PRÓLOGO I
DEDICATORIA
Cuando por vez primera anuncié la publicacion de esta obra,
decia: "Yo he querido i quiero levantar un monumento de
gloria a la memoria de aquellos de nuestros hombres que tuvieron la
suerte de figurar en esa gran epopeya que se llama LA GUERRA DE LA
INDEPENDENCIA, i que militaron a las órdenes de Bolívar i Sucre, de
NARIÑO i Baraya, de Páez i Soublette, de Cabal i Córdova, de
Santander i Anzoátegui, i de otros ilustres capitanes de esa época
gloriosa."
No sé si habré logrado mi objeto. Mas si el monumento se hallare
en la obra, no se deberá a mí únicamente sino a los historiadores i
biógrafos que me han ofrecido la mayor parte de los elementos que
lo constituyen, sucediendo en esto lo que al arquitecto que levanta
un plano i construye un edificio de sencilla apariencia con los
magníficos materiales que él mismo i otros han acopiado.
Forzoso es decirlo.
Los hechos, los solos hechos de cualquiera de los personajes de
la obra, merecian para ser dignamente descritos i bien apreciados,
la pluma de oro de Homero o de Virjilio, de Tácito o de Plutarco,
de Salustio o Tito Livio.-Qué habré podido yo, destituido de
ciencia, sin conocimientos i sin injenio?
Pero el poema no está en la brillantez del estilo o en las galas
de la diccion, así como la poesía, la verdadera poesía, en todos
sus jéneros, no consiste en la simple versificacion o en la
aplicacion de la métrica. La grandiosidad de los hechos, la
sublimidad de los sentimientos i de las pasiones, la belleza i
elevacion de la ideas son en sí mismas el poema o la poesía, sea
cual fuere la forma del asunto o el estilo de la esposicion.
La verdad ante todo; la verdad espuesta con sencillez, al
alcance de todas las intelijencias, es o debe ser la prime
condicion de los trabajos históricos, i esa condicion se hallará en
la obra.
¿Qué hai por cierto de mas sublime en el poema de la humanidad
que el sacrificio de Ricaurte en San Mateo, que el de Mercédes
Cabrejo decapitada en Cúcuta por los soldados de Lizon, o pie el de
Antonia Sántos i Policarpa Salavarrieta ennobleciendo i
santificando el cadalso con su gloriosa muerte por la libertad de
la Patria?
¿Qué de mas heróico que la muerte de Jirardot triunfante en 1813
sobre la cumbre del Bárbula; que el paso del Juanambú por NARIÑO i
Cabal en 1814; que el sitio de Valencia sostenido por Escalona i
Ortega en el mismo año; que el de Cartajena para los sitiados en
1815, o que la defensa de la Casa-fuerte de Barcelona en 1817?
¿Qué de mas prodijioso i heróico rejistra la historia que la
ocupacion de Rio-caribe por Vélez i su cuadro de oficiales; que el
combate de Maracaibo ganado por Padilla, comparable con el de
Salamina en la antigüedad ganado por Temístocles; que las hazañas
de Páez, el Aquiles colombiano, en las campañas de Apure, i en los
últimos sitios i asalto de Puerto cabello, o que las formidables
acometidas de Córdova, el rayo de la guerra, en
|Pichincha i
|Ayacucho para decidir del triunfo i sellar en el último la
libertad de un continente?
¿Qué de mas meritorio i estratéjico, que la retirada de los
restos del ejército republicano desde Ocumare hasta Barcelona, al
mando de Mac Gregor i de Soublette, comparada con la de los griegos
rejidos por Jenofonte, al traves de la Asia central; que la de
Sucre, el Fabio colombiano, despues de Junin, al frente del
numeroso ejército español, engreido con su táctica i sus triunfos,
o que el paso de la cordillera por el desnudo ejército que
Santander organizó en Casanare para triunfar con él en
|Gámeza,
|Várgas i
|Boyacá, i libertar la Nueva
Granada?
El paso de los Alpes i los Pirineos por los ejércitos que rejia
el Gran capitan del siglo, es apénas comparable con el paso del
Juanambú o el de la cordillera oriental de los Andes por los
ejércitos republicanos en la guerra de la Independencia.
No hai que dudarlo.
A los ojos de la posteridad, Bolívar jurando en el monte sagrado
libertar a su Patria o morir en la contienda, concurriendo ya como
jefe a la campaña de Venezuela del año de 11 i libertándola en
1813, improvisando ejércitos i preparando espediciones, moviéndose
con indecible actividad de un punto a otro, a largas distancias,
(desde el Orinoco hasta el Potosí), por caminos intransitados de
diversas latitudes i de climas insalubres, esponiendo la vida de
todos modos, sufriendo desengaños amargos o terribles decepciones
de sus mismos tenientes, vencedor unas veces i vencido otras;
Bolívar asegurando con sus triunfos de Boyacá, Carabobo, Bomboná i
Junin la libertad de medio mundo, i renunciando varias veces el
poder supremo ante los representantes del pueblo, parecerá mas
grande que Aníbal trasmontando los Pirineos i los Alpes, sometiendo
la Europa i engrandeciendo a Cartago contra el inmenso poderío de
la capital del mundo, la patria de Agripa i de Trajano, de los
Gracos, los Scipiones i los Césares; que Alejandro átravesando el
Gránico, venciendo en Arbela i conquistando la Asia; que César
pasando el Rubicon, venciendo en Farsalia i enseñoreándose del
dominio universal, o que Napoleon el grande en Jena, Austerlitz i
Marengo, sojuzgando la Europa i echando los fundamentos de su
grande imperio, el mayor, el mas poderoso de los últimos
tiempos.
Pero hai mas.
Si se compara la guerra de la Independencia colombiana con la de
los Paises Bajos, la Suiza i los Estados Unidos de América,
resaltarán mas i mas las glorias de la nuestra.
Los hechos consumados a nombre de la libertad por el príncipe de
Orange i los condes de Egmont i Hornes, por Guillermo Tell i por
Washington, conquistadores de la libertad de esos paises, no pueden
eclipsar en lo mínimo las glorias adquiridas por los batalladores
de nuestra Independencia. Con numerosos ejércitos i con grandes
elementos nada hicieron aquellos o sus tenientes que pueda superar
a lo hecho por nuestros hombres con fuerzas relativamente pequeñas,
siempre inferiores en número a las enemigas, destituidos de
recursos, o teniendo por único recurso i por todo estímulo el
sentimiento de la libertad.
Apocados, si fuere posible, quedarán en la historia, Milcíades
venciendo en Maraton, Leonídas defendiendo en las Termópilas la
libertad de su patria i sacrificándose con sus trescientos
espartanos, Epaminóndas triunfando en Mantinea, Pelópidas i
Marcelo, Alcibiades i Pendes, Timoleon i Trasíbulo, i todos los
héroes del antiguo mundo que odiaron la tiranía i lidiaron por la
libertad, si se comparan con los que forman esa pléyade
deslumbradora que al empezar el siglo diezinueve llevó en triunfo
la bandera de la República desde las ardientes playas del
Magdalena, de Maracaibo i la Guayana, hasta las cumbres heladas del
Chimborazo i las crestas arjentadas del Cuzco i Potosí, haciéndola
flamear a un tiempo mismo en los nevados picos del Cotopaxi i del
Pichincha, en las fortalezas de Cartajena i Puertocabello, i sobre
los viejos muros del templo del Sol.
"La América libre, se dijo en ocasion solemne,
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la América libre empañó
todos los antiguos triunfos, todas las glorias europeas; humilló
todos los orgullos. La Francia pasea por Europa, i lleva hasta Asia
i Africa sus huestes triunfadoras; todas las naciones sienten su
peso agobiador i quedan marcadas con su planta. Entónces se unen,
se estrechan, forman un sola muralla contra el gran jenio de la
guerra, muralla que se desmorona donde quiera que aparece Napoleon,
ese gran martillo de a humanidad, que despedaza coronas i forja
grillos a su antojo. Todas las glorias europeas fueron a adornar a
Paris, como en tiempo del imperio romano fueron a decorar el
Capitolio. Solo España resistió. Zaragoza le ciñó la corona del
triunfo. Las batallas en que lidiaban españoles vestian a Europa de
duelo, duelo que lloraba la Francia, luto que llevaban sus
ejércitos: esos hechos que hacian llorar a un continente imperial;
esas glorias que empañaban el brillo de la corona que gobernaba un
mundo; esa bravura que abatió al jenio que sacudia el antiguo
continente como el huracan conmueve los mares; esos laureles
alcanzados en Zaragoza, todo, todo quedó esparcido i pisoteado en
Junin i Ayacucho."
"Alto ahí! gritó Zaragoza al invasor imperial que habia
encerrada en su mano el destino de un mundo i medido con su espada
la estension de un continente."
"Alto ahí! gritó Colombia al invasor español que habia
desquiciado el imperio frances."
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I todo eso lo hicieron nuestros padres venciendo a los que
vencieron en Bailen a los vencedores en cien combates,
"lanzándose a los desiertos, a los mares, al martirio, no
como Moises, en busca de una tierra prometida; no como Colon, en
busca de un continente olvidado, sino como NARIÑO, como Ricaurte,
únicamente por una inmortalidad en que soñaron."
¡Qué hombres i qué tiempos! dice Cormenin hablando de la
revolucion francesa de 93. ¡Qué hombres aquellos i qué tiempos!
diré al hablar de la revolucion de nuestra Independencia. Entónces
todo era grande: el valor, la virtud, el heroismo, el sacrificio,
las aspiraciones i tendencias, i hasta las pasiones i los errores
de los grandes hombres!!
Para saber cuánto debemos a los sacrificios de nuestros
projenitores, o las consecuencias de esa magna lucha, nos bastará
comparar por un momento el presente con el pasado, lo que ántes
éramos con lo que ahora somos.
Pueblos ántes sumidos en la ignorancia i la degradacion,
encadenados por la tiranía, estenuados por las vejaciones,
empobrecidos i miserables, eran ántes los pueblos de la América
española. Hoi son Repúblicas; pueblos libres, civilizados i
poderosos, en que se ven todos los frutos que han dado al mundo la
libertad i la ciencia. Sociedades bien organizadas i gobiernos
hábilmente constituidos, garantizados todos los derechos del
hombre i del ciudadano; planteles de educacion primaria i
secundaria en que se riegan i fructifican las semillas del saber
humano, -progreso moral e intelectual; légraetfos, ferrocarriles i
vias carreteras; navegacion por vapor en los lagos i rios, comercio
libre, industrias sin restricciones, abundancia i riqueza; el
progreso, en fin, en todas sus formas llamando a estos pueblos a
ocupar un lugar prominente en la lista de las naciones. Los de esta
parte de la América no necesitan sino de paz i union para alcanzar
sus altos destinos, i corresponder a las esperanzas que en la
Independencia fincaron los padres de la Patria.
I esos bienes se obtendrán:
Si se desprecia el vicio, la adulacion i la intriga, i se hace
efectiva la sancion de la lei i la sancion moral.
Si se estimulan las aptitudes i el trabajo, i se premia el
verdadero mérito.
Si los gobernantes, como una garantía e de órden i estabilidad,
son honrados, respetan las instituciones i cumplen fielmente las
leyes sin reservaciones casuísticas, que todo probarán, ménos la
buena fe de los que gobiernan; i es bien sabido que la mala fe es
una mala política.
Si se respeta el derecho de sufrajio, base cardinal de la
República i espresion jenuina de la democracia.
Si se proteje la inmigracion de estranjeros útiles i de capiles,
i se promueven i llevan a cabo (no quedándose en meras halagadoras
promesas) las mejoras materiales de toda especie.
Si se procura, por último, formar un solo pueblo de todos
aquellos que tienen un mismo oríjen, que hablan la misma lengua,
que tienen las mismas gloriosas tradiciones, idénticos en
costumbres i formas de gobierno, e identificados en intereses; o
que se procure al ménos, en cuanto a esto, acordar las bases de un
derecho internacional americano que tenga por cánon fundamental la
libertad en la República, i en que se sancionen los principios de
íntima alianza o de proteccion recíproca.
I una vez que la forma federal parece definitivamente adoptada
en nuestro pais, diremos con uno de nuestros escritores mas
distinguidos (el señor Rafael Pombo): " Basten para
trofeos del seccionalismo las ruinas de Grecia, víctima de la
competencia entre Aténas i Esparta; los ocho siglos de calvario de
la Italia moderna, los ocho siglos tambien de dominacion de los
sarracenos en la península Ibérica; Irlanda tan hábilmente
descuartizada por sí misma para servirse al banquete de los
sajones; Méjico, ironía de un gran destino; la República de Centro
América, hoi simple espresion jeográfica; el imperio del Plata, ya
sin Paraguai ni Uruguai, i tantas veces teatro de la guerra entre
una ciudad i la nacion; la República de Washington con sus cuatro
años de fratricidio entre el Norte i el Sur; la libertadora
Colombia_ _ _! Salvemos siquiera a su hija de ese suicidio ruin,
ignominioso i vulgar! Aspiremos a crecer no a empequeñecenos!
Luchemos en beneficio propio i de nuestros hermanos, i no para el
engrandecimiento ajeno!"
I lucharemos por ese engrandecimiento, con decision i fe,
cediendo al empuje de la moderna civilizacion, haciendo conocer a
los pueblos todos sus derechos, i el precio de nuestra
Independencia i libertad como el de las instituciones que tenemos,
para que sepan conservarlas a cualquiera costa, i para que los
padres de la Patria i fundadores de la República no se sientan
alguna vez arrepentidos de su obra; de esa obra que les costó
tantos sacrificios i tanta sangre; sangre preciosa derramada a
torrentes en esa hecatombe que contemplan admirados todos los
pueblos del uno i del otro continente.
I a quién deberé yo dedicar este libro?
Nada mas justo ni mas natural que dedicarlo, como lo dedico, a
los restos de esas lejiones que nos dieron Independencia i Patria:
al depósito de esas reliquias gloriosas! Que ellos lo consideren
digno siquiera del menor de sus esfuerzos, del mas pequeño de sus
sacrificios, i quedará profusamente recompensado el autor,
JOSÉ MARÍA BARAYA
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Discurso del señor Lorenzo Lléras, el 20 de julio de 1873.
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