INDICE




CAPITULO VI

OPERACIONES MILITARES EN EL VALLE DEL CAUCA.1820 Y 1821

Acosta llegó á Cali el 5 de Julio.

"Cali,-escribe en sus apuntes diarios-nueva Capitanía de la Provincia del Cauca, está situada en una explanada muy bella y posee ríos clarísimos y abundantes víveres. En sus huertos se dan excelentes frutas;. las riberas del río están sombreadas por altos cocoteros que le dan un aspecto oriental, ó al menos como las vistas de paisajes de Oriente que he solido ver" ( |1 ).

Inmediatamente fue á presentarse al Gobernador para darle parte de su frustrada comisión. El Coronel Cancino le recibió con señales de afecto y aprobó enteramente la manera como había cumplido sus órdenes en la isla de la Providencia.

No bien salió de la presencia del Gobernador, cuando e joven militar tuvo que retirarse á su posada, casi moribundo. Veinte días permaneció en cama, gravísimamente enfermo de fiebres palúdicas de muy mal carácter. Felizmente encontró asistencia y cuidados en casa del señor Tomás Ortiz, y le recetó con singular esmero ano de los prohombres del Cauca, el señor Manuel José Núñez. ( |2 ). Nombrado Teniente apenas se-repuso de su enfermedad, cuando marchó á incorporarse en su Batallón, el cual estaba de guarnición en Popayán.

Desde principios de julio, los independientes eran dueños de Popayán, ciudad que habían abandonado los realistas después de la batalla de Pitayó, ganada por el General Valdés sobre el Coronel Nicolás López.

Acosta llegó á Popayán el 31 de julio, en el momento en que las tropas estaban formadas en la plaza con el objeto de defenderla del enemigo, que se decía se acercaba á atacar la ciudad. Después de aguardar sobre las armas durante algunas horas, se supo que había "sido un falso rebato, y los soldados se retiraron á sus cuarteles.

El General Valdés le dio inmediatamente destino en la 2.a Compañía del |Batallón de Cazadores, y empezó á servir activamente en las marchas y contramarchas del Ejército.

El 8 de Agosto salió con su Batallón á una correría en los alrededores. Hallaron un destacamento realista atrincherado en |Las Piedras, al cual, después de un corto tiroteo, desalojaron, y avanzaron en su persecución hasta la Cuchilla del Tambo, sitio de triste recordación para los patriotas ( |3 ). Sin haber logrado tomar prisioneros, regresó el Batallón á Popayán, con gran cantidad de pertrechos que habían abandonado las fuerzas enemigas.

" Popayán-escribe en el Diario-está situada en el fondo de un valle muy fértil, que riega el río Cauca, á poca distancia de la población. Gozase allí de una temperatura deliciosa (18 grados centígrados, por término medio), y no solamente produce frutas muy dulces, sino que también lo son sus mujeres. Estas son bien parecidas, y su porte es en extremo señoril."

Empero, el General Valdés no estaba satisfecho con la población de Popayán. Su Ejército, mal disciplinado, se desmoralizaba en aquellas delicias de Capua. Sufría continuas bajas con la deserción de los soldados, y para evitarlo resolvió bajar al Valle del Cauca, en el cual, además, podría comunicarse más fácilmente con la capital, pues su posición allí era precaria y el enemigo se hallaba muy cerca.

El 21 de Agosto abandonó el Ejército la ciudad ( |4 ). Iba á su cabeza el General de Brigada Mirés. Valdés había partido adelante para preparar el paso de la tropa.

El historiador de la guerra de la Independencia, D. José Manuel Restrepo, critica á Valdés porque no atacó al Ejército realista en retirada. " Si Valdés, dice, persigue á los enemigos, la división española se hubiera dispersado por las enfermedades, por la falta de municiones y de recursos, y por la discordia que había cundido entre los jefes y Oficiales." Sin embargo, según parece por los documentos particulares encontrados después, los patriotas no estaban, absolutamente, en situación de entrar en campaña.

El primer día, después de la salida de Popayán, el batallón pernoctó en Piendamó; el 24 llegaron á Quilichao ( |5 ). Esta población ha cambiado de nombre varias veces, desde que la fundó el Conquistador Belalcázar en 1543. Este la llamó |Jamaica, pero como era aquel sitio el habitado por los indios |Quilichaos, recobró en breve su nombre indígena. Hoy, sin embargo, su nombre oficial es Santander. Estando allí el |Batallón de Cazadores de Cundinamarca, recibió orden para que se acantonase en la ciudad de Buga.

Púsose el Batallón en marcha inmediatamente.

Poco después de haber salido de Quilichao, tuvieron que atravesar á vado el caudaloso río Palo, sobre el cual hoy día se encuentra un magnífico puente colgante, construido por un ingeniero del país.

" Desde allí-escribe el Oficial patriota- empezamos á sentir la abundancia del Valle del Cauca; los soldados -comparándola con las escaseces de Popayán-se manifestaban satisfechos y contentos. Después del hambre y las vigilias, al fin podían comer y dormir tranquilos y sin alarmas."

No bien llegaron á Buga ( |6 ), los Oficiales y jefes se dedicaron sin descanso á ejercitar las tropas bisoñas que tenían á sus órdenes. A veces gastaban seis horas consecutivas en el ejercicio y enseñanza, y volvían á sus cuarteles fatigadísimos con aquella faena.

Durante los ratos que Acosta lograba robar á sus faenas cotidianas, se dedicaba al estudio. Un médico de Buga, el doctor Domínguez, hombre ilustrado y estudioso, que poseía una biblioteca bastante rica, le permitió hacer uso cíe ella. Así fue que mientras que sus compañeros de armas pasaban sus ocios entregados á las diversiones y en jugar el miserable sueldo que recibían del Gobierno, él veía correr las horas ocupado en estudios serios, que preparaban su espíritu para el cultivo de las Ciencias Naturales, á las cuales debería después dedicar su existencia.

Después de haber permanecido por algún tiempo en Buga, sus jefes quisieron aprovecharse de su actividad é inteligencia para encomendarle misiones de confianza á diferentes partes de la Provincia, las cuales cumplía siempre satisfactoriamente.

Así se pasaron los últimos meses de 1820.

Con frecuencia el joven militar pasaba algunas semanas en Cali, á donde tenía que dar cuenta de sus comisiones al Coronel Concha - Gobernador entonces de la Provincia del Cauca. Merced a la conducta enérgica, al patriotismo acrisolado de este militar, se mantuvo la Provincia firme bajo las banderas de la Independencia, á pesar de la proximidad de las tropas realistas.

La permanencia en Cali era en extremo agradable para Acosta; allí encontraba una sociedad selecta, y además cultivaba la amistad de algunos de sus compañeros de Colegio que se hallaban empleados en el Gobierno; pero esto no le impedía consagrar cada día varias horas al estudio y á la meditación solitaria de las bellezas de la naturaleza.

" Jamás-escribe el I.° de Enero de 1821 - ha sido el cielo de Cali tan bello como ahora! La primavera hermosea los campos y Flora derrama su perfumado aliento sobre esta hermosa ciudad! Cuántas veces á la luz de la luna clara y apacible me he recostado al pie del hermoso edificio de San Francisco, y dejándome llevar por el vuelo de mi pensamiento, he gozado de una tranquila hora de felicidad! Cual otro filósofo sobre las ruinas de Palmira, consideraba desde lejos las desgracias de los mortales, sin que nada terrestre parecía tocarme...... El viento sacudía suavemente las levantadas copas de las palmeras, produciendo aquella misteriosa armonía que Chateaubriand llama 'el lenguaje de las plantas'... Y mientras tanto, la luna plateaba los muros y la elevada torre del templo...... Así permanecía solo, callado, pero dichoso, hasta que me retiraba á mi aposento, en donde me entregaba al sueño, para ver en él reproducidas las fantasías que poblaban las meditaciones de la velada. ¡Horas de hondo y dulcísimo contento, pasasteis para no volver!..."

Entretanto el General Valdés, urgido por el Vicepresidente General Santander, había marchado al Sur, con parte de la División que comandaba. Lo que deseaba el Gobierno era que los independientes atravesasen el Juanambú antes de que llegasen los comisionados oficiales con los Tratados celebrados entre el General Morillo y el Libertador en la Convención de Santa Ana.

Pero desgraciadamente los republicanos ignoraban la situación ventajosa en que estaban los realistas, los cuales, dueños de las alturas que dominan el peligroso paso de Jenoy, pudieron no solamente defenderse, sino destruir casi por completo el batallón |Albión - compuesto de ciudadanos ingleses-y el de |Guías de Apure - que habían peleado como leones durante toda la campana. En aquellos tenebrosos desfiladeros perecieron ciento ochenta soldados y veinte Oficiales de lo más granado del Ejército. Entre éstos murieron dos amigos íntimos de Acosta, el Capitán Isidoro Ricaurte, su compañero de estudios, y un joven Gutiérrez, su amigo predilecto.

Enviado Acosta con un destacamento á Las Juntas á recoger los efectos de guerra que allí había, manifiéstase hondamente impresionado con aquel descalabro sufrido por las fuerzas independientes.

" 28 de Febrero de 1821.

"Emprendí mi viaje, por orden del Gobernador, sumido en la más profunda melancolía. Subiendo por la colina de San Antonio, que domina la ciudad de Cali hacia el Poniente, llegué, hacia las dos de la tarde á la hacienda del mismo nombre. Halléla triste, solitaria, abandonada, como tantas otras, por motivos de la guerra. Mientras se buscaban caballerías, pues las nuestras se habían cansado ya, yo me senté aparte á meditar tristemente en los acontecimientos políticos ocurridos últimamente, y también en los particulares. ¡Jamás había pasado un día tan tenebroso! Todo lo veía negro, desconsolador y tan triste, que no alcanzaba á vislumbrar la más leve esperanza de mejorar de suerte..."

Una vez cumplida su comisión, regresó á Cali el mismo día en que aquella ciudad recibía al General Sucre, que iba á encargarse del Ejército del Sur. Con él llegaban los comisionados que iban á anunciar el armisticio de Santa Ana, lo cual fue de gran consuelo á los patriotas, puesto que aquello impediría que los realistas los atacasen por el momento, y tendrían tiempo de rehacerse.

La población de Cali recibió á Sucre con grandes señales de regocijo; diéronle varios bailes, " á pesar de estar en Cuaresma - dice Acosta-y ser aquella gente muy piadosa."

El Ejército del Sur se componía apenas de los restos de las tropas que se habían escapado después de la acción de Jenoy; formábanla sólo 586 hombres armados en parte con 314 fusiles.

Sucre entonces estaba en la flor de su edad: no había cumplido aún treinta y un años; era tan gallardo como amable, y tan valiente como cortés. Con este motivo, en breve se ganó todos los corazones caucanos, y durante su permanencia en Cali se granjeó las simpatías de toda la población. Y no solamente se hizo aceptar con entusiasmo por los patriotas, los cuales le ofrecieron recursos, sino que hasta los realistas se reconciliaron con la causa que él defendía. Además, por medio de cartas aplacó los ánimos de los enemigos, dirigiéndoselas muy conciliadoras al Obispo de Popayán, el cual había partido con los Ejércitos realistas y estaba en Pasto ( |7 ), y al jefe de las fuerzas españolas D. Basilio García, de quien obtuvo lo que le pidió.

Al cabo de pocos días, Sucre había logrado reunir mil hombres, los cuales juzgó que le bastarían para defender á Guayaquil de los ataques de los realistas, pues esta ciudad no quedaba comprendida en el armisticio tratado entre Bolívar y Morillo.

Tocó á Acosta mandar la escolta de honor que debería acompañar á Sucre hasta Buenaventura. Salieron de Cali el 22 de Marzo.

" La marcha -leemos en el Diario-fue algo divertida. Iba en el Ejército una señorita de Chile, que regresaba á su patria, y todos los Oficiales, á porfía, tratábamos de hacerla agradable su viaje por estos despoblados y despeñaderos.

" 27 de Marzo.

" Nos embarcamos en el Dagua con el General. Es éste un pequeño y tormentoso río, que parece una prolongada cascada; de suerte que las canoas que suben y bajan van arrastradas por en medio de un lecho de piedras, á impulsos de los esfuerzos de los bogas...

" En el puerto desembarcamos, pasamos á otras embarcaciones, y continuamos hasta el Saltico, en donde pernoctamos.

"29.

"Dormimos anoche en las Bodegas, y hoy llegamos al pueblo de La Cruz, que está situado sobre la orilla izquierda del río. Apenas se compone de unas pocas casas abandonadas. De aquí en adelante podemos navegar con mayores facilidades...

"Al llegar frente á la isla del Cascajal, tuvimos que detenernos. El mar estaba muy alto y no. se podía atravesar en canoa. Viónos uno de los tres buques que estaban fondeados en el puerto, y nos llevó hasta la incipiente población que se empieza á levantar en la Isla, y que cuenta una docena de casas y tambos.

" Esta bahía, que es muy segura, es capaz de abrigar una escuadra. Estaban allí tres embarcaciones, á saber: el bergantín |Ana Bolívar, la corbeta |Emperador Alejandro y una goleta mercante."

Ese mismo día Sucre fue convidado á un banquete á bordo de la goleta, y Acosta le acompañó con otros Oficiales del Ejército.

El 4 de Abril, Sucre se embarcó en el bergantín de guerra, con parte de la tropa que llevaba consigo, dejando la restante para que fuese en la goleta que se estaba aparejando para darse á la vela con dirección á Guayaquil.

 

" De buena gana-dice Acosta-hubiera acompañado al General Sucre á Guayaquil, pero soy militar y tengo que someterme á la disciplina, obedecer las órdenes superiores á todo trance."

Durante los pocos días que permaneció en aquel lugar, todo el tiempo que no ocupaba en sus deberes militares lo pasaba en la corbeta, en donde el Capitán poseía una pequeña librería, y éste le permitía permanecer algunos ratos entregado á la lectura, su pasión y único pasatiempo.

Una vez que por orden del Gobernador hubo entregado al Delegado del General Sucre la polvera, los vestuarios y algunos elementos de guerra que poseía allí el Gobierno, Acosta se apresuró á regresar á Cali, en donde debería ponerse á las órdenes del Coronel Cancino, para regresar al Chocó.

Como Cancino no estuviese en Cali, fue á buscarle á Buga. Allí éste le dio parte de que había sido nombrado Comandante General de Artillería en Guayaquil, y que Acosta debería partir con él, pues no quería separarse de su joven amigo. Sin embargo, antes de ponerse en marcha dio órdenes á Acosta para que fuese á cumplir una comisión importante y de confianza en Quibdó. Debería pasar por Buenaventura, en donde buscaría medios seguros para enviar ciertos pliegos que el General Sucre debía recibir lo más pronto posible.

Semejante noticia llenó de contento al joven militar, que ansiaba encontrarse en el foco de la guerra; así fue que se puso en marcha sin detenerse, llevando en el corazón la halagüeña esperanza de ir á combatir en Guayaquil, en lugar de pasar su vida cumpliendo oscuras comisionas en aquellas soledades y despoblados.

A fines de Mayo bajó nuevamente el Dagua, llegó á Buenaventura, cumplió su delicada comisión, buscó las bocas del San Juan y empezó á subir la corriente de ese río. Era la peor época del año para hacer aquel viaje, y tuvo que sufrir á la intemperie lluvias incesantes de noche; ardientísimo sol de día, y otras veces las crecientes repentinas de los ríos tributarios del San Juan lo ponían en peligro de zozobrar. En medio de todo era preciso luchar con la mala índole de los semisalvajes bogas, que solían desaparecer de la noche á la mañana, y con la plaga de zancudos y mosquitos y demás penalidades de aquellos climas enemigos del hombre.

El 21 de junio llegó al fin á Quibdó. Esta población había cambiado de aspecto totalmente en el último año, y la encontró notablemente mejorada. Varios comerciantes de Jamaica habían establecido fuertes casas de comercio en aquel lugar, por el cual se introducían mercancías al Valle del Cauca. Ya los extranjeros llevaban allí comodidades de las cuales hasta entonces los habitantes del país no tenían noticia, y además procuraban distraerse lo mejor posible dando bailes, paseos y banquetes, con la mayor frecuencia. Durante los veinte días que permaneció aquella vez el joven Teniente en Quibdó, no hubo una sola noche en que no asistiese á algún baile ó tertulia. Semejantes costumbres eran muy diferentes, por cierto, á la inercia y al retraimiento de sus habitantes cuando visitó la población la vez primera.

El objeto que llevaba Acosta á Quibdó era examinar los proyectos que había para establecer comunicación directa-por medio de un canal - entre el Océano Pacífico y el Atlántico. Este debería abrirse por San Pablo para unir las corrientes de los ríos Atrato y San Juan. Acosta encontró allí un ingeniero inglés, que no tuvo inconveniente en tomar la empresa á su cargo, y juntos estuvieron examinando el terreno por donde se creía que se podría abrir el canal.

Según el geógrafo Codazzi, el istmo de San Pablo apenas mide 6,133 metros de largo, y el canal sería de facilísima construcción por medio de represas hábilmente construidas.

Desgraciadamente, como sucede siempre entre nosotros, el Gobernador del Chocó que reemplazó al Coronel Cancino, no tomó interés en esa importante vía de comunicación, y abandonó la empresa. Sin embargo, los trabajos empezados entonces dieron lugar á que se abriese un pequeño canal, que llamaron de |Raspadura, el cual, á pesar de estar obstruido en gran parte, sirve para que por él pasen embarcaciones pequeñas.

Quibdó había cambiado ciertamente en todo, pero Acosta anhelaba salir de allí para pasar á Buenaventura, en donde había quedado de aguardarle Cancino para seguir juntos á Guayaquil á tomar parte en la guerra. Activó, pues, en lo posible, los trabajos que le habían encomendado, y el 10 de julio se puso en marcha con dirección á Buenaventura. Se detuvo en Nóvita á cumplir una comisión; bajó de nuevo el San Juan; salió al mar, y con recio temporal abordó la isla del Cascajal, en donde empezaba á formarse la población llamada hoy de Buenaventura.

Con el Teniente Muñoz (sin duda José Antonio) ( |8 ) estuvo allí veinte días esperando la llegada del Coronel Cancino y haciendo gloriosos planes para lo porvenir. Al fin recibió una misión de su jefe, quien le ordenaba que dejase allí su equipaje y se volviese inmediatamente á Cali, en donde Cancino ejercía interinamente la Gobernación de la Provincia del Cauca.

Todo el mes de Agosto y la mayor parte del de Septiembre lo ocupó Acosta sirviendo en diferentes distritos del Valle del Cauca; conduciendo tropas de uno á otro lugar; disciplinando reclutas y preparando alojamientos para los soldados que enviaba el Gobierno al Ecuador. Aguardaban las últimas órdenes del Vicepresidente para ponerse en marcha con Cancino cuando este último recibió una orden apremiante para que se hiciese cargo de nuevo de la Gobernación del Chocó, y al mismo tiempo se mandaba al joven Acosta que tomase á su cargo el empleo de Secretario de dicha Gobernación.

Semejante nombramiento, halagador y honorífico para un joven de 22 años, produjo en éste grandísima pena. Laméntase en su Diario de semejante contratiempo. Veía se obligado á renunciar á las glorias militares con que había soñado, para servir oscuramente en un cargo civil, sufriendo penalidades mucho mayores en el Chocó, que las que padecerían sus compañeros de armasen la ardua campaña del Sur.

Antes de salir de Buga, en donde se hallaba, asistió á una ceremonia muy interesante. Hacía un año que tenía á su servicio un indio de la raza |cuna al cual había enseñado las verdades de la religión cristiana. Convertido al fin había pedido que lo bautizasen. Con aquel motivo los bugueños quisieron que la ceremonia fuese lo más solemne posible, y obsequiaron al joven Teniente con dos días de paseo y concurridos bailes.

"Las damas de Buga, escribe, se manifestaron como siempre superiores en educación y hermosura á las demás del Valle."

Catorce días gastó el Gobernador en el viaje de Cali á Quibdó. Durante éste, Cancino y su Secretario sufrieron las penalidades propias de aquellos climas maléficos; lluvia incesante y tempestades que no los dejaban dormir de noche y les impedían el paso de día; ríos desbordados, caminos intransitables y peligros incesantes en medio de cerradas montañas y desiertos.

 

1
Hoy día Cali es la más adelantada población del Departamento del Cauca. He aquí una descripción hecha hace pocos años por el señor Luciano River Garrido:
"En su conjunto, Cali presenta el aspecto de una verdadera ciudad, á lo que contribuyen poderosamente los elevados muros y cúpulas de algunos de sus templos, la regularidad de sus habi taciones, cómodas y espaciosas general vente, la rectitud y el aseo de las calles, más extensas de Oeste á Este que de Norte á Sur, y el hermoso puente de mampostería, con nueve arcos, que decora el bellísimo río. Vista á distancia, siempre he encontrado á Cali macha semejanza con la linde ciudad de Padua, en Italia; si bien guardadas las respectivas proporciones por lo que respecta á la extensión del poblado y á la magnitud de los edificios, más considerables en la ciudad de Italia.
" Vista de la colina de San Antonio ó de cualquiera de las alturas que dominan la ciudad por el Poniente, Cali ofrece á las miradas que la contemplan, uno de los más bellos cuadros que pueden existir en el mundo entero. En primer término se muestra la ciudad, edificada en suave pendiente, con calles rectas, plazas espaciosas y coronada por las elegantes cúpulas y azoteas de algunos de sus templos, cortejados, como las mezquitas de Oriente, por palmas seculares y arboledas espesas que dan sombra y frescura á las habitaciones. Hacia la izquierda rueda sonoro el tumultuoso río, deliciosa corriente de cristal líquido, que desliza sus retozonas ondas entre praderas de un verde tierno, protegidas del sol por corpulentas ceibas; al rededor se extienden campiñas risueñas, realzadas por casitas y labranzas, y divididas por cercas de guaduas (bambúes), que señalan los términos de las diversas heredades, algunas de las cuales son quintas valiosas; del lado de Occidente levántanse orgullosos los formidables Farallones, colosal muralla de bronceado granito, inaccesible casi á las pisadas del hombre; y en lontananza, hacia el Norte, hacia el Sur, hacia el Oriente, dilatase anchuroso todo el alto Valle, con sus espléndidas llanuras, sus bosques apiñados, las cintas de plata de sus ríos y los brillantes espejos de sus lagos. En inmenso círculo, las dos cordilleras gigantes parecen ceñir con amoroso abrazo esa comarca. privilegiada; y ya muestran aquí sus lomas salpicadas de manchas rojas, indicio seguro de la existencia del hierro; ya despliegan allá el lujoso ropaje de terciopelo que reviste sus flancos; ya se empinan audaces hasta el cielo como si pretendieran tocar la cristalina esferas que, cual solio divino hecho de azul y rosa, sirve de eterna cúpula á este santuario primoroso de la naturaleza americana."
( |Algo sobre el Valle del Cauca-Impresiones y Recuerdos, página 39).
2
Deseosa la que esto escribe que no se olviden los patriotas que trabajaron en formar la República de Colombia, siempre procurará dar alguna noticia, más ó menos detallada, de las personas que sirvieron en la causa de la Independencia. Permítasele recordar aquí que el doctor Manuel José Núñez consagró su existencia á la patria, sirviéndole con su propio peculio, enviando á dos de sus hijos á Quito, para que tomasen las armas en los Ejércitos patriotas; los cuales, en lugar de recibir sueldo del Gobierno, se sostuvieron durante toda la campaña con los recursos que les enviaba, su padre desde Cali. Otro de sus hijos, Tomás, se hizo notable en las Cámaras Legislativas por sus talentos y palabra elocuente. Desgraciadamente, éste murió muy joven, en 1836.
3
Aquí mismo, cuatro años antes-el 29 de Junio de 1816 - Sámano batió á los independientes, y éstos se vieron definitivamente desbaratados por los realistas.
4
El Coronel-después General - Manuel A. López-en sus |Recuerdos Históricos, dice que partieron el 16 de Agosto; pero es más natural que Acosta, que llevaba Diario, apuntara la fecha con mayor exactitud.
5
"Hállase situado |Quilichao ( |tierra de oro en el dialecto de los indígenas de la comarca) en una posición ventajosa, á la entrada del Valle del Cauca por el lado del Sur, no lejos del río Cauca, cuyas feraces vegas son afamadas por la excelencia del cacao y del plátano que en ellas se produce, particularmente en los sitios denominados |Quintero y |La Bolsa. Por su aspecto material, si bien ha mejorado en los últimos años, es inferior, con mucho, á Cali, Buga, Palmira y Cartago.... El suelo del Municipio abunda en oro de elevados quilates; y si este precioso metal pudiera ser extraído por medio de procedimientos científicos, no hay duda de que aquello produciría en la comarca un movimiento comercial activo, etc."
(Véase Rivera, obra citada antes).
6
"Esta población fue fundada por el Capitán español D. Domingo Lozano, á fines del siglo XVI. Demora á orillas del rumoroso y cristalino Guadalajara, en una vasta llanura, á corta distancia del río Cauca, y en la parte más angosta del Valle.... La población, de teja en su totalidad, ocupa un área considerable, y cuenta con siete templos, desprovistos de mérito arquitectónico. Capital de uno de los Municipios más considerables del Estado (Departamento hoy) del Cauca, relativamente rica y poblada, la ciudad de Buga podría ser una población mucho más importante y adelantada, como que cuenta con medios suficientes para ello; pero sus hijos se interesan tan poco por el mejoramiento y progresos positivos de su terruño, que apenas si encontrarían leve diferencia en él sus abuelos, si dado les fuera levantarse de sus tumbas; ni uno solo erraría el camino de su antigua morada, y tibio aún hallaría el rincón que ocupó en vida. Salvo reformas de muy limitada significación en lo material, Buga continúa siendo la ciudad de Lozano, su fundador, la ciudad del siglo XVI, con todas las ideas añejas de aquellos remotísimos tiempos, y la fisonomía ceñuda é intransigente de una |dueña española de la Edad Media." (Rivera, obra citada antes).
7
El Ilustrísimo Salvador Jiménez de Enciso, Obispo de Popayán, se había retirado de su grey, urgido por los realistas, que le habían hecho creer que los independientes eran unos tigres que le maltratarían. Las palabras respetuosas que le dirigió el General Sucre le hicieron comprender su falta, y en breve regresó á Popayán, en donde fue recibido con el respeto que merecía, á pesar de las excomuniones que había fulminado contra los patriotas.
8
Era este militar oriundo de Mompós. se enroló dude muy joven en los ejércitos independientes. Hallábase entonos en Buenaventura, de regreso de Chile, adonde había ido en comisión á traer algunas embarcaciones que sirvieron para transportar las tropas de ese puerto á Guayaquil. Después de una, vida bastante agitada murió, con el grado de Coronel (en Bogotá), en 1853.

 

anterior | índice | siguiente