|
INDICE
|
|
CAPITULO IV
CAMPAÑA EN EL VALLE DEL CAUCA Y EN EL CHOCO. - 1820
No bien llegó el Subteniente Acosta á Cartago cuando le fue á visitar el Comandante del Cuerpo al cual pertenecía el oficial.
El entonces Comandante José María Cancino, antiguo amigo de la familia de Acosta, era todo un patriota. Hijo del Coronel Salvador Cancino, que había sido fusilado por los españoles en Cartagena en 1816, había tomado las armas al lado de su padre desde los primeros albores de la guerra de Independencia. Combatió bajo las órdenes de Nariño desde Palacé 2.o hasta Tasines, y después había asistido sin desmayar á las subsiguientes luchas hasta que claudicaron todos los patriotas de Cundinamarca. Viéndose vencido huyó á los Llanos y se puso á las órdenes de Santander; con él estuvo en los combates que dieron por resultado la libertad de todo el centro de la República. Nombrado jefe Militar y Gobernador del Chocó se había detenido en Cartago, cuando encontró allí enfermo al joven Acosta. Tomó interés en que le curasen, y cuando le vio repuesto le comisionó para que tomase el mando de una escolta que enviaba á Nóvita con víveres, armas y pertrechos.
Viajando por caminos intransitables, por andurriales y despoblados; morando en los climas peores del mundo; luchando con aquella naturaleza ecuatorial tan exuberante cuanto malsana, el joven militar pasó los meses de Noviembre y Diciembre. A pesar de todo no desmayaba. nunca su espíritu de observación; en todo se fijaba y le llamaba la atención, como lo demuestran los apuntes de su cartera.
Veamos algunos:
"Nóvita ( |1 )-leemos,-es la capital de la Provincia de su nombre, la cual contiene pueblos de indios dé poca importancia y 24 minas qué pertenecen á varios sujetos de Popayán y Santafé y unas pocas á personas de este lugar. Estas minas están trabajadas por negros y producen mucho oro de buena calidad, pero dan poca utilidad, con motivo dé la carestía de los víveres con que sé mantienen los trabajadores. Tienen qué llevar los comestibles desde él valle del Cauca. Sucede allí que los platanares no producen sino una cosecha por año y es preciso renovar la plantación inmediatamente. El maíz, que es alimento favorito dé aquellas gentes, se da mal, y las mazorcas son muy pequeñas. Sin embargo, las frutas son todas dulcísimas y perfumadas; la piña (ananas) es la mejor del reino.
"La situación de esta ciudad-toda ella edificada sobre |barbacoas (estacadas) para escapar de las inundaciones en tiempo de invierno-es malísima. Su única calle se extiende como cuatro cuadras por una hondonada que tendrá, tres leguas de longitud y una dé latitud ( |2 ). Sus casas son todas de paja y de |guadua sin pañete; sólo hay una iglesia, pero en general la gente de este país tan abundante en oro cuida poco de la Religión y de la moral.
"Se trata de fundar ó trasladar la población á orillas del río Tamaná, en donde tuvo su principio, á un sitio llamado San Felipe, y me aseguraron los vecinos que trabajaban activamente para dar cima á aquel proyecto ( |3 )
"Enero 1.6 de 1820.
"Hoy salí de Nóvita con mis compañeros. Hasta las tres de la tarde aguardamos en la Bodega al Coronel Lancino que debería llegar hoy. Pero como no parecía y urgía continuar el viaje hice cargar las canoas y embarcándonos en el río Tamaná continuamos el viaje.
"El río |Tamaná se compone del |Habitá y el |Ingará; es de corrientes muy rápidas y peligrosas, pero de aquí para abajo su navegación no es difícil. A dos leguas de Nóvita le caen los arroyos de |Santa Rosa y el |Zancudito. Las riberas del río están cubiertas de espesísimos bosques, pero á trechos se ven algunas chozas de los negros trabajadores de las minas, unos todavía esclavos y otros libres ya. No usan más vestido que una tercia de bayeta de colores que se atan en torno de los muslos y que llaman pampanilla. Además de estas chozas de los negros se encuentran algunos caseríos de indígenas, restos de la raza de los |chocoes, antiguos habitantes de este rico y montuoso país. Me dijeron que estos indios aún conservan las costumbres de sus antepasados; y al pasar les vi teñido el cuerpo con fajas del zumo de una hierba que llaman yagua, que produce un color negro casi indeleble. No se les ha olvidado todavía la lengua de sus antepasados, como ha sucedido con casi todos los antiguos pobladores de nuestro continente.
"A las cinco de la tarde llegamos á las bocas del Tamaná en donde este río desagua en el caudaloso San Juan ( |4 ). Nos quedamos esa noche en sus orillas en una casa grande. Estando allí recibí un |chasqui que me enviaba el Gobernador con una orden para que continuase marcha hasta el Citará ( |5 ) á cumplir una comisión
"A la mañana siguiente me despertó el bellísimo canto de los innumerables pájaros que pueblan aquellas soledades y cuyas voces me eran desconocidas porque sólo habitan esos bosques......."
Relata en seguida brevemente las circunstancias de su viaje, nombra los puntos más notables del tránsito hasta su llegada á las orillas del río San Juan.
"Allí-dice-se levantan bosques tan tupidos que no dan campo á que penetre la luz del sol, y son patria (como sucede en todo este país) de un sinnúmero de reptiles venenosos: víboras de diferentes especies que atacan al hombre en lugar de huirle, como hacen en otras partes, y cuya mordedura es mortal, si no hay cerca un curandero indígena que sepa dar el contraveneno que sólo ellos conocen. Los |cien pies y las arañas crecen allí de una manera extraordinaria, y hasta la picadura de las hormigas es peligrosa. En compensación ¡qué profusión de bálsamos, resinas y aceites exquisitos se encuentran en estas montañas, cuyas virtudes sólo conocen los indígenas! En cuanto á maderas las hay magníficas, algunas incorruptibles al aire libre y que se petrifican dentro de la tierra. Los árboles de que hacen canoas son tan enormes, que hay algunas que cargan hasta doscientas arrobas, y uno navega en ellas con tanta comodidad y holgura, que se puede sin dificultad ir resolviendo un problema con el compás en la mano. Los habitantes de estos sitios saben manejar las embarcaciones perfectamente; para ellos los ríos son caminos que comunican entre sí los caseríos, y cada dueño de casa posee una ó dos canoas como en otras partes se tienen asnos y caballos de carga.
"Esta Provincia está cruzada por un enjambre de ríos y de corrientes que unas desaguan en el Océano Pacífico y otras van á llevar sus aguas al Atlántico. Esto ofrece mil comodidades para el comercio. Además, casi todos los ríos corren por terrenos bajos, y son tan caudalosos que se puede navegar desde sus cabeceras.
"El 19 de Enero llegamos al Citará á las cinco de la tarde. Di cuenta de mi comisión y encontré una orden apremiante del Coronel Cancino para que partiera á ocuparme en fortificar un punto ventajoso sobre las riberas del Atrato. Sin embargo, tuve que detenerme en el Citará un día entero mientras que se conseguían algunas cosas necesarias para cumplir bien mi comisión.
"El Citará (Quibdó) es la capital del Chocó. Cuenta unas cuatrocientas casas, todas de paja. El carácter de sus habitantes es como el de todas las gentes de estas Provincias, á saber, sumamente hospitalario, y yo tengo que agradecerle mucho sus cuidados á la población. Las mujeres, aunque sean damas, andan descalzas. Los hombres no tienen más diversión que jugar á los gallos. El día que pasé allí era de fiesta, y los indios de los alrededores concurrían al pueblo. Estaban todos pintados de colores con figuras horribles, y bailaban una danza, imagen de la guerra, según la costumbre que les habían transmitido sus antepasados" ( |6 ).
El 27 de Enero arribó al sitio que debía fortificarse, en la desembocadura del río Murrí en el Atrato. Allí hace este último un recodo que parecía lugar estratégico y fácil de parapetar contra los ataques del enemigo.
Sámano se encontraba en Cartagena y desde allí dirigía operaciones contra los republicanos del centro del antiguo Virreinato y enviaba fuertes expediciones por el Magdalena y el Cauca. En el Chocó se tuvo. noticia de que entraban por las bocas del Atrato y subían el río algunos buques de g tierra con fuerzas que deberían internarse hasta el Valle del Cauca. Era preciso, pues, á todo trance impedir aquello.
" Los españoles, dice Acosta en su Diario, habían levantado en Cartagena una expedición de 200 hombres y venían con una lancha cañonera y cuatro buques más de guerra á invadir el Chocó. Tardarían en llegar á lo más quince días, y nosotros nos hallábamos en la fortaleza improvisada sin municiones, sin pertrechos y por junto apenas contábamos cuarenta soldados. Las Provincias de Antioquia y del Valle del Cauca no podían socorrernos, porque no había tiempo de avisarles. Pero el entusiasmo por la libertad y el amor á la patria, todo lo pueden."
Estando ocupado en la obra de la fortificación, recibió orden de ir con cuatro canoas á auxiliar la goleta |Diana-que conducía mercancías de Jamaica á Quibdó- y que había encallado por allí cerca. Bajó inmediatamente el río y dos días después avistó y abordó la |Diana, la cual lograron salvar y conducir hasta cerca de Murrí.
Recibido muy bien por el Capitán y Segundo, que parece que eran hombres cultos de la Nueva Orleans y la Habana, se aprovechó de los conocimientos prácticos que éstos tenían de los países extranjeros para hacerles mil preguntas é instruirse en cuanto pudo.
Entretanto, el jefe de la fortaleza, el Comandante Gamba, partió para el Citará, dice Acosta, "á enganchar algunos soldados más, traer la artillería que pudiese hallar, y fundir todo metal que encontrase para hacer balas ( |7 ). Yo me quedé en Murrí con la guarnición, un cañón grande y cuatro pequeños que habíamos sacado de la goleta. Situé éstos lo mejor que pude para defender la posición; felizmente los indios de los contornos se manifestaron en esta ocasión muy adictos á la independencia, y nos enviaron alguna pólvora."
Apenas había regresado el Comandante Gamba á Murrí cuando al fin de Enero y al empezar el mes de Febrero se presentó el enemigo al frente de la fortaleza, y la atacó briosamente con un cañón de á veinticuatro que llevaba. Los españoles no aguardaban que la improvisada fortificación pudiera defenderse con tanto valor. Durante diez días se vio asediada la valiente guarnición de Murrí por las fuerzas españolas, sin que lograsen amilanarla, á pesar de lo exiguo de sus recursos. Viendo aquello y temiendo sin duda que llegasen á auxiliar á los patriotas de la capital del Chocó, el Comandante español, después de sufrir algunas pérdidas, resolvió retirarse.
Al ver que el enemigo se alejaba, los patriotas pensaron que aquello lo hacían para obligar á la guarnición á salir á perseguirlos, y entonces, fuera ya de los parapetos, acabar con ellos. Permanecieron, pues, detrás de los muros del pequeño fuerte, aguardando á que regresasen, pero no fue así; los españoles habían partido definitivamente, y cuando Gamba dio orden de que se pusieran en marcha para perseguirlos, era ya demasiado tarde, y se devolvieron sin haber logrado alcanzarlos.
Acababa de suceder todo aquello y se felicitaban mutuamente con el éxito feliz de la defensa de Murrí cuando vieron llegar al Coronel Cancino en su auxilio, llevan do cien hombres y pertrechos para reforzar á los sitiados.
Hallábase Cancino en el puerto de Buenaventura, ocupado en recibir la fragata llamada |La Rosa de los Andes, comandada por el Capitán inglés Juan Illingworth ( |8 ) (que llegaba de Chile á socorrer á los patriotas) cuando tuvo noticia de que los españoles habían atacado ya el fuerte de Murrí, por entonces llave del Cauca que era preciso defender á riesgo de ver invadida esa parte de la República encomendada á sus cuidados.
|
1
|
Fue también capital del Chocó y hoy es apenas un triste Municipio. En un principio el caserío habitado por los trabajadores de las minas estaba en las orillas del río Tamaná. Al fin, del siglo XVII 6 principios del siguiente fue trasladado al lugar que hoy ocupa, después de muchas vacilaciones y varios cambios. La humedad de los terrenos circunvecinos hace que tengan que vivir en la parte alta de las casas y que su clima sea uno de los peores del mundo; Goza de una temperatura de 27 grados centígrados por término medio. |
|
2
|
Tiene una temperatura ardiente de 26 grados centígrados por término medio. |
|
3
|
No fue sino cerca de medio siglo después que trasladaron definitivamente la población de Nóvita al sitio llamado de San Felipe |
4
|
El Tamaná surge de la, gran Cordillera, y nace en las inmediaciones del cerro que lleva su mismo nombre. |
|
5
|
Hoy se llama aquella población |Quidbó Fue el lugar en donde residían los indios |citaraes, catequizados por los Jesuitas en 1654. Actualmente es capital del Municipio de Atrato, en el Departamento del Cauca. La Geografía de Codazzi, publicada por D. Felipe Pérez en 1863, da 8,500 habitantes á Quibdó, y dice que tiene una temperatura media de 29 grados centígrados; pero según otros informes es más cálido todavía. En el Diccionario geográfico de Esguerra, (publicado en 1879), dicho autor dice que la. ciudad sólo cuenta 300 casas (es decir, la cuarta parte menos que en 1820), y la poblaban 6,856 habitantes: 1,644 almas menos que en 1863. |
|
6
|
Todavía se encuentran aquellas tribus indígenas en el mismo estado de salvajismo en que los vio Acosta hace ya cerca de ochenta años. La civilización no ha logrado penetrar en esos lugares, ni penetrará jamás mientras existan aborígenes americanos, Hay razas que son rehacías .í la civilización, y es preciso que éstas se crucen con la blanca progresista para que las poblaciones adelanten. |
|
7
|
Nicolás Gamba Valencia era natural de Cartago y servía á la causa de la Independencia desde 1814. Cuando los patriotas fueron vencidos en todas partes en 1816, Gamba se ocultó, y en 1819 volvió á presentarse para servir en las filas de los patriotas. Sirvió en el Chocó hasta 1821 cuando se unió a Sucre á su paso por el Cauca, pero tuvo la desgracia de morir ese mismo año en la acción de Guachí el 12 de Septiembre. |
|
8
|
El Capitán Illingworth que al radicarse al fin de la guerra de la Independencia en el Ecuador, cambió su nombre por el de Illingrott (sin duda para castellanizarlo un poco), pertenecía á una familia respetable de Inglaterra. |
|