Este libro conserva la ortografía de la época




INDICE

Introduccion

Plan de la Obra

Prólogo

Jeneral Nariño

Jeneral Baraya

Jeneral Cabal

Jeneral Ricaurte

Coronel Jirardot

Coronel D´Elúyar

Capitan Ricaurte

Jeneral Santander

Coronel González

Jeneral Velez

Jeneral Maza

Jeneral Ortega

Jeneral Córdova

Jeneral Padilla

Jeneral Ucros

Jeneral Narváez

Coronel Móntes

Jeneral Fábrega

Jeneral Fortoul

Jeneral Moráles Galavis

Jeneral Caicedo

Coronel Concha

Jeneral Neira

Jeneral Obando (Antonio)

Jeneral Herrera

Jeneral Franco

Jeneral Murguéitio

Jeneral Obando (José Maria)

Jeneral López

Jeneral Arciniégas

Jeneral Gaitan

Jeneral Paris

Coronel Garcés

Coronel Vezga

Coronel Córdova

Coronel Vanégas

Coronel Briceño

Coronel Cancino

Coronel Nariño

Jeneral Barriga

Coronel Muñoz

Jeneral Mendoza

Jeneral Mantilla

Coronel Gutiérrez

Jeneral Espina

Coronel Canáles

Jeneral Duran

Jeneral Buitrago

Jeneral Mendoza

Jeneral Barriga

Coronel Martin

Jeneral Rivero

Coronel Tello

Comandante Calle

Comandante Herrera

Jeneral González

Jeneral Martínez

Jeneral Acevedo (Ramon)

Jeneral López (Laureano)

Coronel Madiedo

Jeneral Piñéres (Juan A.)

Jeneral Urdaneta

Jeneral Weir

Comandante Cárdenas

Jeneral Acevedo (José)

Coronel Carrasquilla

Comandante Figueroa

Comandante Triana

Jeneral Peña (Camilo)

Jeneral Herran

Jeneral Réyes Patria

Jeneral Briceño

Epílogo

JENERAL ORTEGA

Despues de la funesta batalla de la |Puerta del 14 de junio de 1814, en que los patriotas perdieron mas de 1,200 hombres, postrados en el campo, el ejército victorioso de Bóves se lanzó sobre la ciudad de Valencia, i le puso sitio el 19 del mismo mes, con tres mil hombres.

Para la defensa de la ciudad apénas se contaba con 500 veteranos, que mandaba en jefe el coronel Juan Escalona, teniendo por segundo, al teniente coronel granadino JOSÉ MARÍA ORTEGA.

Bóves intima el mismo dia 19 la rendicion de la plaza, con la terrible amenaza de pasar a cuchillo a todos sus defensores, en caso de resistencia; pero esto no arredra a los valientes republicanos, quienes forman la heroica resolucion de defender la ciudad a todo trance; i la defienden palmo a palmo contra los furibundos ataques que por todas partes se le dirijen.

Combatiendo dia i noche en diez i nueve dias de sitio, contra enemigos audaces i numerosos, i sin esperanza de ser ausiliados, los valientes republicanos no desfallecian; pero al fin, estando la guarnicion reducida a un tercio de su numero i no teniendo ni agua ni vituallas, se vieron obligados a capitular, bajo condiciones honrosas para los sitiados, condiciones que Bóves, poniendo a Dios por testigo i bajo su palabra de honor, ofreció cumplir i que este hombre sin corazon, sin religion i  sin honor, habia de violar tan pronto como la plaza le fuera entregada.

Así sucedió en efecto: el gobernador político doctor Espejo, mas de 90 vecinos de la ciudad, 75 oficiales patriotas, i mas de 300 individuo de tropa i del pueblo fueron inhumana i pérfidamente sacrificados de órden de Bóves por sus feroces soldados, tan sanguinarios como él.

Tan solo cinco oficiales de los defensores de Valencia pudieron escapar: el coronel Escalona, el teniente coronel ORTEGA con dos heridas, el doctor Miguel Peña, que despues adquirió distinta celebridad, i otros dos, que no creyendo, como no debian creer, en las promesas de Bóves, se ocultaron a tiempo.

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Antes del sitio de Valencia se supo en Carácas el regreso de Fernando VII a la Península, lo que desde entónces hizo temer el envío de numerosas espediciones contra estos paises; temores que ántes de un año se realizaron.

Bolívar se dirijió de Carácas a Barcelona: aquella ciudad era ocupada por los realistas, i se levantaba el sitio de Puertocabello.

El jefe español Cajigal llegaba al Tinaquillo, cerca de Valencia, con el ejército del centro, reorganizado despues de su derrota en Carabobo, cuando esa ciudad se entregaba.

Abandonada por Bolívar la ciudad de Carácas, una gran parte de su poblacion temiendo a Bóves i a sus soldados, emigraba hácia Barcelona. "Hombres, mujeres, ancianos i niños de las familias patriotas, dice la historia, dejaban el suelo querido para salvar la vida, llevando únicamente lo que pudieron cargar sus débiles hombros. La mayor parte iba a pié i debian pasar rios, montañas i precipicios intransitables, así como paises anegados e insalubres."

"Las tropas de Bóves persiguieron a los emigrantes, los alcanzaron, mataron a muchos, robaron sus bienes i cometieron todo linaje de escesos. Otra gran parte de esta emigracion pereció por el hambre, las fatigas i las fiebres: mui pocos fueron los que llegaron a Barcelona."

ORTEGA habia hecho como los demas granadinos, sus compañeros de gloria, la campaña de Venezuela de 1813 i 14 en la division ausiliar de la Nueva Granada. Fué uno de los oficiales del brillante cuadro que, con el afamado coronel Rívas, se le envió de Bogotá al jeneral Bolívar para emprender con él esa memorable campaña.

ORTEGA venció como tal en |Niquitao, reñido combate librado el 1.° de julio de aquel año, en el cual los patriotas desalojaron de sus fuertes posiciones al enemigo, i venció tambien en |Horcones i |Tínaquillo, haciéndose notar en estos combates por su denuedo.

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El mismo dia del triunfo de |Niquitao, el jeneral Bolívar se puso en marcha sobre el cuartel jeneral de Tiscar, quien con su division de 500 hombres huyó hácia Nútrias, abandonando a Barínas. Poco despues se vió obligado a continuar su fuga, tomando el Apure con direccion a Angostura, miéntras que una columna republicana a órdenes del coronel Rívas se dirijia hácia el Tucuyo, i el coronel Urdaneta se situaba con otra en la villa de Araure.

Despues del triunfo de |Tinaquillo, Bolívar ocupó, como lo hemos visto en otro lugar, a Valencia i a Carácas, terminando así su primera campaña sobre Venezuela.

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Abierta en el mismo año la segunda campaña, ORTEGA volvió a combatir i triunfar en |Vijirima, i concurrió al asalto i sitio de Puerto-cabello dirijido por D'Eluyar.

Pero tomando el hilo de los sucesos desde mucho ántes, debe recordarse que ORTEGA empezó a servir a la Patria en noviembre de 1810, como cadete, i que hizo la campaña del centro i la de Ocaña en ese año i a principios del siguiente a órdenes del capitan Antonio Moráles, habiéndose hallado en la accion de |Símaña, i des pues, en el año de 12, en las de |Venta- |quemada i |Santafé.

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Véamos ahora cómo nos refiere el señor José María Quijano Otero los episodios mas interesantes de la vida militar del jeneral ORTEGA. | 1

Hablando de las escenas ocurridas en los primeros dias del mes de julio de 1810 i de la parte que ORTEGA tuvo en ellas, se es presa así:

"El nuevo revolucionario era incansable: no perdió ninguna de las escenas de aquella gran semana, siendo actor en muchas de ellas i testigo actuario en las demas. Una cinta blanca adornaba su sombrero, i en ella se leian estas palabras que él mismo habia escrito en letras lo mas grande posible: `Viva la Suprema Junta de Santafé de Bogotá!´

"He dicho que era incansable i deberia agregar que tenia el don de multiplicarse: llegó con los primeros al antiguo convento de capuchinos cuando iban a libertar al venerable señor Rosillo; presenció la prision de los oidores Alba i Frias; la del virei Amar, i era asiduo asistente a la barra del cabildo.

"Cuando el 23 de julio por la noche circuló la noticia de que don Clemente Alguacil venia con los negros de la hacienda de Tena en ausilio del virei, se organizaron inmediatamente varias partidas que por los caminos de Puente-grande i Canoas salieron a aguardarlo. ORTEGA formaba parte de la columna de 100 hombres que al mando de don Domingo Montenegro salió a situarse en los ejidos de San Victorino.

"La revolucion estaba consumada.

"Desde aquel momento ORTEGA no se ocupó sino de que se le dispensara la edad para sentar plaza de cadete. El, i muchos de sus compañeros preveían ya la guerra que la naciente República tendria que sostener contra España, i que, por entónces, no habia mas carrera posible que la de las armas.

"Su padre, deseando no contrariar aquella inclinacion que se manifestaba en su hijo con la fuerza de una vocacion, interpuso su valimiento; pudiendo conseguir que se le dispensara la edad i que al fin viera realizados sus deseos sentados plaza de cadete.

"El 4 de noviembre varios jóvenes de las primeras familias quedaban alistados en el batallon "Ausiliar" que comandaba el coronel Moledo, i salian en tropel a dar la gran noticia a sus familias para volver al cuartel.

"Entre ellos, me fijo en un grupo de tres que andaban aceleradadamente i accionaban i hablaban de tal modo, que debia de ser una grave discusion la que llevaban. Pronto se separaron dándose cita para dos horas despues.

"Lo que hablaban no podré decirlo, pero sí puedo revelar sus nombres: eran Lino de Pombo, Joaquin Paris i JOSÉ MARÍA ORTEGA, i al llegar a estos tres nombres juzgo que quien esto lea deberia descubrirse, como yo lo hago siempre ante la figura venerable del héroe vivo, i me inclino ante la memoria de sus dos compañeros muertos!" | 2

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En el ataque al pueblo de Simaña, defendido por el oficial español Salcedo en 30 de octubre de 1811, estando fuera de combate los jefes principales, la columna atacada continuó la accion dirijida por los cadetes ORTEGA i Salgar; i cuando se temia que la pequeña columna hubiera caido prisionera llegó al jefe de las fuerzas patriotas el parte del triunfo que daban los dos cadetes a nombre del sarjento Florido, quien para autorizarlo firmó poniendo una cruz.

Este triunfo valió a ORTEGA el grado de teniente i el empleo de ayudante en el batallon Mariquita, que comandaba el presiden te de esa provincia don Antonio Viana.

"El combate de Simaña no fué de aquellos que se llaman decisivos, ni siquiera de los que tienen alguna influencia en una campaña; fué un combate como cualquiera otro, i si me he detenido en él, es porque fué el primero en que ORTEGA se encontró: allí disparó la primera bala contra los antiguos señores de su patria; allí vió frente a frente el escudo de Fernando VII i la escarapela tricolor, i su vista exaltó su patriotismo.

"He marcado la fecha en que se enroló en el ejército de la República naciente, justo era que marcara aquella en que fué iniciado en las terribles pruebas del campo de batalla i en que empezó a trabar amistades con la muerte que despues lo respetó tantas veces.

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"Era el 15 de enero de 1813. Los salones del palacio presidencial se veian profusamente iluminados, aunque desiertos; pero en cambio la música atronaba en el interior, i de cuándo en cuándo callaba para dejar oir los brindis en la sala del banquete.

"Era efectivamente un banquete con que el Presidente don Antonio Nariño obsequiaba a cuarenta de los oficiales de su ejército vencedor seis dias ántes. El dictador de Cundinamarca vestia simplemente el uniforme de granadero del batallon " Ausiliar," i presidia la mesa, teniendo a su lado a sus dos tiernas hijas vestidas con el del batallon "Nacionales." Al sentarse a la mesa Nariño les habia dicho:

-" Mi uniforme indica a ustedes la clase de convite que les he hecho: no es el presidente de Cundinamarca quien invita a la oficialidad del ejército a un banquete; es simplemente el granadero Antonio Nariño quien convida a su mesa a sus jóvenes amigos i compañeros, en celebracion de las primeras armas que hacen juntos.

"Con escepcion del brigadier Leiva, del coronel Moledo i del teniente coronel BaiIly, no se vejan al rededor de la mesa sino fisonomías jóvenes, casi infantiles, formando primoroso contraste la sonrisa habitual de esa edad, con cierto aire grave que da una resolucion tomada de un modo irrevocable, aunque sea tomada por un niño. Allí estaba la mayor parte de esa brillante juventud en quien la República fincaba tantas esperanzas, i que andando el tiempo realizó todas las de la Patria.

"Concluido el banquete pasaron a la sala principal, donde los dejó Nariño retirándose algunos momentos. Cuando volvió traia en la mano un gran paquete que abrió, i dirijiéndose a sus convidados, acompañado del jeneral Leiva, le fué entregando a cada cual un pliego en nombre del gobierno.

" Cuando llegó a donde estaba ORTEGA, lo encontró con su amigo i conpañero inseparable José María Ricaurte, i estendiendo a cada uno el despacho que le correspondia, les dijo

-" Dios quiera conceder a ustedes el gusto de dividir los placeres i las penas, los peligros de la batalla i los banquetes despues de la victoria, como hasta ahora. I luego, tomando un aire serio, agregó:-En nombre del gobierno presento a ustedes los despachos de los ascensos a que su conducta los ha hecho acreedores.

" Cada uno recibió el suyo inclinándose i dando las gracias.

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" El 5 de abril de 1813 desfilaba por la calle principal de la ciudad la columna que, a órdenes del capitan ORTEGA i comandada en jefe por el coronel José F. Rívas, marchaba como ausilio dado por Cundinamarca para la emancipacion de Venezuela. La columna se componia de 125 infantes, i 25 artilleros con 2 cañones; i llevaban las municiones i armamento de que podia desprenderse Cundinamarca en los momentos en que organizaba la espedicion que debia obrar sobre Popayan.

" Cuando esta reducida columna llegó a Cúcuta, el futuro libertador dirijió al jeneral Nariño una nota en que entre otras cosas le dice:

" Doi a V. E. las mas encarecidas i sinceras gracias por los "ausilios que la esclarecida jenerosidad de V. E. ha tenido a bien  " mandarnos en favor de la República de Venezuela, mi patria. "¡ Oh! qué bello espectáculo se presenta, señor presidente, sobre el " teatro del Nuevo Mundo que va a ver una lucha quizá singular " en la historia; ver, digo, concurrir espontánea i simultáneamente " a todos los pueblos de la Nueva Granada al restablecimiento, "libertad e independencia de la estinguida República de Venezuela " sin otro estímulo que la humanidad, sin mas ambicion que la de " la gloria de romper las cadenas que arrastran sus compatriotas, "  sin mas esperanza que el premio que dé la virtud a los que " combaten por la razon i la justicia."

" El ausilio enviado por Cundinamarca era pequeño?

" Sí, si solo se tiene en cuenta que eran 150 hombres: pero era mucho si se recuerda que eran 150 héroes. Hasta hoi la historia de nuestra patria no ha consagrado una pájina para conservar sus nombres; pero ya que no es este el lugar de hacerlo, basta a mi propósito recordar que de aquella lejion volvieron siete individuos al cabo de seis años: sus compañeros habian representado bien a la patria, luchando hasta rendir la vida en sus gloriosos campos de batalla; no fué culpa de los que sobrevivieron, si la guerra se contentó con mutilarlos, volviéndolos a sus hogares, ocultas las heridas bajo honrosas condecoraciones: todos siete fueron jenerales de Colombia la grande!

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El coronel Austria en su historia militar de Venezuela hablando de la division ausiliar granadina se espresa así:

" Muchos granadinos quisieron tomar parte en la incierta i peligrosa campaña que debia emprenderse para redimir del ignominioso yugo a sus vecinos i hermanos. Los D'Eluyar, los Jirardot, los Paris, los Vélez, los Ortega, los Ricaurte, los Mantilla, los Lamprea, los Rívas, los Serrano, los Maza, los Tejada i otros, a la cabeza de los invencibles batallones 4.ª i 5.º de la Union, fueron inseparables de los peligros i siempre presidieron la serie de victorias de aquel ejército libertador: a ningun venezolano cedieron en intrepidez para combatir con los opresores. La historia de mi patria les consagrará una brillante pájina; i entre tanto, sirva este lijero recuerdo como un testimonio de gratitud."

I Quijano Otero agrega

"Hé aquí, pues, el ejército libertador: 800 hombres mal armados i peor vestidos que se lanzaban ala guerra sin esperar ausilios, sin que les quedara retirada. Pero para justificar su título de ejército libertador, basta saber que entre ellos van: Bolívar, el libertador de un mundo; Rívas, el semi-dios de las batallas; Urdaneta, el incansable en la lucha; Vélez, el atleta de la Casa fuerte de Barcelona; Ortega, el defensor de Valencia, despues de ser el constante compañero de D'Eluyar en Puerto-Cabello; Mantilla, Planes, Salgar, Paris, Plaza, columnas del nuevo edificio de la República; Maza, el ánjel esterminador, el que se encargó de las venganzas de la Patria, i resumió sus odios i engrandeció su gloria; i entre tantos valientes, Jirardot que, como dijo un poeta, "hizo brotar la estrella de su gloria donde en el cielo salpicó su sangre;" D'Eluyar, el republicano i modesto D'Eluyar, a quien Dios dió el océano por tumba, porque él no podia dormir en tierra donde toda vía existieran opresores; i entre todos, i sobre todos, Ricaurte, el que consiguió mas él solo que todo un ejército en reñida batalla, el que en San Mateo conquistó una pájina entera en la historia de América para su nombre, i en el espacio sepultura propia para su talla!

"Pero las fuerzas avanzan; se han internado ya en el territorio venezolano, botando el guante de desafio a los que lo ocupan: Bolívar con una parte de la fuerza i contando con las partidas que se le reunirán a su paso, ha marchado sobre Carácas; Rivas debe recorrer otra parte del territorio con su division. Los españoles a su vez, despues de recojer el guante, se dirijen a su encuentro en todas las direcciones que los invasores pueden tomar.

"Sigamos a la division de retaguardia que, saliendo de Mérida, debia unirse con el Libertador en Guanare.

"Pocas jornadas habia adelantado cuando se presentó al frente el coronel Marti con su division, impidiéndoles el paso i cortando toda comunicacion entre el ejército i Nueva Granada, Marti podia optar entre librar este combate o dirijirse sobre Guanare donde podia atacar a Bolívar por la espalda miéntras que Tiscar lo resistia de frente. Rívas apénas se detuvo el tiempo necesario para organizar un plan de ataque, en vista de las formidables posiciones ocupadas por el ejército contrario. ORTEGA, que era el segundo jefe de la division, mandaba la vanguardia que al empeñar la batalla debia ser el ala derecha del ejército. Campo Elías mandaba el ala izquierda, a la cabeza de los meridanos; el centro era mandado por el mayor jeneral Rafael Urdaneta, i Rívas atendia con la escasa reserva a donde quiera que lo juzgaba necesario.

"A las nueve de la mañana del 1 ° de julio (1813) el ala derecha rompió el fuego sobre los enemigos sosteniéndolo vivamente durante una hora, sin ceder un palmo de terreno, pero sin conquistar tampoco un palmo. Aquella lucha prolongada de esa manera era insostenible, i ya se veia la reolucion de os españoles de no salir de sus posiciones que juzgaban inespugnables: era, pues, preciso tomarlas, era necesario dar un golpe decisivo, i ORTEGA fué el encargado de darlo encabezando la brillante carga a la bayoneta que decidió la victoria, mereciendo los honores que el jefe don José Félix Rívas le tributaba al dar el parte de aquella batalla que se llamó |Niquitao,  batalla que Bolívar calificaba como "el mas importante de los triunfos obtenidos," i que Baralt i Austria juzgan que "decidió de la campaña."

"Aumentada la division con algunos de los prisioneros que incorporaron, i con un considerable parque, continuó su marcha conquistando el territorio con la misma velocidad con que dos años ántes lo habia sometido Monteverde. Alarmados los jefes españoles, viendo la gravedad de una espedicion que en su principio habian juzgado ridícula, enviaron un verdadero ejército a detener su marcha conquistadora.

"Bolívar, en atencion a los sucesos que habian tenido lugar, ordenó a Rivas que en vez de seguir a Guanare marchara sobre el Tocuyo.

"El 22 de julio se avistaron las fuerzas independientes con las del renombrado jefe español don Francisco Oberto, tres veces mas numerosas.

"He dicho ya que en aquellos tiempos la órden del dia, que no se discutió nuncá, que se obedeció siempre, era batirse donde se encontrara al enemigo. Rívas no se cuidó del número de los contrarios, apénas reconoció sus posiciones i empeñó la batalla. Aquí, lo mismo que en Niquitao, ORTEGA era e jefe de la vanguardia; a él tocó romper el fuego, sostenerlo durante largas horas i dirijir a sus soldados, cuando Rívas encabezando el centro i Campo Elías por una de las alas que habia flanqueado se lanzaban como dos torbellinos, arrastrando, arrollando, despedazando cuanto se oponia a su paso. Las fuerzas españolas viéndose envueltas, trataron de buscar camino por el ala que mandaba ORTEGA, pero se estrellaron inútilmente en un muro de hierro donde encontraron la muerte. Oberto buscó la salvacion personal en la fuga, siguiéndolo los únicos quince hombres que lograron salvarse.

"El sol al ocultarse el 22 de julio, alumbraba la completa destruccion de aquel ejército i la algazara del triunfo de los patriotas que dejaban colocada en los Horcones una piedra mas, como las piedras miliarias de la antigua Roma, para recordar el camino de su marcha victoriosa.

"Entretanto, Bolívar avanza sobre Valencia donde habrá de darse la batalla decisiva, i a donde se ha dirijido desatinadamente el jefe español Izquierdo, despues de las derrotas de Niquitao i de los Horcones. Monteverde comprendiendo que es allí donde va a jugarse la última partida, reune tosas sus fuerzas diseminadas en la provincia, reorganiza los dispersos de las derrotas que ha sufrido, i se prepara al combate.

"Rívas ha recibido las órdenes terminantes de Bolívar, de atropellar todos los obstáculos i llegar a tiempo para la gran batalla. En consecuencia se pone en marcha, cumpliendo literalmente la órden que ha recibido de atropellar lo que le estorbe el paso.

"Despues de 7 dias de marchas forzadas, al amanecer el 30 de julio están sobre el campamento enemigo; se rompe el fuego por los independientes que hacen conducir su infantería en ancas de la caballería, temiendo que el enemigo huya a refujiarse a Valencia, i la primera descarga es contestada por la division de retaguardia que ha llegado a hora fija, como se llega a una cita, a esa cita mortal de los |Taguanes: ultima lucha i ultima victoria que abrió las puertas de la capital al ya verdadero ejército libertador.

"...Solemne fué la entrada del ejército a la ciudad de Carácas (7 de agosto), sometida a la horrorosa dominacion de Monteverde, despues de haber conocido aunque por poco tiempo las dulzuras de la libertad. La poblacion en masa los recibe con los brazos abiertos: los jóvenes reclaman un fusil; los ancianos lloran de entusiasmo; las mujeres alfombran con flores el suelo de la ciudad querida para que entren a ella sus libertadores, i coronan con rosas a los que ya han conquistado coronas de laurel; cada cual se cree en el deber de dar un vítor: uno a Bolívar, el redentor de su ciudad natal; otro a Rívas, el infatigable lidiador; quién a Mariño, dueño ya de la importante provincia de Cumaná; quién a la Nueva Granada, que noblemente enviaba a sus queridos hijos a libertarla o a morir; pero al llegar a la plaza principal todos callan, i Bolívar, interpretando todas las impresiones de aquel momento, con la espada desnuda en una mano i el sombrero levantado en la otra, gritó con la robusta voz conocida en sus cien combates: "Venezolanos, ya sois libres! Granadinos, hoi estais recompensados de vuestros sacrificios! Conciudadanos, viva la Patria! "i no se oyó mas que una voz ronca, grande, solemne, como es la voz de todo un pueblo, al contestar el vítor dado por el futuro Libertador de cinco naciones... La Patria!...  Oh! a os que invocan tan augusto nombre... Dios sea con ellos...!"

Despues de la ocupacion de Valencia i de Carácas, ORTEGA concurrió al sitio de Puerto como segundo de D'Eluyar, i se distinguió en todos los asaltos que a las fortalezas se dieron, hasta que falta de recursos con que continuar el sitio hubo que levantarlo. El 17 de setiembre el ejército que formaba la línea marchó hácia Valencia, mas que diezmado por los estragos del clima, el hambre i la tenaz lucha.

En la biografía do Jirardot hemos referido lo que sucedió despues.

"¿Quién ignora la batalla de Bárbula? ¿Quién no sabe desenlace tan glorioso como caro para la Patria? ¿Bolívar consideró como un dia aciago para la República aquel en que habia obtenido tan brillante triunfo, porque la vida de Jirardot valia mas que la victoria. Por primera vez despues de un triunfo el ejército volvia a sus cuarteles silencioso, triste, rabioso al mismo tiempo.

"Luego que las tropas quedaron acuarteladas, D'EJuyar. seguido de varios oficiales, Vélez, ORTEGA, Mantilla, Paris i Planes, se presentó donde el Libertador. En el momento que éste los víó, se levantó i tomando de manos del secretario Muñoz Tébar un papel, se dirijió hácia ellos diciéndoles:

-"Celebro que ustedes lleguen tan oportunamente, porque deseo que se impongan del documento que acabo de firmar; i lo leyó: era el decreto de honores a la memoria del coronel Atanasio Jirardot, que hoi todavía es el decreto mas honorífico que rejistra la historia de América.

Nadie ignora tampoco el glorioso triunfo de |Las Trincheras obtenido el 3 de octubre por la division granadina rejida por D'Eluyar.

"Allí no iban los patriotas como en tantas otras batallas a conquistar una posicion ventajosa, a destruir un enemigo para asegurar el buen éxito de un plan que debia desarrollarse a veinte leguas de distancia; no, allí no iban mas que a vengar a Jirardot, no habia mas órden que matar o morir, nadie daba ni pedia cuartel. Por eso la batalla fué corta i horriblemente sangrienta: las trincheras fueron tomadas a la bayoneta, los que las defendian murieron al pié de ellas, las cornetas solo dieron el toque de degüello, i pronto las fuerzas españolas fueron desalojadas, arrolladas, acuchilladas sin merced, perseguidas sin misericordia. Monteverde huyó, marcado en la cara con un balazo, pudiendo salvar 300 hombres, con los cuales volvió a sus castillos de Puertocabello, de donde quince dias ántes habia salido con 1,600 prometiéndose reconquistar a Venezuela
"El ejército libertador regresó a Valencia: todos volvian contentos, alegres, porque habian conseguido cuanto deseaban: su compañero de armas estaba vengado, Monteverde derrotado, i llevaban una hoja de laurel que en la historia se llamó "las Trincheras," i que fué la corona fúnebre depositada por los soldados granadinos sobre el ataúd de uno de sus valientes!

"La corta cuanto gloriosa campaña principiada en Bárbula i concluida en las Trincheras, permitió restablecer el sitio de Puerto-cabello, ya que para ello habia las mismas razones que pocos dias ántes lo habian hecho abandonar. En efecto, el refuerzo traido por el coronel Salomon habia quedado tendido en las dos batallas, mucho debia esperarse de la desmoralizacion consiguiente a los dos desastres sufridos. Al restablecerse el sitio volvieron, D´Elúyar como jefe de la línea, i ORTEGA como segundo; pero ántes de marchar, el Libertador quiso recompensar a los que habian tomado parte en aquella campaña, i en consecuencia concedió ascensos a los jefes i oficiales que habian combatido en ella, "primero i bien merecido galardon de tantas fatigas cercadas de peligros i corona das de gloria, dice Larrazábal" en la "Vida del Libertador."

ORTEGA fué ascendido a teniente coronel vivo i efectivo, i poco despues condecorado con la estrella de Libertadores de Venezuela, de mano de la que debia ser su esposa, la señorita Mercédes Párraga, encargada al efecto en ocasion oportuna por el jeneral Bolívar, quien, como dice el mismo Quijano Otero, "entendia no solo de batallas sino de los mas puros sentimientos del corazon, i tenia el talento de encontrar en cada uno la fibra mas delicada para hacerla vibrar con mano maestra."

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"En los primeros dias de noviembre intentó Monteverde hacer una salida, en combinacion con fuerzas españolas que atacarian la ciudad al mismo tiempo, cambiando así la situacion de los combatientes, i viniendo a convertirse los sitiados en sitiadores.

"Llevan a cabo este plan, i no obstante la gran desproporcion numérica, los patriotas lograron obtener un doble triunfo, obligando a Monteverde a encerrarse nuevamente en sus castillos, i batiendo completamente a sus ausiliares.

"Gran parte cupo a ORTEGA en esta doble victoria, debida a la mui notable actividad que tuvo desde sus primeros años i que conservó hasta sus últimos dias; de manera que cuando se trataba de dar un asalto, la columna que él habia de conducir era la primera que estaba lista; i cuando los sitiados intentaban una salida, era la primera que marchaba a estorbarles el paso. Esta cualidad unida a un valor i a una serenidad a toda prueba, hacian que D'Elúyar hubiera exijido en el segundo sitio que ORTEGA fuera su compañero, i esto mismo sucedió con todos aquellos a quienes luego tuvo por jefes en su larga carrera militar.

"El 22 de noviembre fué un dia de gran gozo para ORTEGA: despues de algunos meses de separacion volvia a ver a su antiguo jefe i cariñoso amigo el jeneral José Félix Rívas, que acampaba al pié de los cerros de Vijirima."

"El 23 resolvió Rívas atacar al ejército español en sus posiciones, escalando las alturas de Vijirima i rodeando aquella estensa línea de defensa, para reducir lo mas posible el campo del enemigo donde habia de tener lugar la batalla decisiva. Rívas conocia bien lo que podia i debia esperar de ORTEGA, porque lo habia visto en |Niquitao, i fué nuevamente uno de sus mas poderosos ausiliares en aquella batalla de tres dias.

"Decia, pues que el 23 de noviembre habia atacado Rívas; pero aunque el fuego duró todo aquel dia, nada hubo decisivo porque los patriotas tenian que ir escalando aquellas alturas llenas de precipicios, que presentaban a cada instante un escelente punto de defensa, aparte de las trincheras con que los realistas las habian fortificado. Cada uno de esos puntos, cada una de esas trincheras fué el teatro de un combate, con la diferencia de que los defensores al verse obligados a abandonarlo se retiraban a otro superior, quedando siempre dominado el que dejaban.

"Cerró la noche i cada cuerpo acampó en el punto que habia logrado tomar, listos todos porque temian que Monteverde, creyéndose perdido, quisiera atropellar los obstáculos i buscar la salvacion en un ataque desesperado. Sinembargo, no fué así: al amanecer, la tropa fué racionada escasamente, i cuando ya se preparaban para continuar la batalla, que la noche habia interrumpido, se oyó en una de las estremidades de la línea, demasiado estensa todavia, el grito de "viva Bolívar!" que el ejercito iba repitiendo en coro hasta la otra estremidad.

"La llegada del Libertador infundió nuevo valor a las tropas que atacaron con un denuedo que rayaba en temeridad. Un libro tendria que escribir quien quisiera narrar todos los episodios de aquella lucha: para mi intento basta recordar al lector que en este asalto fué que el valeroso Villapol se abismó en uno de los fragosos precipicios de aquellas alturas.

"Bolívar, que en ningun caso dejaba desmayar a sus soldados, quiso contrarestar e desaliento que aquella pérdida tenia que producir en los que servian a sus órdenes, i volando al punto don e estaba la division, acompañado de sus ayudantes i del teniente coronel ORTEGA, le decia, miéntras que tendidos sobre el cuello de sus caballos salvaban la distancia:

- "Es preciso reanimar a los soldados o somos perdidos. . . pero triunfaremos . . .  es indispensable!. . . Va usted a ser el jefe de la division 'Villapol,' i ya se sabe a lo que compromete semejante título.

"Miéntras Bolívar le dirijia estas palabras entrecortadas, porque a cada instante se detenia para observar algun movimiento del enemigo, llegaban al lugar donde los soldados de la division, exasperados i entristecidos por la desgracia de su jefe, aguardaban órdenes.

- "Soldados! esclamó el Libertador, para tener derecho de lamentar a vuestro jefe, id a vengarlo!

"Llegó la noche del 24 de noviembre sin que la batalla se hubiera decidido: los realistas estaban reducidos a sus últimas posiciones, i el resto de las alturas de Vijirima estaba ocupado por los independientes: ámbos ejércitos comprendian que allí iba a decidirse toda una campaña, i luchaban con un valor, con un arrojo que no tiene nombre.

"En tanto que en aquella serranía tenia lugar la encarnizada batalla que no trataré de describir, D'Eluyar mantenia un ataque incesante sobre las fortalezas de Puerto-cabello, i ocupaba todo el pueblo esterior; de suerte que Monteverde no podia enviar ausilio alguno a Salomon.

"La noche habia suspendido por segunda vez la batalla. ORTEGA estaba vivo, el Libertador estaba contento de él, los soldados de Villapol habian comenzado a vengar a su antiguo jefe i vitoreaban al nuevo cuando la noche habia hecho suspender los fuegos.

"Al dia siguiente al ponerse el sol, alumbraba la bandera nacional flameando sobre las trincheras de Vijirima, i la fuga (porque fué mas que derrota) de las fuerzas de Salomon, que volvian a sus castillos de Puerto-cabello. Ya Monteverde no debia hacer otra salida que la que en los primeros dias de diciembre le obligaron a hacer sus subordinados, al espulsarlo de la fortaleza para que se embarcara, como lo hizo, insultado, despreciado por sus mismas tropas, al abandonar el suelo de América que habia manchado, i que no debia pisar sino dos años mas tarde, conservándose en una condicion oscura, para aprovecharse de la confiscacion i la rapiña cuando vencidos los patriotas volvió a quedar todo a merced de los peninsulares."

En esos dias tuvo lugar el combate de |Araure (4 de diciembre) ganado por el batallon |sin nombre, derrotado en Barquisimeto, dirijido en esta vez por los coroneles Manrique i Plánes, i al cual decia Bolívar al dia siguiente del combate en que ese cuerpo ostentó tanta bizarría:

"Vuestro valor ha ganado ayer en el campo de batalla un nombre para vuestro cuerpo, i en medio del fuego, cuando os ví triunfar, lo proclamé el batallon 'Vencedor de Araure` . . .Habeis ganado la bandera llamada 'invencible de Numancia;' llevad esa bandera de la República Soldados! ya sois dignos de batiros al lado de los granadinos."

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ORTEGA, compañero i segundo de D'Eluyar en el sitio de Puerto-cabello, obtuvo licencia por un breve término para retirarse a Valencia. A los cuatro dias de hallarse en esa ciudad se tuvo noticia de la desgraciada accion de la |Puerta i de la ocupacion de las fortificaciones de la |Cabrera, en donde Fernández i su division de 350 hombres cayeron prisioneros fueron pasados a cuchillo por los soldados de Bóves.

El formidable enemigo se acercaba a Valencia.

"Los jefes de la pequeña guarnicion que habia en la plaza no sabian que partido deberian tomar; i vacilaban entre el cumplimiento de las últimas órdenes recibidas del Libertador para hacer una resistencia desesperada, i la esperanza de poderse reunir con las fuerzas del jeneral Urdaneta, quien del Occidente se dirijia sobre San Cárlos. En tal incertidumbre se resolvió que una junta jeneral de jefes i oficiales decidiera lo que hubiera de hacerse; i perdónese a mi orgullo nacional el recordar que en aquella memorable junta, si bien muchos oficiales opinaron por la inmediata desocupacion de la plaza, no hubo un solo granadino que no opinara por el cumplimiento de las órdenes del Libertador; voto demasiado notable si se recuerda que no tenian ningun ausilio que esperar, de suerte que era resignarse a morir ántes que ambandonar el puesto que se les habia confiado. Este fué el partido adoptado, i en consecuencia, el siempre leal i virtuoso coronel Escalona dió las órdenes correspondientes para poner la plaza en estado de defensa, en lo cual se ocuparon durante toda la noche del 18 de junio.

"El 19 mui temprano se presentó Bóves al frente de la ciudad, i por medio del cura de Guacara, don Pedro Osío, intimó la rendicion en el término de una hora. Escalona i ORTEGA como 1.° i 2.° jefes de la plaza, i el doctor Espejo como gobernador, no vacilaron un momento en la terminante negativa que le dieron i que concluia con estas palabras: 'La poblacion i sus defensores han jurado vencer o morir en este sitio.' Bóves insistió, manifestando que estaba dispuesto a oir las proposiciones que se le hicieran, "porque deseaba evitar la efusion de sangre, por amor a la humanidad;" sí, Bóves se atrevió a hablar de humanidad: el segundo emisario fué rechazado del mismo modo que el primero; pero a esta segunda negativa contestó el jefe español con la terminante intimacion de entregar la plaza ántes de dar las doce del dia, o que pasaria a cuchillo a todos los que se hallaran en su recinto.

"Hé aquí el cuadro que presentaba Valencia en aquel dia de eterna i luctuosa memoria, pintado por el mismo ORTEGA: 'Dos "horas habrian pasado de la última intimacion, cuando empezaron "a verse grupos de las tropas vencedoras por la parte del Morro "de Valencia: yo en cumplimiento de mi deber, aténdia a todas "partes, i visitaba a cada instante los destacamentos i casas que de "uno de los ángulos de la plaza tenian que responder a los fuegos "enemigos. A mi suegro, el señor Fernando Párraga, tocaba la de "fensa de la conocida con el nombre de "los Mancebos," en direc "cion al convento de San Francisco, en donde estaban reunidos "los objetos mas caros a mi corazon. Por todas partes se oia el "crujido de las puertas; las pisadas inciertas de las jóvenes cuyas "madres no atinaban dónde colocarlas; el martillo del artillero "desclavando los cajones de pertrechos para repartirlos a cuantos tenian una arma contra el enemigo i un corazon resuelto al sacri "ficio que pudieron salvarse; el soldado al lado del ciudadano acomo "dando la piedra de su fusil; los cañones ocupando las bocas de "las trincheras que acababan de improvisarse; los oficiales reco "mendándose mútuamente el cumplimiento de sus deberes; el "templo principal lleno de sollozos i de plegarias al Dios de los "ejércitos, i el campañero cojido de la cuerda de la campana para "tocar por última vez las doce del 19 de junio de 1814!. . . So "naron!. . . i sonó tambien en direccion de San Francisco la pri "mera descarga de las guerrillas españolas. Correspondido el salu "do por los destacamentos que yo mandaba la decoracion de la "plaza cambió repentinamente."

"El ataque fué brusco, pero la defensa fué desesperada. En el primer momento Bóves logró apoderarse de los atrincheramientos mas avanzados, que era forzoso rescatar; era a ORTEGA a quien correspondia hacerlo, i atacó de tal manera, con fuerzas tan desiguales, que el mismo coronel Escalona lo amenazaba con mandarle hacer fuego si no se retiraba; pero la defensa de aquella parte de la ciudad habia sido confiada a ORTEGA, i él tenia que recuperar la posicion perdida.

"El jefe militar i el gobernador de la plaza, situados en una azotea desde la cual podian observar todos los movimientos del enemigo, pudieron ver la marcha de ORTEGA con su columna de ataque, desfilando por las aceras, escepto el jefe i su ayudante que iban por la mitad de la calle. Vieron la salida de 300 hombres que, de la casa conocida con el nombre de "Pabellon de los granadinos," i ocupada ya por los realistas, se precipitaban a destrozar aquel puriado de patriotas: el momento era decisivo: el choque fué horroroso; el humo de las descargas les impidió ver la lucha cuerpo a cuerpo, pecho a pecho, brazo a brazo.

"Média hora despues el antiguo pabellon de los granadinos estaba rescatado, las trincheras recuperadas: de los 300 asaltantes quedaban 133 tendidos en las calles, i dos ayudantes conducian penosamente al valeroso jefe con un brazo despedazado i atravesado el pecho por encima del corazon; de este modo, la sangre del teniente coronel ORTEGA sirvió para escribir el primer capítulo del sangriento drama de Valencia.

"La guarnicion que defendia la ciudad constaba de 325 soldados, pero la habian hecho ascender a 800 hombres entre soldados i paisanos, hambrientos, muriendo de sed, porque solo se sacaba agua, i mui escasamente, del osario del cementerio: he aquí la guarnicion que sin desmayar un instante hacia frente a tres mil bárbaros comandados por el moderno Atila.

"Diario, constante era el batallar contra los asaltantes: en aquella situacion los alimentaba la esperanza de que Urdaneta viniera en su ausilio con las fuerzas acantonadas en San Cárlos;  pero el de junio tuvieron noticia de que Urdaneta con mui justo motivo, habia abandonado aquel punto, dirijiéndose a Aragua, i que D'Eluyar habia tenido que abandonar el sitio de Puerto-cabello, embarcándose con la guarnicion para la Guaira, en los buques que al efecto le habian mandado. Bóves no quiso desperdiciar esta ocasion, i dejando el sitio de Valencia bajo la direccion de su segundo, don Tomas Moráles, marchó con alguna tropa a ocupar a Puerto-cabello. No obstante todos estos contratiempos el entusiasmo no decayó; i el coronel Escalona llamó a las armas a los miembros de la municipalidad i a todos los que estuvieran hábiles para sostener un fusil, resuelto a cumplir su ofrecimiento de sepultarse bajo las ruinas de Valencia.

"El 29 de junio dió ensanche el feroz Moráles a las hostilidades contra la plaza, las cuales no se interrumpieron hasta el 2 de julio en que los heroicos defensores tuvieron el doble dolor de ver a algunos de los suyos que se pasaban al enemigo, de quien recibian muerte horrorosa aunque merecida, al mismo tiempo que los sitiadores se apoderaban del convento de San Francisco i de la casa de Malpica.

"El 4 de julio regresó Bóves de Puerto-cabello trayendo algunos elementos de guerra que le faltaban, a tiempo que se incorporaban a su ejército Cajigal, Cebállos i Calzada con 1,200 hombres de los derrotados en Carabobo, que habian juntado en Barinas. Todo, pues, se reunia para triunfar de aquel puñado de valientes que disminuia diariamente en una ciudad en que por momentos perdian terreno; i no obstante que los sitiadores conocian el estado de los sitiados, no se atrevian a dar un asalto, temerosos de que los patriotas renovaran el drama de San Mateo. "Los tengo redu "cidos a solo la plaza, decia Bóves en carta de 4 de julio a don Jo "sé Domingo Diaz, i ya me habria apoderado de ella i sus trinche "ras, Si no fuera por razon de la obstinacion que tienen de dar fue "go al almacen de pólvora (ah! si la hubieran tenido!) de cuyo u atentado perecerian muchos de los mios. Están mui escasos de ali "mentos, i vivo persuadido de que el hambre los hará entregar."

"Los sitiados habian llegado ya a la última estremidad: se hallaban reducidos al recinto de la plaza principal, porque el resto de la ciudad lo habian perdido palmo a palmo a medida que los defensores escaseaban; estaba ya corrompida la carne de burro i de caballo, que hasta entónces habian conservado en salmuera; reducida la guarnicion a 200 soldados, porque el resto habia muerto o llenaba los hospitales; fuera de combate la mayor parte de los jefes; i agotada el agua que hasta entónces habian sacado del osario del cementerio, llegó un momento en que la artillería suspendió sus fuegos, porque no habia medio de refrescar los cañones.

"Fué entónces que la señorita Dolóres Hidalgo; reuniendo con varias amigas los sorbos de agua que les quedaban, logró llenar una botella; i privándose de aquel recurso, inmenso en tales circunstancias, vuela a una de las esquinas de la plaza, atravesando por en medio de todos los peligros, hasta que consigue entrar a los que servian la pieza el valioso tesoro que no se habia atrevido a confiar a otras manos, i ántes de retirarse a u casa a desesperar en los tormentos de la sed, espera ansiosa a que el caí enmudecido vuelva a tronar llevando la muerte a los contrarios.

"Pasaron cinco dias mas, cinco siglos en aquellas apuradas circunstancias. Las fuerzas españolas habian ocupado ya la mayor parte de la ciudad, i al amanecer del dia 8 rompen sus fuegos en todas direcciones, i con notable bizarría se lanzan a la plaza, donde se habian concentrado los patriotas. A las tres de la tarde los asaltantes lograron ocupar uno de los ángulos de la plaza: el momento era decisivo i solemne, i el coronel Escalona comprendiéndolo así, escoje lo mas lucido de la escasa guarnicion, i llevando un obus , dirijido por el capitan granadino Velazco, se precipita a rescatar aquella posicion en que se trabó una lucha indescriptible, lucha en que no se usó mas arma que la blanca, ni se oyó mas órden que la de "adelante! "ni mas ruido que el choque de las lanzas contra las espadas, escepto cuando tronaban el obus de los patriotas o el cañon de los realistas, que en medio de la pelea se disparaban a quemaropa. El combate fué corto: los realistas fueron rechazados, pero las pérdidas sufridas por los patriotas no les permitian siquiera regocijarse por sus triunfos, porque cada victoria diezmaba sus filas i acercaba el momento en que tendrian que sucumbir.

"El combate continuó al siguiente dia, teniendo que protejerse contra los tiradores colocados en los tejados, i al mismo tiempo rechazar el ataque que en columna cerrada intentaban los sitiadores por el antiguo cementerio, situado al costado de la iglesia. La noche hizo suspender el combate: ya era tiempo; los defensores no tenia fuerzas para continuarlo, i el coronel Escalona notaba con espanto que su ejército quedaba reducido a 90 hombres i su parque a 200 tiros de fusil i 7 de cañon.

"La lucha era ya imposible! Aquellos hombres podian lidiar contra, un enemigo veinte veces superior; podian luchar contra el hambre, contra la sed, contra el insomnio (porque llevaban ya trece noches de constante vijilia); pero ¿qué hacer cuando el alma no se doblega, cuando el corazon templado aun no pide sino resistir hasta la muerte, cuando se quiere buscar esa misma muerte para acabar como hombre, pero las piernas flaquean i los brazos no tienen ya fuerzas para levantar un fusil?

"I ese era el cuadro que con el corazon desolado veia el coronel Escalona en la noche del 9 de julio, en que pasaba revista los destacamentos, si ese nombre merecian ya las avanzadas en que la muerte habia hecho grande cosecha. No habia una voz para quejarse, i ménos para pedir la entrega de la ciudad: todo estaba callado, todo sombrío, i el jefe pasó revista no a 90 soldados sino a 90 fantasmas, resto glorioso de esa guarnicion de héroes que con su valor escribió una de las mas bellas pájinas de nuestra historia, i que aguardaban el sol del nuevo dia para decirle lo que los gladiadores a César que presenciaba su agonía: "Los que van a morir te saludan!"

"Al amanecer el 9 de julio fueron sorprendidos los patriotas por la diana que se oia en el campo realista, acompañada de numerosos vivas al rei de España i seguida de 21 cañonazos con bala rasa disparados sobre la plaza. Pocos momentos despues fué izada en el campo enemigo una bandera blanca: correspondida la señal i sus pendidos los fuegos, se presentó un oficial español conduciendo un pliego dirijido al jefe militar de la plaza, i que contenia el parte que daban desde Carácas el arzobispo monseñor Coll i Pratt, el marques de Casa Leen i el patriota don Rafael Escorihuela, noticiando la ocupacion de la capital por las tropas realistas, la retirada de las fuerzas independientes i la emigracion de la mayor parte del vecindario; en consecuencia, Bóves proponia que se entrase en una capitulacion, ya que no habia esperanza para los sitiados de: ningun ausilio.

"Ajustado un armisticio de 48 horas, el coronel Escalona i el gobernador Espejo convocaron una junta de notables, a la cual se llevó el voto de los oficiales heridos, que desde el hospital pedian aún la defensa de la plaza; pero aunque éste fué el voto unánime en aquella junta, tuvieron que ceder al clamor publico, a la triste situacion que, como dice Austria, ahogaba la voluntad mas bizarra, a la necesidad de salvar cuatro o cinco mil mujeres i niños.

"Despues de largas discusiones entre Bóves i los comisionados por los patriotas, doctor Miguel Peña i teniente coronel Félix Uscátegui, quedó firmada la capitulacion en que el jefe español se comprometia a dar pasaporte a todo el que lo solicitara para fuera del pais, i salvoconducto a los que hubieran de permanecer en la provincia; a tratar a los enfermos i heridos de los hospitales de la misma manera que a los de su ejército; en fin, a garantizar la vida i la propiedad de todos i cada uno de los defensores i habitantes de la ciudad "empeñando ante el Sér Supremo la garantía de su vida i de su honor." Con el objeto de hacer mas positivas las seguridades que daba, ordenó que todos los efectos de los particulares fueran conducidos a la casa que designó, pues de otro modo no podria responder por las propiedades que no se le confiaran; i que las mujeres i niños se retiraran al Morro de Valencia, donde serian protejidos contra cualquier insulto. Finalmente, para que estas disposiciones pudieran llevarse a cabo demoró su entrada a la ciudad hasta el dia siguiente, fijando las doce del dia para la entrega de las armas.

"De este modo cayó la heroica Valencia, rendida no por el ejército que la atacaba, sino por algo superior a los hombres i a lo que los hombres pueden hacer. Allí todos, soldados i paisanos, dieron a la Patria cuanto ella tenia derecho de exijir: los unos habian muerto; otros, como ORTEGA, yacian en el hospital; la guarnicion quedaba reducida a 90 espectros, porque ya no parecian séres humanos; no quedaba, pues, otro recurso que una capitulacion, i Escalona al firmarla pudo decir algo mas que Francisco I... Oh! sí; en Valencia se salvó todo, porque se salvó la honra de la República!"

Despues de la ocupacion de Valencia i de la derrota de Urica de que hemos hablado en otro lugar, la República quedó sojuzgada en Venezuela i la causa de la Independencia casi perdida.

1 Lo que va entre comillas es tomado de la biografía del jeneral, escrita por dicho señor.
2 Esto escribió en vida del jeneral Joaquin Paris - Nota del autor.

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