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CAPÍTULO VII
Situación de Francia en 1849.-Viaje de regreso á Nueva Granada. -Cartas de varios sabios. -Instalación en Guaduas. - Situación política del país. - Muerte del General José Acevedo-Viajes y excursiones que hizo Acosta en el interior de la República.-Memorias científicas.
1849-1850
El año de 1849 fue fatal para Francia. En el mes de Mayo estalló una espantosa epidemia de cólera en París y en las principales ciudades del país. Morían millares de personas diariamente, y el pánico era general.
Al mismo tiempo la política del Gobierno descontentaba á todos los partidos, y el malestar aumentaba de manera alarmante.
Se temía una insurrección de los comunistas, como la de junio del año anterior.
El partido del Príncipe Presidente Luis Napoleón aconsejaba medidas fuertes para reprimir á los comunistas. Pero éstos, encabezados por Ledru-Rollin, creyeron que no podrían recuperar su influencia y hacerse al poder, sino apelando á las armas.
Así lo hicieron el 13 de Junio de aquel año. Pero la intentona de insurrección fue aplastada brevemente por una carga de caballería, sin que el pueblo de París, aterrado con la epidemia que diezmaba la población, quisiera tomar parte con los que pretendían defender sus derechos.
Entre tanto, Acosta había tenido que permanecer en París arreglando su viaje de regreso á América. Sin amedrentarse con la epidemia, permaneció de pie firme en París con su familia, hasta mediados de junio, cuando partió para el Havre á aguardar la partida de un buque que debería conducirle á Santa Marta.
Estando en el Havre recibió la siguiente carta que traducimos:
"Paris, 18 de Juniode 1849.
"Amigo y señor mío:
"Espero, á pesar del retardo involuntario de mi contestación, que estas pocas líneas alcanzarán á llegarle á usted en el Havre. Conozco lo bastante su amistad para comprender que será muy agradable para usted, antes de dejar á Europa, saber que estamos todos gozando de salud y con la esperanza de escapar al doble azote físico y social. He logrado que todos los miembros de la familia, así como nuestros amigos los Milne - Edwards, vayamos á pasar algunos meses en San Germán, en donde se goza de buena salud, de manera que cuanto amo se hallará en seguridad y escapará también el peligro de urca revolución, revolución que espero, sin embargo, que habrá sido sufocada por algún tiempo, y tal vez por bastante tiempo, si el Gobierno sabe aprovecharse con juicio de la victoria. Nuestras mujeres y nuestros hijos permanecerán constantemente en el campo, en donde la comunicación con París es tan fácil, que podremos (los varones) ir y volver para desempeñar nuestros deberes y atender á nuestras aulas.
"Supongo, señor mío, que usted recibiría los cajones de plantas que yo había mandado cultivar aparte para usted. Estuve tan ocupado durante los pocos momentos que pasé en el jardín de Plantas, que olvidé preguntar si se las habían entregado.
"Me había propuesto aprovechar la partida de usted para escribir á nuestro amigo el señor Lewy, pero los trastornos de estos días me lo impidieron. Le agradeceré si usted me hace el favor de darle noticias de nuestra parte, entre tanto que tengamos tiempo de escribirle directamente.
"Mi madre, mi mujer y mis hermanas saludan á la señora Acosta, á la cual, le suplico, presente usted mis respetuosos sentimientos de amistad,
"Sírvase usted aceptar de nuevo la expresión de mis sentimientos los más afectuosos.
"AD. BRONGNIART. "
Acosta llevaba consigo un inmenso equipaje compuesto de muebles, cuadros, libros, curiosidades, instrumentos de toda especie, cajones con plantas vivas que deseaba introducir en su país, como especies nuevas. Pensó, pues, que su viaje podía ser más agradable, si en lugar de tomar pasaje en un vapor con su familia y enviar por otra vía su equipaje, tomaba el camarote entero de un buque mercante, lo preparaba para su uso particular y atravesaba el océano como en su propia casa, sin otros pasajeros que estorbasen sus estudios, y con toda comodidad. Es cierto que como el buque era de vela, tardaría más en la travesía, pero aquello se compensaba con la libertad y las comodidades de que gozarían.
Se hizo á la vela del Havre en Junio 23, y llegó á Santa Marta el I.° de Agosto, después de un viaje feliz y sin ningún contratiempo. Sin embargo, parecía como si el cólera que diezmaba á Europa se hubiese propuesto acompañar á Acosta á América.
No bien llegó á Santa Marta, en donde se proponía permanecer algunas semanas, cuando aquella población se vio invadida por el terrible azote.
Transcribiremos aquí una carta que Acosta escribió de ese puerto al señor Madrid:
" Santa Marta, 15 de Agosto de 1849.
"Mi querido amigo don Pedro:
"A pesar de su largo silencio, no creo que su. buena amistad se haya resfriado...... Ignoro cuándo podremos continuar nuestro viaje, infectado como se encuentra el Magdalena por el terrible azote que ha venido en mala hora á devastar nuestro pobre país. Sea dicho, sin embargo, en honor de los habitantes de esta ciudad, que han soportado la peste con resignación. y mansedumbre desconocidas en los pueblos más cultos, cuando han sido visitados por esta cruel enfermedad por la primera vez .... Como temo mucho que el cólera llegue á Bogotá, debo indicar á usted algunas reglas de "higiene que han producido buenos efectos en todas partes.
(Aquí las reglas de higiene, que no copiamos).
"No hay aquí sino una docena de casas altas; sin embargo, á todo costo me he procurado una para mi familia, y vivimos con cuidado, pero sin temor.
"Nada puedo hacer con respecto á lo que me ocupa exclusivamente ( |1 ) por las lluvias y por el terror pánico que ha creado cuarentenas entre cada aldea, y no me permiten hacer ninguna excursión fuera de las goteras de la ciudad.
"Aquí todos viven encerrados; las noches son lóbregas; pasadas las seis no se ve una sola persona en las calles, y no se oye sino el ruido de las voces de los que rezan en las casas vecinas. De día solo hay actividad en las boticas, y los llamados médicos circulan sin cesará caballo. Se diría que es un campo de batalla en que á cada instante se sabe que hay un nuevo muerto ó herido...
Al fin Acosta logró que le diesen un salvoconducto que le acompañase en su excursión, (además de criados y peones), un joven de Santa Marta, y se puso en marcha con dirección al interior, dejando á su familia en la ciudad.
No poseernos el diario de aquel viaje. No bien regresó á Santa Marta, cuando se ocupó en escribir varias Memorias que envió á la A cademia de Ciencias de París y á la Sociedad de Geografía, Memorias que fueron recibidas y comentadas con mucho interés por sus amigos de Francia. He aquí dos cartas que prueban lo que avanzamos:
" París, 6 de Febrero de 1850.
" Señor Coronel Acosta.'
"Mi querido amigo:
"He tenido la buena noticia de la llegada de usted á Tierra Firme. A pesar de todos los contratiempos que ha sufrido, lo felicito, puesto que toda la familia goza de buena salud. Le escribí á usted de Liebfranberg y así infiero que usted está al corriente de nuestro estado sanitario, el cual, gracias á Dios, se conserva bien.
"De Beaumont ya :había comunicado á la Academia sus interesantes observaciones acerca de ese volcán del cual es usted padrino; yo no tengo, pues, nada que comunicar por mi parte, solo di de usted noticias personales á sus amigos.
"Pido á su actividad ciertas observaciones científicas, que la posición de usted hará fácil. Usted sabe, y creo habérselo explicado, que me he ocupado en determinar para las plantas más comunes de nuestras culturas, la superficie de las partes verdes de sus hojas, y he tenido resultados curiosísimos...
( |"Aquí explica minuciosamente la manera de hacer aquellas observaciones, y pide á Acosta que las haga él con planetas tropicales desconocidas en Europa, observaciones que serían muy apreciadas en el mundo científico).
..."He recibido de Quito, añade, observaciones sobre la temperatura del suelo á 40 centímetros de profundidad, hechas por un método que se ha criticado porque no se había sabido aplicar, porque es preciso hacerlo en la parte baja de una casa v no al aire libre...
"( |También indica á su amigo que se ocupe de esa clase de estudios).
...."Arago, dice al concluir, está cegando; su salud se debilita, y temo mucho que se prepare para darnos una gran pesadumbre, pues yo lo quiero mucho ( |2 ). El señor Gay - Lussac se está muriendo de una enfermedad del corazón ( |3 ); no hay esperanza de salvarle. Leí una carta de despedida que escribió á Arago, que es muy tierna y muy triste. Humboldt está bueno, pero escribe muy poco-. .
"BOUSSINGAULT."
" París, 25 de Junio de 1850.
" Señor Coronel Joaquín Acosta. - Guaduas.
"Querido señor Acosta:
"Usted debe de Haber recibido mi contestación á su interesante carta de Guaduas del 15 de Febrero; pero no sé si en ella le suplicaba á usted que continuase exploran do las antigüedades neo-granadinas. Esos monumentos prueban un arte poco avanzado, pero tienen un interés propio con respecto á la comparación que se puede hacer con los del Palenque, en Yucatán, así como con los monumentos de Bolivia y el Perú. De todas maneras, hice imprimir en el |Journal de la Société de Géographie, la relación de los contornos de Leyva, fragmento que preparará á saborear la continuación. Sospecho que al oeste del río Magdalena, y también hacia el nordeste, se hallarán vestigios mejor conservados del arte de los chibchas; usted conoce demasiado las construcciones de los españoles para confundirlas con las de los indios, y no me toca por cierto sugerirle esta distinción.
"Como el compositor del |Boletín número 77 (Mayo de 1850) olvidó enviarme las pruebas, desfiguraron el nombre de su amigo, escribieron |Valez por |Vélez; ( |4 ) sírvase usted excusarlo. Por ese mismo motivo no se publicó la figura, pero el dibujo saldrá más tarde; desgraciadamente el dibujo del templo no está bien, y las inscripciones dejan qué desear; sin embargo, procuraré servirme de ello.
"Usted me anuncia la descripción del lugar en que se encuentra la roca cubierta de inscripciones; se lo agradezco de antemano y me aprovecho de la ocasión para manifestarle que el Gobierno de Bogotá, ó la Academia, debería mandar algunas personas á recorrer el territorio de Nueva Granada, para estudiar, describir v dibujar las antigüedades en todo el país. ( |5 ) Además, se podrían hacer otros trabajos, si se encontraran personas competentes y si hubiera recursos suficientes.
"Continúe, mi querido amigo, dándome parte de sus nuevos trabajos, de sus investigaciones, de todo lo que le interesa en el país. Con frecuencia hablamos de usted con el señor Elie de Beaumont; él publicó su Memoria de usted en el |compte-rendu de la Academia de Ciencias). "Presente mis respetos á la señora, y créame su afectísimo amigo,
"JOMARD."
Después de permanecer en Santa Marta más de un mes, Acostase embarcó con su familia en la triste goleta |Bolívar, y se dirigió á Barranquilla. Al llegará esta ciudad estallaba allí el cólera con violencia; pero ellos no entraron á ella, sino que se dirigieron inmediatamente al vapor que debería llevarlos por el río Magdalena arriba hasta Honda.
Desgraciadamente, apenas habían andado algunas horas, cuando se descompuso la máquina y tuvieron que regresar á Barranquilla, en donde tuvieron que permanecer varias semanas mientras que arreglaban el buque. A pesar de la epidemia que les venía acompañando desde París, ninguna de las personas de la familia sufrió novedad alguna hasta su llegada á Guaduas.
Allí se instaló Acosta en casa propia, rodeado de cuanto había llevado de Europa, para vivir lo más cómodamente posible al lado de los dos hermanos que aún le quedaban. Pensaba vivir completamente alejado de la política y entregado por entero á las ciencias. Entonces escribió, y publicó un itinerario del Magdalena, para el uso de los viajeros en el río.
La situación del país le espantaba y repelía. Con el Presidente José Hilario López el partido liberal se había entronizado en el Gobierno, y las ideas más contrarias á su credo político imperaban en toda la máquina gubernamental desde las alcaldías hasta las Cámaras y el Poder Ejecutivo. Acosta creía, sin embargo, que era imposible detener aquella efervescencia política; decía que semejante embriaguez pasaría al cabo de algún tiempo, cuando la gente sensata viera lo impracticable de las descabelladas teoría que pretendían introducir en el país, y se aferró más y más á la resolución que llevaba de permanecer callado y oculto en su patrimonio, y ocupado nada más que en cuestiones científicas, con las cuales creía que serviría ;mejor á su patria en aquellas circunstancias, que lanzándose en la lucha de los partidos encandecentes y frenéticos.
A pesar de sus divergencias políticas, Acosta conservó amistad muy sincera con el General López hasta el fin de su vida así es que apenas llegó el viajero á Guaduas, cuando el Presidente le escribió dándole la bienvenida muy cordial, -,como supo que rehusaba todo destino político, (el cual, por otra parte, el partido liberal no le hubiera permitido desempeñar,) lo quiso tener en Bogotá, ofreciéndole puestos honoríficos en la Escuela militar y en la Universidad. Pero Acosta le rogó que lo excusara, puesto que en adelante su vida debería consagrarse á las ciencias y á ninguna otra cosa.
En el mes de Diciembre de 1849 estuvo en Guaduas Con su señora el General José Acevedo, por instancias de Acosta, ;;es el General era el heredero del afecto que había profesado en su infancia y en su primera juventud al malogrado Pedro Acevedo, cuya muerte años antes le había hecho tan hondísima impresión.
A pesar del contento que experimentaron ambos amigos al encontrarse nuevamente reunidos, y las largas é íntimas conversaciones que tuvieron, Acevedo estaba pro fundamente herido con el sangriento desaire que había sufrido por parte del Gobierno, y como patriota y ciudadano se afligía hondísimamente con la situación de su país. ( |6 ) Las penas morales, unidas á una salud achacosa, no le permitieron luchar contra una fiebre cerebral que lo atacó pocos días después de haber llegado á casa de Acosta. Éste puso todos los medios posibles para salvarle la vida, pero todo fue en vano: al cabo de once días de enfermedad rindió su bella alma al Creador, llorado por cuantos le conocieron y apreciaron. ( |7 )
Un mes después de haber recibido aquel golpe, que le hizo hondísima impresión,-en el mes de Febrero - Acosta quiso ir á visitar ciertas minas en la provincia de Vélez, con un objeto científico, y entonces escribió una Memoria que, como hechos visto en la carta de Jomard, envió á París, y fue publicada en el |Boletín de la Sociedad de Geografía.
En Marzo del mismo ano bajó á la Costa á visitar algunas comarcas importantes del Departamento del Magdalena, siempre con fines científicos.
En julio visitó gran parte del hoy Departamento del Tolima, é hizo una descripción del cantón del Chaparral y de la cueva de Tuluní, que envió á las Sociedades científicas de París v de Londres.
Era inútil ocupar las columnas de los periódicos de Bogotá en dilucidar cuestiones científicas, pues por entonces los espíritus estaban en tal situación de efervescencia política, que nadie se ocupaba en otra cosa. Con ese motivo, en lugar de publicar sus observaciones científicas en su patria, las enviaba á Europa, en donde eran útiles y sabían apreciarlas.
El señor J. García del Río, literato y compañero de San Martín en el Perú, pidió desde México encarecidamente á Acosta que le enviase algunos datos geográficos, biográficos y estadísticos de Nueva Granada, para incluirlos en una enciclopedia que iba á publicar. Acosta pidió informes á todas partes, pero nadie hizo caso; ni los gobernantes ni los particulares le contestaron, encallando sus esfuerzos en la inercia é indiferencia con que se miraba toda cuestión que no fuera de política militante.
En Noviembre el Gobierno apeló al patriotismo de Acosta para encargarlo de una comisión importante en las provincias de Santa Marta y Cartagena.
De la nota que le pasaron transcribiremos algunos párrafos.
"Como esta comisión tenga por principales objetos: I.°, hacer ciertas investigaciones relativas á las tierras baldías que haya en la primera de aquellas provincias, y á varios puntos concediéndoles á la inmigración de extranjeros; 2.°, inspeccionar el canal de la Piña y comunicar al Gobierno las noticias que puedan convenirle en la empresa de su limpia, ensanche, etc.; y 3.°, inspeccionar también la fortaleza de Bocachica, con el fin de ver si sería posible adoptarla, sin grandes gastos, al servicio de una penitenciaría."
A su regreso de aquella misión, Acosta fue á Bogotá á dar cuenta de ella, y entonces, á instancias de algunos de sus amigos, dictó algunas lecciones de geología, las que se imprimieron con grabados. Algunas de éstas se encuentran en la Biblioteca Nacional.
Aprovechó su estancia en la capital para regalará algunos colegios superiores obras científicas que había llevado de Europa con ese objeto. A la Escuela de Ingenie ría mandó ciertos planos que había obtenido en Europa por favor especial; al Colegio del Rosario, por el cual tenía gran cariño, por haberse educado allí, regaló un aparato Breton y varias obras útiles. El Hospital de Caridad poseía ya un aparato para respirar el éter-entonces invención reciente-aparato que Acosta había enviado desde París, y que fue el primero que se vio de este género en Bogotá.
En vista de los trabajos que Acosta remitió á la Sociedad de Geografía de Londres, ésta le envió espontáneamente el nombramiento de miembro honorario de ella. El Ministerio de las Colonias y Marina de Francia, al recibir importantes observaciones barométricas que había hecho Acosta, le mandó regalar por segunda vez un barómetro |aneroide, de nueva invención entonces, en reemplazo de otro con que el mismo Ministerio lo había obsequiado en 1849, y que desgraciadamente se había roto en una de sus excursiones científicas.
"La remisión de este instrumento, leemos en el oficio del Ministro francés, es un caso excepcional, que tiene por causa el mérito de usted y su consagración á la ciencia."
Por la rápida reseña que hemos hecho de los trabajos y viajes que hizo Acosta durante el año de 1850, notaremos que no se había realizado la vida tranquila que pensaba llevar en Guaduas, entregado al arreglo de sus notas para continuar su obra histórica.
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Le había llevado á Santa Marta el proyecto de hacer una excursión científica por el Valle Dupar. |
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Arago no murió, sin embargo, sino hasta Octubre de 1853. |
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Efectivamente murió en esos días, y Arago, antes de seguirlo á la tumba, tuvo tiempo de pronunciar su |Elogio.
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Véanse las Memorias á que se refiere Jomard en el Apéndice. |
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Algunos años después el Gobierno encargó al señor Codazzi, jun. te con el señor Ancízar, el señor Pérez y el señor Paz, de una comisión corográfica, la cual visitó el país é hizo la descripción de cuanto vieron. |
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En Mayo de 1849, Acevedo, que vivía retirado de toda ingerencia en la política, fue llamado con instancia por el General López para que aceptase la cartera de Relaciones Exteriores. Él rehusó en un principio, pero instado por el Presidente, al fin admitió; sin embargo, no se habían pasado veinte días, cuando las Sociedades democráticas que imperaban en la política del país exigieron del Poder Ejecutivo que separase á Acevedo de su destino. El General López pidió entonces al Ministro de Relaciones Exteriores que renunciase el destino, ofreciéndole en desagravio una misión diplomática. Acevedo la rehusó con indignación, diciendo que él no era hombre que admitía compensación en cambio de un desaire. |
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La señora doña Josefa Acevedo de Gómez escribió una corta biografía de este insigne ciudadano, digno hijo del |Tribuno del pueblo.
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