor de la causa de España.

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Despues de los desgraciados combates de la Cuchilla del Tambo i de La Plata, CAICEDO fue conducido preso a esta ciudad por los sicarios de Sámano i por su delito de ser patriota. Estuvo en larga i estrecha prision en el mismo colejio en que habia hecho sus estudios i aprendido a ser libre, convertido entónces en cárcel, tocándole en ella la íntima satisfaccion de haber entretenido un dia al oficial de guardia para facilitarle la fuga al distinguido patriota don Miguel Ibáñez, la víspera del dia señalado para fusilarlo.

El mismo señor CAICEDO SC salvó del patíbulo, entregando una fuerte suma de dinero i a favor de las relaciones que tanto su esposa como su suegro mantenian aún con los jefes españoles.

La pena de muerte que poco despues sufrieron su tio, el marques de San Jorje Tadeo Lozano, su pariente i amigo el conde de Villavicencio i su antiguo jefe el jeneral José Leiva, le fué conmutada por la multa de que se ha hablado i por destierro de Santafé, gracias a su amistad con el oficial Miguel Letamendi, que fué el fiscal en su causa, i al oportuno regreso de su suegro el oidor Jurado que volvia de rejente.

Salido de la prision volvió a su hacienda de Saldaña, en donde dió hospitalidad jenerosa i mantuvo ocultos a muchos patriotas" comprometidos en los sucesos de la guerra. Supervijilado allí por las autoridades españolas, estuvo espuesto a multitud de sufrimientos hasta el mes de agosto de 1819 en que cesaron, por haberse obtenido la libertad de estas provincias en la gloriosa batalla de |Boyacá.

Con el ausilio de algunos patriotas de Purificacion i del Guamo, puso a raya las demasías que cometian los derrotados de |Boyacá i prófugos de la capital, haciendo rendir una fuerte partida que comandaba el gobernador del Socorro, Fominaya.

El Libertador le nombró entónces gobernador i jefe militar de la provincia de Neiva, despues de haberlo ascendido a coronel. En ese destino hizo a la Patria importantes servicios, i, cediendo a su carácter bondadoso, dió asilo en su hacienda i protejió de todos modos a muchos españoles en desgracia, que, de no haberlo hecho, habrian pagado mui caro su anterior fidelidad al gobierno de la Metrópoli.

En Neiva organizó el batallon que despues se llamó "Várgas" i que entregó al comandante Joaquin Paris, llegando con él hasta la Plata para despejar de enemigos el sur de esa provincia.

Cuando Valdez i Míres se preparaban en la Plata para obrar sobre el sur en 1820, CAICEDO contribuyó de la manera mas eficaz a la organizacion i movilidad del ejército con que se obtuvo el 6 de junio de ese año el triunfo de |Pitalló, que libertó a Popayan i al Cauca de la dominacion del Atila de esas comarcas, del feroz Calzada.

Durante la campana del sur de Colombia i del Perú, siguió ayudando con sus recursos i su influencia al gobierno republicano, desplegando prodijiosa actividad hasta el fin de la campaña.

Cuando el Libertador iba para el sur, dimitió CAICEDO el mando civil que ejercia en Neiva, manifestándole su deseo de acompañarlo en la campaña; pero considerada la falta que hacia en esa provincia, no se le aceptó la dimision i ántes se le dió tambien como prueba de mayor confianza el mando militar, desempeñando uno i otro hasta el año 23 en que fué diputado al primer congreso colombiano instalado en Bogotá.

Habiéndose desertado de Popayan 30 individuos del afamado escuadron "Guias," que por el camino hasta Prado causaron grandes daños, reunió CAICEDO algunos milicianos de Purificacion i secundado por el oficial veterano Conde, los aprehendió a todos despues de un combate en que murieron dos de aquellos en el paraje de Santa Lucía. Los desertores venian organizados e hicieron una valerosa resistencia, como era de esperarse.

CAICEDO fué miembro de todos los congresos de Colombia desde 1823 hasta 1827, i en éste último año se le nombró para la convericion de Ocaña, escusándose de asistir por haberse persuadido de que nada podia hacerse en ella que consultara los intereses del pais.

En 1827 ocupó asiento en el senado, teniendo que ir en ese año a la ciudad de Tunja, donde tuvo que instalarse el congreso por falta de |quorum en la capital, debido esto a la grave enfermedad del senador Alonso Uscátegui, que lo tenia imposibilitado a tiempo de la instalacion.

Las sesiones se continuaron en Bogotá, i a su término fué nombrado CAICEDO jeneral de brigada.

En 1828, en esa época de terrible ajitacion i de crísis, prestó al pais importantes servicios en su condicion particular, i despues de la conspiracion del 25 de setiembre, fué quien mas notable se hizo por sus finas atenciones con el Libertador, llevándolo a su casa de campo de Fucha para obsequiarlo i atenderlo como lo merecia el gran hombre de América.

En ese a volvió a ser gobernador de la provincia de Neiva, comportándose en ella tan dignamente como en 1819.

En 1829 fué nombrado por el Libertador Presidente, secretario del interior i relaciones esteriores, i al mismo tiempo presidente del consejo de ministros, empleos que desempeñó con jeneral aprobacion, para ser nombrado vice-presidente de Colombia por el congreso admirable en 1830.

Veremos en seguida la participacion del jeneral CAICEDO en los memorables sucesos de 1831; pero ántes será necesario dar una ojeada a los de 1830.

Los partidos políticos, boliviano i liberal, ajitados en esa época con motivo de lo ocurrido en la convencion de Ocaña i de la conspiracion del 25 de setiembre, hubieron llegado al mayor grado de exaltacion, i las pasiones en efervescencia debian estallar.

Separado por enfermedad de la presidencia de Colombia el señor Joaquin Mosquera, se encargó del poder ejecutivo el vice-presidente señor CAICEDO, en agosto de 1830, quien ordenó la salida del batallon "Callao" de la capital, con destino a servir de guarnicion en Tunja. Ese cuerpo era el de toda la confianza para el partido boliviano, por lo cual este partido, alarmado con la providencia dictada, creyó que se le dejaba a merced de su contrario.

El 9 de agosto se hizo marchar el batallon, i esta salida fué el anuncio de la tormenta.

Interceptado el dia 11 por el jefe del batallon un oficio dirijido al comandante de armas de Tunja para que disolviera el cuerpo a su llegada, a tiempo en que algunos pueblos de la sabana se insurreccionaban contra el gobierno, el mismo jefe resistió por este motivo la órden del gobierno, poniéndose a la cabeza del movimiento revolucionario en Gachancipá.

Tales fueron las causas inmediatas de esa revolucion, la segunda de las que siguieron a la guerra de la Independencia.

La primera sangre derramada en ella lo fué en la |Peña del Aguila, cerca de Cipaquirá, en el ataque dispuesto por el coronel Florencio Jiménez el dia 12 de dos compañías del "Callao" contra otras dos del " Boyacá," que acababan de llegar a Cipaquirá, en comision del gobierno. Este cuerpo era el de toda la confianza para el partido liberal.

Agotados los medios conducentes a un avenimiento pacífico, que hubiera ahorrado mucha sangre i mucho baldon al pais, " tronó en la capital, como dice el jeneral Posada en sus Memorias, la trompeta de la disolucion, trasmitiendo con ronco i prolongado sonido a los últimos confines de la República el imperio "Alea jacta est." El dia 15, al amanecer, apareció la division disidente en los ejidos de la ciudad. Se proponen nuevos arreglos, i no se obtiene sino una tregua i el retiro de las fuerzas a Fontibon.

Sabidos estos sucesos por el presidente Mosquera, se puso en marcha de Anolaima a la capital, como era de su deber, i llegó a ésta, no sin haber puesto en peligro su propia persona, el dia 17, despues de haber tenido una conferencia con el jefe de los disidentes, que tampoco tuvo el resultado que el señor Mosquera se prometia.

En la mañana del 23 entró a la capital la columna organizada en Tunja i pedida por el gobierno (533 hombres) "con cuyo refuerzo el ardor bélico llegó hasta el último grado de escandescencia."

Se da el mismo dia 23 un decreto de amnistía que no fué aceptado por los disidentes, i que por los términos en que se habia concebido produjo mas bien indignacion entre ellos, a tiempo en que habian recibido la noticia del pronunciamiento de Tunja, encabezado por el coronel Pedro Máres, i del capitaneado en el Socorro por el jeneral Justo Briceño, a favor de la insurreccion.

La columna de operaciones del gobierno, fuerte de ochocientos hombres de infantería i como doscientos de caballería i artillería, se puso al mando inmediato del benemérito coronel Pedro Antonio García, siendo el jeneral Vélez, comandante jeneral del departamento, el director de las operaciones militares.

Acordadas éstas, la columna se puso en marcha el dia 25 hácia el pueblo de Engativá, pensándose atacar por la espalda al enemigo que se hallaba situado en la hacienda del |Santuario; pero un incidente fatídico la obligó a contramarchar para la capital al siguiente dia. Oyóse fuego en las cercanías de la ciudad i se creyó que ésta habia sido atacada por las fuerzas de Jiménez, cuando no era sino un fogueo ordenado por el coronel Montoya, jefe del Estado mayor.

Variado el plan de ataque, como era indispensable, la columna del gobierno volvió a marchar de frente por Puente-grande, el mismo 26, i pernoctó en Fontibon.

Entraba ya la columna al puente donde empieza la calzada (el dia 27) cuando recibió García la órden de esperar al jefe de operaciones para librar el combate; pero ya era tarde. Los fuegos se habian roto con un piquete de caballería del enemigo, i a pocos momentos el combate se hizo jeneral.

"El coronel García, dice Posada, valiente como era, i dominado por la exijencia de la opinion absurda de que el jeneral debe esponerse como el soldado, se coloca en la primera fila de su columna i la hace entrar en la calzada a paso de trote, mezcladas artillería, caballería e infantería, sin que estas armas confundidas pudiesen obrar, ni desplegarse, ni ayudarse recíprocamente. El enemigo que las esperaba detras de sus parapetos, establecidos en semicírculo a la orilla del pantano, al término de la calzada, rompe un fuego mortífero de fusilería sobre esa masa compacta, que a cada paso diezmaba sin riesgo. Aquello no era un combate, era un Sacrificio. Una compañía del batallon "Cazadores de Bogotá," que precedia la columna, podia por pelotones hacer fuego de frente sobre las trincheras del enemigo. Algunos soldados de los costados de cada fila cuando las revueltas de la calzada permitian hacer uno que otro tiro, lo hacian avanzando siempre. El toque de "paso de trote " era repetido sin descanso por el corneta de órdenes del comandante en jefe, i ciertamente, en el estado en que la columna se encontraba, solo avanzando sin detenerse hasta tocar con el pecho las trincheras, podia mejorar su situacion. Así llegó la columna pisoteando cadáveres i heridos, mas bien apiñada que formada, hasta ponerse a medio tiro de pistola de las trincheras. El momento era decisivo: un instante mas i se habria conseguido, o salir de la funesta estrechura, lo que era mucho, o acaso se habria obtenido la victoria; pero aquel momento de esperanza se cambió de repente en momento de desolacion; el coronel García vacilaba sobre su caballo, sus ojos se oscurecen, su cara palidece, i sintiéndose herido, en la agonía de su rápido tránsito de la vida a la muerte manda tocar "alto i fuego a pié firme," i espira. Los cornetas de los cuerpos repiten el fúnebre toque, la columna para, el apiñamiento aumenta; ya no es tropa que valerosamente avanza, sino un peloton de hombres que caen como palomas bajo los fuegos cruzados de las trincheras enemigas, sin poder defenderse, ni ofender, ni avanzar ni retroceder. El enemigo que observa aquel desórden, sale de sus atrincheramientos, carga por tres veces sobre la cabeza de la columna, i apesar de la consternacion i el desaliento que reinan en ella, es tres veces rechazado. Pero dos escuadrones de caballería, compuestos de hombres prácticos en las lagunas, tremedales i ciénagas de la sabana, se lanzan al pantano, i aunque con dificultad i peligro, dando un rodeo, logran por fin salir a la calzada, cerca del puente i cargando por retaguardia a la columna del gobierno, se Consuma el cruento fratricida sacrificio, de la manera mas barbara i terrible. Los jefes, oficiales i soldados de la division "Callao," se interponen i detienen los estragos de la lanza miliciana; i abrazando a sus antiguos compañeros i amigos, lloran con ellos, i entre los suspiros del moribundo i los lamentos del herido, retumba entre los vencedores aterrados con su triunfo el grito de "¡Maldicion a los que nos han traido a este estremo!"

" En aquella jornada de luctuosa memoria quedaron en el campo muertos o gravemente heridos, un coronel, siete jefes, catorce oficiales i 218 individuos de tropa; i prisioneros, dos coroneles (Valerio Francisco Barriga i Ramon Espina) cuarenta i cinco jefes i oficiales, i 532 individuos de tropa. Los demas ¿qué se hicieron?. Se ahogaron en el hondo lodazal a donde se arrojaron con sus armas, buscando la vida, i en el que encontraron una cruelísima muerte."

Tal fué la sangrienta accion del Santuario, que dió por resultado preciso una capitulacion en términos obligadamente desfavorables para el gobierno i sus partidarios, como que por ella se impuso destierro a un gran número de personas de lo mas honorable del pais, entre ellas a dos de los ministros de Estado, señores Ignacio Márquez i Vicente Azuero.

Los historiadores Restrepo i Baralt i Díaz han censurado esa capitulacion con demasiada severidad. El jeneral Posada la escusa si no la justifica.

El 28 fué ocupada la ciudad por los vencedores, i el gobierno formó un nuevo ministerio, siendo nombrado secretario de guerra el hombre de la situacion, el jeneral Rafael Urdaneta, uno de los hombres mas beneméritos de la guerra de la Independencia; pero aun con esto, el gobierno habia quedado reducido a la inaccion, por no tener la fuerza necesaria para hacerse obedecer.

En la sesion que tuvo el consejo de Estado el dia 2 de setiembre para deliberar lo que en tal situacion debiera hacerse, el vice-presidente jeneral CAICEDO fué de dictámen que en vez de mantener un simulacro de gobierno "en quietismo," debian retirarse no solo el presidente i él, sino todos los altos empleados que lo componian, como derrocado por la fuerza. I en la tarde de ese dia se proclamó la dictadura en un comicio popular, encargando del mando supremo al mismo ministro de guerra jeneral Urdaneta, quien al principio rehusó aceptarlo; pero que a virtud de lo resuelto por el consejo de Estado en la sesion del dia 4 i de exijencias de la opinion dominante, lo aceptó al fin, quedando investido de la dictadura desde el dia 5, separados de sus puestos los funcionarios constitucionales desde el dia anterior.

"Así cayó el gobierno establecido por el congreso de 1830. Socavadas sus basas... desde ántes, i despues que se reunió el congreso; desconocido por los departamentos del norte i del sur (Venezuela i Ecuador) este era su destino, ya de un modo ya de otro."

" En los nueve primeros dias de ese INTERREGNO no hubo el menor desórden, ni un insulto, ni una amenaza, ni el mas pequeño desafuero, ni un solo preso, ni persecucion de ninguna especie a nadie.

"A pocos dias el señor Mosquera partió para los Estados Unidos, i el señor CAICEDO para su hacienda de Saldaña, en la provincia de Neiva. Hijo de esa ciudad, de numerosa parentela, prócer de la Independencia, jeneroso i benéfico, idolatrado de la masa popular por estas cualidades, estimado de todos, mereció el señor CAICEDO, si no mayores, iguales muestras de simpatía i respeto que al señor Mosquera, tanto en los dias que permaneció en la capital, despues de la catástrofe, como a su salida."

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Comisionados del gobierno dictatorial i del cabildo de la ciudad, salieron tambien en esos dias con direccion a Cartajena, donde se hallaba el Libertador para presentarle las actas i las comunicaciones llamándole al mando supremo de la República. El Libertador se escusó de aceptarlo en términos perentorios, aunque se manifestara agradecido por esa ultima prueba de gratitud i de confianza que algunos pueblos le daban. El grande hombre tocaba ya al término de su existencia, la cual acabó en la hacienda de San Pedro en Santamarta, el dia 17 de diciembre a la una de la tarde.

A sus amigos de Cartajena que se interesaban con él para que aceptase el mando, les decia: "Mi gloria, mi gloria se compromete si acepto el mando, haciéndome cómplice de una revolucion que no puede dar buenos resultados..."

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Secundados los pronunciamientos de algunos pueblos del interior a favor d la dictadura, i por los de Cartajena, Mompos, Santamarta i otros, el de Riohacha, de acuerdo con su gobernador José María Cataño i con lo acordado por el consejo municipal, resolvió sostener al gobierno lejítimo; pero sus fuerzas fueron batidas por las de Cartajena i Santamarta, quedando la provincia de Riohacha sometida a la revolucion.

En el Cauca los jenerales Obando i López desconocieron el gobierno dictatorial, proclamaron la restauracion de la lejitimidad i se prepararon para sostenerla con las armas, contando para ello con su prestijio i la opinion de los pueblos.

En las biografias de esos dos personajes nos ocuparemos de estos acontecimientos con mas detencion.

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El jeneral Joaquin Posada Gutiérrez habia partido de la capital a la cabeza de una columna, desde el mes de setiembre, con el fin de someter las provincias de Mariquita i Neiva al nuevo gobierno, al gobierno nacido de la revolucion. Llegó el 8 de octubre a Purificacion, cuando el dia ántes se habla pronunciado la ciudad de Neiva a favor de la dictadura, siguiendo los demas pueblos de la provincia el ejemplo de su capital, como sucede o ha sucedido casi siempre en las épocas revolucionarias.

A la sazon, el jeneral López habia salido de Popayan hácia Plata, con el fin de ocupar este valle i oponerse a Posada; pero tuvo que regresar por la defeccion del batallon "Várgas."

La actitud del Cauca no fué imponente hasta el 22 de noviembre, en que una junta popular numerosa i respetable desconoció en forma los actos de la revolucion, i las decisiones de la asamblea del departamento, nombrando al jeneral Obando para director de la guerra i para su segundo al jeneral López.

Cuando esto pasaba, la disolucion de Colombia se habia consumado de hecho.

El nuevo jeneral Mugüerza fué enviado a Cali a organizar una division, llevando por base de ella el batallon" Cazadores de Bogotá," al mando del teniente coronel Vicente Bustamante, de los vencidos en el Santuario.

El 13 de enero de 1831 se espidió un decreto por el encargado del gobierno, declarando vijente la constitucion de 1830, i otro convocando una convencion de diputados de los departamentos de Nueva Granada, la cual debia instalarse en Leiva el 13 de junio próximo. Con esos i otros decretos se pensó volver al réjimen constitucional; pero todo esto era inoportuno.

En todas partes la reaccion lejitimista se manifestaba, i cuerpos de ejército se levantaban para sostenerla i se aprestaban para el combate.

Los jenerales López i Obando emprenden operaciones sobre el bajo Cauca, donde los esperaba Mugüerza con su division; i el lo de febrero se libra el combate a inmediaciones de Palmira, obteniendo dichos jenerales un triunfo completo, que les dió la posesion de todo el valle del Cauca.

Con esta noticia, el gobierno de Urdaneta tomó medidas para aumentar el ejército en todas partes, i uno de 4,000 hombres se preparaba para invadir al Cauca por varios puntos.

El jeneral Posada, que se hallaba con la columna de su mando en La Plata, entra en negociaciones con el jeneral Obando, i da cuenta al gobierno de Bogotá, pidiendo instrucciones para continuarlas i concluirlas. A poco, salió de La Plata i se situó en Guguará, donde tuvo noticia del pronunciamiento de Neiva a favor del gobierno caido en agosto del año anterior, llamando a ejercerlo al vice-presidente señor CAICEDO.

Posada sigue a Neiva, i entra pacíficamente a esa ciudad, para esperar en ella el resultado de las negociaciones iniciadas con los jefes del sur.

En Neiva se le insta a Posada por las personas mas influentes a pronunciarse allí en el sentido de llamar al señor CAICEDO al ejercicio del gobierno, i convocada por él una junta de oficiales el 27 de marzo, se resolvió en ella desconocer al jeneral Urdaneta como jefe del poder ejecutivo nacional, i reconocer a los majistrados supremos nombrados por el congreso de 1830, sometiéndose desde ese momento a la autoridad del vice-presidente señor CAICEDO, a quien inmediatamente se participó esta resolucion por medio del eminente ciudadano señor José María Céspedes, haciéndolo tambien despues al gobierno de Bogotá con el mismo sujeto.

Posada se dirijió con la columna a Purificacion, a esperar en ese lugar al señor CAICEDO, prometiéndose que con esto se devolveria la paz al pais, evitándose inmediatamente la continuacion de la guerra.

El señor CAICEDO llegó a Purificacion de su hacienda de Saldaña, el dia 14, i ese mismo dia se declaró por decreto en ejercicio del poder ejecutivo, como vice-presidente constitucional de la República de Colombia.

Empieza aquí el ultimo interesante período de la vida pública del jeneral CAICEDO.

La conducta del jeneral Posada en lo relativo a los sucesos que ultimamente hemos referido, ha sido justificada por él mismo en sus Memorias, con razones incontestables a nuestro modo de ver.

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El decreto del jeneral CAICEDO por el cual se declaró en ejercicio del gobierno, se ha calificado i con razon, como un acto de |magnanimidad inconmensurable, de valor moral inmenso, i el mismo señor CAICEDO decia: "que les daria una fuerza moral mayor, que la material que tendrian con un ejército de veinte mil hombres."

A las diez de la noche del 15 se presentó el jeneral López en Purificacion, en medio del entusiasmo i de los "vivas" de la multitud que ansiosa lo esperaba; i al dia siguiente en presencia de una reunion respetable, el vice-presidente de Colombia lo empleó "como a benemérito jeneral colombiano, nombrándole jeneral en jefe del ejército. "Viva el vice-presidente de Colombia! viva el jeneral colombiano José Hilario López;" i aquellos vivas fueron contestados como la esplosion de un volcan comprimido que rompe su cráter i se desahoga."

En la mañana del 17 marchó la division a situarse a orillas del Magdalena en el paso de Fusagasugá: la division "Callao" se hallaba acantonada en Tocaima; i el dia 19 llegaron a ese mismo punto los comisionados del gobierno de Bogotá Raimundo Santamaría i Vicente Borrero, consejeros de Estado, con proposiciones de paz.

Celebrado un armisticio, se convino en él en que el vice-presidente i el jeneral Urdaneta tuviesen una entrevista en las "Júntas de Apulo," la cual tuvo lugar el 26 de abril, acompañado al primero el secretario del interior señor Pedro Mosquera, el jeneral López i el coronel Posada, i al segundo los señores Castillo Rada, García del Rio i Florencio Jiménez. el jefe vencedor en el Santuario.

Nombrados los mismos señores para negociar por una i otra parte, respectivamente, se ajustaron i rectificaron al siguiente dia, los tratados que dieron por resultado la paz de la Nueva Granada i que el mismo jeneral Urdaneta calificó con toda propiedad de "Convenio glorioso."

El consejo de Estado en Bogotá declaró vacante el puesto del jefe del poder ejecutivo, i, de acuerdo con el parecer del consejero García del Rio, nombró para ocuparlo al jeneral CAICEDO quien ántes habia creido i creyó entónces que estaba por demas este nombramiento.

El vice-presidente "se propuso seguir la línea de conducta que el convenio le trazaba, i fué animado de estos sentimientos que salió en la mañana del 29 para esta capital."

"Su llegada se deseaba por todos con la mayor ansiedad, porque el relámpago volvia a surcar el espacio i el trueno a retumbar por el lado del norte. Una ovacion espléndida se preparaba para su entrada, que estaba fijada para la mañana del 3 de mayo; pero el modesto republicano para evitarla se adelantó, i en silencio, acompañado de dos o tres personas, llegó a su casa a las once de la noche del 2, haciéndolo saber a los bogotanos en la mañana del 3, por medio de una proclama que ya estaba entre ellos."

La proclama, que espresa bien el carácter del majistrado, dice así:

"DOMINGO CAICEDO, vice-presidente de la República encargado del poder ejecutivo."

" Conciudadanos! Arrancado del reposo de mi vida privada por el deseo mas ardiente de vuestro consuelo, tengo hoi la gloria de ver el principio de dicha que mi corazon presentia."

"Un tratado que concilie el honor del gobierno con la dignidad nacional, asegurándoos la paz i la concordia ha sido el resultado de mis desvelos. El 28 de abril de 1831 forma una nueva era para nosotros: en él comienza una época gloriosa i la mas laudable en la posteridad. Este dia ha cubierto con un denso velo todo lo pasado, i derrama el bálsamo de la paz sobre los hijos de este suelo."

"Compatriotas! Librad vuestra confianza en el gobierno: él os ofrece proteccion i garantías individuales en el cumplimiento de las leyes. Abrazaos recíproca i cordialmente, i al olvidar para siempre el recuerdo de nuestras quejas, jurad en vuestro corazon no existir sino para la Patria, para este ídolo de los colombianos."

"Amigos! Vosotros me conoceis: ¿podré yo ser una garantía de vuestra tranquilidad? Si aún merezco algun aprecio, i si al ménos me teneis por honrado i buen patriota, mi sangre es la prenda que os ofrezco, i vuestra gratitud será mi mas cara recompensa"

Entre tanto el ejército restaurador permanecia en La Mesa de Juan Díaz, en donde el jeneral López esperaba las órdenes del vice-presidente.

El jeneral Moreno, que con su division formada en Casanare habia atravesado la cordillera por el páramo de Pisba, acababa de triunfar en |Cerinza sobre las fuerzas con que lo atacó el jeneral Justo Briceño.

Habiendo protestado aquel jeneral, despues de su triunfo, contra los tratados de Apulo, la situacion se hizo demasiado crítica para el gobierno, i a fin de dominarla llamó inmediatamente al jeneral López, i este jeneral a fuerza de enerjía, de valor i prudencia logró sobreponerse i salir del conflicto, cumpliendo las órdenes i secundando en todo las miras del gobierno.

Al coronel Posada se le debió tambien, haber sufocado en el tránsito de La Mesa a la sabana la insurreccion del batallon "Várgas," que mandaba el comandante Várgas, con un golpe de audacia e intrepidez, que el jeneral en sus Memorias dice que fué el mejor hecho, el hecho mas importante de su vida pública, como militar: en ellas se ve descrito de una manera interesante.

El jeneral López vuelto a Barro-blanco, donde se hallaba la division al mando de Posada, dió órden para seguir a Serrezuela. De allí se dirijió el mismo jeneral a Cipaquirá a tener una entrevista i conferencia con el jeneral Moreno sobre la reunion de fuerzas; i el 11 de mayo se reunieron todas a inmediaciones de aquel pueblo, constituyendo el ejército, la division Posada, la columna que el jeneral Antonio Obando trajo de Honda i la division que mandaba el jeneral Moreno.

El ejército se preparaba para su entrada en la capital el dia 13, cuando el vice-presidente señor CAICEDO para infundir confianza en los unos i los otros, desvaneciendo fundados i recíprocos temores, salió a su encuentro "vestido de grande uniforme, en un arrogante caballo magníficamente enjaezado, i acompañado de su ministro de lo interior señor Castillo Rada, i de algunos otros funcionarios. El jeneral López, acompañado de su Estado mayor, todos a caballo, partieron a galope hasta la avanzada a unírsele i acompañarle. Así pasó por frente a las filas, recibiendo los honores que le correspondian como jefe del gobierno, i contestando con natural cortesía el saludo que con la espada le hacian los jefes i oficiales. Por su noble presencia, por la bondad que se pintaba en su rostro, que revelaba la de su alma, se atrajo muchas simpatías."

La entrada pudo ser cruenta o impedida por un combate, a consecuencia de la muerte violenta que se dió a los oficiales Galarza i Toledo, en una calle escusada de la ciudad (a la que entraron contrariando las órdenes jenerales) por dos húsares de Ayacucho, de la columna que Briceño habia traido de Tunja, despues de la accion de |Cerinza; pero el señor CAICEDO logró con sus medidas prontas i eficaces, calmar las pasiones de los unos i de los otros, llevadas a un grado de peligrosa exaltacion por ese i otros motivos. El mismo dia trece dió órden para disolver la division " Callao," al comunicársela verbalmente a Briceño, preguntó éste: "Está roto, señor, el convenio de Apulo?" -"Con el convenio o sin él está en las facultades del gobierno disponer lo que yo Urdaneta va a ser despedazado," dijo Jiménez -"Antes lo seré yo," contestó el vice-presidente con enerjía -"Señor, i si los jefes i oficiales de los cuerpos desoyen nuestra voz i prefieren batirse mas bien que sufrir semejante degradacion, qué podemos hacer nosotros preguntó Bricerio -"Avisarme para irme a poner entre los dos ejércitos, i así las primeras balas de los unos i de los otros, atravesarán mi pecho i no sobreviviré al ultraje de verme desobedecido por los unos i por los otros," respondió acalorado el señor CAICEDO. "No mas, señor, no mas! Vais a ser obedecido en este momento," le dijo Jiménez. I la órden se cumplió al dia siguiente, Como así se cumplió tambien la de retirarse a Techo el ejército restaurador.

El dia 15 a las siete de la mañana, los cuerpos de la division "Callao," organizados de diverso modo, i los restos de la division "Boyacá" salieron a unirse con el ejército para hacer su entrada en la capital. "Seis mil hombres se pusieron en marcha al estruendo de las músicas, de los tambores, de las cornetas, de los cohetes, de los repiques de campanas i de las aclamaciones, que a veces (agrega el jeneral Posada) suelen ser mas fervorosas miéntras mas
temible es el triunfador"

Restablecido el gobierno Constitucional i asegurado el órden, el jeneral CAICEDO, que consideraba cumplida su mision, renunció el puesto de vice-presidente ante el consejo de Estado; pero de acuerdo con las exijencias de la opinion, no le fué admitida la renuncia, i Continué desempeñando el poder ejecutivo hasta el fin de su período, Con el beneplácito de los hombres moderados de todos los partidos.

Cuatro dias despues de haber entrado el ejército restaurador a la capital, el vice-presidente convocaba una convencion para constituir la Nueva Granada en República independiente, separados ya los departamentos del norte i sur de Colombia.

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El señor CAICEDO se retiró de la vida pública a principios de 1832, una vez constituida la Nueva Granada.

CAICEDO interpuso todo su valimiento con el jeneral Santander en 1833 para que no fueran fusilados los dieziocho ciudadanos comprometidos en la revolucion de julio de ese año; pero sus esfuerzos en ese sentido fueron inútiles. Siempre el jeneral CAICEDO intercediendo por los débiles i los desgraciados, dando así pruebas de la bondad de su carácter, sin que le faltara enerjía i valor en las situaciones difíciles i cuando su deber se lo exijia,.

Vuelto el jeneral CAICEDO a la vida publica, por exijencia del gobierno i de sus amigos, acepta por tercera vez la gobernacion de la provincia de Neiva, la cual desempeñó en el año de 36, consagrándose en los años siguientes a la educacion de sus hijos.

En 1840 volvió a ser nombrado vice-presidente de la República, i ejerció el poder ejecutivo durante ese año i en el siguiente, cuando el pais se hallaba azotado por la guerra civil i atravesaba una de las situaciones mas difíciles i azarosas. En esa época calamitosa i aciaga favoreció a muchos de sus enemigos políticos, hasta el punto de darles asilo en su propia casa i ausiliarlos con su dinero, lo que habia hecho tambien en 1830 i 1831. Pero esto no debe sorprender del que se condujo con tanta humanidad i nobleza con los realistas i españoles despues de vencidos en Boyacá, i cuando la guerra se hacia a muerte en todo el pais. La casa del jeneral CAICEDO fué en esas épocas una especie de asilo sagrado que a violar nadie se atrevia. ¡Cuántas familias no le estarán aún agradecidas por los servicios que les hizo entónces! Las coronas que se ganan en el campo de la humanidad i la filantropía no se marchitan jamas; la gratitud tiene el cuidado de refrescarlas al sucederse las jeneraciones.

Rodeado el jeneral CAICEDO de inmensas simpatías i gozando de la estimacion de todos, dejó de existir el dia 1.° de julio de 1843 en la hacienda de Puente Aranda i en vía para la suya de Saldaña.

Sus funerales se celebraron en la catedral de esta ciudad con pompa estraordinaria, i su convoi fúnebre fué tan numeroso i espléndido como el del jeneral Santander.

El jeneral CAICEDO condecorado en España, durante su permanencia en las Córtes, con la cruz de Isabel la católica; pero jamas se vió lucir esa especial condecoracion concedida al mérito, sobre el pecho del jeneral republicano, del prócer de la Independencia, señor DOMINGO CAICEDO.

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