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CAPÍTULO III
Córdoba. - Jaen. - Carmona. - Los archivos de Sevilla.-Cádiz.-Danzas andaluzas.-Viaje á Madrid.-La Carolina. - Aranjuez. - El Museo de Madrid. - La reina Isabel. - Matilde Diez-La Biblioteca.-El Museo de artillería. - Regreso á Francia
Los viajeros llegaron á Córdoba el 8 de Octubre. "Aquí (leemos en el Diario) empiezan á verse los preciosos patios de Andalucía, con sus surtidores de agua y sus flores, todo aquello que heredaron de los moros los actuales españoles, y en donde se reúnen, como en un salón, en el verano." Apenas se detuvo el tiempo necesario para visitar la famosísima Catedral, una de las maravillas de España. Continuó su marcha, pasando por la colonia alemana, que hizo poblar el trecho entre Córdoba y Écija el rey Carlos III, y cuya capital dice que es una bellísima población llamada Carlota, en donde se nota la influencia de la raza del norte.
En Carmona, - " ciudad antigua pero alegre, cuyas calles son anchas y sus casas aseadas, situada sobre una eminencia y rodeada de torres cuadradas moriscas," apenas paró la diligencia media hora, y á poco llegaron á la planicie, "en donde campea Sevilla con su cinturón de naranjos, olivos y granados, y coronada con la Giralda."
Antes de ir á buscar posada, algunos de los viajeros recorrieron los vastos muros almenados y flanqueados por torres de construcción romana de tiempo de julio César, cuya arquitectura se parece á las termas de Juliano en París.
Acosta se alojó en la fonda de la |Unión, en la plaza del Duque, y al día siguiente visitó la Catedral, la Giralda y algunos otros monumentos. Por la noche estuvo en el teatro, cuyo local, representación y asistencia le gustaron; pero le pareció que el baile no correspondía á lo demás.
En Sevilla Acosta visitó á las señoras jurados, sus paisanas, hijas del oidor D. Juan jurado, uno de los pocos españoles que comprendieron la seriedad del levantamiento de Bogotá el 20 de Julio de 1810. Aquellas señoras habían conservado un tierno recuerdo de Bogotá, y se manifestaron en extremo amables y hospitalarias con su paisano.
Como lo que llevaba á Acosta á Sevilla era el deseo de visitar los archivos y tomar notas, dice lo siguiente en su Diario
"Ayer (5 de Octubre) había visto de paso el local de los archivos; hoy me dirigí á ellos con intención de examinar aquello que tanto me interesaba; pero no pude entrar, á pesar de que presenté las cartas de recomendación que llevaba para los archiveros y el Capitán General Schelling. Yendo en busca de uno de los primeros, me encontré por casualidad con el señor Baralt, quien estaba alojado en un pobre cuarto de la jefatura Política y se hallaba enfermo."
Entre otras personas que vio en Sevilla, trató y tuvo cordiales relaciones con el Mayor Gabriel Torres, hijo del Brigadier Torres, el último Gobernador español de Cartagena.
Después de dar muchos pasos, al fin consiguió que le permitiesen visitar los archivos de Sevilla, á los cuales habían añadido todo lo concerniente á América que había en Simancas. Examinó, anotó y copió los documentos que necesitaba para acabar de escribir su |Historia del Descubrimiento, y después de haber visitado la mayor parte de los monumentos de Sevilla, se embarcó en el Guadalquivir para ir á conocer á Cádiz.
"Cádiz, escribe, es una de las ciudades más bellas y aseadas de España que he visto, y añadiré que no sólo de España, sino de todas las que he conocido en Europa. Casi todas las casas son altas, tienen elegantes balcones volados, los patios y corredores enlosados de mármol, y los muros primorosamente pintados, las calles limpias, y algunas anchas que le dan un aspecto encantador."
En Cádiz Acosta estuvo á visitar á la señora Retortillo, hermana de la esposa de un rico comerciante español establecido primero en Cartagena y después en Bogotá, D. Simón de Herrera. Allí también conoció al señor Miguel de Francisco, de familia establecida en Cartagena. Todas las casas que visitó dice que tienen el mismo carácter, á saber: tres patios, halcones dobles interiores, y no hay ninguna que no conserve buenas pinturas españolas y que no exhiba sobre los muros bellos grabados antiguos de muy buen gusto.
El 11 del mismo mes regreso á Sevilla con sus amigos y compañeros de viaje, y continuó en los archivos sus investigaciones históricas con mucho fruto. ( |1 )
Deseando el señor Harding-dice Acosta-ver todas las danzas populares españolas, dispuso un baile con ese objeto. "Concurrimos como espectadores, desde las siete de la noche hasta las once. Allí vimos bailar boleros legítimos, ejecutados por sevillanas, y jaleos andaluces de varias clases, concluyendo con la danza gitana del palmoteo.
"Bailaron con una gracia típica tres muchachas grandes y tres pequeñas, vestidas con lujo. Mientras bailaban éstas, cuantas personas tenían castañuelas en la sala llevaban el compás con ellas. A mi pedimento bailaron un |minuet afandangado muy curioso.
"Las andaluzas tienen todavía aire de odaliscas, y todas bailan con pasión y sin cansarse jamás.
El 14 tomó la diligencia que debería llevarle á Madrid, repasando por muchas de las ciudades que ya había visto. Veamos algo del Diario.
|16.-"Almorzamos en la Carolina, una de las poblaciones de Carlos in, y en seguida nos metimos por la Sierra Morena, de quijotescos recuerdos. Parece aquel paisaje un pedazo disminuido de la sierra que divide el valle de Cáqueza de la planicie de Bogotá.
"Pasamos por Puerto-Lapiche y entramos á la Mancha, teatro de tantas hazañas de Don Quijote. Vi sus mismos molinos de viento, la venta en donde fue armado caballero, y el paraje que dijeron había querido pintar Cervantes cuando su héroe hizo penitencia; riscos hoy menos salvajes, pero aún muy pintorescos...
|17. - "Esta planicie de la Mancha, que continuamos atravesando, es, á pesar de ser tan extensamente cultivada, muy triste y poco poblada. No hay parte, sin embargo, en que parara la diligencia, que no estuviese plagada de mendigos, que parecía brotarlos la tierra, siempre vestidos con telas color de tabaco. Concluyó la pintoresca zona de Andalucía, y todo en torno nuestro es monótono. Pasamos pueblos, aldeas y caseríos, y al fin llegamos á Ocaña á las cuatro de la tarde. Allí nos quedamos, y al día siguiente, poco después de media noche, nos pusimos en marcha nuevamente. Llegamos á Aranjuez á las tres de la mañana. Yo me había colocado al lado del mayoral para ver mejor el paisaje, y de allí bajé transido de frío para recorrer al claro de la luna las largas y solitarias galerías, la plaza, los jardines y la parte exterior- de este sitio verdaderamente real. Lo que más lo hermosea es el Tajo, que después de bañar el pie del palacio, se deja atravesar por un hermoso puente suspendido.
"Continuamos camino, pasamos otro puente, subimos una colina á la planicie por un buen camino, poco habitado, la tierra árida y desnuda, con uno que otro árbol en la vera del camino. Dejamos á un lado el pueblo de Valle-verde, y bajábamos una colina, cuando se me presentó el perfil lejano de Madrid, espectáculo tan familiar á mi imaginación. Abordamos la capital por el puente de Toledo, de una magnificencia digna de una gran capital. Sobre sus barandas de piedra se veían algunos frascos de aguardiente y licores, que vendían las vivanderas.
"La diligencia subió después por una alameda hasta la puerta ó arco de triunfo de Toledo, la cual lleva una inscripción contra los franceses y en favor de Fernando VII.
"Aunque era muy temprano, las calles de Madrid estaban llenas de gente, y oíase grande alboroto en el mercado de frutas y legumbres, por medio del cual pasamos. Una de las cosas que más atención me llamó fue lo chabacano de los letreros sobre las puertas y las faltas de ortografía que se nota en la mayor parte de ellos...... Me desmonté en la calle de Alcalá, en la posada de las Diligencias peninsulares.
"Apenas pude arreglarme salí á dar una vuelta por la ciudad, y me encontré con la Reina, la cual iba con su hermana en un coche tirado por seis caballos y escoltada por un piquete de caballería; iban á pasear al Retiro. Isabel ii acaba de cumplir quince años (el 13 de este mes). Es una niña gordita que representa más edad de la que tiene......
" |19. - Pasé el día en el Museo de pinturas, arrebatado ante la rica y escogida colección de cuadros de Murillo, Ribera, Rafael, Guido, el Ticiano y cien maestros más, todos de primer orden. Vi los dos hermosos cuadros de Andrea del Sarto, cuyos grabados poseo. La famosísima Perla de Rafael no la vi, porque la tienen en Palacio, y algunos españoles se inquietan por su suerte......
"En el Prado me encontré esta tarde con el Infante D. Francisco de Paula, con sus seis hijos, en una calesa tirada por seis caballos rucios de no muy altiva apariencia."
Visitó á varias personas para quienes llevaba cartas de recomendación; estuvo en la plaza de toros á ver la última corrida de la estación; "es decir, añade, á presenciar la muerte, ó más bien la matanza de inermes caballos y el entusiasmo de los diez mil espectadores. Vi un toro de Andrade, el cual de cada cornada despachaba un caballo y tenía las astas ensangrentadas hasta cubrirle la frente... No pude aguardar el fin de aquella fiesta de sangre, y me salí á pasear por los jardines del Retiro."
En el Teatro del Príncipe vio á la famosa actriz |Matilde Diez, "con su fisonomía española y ojos llenos de inteligencia y malicia."
No le seguiremos en la descripción del Escorial, ni la que hace del Palacio Real. Le gustaron allí particularmente las colecciones de armas antiguas y modernas de la Armería.
En Madrid estuvo á visitar á la viuda de Cortés Campomanes, á quien había conocido en 1830 en Bruselas, como sin duda lo recordará el lector de esta |Biografía.
Varias ocasiones quiso entrar á la Biblioteca, pero unas veces le decían que no podía entrar porque estaban esterando, otras porque las estaban pintando; ya que el bibliotecario estaba ausente, enfermo ó en vacaciones; "pretextos todos, dice, para impedir la entrada al público." Visitó el Museo de ingenieros, el de historia natural, en donde vio ricas muestras de minerales llevados de Nueva Granada. Dijéronle que antes había allí una pepita de oro encontrada en el cerro de Tomé en el Chocó, que pesaba veintitrés libras, pero que había desaparecido. Allí vio dos cuadros que representaban guineos y guayabas que pertenecían á la colección que Mutis había hecho pintar en Mariquita. Por lo demás, aquella colección no le pareció muy bien ordenada ni interesante.
El Museo de artillería estaba. lleno de banderas, trofeos de guerras civiles y de armas y modelos de plazas fuertes de todas las naciones. "El señor Domínguez, añade, oficial mexicano, nos hizo los honores de aquel Museo con gracia é inteligencia, pero se manifestó algo avergonzado cuando le tocó señalarnos el armario en que están los uniformes, retrato y banderas de Morelos con esta inscripción
|"Cabecilla de insurgentes en Nueva España."
En los días que permaneció en Madrid tuvo relaciones con un célebre jurisconsulto y literato español, académico y autor del |Febrero novísimo y otras obras de jurisprudencia, más de poesías y libros puramente literarios. Tenía entonces sesenta y cinco años, y dice Acosta que era un viejito de aspecto bondadoso. En Madrid encontró dos señoras jurados más, una viuda del señor Goicochea y otra también viuda de Matos; también lo visitó un señor Isturite, casado con la Condesa de Casa Valencia, á quien fue á ver una noche en su casa. o La Condesa, dice, sin ser bella, tiene una fisonomía expresiva y agradable; tiene ya una hija de diez y seis años." Visitó en el palacio de Buenavista al Coronel de artillería Santa Cruz, palacio que fue de Espartero en época de triunfos.
Después de haber permanecido ocho días en Madrid, el 26 de Octubre tomó la diligencia y se encaminó al Norte de España. Notó que todos aquellos campos son tristes y monótonos, y sus habitantes carecen del genio alegre y de los vestidos vistosos de los pueblos del sur de la Península. A pesar de ser día domingo, las aldeas por donde pasaba no estaban de fiesta, y los aldeanos, vestidos de colores sombríos, atravesaban las calles y caminos arreando los borricos cargados con las malas uvas que se dan en aquellas provincias.
No se detuvo en Burgos sino para ver la Catedral. Pasó el Duero, el Ebro, y llegó á Vitoria á las once de la mañana del 27.
"Al salir de Vitoria, dice, empezamos á subir los Pirineos; la tarde era hermosísima, el camino el más pintoresco y el mejor de cuantos he visto en España.
"Llegamos á Irún antes de amanecer, y á las siete de la mañana descubrimos entre la niebla el famoso Bidasoa, río que desagua en Fuente Rabia, de históricos recuerdos.
"A poco atravesamos un puente y la frontera de España. Las dos naciones no se distinguen allí por su lengua, pues en uno y otro territorio el pueblo habla vascongado, lengua que me pareció más sonora y más suave que el provenzal que había oído al principio de mi viaje del lado del Mediterráneo.
"Costeando el Atlántico, llegamos á Bayona á las once de la mañana del día 28 de Octubre."
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En el Apéndice número 6 de la Historia de la Conquista y Colonización etc., Acosta hace una relación de los documentos que encontró en Sevilla Y en otros archivos de España, tanto públicos como privados. |
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