CAPÍTULO II
Regresa Acosta á los Estados Unidos, en donde se casa.-La Convención había elegido Presidente al General Santander.-Altercados y guerra con el Ecuador. -Acosta se establece en Bogotá.-Le nombran, Director de caminos de Cundinamarca. - Miembro de la Academia Nacional. - Catedrático de química.-Rumores de conspiración. - Administración del General Santander.-El Colegio de La Merced.-El doctor Cuervo. - Sociedades para propender á la educación. -Enseñanzas utilitaristas-La conspiración de Sardá y sus consecuencias.-Acosta presta servicios á la patria como miembro de la Cámara de Provincia y Diputado al Congreso. - Su aspecto físico y moral. - División del partido liberal. - Núcleo del partido conservador.-Quiénes lo componían.
| 1832-1836
Cuando llegó el principio del año de 1832, Acosta emprendió viaje con licencia para ir á casarse en los Estados Unidos, como lo había ofrecido. Había puesto en claro sus asuntos personales, haciéndose cargo de los terrenos que le pertenecían por herencia en el valle de Guaduas. A él había tocado el área de población y gran parte de los cerros- circunvecinos, por el lado del llamado Alto del Raizal, y además un lote de la casa solariega de sus padres, en Bogotá, sita ésta en la llamada entonces plaza de San Francisco, hoy de Santander, por haber tenido allí el General Santander su casa, en la cual vivió, murió y permanecieron sepultados sus huesos largos años.
El 29 de Febrero los miembros de la Convención firmaron la Constitución de la nueva República de Nueva Granada. Eligieron Presidente por cuatro años al General Santander, y Vicepresidente al mismo que había competido con el General Obando anteriormente, el doctor J. Ignacio Márquez. "Para que hubiese elección, leemos en las Memorias del General Posada, se necesitaba el voto de las dos terceras partes de los miembros presentes en la sesión, y por esta causa no se decidió la elección hasta el 15.° escrutinio, resultando electo el señor Márquez por 42 votos contra 20 que obtuvo el General Obando, quien no disimuló su enojo, y desde aquel día miró con aversión reconcentrada al señor Márquez, como lo probó después haciéndose su enemigo declarado. Sin embargo, aceptó por lo pronto la Secretaría de Guerra, por nombramiento del Vicepresidente electo...."
La Convención cerró por último sus sesiones el I.° de Abril, y el doctor Márquez se ocupó activamente en pacificar el país y en terminar sus desavenencias con Venezuela y el Ecuador.
Como ya dijimos antes, el General Flórez, con el consentimiento en un principio de ciudadanos granadinos como los Generales López y Obando, reclamaba para la nueva República que acababa de constituir con el nombre del Ecuador, una parte del territorio granadino. Con el objeto de evitar derramamiento de sangre entre hermanos, Márquez envió al Ecuador una comisión de paz, compuesta de tres personas respetabilísimas en sí, así como por representar á diferentes partidos de la República, á saber: don losé Manuel Restrepo, amigo del orden, de las luces, historiador, miembro del partido de Bolívar, á quien había servido leal y eficazmente durante largos años; el ilustrísimo José María Estéves, Obispo de Santa Marta, quien iba como elemento de: la paz y la caridad, que deben Hallar siempre cabida en el pecho de un sacerdote del Altísimo; y el Coronel José Acevedo, hijo del gran tribuno de 1810, que representaba el patriotismo de la juventud granadina del Partido Liberal que seguía las huellas del doctor Márquez. Este último iba como Secretario.
Sin embargo, los comisionados de paz nada pudieron hacer en el Ecuador. Después de varias conferencias en Quito, se retiraron y volvieron al Cauca. Entre tanto, habiendo nombrado el Gobierno al General J. M. Obando para que se situase en las fronteras y declarase la guerra al Ecuador en caso de que esta Nación se negase á devolver las provincias del litigio, se rompieron en breve las hostilidades y empezó una guerra que Márquez había deseado evitar á todo trance. ( |1 ) Felizmente ésta no fue larga ni sangrienta. Habiendo obtenido señaladas ventajas, las tropas granadinas se declararon vencedoras; propusieron un tratado de paz, y al fin del año de 1832 firmaron uno de amistad y alianza con el Ecuador, y las provincias semi anexadas volvieron al dominio legal.
Joaquín Acosta había sido comisionado para entregar el nombramiento de Presidente de la República al General Santander, quien estaba entonces en los Estados Unidos, el cual le sirvió como padrino de su matrimonio con la señorita Kemble. La ceremonia se efectuó el 31 de Mayo de 1832, é inmediatamente emprendió viaje de regreso á su patria. Con el Presidente subieron el Magdalena hasta Ocaña, en donde Santander tomó el camino de Cúcuta para ir á Bogotá, mientras que Acosta seguía hasta Honda.
Poco después de establecer en Bogotá su nuevo hogar, Acosta recibió de su antiguo amigo el doctor Rufino Cuervo, Gobernador de la Provincia, el nombramiento de Ingeniero Director de los caminos de Cundinamarca, y lo hicieron miembro fundador de la Academia nacional, mandada establecer por el Poder Ejecutivo en Diciembre de aquel año, ( |2 ) por haber informado el Secretario del Interior que la Academia fundada en 1826 ya no existía.
En Abril de 1833 Acosta fue nombrado catedrático de química en la Universidad, una de las enseñanzas de las cuales más gustaba, y para llenar su objeto no evitaba es fuerzo ni sacrificio, llevando de su propio laboratorio los instrumentos necesarios y haciendo dónde ellos en obsequio de sus discípulos.
Empero, la situación del la República no estaba del todo apaciguada; fermentaban odios, encubiertas ambiciones y proyectos antipatrióticos de asonadas y conspiraciones. Y era natural que así fuera; cuando se turba la paz pública sucede como en la mar, pasada la tempestad: aún queda por muchos días el movimiento y agitación de las olas, que recuerdan el temporal anterior.
En un principio el General Santander había manifestado el deseo de que se borrasen los partidos, y quiso que se supiese de una manera oficial-por medio de tina circular-que su intención era acallar los odios de unos y de otros, gobernando con todos los ciudadanos y para todos, sin distinción de opiniones ni recuerdos de pasadas desavenencias. ( |3 ) Pero al mismo tiempo amenazaba con castigar severamente á los que atentasen contra la paz pública.
Nada, sin embargo, es más difícil, ó más bien es casi imposible gobernar con todos los partidos, y el gobernante no puede olvidar que debe el puesto, los honores y los afectos á los que han trabajado en su favor. Si así lo hiciere, los amigos del gobernante lo tacharán de ingrato, sin que por eso logre conciliar la buena voluntad de los contrarios. Santander no se libró de aquello. Además, los que lo rodeaban tenían cuidado de recordarle sin cesar las ofensas que en otro tiempo había recibido. Empezaron á oírse en breve los rumores precursores de algún trastorno público, y se habló de que se tramaban conspiraciones contra la persona del Presidente. Éste quiso entonces reunir en torno suyo á todas aquellas personas en cuya lealtad confiaba, y el 13 de junio expidió al Comandante J. Acosta un despacho confiriéndole el mande de medio batallón de artillería, compuesto de dos compañías en Bogotá y otra en . las provincias del Sur. Vióse, pues, Acosta, en la obligación de tomar de nuevo servicio activo en el ejército, sin que aquello le impidiese atender á sus otros compromisos. Siguió en el puesto de Director de los caminos de Cundinamarca, servía su cátedra en la Universidad, estudiaba sin cesar y continuaba una correspondencia activa con los sabios con quienes había tenido relaciones en Europa.
Nadie puede negar, al estudiar la historia de Nueva Granada en aquella época, que la administración del General Santander fue altamente ventajosa para la naciente República. El país tenía en su seno hombres patriotas, amantes de un progreso racional y de las verdaderas luces de la civilización. Es increíble lo que entonces se propendió para la marcha de la instrucción pública, bajo todas sus fases. Nombráronse catedráticos para que enseñasen ciencias casi desconocidas antes en aquella sección de América, y surgieron por todas partes de la República nuevos colegios y escuelas. Y, lo que hasta entonces olvidaban los legisladores: también se acordaron de las mujeres, fundando un plantel de educación para las niñas! El Colegio de La Merced fue el primero que inició una educación más amplia y civilizada para la juventud femenina. Esto no significa que no hubiese otro colegio en Bogotá, el de las monjas de la Enseñanza, en que se daba una educación netamente religiosa, y varias escuelas de niñas de primeras letras de particulares, fuera de las oficiales.
El inteligente y progresista Gobernador de Cundinamarca fue el iniciador y el q rte llevó á cabo ese paso en pro de la civilización del país. Dejaremos aquí la palabra á los hijos de este preclaro ciudadano, cuya vida escribieron. He aquí lo que dicen:
"El doctor Cuervo quiso dejar un monumento fundado de planta nueva y consagrado al bien de la mujer, por cuya educación superior la República nada había hecho, al paso que dirigía todos sus cuidados al del hombre. Con este pensamiento desenterró la ley del Congreso de Cúcuta, que aplicaba á la instrucción los fondos de los extinguidos conventos menores, aseguró las propiedades de los de San Francisco de Guaduas y de Las Aguas de Bogotá, amenazadas de desaparecer como otras tantas, buscó las fundaciones destinadas para socorro y auxilio del sexo débil, y cuando tuvo allegada una renta de más de dos mil pesos anuales, propuso al Gobierno la fundación del colegio de La Merced, destinado especialmente para las hijas de los próceres de la Independencia y de los beneméritos de la patria. Pidió en nombre de las granadinas esta gracia, que no costaba á la nación sino el trabajo de dictar los reglamentos, nombrar los empleados y otorgarle su protección." ( |4 )
Es cierto que cuando Santander tomó las riendas del Gobierno, ya el colegio de La Merced estaba fundado por el Gobernador doctor Cuervo; pero durante su administración adelantó considerablemente y se trató de que se abriera un poco el humilde horizonte que en un principio tenía. Como no hubiese entonces en Bogotá maestras capaces de enseñar música y canto, obtuvieron de la esposa del Comandante Acosta que diese algunas lecciones y consejos acerca de ese arte que ella había aprendido á fondo en Francia, en donde se había educado. El doctor Cuervo escribió obritas elementales para la instrucción femenina, y cada cual llevaba su contingente para mejorar el establecimiento.
Y no era solamente en la capital de la República en donde se propendía por la instrucción de la juventud; en las provincias sucedía otro tanto, y en todas partes se abrían escuelas y colegios para educar á los ciudadanos. ( |5 ) Por desgracia no supieron escoger convenientemente los textos, con motivo en gran parte de la influencia del General Santander, quien probablemente patrocinó los escritos de autores utilitaristas, sin caer en la cuenta de las perniciosas doctrinas que enseñaban á la juventud granadina; fijándose mis bien en la amistad que lo ligó en Inglaterra y Francia con Bentham y Tracy, que en los textos de sus obra-. Bolívar, que veía más claro, prohibió esas enseñanzas después de la conspiración del 25 de Septiembre, declarando-dicen los señores Cuervos-que á su influencia corruptora se debió aquel atentado parricida. Con motivo de esa prohibición del Libertador, la cuestión se volvió de partido, y tus liberales han adoptado los textos utilitaristas á pesar de que comprenden el mal que hacen ron ello.
Entre los mayores enemigos que tenia el General Santander, uno de los que más se quejaba de él era el General osé Sardá, español, doblemente digno de consideraciones, porque á pesar de su nacionalidad optó por la causa de la Independencia de América, y combatió en favor de ella. Borrado de la lista militar durante la administración de Obando, sólo porque se le consideraba adicto al Libertador (que ya había muerto), y además cruelmente desterrado y por consiguiente condenado á la mayor pobreza, Sardá no cumplió la sentencia y se quedo en Bogotá. Agriado por la desgracia, pensó que no había para él más salvación que la de propender para que se derrocase el gobierno del General Santander, y de allí la intranquilidad y los rumores de conspiración ( |6 ) que sin cesar turbaban la paz pública.
La conspiración urdida por Sardá y otros antiguos bolivianos, fue solemnemente denunciada al Presidente el 23 de julio, é inmediatamente los instigadores de ella fueron apresados; prontísimamente juzgados; condenados á muerte en Octubre y fusilados 17 en la plaza de Bolívar de Bogotá el 16 del mismo mes.
Se creía entonces que la única manera de salvar la paz era usando de gran severidad. El temor de caer en la anarquía hacía acallar la conmiseración hasta en los corazones más nobles y humanitarios.
Leemos en la |Vida del doctor Cuervo lo siguiente:
"El Teniente Coronel Joaquín Acosta (que entonces era el Presidente de la Cámara de Provincia) contestando la memoria del Gobernador de Bogotá, doctor Cuervo, le decía en 17 de Septiembre: " Los hechos escandalosos que en estos últimos días han sido presentados por una fracción oscura y desaforada que intentó conculcar las leyes, segar en su flor la familia granadina y trastornarlo todo, han llenado á los que componen la Cámara de asombro por lo que tienen de temerarios, de sentimiento por lo que tienen de ingratitud, y de indignación por lo que tienen de horrendos; pero les queda la satisfacción de que á los ojos del mundo sensato esto no puede afectar de ninguna manera el honor de la Provincia, mucho más cuando se vea que las leyes ofendidas reciben una satisfacción digna en el mismo lugar que se intentara convertir en teatro de estupendos crímenes."
El ejemplo de los desórdenes, de los crímenes, de la horrible anarquía que reinaba en las repúblicas hermanas que habían obtenido su independencia al mismo tiempo que Nueva Granada, había llenado de vergüenza á todos aquellos que respetaban las leyes y creían en la necesidad absoluta de acatarlas sin discrepancia alguna, y pensaban, con razón, que no había sacrificio que no se debiera hacer en obsequio de la paz de la República. Estas fueron las ideas que animaban á Acosta por aquel tiempo, ideas que conservó hasta su muerte sin desviarse de ellas jamás. Creía que era preciso hacer comprender á los militares que la disciplina se cumplía sin atenuación ninguna, y que si éstos pretendían cometer faltas, atenidos á sus pasadas glorias y servicios, supieran que serían castigados sin misericordia.
Sin embargo, el principal instigador de aquella conspiración, el General Sardá, había logrado fugarse de la cárcel la víspera de los fusilamientos. Duró un año oculto en Bogotá, y sin duda al fin hubiera logrado escapar con vida, si no siguiera conspirando y tratando de allegar partidarios por medio de algunos de los que tenían comunicación con él. Santander no ignoraba todo esto, y vivían todos los miembros del Gobierno siempre inquietos y sobre aviso, temiendo á cada hora que se turbase la paz pública, paz que se conservaba tan difícilmente, lo cual no permitía atender debidamente á los asuntos gubernativos. Al fin le fue denunciada al Presidente la casa en que se ocultaba Sardá, y como considerase difícil é inconveniente hacerle prender y ejecutar públicamente, ordenó á dos oficiales del ejército que se fingiesen partidarios de la conspiración que el mísero español urdía, que con ese motivo lograsen entrar á la casa, y que allí le asesinasen. Sentencia horrible y criminal, que aquellos hombres ejecutaron sin vacilar.
Pero ese no fue el último acto de aquel drama sangriento. Los conspiradores á quienes se les había conmutado la pena de muerte, fueron enviados á los presidios de Chagres y Cartagena, en donde parece que murieron todos, víctimas de aquellos climas mortíferos para el que no ha nacido allí; por consiguiente esos infortunados tuvieron la peor parte, y el fin de la conspiración de Sardá tuvo lugar lejos del punto en que fue tramada, bajo el sol de fuego de esos sitios, los mas malsanos del mundo.
Entretanto Santander no estaba en un lecho de rosas, y sus enemigos le hacían expiar duramente aquellos actos con una guerra sorda de libelos, insultos y recriminaciones, á los cuales, con poca dignidad, se decía que contestaba él mismo en |El Cachaco, periódico defensor del Gobierno, redactado por dos liberales del partido más exaltado: D. Florentino González y D. Lorenzo M. Lleras.
Acosta entretanto continuaba prestando todos los servicios que á su alcance estaban, en bien de la patria, aprovechándose para ello de los conocimientos y ciencias que había adquirido en Europa.
Frecuentemente le invitaban á la Casa de Moneda para que fuese á dar su opinión acerca de las operaciones que allí se hacían, y en su calidad de químico sus conceptos eran acatados y obedecidos.
Estando Acosta en Vélez (Septiembre de 1834) cumpliendo una comisión del Gobierno, el Gobernador de aquella Provincia le encargó que inspeccionase el camino del Cazare é informase á la Cámara de la Provincia y al Poder Ejecutivo acerca de los trabajos que deberían hacerse; de las facilidades que presentaría el camino para el comercio, y la distancia de la capital de la Provincia al puerto, así como la temperatura de los lugares por donde gira, etc., etc. Además, se le pedía indicase los defectos y los vicios que encontrara, y manifestase las reformas conducentes.
Cumplido lo que se le exigía, antes de llegar á Zipaquirá de regreso de aquel penoso viaje, recibió la siguiente comunicación del Secretario de Hacienda:
Bogotá, 19 de Septiembre de 1834.
Señor C. Joaquín Acosta.
"Desea el Gobierno saber si en concepto de usted, según los conocimientos que tiene, es ruinoso á la mina de sal de Zipaquirá el sistema de elaboración que actualmente observan los asentistas; y en el caso que la opinión de usted sea afirmativa, ¿cuál sería el método conveniente á la elaboración para que la mina no sea agotada?
Dios guarde á usted,
FRANCISCO SOTO."
Cuando en aquel mismo año se reunió la Cámara de Provincia en el Socorro, pasaron á Acosta dos comunicaciones en las cuales le daban gracias por sus oportunos servicios en el asunto del camino al Magdalena. No sólo había presentado un informe concienzudo, sino que había elaborado (gratuitamente todo este trabajo) un plano topográfico del camino, y hecho un cálculo aproximativo de lo que podía costar. No sabemos si aquel camino se hizo, ni si aprovecharon aquellos informes posteriormente otras personas para llevarlo á cabo.
Ese año Acosta volvió á asistir á la Cámara de Provincia de Cundinamarca, concurriendo en seguida todos los años cuando se hallaba en el país.
Como en 1835 Acosta hubiese aceptado el nombramiento de Diputado al Congreso, quiso abandonar el servicio activo, y entregó la Comandancia del medio Batallón de Artillería que tenía á su mando, con el objeto de dedicarse con mayor atención á los múltiples deberes que le ocupaban todo su tiempo ( |7 ). En Junio de ese año el jefe político de Bogotá notificó que la Secretaría de lo Interior necesitaba informarse acerca de los límites de la República y los de las provincias entre sí. Le enviaban á Acosta aquella nota, porque sus estudios y conocimientos prácticos de la historia y la geografía del país le hacían fácil corresponder á ese mandato del Gobierno.
Parece que el Poder Ejecutivo deseaba poder presentar al Congreso de 1836 un censo general de la población de la República, especificando los límites territoriales de cada provincia.
Aquel proyecto se llevó á cabo satisfactoriamente, es decir, tan satisfactoriamente como es posible levantar un censo de población en esos vastos territorios en los cuales las poblaciones están diseminadas. Nueva Granada se componía entonces de quince provincias, á saber: Antioquia, Barbacoas, Bogotá (ó Cundinamarca), Cartagena, Cauca, Magdalena, Neiva, Panamá, Pasto, Pamplona, Popayán, Socorro, Tunja, Vélez y Veraguas. La población era entonces de 1.686,038 habitantes ( |8 ).
. En la Cámara de Representantes, Acosta pudo lucir mejor sus dotes como orador, y al lado de los hombres más importantes del país se hizo apreciar por su acrisolado patriotismo, su amor á la verdad y á la justicia, y la moderación ilustrada de sus ideas.
"Tenía Acosta, (dice el señor José María Samper) particular talento para la sátira fina y picante y la burla inofensiva, no obstante la seriedad de sus trabajos y pensamientos; y si, por ser hombre muy sociable y de mundo, era llano y hasta jovial en el trato privado, como escritor era ocurrente y agudo, ingenioso y buen dialéctico, y como diplomático y orador parlamentario, muy mesurado en el lenguaje, fuertemente razonador, castizo en el decir, culto en las maneras y reportado en los juicios... Acosta se distinguía en lo moral por varias cualidades dignas del mayor aprecio. Era hombre de incorruptible probidad, y tan severo para consigo mismo en asuntos de interés, que llevaba hasta la nimiedad el rigor de sus cuentas, comprobantes y notas justificativas de sus actos. Generoso y desinteresado por extremo, jamás hizo mayor caso de los bienes de fortuna, que sacrificaba en mucha parte; trataba con suma benevolencia y liberalidad á los inquilinos y arrendatarios de sus casas y tierras; era franco y obsequioso con sus amigos, para quienes su casa estaba siempre abierta; y, filántropo sencillo, pasó su vida en gastar sumas considerables en viajes, publicaciones y trabajos científicos, que le produjeron honra pero no dinero, y en hacer útiles donaciones para públicos servicios... De talla muy bien conformada y robusto, tenía digna apostura, y siempre estaba de buen humor y dispuesto al trabajo. Tenía el rostro largo y ovalado, las facciones vigorosamente varoniles, la frente vastísima, muy bien conformada y protuberante en la región superior, los ojos grandes y de mirar ingenuo y penetrante á una vez, la voz fuerte y de timbre agudo, el andar rápido; y mostraba en la boca una expresión tan marcadamente significativa de franqueza algo ruda, al par que de ironía y sarcasmo, que no obstante la cortesía de sus modales, inspiraba un respeto mezclado de encogimiento ( |9 )."
Además de sus tareas parlamentarias, Acosta era miembro del Cuerpo Administrativo de una Sociedad llamada de |Templanza, que fundaron en Bogotá D. Pastor Ospina y D. Lorenzo Lleras; pertenecía á una Academia gire estableció la junta General de la Universidad, y fue nombrado redactor de |El Constitucional de Cundinamarca, en unión del señor Francisco de P. López Aldana, del doctor Francisco de Orbegoso, del señor Lorenzo M. Lleras y del doctor Florentino González. Tocábales la redacción del periódico por turnos semanalmente. Asistía á la Cámara de Provincia y era Juez 3.° principal de Las Nieves. El Poder Ejecutivo le nombraba frecuentemente, como lo hemos visto arriba, para que fuese á examinar minas y diera informes acerca de su naturaleza y de la manera de explotarlas; prestaba servicios corno químico en todo género de experimentos en los hospitales, etc., etc. Acosta jamás rehusaba esa clase de servicios patrióticos, siempre gratuitamente, y á consecuencias de ellos sólo cosechaba disgustos, fatigas, desembolsos, ingratitud y envidias, con lo cual le persiguieron aquellos mismos que se aprovechaban de sus conocimientos.
Era llegado el momento, al empezar el año de 1836, de escoger un nuevo Presidente que debería reemplazar al General Santander en el poder. Tres candidatos se presentaron en cantara: el General Santander patrocinaba al General |José María Obando, y el candidato de los liberales, si es posible más exagerados, era el doctor |Vicente Azuero. Entre tanto la parte moderada de la opinión pública, compuesta de liberales de orden, enemigos del militarismo, de la exageración en el progreso, sostenedores de las leyes, republicanos serios y patriotas, como D. Lino de Pombo, los dos Ospinas, el General José Acebedo, el doctor Cuervo, el señor Clímaco Ordóñez, el entonces Coronel Joaquín Barriga, D. Alejandro Vélez, D. Juan de Dios Aranzazu y Joaquín Acosta, se unieron con los restos del partido boliviano, cuyos miembros más conspicuos eran los Generales Herrán y Mosquera, los doctores Gori y Osorio, los señores Restrepo y Canabal, y todos juntos resolvieron sostener la candidatura del doctor |J. Ignacio Márquez.
Aquel fue el origen y la cuna del actual partido llamado en Colombia conservador genuino, cuya bandera civilizadora, progresista y de orden, tremoló durante muchos años siempre en manos de los hombres más realmente patriotas del país, arrostrando para sacarla ilesa toda suerte de peligros, de calumnias y de odios.
Todos estos habían sido partidarios y amigos personales del General Santander en el principio de su Administración, pero todos se habían ido alejando de él á medida que se acentuaba su predilección por el General Obando, sobre el cual pesaba como negrísima mancha el drama criminal de Berruecos; y además, ninguno de ellos podía confiar en la conducta de un hombre que tan falaz había sido en política, y cuyas ideas de gobierno eran tan contrarias á la República sana, sensata y respetable que se deseaba afirmar en Nueva Granada ( |10 ).
Los votos que obtuvo Márquez alcanzaron á 615 contra 541 por Obando y 164 por Azuero. El Congreso declaró electo al primero presidente de la República, con una mayoría de 58 votos; alcanzando Azuero 21 y Obando solo 17, pues hasta el mismo General Santander había optado por Azuero al ver la impopularidad de Obando.