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INDICE
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CAPÍTULO XVI
Residencia en Inglaterra.-Londres.-Don Jerónimo Torres.-El señor Gorrostiza-Sir Robert Wilson-Una sesión en la Cámara de los Comunes.-M. Hume-Asamblea abolicionista. -Mr. Wilberforce. -El radical Hunt.-Lord Milton. - Mr. Broughan-La Universidad de Londres.-La Malibrán-Santander en Londres.-La torre de Londres. - San Pablo. - Museo Británico. -Mr. Morgan. - Hospital y Observatorio de Greenwich.
| 1830
DIARIO
" 5 de Mayo. - Cuando á las ocho de la mañana subí sobre cubierta, encontré que entrábamos al Támesis. Veíamos las cotas bajas de Inglaterra y más de treinta buques de vela que salían del río con viento favorable, y otras tantas naves que trataban de entrar luchando con el viento contrario para ellos, unos y otros remolcados por botes. de vapor.
"Dejámos á nuestra izquierda la bonita población de Gravesend, y á medida que se iba estrechando el río, distinguíamos algunos sitios, pintorescos unos, vulgares otros. El Támesis no tiene ninguna semejanza con el Sena, y mucho menos con el romántico Rhin que acabo de ver. Las poblaciones son tristes, las casas bajas y mezquinas. A medida que subíamos, aumentábase el número de buques de todas dimensiones, figuras, nacionalidades y estilos de construcción. En las orillas de Woolwich vimos algunos cascos de navío, y se nos dijo que habían pertenecido á buques tomados á los franceses y españoles. Notámos de lejos el magnífico hospital y el famoso observatorio de Greenwich, por el cual los ingleses hacen pasar el primer meridiano. Ya para entonces los buques desfilaban de seis en seis, y muchos de ellos se acercaban á las orillas y arrojaban grandes cantidades de carbón de piedra sobre los muelles y sobre los botes que los recibían. Inmediatamente después nos encontramos en el corazón de Londres, y los mástiles de los buques se confundían con las lejanas torres de sus innumerables iglesias y las chimeneas de sus fábricas. Las aguas del Támesis estaban literalmente cubiertas de embarcaciones, de manera que no quedaba sino un estrecho canal entre las hileras de buques por donde entró nuestro vapor.
" A las doce menos cuarto anclamos frente á la Aduana de Londres."
Cuatro horas mortales tuvieron que gastar en cumplir con todas las formalidades que entonces demandaba la Aduana inglesa ( |1 ) á los que iban del Continente. Cuan do se dirigían ya al coche que habían pedido para salir, se vieron atajados por una nube de holgazanes que cobraban propinas: el uno porque había movido un baúl innecesariamente, el otro porque había llamado un coche sin que se lo pidiesen; el de más allá porque había abierto una puerta, el de más acá porque la había cerrado; todo contra la voluntad de los pacientes; en fin, los rodearon una nube de hombres que pretendían sacar provecho de los extranjeros. Estos no lograron escapar sino arrojando un puñado de monedas de cobre en medio de sus perseguidores, y mientras se disputaban aquellas, entraron al coche y se alejaron.
Alojáronse en Leicester Square (Sablonière Hotel).
Veamos unos párrafos del Diario:
" |6 de Mayo. - No sé á qué atribuir la ausencia total de impresiones de novedad que experimento al recorrer esta opulenta ciudad, pero lo cierto es que no he quedado satisfecho con lo que veo, á pesar de que en general la realidad corresponde á la idea que me había formado de las cosas.
"La oscuridad habitual de Londres, causada por el humo de sus innumerables chimeneas, y también por la, atmósfera menos transparente en una isla que en el Continente, es la primera impresión desagradable que experimenta el viajero, y que justifica á los ingleses cuando pasan la mayor parte de la vida fuera de su patria. Nada disgusta tanto al que acaba de llegar á Londres, como verlo todo, aun en el día más claro, cubierto con un velo que es imposible levantar, y que impide que la mirada penetre á más de cien pasos de distancia.
"Después de haber recorrido la |City, fuimos á visitar á don jerónimo Torres, que acababa de llegar. Encontrámosle en la puerta de su hotel aguardando que pasara la procesión, para salir. Lo persuadimos de que aquello no era procesión, sino el natural movimiento de esta gran ciudad, por cuyas calles transitaban miles de personas por minuto. Con él visitamos por fuera la Bolsa y San Pablo."
Con muchos pormenores describe Acosta en su Diario las calles, las plazas, los monumentos que primero visitó por fuera, así como los parques y paseos públicos. Quiso en primer lugar hacerse cargo de la topografía de aquella enorme metrópoli antes de entrar de lleno á examinar las curiosidades que encierra.
Entre tanto se relacionó con el Ministro de México, el cual era entonces don Manuel Eduardo Gorostiza, el notable literato que tanto lustre dio á su patria; y estuvo en un halle en casa de dicho caballero ( |2 ). Fue presentado en casa del General Macaulay, miembro de la Cámara de los Comunes; estrechó amistad con don Miguel de la Barra, patriota y diplomático chileno ( |3 ), quien en esa época desempeñaba el consulado de Chile en Londres; tuvo muy buenas relaciones con el venerable caballero inglés Mr. Illingworth (amistad que se ha sostenido durante tres generaciones entre las dos familias); con don Dionisio Herrera, el cual fue después Presidente de Nicaragua; con Sir Robert Wilson, cuya vida fue una verdadera novela de aventuras, y se vio mezclado en notabilísimos acontecimientos europeos ( |4 ). En el salón de este caballero, Acosta tuvo la agradable sorpresa de encontrar el retrato de Bolívar, de cuerpo entero y en lugar preferente. Sir Roberto Wilson tomaba grande interés en las nuevas repúblicas hispanoamericanas; él con su influencia en el Parlamento, logró que la Gran Bretaña impidiese que España enviase nuevos ejércitos á América.
Decididamente Colombia ha perdido mucho, junto con las demás repúblicas sudamericanas, respecto del buen nombre y el interés que antes tomaban los europeos en los sucesos políticos de las nuevas naciones. En aquella época se publicaban artículos acerca de ellas en los periódicos más afamados, y el nombre de los prohombres de la Independencia era honrado por personajes como Lafayette en Francia y el General Wilson en Inglaterra. Hoy entre los políticos europeos ¿quién se ocupa de nosotros ni de nuestra suerte? Lo único que en Europa publican los periódicos y leen sin interés los políticos, es cuando ocurre alguna revolución en una república hispanoamericana, ó cuando tiene lugar algún temblor de tierra ó alguna calamidad pública. En cuanto á lo demás, nos contemplan con curiosidad y manifiesto desprecio.
Inmediatamente que llegó á Londres, Acosta tomó un maestro para perfeccionarse en la lengua, y se estableció en un boarding - house, para practicarla y estudiar más de cerca el carácter y las costumbres inglesas.
DIARIO
" 11 de Mayo. - Me dirigí hoy á la Cámara de los Comunes con el objeto de asistirá una sesión interesante que se anunciaba. Cuando hube presentado mi boleta de entrada, me introdujeron por vastas y góticas galerías hasta un salón alto, ahumado, alumbrado por tres grandes ventanas góticas, en una testera y cinco bancos forrados en badana verde y dispuestos en anfiteatro. Un poco separada del muro se ve una cátedra, delante de la cual está la silla del Presidente-que aquí llaman |Speaker - el cual tiene que ataviarse con una gran peluca, al estilo de las que usaban nuestros abuelos.
"Veíase á los Diputados sentados en los bancos con el sombrero puesto, limpiándose los dientes y puliéndose las uñas en actitudes por cierto bastante descompuestas. Muchos diputados presentaban peticiones, á lo cual el Presidente contestaba secamente: " |lay upon the table," (ponga sobre la mesa).
"Al cabo de un rato pidió la palabra Mr. Hume, ( |5 ) con el objeto de sostener, en un largo discurso, un proyecto por el cual se mandaba abolir el empleo de Virrey de Irlanda, porque, decía, aquel país no debía ser gobernado por delegación. El discurso duró más de media hora, interrumpido por exclamaciones de |hear! hear! (oigan! oigan!) Mr. Hume es un hombre de más de cincuenta años de edad; habla con acento grave y con facilidad, y no gesticula, sino que pone las manos entre el chaleco.
"Luego que el orador entregó su moción por escrito, le acercaron una bujía (pues ya había oscurecido) al Presidente, quien la leyó. Otro miembro, cuyo nombre no recuerdo, habló con el sombrero puesto y atacó la moción.
"Cada vez que los Diputados hacían algún ruido, el Presidente exclamaba: orden, orden! y al momento todos se callaban. ¡Qué diferencia en Francia! Allí no basta pedir que se haga silencio, ni que el Presidente agite la pesada campana que tiene delante, ni que los huissiers griten silencio; los franceses no hacen casó ninguno, y no se callan sino cuando se les antoja.
"Otro Diputado, Mr. Rice, habló en seguida con mucha energía en el sentido de la moción, gesticulando y dirigiéndose á uno y otro lado.
"Los miembros que no cabían en la sala, iban á una galería situada á uno y otro lado, mientras que el público tiene derecho de sentarse al frente del Presidente en cinco bancos, en los cuales caben ciento cincuenta personas colocadas en anfiteatro ( |6 ).
"Me salí á las diez de la noche, antes de que se votase la moción, la cual supe que había sido rechazada por la mayoría.
"Por todas las calles, alumbradas con gas, se veían hombres vendiendo avellanas y gritando: |a penny a pint!"
El Conde de Lasteyrie, que había casado con una hija del General Lafayette, y era célebre filántropo y hombre científico, se hallaba entonces en Londres. Acosta tuvo con él relaciones empezadas en los salones de su padre político en París, y aquello le sirvió mucho para poder penetrar en la alta sociedad inglesa, lo cual es sumamente difícil para un extranjero. Visitó también á Sur John Bowring, liberal ( |whig) inglés, grande amigo de Bentham, escritor y viajero de fama. Éste le llevó personalmente á su casa un billete privilegiado para poder asistir á una junta en favor de la abolición de la esclavitud, cuestión que entusiasmaba mucho á los ingleses en aquel tiempo.
He aquí la descripción bastante curiosa de aquel acto característico de la época, y que encontramos en el Diario:
" |15 de Mayo. - A las diez y media de la mañana me dirigí á la sala de los francmasones de Queen street, local en donde había de tener lugar la junta abolicionista. Cerca de mil quinientas personas estaban reunidas ya cuando yo entré. La concurrencia pertenecía á todas las clases sociales, tanto hombres como mujeres: veíase la elegante |lady como la modesta |cuáquera, el gran lord como el obrero pobre.
"Los |cuáqueros se distinguían por su sencillo vestido y sombrero de copa baja, y las mujeres de aquella secta por su traje de un solo color y gorras en forma de cartucho. Unos y otras tenían un semblante de sincera dignidad, unido á un aire de firmeza bondadosa ( |7 ).
Mr. Bowring ( |8 ) me había dado billete para un asiento privilegiado entre los miembros más importantes de la sociedad, que se hallaban en la testera del salón en un tablado dividido del resto de los espectadores por una baranda. Cerca de ésta estaba el asiento del Presidente ( |Chairman). El famoso Mr. Wilberforce ( |9 ) presenció el acto. Cuando llegó lo saludaron con una salva de aplausos, los cuales se renovaron repetidas veces, mientras que penetraba por entre la multitud hasta llegará su asiento al lado de Mr. Brougham,( |10 ) el irlandés O'Connell, ( |11 ) el radical Enrique Hunt, ( |12 ) el Arzobispo del país de Gales y otros personajes célebres. Volviendo -á Wilberforce, que me interesó mucho, noté que era un anciano tembleque y raquítico, y cuyos ademanes y modales parecían ridículos á los que no admiraban en él al campeón de la causa de la abolición de la esclavitud; á la cual ha consagrado su vida. Al pensar en ello se olvida su figura y se nota que en realidad su aspecto tiene aquella. dignidad que nace de la noble causa que defiende.
"Cada vez que entraba alguna persona notable (y éstas por eso mismo llegaban tarde) prorrumpían en aplausos, y en torno mío oía pronunciar el nombre. Con ese motivo conocí á muchas de ellas que no había visto antes. Mr. Clarkson, ( |13 ) el compañero de Mr. Wilberforce en sus tareas abolicionistas, ocupaba el asiento presidencial cuando llegó el maestro, y al momento lo ofreció y el otro lo aceptó. Mr. Clarkson pronunció un discurso de apertura de la sesión, el cual no entendí, porque su pronunciación es defectuosa por falta de dientes; pero comprendí perfectamente la perorata de lord Milton, quien habló después. Este señor es miembro activo del partido whig, y abogado entusiasta de las reformas liberales. Insistió en que la esclavitud era incompatible con el Cristianismo, y en que los dueños de esclavos no podían ser discípulos de Cristo.
"Mientras hablaban los oradores, la Asamblea los interrumpía con gritos de |hear! hear! en prueba de aprobación. Después de Mr. Clarkson y lord Milton, se levantó un hombre de levita azul y chaleco blanco, muy colorado y como de unos cuarenta y cinco años ó cincuenta quizás. Pidió la palabra, y al momento noté que aquello causó grande agitación en la Asamblea; unos lo llamaban al orden, y otros pedían que lo dejasen hablar. Él, sin embargo, conservó su serenidad, y sin amilanarse con los gritos de los circunstantes, se adelantó hasta la baranda del tablado, y con todos los movimientos y modales de un tribuno avezado en el oficio, empezó á hablar. Era nada menos que el radical Enrique Hunt, que ya me habían señalado.
"Su discurro iba encaminado á probar que aquella Asamblea estaba singularmente equivocada cuando creía que era un acto de humanidad el suavizar la suerte de los negros, mientras que dejaban subsistir en Inglaterra á seres de su misma especie que en realidad eran mucho más desgraciados que los esclavos africanos. Trabajo le costó acabar de desarrollar su pensamiento, porque desde que empezó á hablar quisieren interrumpirle con gritos de |off! off! out! (fuera! fuera! salid!), y al fin la desaprobación llegó á tal extremo, que le fue forzoso callar.
"Inmediatamente se levantó Mr. Brougham, el cual debía de ser favorito de los circunstantes, porque le aplaudieron estrepitosamente cuando tomó la palabra, y después lo escucharon con la mayor atención, á pesar de que se limitó á decir que era justo escuchar á todo el que quisiese emitir su opinión en aquel recinto en pro y en contra de la cuestión que se debatía, y se sentó después de dar gracias por la buena acogida que le habían hecho.
"Alentado con lo que había dicho Brougham, Hunt volvió á pedir la palabra y á reanudar el hilo de su discurso. Comparó los sufrimientos de los negros en las colonias con lo que padecían los desdichados obreros del Inglaterra; explicó cómo las leyes protegían á los esclavos contra los malos amos, mientras que en Inglaterra no había ningunas que amparasen á los trabajadores contra la crueldad de muchos patrones. Había en el lenguaje y en el acento de aquel hombre una ironía tan amarga, unida á una violencia contenida apenas; tenla todo su discurso un estilo tan extraño á todos los usos parlamentarios,-de lo cual fingía darse cuenta y pedía perdón por ello, diciendo que, como no había sido miembro de ninguna Cámara, ignoraba los usos y costumbres de la ciencia oratoria de las Asambleas cultas,-que no podía menos de producir una singularísima impresión en sus oyentes. En el fondo de sus palabras se notaba una sátira tan cruel contra el Gobierno, que yo lo escuchaba con interés, y parecíame asistir á alguna representación dramática que pintaba una faz del espíritu inglés que yo no conocía aún.
"Desgraciadamente los elementos que componían aquella Asamblea, no eran propios para que lo escuchasen con paciencia; así fue que á poco la borrasca que rugía por lo bajo, tornó á desencadenarse, y los gritos de |order! order! to the question! lo obligaron por último á guardar silencio. "Un hombre que se había subido á una ventana, sin duda porque no hubo de encontrar puesto en otra parte, pidió la palabra; se la concedió el Presidente, y entonces desde allí enderezó un discurso a los concurrentes bastante típico: combatió el principio sentado por Brougham de que todo caballero ( |gentleman) tenía facultad para hablar cuanto le diese la gana en una junta, " porque, dijo, si así fuera, bastaría que un individuo fuese mal intencionado, para que lograse paralizar indefinidamente las operaciones de una junta deliberativa."
"Aquel discurso fue muy aplaudido, pero no bien hubo concluido, cuando Hunt quiso volver á hablar. Sin embargo, no pudo llevar á cabo su propósito: le interrumpieron los gritos de toda la Asamblea en masa, en medio de los cuales se oía la voz del Presidente que le negaba la palabra. Tuvo, pues, que sentarse, aunque protestaba por lo bajo con tono altanero, en su calidad de ciudadano inglés ( |englishman) contra la parcialidad de aquella gente.
"Luego habló lord Calthrope, y en seguida Daniel Wilson, Mr. Bennet, y por último Brougham; tomaron la palabra uno en pos de otro. Este último es el verdadero tipo de la energía intelectual alojada en un cuerpo ordinario, pero obediente á los ímpetus del alma; no tiene aquella gordura tan común entre los ingleses, es menos colorado, menos blanco que sus compatriotas, y tiene las facciones más pronunciadas. Una vez que hubo terminado su discurso, el cual me pareció notabilísimo como todo lo de él, resolví retirarme; eran ya las cinco de la tarde; hacía más de seis horas que estaba allí, y me sentía fatigado. Emprendí, pues, mi retirada, pero gasté un cuarto de hora en abrirme paso por en medio de la apiñada multitud. Entre aquellas dos mil personas que componían la concurrencia, noté las fisonomías más bellas y aristocráticas que jamás había visto reunidas en igual número.
" 17 de Mayo. - A las doce y media estuve hoy en la Universidad de Londres. ( |14 ) Como iba recomendado á Mr. de Morgan, (|15 ) el matemático, éste me recibió personalmente con mucha atención y me hizo recorrer todo el interior del edificio: los anfiteatros de física, el salón de modelos de máquinas de vapor y otros, cl salón de instrumentos astronómicos y de mecánica, el de química (en el que pueden caber hasta ochocientos estudiantes holgadamente), los laboratorios y colecciones de curiosidades; todo lo vi y lo visité prolijamente. El Museo está todavía en embrión. En la biblioteca noté que casi todos los libros de matemáticas estaban en francés; después de Newton y de otros pocos ingleses, éstos han descuidado un poco este ramo del saber humano."
Varias veces, según leemos en su Diario, Acosta estuvo en la Cámara de los Lores, llevado allí por Sir Robert Wilson. Allí vio hombres famosísimos en la historia, como lord Wellington, lord Aberdeen, lord Hill, el Comandante en jefe del ejército inglés en ese tiempo, el célebre Bathurst y otros.
Un día le llevó á la Cámara de los Comunes, en donde, con permiso del presidente, le permitieron sentarse en los bancos de los Diputados. Vio entonces de cerca y oyó hablar al economista liberal José Hume, á O'Connell, á Mr. Hutchinson, á Mr. Douglas y al célebre hombre de Estado Sir Robert Peel, "cuya voz, dice Acosta, fue escuchada en los bancos de la oposición con marcada atención. Sus modales son los de un completo caballero, y su figura, sin ser hermosa, es simpática." ( |16 )
Una mañana consiguió tarjeta de favor para ir á presenciar el ensayo de la ópera de Rossini - |Tancredo - la cual por primera vez iban á dar en Londres. Allí vio dé cerca á la célebre Malibrán, la cual se hallaba entonces en todo el apogeo de la gloria artística." Hízose aguardar, -dice en sus notas de viaje, - no llegó sino hasta las doce del día, anunciando que no estaba dispuesta á ensayar la cavatina. A pesar de sus caprichos, la Malibrán tiene un aspecto bondadoso que agrada. Esta joven y asombrosa cantatriz corregía con acierto á los más antiguos maestros; notaba al momento la menor disonancia, y parecía el alma de la Compañía de ópera, á pesar de que no ha cumplido z3 años." ( |17 )
Acosta frecuentó muy buena sociedad en Londres: fue invitado á comer en casa de Sir Robert Wilson, de Mr. de Morgan, y con el General Santander, quien llegó en esos días á Inglaterra, visitó la casa de Lord Lansdowne y reanudó sus relaciones con Lord Holland, á quien había sido presentado en casa del General Lafayette. Con el señor Renjifo - su compañero de viaje,-visitó la Torre de Londres. Lo que más le llamó la atención allí fue la Sala de armas, en donde le señalaron las tomadas por Wellington en Waterlóo, "las cuales, dice, formaban una muralla de bruñido y reluciente acero."
De la catedral de San Pablo dice: "Esta es sin duda la iglesia protestante más vasta del mundo, pero de ninguna manera puede compararse á San Pedro de Roma, como suelen hacerlo los ingleses. Fue casi nula la impresión que recibí allí, a pesar de que su media naranja tiene una elevación prodigiosa y mide 110 metros de altura, pero la de San Pedro se levanta 1522 metros sobre el suelo.
Desde la cúspide, adonde subimos, se descubre la ciudad, ese Londres triste, negro, oscuro y siempre cubierto con una capa de humo, mientras que en Roma causa sorpresa aquella atmósfera trasparente que permite ver hasta el más insignificante pormenor del paisaje!"
Demasiado se ha hablado ya de aquella famosa metrópoli, para que creamos necesario transcribir aquí las descripciones de los monumentos tan conocidos que encontramos en el Diario de Acosta.
Acosta describe el museo Británico, el cual visitó prolijamente ( 18 ) y lo que más le llamó la atención fueron los libros en lengua china é indostánica que allí le señalaron, como después vio en la Sociedad Asiática otros que le interesaron particularmente.
Como deseara estudiar la vida inglesa bajo diferentes fases, fue á pasar unos dos días en un lugar llamado Forest Hill- sito á pocas leguas de Londres, en donde tenía una casa de campo un Mr. Mott. Allí se entretuvo en averiguar los precios de las casas y víveres y la manera de vivir de los aldeanos, y cómo cultivaban la tierra; todo lo cual apunta en su Diario. Le señalaron u n caballo que había cumplido 34 años y todavía servía para tirar de un carro; en América los caballos duran mucho menos que en Europa, sin duda porque aquí cuidan menos los animales.
Describe las casas y las costumbres de Inglaterra comparándolas con las francesas.
Con Mr. de Morgan Acosta fue á visitar el Hospital de Greenwich; en el camino se les juntó Mr. Redley, que era el Director del Establecimiento. Este les hizo recorrer lo más importante de él. En la parte en que viven los inválidos le dijo que se albergaban cuatro mil personas, contando los marinos asilados, los empleados y los niños que reciben allí educación gratuita: á todos alojan, alimentan y enseñan gratuitamente á expensas del Gobierno. Además los llevaron á la parte del edificio en que tienen alojamientos particulares los pensionados, y ellos se buscan sus alimentos. (19 )
Llamóle la atención ver en medio de construcciones nuevas el antiguo palacio de la reina Ana, el cual, observa, "está en el corazón del establecimiento y se conservan allí todavía los artesonados y hermosas pinturas al fresco en los salones, pero en lugar de ricos muebles y cortinajes suntuosos, entre cuyos pliegues suelen ocultarse el vicio opulento, vimos los sencillos catres de cuatrocientas hijas de marino que se educan honradamente, y allí duermen las que serán un día virtuosas madres de familia y esposas fieles. En las escaleras encontramos algunas de estas niñas que nos hacían una modesta reverencia y se alejaban.
"En los antiguos jardines en los cuales antes se paseaban los cortesanos, encontramos algunos marinos inválidos. A unos les faltaba un brazo, y otros tenían una pierna menos. Se habían congregado bajo las columnas de los corredores, y compartían tranquilamente entre sí. Después de escapar de los peligros de la mar y de las contingencias de la guerra, veían llegar el fin de su vida en un puerto seguro, consolados y protegidos por un Gobierno que sabe recompensar el mérito. Desde allí, y al abrigo de toda borrasca, pueden contar y recontar el número infinito de naves que suben y bajan por el Támesis, esa arteria del comercio del mundo, y al mismo tiempo contemplan bajo el techo que los ampara más de ochocientos niños que se preparan, sin duda con la petulancia propia de la juventud, á entrar en la carrera en que tantos perecieron. De los que parten de allí llenos de esperanzas, unos pocos regresan mutilados y enfermos á esa cuna de sus ilusiones y suspirado sepulcro de los que vuelven á morir después de una vida incógnita y azarosa. Al lado de los marinos se educan las niñas huérfanas de los que perdieron la vida en las lides, y estas serán las humildes compañeras de su vida, humildes y castas, y cuyo orgullo no se fundará sino en suavizar la existencia de los hombres y tenerles contentos y dichosos. Este es el tipo de la mujer inglesa; Dios la bendiga!"
En una de las salas del Hospital de Greenwich vio bajo cristales el sombrero de dos picos y rasgado que perteneció á Nelson, y en la galería de pinturas un cuadro que representa su muerte.
Subió al Observatorio, que se halla en la cumbre de una colina. Le salió á recibir un joven hermano del astrónomo Pons, por estar este enfermo. ( 20 ) Mostráronle los instrumentos más importantes del establecimiento, y á su regreso á Londres compró varios que había visto iguales allí y que le eran desconocidos.
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Hoy los pasajeros se despachan en pocos minutos.
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El señor Gorostiza era literato por herencia. Su madre doña Rosario Cepeda manifestó un talento tan extraordinario, que siendo apenas de 12 años, fue graduada de doctora en Sevilla; su padre pasó á México con el Virrey Revillagigedo, y estando su madre en Veracruz, nació don Manuel Eduardo; lo educaron en Madrid; allí siguió la carrera de las armas hasta llegar á Teniente Coronel, y se hizo notable como escritor. En 1823 salió desterrado de España por sus opiniones liberales, y publicó en la |Revista de Edimburgo artículos que llamaron la atención. El Gobierno de México le sombró Ministro en varias Cortes europeas; regresó á su patria en 1837, y desempeñó importantes empleos hasta su muerte, ocurrida en 1851. |
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Don José Miguel de la Barra había nacido en Santiago de Chile en 1799. No bien estalló la guerra de la Independencia, cuando tomó las armas con los patriotas, y tuvo la gloria de hallarse en la batalla de Maipú. Fue después el primer secretario de la Legation de Chile en Inglaterra, Cónsul en Londres y Ministro en Francia. Ocupó en seguida altos puestos políticos en su patria, y en cuanto á escritor, se le conoce como autor de dos compendios de la historia de América y de Chile. Además fundó varias sociedades científicas y benéficas. Murió en 1851. |
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Había nacido en Londres en 1777; era de humilde nacimiento, y se había enganchado como voluntario en el ejército inglés. Como se señalase por sus actos de valor é instrucción militar, en 1794 ascendió á oficial. Hizo parte de las campañas de la Península Ibérica bajo las órdenes de Wellington. Habiendo entrado á París con los aliados, en 1814, se hizo notable por su espíritu levantado y generoso. Como entrase en la Cámara de los Comunes al concluir la guerra europea, su palabra sostuvo la causa liberal en el Parlamento desde 1821 hasta 1831, en que sus ideas contrarias al Gobierno causaron honda emoción en Inglaterra, y le mandaron borrar del cuadro del ejército. La opinión pública lo sostuvo, y se abrió una suscripción en su favor. Entonces Wilson abandonó á Inglaterra y se puso al servicio de España, que lo nombró Teniente General. Como en Inglaterra la opinión pública obligara al Gobierno á rehabilitarlo en sus empleos, adquirió nuevos méritos entre el partido liberal, y fue nombrado Gobernador de Gibraltar, puesto en que permaneció hasta poco antes de su muerte, ocurrida en 1849. Además de militar y político, llamó la atención como escritor de obras de historia militar. |
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Era Mr. J. Hume uno de los liberales que con más entusiasmo defendieron la autonomía irlandesa durante largos años en la Cámara de loa Comunes.
Había pasado muchos años en la India como médico, y allí ganó crecida fortuna. |
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Los edificios en que en aquella época tenían lugar las sesiones del Parlamento inglés, se incendiaron en 1834. El actual edificio, inaugurado en 1840, es un magnífico palacio de estilo gótico perpendicular, que contiene cien escaleras distintas, más de mil aposentos, once patios, tres magnificas torres, y es uno de los edificios más imponentes de Londres. |
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Nadie ignora que esta secta protestante que tuvo principio en Inglaterra en 1647, fue propagada en Norte América por Guillermo Penn, el famoso colonizador. Los |cuáqueros no admiten sacramentos ni dignidades jerárquicas (tutean á todos), no permiten el ornato de los edificios ni de las personas, ni el derramamiento de sangre en duelo, en guerra, y ni siquiera en defensa de la vida; no concurren jamás á diversiones ni espectáculos públicos; no juegan ni juran. Pero en lo que más se diferenciaron de los demás colonizadores americanos, fue en que no permitían la esclavitud, y trabajaron en Inglaterra muchísimo para que se aboliesen los esclavos. |
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Sir John Bowring era hombre político notabilísimo en el partido whig. Estaba entonces en el principio de su carrera, y sólo contaba 38 años de edad. Redactaba entonces la Revista de Westminster, y editó las obras de Bentham. Escribió gran número de obras; tradujo las poesías populares de muchos países europeos, y en el Parlamento defendió la libertad del comercio y escribió libros sobre ese asunto; fue Gobernador de Hong-Kong y tuvo grande ingerencia en los asuntos asiáticos de Inglaterra; á su regreso en 1857 escribió una obra sobre el Reino de Siam. Murió en 1872. |
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Guillermo Wilberforce era un famosísimo filántropo, cuyo nombre figuraba y en la Cámara de los Comunes en 1780 (cuando apenas había cumplido 21 años), y su elocuencia en defensa de la trata de los negros le hizo popular en todo el mundo. Luchó cuarenta años con todas armas por la causa que defendía, hasta que logró la abolición de la esclavitud en todo el Imperio Británico; además abogó sin cesar hasta llevar á cabo su idea en las otras naciones.
La Asamblea Legislativa francesa le concedió el titulo de ciudadano francés, y todos-.los Gobiernos del mundo le manifestaron su estimación. No se retiró del Parlamento sino en 1825, después de haber tenido asiento en él durante cuarenta y cinco años. Cuando murió, en 1833, lo sepultaron en Westminster, con los grandes hombres de Inglaterra. |
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Famoso hombre de Estado y escritor. Fue uno de los fundadores de la |Revista de Edimburgo; miembro del Parlamento desde 1810, se hizo notable en las Cámaras por la incomparable elocuencia de sus discursos contra el partido tory y por sus críticas en el periódico que fundó. Se equivocó, empero, con respecto á Byron, á quien atacó de una manera cruel. |
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Era aquél el famosísimo patriota irlandés. Nacido en 1775, ocupó sus primeros años en el foro, carrera en que hizo una gran fortuna, la cual dedicó desde 1815 á la causa de la emancipación de Irlanda. Miembro de la Cámara de los Comunes, trabajó allí, y por medio de una asociación, en la emancipación de los católicos de la Gran Bretaña é Irlanda. Fue declarado Libertador de Irlanda, porque consiguió que ésta obtuviese muchos beneficios de que carecía. Perseguido y apresado en 1844, experimentó desengaños y grandes ingratitudes; se retiró á Italia, en donde murió en 1847. |
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Llamábanlo el apóstol del radicalismo. Enrique Hunt recorría los condados de Inglaterra propagando ideas subversivas. Era, en realidad, un demagogo más charlatán que patriota. |
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Este filántropo de la secta cuáquera consagró su vida y sus esfuerzos á la idea de la abolición de la esclavitud, y escribió, además de multitud de discursos, peticiones, etc., varias obras de historia de su secta y de la esclavitud. Murió en 1846, de 85 años de edad. |
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Esta Universidad no fue reconocida como nacional sino en 1836. Había sido fundada merced á los esfuerzos de lord Brougham en 1828, y actualmente no goza de renta alguna del Gobierno. Allí se enseñan todas las ciencias con un cuerpo de profesores que pasan de 40, y 1,600 estudiantes, los cuales pagan cerca de 30,000 libras por año. Esta Universidad, que ha sido ampliada en 1880, tiene á su cargo un hospital, en el que" se atiende á más de 39,000 enfermos por año. |
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Mr. Augusto de Morgan era entonces muy joven, y ya era famoso como matemático. Había nacido en Madura en 1806.
Acosta tuvo después correspondencia epistolar con este sabio. |
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¿ Quién no conoce siquiera de nombre á los dos Peel, padre é hijo? Sin embargo, diremos aquí unas pocas palabras acerca del primero, el cual fue el que conoció Acosta. Hijo de un rico pero no aristocrático hilandero del condado de Lancaster, nació en 1788; entró á la Cámara de. los Comunes á los 21 años. En breve se hizo notabilísimo y tuvo parte en el Ministerio Liverpool, de 1812 á 1818. En 1329 se constituyó en defensor de los católicos en el Parlamento. En 1841 fue primer Ministro, en cuyo puesto tuvo grandes triunfos en los negocios financieros y de aduanas; fue el factor de reformas económicas importantes, y murió prematuramente en 1850. Dejó su adquirirlo título, así como sus talentos administrativos, á su hijo, de su mismo nombre, pero que no alcanzó jamás á la fama de su padre. |
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La Malibrán murió seis años después, de una caída de caballo. |
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En aquella época el magnífico edificio del Museo Británico no estaba concluido, y no existían ni la décima parte de las galerías y salones que hoy admira todo el que vaya á Londres. |
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Parece que después se permitió á los pensionados que viviesen en donde quisieran, y hay muchos aposentos vacíos. |
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Juan Luis Pons,-de orinen francés, fue Director de varios Observatorios. Era particularmente adicto á estudiar la marcha de los cometas; descubrió 37 y por eso le llamaban Cazador de Cometas. Murió en 1831, á los 70 años de su edad. |
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