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CAPITULO XIX

 

Situación de Francia en Julio de 1830. - Una sesión en el Instituto. Descontento del pueblo con el Gobierno. - Se deciara una revolución en París contra Carlos X.-Acosta presencia aquellos acontecimientos.-Coronación de Luis Felipe.

1830

 

Como siempre interesa todo lo concerniente á los sucesos históricos, y gusta saber las impresiones personales de aquellos que presenciaron acontecimientos importantes, hemos pensado que no se debe dejar de transcribir casi íntegramente todo lo que encontramos en el Diario de Acosta, tocante á la Revolución de 1830 en Francia. Sin embargo, antes de esto permítasenos refrescar las ideas de los lectores con una brevísima reseña de la situación en que se hallaba Francia en aquellos momentos.

Carlos X-desde que sucedió en el trono á su hermano Luis XVIII en 1824,- era cada día menos querido del pueblo, de ese pueblo nacido y criado durante la Revolución del fin del siglo anterior. Aquella situación tan delicada no la supo comprender Carlos X, quien olvidaba que después del gran cataclismo de 89, los bulliciosos franceses no se dejaban gobernar como antes de aquel acontecimiento; olvidaba que si Napoleón tiranizó el país, en cambio le dio esas glorias militares que tanto halagan á los hijos de los Galos y de los Francos; con ese motivo cometía error sobre error, imprudencia sobre imprudencia. El Ministerio ultra-retrógrado de M. de Villèle, y después el impolítico de Polignac, exasperaron al pueblo y á los burgueses, y no solamente á estos, sino también á muchos nobles. La oposición que el Ministerio tenía en la Cámara crecía y aumentaba de una manera tan alarmante, que Carlos X dio el último paso por el camino de las imprudencias y firmó el decreto de disolución de las Cámaras. Las nuevas elecciones no produjeron el resultado que esperaba el partido de Polignac, y al reunirse se encontró que eran tan adversas al Ministerio como las anteriores. La noticia de la conquista de Argel no reconcilió al pueblo con el Rey, como se creyó, y la prensa liberal no cesó de criticar los actos del Ministerio. Además, las logias francmasónicas tenían en Francia, y sobre todo en París, una influencia todopoderosa, y ellas decretaron que se hiciese guerra á muerte á Carlos X. Este resolvió entonces dar un golpe de estado para adquirir mayor autoridad; abandonó repentinamente las sendas de la Constitución, y v publicó un decreto por el cual anulaba las últimas elecciones electorales, abolía la libertad de imprenta y disolvía la nueva Cámara de Diputados. Era lo que aguardaban los enemigos de los Borbones para dar el último golpe, conciliándose así aun á aquellos que hasta entonces se habían manifestado reacios á una revolución cuyas consecuencias podrían ser muy peligrosas.

DIARIO

" |26 de julio. - Hoy debía tener lugar la sesión pública anual del Instituto de Francia. Habiendo obtenido una boleta de entrada, á las dos de la tarde estaba en mi puesto. A pesar de que el recinto reservado al público estaba repleto de gente y veíanse allí gran número de damas elegantemente vestidas, noté en toda la concurrencia cierto aire de preocupación que no era natural. Hablábanse al oído unos á otros y se miraban con desconfianza, callando cuando se acercaba tercera persona. El discurso del sabio Cuvier era el elogio de Sir Humphry Davy ( 1 ) muy bueno é interesante, pero no fue aplaudido como sucede siempre cada vez que habla este sabio. Levantóse después el astrónomo Arago, y pronunció un bello panegírico del físico Fresnel ( 2 ). Durante su discurso, el cual era escuchado con marcada atención, Arago se dejó llevar de sus sentimientos patrióticos, é hizo alusiones á las cuestiones políticas actuales. Aquello produjo profunda impresión en el auditorio, y á cada frase alusiva aplaudían con frenesí. El Mariscal Marmont, jefe del ejército de París, asistía á la sesión vestido con su uniforme académico.

"A mi salida del Instituto tuve noticia de que el Ministerio había ciado un golpe de estado, abolido la ley de elecciones y la libertad de imprenta, establecido la censura y convocado una Cámara de Diputados ilegal. Toda la población tenía un aspecto amenazador, pero grave; comprendí entonces que había llegado la hora á los Borbones, y que pronto cesarían de reinar. Mucha gente rodeaba y asediaba las puertas de las imprentas en busca de periódicos, que ya no deberían venderse por las calles. La agitación crecía por momentos cuando al fin me retiré á mi alojamiento esta noche.

" |27 de julio.-Todos los diarios liberales han sucumbido, y no se encuentran en los gabinetes de lectura. Pude, sin embargo, conseguir el |Temps; en él había una protesta de todos los redactores de los diversos diarios liberales, en la cual prometen llenar sus deberes hasta el fin, y no someterse al decreto inconstitucional. ( |3 )

"A medio día las tropas habían rodeado las imprentas, y apoderádose de ellas. Se decía abiertamente en la calle que una vez que el Rey infringía la Carta, el pacto social quedaba disuelto, y su autoridad no sería obedecida. Comenzóse á notar inusitada alarma; cerráronse las tiendas, puertas y ventanas. Las casas de los Ministros fueron apedreadas; los gendarmes se pusieron sobre las armas, y salieron á calmar la agitación que reinaba en las calles, pero los recibieron á pedradas; estos contestaron á balazos, pero copio no podían avanzar, se retiraron á buscar refuerzo.

"Después de comer en un restaurante de mi barrio, en donde aún no había mayor agitación, me dirigí con algunos amigos hacia el Palacio Real. Toda la población estaba en la calle; las mujeres se asomaban á las puertas y ventanas; los almacenes y tiendas continuaban cerrados, y se leía en todas las fisonomías un sentimiento general de sorpresa y curiosidad. Aunque no había oradores públicos, ni habíanse distribuido hojas sueltas explicando la situación, todos parecían estar al corriente de lo que ocurría, y comprendían vivamente la causa de la crisis y lo que se iba á Hacer. Las puertas del Palacio del Louvre y de las Tullerías estaban cerradas; en la plaza del Carrousel hallámos formado un batallón de Infantería de la Guardia Real y dos escuadrones de caballería.

"Al desembocar en la calle de Rohán encontramos que una tropa de gendarmes á caballo cargaba sobre un grupo de burgueses sable en mano, y tuvimos que refugiar nos en la tienda de una frutera, la cual estaba abierta por casualidad. Sin embargo, los gendarmes no hacían sino amenazar con el sable desenvainado, y á pesar de que los apedreaban, no empleaban otro medio de defensa, sino aprehender á los inás atrevidos y dispersar los grupos con amenazas.

"Mientras que aguardábamos la ocasión para salir otra vez á la calle, oímos de repente algunos tiros por el lado de la calle de Saint - Honoré, y vimos atravesar algunos destacamentos armados á pie y á caballo. Aprovechamos un momento en que se alejaban unos y no llegaban todavía otros, para retrogradar, pues nosotros no teníamos intención de tomar parte en aquella lucha. Aquel barrio tenía un aspecto lúgubre y sombrío; todas las puertas estaban cerradas, y no se oía más ruido que el de las balas y gritos lejanos. Salimos á la orilla del río; bajamos hasta el Puente Real, el cual atravesamos; seguimos por el muelle y repasamos el río por el puente de Luis XVI. En la plaza del mismo nombre había dos regimientos formados á pie, de seis piezas de artillería y algunos escuadrones de coraceros.

"En aquel barrio todo cambiaba de aspecto y á pesar de ese aparato imponente de fuerza militar, los ciudadanos se paseaban por las calles tranquilamente y se veían muchas damas tomando helados en las puertas de los cafés.

"Seguimos hasta el Ministerio de; Negocios Extranjeros. Frente á este edificio veíanse un batallón de la Guardia Real y dos piezas de artillería; el pueblo había atacado á medio día, y se temía que lo volviera á hacer. Las aceras estaban llenas de curiosos que hablaban de asuntos de política, y los asientos en el |bulevar frente al café de París y de Tortoni estaban ocupados como de ordinario por damas y caballeros que tomaban helados y otros refrescos; lo mismo sucedía en los otros cafés de los |bulevares. Bajamos por la plaza de Vendôme, en donde está el Ministerio de Justicia; la plaza estaba cubierta de tropas. Como supimos que en la puerta de San Martín tenía lugar un combate reñido, nos dirigimos inmediatamente hacia ese lado. Frente al teatro del Gimnasio nos detuvo una tropa de gendarmería y tropas que defendían aquel sitio. Tomamos entonces por la calle de Clery, y fuimos hasta San Dionisio, en donde pudimos ver cómo se congregaba en aquel lugar multitud de artesanos que tenían aire amenazador. De allí también fue preciso retirarnos por la calle de Choiscuil y Montmartre.

"Ya para entonces había llegado la noche; el pueblo se había entretenido en quebrar los faroles y las linternas, de manera que la oscuridad era completa. De vez en cuando encontrábamos algún transeúnte que nos decía que no se podía pasar adelante; pero nosotros continuábamos, oyendo á lo lejos los gritos, los tiros, el tumulto y las cargas de caballería. Después de haber vagado algún tiempo por aquellas callejuelas, casi descaminados, al fin llegamos á la calle de St. Honoré, uno de los focos de la revolución ó insurrección, la atravesamos, bajámos al Sena, lo cruzamos por el puente de las Artes, y volvimos á nuestro barrio y nos metimos en nuestras casas.

" |28 de julio. - Mil rumores corrían hoy por la ciudad. Los fondos habían bajado, el comercio estaba estancado, la noche anterior habían muerto á un coronel del ejército y á muchos gendarmes; se decía que la ciudad de Rouen estaba también en plena insurrección, y que el pueblo había asesinado al Prefecto; que tres mil hombres armados marchaban sobre París  ... Entretanto, nuestro barrio permanecía tranquilo. A la una de la tarde se oyó fuego de artillería muy sostenido, como también de fusilaría. Supimos á poco que el pueblo se había apoderado del |Hôtel de Ville; que la Guardia Nacional había hecho causa común con la insurrección, y que esta era ya dueña de aquel barrio. Todo era algazara y confusión; las campanas tocaban á rebato; sin cesar sonaban la voz del cañón, lejanos gritos y estridente vocería.

"El fuego duró vivo hasta las cuatro de la tarde; á esa hora salí á tomar lenguas, y á algunas cuadras de mi casa encontré varios grupos de artesanos armados con sables y fusiles, y más lejos á mi atraigo el escultor David. Con él estuve en el cuerpo de guardia de los bomberos, los cuales habían tomado decididamente el partido del pueblo. Se decía allí que el General Lamarque ( |4 ) estaba á la cabeza de los que se batían en la Grève. A las cuatro y media corrió la noticia de que los insurgentes habían tenido que abandonar el Hôtel de Ville, pero que se habían refugiado en las torres de Nuestra Señora, en las cuales flameaba la bandera tricolor.

"Estuve á comer en casa del Dr. Bertrand ( |5 ). Allí todos estaban llenos de inquietud y alarmadísimos con los acontecimientos políticos. Más tarde salí á la calle con M. Roulin á averiguar Noticias. Vimos un cuerpo de guardia de infantería que rendía las armas al pueblo. Nos dijeron que la prisión militar de la Abadía había sido tomada, y que los militares que se hallaban allí arrestados, fueron puestos en libertad por los insurgentes. París se hallaba en estado de sitio, y la autoridad militar gobernaba únicamente. Se ignoraban el paradero del Rey y la suerte de toda la familia Real.

"Al regresar á casa encontré ya |barricadas en algunas calles, las cuales hasta entonces habían permanecido tranquilas, y se oía que en los lugares en donde se combatía el fuego era á cada momento más nutrido y violento. Sin embargo, á medida que entraba la noche, los fuegos empezaron á decaer, y á las doce habían cesado completamente. Entonces reinó en toda la ciudad un silencio más aterrador que los estruendos anteriores, porque se comprendía que aquel no era el que emanaba de la paz, sino que los combatientes buscaban acaso pasajero descanso para recuperar mayores fuerzas al día siguiente. Se aguarda para el día de mañana una crisis decisiva, y de la lucha que se empeñe, dependerá la victoria en uno ó en otro sentido.

" 29 de julio. - A las seis de la mañana las campanas tocaban á rebato en todas las parroquias de la ciudad. La insurrección va tomando á cada momento más incremento, y el pueblo se hace más y más audaz. Nuestra calle, que había permanecido quieta hasta hoy, comienzan llenarse de gente, y ésta hace barricadas en las esquinas. Han desempedrado la calle, y con muebles viejos, carruajes y piedras empiezan á levantar barreras, que impedirán el paso á la caballería. Desde mi ventana veo trabajar á los obreros en sus trincheras con toda serenidad y con semblante alegre; no se oye un grito ni un muera.

"Después de las nueve salí á la calle, y en la plaza de San Sulpicio vi desfilar centenares de hombres armados; llevaban como oficiales á los alumnos de la Escuela Politécnica que habían ido á sacar con ese objeto; las armas eran todas diferentes, fusiles, lanzas, sables, lo primero que encontraron á mano. Se dirigían á tomar por asalto un cuartel, desde el cual los suizos habían hecho fuego sobre el pueblo.

"En las esquinas estaban fijados los nombres del Gobierno provisional nombrado por los revolucionarios; he aquí los nombres: Lafayette, el Conde de Gerard ( |6 ) y el Duque de Choiseul. ( |7 ) Circulaban ya libremente los diarios liberales como |Le Temps, Le Constitutionnel, Le Courier, etc. Todos habían insertado la protesta de los cuarenta Diputados que se hallaban en París, contra las ordenanzas del Rey; esas ordenanzas que han dado origen á esta insurrección, la cual ya va tornando proporciones de revolución seria. Varias proclamas impresas, que incitaban á la guardia nacional á que se armara, se veían pegadas en todas las paredes.

"Con mucha dificultad llegué hasta la plaza de la Grève, en donde había sido muy reñido el combate de ayer. Circulaban hombres armados gritando " ¡Viva la Constitución! " los cuales llevaban la bandera tricolor enarbolada, y muchos andaban á caballo, de los que habían quitado á los militares. De repente desembocó un grupo de hombres llevando en anclas una mujer herida; tíos hombres sin chaqueta y armados con fusil la escoltaban y obligaban á todos los transeúntes á que se quitasen el sombrero delante de la " heroína de la libertad," y añadían con torva mirada: " |Nous la vengerons! " (la vengaremos!)

"Seguimos aquel séquito hasta las puertas del |Hôtel-Dieu (hospital), en la plaza de la Catedral. Al entrar en el hospital los vitorearon ruidosamente los que allí estaban en agitados grupos.

"Anclaba por la calle un individuo repartiendo hilas y fajas de lino para los heridos. Parece que el pueblo saqueó el Palacio Arzobispal para tomar de allí sábanas y la ropa que necesitaban los heridos. Sin embargo, creo que no se limitaron á tomar sólo lo que necesitaban, sino que hubieron de arrojar al Sena cuanto encontraron allí; á mi regreso vi al pasar el puente que las aguas del río arrastraban sillas y otros muebles despedazados, y sobrenadaban jirones de telas que se conocía que pertenecieron al Palacio del Arzobispo.

"En la Morgue ( 8 ) había quince muertos desconocidos, entre los cuales se encontraban algunas mujeres. "Volví á casa fatigado: el termómetro centígrado marcaba treinta grados, y el calor era violento.

"A las dos y media de la tarde vimos, desde el piso más elevado de la casa, que la bandera tricolor flotaba sobre el palacio de las Tullerías. El palacio está, pues, en manos de los revolucionarios.

"Me acaban de decir que desde medio día el pueblo saqueó el palacio ... Así, pues, Carlos X jugó y perdió su trono con su terquedad borbónica, y tuvo que salir prófugo del palacio de sus antepasados.

" 30 de julio. - Ayer salí de casa por la tarde para ir á comer con M. Duhamel. El palacio del Instituto estaba despedazado con las balas que disparaban los suizos des de el palacio de Louvre, y las garitas del puente de las Artes están perforadas é inservibles. Cerca del Louvre encontré varios cadáveres de infelices suizos, los cuales el pueblo había parcialmente desnudado, y en su triunfo se entretenían en arrojarlos al Sena.

En los bulevares noté de paso que habían cortado los árboles, y el pueblo parecía dueño de todo aquel barrio. Es realmente asombroso cómo es que estos parisienses, con unos pocos fusiles y casi sin municiones, han podido desalojar á las tropas disciplinadas de todos los puestos fortificados. Pero es cierto también que, si por una parte ha habido mucha audacia, por otra también el Gobierno se manifestó indeciso siempre. A más las tropas carecían de municiones de guerra y de boca, y las órdenes que se daban para la defensa no eran ni precisas ni á tiempo, porque nadie creía que pudiese haber tanto concierto en la insurrección.

"Entre tanto, la agitación en las calles crecía; por todas partes se oía el toque de la generala, llamando á las armas á todos los ciudadanos. Cuando oscureció vimos des de la orilla del Sena el Arco de Triunfo iluminado por un incendio en los Campos Elíseos; las columnas de humo que se levantaban hacia el cielo daban un aspecto más tenebroso á la escena.

"Antes de regresar á casa compré un periódico, por el cual supe que el General Lafayette estaba á la cabeza de las tropas de la revolución. En la calle leí el decreto de los Tribunales de justicia, los cuales declaraban ilegales las últimas ordenanzas de Carlos X.

"Cuando llegué á mi calle, ( |9 ) encontré que los vecinos se ocupaban en levantar otra trinchera. Yo me puse á ayudarlos, y tuve ocasión entonces de notar que el carácter francés se presta poco al odio, pues nadie se expresaba con dureza contra los que iban á combatir. Estos hombres se reían de todo, y sólo decían de cuando en cuando

" -Este Carlos X nos hace trabajar mucho; |Sapristi! ú otras exclamaciones por el estilo ( |10 ).

"No pude retirarme á mi casa sino después de las doce de la noche, cuando la trinchera quedó terminada.

"Los Diputados se reunieron hoy para nombrar una comisión municipal que mantuviese el orden en la ciudad. La guardia nacional es dueña de París; en las esquinas está pegada una proclama de Lafayette. El Rey se encuentra en Saint Cloud con todo el ejército, pero no se sabe qué piensa hacer.

"Estuve en casa de don jerónimo Torres, y lo encontré |metido entre un zapato. Luego fui con Rengifo al alojamiento de mi hermano Domingo, y los tres salimos á recorrer la ciudad en los lugares en donde había sido más reñido el combate. Las calles estaban repletas de curiosos de uno y otro sexo; pero casi todos pertenecían á las clases bajas de la ciudad.

"En medio de aquel bullicio vi, empero, pasar algunas señoras que llevaban hilas para los heridos. Noté que para circular más fácilmente todos tenían prendida en el vestido la escarapela tricolor. No venden diarios por las calles, como hacen ordinariamente; la decencia pública, me dijeron, se opone á que se haga una especulación esparciendo noticias inciertas todavía; todos los ciudadanos se interesan en el triunfo de la opinión que sostienen, pero desean que ésta se forme espontánea y naturalmente.

" 31 de Julio. - Los miembros de las Cámaras nombraron ayer al Duque de Orleans Teniente General del Reino, y decretaron por unanimidad que se conservase la bandera tricolor enarbolada por la insurrección.

"Un joven que acaba de llegar de Saint Cloud nos dice que Carlos X está rodeado de tropas de caballería, porque la infantería ha desertado casi en masa, y que las gentes del campo gritan: ¡Viva la Constitución! cuando ven pasar á los soldados.

"Los diarios liberales dicen que ellos preferirían proclamar la República, pero que el deseo de conservar la paz con el resto de Europa los obliga á inclinarse en favor de una monarquía fuertemente constitucional.

"El orden se ha conservado en París de una manera asombrosa, y esta ciudad ha manifestado que está tan adelantada en la vía de la civilización, que no necesita de tropas para conservar el orden en medio de la revolución.

" 1.° de Agosto. - Los diarios de hoy insertan una proclama del Duque de Orleans, en la cual anuncia que ha aceptado la tenencia del Reino. Publican también una declaratoria de la Municipalidad de París, por la cual decreta que Carlos X ha cesado de reinar.

"El pobre Rey salió ayer de Saint Cloud con su hijo el Delfín, y tomó el camino del Norte; pero en breve contramarchó hacia Versalles. Esta ciudad le cerró las puertas, y tuvo que aposentarse en el Trianón. La corte borbónica manifiesta una indecisión deplorable, y desde el principio de la revolución éste ha sido su distintivo.

"Estuve á inscribir mi nombre en casa del General Lafayette. Tal parece como si á este hombre privilegiado lo hubiese destinado la Providencia para abrir y cerrar la revolución francesa. La educación democrática del pueblo francés se ha completado en el espacio de cuarenta años, y aunque nada faltaba á la gloria de Lafayette, él no morirá sin haber tenido la satisfacción de ver gozar á Francia de las instituciones en pro de las cuales tanto ha combatido.

De paso por las Tullerías encontré á nuestro agente colombiano, don Leandro Palacios, ( |11 ) contemplando con profunda tristeza la bandera tricolor que tremolaba sobre el palacio de los Reyes; me dijo que él miraba con horror todo movimiento revolucionario en que la plebe tuviera parte.

"París ha recuperado su fisonomía habitual animada y alegre. Las calles y los lugares públicos se encuentran repletos de gente que busca diversiones; los almacenes y tiendas están abiertos, tal como si nada hubiera sucedido.

" 2 de Agosto. - El Duque de Orleans ha promulgado un decreto en el cual declara que Francia recobra los tres colores ( |reprends les trois couleurs) de su bandera nacional.

" 3 de Agosto. - El Rey Carlos X envió su abdicación y la de su hijo el Delfín en favor del Duque de Bordeaux, su nieto, niño entonces de diez años. La Corte, ó más bien Carlos X, permanece en Rambouillet con las tropas que le han quedado. Para obligarlo á retirarse salió hoy la guardia nacional (diez mil hombres), los cuales iban á encararse con las tropas reales. Pusieron en requisición, para transportar aquella ,lente, cuantos coches y carrozas hay en París.

" 4 de Agosto. - Al tener noticia Carlos X de la aproximación de la guardia nacional, puso pies en polvorosa y partió de Rambouillet. ¡Es ciertamente digno de compasión este pobre Rey! Se aleja de la capital sin la esperanza de volver á reinar jamás sobre Francia; ni creo que subirá jamás al trono miembro alguno de su familia. Los Borbones son profundamente impopulares en Francia. Los miembros del Gobierno provisorio reciben á cada hora del día adhesiones entusiastas de los Departamentos en favor de la última revolución. A pesar del actual interregno, reina aquí el más completo orden en todas partes. Los ciudadanos andan arreados por las calles, pero no ha llegado á mí noticia de que se haya cometido el menor abuso; cada cual se manifiesta tranquilo, y aguarda la paz pública; esto desde las altas clases hasta la más ínfima de la escala social.

"A las tres de la tarde estuve con la marquesa de Vivanco en su coche, á ver entrar al hijo del Duque de Orleans; venía á la cabeza de unos quinientos ó mil hombres de la guardia nacional de Rouen, á prestar su apoyo á la revolución de París. ( 12 )

" El Duque de Orleans había salido á recibir á su hijo, y entró en la ciudad presidiendo un bellísimo regimiento de Húsares. El pueblo gritaba alegremente " ¡Viva el Duque de Orleans! " y él, con aspecto paternal, saludaba á uno y otro lado.

"Casi todos están persuadidos de que las Cámaras ofrecerán la corona vacante al hijo de Felipe Igualdad; pero un sentimiento de delicadeza impide que se grite ¡Viva el Rey! cuando lo ven pasar. Se aguarda que lo proclamen constitucionalmente, y que él acepte las condiciones que le exigirá la Nación.

" 5 de Agosto. - Pasé por el pequeño cementerio, improvisado cerca del palacio del Louvre, en donde enterraron á las víctimas de los tres días de combate. Habían puesto allí una urna para que los transeúntes echaran algunas monedas para atender á las necesidades de los heridos. No había quien pasara por allí que no entregara su óbolo, y se oía sin cesar, el ruido de los |sueldos (cinco céntimos) dentro del cajón: ricos, pobres, mujeres, hombres y niños, todos se acercaban con respeto á la urna, y dejaban algo allí.

"Con motivo de la lluvia de anoche, los jardines de las Tullerías están frescos y perfumados, y los naranjos despiden una exquisita fragancia, de la cual ya no puede gozar el que no ha mucho se creía único dueño de aquel palacio. Ese desgraciado camina, ó más bien se arrastra lentamente en busca del destierro, y dejará sus huesos en extrañas tierras. En nuestros días la incapacidad y la imprevisión son faltas que no dejan de ser castigadas, y todos, desde el mendigo hasta el monarca, tienen que sufrir pena por ellas.

" 7 de Agosto.-La Cámara de Diputados modificó la Constitución y dio toda la extensión posible á la soberanía del pueblo. Ofreció en seguida la corona al Duque de Orleans, con la condición de que aceptase la Constitución, y él la aceptó con el título de Rey de los franceses, en lugar de Rey de Francia, como hasta ahora se había llamado el soberano.

" 8 de Agosto.-Hoy prestó juramento el nuevo Rey ante las Cámaras reunidas. Toda la familia de Orleans acompañó á Luis Felipe á la ceremonia. Esta fue sencillísima: el nuevo monarca firmó el contrato como cualquier documento, después de oír leer las condiciones que se le imponían, . . . Esto sí se llama gobierno constitucional!

"Durante ocho días el Rey constitucional se presentaba como un sencillo burgués en las azoteas del palacio, rodeado de su familia, y el pueblo lo aclamaba con entusiasmo; las bandas tocaban la Marsellesa, y los circunstantes cantaban la canción patriótica."

¡Triste suerte de los hombres públicos! Diez y ocho años después, Joaquín Acosta, de regreso en Europa, presenciaba en París la revolución de 1848, la cual dio por tierra con Luis Felipe, y el pueblo al derribarle también entonaba la Marsellesa.

 

1
Famoso químico inglés, descubridor del protóxido de ázoe ó gas hilarante y de muchos otros en extremo útiles para la humanidad. Nacido en 1774, había muerto en 1829. Era miembro del Instituto francés y de todas las sociedades científicas del mundo.
2
Agustín Juan, físico francés que estudió particularmente la teoría de la luz é hizo importantes descubrimientos acerca de su propagación por el espacio.
3
M. Thiers era el redactor de esa protesta y el que la firmó primero.
4
Uno de los jefes del Partido Liberal en Francia por aquella época.
5
Ya antes hemos dicho quién era este caballero, padre del célebre matemático y sabio académico José Bertrand.
6
Mariscal de Napoleón. Diputado de la oposición. Se adhirió desde el principio á la Revolución, y tomó el mando de las tropas.
7
Era este gran señor muy querido por el pueblo; así fue que para ganar popularidad los revolucionarios lo nombraron en el Gobierno provisional sin habérselo consultado. Aceptó el puesto y las consecuencias de la Revolución.
8
Edificio en el cual se exhiben los muertos desconocidos que se encuentran en París. Se conservan los cadáveres en un aparato con hielo durante tres meses, si es preciso.
9
Calle de Fleurus.
10
Mucho ha cambiado el carácter francés desde entonces; hoy saben odiar de una manera bastante clara y sangrienta.
11
El General venezolano Leandro Palacios había servido á la causa de la Independencia en América desde los albores de ella en Caracas en 1810. Había acompañado á Bolívar en sus glorias y en sus reveses, y aún se estremecía con los horrores que había visto en aquellas campañas en que peleaba como un león A él tocó cumplir las órdenes de Bolívar cuando mandó pasar por las armas á los españoles presos en la Guaira y Caracas, en represalia de los hechos cometidos por los emisarios del Rey durante la guerra á muerte. Concluida la obra de la emancipación, depuso las armas para entrar en la carrera diplomática. Fue al Brasil como Ministro Plenipotenciario, y hacía dos años que se hallaba en Francia como Agente Diplomático de Colombia:, sin lograr que Carlos x lo reconociese como tal. En un principio el Ministro de Relaciones Exteriores, el Conde la Ferronays, pareció prestarse á lo que deseaba el Ministro colombiano; pero habiéndole reemplazado en el Ministerio el Príncipe de Polignac, éste le fue en extremo adverso, y se negó abiertamente á descontentará los Borbones de España, admitiendo empero la posibilidad de reconocer las repúblicas que se habían formado en las antiguas colonias españolas.
12
Fernando Felipe Luis de Orleans, el cual apenas contaba veinte años, era muy querido del pueblo francés. Si no hubiera muerto en 1842 de resultas de un accidente, indudablemente no ocurriera la revolución de 1848, ó á lo menos lo hubieran aceptado corno rey en lugar de su padre. Dejó dos hijos, uno de los cuales era el llamado Conde de París, pretendiente de la corona de Francia, pero que no logró hacerse popular durante su vida, como no lo es tampoco el actual representante de la familia de Orleans.

 

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