CAPÍTULO III
Se divide el Partido Liberal. -Acosta hace causa común con los partidario; de Márquez. - Carta al General Santander. - Oposición del ex-Presidente al Gobierno. - Acosta tiene á su cargo el Observatorio astronómico, el Museo, etc.-Es nombrado Encargado de Negocios al Ecuador.-Viaje con su familia.-El Presidente del Ecuador señor Rocafuerte. - El General Flórez. - Carta del General Santander á Acosta.
| 1837 - 1838
Entre las muchas cualidades que adornaban al doctor Márquez, la que más popularidad le hizo tener era el que no perteneciese á la carrera militar. Como ya hemos dicho, los militares con sus arranques violentos, sus pretensiones á arreglarlo todo por medió de las armas y su empeñó en cortar todo nudo gordiano con la espada, tenía aterrorizadas á las poblaciones y á los ciudadanos que deseaban la paz para que pudiese imperar el progreso y la vida civilizada.
Acosta, pues, á pesar de la amistad personal que le ligaba al General Santander, escuchó primero su patriotismo que otras consideraciones, y con empeño se lanzó á combatir la candidatura de Obando y sostener la de Márquez.
El Presidente se manifestó muy quejoso con aquella guerra política que le hacía su amigo antiguo. Con su franqueza característica, Acosta escribió entonces una carta particular al General Santander, de la cual extractaremos la mayor parte de lo que se refiere á nuestro asunto. Dice así:
"...Recibí en días pasados una carta de Boussingault (que es ya profesor en la primera cátedra de Química de Europa, en la Sorbona, en reemplazo de M. Thenard) y me dice entre otras cosas, lo siguiente: ' Mis recuerdos respetuosos al General Santander; M. Arago agradece mucho su carta. El país de usted está tranquilo, gracias a su Administración.'
"Sí, mi General, lo que dice Boussingault es lo que creemos en la Nueva Granada los dos tercios de sus habitantes ó algo más de lo que creen los que se ocupan de nosotros en Europa y en América, pero Boussingault no dice otra cosa, que también creen generalmente en Europa y en América, á saber: que la existencia del Gobierno en nuestro país está cifrada en la persona del General Santander. No conviene al honor de la Nueva Granada, mi patria, que tal cosa se crea, y por lo mismo deseo que usted no gobierne durante los cuatro años de intervalo que felizmente ha dispuesto la Constitución que transcurran para la reelección. El país no puede ya ser gobernado por otros principios que por los del siglo, y es justo que cada provincia envíe al Congreso aquellos de sus hijos que se. hayan distinguido como liberales, ó que profesen estos principios, y que no sean ciegos instrumentos del Poder Ejecutivo, como usted dice, pero tampoco que le vengan á suscitar toda especie de embarazos y deslucirlo sólo porque no contribuyeron á nombrarle ( |1 ).
Si yo fuera al Congreso, no tendría enemigo más violento el partido retrógrado, pero tampoco querré que la oposición domine al Gobierno de tal modo, que lo obligue á echarse en sus brazos. Me parece que Nueva Granada comenzó á salir del número de los Estados americanos que son dominados exclusivamente por caudillos militares, desde el día en que nombró á Márquez para presidente, y para que el ensayo sea completo es preciso que la Administración sea por estos cuatro años independiente de la influencia poderosa del General Santander.
"Ridículo sería el ostracismo de que hablaba Borrero, y no solo ridículo, sino degradante, porque probaría que la presencia de un individuo en el territorio de una nación bastaba para ponerla en peligro, pero sí me acomoda el ostracismo |político por cuatro años. Todas mis simpatías están en favor de usted y de los que desgraciadamente han querido hacer de una cuestión de principios cuestión de personas. A su lado de usted he combatido á los españoles y á los conspiradores, y aun mis intereses personales, si fuese lícito consultarlos, están del mismo lado, porque las antiguas relaciones y el caso que usted ha hecho siempre de lo poco que yo valgo, me han convencido de que yo nunca sería anulado enteramente mientras usted esté en el poder. De la otra parte, ningunas relaciones de amistad tengo; por el contrario, tengo la firme persuasión de que muchos de los que sostienen hoy- á la Administración Márquez, espían la ocasión de darme en la cabeza, y, sin embargo, no miro á estas mezquinas consideraciones personales, aunque no haga carrera política ninguna. - Mi solo anhelo es continuar siendo una pobre abeja en la colmena granadina, para lo cual trataré de contribuir como yo lo entiendo á la obra de nuestra consolidación, obra en que la posteridad dará usted tanta parte. Sin odios ni resentimientos, ni inspirado por ninguna pasión baja, nacido en la provincia, pero no raizal de Bogotá, tengo, según creo, elementos suficientes para acertar con lo que puede convenir á la Provincia en la elección de las personas que deben entrar al Congreso en las presentes circunstancias.
"El día en que se me vea desertar mis principios y participar en planes para destruir el sistema legal que hoy rige en el país, ese día se podrá decir que yo cambio de colores. Entretanto se podrá decir que obro con demasiada independencia v sin quererme someter á los dictados de hombres eminentes, pero que soy inconsecuente y que no tengo fidelidad á mis principios, eso no!
"Cuando la Constitución ha dicho que ningún funcionario público podrá ejercer otras funciones que las que le permite la Constitución ó la ley, es preciso inclinarse. ¿Quién ha fijado los límites matemáticos entre las disposiciones legales y las constitucionales? . .. Profunda será mi ignorancia, en la mayor parte de las cuestiones constitucionales, pero en las que dieron motivo á una ley á cuya desobediencia se ha provocado esparciendo doctrinas anárquicas, no tengo miedo alguno ( |2 ); ni tampoco de la elocuencia ni de la ilustración de los señores Azuero, Soto y Gómez Plata.
"Esta carta está quizás escrita con demasiada franqueza para el tiempo que corre, y cuando el doblez está al orden del día en materias políticas, pero yo he creído que debía, en obsequio de nuestras relaciones de amistad, no usar de rebozo, y jugar con las cartas sobre la mesa."
A pesar de que las relaciones con el General Santander se habían enfriado un tanto, no por eso dejaban de verse y visitarse, tanto más cuanto que ambos vivían en la entonces plaza de San Francisco y se encontraban á cada paso en la calle y conversaban amistosamente.
El ex- Presidente y sus copartidarios no economizaban esfuerzos, trabajos y hojas impresas para hostilizar al Gobierno del doctor Márquez, y en los periódicos que patrocinaban usaban de un lenguaje descompuesto, y " aun se propasaron á amenazarle con un 25 de Septiembre, sembrando la cizaña en la sociedad, fingiendo una odiosa diferencia ale nobles y plebeyos; esto al mismo tiempo que de otros modos se ponía en la Costa unos contra otros á los blancos y á los pardos y se daba pábulo á todo linaje de pretensiones ó rivalidades locales, á fin de resucitar el federalismo " ( |3 ).
A pesar de que Acosta ayudaba de todas maneras al sostenimiento del Gobierno, no abandonaba por eso sus estudios científicos. Tenía á su cargo el Observatorio astronómico y el Museo, cargos que desempeñaba asiduamente y sin ninguna remuneración, sino que al contrario trataba de enriquecer esos plánteles científicos, consiguiendo dentro y fuera del país instrumentos nuevos y curiosidades naturales é históricas, desvelándose por esos establecimientos y pasando en ellos largas horas. No abandonaba tampoco su correspondencia con los sabios que había tratado en Europa, y con frecuencia enviaba comunicaciones á la Sociedad de Geografía de París, al Instituto de Francia, etc.
En Noviembre de 1837 Acosta recibió una comunicación del Secretario de Relaciones Exteriores, que lo era el señor D. Lino de Pombo, por la cuál le hacía saber que el Presidente " juzgando que por la situación actual de los negocios políticos del Perú y por la circunstancia de existir pendientes algunas cuestiones importantes con el Gobierno de la República del Ecuador, convenía acreditar cerca del expresado Gobierno una misión diplomática que gestionase en favor de los intereses nacionales;'' así, pues, había venido en nombrarle Encargado de Negocios de la Nueva Granada en el Ecuador.
Acosta aceptó el destino, y como no tuviese más familia que su esposa. y una niña pequeña, arregló prontamente su viaje al Ecuador. La víspera de su partida (17 de Diciembre de 1837), Acosta recibió las |Instrucciones del Ministro de Relaciones Exteriores (D. Lino de Pombo) acerca de la conducta que debería observar en su misión diplomática. "Esta, dice, confiada á los talentos y al patriotismo de usted, es de paz y amistad; y los objetos generales son arreglar por las vías decorosas de una franca negociación las cuestiones pendientes ó que se presentaren entre los dos Gobiernos; promover por medios amistosos todo lo que favorezca á los intereses políticos, industriales y mercantiles de la Nueva Granada y á su crédito exterior, y súper vigilar y neutralizar cualesquiera planes ó tentativas que pudieran mirarse como amenazas á su bienestar y á su seguridad."
Pasa después el señor Pombo á dar consejos utilísimos acerca de la conducta pública y privada que debe observar el Ministro, con una claridad y tal conocimiento, no sola mente de la política y tendencias de las nuevas repúblicas sudamericanas, sino también del estado social de ellas en aquella época.
Acosta emprendió el viaje por tierra hasta Quito, pues el Gobierno le había encargado reservadamente de ciertos negocios en las provincias del Sur de la República, negocios que debería arreglar á su paso.
El viaje era penosísimo entonces, y aun hoy día pocas personas lo emprenden por tierra. Pero gracias á la experiencia que tenía de aquellos lugares, que había recorrido en su primera juventud; de los muchos amigos que conservaba en los pueblos del tránsito y de un tren numeroso de sirvientes, mulas y caballos de remuda y comodidades de toda suerte en su equipaje, los viajeros no tuvieron el menor contratiempo.
Acosta salió de Bogotá á mediados de Diciembre, y con su familia tomó el camino de La Mesa; atravesaron el Magdalena; estuvieron en Neiva; cruzaron la provincia. del Cauca; en la escabrosa montaña de Berruecos vieron el sitio en que asesinaron á Sucre, después de pernoctar, como el Mariscal, en la casa de Erazo. A Pasto llegaron el 31 de Enero de 1838 y allí se detuvieron algunos días. En las fronteras de la República del Ecuador se encontraron con los edecanes del Presidente Rocafuerte, quien los había enviado á recibir á su antiguo amigo. Al cabo de setenta días de viaje, al fin el q de Febrero Acosta entró á Quito con su familia, y fue á aposentarse en la casa que por orden del Gobierno le habían preparado. En aquella época no residía en Quito ningún Agente diplomático de otras naciones. Los de Chile, Perú é Inglaterra vivían en Guayaquil, y solamente el Cónsul general francés estaba en Quito.
Como hemos visto, entonces el Ecuador era regido por el General Rocafuerte, uno de los hombres más ilustres, no solamente de su patria, sino también de toda la América española ( |4 ).
El carácter del Presidente del Ecuador y el del Ministro enviado por Colombia, eran parecidos en lo tocante al amor á las ciencias que profesaban, así como en el anhelo que ambos tenían por el progreso de la patria americana, y corno se habían tratado en época no muy lejana, y cuando ambos pertenecían á la gran Colombia, se consideraban como verdaderos compatriotas. Rocafuerte había hecho restablecer las Pirámides de Caraburo y Oyamburo, levantadas por La Condamine en 1740 para marcar la línea ecuatorial, y que un retrógrado emisario del Gobierno español había demolido seis años después.
Cuando Acosta llegó á Quito encontró al país en completa paz, y al parecer el Presidente había logrado armonizar á todos los ciudadanos, pues él no ahorraba sacrificio para contentar á todos.
Sin embargo, pocas semanas después, el 12 de Marzo, al salir de un suntuoso baile dado por el Secretario de Relaciones Exteriores, el Presidente recibió denuncia de un nuevo alzamiento. Era este bastante serio porque lo acaudillaban, entre otros jefes experimentados y valerosos, el General Martínez de Aparicio, cuya influencia sería funesta si no se sofocaba inmediatamente. El General Daste voló á debelar la insurrección, y después de una reñida batalla el Gobierno triunfó de la iniciada revuelta.
La posición del Ministro neogranadino era delicada, porque en Pasto estaba el núcleo revolucionario contra el Ecuador. El Gobierno de este país elevaba sin cesar quejas sobre esto, hasta que fue preciso permitir que residiese en Pasto un Agente ecuatoriano para que vigilase á los conspiradores, aunque no se le permitió que tuviese carácter oficial.
Entre los asuntos más importantes que Acosta debería gestionar en el Ecuador, estaba el de pedir explicaciones al Gobierno acerca de una invasión en el territorio grana dino por tropas ecuatorianas, violándolo y cometiendo tropelías, incendios y asesinatos, dos años antes de la misión de Acosta. A pesar de la moderación con que se reclamaron las indemnizaciones que deberían recibir los granadinos por aquellas violencias, durante ocho meses no pudo lograr el Ministro granadino que se le atendiese debidamente. Sin embargo, arregló privadamente con Flórez (quien debía empuñar las riendas del Gobierno muy pronto, como hemos visto), que este asunto se arreglaría á contentamiento de todos no bien subiera al poder.
Acosta se aprovechó de aquella circunstancia para pasar una comunicación al Gobierno en la cual le felicitaba por el pronto y feliz término de la insurrección de Rio bamba, y el Secretario de Relaciones Exteriores, señor José Miguel González, le contestó una nota muy honrosa para el Ministro colombiano, dándole gracias por el interés que tomaba en los negocios políticos del Ecuador.
El Ministro neo-granadino supo captarse las simpatías de toda la sociedad quiteña. Entre otros, el General Flórez, el fundador de aquella República, le manifestó particular estimación; le obsequió con su retrato al óleo, obra de un renombrado pintor quiteño, con un rico ejemplar de sus poesías ( |Ocios poéticos) y le invitó repetidas veces á que fuese á pasar temporadas en una quinta en que vivía retirado de la ciudad, esperando á que le tocase su turno de gobernar la República cuando terminara Roca fuerte su período presidencial (el 31 de Enero de 1839) ( |5 )
Estando en Quito Acosta recibió la siguiente carta, la cual insertamos íntegra, porque pinta á lo vivo al autor de ella y los tiempos en que la escribió.
Bogotá, 28 de Marzo de 1838.
"Muy estimado señor Acosta:
"El señor Rocafuerte me avisó también la llegada de usted á esa capital, que usted me comunica en la suya del 27, que he leído con gusto.
"Celebro que usted haya encontrado el Ecuador más adelantado de lo que esperaba; yo siempre he hecho justicia á la ilustración y buenas intenciones del señor Roca fuerte. El me dice que el fanatismo ha querido levantar cabeza con motivo de la escuela de niños; pero que el Gobierno está siempre pronto á descargar sobre él todo el peso de su autoridad. Así sea en todas partes.
"Desde una |soirée dada por Mr. Turner ( |6 ) en Enero, se presentaron apunas damas con los trajes sin mangones; yo le he dicho á Sixta ( |7 ) lo que usted me escribe sobre el particular. Desde fines de Febrero se fue Turner, dejando á Adams en su lugar; nos ha amenazado con que vuelve!
"Yo me fui desde Enero á tierra caliente con mi familia, y volví la víspera de instalarse el Congreso, trayendo á Sixta bien restablecida y á mi hijita Clementina ( |8 ) muy gorda.
"Llevamos 28 días de Congreso en paz y tranquilidad contra los pronósticos de los que ven en mí la tea de la discordia. Hoy trataremos la delicada cuestión de la conducta del P. E. en lo del Juez de Hacienda del Cauca, y espero que no corra sangre.
"La Cámara de Representantes ya no es escuela |Lancasteriana, como la llamó otra vez Merizalde, ni |Periquitería, como la calificó el Coronel Molina. El Poder Ejecutivo ha encontrado en nosotros, los de la oposición, todo el apoyo debido en cuanto ha propuesto y solicitado en favor del progreso nacional y útil.
"Quisiera que Domingo (Acosta) fuera á Roma, porque lo creo justo; pero si lo indico, será motivo para que el Presidente no lo destine. Yo hablaré por la imprenta á su tiempo para que no hagan tal injusticia ( |9 ).
"Sabemos la renovación de las hostilidades de Chile contra la Confederación de Santa Cruz. Mi compadre el General Flórez me tiene al corriente de todo esto. Me alegro de que se trabaje al Protector.
"Mañana se presenta la ley de gastos; yo para llenar mi deber respecto de la partida para la Legación del Ecuador, preguntaré al Secretario si solo se mandó la Legación, como dice el Mensaje del Presidente, á manifestar nuestra buena amistad, etc., ó si lleva otros encargos interesantes al bien común del país, y respondiéndome afirmativamente como debe hacerlo, según á lo que sé que usted ha ido particularmente, votaré por la partida. A mí no me satisfacen como á Diputado las explicaciones que el |Argos hizo á la Bandera nacional de la dicha Legación, porque pueden haber variado las circunstancias de entonces á hoy.
"Según lo que me dice el General Flórez, él será nombrado Presidente, y admitirá, de lo que me alegro muchísimo por mil motivos. Por esto será que él no ha dicho todavía por quién está para Presidente. ¿Supo usted por quién estuvo el doctor Márquez para Presidente de la Nueva Granada? No; porque él estaba por sí mismo.
"Estamos poco acalorados por la Vicepresidencia ( |10 ); yo á lo menos no lo estoy, porque me es indiferente que se nombre á Azuero, Soto, López, Caycedo, Uribe, Herrán ó alguno de los Arjonas. Me reservo para acalorarme en el año de 40, pues á mí no me arredran. las derrotas políticas. Todavía no sé quién sea candidato para el Congreso próximo por parte de los dos partidos juntos, pero la |Sociedad Católica bogotana ( |11 ) tiene los suyos para sostener la Religión, reviviendo entre otras cosas el Santo Oficio. ¡Qué se parece á Márquez Rocafuerte en lo enérgico y pronunciado contra el fanatismo religioso!! Perdone esta exclamación á quién nada tiene de diplomático, y bórrela de esta carta si puede comprometerlo con su Presidente.
"Deseo á usted felicidades completas. De mi parte y de la de Sixta, muchos recuerdos amistosos á Madama Acosta; mis cariños á Solita.
Me repito de usted su amigo,
F. P. SANTANDER.
En aquella época había muy pocos granadinos en el Ecuador. En la lista de ellos no alcanzaban á ciento. Desde 1860 emigraron muchos á la vecina República, y hoy se cuentan miles de colombianos en el Ecuador.
Las notas que Acosta enviaba á su Gobierno dan clara idea de la situación en que se hallaba aquella República, y en una de ellas da utilísimos informes acerca de las fronteras entre las dos Naciones.
Durante su permanencia en el Ecuador, Acosta estuvo en Guayaquil ocupado en mandar fabricar un buque para la defensa de las costas del Pacífico.
Al cabo de ocho meses de residencia en Quito, Acosta pidió sus cartas de retiro, por haber recibido el nombramiento de Diputado al Congreso de su patria, y le interesaba asistir á aquellas sesiones.