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CAPITULO V

 

Sucesos políticos. - Acosta emprende campaña bajo las órdenes del Coronel Posada. - Opinión de éste.-Desastres en el Cauca,-Sus movimientos como jefe militar en Mariquita y Antioquia.-Llega á Cali á tiempo para tomar parte en la batalla de la |Chanca. - Somete al indio Ibitó.-Lo ascienden á Coronel efectivo. - Concluida la guerra, va como Ministro á Washington. - A su regreso se encarga de la cartera de Relaciones Exteriores. - El desempeño de este empleo. -Carta que le dirige el General Herrán al concluir su período presidencial. - Acosta resuelve hacer un viaje á Europa-Sus motivos.

1841-1845

 

Como dijimos en el capítulo anterior, Acosta se hallaba en Honda sirviendo en el ejército que se organizaba allí contra los facciosos, cuando la Capital pasó por los peligros que narramos, y naturalmente sufrió hondas angustias al pensar que allí estaba su familia.

Entre tanto continuaba la campaña contra los revolucionarios del Norte. Herrán y Mosquera los vencieron en las acciones de Aratoca (9 de Enero), de Tescua (1.° de Abril) y de Ocaña (9 de Septiembre). Con este último triunfo quedaron pacificadas las Provincias del Norte y de la costa Atlántica, pero faltaban las del Sur y del Oeste de la República.

De regreso del Norte, en donde quedó Mosquera, el General Herrán se dirigió á Honda. Allí se organizaban las fuerzas que deberían seguir para el. Sur. Hallándolas preparadas, dio la orden de que se pusiesen en marcha bajo las inmediatas órdenes del entonces Coronel Joaquín Posada Gutiérrez.

Acosta mandaba el Batallón número 10, compuesto en gran parte de reclutas que habían enviado de las provincias del Norte, y fue el primero que por la montaña del Quindío se movió sobre Cartago, á fines del mes de Febrero. El ii de Marzo salió de Ibagué en calidad de descubierta, llevando orden del General Herrán para que ejerciese el mando militar en el Cauca apenas se encontrase en Cartago.

Algunos días después lo siguió el Coronel Posada por el mismo camino, dejando atrás el grueso del ejército. He aquí lo que dice este militar en sus |Memorias y en sus |Apuntamientos sobre la campaña del Sur:

"Lleno mi corazón de esperanza y exaltado mi patriotismo con la idea de ser útil, y satisfecho con la confianza que merecía del Gobierno y del General en jefe, ( |1 ) General Herrán, marché solo con mi ayudante de campo, el Teniente Tomás Vallarino, en alcance del Comandante Acosta .... Pero en medio de la montaña, cuando más tranquilo caminaba, encontré un |posta con un papel que Acosta enviaba al General Herrán, escrito en la Balsa, en que daba parte de que el día 12 de Marzo había sido completamente destruida la 2.a División en el llano de García, por el ex-General José María Obando, con fuerzas considerables; que nadie había escapado, perdiéndosela artillería y otros muchos elementos de guerra; que no se sabía del General Borrero, y que Obando ocupaba casi todo el Cauca, cuyos pueblos estaban sobrecogidos de terror, y otros pormenores de aquel trágico y lamentable suceso...... añadiendo que era cosa cierta la inmediata venida de Córdoba á Cartago, con una columna de 400 á 500 hombres; participaba, sin embargo, que seguía a paso redoblado para dicha ciudad . . . .

"...El Comandante Acosta, como jefe de Estado Mayor de la División, había adelantado muchos pasos (cuando Posada llegó á Cartago) y me ayudó después eficazmente á continuarlos y multiplicarlos. En los once días que duró aquella cruel expectativa (la venida de Córdoba) no descansábamos un momento, alternándonos, y ni aun así podíamos dar evasión á cuanto ocurría...

"El Coronel Acosta, añade más lejos, tiene pocos rivales para el destino de jefe de Estado Mayor, principalmente en campaña, porque su actividad y su inteligencia no dejan nada que desear. Mientras estuvo á mi lado, me fue de suma utilidad, quitándome el peso de los detalles y pormenores que tanto embarazan y distraen al que manda, muchas veces con daño del servicio. Siempre oí su opinión, porque puede darla; y por último, todo su comportamiento fue digno y resuelto en los mayores conflictos." ( |2 )

Acosta llevaba durante toda aquella campaña, á pesar de lo mucho que tenía que trabajar en ella, un Diario; pero éste no se halló entre sus papeles, y sólo hemos encontrado algunos párrafos de él en las |Memorias y en los |Apuntamientos del General Posada.

Al cabo de once días, viendo al fin el General Posada (entonces Coronel) la imposibilidad en que estaba de levantar fuerzas suficientes para hacer frente á Córdoba, que llegaba por un lado, y á Obando, que ya era dueño de toda la provincia del Cauca, resolvió retrogradar á Ibagué.

Estando en esta última ciudad, Posada recibió orden de pasar á Neiva con los Batallones números 6 y 10, á marchas forzadas, entre tanto que á Acosta se le mandó marchar con una columna al norte de la provincia de Mariquita. Con motivo de aquel movimiento, el Secretario de Guerra y Marina le manifestó en una carta, con fecha 25 de Mayo, su gratitud por la eficacia con que había sabido vencer, como jefe militar del Circuito del Norte de Mariquita, las dificultades que se le presentaron á cada paso para cumplir las órdenes que se le dieron. Con fecha 25 de junio le transcriben otra nota muy halagüeña, en la cual el Poder Ejecutivo aplaude la manera como llegó á Medellín con la columna que mandaba, venciendo inmensos inconvenientes y sobreponiéndose á todo, de manera que llegó á tiempo para asegurar el triunfo de las armas del Gobierno contra los revolucionarios, que fueron batidos en Salamina por el General Enao.

No bien quedó pacificada esa provincia, cuando Acosta marchó de regreso al Cauca con las armas y la artillería que allí se necesitaba, llegando á Cali el 18 de julio.

El Coronel Joaquín Barriga (después General) se preparaba en aquellos momentos para librar una batalla contra Obando en persona, de la cual dependía la suerte de la provincia, pero sé encontraba en grandísima inferioridad con respecto al ejército del enemigo. La llegada á marchas forzadas de Acosta conduciendo la artillería de la 2.a División, llenó de entusiasmo á las tropas del Gobierno, las cuales fueron debidamente situadas en puntos ventajosos en las inmediaciones de la población y en un callejón que se llama la |Chanca. Obando avanzaba con dos mil hombres de todas armas, y pensaba derrotar fácilmente á Barriga, el cual no sabía que hubiese recibido refuerzos.

La batalla se empeñó no bien el enemigo empezó á acercarse al callejón. Sorprendido por fuegos que no esperaba recibir, la vanguardia de Obando primero, y después la caballería, se declararon en derrota, de manera que el triunfo de las tropas del Gobierno fue poco sangriento y muy satisfactorio. Obando, sin embargo, logró escapar con algunos de sus oficiales. Barriga se hizo dueño de todas las armas, caballos, bagajes de los enemigos, y además tornó setecientos prisioneros, los cuales fueron presentados al General Mosquera dos horas después del combate, cuando llegó apresuradamente de Cartago en auxilio de Barriga.

A pesar de que Obando huyó hasta Pasto y de allí siguió por Mocoa con dirección al Perú, aún había dejado algunas guerrillas que combatían en su favor. Éstas, sopretexto de guerra política, cometían horribles depredaciones, y los pueblos inermes no cesaban de quejarse de ellas, hasta que, viéndose apretadas por las tropas del Gobierno, resolvieron acogerse á un indulto que había promulgado éste. Sin embargo, ya el General Mosquera había mandado fusilar á los jefes más importantes de la insurrección que cayeron en sus manos y no habían querido rendirse á tiempo.

Concluida la guerra en el valle del Cauca, el Poder Ejecutivo volvió los ojos hacia algunos indígenas, partidarios del General Obando, que continuaban alzados. Con fecha 9 de Noviembre de ese año encontramos una nota del jefe de la División de Reserva, en la cual dispone que el Coronel (graduado después de la acción de la Chanca) Joaquín Acosta se mueva con una columna á sus órdenes á atacar y batir al indio Ibitó, que hacía grandes daños en el Cantón de la Plata.

Acosta se puso en marcha inmediatamente y muy en breve logró someter aquellos indios; los jefes de éstos se acogieron al indulto, y el territorio quedó pacificado. Aún estaba en |Tierra Adentro (como llaman los cerros que habitan aquellos indios), cuando Acosta recibió un oficio del Secretario de lo Interior y Relaciones Exteriores (don Mariano Ospina) en el cual le ordenaba que procurase estudiar aquellos terrenos, los cuales rara vez visitaban los blancos, y que procurase darse cuenta de los mejores lugares que podrían convenir para abrir caminos y comunicaciones entre Popayán y el cantón de la Plata.

Después de haber cumplido todas aquellas comisiones, Acosta regresó á Bogotá después de un año de campaña y continuo trasegar por los dignas más diversos, de haber recorrido media República y de haber servido fiel y abnegadamente al Gobierno legítimo.

El Congreso de 1842 aprobó el nombramiento de Coronel efectivo que el Poder Ejecutivo había hecho en Acosta como premio de su comportamiento durante la revolución, y los servicios que había hecho á su patria. En aquella época los ascensos no se hacían sino cuando los servicios de los militares eran importantes y después de muchas campañas.

No bien hubo regresado al seno de su familia, cuando el Poder Ejecutivo- tuvo á bien nombrarle Ministro en Washington.

El Gobierno de Nueva Granada necesitaba mandar con urgencia un Enviado Diplomático que estuviese al corriente de los últimos acontecimientos ocurridos en la República, para borrar la mala impresión que ambos países habían recibido con la conducta del Encargado de Negocios de los "Estados Unidos, Mr. J. Semple. Este había tenido por conveniente reñir con el Poder Ejecutivo neogranadino, pedir sus pasaportes con arrogancia inusitada, ofreciendo no volver á comunicarse con el Gobierno de la República cerca de la cual hacía algunos años que estaba acreditado.

La misión de Acosta consistía en dar las explicaciones del caso y pedir que se enviase un ministro más cortés y más grato para la República Granadina.

Además, como lo expresa el mismo Acosta, al año siguiente, siendo Ministro de Relaciones Exteriores, debería celebrar un tratado de amistad, comercio y navegación con los Estados Unidos. Pero éste no pudo concluirse, porque aquel Gobierno prescribía como condición indispensable la abolición de toda especie de derechos diferenciales sin ninguna compensación efectiva.

"Salí de Bogotá hacia fines de Abril de este año, y "después de un viaje dilatado (escribe Acosta con fecha 23 de Junio, á su Gobierno) por la falta de comunicaciones inmediatas de los puertos en las Antillas en que me vi obligado á tocar, con los de esta República, llegué á Chárleston el día 11 del presente. Al siguiente me puse en camino, y el día 16 pude ya dirigirme desde esta capital (Washington) al Secretario de Estado, que es al mismo tiempo jefe del Gabinete y el encargado de las Relaciones Exteriores, pidiéndole me designase un día para presentar mis credenciales, etc."

Mr. Webster se manifestó muy bien inspirado con respecto á Nueva Granada, y le anunció que ya se había nombrado otro ministro, que partió quince días después. Díjole que sus muchas ocupaciones en aquellos momentos le impedían ocuparse del asunto de Mr. Semple, pero que tuviera por entendido que los Estados Unidos querían conservar relaciones amistosas con la Nueva Granada.

Entre tanto que se desocupaba el Ministro, y podía atenderle, Acosta se hacía presentar en la culta sociedad de Washington y Nueva York.

Entre las muchas cartas de recomendación que llevaba Acosta, transcribiremos la siguiente por estar dirigida á Enrique Clay, uno de los hombres más importantes de la República Norteamericana, ( |3 ) por un patriota de la gran Colombia, como lo fue don Pedro Gual.

" Honorable Enrique Clay, de., etc., etc.

"Mi muy estimado señor:

"Me tomo la libertad de introducir al conocimiento de usted al señor Coronel Acosta, que va á partir de aquí mañana para Washington. Este caballero es un patriota distinguido y un buen ciudadano de esta República, muy digno por sus conocimientos y servicios del aprecio y consideración pública. Por cualquiera atención y buenos oficios que usted tenga la bondad de dispensarle durante su residencia en esos Estados Unidos, le quedará siempre muy reconocido su antiguo amigo y obediente servidor,

"P. GUAL.

"Bogotá, Abril 12 de 1842."

En Washington fue recibido con señalado aprecio por el Presidente Juan Tyler, ( |4 ) y tuvo amistad con el Ministro de Relaciones Exteriores, señor Daniel Webster, uno de los ciudadanos más notables de su patria. ( |5 )

Como Acosta hablaba corrientemente la lengua inglesa, y estaba al cabo de todas las cuestiones políticas y literarias del mundo civilizado, podía siempre tomar parte en las conversaciones, y por consiguiente era muy apreciado en toda sociedad que frecuentase.

Entre los muchos asuntos que embargaban la atención del Gobierno de los Estados Unidos, estaban las disputas que tenían con México, disputas que tenían irritados los espíritus en uno y otro país.

No se vio con el Presidente de los Estados Unidos hasta fines de julio. Éste le recibió con mucha afabilidad y cordialidad, como arriba dijimos, pero no por eso el Poder Ejecutivo, ó más bien el Ministro de Estado y Relaciones Exteriores, se ocupaba del asunto que había llevado á Acosta á los Estados Unidos. Su Gobierno le había señalado término fijo para que despachase ese negocio, de manera que se habían pasado los seis meses fijados, y aún no había podido tener conferencia ninguna con el Ministro del ramo. Entre tanto, supo que Mr. Webster debería ausentarse por dos meses, durante los cuales no se ocuparía de política. Pidióle licencia para ir á verle en Boston, y así lo hizo, pero nada obtuvo de la conferencia que con él tuvo, porque le dijo que no había tenido tiempo de. estudiar el asunto. Acosta entonces resolvió regresar á su patria á dar cuenta de su misión, llegando á Bogotá al empezar el año de 1843.

La República estaba en completa paz, pero el malestar que queda en un país que se ha visto desgarrado por una revolución que duró dos años, no había pasado todavía, y los rencores, la miseria, los cambios de fortuna que producen los trastornos políticos, tenía á todos los ciudadanos en un estado de agitación que no les permitía emprender aquellos negocios, esas industrias que forman la riqueza verdadera de una nación. La famosa quiebra de un audaz negociante (Landínez) que arruinó á muchos hombres antes acaudalados y á gran número de personas que habían especulado con él, produjo en Bogotá un verdadero estupor y quebró en su raíz muchas industrias que procuraban levantarse sobre las ruinas de las que habían claudicado en años pasados.

Desde Noviembre de 1842 los restos del Libertador habían sido devueltos á Caracas, su patria. Esta, que vivo lo había proscrito, muerto olvidaba la ingratitud que usó con él para reclamar sus cenizas. Una reacción marcada en favor de Bolívar se notaba en toda la antigua Colombia, y ya no se atrevía nadie á proferir improperios contra él; la posteridad empezaba para el Libertador, y ésta era más justa que sus contemporáneos.

El último día de aquel mismo mes habían fusilado en la plaza mayor-llamada de Bolívar-de Bogotá al que indirectamente clavó el puñal en el corazón del Libertador y lo condujo á una muerte prematura, al mismo tiempo que asesinó al Mariscal Sucre; pues Bolívar empezó á agonizar desde el momento en que tuvo noticia del asesinato del vencedor de Ayacucho. Se entiende que nos referimos al fusilamiento de Apolinar Morillo, el reo convicto y confeso del asesinato de Sucre, según dijo, á instigación del General Obando, el cual, á su turno, obedecía á los mandatos del comité liberal de Bogotá.

En la misma semana en que el desventurado Morillo pagaba su crimen en el cadalso, tuvo lugar en Bogotá la primera Exposición industrial que allí se vio.

Bajo la administración Herrán se hicieron grandísimos esfuerzos para mejorar la instrucción pública, de manera que á principios de 1843 se fundaron en las provincias escuelas normales; se aumentaron las de primeras letras; se reformaron y reglamentaron las enseñanzas de jurisprudencia y medicina, y se expidieron decretos para fundar cátedras de ciencias que antes no se habían enseñado en el país. Acosta había vuelto á ocupar su puesto en el Congreso. Éste, el de 1843, reformó la Constitución de 1832, que hasta entonces había regido; con esto hiciéronle notables mejoras, según unos, cometieron enormes errores, según otros.

Con la nueva Constitución el Poder Ejecutivo gozaba de facultades tales, que hubiera podido gobernar con perfección si sus representantes eran buenos y perspicaces, é inicuamente si los que tenían en sus manos las riendas del poder eran malos ó carecían de prudencia.

Antes de que regresase Acosta de los Estados Unidos, y fundándose en una ley expedida por el Congreso de 1842, el Poder Ejecutivo (influido por el Secretario don Mariano Ospina, por el señor Arzobispo, el Ilustrísimo Manuel José de Mosquera, y por el General Mosquera (entonces ultra-conservador), mandó llevar á la República miembros de la Compañía de Jesús, con el objeto particularmente de que sirvieran las misiones de los indios salvajes del Darién, los Andaquíes y los llanos de Casanare.

Era aquella la época en que más guerra se hacía á la Compañía de Jesús en Europa, y cuando la juventud bogotana devoraba las novelas de Eugenio Sue y otras que atacaban á los discípulos de San Ignacio; por ese motivo el doctor Cuervo, don José Eusebío Caro, Joaquín Acosta y otros, pensaban que la llevada de los jesuitas era inoportuna en aquellos momentos, no porque estuvieran en contra de la Compañía, sino porque aquello daría pábulo á las pasiones de los enemigos. Efectivamente, así sucedió: una espantosa grita del partido liberal se levantó contra ella, grita que no cesó hasta que durante la administración López-cinco años después-logró al fin expulsarla del país con inaudita crueldad y barbarie.

El 2 de Octubre de aquel año de 1843 Acosta renuncia á los empleos provinciales que desempeñaba gratuitamente, y acepta un puesto en la Administración del General. Hernán, como Ministro de Relaciones Exteriores, destino que conservó hasta Marzo de 1845, cuando claudicó la Presidencia del señor Herrán.

Durante ese tiempo el Ministro de Relaciones Exteriores celebró varios tratados importantes con Venezuela ( |6 ) y otras potencias; llevó a cabo una convención postal muy útil con Francia; auxilio con sus luces y anteriores estudios al Secretario, don Mariano Ospina, en el plan de estudios universitarios que entonces se expidió, plan que se consideraba entonces demasiado rígido, pero que la práctica probó que era muy provechoso, porque entonces se educaron muchos jóvenes que después han sido hombres utilísimos en todos los ramos de los conocimientos humanos.

La casa de Acosta era el centro en que semanalmente se reunían los diplomáticos extranjeros y los miembros del Poder Ejecutivo, conservando así las buenas relaciones sociales con decoro entre unos y otros, y con ello ofrecía hospitalidad culta y agradable á los extranjeros, á quienes les proporcionaba ratos de solaz, rodeados por la mejor sociedad de la capital de la República, tanto masculina como femenina. "Este es un deber, decía Acosta, de todo Secretario de Relaciones Exteriores que comprende su posición en el Gobierno de su patria."

En aquellos recibos, que nada tenían de ostentosos, se respiraba una atmósfera de cordialidad, de buen gusto y de compostura, que daba muy buena, idea de la sociedad bogotana de aquella época. Allí tocaban y cantaban las señoritas, si no con la perfección que lo hacen hoy las hijas y las nietas de aquellas misivas, á lo menos procuraban imitar en lo posible las lecciones que algunas de ellas habían aprendido en el Extranjero; allí se bailaba alegremente, se conversaba, se recibían noticias políticas de otros países, y los que deseaban imponerse mejor de ellas podían recorrer los periódicos extranjeros, los libros europeos más recientes que Acosta pedía con ese objeto, y que cubrían las mesas de su estudio y los anaqueles de su biblioteca. Además, poseía un pequeño museo de obras nacionales y de la época pre-colombina, y una colección de medallas americanas y europeas y muestras de fósiles americanos, de mineralogía y de plantas disecadas suficientes para contentar la curiosidad de los amantes de aquellas cosas.

El Ministro de Francia en Bogotá era entonces un hombre muy notable, el Marqués De Lisie, el cual había reemplazado al Barón Gros, ambos personas que después desempeñaron altos destinos en la carrera diplomática. Por medio de este Ministro (De Lisie) había enviado el Gobierno francés una comisión científica al istmo de Panamá para que lo explorase, con la mira de abrir el canal. Al mismo tiempo el Gobierno de Nueva Granada mantenía un Agente diplomático en Londres para que trabajase en el mismo sentido en la Gran Bretaña y en las demás potencias marítimas de Europa.

El tratado comercial que no había podido ajustar el mismo Acosta como Agente diplomático en los Estados Unidos, lo llevó á cabo en su calidad de Ministro de Relaciones Exteriores, "con lo cual, dice en su |Memoria al Congreso de 1845, se afianzará al fin un pacto solemne con la primera, República de nuestro continente."

Acosta no desempeñó su empleo de Ministro de Relaciones Exteriores sino diez y ocho meses, al cabo de los cuales terminó la Presidencia del General Herrán.

En vísperas ya de concluir éste, Acosta se separó de la Secretaría. Con ese motivo recibió la siguiente comunicación, que transcribimos in extenso:

"EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA

|al honorable señor Coronel Joaquín Acosta, Secretario de la República en el Despacho de Relaciones Exteriores.

" Bogotá, 18 de Marzo de 1845.

"Antes de que termine el período de mi mando, debo manifestar á los señores Secretarios de Estado el aprecio que merecen los servicios que han prestado á la patria en el tiempo de mi Administración, y es con este objeto que me dirijo á usted.

"En el momento de posesionarme del destino de Presidente ocupé á usted en la comisión militar más delicada que en aquellos momentos se me presentaba, y de la cual pendía la seguridad de la provincia de Bogotá; la desempeñó usted tan ventajosamente, que supliendo la falta de instrucciones en lo que yo no le había prevenido expresamente, tanto por la confianza que tenía en usted, como por la premura con que lo despaché, obró usted conforme á mis deseos, marchando rápidamente á la provincia de Antioquia para asegurar en ella los resultados que se obtuvieron con el triunfo de Salamina, y pasando sin demora á contribuir de un modo sustancial al triunfo de la |Chanca.

"Concluida que fue la última campaña del Sur, obtuvo usted del Vicepresidente de la República, encargado del Poder Ejecutivo, una misión diplomática de carácter urgente cerca de los Estados Unidos, en cuyo desempeño llenó usted perfectamente los deseos del Gobierno, librando á la República de una cuestión desagradable, y regresando con inesperada presteza á ocupar el asiento que temporalmente había dejado usted en la Cámara de Representantes.

"Fue después de estos servicios importantes prestados bajo mi Administración que nombré á usted Secretario de Relaciones Exteriores, correspondiendo en este destino á mi confianza del modo más satisfactorio. Por medio de usted he logrado mejorar las relaciones que existían con los Gobiernos amigos. Además de esto, ha defendido usted en todas las cuestiones internacionales que se han ocurrido, los intereses de Nueva Granada de un modo tan provechoso á la Nación, que siempre le hará honor, debiendo quedarle la satisfacción de que en tantas negociaciones como han ocurrido en su tiempo, ningún gravamen injusto queda impuesto á Nueva Granada, y yo dejo con gusto mi nombre asociado á los negocios internacionales que usted ha manejado, porque en toda época se reconocerá el patriotismo que ha guiado á la Administración.

"Además de haber sido usted el fundador de la Secretaría de Relaciones Exteriores, ha tenido también á su cargo en dos distintas ocasiones la Secretaría de Hacienda y la de Guerra, en cuyo despacho provisional manifestó el mismo interés que en su propia Secretaría.

"Reciba usted la expresión de mi reconocimiento, sirviéndose igualmente aceptar el distinguido aprecio con que soy su muy atento y obsecuente servidor,

"P. A. HERRÁN."

Para reemplazar al General Herrán en la Presidencia habíanse presentado tres candidatos: el General Tomás C. de Mosquera, el General Eusebio Borrero y el doctor Rufino Cuervo. Obtuvo la mayoría de los votos el primero; éste no era el candidato de Acosta, lo conocía demasiado y creía que su carácter sería fatal para el país, el cual necesitaba un gobierno tranquilo, sensato, y sobre todo altamente pacífico; temía el espíritu de aventura que distinguía á Mosquera, y desconfiaba hondamente de sus actos. Con ese motivo resolvió abandonar el país por algunos años; además, tenía otros motivos poderosos para hacerlo. En primer lugar, hacía algunos años que se ocupaba asiduamente en reunir- libros y documentos antiguos acerca de la historia patria, con intención de escribir una historia extensa, seria, imparcial y concienzuda de Nueva Granada. Ésta debería arrancar desde la época del descubrimiento y conquista de este país por los españoles, y, después de estudiar los tiempos de la colonia, llegar hasta la época moderna. Semejante empresa no podía llevarse á cabo con serenidad, en medio de las luchas de la política y de las muchas atenciones que tenía sobre sí; por otra parte, sólo en Europa, y sobre todo en España, podría encontrar los datos suficientes que necesitaba. Fuera de éste, otros motivos lo llevaban á Europa, á saber: dar una educación sólida á su hija única, en la cual había puesto todo su cariño, y al mismo tiempo proporcionar á su esposa la satisfacción de volver á ver á su madre y al resto de su familia, de quienes hacía trece años que estaba separada.

Una vez que tomó aquella determinación, Acosta se ocupó activamente en ponerla por obra; arregló sus intereses de manera que pudiese recibir fácilmente en Europa las modestas rentas que provenían de su herencia paterna; pidió licencia para ausentarse del servicio militar durante dos años, y el

15 de Abril de aquel año de 1845 se puso en marcha para la Costa con su familia.

 

1
El cual era también Presidente de la República desde el 1.° de Abril de aquel año.
2
Apuntamientos sobre la campaña del Sur, página 18.
3
Este hombre de estado americano nació en Virginia en 1777. Después de una educación incompleta y una juventud laboriosa, se recibió como abogado á los veinte años, y se distinguió en su profesión tanto, que el Estado de Kentucky lo envió á Washington como Senador. En 1811 ocupó la Presidencia del Congreso, y desde 1812 se ocupó activamente en proteger la independencia de las colonias españolas. Como Ministro de los Estados Unidos en Europa, llamó la atención; como miembro del Gobierno del Presidente Adams siempre se distinguió por sus esfuerzos en favor de las repúblicas americanas y la emancipación completa de los esclavos. Su memoria es particularmente venerada en su patria.
4
Nacido en Virginia en 1790. Hijo de un rico propietario, recibió una excelente educación, y en breve se distinguió como hombre político. Fue primero Representante, Se :actor, Gobernador y Vicepresidente, y por último Presidente en 1841. Durante su período anexó á Texas, Iowa y Florida, y al concluir su magistratura se retiró á la vida privada. Murió en 1862.
5
Había nacido en 1782, en pobre cuna; pero sus cualidades lo hicieron tan popular, que obtuvo todos los más altos puestos públicos de su patria, calvo la Presidencia. Fue varias veces Ministro de Estado. Desaprobó las anexiones y las guerras con las Repúblicas vecinas, y procuró proteger á los sudamericanos.
6
Según lo últimamente publicado en los |Anales Diplomáticos y Consulares de Colombia, los trabajos de Acosta en los asuntos de límites con Venezuela son en extremo importantes, de manera que, dice el actual Ministro de Relaciones Exteriores, doctor A. J. Uribe, " si no dejó resuelto desde entonces el asunto, sí lo definió en todas sus partes con una claridad absoluta y con tanta abundancia de pruebas y razones, que sobre ellas había de fundarse más tarde la defensa de los derechos de Colombia."
(Véase |Anales Diplomáticos y Consulares de Colombia, bajo la dirección de A. J. Uribe, Diciembre de 1900, tomo 1.°, página 84).

 

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