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CAPITULO V

 

EXPEDICIÓN A LA ISLA DE LA PROVIDENCIA 1820

A pesar del triunfo obtenido por el entonces Comandante José María Córdoba en Chorros Blancos, de la ruina de la escuadrilla española ejecutada por el Comandante Maíz, del Coronel Mantilla y otros patriotas, con lo cual quedó libre todo el Alto Magdalena, á pesar del buen éxito de la defensa de Murrí, la causa de la Independencia tenía mucho que temer de los realistas, y carecía de recursos y de armas. El Coronel Cancino había enviado á Chile un buque con el Capitán Antonio Muñoz con pliegos del Vicepresidente de Cundinamarca, haciendo presente al Gobierno de Chile la necesidad de que le vendiese el armamento que con urgencia se necesitaba para arrojar á los españoles del territorio colombiano.

Al mismo tiempo Cancino deseaba enviar á la isla de la Providencia algún mensajero inteligente y de su entera confianza para que conferenciase con el llamado Almirante Aury, que debería hallarse á la sazón en aquella Isla, la única en el mar de las Antillas que no estuviese en favor de los españoles. Con motivo de la conducta enérgica que el joven Acosta había tenido en el sostenimiento de Murrí y de la actividad é inteligencia que había manifestado desde que se hallaba á sus órdenes, resolvió nombrar á éste para que desempeñase tan delicada misión ( |1 ).

Acosta se puso en marcha casi inmediatamente, llevando muy pocos recursos y víveres en la canoa que le sirvió de vehículo para transportarle por el Atrato abajo hasta el golfo de Urabá.

Sin más novedad que las naturales en aquel clima de fuego, y recorriendo con dos indígenas las soledades de las riberas entonces completamente salvajes del Atrato, el 20 del mismo mes llegó á las bocas de ese inmenso, caudaloso é imponente río. Allí encontró un mensajero que había mandado adelante para que le diese aviso de la situación de los españoles en el golfo de Urabá. Este le dijo que el Capitán Varela ( |2 ), que anclaba por allí en misión del Gobierno, le aguardaba en la bahía del Limón (hoy Colón) para darle razón circunstanciada de las operaciones del enemigo, y proporcionarle barco para atravesar el mar y víveres suficientes para que pudiese seguir hasta la Providencia.

Continuaron marcha por las orillas del Golfo navegando toda la noche, hasta que á la madrugada llegaron á un caserío de indígenas. Los bogas se resistieron á seguir adelante sin llevar consigo víveres. Atracaron en aquel punto y se internaron en el vecino bosque con el objeto de cazar y de verse con la tribu indígena que vivía adentro de la tierra, en donde dijeron que encontrarían recursos.

A las pocas horas volvieron los cazadores con un pequeño jabalí y una perdiz que habían matado. Pero, á pesar de esos víveres, los bocas resolvieron quedarse allí dos días en negocios propios, sin que Acosta pudiese obligarles á continuar marcha. Mientras tanto el impaciente oficial no quiso perder tiempo y se ocupó-dice en su Diario-en estudiar las costumbres y la lengua de los indios que habitaban aquel territorio. "La lengua de los indios |cunas - escribe en sus apuntes- es muy armoniosa, aunque pobre. Esta tribu se manifiesta muy decidida por la causa de la patria. Comercia con los ingleses, cambiando carey y cacao por vestidos, cuentas y escopetas. Cada indio posee su arma de fuego y la sabe manejar. Las mujeres son bien parecidas y se adornan con cuentas de colores. No tienen Magistrados, sino que los ancianos juzgan, condenan y castigan á los delincuentes. Son muy humanos con los amigos, pero manifiestan un odio mortal á los españoles. A mí me saludaron llamándome hermano. Los hombres se visten con camisas y calzones que cambian por carey y otros productos que venden á los ingleses............" ( |3 ).

En este punto hay algunas páginas del Diario completamente ilegibles, borradas por el agua del mar y desteñidas por el tiempo.

En otro cuaderno continúa el Diario desde el día en que avistó la isla de la Providencia, á las cuatro de la tarde del día once de Marzo.

Esa tarde no pudieron saltar á tierra por estar la Isla rodeada de escollos y ser muy peligroso el arribo á aquella hora. Tuvieron que hacerse á la mar afuera, y no fue hasta el día siguiente después de medio día que al fin logró desembarcar.

El Almirante Aury ( |4 ) le recibió muy bien, le llevó á su casa, le agasajó lo mejor que pudo, y esa noche dio un baile para celebrar las noticias que llevaba de los triunfos obtenidos por los independientes sobre los realistas.

"La isla de Providencia-escribe Acosta-está rodeada de escollos, salvo en dos pequeños canales; el uno por donde se entra á la bahía, y el otro que sirve para que los barcos penetren á hacer agua en un riachuelo, pero ambos necesitan práctico. La Isla mide 20 millas en circunferencia y es muy árida. Produce, empero, algodón, cocos y café. Antiguamente apenas tenía tres plantaciones, pero desde que los corsarios la hicieron su cuartel general ha aumentado mucho su población y hoy se encuentra fortificada" ( |5 ).

Entretanto que Aury meditaba en la propuesta que le mandaba hacer el Gobernador del Chocó, el Corregidor de la Isla, llamado Mr. Livingston, y los capitanes de los catorce buques de guerra, corsarios todos, que se hallaban surtos en el puerto, hacían mil atenciones y obsequios al militar independiente.

Viendo que se pasaban los días y el Almirante Aury no daba trazas de contestará las instancias de Acosta, éste le pidió una respuesta categórica y clara, á la cual el otro le hacía promesas y le detenía uno y otro día, defiriendo para el siguiente los auxilios ofrecidos. Sin embargo, desengañado al fin y sin haber obtenido otra cosa que no fueran promesas vagas en cambio de los privilegios que pedía al Gobierno, resolvió regresar al Chocó y arregló su pasaje con el dueño de una goleta-Mr. J. Cohen-que comerciaba con las costas del golfo de Urabá.

Se hicieron á la vela el 16 de Mayo.

"Mr. Cohen -escribe- llevaba un cargamento de mercancías á la costa de San Blas, en donde trocaba los géneros europeos por las producciones naturales del país."

..."Presencié-dice más lejos - el cambio de mercancías, y fui testigo de la buena fe de los indios. El negociante entrega sus mercancías á dos ó tres indios, diciéndoles apenas el precio de ellas. Estos las reparten inmediatamente á sus compañeros según las necesidades de cada uno. El buque se marcha en seguida y vuelve un mes después (esto se Nace casi siempre en el mes de Mayo, por ser la época de la pesca de la tortuga de carey) y ya están los indios aguardando para entregar fielmente el precio estipulado.

"El día que llegamos se recibió en aquella Costa un despacho del Gobernador del Chocó, nombrando al Cacique Cuipana, Gobernador general de todos los indígenas del Darién. El Cacique era un anciano muy respetable, y yo me propuse, ayudado por Mr. Cohen, secundar las miras del Gobierno, quien deseaba ganarse las simpatías de aquellos indígenas. Con ese objeto, era preciso hacerle reconocer con la mayor pompa posible.

"Convocamos solemnemente á todas las tribus vecinas; izamos el pabellón nacional; se hicieron descargas de artillería; se les leyó el despacho del Gobernador y una proclama; y por último, para que la fiesta concluyera alegremente, Mr.. Cohen les regaló una damajuana de ron.

"El Cacique recibió el bastón, símbolo de mando, con muchas señales de aprecio, y sus súbditos estuvieron disparando tiros hasta las diez de la noche."

Al siguiente día de aquella fiesta Acosta se despidió del Capitán Cohen, muy agradecido con el trato que había recibido á bordo de su buque, "en donde -dice-estaba alojado como un príncipe." Tan mal lo había pasado en los últimos meses, que le parecía regía la vida que llevó en una miserable goleta mercante!

Entretanto que los indígenas convertían un grueso tronco de árbol en una canoa, la cual debería servirle para remontar el Atrato, él se entretenía en visitar los pueblos de indios circunvecinos, haciéndoles preguntas acerca de su lengua, de sus creencias y de sus costumbres, y yendo con ellos á caza en el interior de la montaña.

"Los alimentos de aquellos indígenas-escribe en sus apuntamientos-consisten principalmente en una masa molida de plátano maduro con maíz cocido, lo cual deslíen en agua cuando tienen hambre y pueden llevarlo fácilmente en sus excursiones. En las bocas del Atrato abunda tanto el pescado que los bogas ponían la olla al fuego antes de tener nada que echar dentro. Pero mientras que se calentaba el agua arrojaban el anzuelo al río y en el acto sacaban los peces que se necesitaban para los circunstantes, sin que jamás faltase alimento abundante."

Empezó á navegar Atrato arriba el 30 de Mayo. El invierno - ó estación lluviosa-se desencadenó sobre aquellas regiones con una fuerza como no se experimenta en ninguna otra parte del globo. En la travesía para ir á buscar una de las bocas del Atrato estuvo á punto de zozobrar; la canoa fue atacada por una fuerte borrasca, á cuyos golpes se consumió á medias; los bogas perdieron los remos y el timón se descompuso. Merced á la pericia y sangre fría de aquellos hombres enseñados á semejantes aventuras, lograron, sin embargo, arrimar á la costa y atar la canoa contra una roca, mientras que pasaba la mayor violencia de la tempestad.

El Atrato nace en la Cordillera Occidental, á grande altura sobre el nivel del mar. Al bajar á la parte llana del Chocó va recibiendo caudalosos ríos, cuya cantidad de aguas crece sin cesar y se convierte en uno de los ríos más grandes de la América del Sur. De los sesenta, y seis miriámetros que recorre este río, sólo en los primeros ocho no se puede navegar. Hoy lo surcan hermosos vapores que suben fácilmente la corriente del río.

No bien empezaron á subir el Atrato, cuando experimentó los más terribles sufrimientos, causados por la estación: de día el calor era sofocante, que no refrescaban las tormentas nocturnas. No bien oscurecía, cuando él cielo parecía venirse abajo con la lluvia que descargaban las nubes; al mismo tiempo el viento, los continuos rayos y descargas eléctricas no le dejaban dormir, ni tampoco se lo hubieran permitido los zancudos que le rodeaban. Para no ser devorados por estos insectos abominables, no podían detenerse en las orillas, y á pesar del temporal era preciso continuar marcha sin descanso.

"Las riberas del Atrato -escribe-son desapacibles en la parte baja, y no se oye allí sino el canto fúnebre de los monos; el desagradable silbido del alcatraz; el monótono caer de los aguaceros sobre las ramas de los árboles; el zumbido de los insectos; el estridente grito de los rayos y el sordo retumbar de los truenos...

"Llegamos á la Vigía el 4 de Junio en medio de una terrible tormenta. Después de cinco noches en claro sin haber dormido absolutamente nada, cuando comprendí que podría descansar algunas horas me sentí feliz. Sin embargo, en aquel lugar no había comodidad sino para permanecer algunas horas, y mientras que conseguía una canoa para continuar mi viaje me trasladé al caserío de Murindó. Los indios que venían acompañándome desde el Golfo de Urabá no quisieron seguir y resolvieron devolverse.

"Murindó dista cuatro leguas de la Vigía, y, como todas las poblaciones del Chocó, es en extremo miserable. Se halla situada sobre la margen de un río de su mismo nombre; sus habitantes tienen crías de cerdos, algún ganado vacuno y plantaciones de caña de azúcar y platanares."

Dos días después de haber salido de Murindó llegó á Murrí. Allí encontró conocidos y amigos, y con alguna comodidad continuó viaje hasta Quibdó. En aquel lugar le aguardaban órdenes del Gobernador Cancino para que fuese al valle del Cauca á darle parte de su comisión. Al mismo tiempo recibió cartas de su familia, periódicos y le dieron noticia de las ocurrencias políticas. en los últimos meses. Supo, pues, que desde el 12 de Febrero la mayor parte de la provincia de Antioquia estaba libre, gracias al valor de los patriotas; que el Libertador había regresado á Bogotá en el mes de Marzo y allí, durante los diez y ocho días que permaneció, había alcanzado, con su maravillosa actividad, á organizar las fuerzas que deberían obrar contra los realistas en Nueva Granada.

Pero al mismo tiempo se tenía noticia cierta de que. Morillo, á la cabeza de 14,000 hombres perfectamente armados y municionados, se había apoderado en Venezuela de las mejores posiciones; en tanto que Bolívar no poseía pertrechos de guerra y no tenía de su parte sino el entusiasmo, la audacia y el amor de sus tropas.

Afligíanse los patriotas de la situación de Cartagena en manos de los realistas, y de las hostilidades del General Calzada, que era dueño de todo el Sur de la provincia del Cauca. El estado político de la naciente República era en extremo peligroso; y para vencer era preciso que toda la Nación hiciese un esfuerzo constante y simultáneo, y que todos los ciudadanos cooperasen por su parte en la obra redentora.

El día 17 de junio Acosta se embarcó en el Atrato, y al llegar á las bocas del río Quito siguió por éste, le subió durante tres días, atravesó el istmo llamado de San Pablo, que sólo mide poco más de cinco miriámetros y se embarcó en el río San Juan, magnífica corriente de caudalosas aguas que se arroja en el Océano Pacífico por siete bocas.

"El San Juan-leemos en el Diario que venimos examinando-después del Atrato, es el río más grande de estas provincias. Ambos nacen en la misma Cordillera, divídense después, y el uno riega ó más bien inunda la provincia del Citará y va á arrojarse en el Atlántico, mientras que el San Juan corre y fertiliza la provincia de Nóvita para ir á desembocar en el Pacífico. Las riberas de este último río son generalmente más risueñas y menos monótonas que las del Atrato.

"Pasamos por Noánama, población que apenas cuenta cuarenta casas y se compone de indios, zambos y mulatos. Era ese el sitio en que habitaban los antiguos noánamos, cuyos restos aún se conservan. Allí me detuve para oír misa apenas, y después continué mi navegación río abajo."

Al llegar al río Calima, abandonó el curso del San Juan para subir por ese río; siguió después por tierra hasta el extremo de la bahía de Buenaventura, entonces despoblada, pues la actual ciudad no se fundó hasta 1821.

Atravesó la silenciosa y entonces montuosa y salvaje bahía, buscó el río Dagua y empezó á subir por ese río. Aquella navegación, que es una de las más peligrosas del mundo, con motivo de los saltos, remolinos y violentísima corriente, la hizo, sin embargo, Acosta sin descansar día y noche. Llegó el 25 de junio á las juntas, en la confluencia del Dagua con el Pepita, en donde descansó algunas horas.

Durante los últimos días de viaje le habían acometido fiebres que le quitaban las fuerzas y aun el sentido durante horas. A pesar de sus sufrimientos resolvió continuar su marcha, para lo cual llevó consigo mulas y cargueros. Cuando le acometía la fuerza de la fiebre se hacía cargar y al pasar el acceso montaba nuevamente; así fue que no perdió tiempo y en breve llegó al valle del Cauca.

Veamos el Diario:

"A medida que penetraba en el valle del Cauca y dejaba atrás los climas ardientes, me sentía revivir. El aspecto de las llanuras limpias de selvas y las risueñas campiñas de tendidos pensiles me llenaba de íntimo gozo. Después de haber permanecido seis meses consecutivos en medio de bosques espesos, sin ver otra cosa que peñascos salvajes, torrentes desbordados, animales silvestres, insectos dañinos, rodeado de negros y de indios montaraces y viviendo siempre en climas ardientísimos, la vista de aquellos terrenos cultivados; el oír el mugir de las vacas que pacían tranquilamente en los floridos prados; la contemplación de las casas pintorescas habitadas por gente vestida y un tanto civilizada, y la esperanza de llegar pronto á lugares más propicios, todo esto junto produjo en mi alma agradabilísimas sensaciones."

En un lugar llamado Porquera encontró un sargento y dos soldados que enviaba el Gobernador Cancino en su auxilio y para que lo acompañasen hasta Cali, en donde se hallaba á la sazón el Gobierno de la Provincia.

 

1
Instrucciones á que debe arreglarse el Subteniente ciudadano Joaquín Acosta en su comisión cerca del Almirante Luis Aury, de Providencia
1.° Pondrá en manos del expresado señor dos pliegos y algunos papeles públicos que lleva consigo;
2 ° Le informará del estado político del Reino todo, poniendo delante la libertad y franqueza con que puede aproximarse á las bocas de este río, entrar en comunicación con el Supremo Gobierno y tratar á la vez con el Comandante de la fragata Los Andes, procedente de Chile;
3.° Le hará presente que siendo éste el único puerto libre que sobre el Océano cuenta la Nueva Granada, se le ofrece esta ocasión de renovar sus servicios subiéndolo y protegiendo el comercio y las comisiones del Gobierno;
4.° Sin embargo de que aguardamos un gran número de elementos de Chile y también de Santafé, como por la distancia llegarán tarde para nuestras breves operaciones, y presentándose ahora la ocasión de hacer desaparecer la guerra del Sur, con el auxilio de este digno Jefe, le encarecerá lo necesario por lo pronto para el cumplimiento de nuestros proyectos;
5.° Con especialidad pedirá cuarenta mil cartuchos de fusil, y si no pólvora y plomo en parte para completar este número; fusiles, doce piezas de artillería de calibre de á 12 á 24 con sus correspondientes dotaciones; marineros; oficiales de marina; jarcia; carpinteros de ribera y galafates para cuatro buques con alguna tropa de línea y 400 fornituras;
6.° A los talentos y acreditada prudencia de este Jefe abandonara, la meditación de las consecuencias tan favorables que resultaran á la Nueva Granada y á la causa entera de la nunca, vista comunicación entre los escuadrones del Norte con el Sur por el istmo de Tupicá;
7 ° A los cuatro días de su llegada debe volverse con los auxilies que por lo pronto se le presten, en un buque, ya sea en calidad de los servicios que comenzará á hacer este señor, ó por el justo precio, que será satisfecho á su llegada;
8 " Si por algún acaso no estuviere el Almirante allí, y se hallase cerca, podrá detenerse hasta diez días con la certidumbre de que podrá volver, y si no, seguirá á Jamaica, y entregando al ciudadano Cabero el pliego, se interesará con 61 sobre el envío de quinientos fusiles con sus fornituras, y cuarenta mil cartuchos, y regresará de allí en el primer barco que venga.
Traerá además cuatro cornetas con sus instrumentos, cuatro clarinetes y dos trompas del mismo modo.
El Comandante General del Chocó,
J. M. CANCINO.
Murrí, Febrero 7 de 1820.
2
Era éste sin duda Ángel María Varela, patriota americano, natural de Buga. Había entrado á servir en los ejércitos independientes en 1811; hizo todas las. campañas del Cauca, hasta que en 1816 claudicaron los patriotas. Presentóse nuevamente hacer parte de los ejércitos independientes después de la batalla de Boyacá, y sirvió mucho en el Cauca en los subsiguientes años.
3
El señor Ernesto Restrepo estudió hace algunos años las costumbres de esos aborígenes, en medio de los cuales pasó muchos días; pero según sus observaciones, aquellas tribus no han adelantado un paso desde 1820.
4
Como hemos visto en las Instrucciones dadas por el Coronel Cancino á Acosta, este Almirante Aury se llamaba Luis y no |Tomás, como leemos en la geografía de Codazzi y Felipe Pérez y en el Diccionario de Esguerra. Además, mal podía enviar el Gobierno republicano de Cartagena un Gobernador llamado Tomás Aury á gobernar las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, cuando aquella plaza (la de Cartagena) estaba entonces en poder de los españoles.
5
Hállase la Providencia en el mar de las Antillas y forma frente á la laguna de Chiriquí un |Territorio perteneciente al Gobierno de Colombia, junto con otras dos islas: San Andrés y Santa Catalina. Parece que fue descubierta por Cristóbal Colón en su cuarto viaje. Los indios la llamaban |Abacoa. Frecuentada primero y después fortificada por los corsarios y piratas, aquellas Islas sirvieron siempre de guarida á los bucaneros. Hoy está en gran parte habitada por negros prófugos de las islas de las Antillas.

 

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