CAPITULO VII
PERMANENCIA EN EL CHOCO COMO SECRETARIO DEL GOBERNADOR J. M. CANCINO.1822.
Después de establecer con el mayor orden posible en aquellos tiempos su Gobernación, al empezar el año de 1822, Cancino quiso visitar punto por punto todos los Distritos de su Provincia. Se fijó, como era natural, en las minas principales de aquel país, en el cual el oro aparece con una abundancia como quizás no se encontrará en ningún otro punto del globo terráqueo. Todas las corrientes que bajan de la Cordillera Occidental hacia el Atrato acarrean pepitas de oro de un tamaño inverosímil, y como rara vez se vieron en California en época de su mayor auge. Sin embargo, la naturaleza salvaje de un país en el cual no pueden vivir sanos sino los aborígenes y los negros, pondrá siempre inconvenientes al laboreo de aquellas minas riquísimas.
También las minas de platino, sustancia mineral tan rara en el mundo, podrían dar á Colombia pingües riquezas si se trabajaran las del Chocó con buen éxito.
"Acerca de lo que noté en las minas-leemos en el Diario de Acosta - escribí un estudio circunstanciado que fue enviado al Gobierno." ( |1 )
En el mes de Abril Cancino se encaminó á Nóvita con intención de trabajar para que la población se trasladase á lugar más propicio. Sin embargo, no se logró lo que se deseaba: el Gobernador era poco querido de los vecinos ricos y los dueños de las propiedades más importantes, por lo general antiguos realistas que habían aceptado la independencia por necesidad; así era que resistían con manifiesta mala voluntad toda innovación que emanase de un agente del Gobierno republicano. No sucedía lo mismo con su Secretario, éste era el favorito de todos, nos decía hace algunos años una noble matrona que le conoció en aquella época en el Chocó ( |2 ). Su educación esmerada, su prudencia y cultura unidas á la cualidad para los antiguos realistas de que su padre había sido peninsular, prevenía en favor del joven Acosta, de manera que era popular en la buena sociedad del lugar y muy querido por los pobres á quienes siempre procuraba proteger.
Poco después tuvo que ausentarse el Gobernador del Chocó. dejó en su lugar al Asesor doctor Uribe y al Teniente Acosta como Secretario, pues este último estaba al corriente de todos los negocios políticos y militares de la Provincia. Su situación en aquel oscuro destino no era empero de su gusto y veía con melancolía que sus amigos cosechaban laureles en los campos de batalla, unos al lado de Bolívar y otros con el General Sucre.
El Libertador se había hecho cargo de la campaña del Sur de Colombia; atravesaba las montañas de Berruecos; vencía (el 7 de Abril) en Bombona y continuaba su marcha para unirse con Sucre que había vencido en Pichincha y libertado todo el Sur de la República.
"Me quedé-escribe en su Diario - sin tomar parte en la campaña de Quito; á pesar de que para obtener licencia para emprenderla hice esfuerzos inauditos con el Gobierno. Pero no sé adular para conseguir mis deseos, y bien preveo que con mi carácter, mi suerte será siempre la de sacrificar mi bien particular para servir á mi patria lo mejor que pueda en oscuros destinos. Mientras que mis compañeros recogen laureles en los campos de la gloria, á costa de sufrimientos mucho menores que los que yo padezco aquí, ¿qué es por cierto exponer su vida para ganar la gloria delante del enemigo, en comparación de una vida entre negros y salvajes, en un clima mortífero y rodeado de riesgos prosaicos y repugnantes? ... Sin embargo, no me quejo .... Resignado veré desde aquí el desenlace de la cosa pública, y elevaré mis votos al cielo para que la Providencia proteja la querida patria! "
Entretanto, la lucha por la independencia crecía en todas partes, y la fortuna parecía proteger á los americanos. Empero, la situación continuaba peligrosa. España hacía inauditos esfuerzos para recuperar su imperio en las antiguas colonias, y era preciso combatir sin descanso para impedir que llevase á cabo su intención.
Cada uno en su puesto trabajaba ya con las armas en la mano, ya en la diplomacia, ya en su patria, ya en el Extranjero, en pro de su causa. A Acosta tocó vigilar los trabajos que se hacían activamente para abrir el proyectado canal de San Pablo, y durante muchos meses vivía en aquellos despoblados entregado á la obra que le habían encomendado y que se creía sería salvadora para el país.
No fue, sin embargo, hasta el mes de Septiembre que los zapadores lograron abrir una trocha definitiva, y empezaron las labores serias.
Como se hubiese reunido en Nóvita la Asamblea provincial, en la cual se proclamaría solemnemente la Constitución colombiana, Acosta tuvo que dejar su puesto para ir á asistir á ella como Secretario del Gobernador.
En el siguiente mes de Octubre tuvo la fortuna de recibir la orden de pasar á Popayán, en donde Cancino había sido nombrado Comandante general del Departamento en ausencia del Coronel Concha. Ascendido á Capitán desde el año anterior, Acosta recibió el nombramiento de Ayudante de la Comandancia general de Artillería en el Cauca, y debería ir á reunirse á Cancino en Popayán; pero antes de ponerse en camino, el ex-Gobernador llegó al Chocó á entregar definitivamente la Gobernación á su sucesor.
Al regresar al Valle del Cauca, Cancino quiso examinar los trabajos que había ordenado que se hiciesen en un camino que proyectaba abrir hasta Buga.
El 19 de Octubre Cancino y Acosta se embarcaron en el río San Juan, y tres días más tarde llegaron á la parroquia de Sipi, cerca del río del mismo nombre. Allí se internaron por los montes, casi cerrados; subieron en medio de las lluvias más violentas por el río Garrapatas, por cuyas cabeceras salía la trocha dé] proyectado camino.
" Este río-escribe Acosta-poco conocido en el Chocó, es uno de los más bellos y alegres que he visto: sus riberas ofrecen sitios muy amenos y pintorescos, no ya orlados de bosques sombríos, como los otros ríos de aquella Provincia, sino poblados de plantaciones y de campos sembrados y de sementeras, en contorno de las chozas de los naturales de Supi, los cuales hacen extensas rocerías en sus orillas.
" Navegamos tres días por el Garrapatas, aunque el último con dificultad, luchando con las corrientes impetuosas y por en medio de rocas erizadas que yacen en sus márgenes con más frecuencia á medida que subíamos á sus cabeceras.
"El último día recorrimos terrenos nunca antes visitados por hombres blancos, y conocidos tan sólo por los pescadores indígenas ó negros alzados. Así, pues, cual nuevos conquistadores, bautizamos con nombres castellanos varios riachuelos tributarios y lugares ocultos en aquellos montes.
"Al fin fue preciso echar pie á tierra por la imposibilidad en que estábamos de navegar más por la corriente del río. Nos internamos entonces por las selvas vírgenes, siempre azotados por sempiternas lluvias, saltando por encima de postrados troncos de árboles, hundiéndonos hasta la cintura entre la podrida hojarasca, con riesgo inminente de ser picados por los millares de reptiles venenosos que pueblan esos lugares. Al cabo de largas horas de marcha llegamos al fin al término de la montaña, y entonces, como por efecto de magia, se nos presentó un valle perfectamente poblado de naranjales; al salir de la selva oscura y tenebrosa, semejante espectáculo me pareció el más hermoso que en mi vida había contemplado! Ese bosque de preciosos árboles ocupa más de una legua, y todos ellos estaban cubiertos de azahares que esparcían el más suave y delicioso aroma . . El sol se dejó ver al mismo tiempo y á su brillante luz vimos lucir un claro, abundante y bullicioso arroyo - que llamamos el |Naranjal-y en cuyas orillas fuimos á descansar.
"Pasamos todo el día siguiente en las chozas de algunos pescadores que vivían en la margen del riachuelo, y allí estuvimos encantados, admirando sin cesar aquel sitio deleitoso del cual no teníamos noticia.
" No aguardábamos con impaciencia á los cargueros que se habían quedado atrás en medio de la oscura montaña. Cuando fue preciso continuar marcha - el 30 de Octubre-fue con un suspiro que nos despedimos de aquel sitio delicioso.
" No bien salimos del |Valle de los naranjos, cuando nos acometieron de nuevo las mismas penalidades que habíamos sufrido antes por en medio de asperísimas montañas.
"El I.° de Noviembre pernoctamos en el valle de |Cáceres ( |3 ), al cual llegamos muertos de hambre, pero cuyas limpias y cultivadas colinas, los ganados que pacían en los prados nos alegraron el alma y formaban contraste con las espesas montañas que lo circundaban." ....
En aquel lugar les tenían preparadas bestias de silla y comestibles para que pudieran continuar el viaje con mayor comodidad. Pasaron la noche agradablemente en casa de un señor Romaña que allí vivía. El clima era fresco, el alojamiento un tanto civilizado ya; así fue que respiraron con delicia los ambientes saludables de que carecían hacía muchos meses.
Al día siguiente empezaron á bajar las faldas de la cordillera que se extiende hacia el valle del Cauca. A pesar de que el camino era fragoso y empinado, la hermosa vista que tenían por delante les hacía olvidar un tanto aquellas penalidades. Por entre las abras de la montaña podían ver aquí y allí el río Cauca y los bellos paisajes que le circundan.
Atravesaron el magnífico río Cauca, en un paso entonces casi salvaje y que hoy día se encuentra tachonado de plantaciones y de casas de campo y de labor. Se detuvieron en Tuluá, población en extremo pintoresca, situada á orillas de un río que lleva su mismo nombre; centro en la época de la conquista de la mansión de los indios |Pijaos.
Al día siguiente Acosta llegaba á Buga.
Pasó el resto del mes de Noviembre en comisiones repetidas entre Buga, Cali y Popayán. Estando en aquella ciudad recibió una comunicación del Vicepresidente, el cual lo llamaba á Bogotá.
A ruego de Cancino, que sentía mucho la separación de su lado del joven Acosta, permaneció algunos días más ayudándole á organizar la Comandancia militar del Departamento.
" El 2 de Diciembre - leemos en su Diario-salí de Popayán en compañía de mi arraigo el doctor Cuervo, Asesor del Departamento, que iba á Bogotá á asistir á la reunión del Senado.
" Cancino nos acompañó hasta el Puente del Cauca, en donde me despedí de él quizá por muchos años. Él ha sido para mí amigo adicto y constante y con quien he vivido siempre en la mayor armonía" ( |4 ).
Los viajeros continuaron marcha. Pasaron por los pueblos de Paniquitá y Sotorá sin detenerse. El 4 de Diciembre durmieron en un |tambo llamado |Gabriel Pérez, á la entrada del Páramo de Guanacas, el cual cuenta en aquel punto (según Codazzi) 3,518 metros sobre el nivel del mar. Al día siguiente atravesaron el Páramo sufriendo un frío intenso y por medio de huesos humanos, "los cuales-leemos en el Diario-forman por largo trecho un vasto cementerio que se extiende á uno y otro lado del camino. No pudimos menos que estremecernos al oír referir como han perecido allí inmenso número de gentes, casi todas ellas víctimas de su imprudencia, y cuya osamenta yacía insepulta en esos helados desiertos."
En el camino del Páramo se le reunieron muchos otros viajeros, pues todos procuraban buscar compañía para atravesar soledades tan peligrosas.
El día 6 durmieron en Inza, población indígena que hallaron desamparada por sus habitantes. Pasaron de largo por el caserío de Pedregal, también solitario y sin habitantes y orillando el caudaloso río de La Plata llegaron el 7 á la ciudad del mismo nombre ( |5 ).
En La Plata permanecieron los viajeros hasta el 13 del mismo mes, en que continuaron marcha. Después de atravesar varios caseríos abandonados con motivo de las recientes guerras entre peninsulares y americanos, llegaron el 15 á Purificación.
La población se hallaba de fiesta, pues aquella noche empezaban á celebrar solemnemente los aguinaldos. Al siguiente día atravesaron el río Magdalena y pernoctaron en Santa Rosa; el 18 llegaron á Portillo, y el 20 se detuvieron en Fontibón, en casa del cura. Acosta halló que este era un antiguo condiscípulo suyo-cuyo nombre no dice-y apesar de las instancias que les hizo para que pasaran allí la noche, siguieron camino hasta Bogotá, pues Acosta no veía la hora de volver á su casa.
A pesar de su deseo de ver á sus hermanas y á Domingo, mucha tristeza le causó encontrar en su hogar un lugar vacío: una de sus hermanas, Mariquita, había sido segada por la muerte en la flor de la edad, en Octubre de 1821.
Durante los tres años de ausencia de Bogotá, el joven militar había cambiado tanto que en un principio su familia no le reconoció. Las penalidades de una vida tan activa, en climas tan ardientes y malsanos, había tostado su tez, oscurecido su pelo y enronquecido su voz, recia y breve ya, como convenía á un militar.
Durante los años que Acosta había trabajado en pro de la patria en el valle del Cauca y el Chocó, sirviendo á la República con una abnegación tanto más meritoria cuanto que era más oculta y no podía ser apreciada debidamente, la obra de la Independencia se había afirmado.
Bolívar-desde principios de 1822- había dado libertad á Venezuela y barrido del Sur de Colombia los últimos destacamentos realistas que aún se encontraban allí. Además, se había logrado que la Gran Bretaña y los Estados Unidos ofrecieran reconocer próximamente la nueva República; promesa que la primera cumplió inmediatamente.
Empero, la obra de la Independencia no estaba completa al empezar el año de 1823: había fuerzas españolas en Maracaibo; los peninsulares eran dueños de la fortaleza de Puerto Cabello, y los realistas de Pasto se habían levantado en armas con tanto vigor y entusiasmo que Bolívar mismo no había logrado sofocar la insurrección antes de embarcarse para el Perú, en donde iba á hacerse cargo de la guerra contra España, en reemplazo del General San Martín, que se retiraba á la vida privada.
La carrera militar activa era el punto de mira de los jóvenes colombianos, y todos procuraban tomar su puesto entre los defensores de la patria; así fue que Acosta se vio obligado á aceptar con honda pena el empleo que le tenía reservado el General Santander en la Secretaría de Estado y de Guerra, adonde pasó como oficial segundo ( |6 ).
Instado por sus hermanas-que quedaban solas en Bogotá, pues Manuel vivía en Guaduas y Domingo preparaba viaje para Europa;-apremiado por el General Santander, que le aseguraba podía servir mejor á su patria en aquel destino que con las armas en la mano; estrechado por sus amigos que le manifestaban lo honroso que era aquel empleo; al fin convino en ello, aunque su destino le impediría dedicarse á una de las dos carreras que deseaba seguir, la militar y los estudios científicos. Procuró sin embargo continuar sus estudios sin abandonar el destino que desempeñaba con abnegación y actividad. Obtuvo que el Coronel de Ingenieros D. José Sanz le diera lecciones prácticas de ingeniería militar y matemáticas, y en sus ratos de ocio estudiaba asiduamente ciencias naturales, comprando para el caso todos los libros que podían hallarse entonces en Bogotá relativos á estos estudios.
Entretanto graves y trascendentales acontecimientos tenían lugar en la capital de la República. El Congreso de Colombia que debió de haberse reunido allí el 2 de Enero de 1823, no pudo hacerlo hasta Abril del mismo año por falta de |quórum. Los Diputados del Sur no pudieron llegar á tiempo impedidos por los desórdenes de Pasto, y por dificultades también habidas en Venezuela dejaron de asistir algunos Diputados de las Provincias venezolanas.
Mientras que se aguardaba la definitiva reunión del Congreso Constitucional libremente elegido por los pueblos que formaban aquella gran República, se agriaban los ánimos en Bogotá; revivían las viejas rencillas entre antiguos rivales; tomaba la prensa cartas en delicadísimas cuestiones personales y se preparaba una de las acusaciones más injustas que jamás se han hecho contra un patriota. Me refiero al General Nariño.
Hacía pocos meses que Nariño había llegado á Bogotá, minada su salud por los mil trabajos sufridos en campañas y prisiones por servir á su patria. Nombrado Senador, sus enemigos rehusaron darle asiento en aquel recinto, inventando para sacarle de allí una patraña y sacando á luz una antigua ley española ya olvidada. Mariño se defendió desde la barra con una elocuencia, una energía y una ciencia tan extraordinarias que pulverizó á sus enemigos. Estos no tuvieron entonces otra cosa qué contestarle, sino que no merecía el asiento en el Senado, porque había estado ausente del país flor su gusto. Por su gusto! Cuando los últimos años los había pasado preso en la carraca de Cádiz!
A esta última acusación contestó paciendo un resumen de su vida que dejó atónitos y mudos á los ingratos que así le perseguían.
"No se ha borrado todavía después de tantos años (escribía D. Mariano Ospina en 1849) la profunda impresión que en nuestro ánimo produjo la poderosa voz del decano de los Próceres de la Independencia.. . . Delante de él el Senado entero, conmovido, inclinó sus respetables canas; enternecidos todos, entusiasmados, derramaban lágrimas y batían las manos, y por unanimidad fue absuelto de los cargos que le habían hecho......"
Sin embargo, las enfermedades que le aquejaban no le permitieron gozar de su triunfo sobre los enemigos de su fama y de su mérito; tuvo que abandonar las labores públicas, retirarse al campo y después buscar auras más propicias en la villa de Leiva, en donde murió el 13 de Diciembre de aquel año.
Apenas había cumplido Nariño cincuenta y ocho años y hacía cerca de veintinueve que trabajaba para dar independencia á su patria. Parecía como si un sino maléfico le persiguiera siempre: jamás dejó de ser desgraciado en sus empresas y desafortunado en la guerra; á pesar de su abnegación, de sus talentos, de su grande instrucción y de la manera habilísima con que preparaba los planes políticos y de guerra, éstos pocas veces dejaron de fracasar.
A él debió de haber tocado, y no á Bolívar, dar definitiva libertad á la Nueva Granada; y si en 1814 no le traicionaran en Pasto, la obra de la Independencia hubiera sido suya; ésta entonces tomara otro giro, diferentes serían los hombres que figuraran en la política y se salvaran los grandes patriotas que fueron fusilados por los peninsulares en 1816. ¿Hubiera tenido así mejor éxito la Independencia ó peor? ¿Quién lo sabrá? Quizás se necesitaba el bautismo de sangre que regó la naciente Libertad para que la idea de separación de España fuera definitiva.
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1
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La que esto escribe no pudo hallar los originales de aquel Informe en la Biblioteca Nacional de Bogotá
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2
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La señora María Josefa Mallarino de Holguín, hermana y madre de dos de los hombres que más se distinguieron en Colombia en la política. |
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3
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No menciona este lugar el señor Felipe Pérez en su Geografía, como tampoco el Diccionario Geográfico de D. J. Esguerra lo nombra. |
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4
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Aquella amistad se conservó leal y sincera hasta la muerte del Coronel Cancino, ocurrida en 1843. |
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5
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Esta población, que se halla, en el Departamento del Tolima, fue en la primera época de la conquista española lugar muy rico con motivo de una famosa mina de plata que explotaban los indios en las inmediaciones. Como los vecinos indios andaquíes odiasen á los conquistadores los atacaron á deshoras, degollaron á todos los vecinos de la naciente ciudad, así como á los aborígenes que los servían y cegaron la entrada de las minas con tan buen éxito que jamás se volvieron á encontrar. A pesar de que se volvió á poblar el sitio, perdió desde entonces su riqueza y su importancia. |
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6
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He aquí el nombramiento:
"REPUBLICA DE COLOMBIA
Francisco de Paula Santander, Vicepresidente de la República, etc. etc. etc.
Atendiendo el mérito y aptitud del Capitán de Infantería Joaquín Acosta, he venido en nombrarle Oficial segundo de la Secretaría de Estado y del Despacho de Guerra, etc.
Dado, firmado á 23 de Diciembre de 1822, 12.° de la Independencia.
FRANCISCO DE P. SANTANDER."
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