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INDICE
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CAPÍTULO XV
El General Santander en París.-Cartas de éste y de D. Pío Rengifo. -Viaje al Rhin.-Varias ciudades del tránsito.-Metz y sus fortificaciones. - Saarbruck . - El Rhin.-Francfort.-Maguncia.-Las fortificaciones de Coblentza - Colonia.-Aquisgrán-El actual reino de Bélgica. - Bruselas y sus curiosidades.-Visita á Cortés Campomanes. Amberes y sus pintores.-Ostende.
1830
En los primeros meses de 1830 se hallaba en París el General Santander, desterrado de Colombia; y como era natural, por haber sido antiguo amigo de su familia, y con frecuencia había protegido á Acosta en la carrera militar, éste lo visitó y sirvió en lo que pudo. Además, Acosta pertenecía entonces al partido liberal moderado; republicano entusiasta, veía con tristeza la situación de su patria, y aunque desaprobó enérgicamente el atentado parricida del 25 de Septiembre, no veía sin hondo disgusto la Dictadura del General Bolívar y el trabajo subterráneo que se hacía para cambiar la forma del Gobierno republicano por una monarquía, regida por un príncipe europeo, como lo deseaban los más desalentados de los independientes de Colombia. Santander le pintó el estado de la patria con tan negros colores, que Acosta resolvió regresar á ella, pues creía que era deber de todo buen ciudadano no abandonar el país cuando está angustiado, sino llevar su contingente para trabajar en el bien de la patria, sacrificando la tranquilidad propia en aras de la tierra que le vio nacer ( |1 ).
Pero si Acosta había resuelto regresar á su patria pronto, no se resolvió á hacerlo sino después de un viaje que tenía proyectado por las orillas del Rhín y Bélgica, en compañía de su compatriota D. Pío Rengifo ( |2 ) y de una residencia en Inglaterra para perfeccionarse en el inglés, lengua que había aprendido en Bogotá, estudiado en París y deseaba acabar de conocer á fondo en el mismo país.
DIARIO
" |14 de Abril de 1830. - Salimos de París el señor Pío Rengifo y yo, á las cuatro de la tarde, tomando la vía de la Puerta de San Dionisio. Nuestros compañeros de diligencia eran los siguientes: un Coronel muy adicto á la familia real; un Mayor de Caballería y su señora-joven y bella, - con dos niños y una nodriza y dos señoras más (insignificantes).
" |15 de Abril.-Viajamos toda la noche y amanecimos en |Chateau - Fhierry, pequeña ciudad sita en las márgenes del río Marne, patria del |buen Lafontaine, cuya estatua de mármol blanco se ve á la entrada del puente. Me pareció muy risueña la situación de esta ciudad; no sé si será á causa de la frescura de la mañana, ó porque en realidad lo es. Aquí comienza la Champaña, antigua provincia dividida hoy, como el resto de Francia, en departamentos. Continuamos después casi siempre por la orilla derecha del Marne, y á uno y otro lado veíamos las fértiles colinas que producen el vino de Champaña. Las viñas no tenían aun hojas, y en el fondo del valle apenas se veía una faja verde de praderas nacientes. Atravesamos durante la noche á Meaux y el bosque de Bondy, y almorzamos en el exiguo poblado de Dorman. Pasamos por Epernay; dejamos á nuestra derecha el collado de Hoy, el cual produce el mejor vino de Champaña por su calidad, pero que es preciso mezclar con el que producen las colinas de Epernay para que sea espumoso."
Refiere Acosta en seguida cómo pasaron de largo por Chalons, Clermontoi, . Verdún, en donde los llevaron á ver á una |panadera afamada por su belleza, á quien llamaban la " ninfa del Mosa." A las cinco de la tarde del día 17 entraron al fin á la ciudad de Metz, después de tres días de marcha, cuando hoy se-hace aquel viaje en pocas horas. Sin embargo, en aquella época el viajero conocía más el país por donde atravesaba en diligencia, que no hoy día en ferrocarril, cuando sólo se ven las estaciones y los andenes de las ciudades, por las cuales atraviesa á todo vapor, y apenas distingue los campos que las circundan y dividen, y eso como entre sueños.
" De todas las plazas fuertes que he visto, escribe, ninguna he encontrado tan digna del nombre. Por todas partes se oían trompetas y clarines, y atravesaban las calles soldados y oficiales de todas armas. La guarnición de esta plaza consta de diez mil hombres, y la ciudad no cuenta sino cuarenta mil almas ( |3 )."
Al día siguiente de su llegada, Acosta fue á entregar una carta de recomendación que llevaba para el Capitán Noiret, uno de los hombres-dice-más sabios en ingenie ría, el cual particularmente se ha dedicado á las fortificaciones."
Merced á las recomendaciones que llevaba Acosta, el Capitán le permitió visitar en primer lugar una extensa colección de modelos para fortificaciones de toda clase, y después lo llevó á recorrer las fortificaciones de la plaza, le explicó á fondo cuanto le señalaba, así como las mejoras que él había introducido en ellas. Acosta hace en su Diario una larga descripción de cuanto vio, en términos técnicos que no interesarían al lector de este libro.
Parece que no se concedía licencia para visitar las fortificaciones de Metz sino á persona señalada, y sólo la carta del Coronel Puissant pudo vencer tamañas dificultades.
Dos días gastó el Capitán colombiano en aquellos estudios de ingeniería práctica. Después visitó, con su compañero de viaje, la Biblioteca de la ciudad y las colecciones de interesantes instrumentos científicos; presenció una revista de las tropas; recorrió los cuarteles; estudió los reglamentos militares, fijándose particularmente en todo lo concerniente á la artillería, que era el arma que prefería. En su diario explica minuciosamente los inventos entonces nuevos en el arte militar, y hoy abandonados por otros más recientes, de los cuales entonces no se tenía idea.
El Director de la Escuela Militar de ingenieros dió cuantos informes y datos le pidió Acosta; el Capitán Noiret lo invitó á comer con un Capitán Petit, y durante la comida escuchó atentamente una larga discusión acerca de ingeniería entre los dos militares. Concluida ésta, lo obsequiaron con algunos planos y dibujos que era prohibido vender, y sólo se regalaban á personas de toda confianza.
Acosta estuvo en el teatro con el señor Rengifo, y notó que todos los espectadores eran militares. Dijéronle que sólo estos -ó los amigos que llevaran, - tenían derecho de entrar, porque sólo ellos, sin el auxilio de los ciudadanos civiles, habían costeado el edificio, y las representaciones se hacían por cuenta y bajo el amparo de los militares de la guarnición.
El 19 de Abril los dos colombianos salieron de Metz y se dirigieron á Francfort.
A las doce del día llegaron á Sarrebruck ó Sarrebruck, lugar que cuarenta años después se hizo célebre en los anales de la guerra franco prusiana.
" Desde allí, observa, todo cambió de aspecto; las costumbres son enteramente distintas de las francesas; la lengua, las monedas, el carácter de los habitantes, el modo de servir los alimentos, el guisado, las camas, los muebles y hasta las cerraduras de las puertas! Más aún: la forma de las botellas, del pan, de las mesas y hasta la costumbre de cubrir el piso de los comedores (de las fondas) con arena, causa extrañeza y hasta desagrado."
El día 20 llegaron á Maguncia, y se alojaron en él hotel de las Tres Coronas.
Inmediatamente Acostase dirigió hacia el Rhin. Ardía en deseos de ver aquel famosísimo río.
" Sin embargo-escribe,-aquel río histórico, tan cantado por los poetas, aunque bajaba majestuosamente ceñido por sus riberas, no tenía ese color azul que tantas veces había oído describir; estaba crecido y mugiente, y por consiguiente amarilloso y turbio."
Poco se detuvieron en Maguncia nuestros viajeros; siguieron marcha, atravesaron el Rhin por Cassel, y sin parar continuaron hacia Francfort. A esa ciudad llegaron á las nueve de la noche, en medio de una tormenta de lluvia fortísimo viento. " Pero, observa, á pesar del mal tiempo; no se oía por todas partes, en las calles y casas, sino el ruido de alegres voces, músicas y cantos, por ser la época de la feria que celebran aquí cada año en esta época."
Al día siguiente salieron temprano los viajeros á visitar las calles y recorrieron los lugares en que tenía lugar la feria. Notaron que el artículo que había en las tenduchas con mayor abundancia, eran pipas de diferentes materias y formas. Además, entre los objetos de quincallería les llamaron la atención ciertos morteros de cristal de roca, de cuarzo y de ágata, que Acosta hubiera querido comprar para el laboratorio que pensaba llevar á Bogotá, pero no compró por no llevar objeto tan pesado en su equipaje. De paso entraron á la Catedral, que les pareció poco interesante; subieron á la torre y desde allí contemplaron toda la ciudad y el carro del río Mein. Vieron la sala en que se coronaban los Emperadores, los retratos de éstos, y recorrieron después la calle de los Judíos.
"Esta es, leemos en el Diario, tortuosa y sucia, pero muy original: las casas de ella son pequeñas, la forma de las puertas y ventanas conserva el estilo gótico, y por entre aquellos agujeros, que no parecen ventanas, veíamos los harapos sucios y andrajosos de sus habitantes. Asomado á una de éstas vimos un judío venerable con luenga barba blanca, que le caía sobre una túnica de forma oriental; y si no hubiera sido porque fumaba una larga pipa moderna, se me representara un auténtico fariseo. Esta calle cuenta seis siglos de antigüedad, y no solamente los techos, sino también las paredes, están cubiertas de pizarra. En una extremidad nos señalaron una casa, al parecer igual á todas las demás, salvo que las vidrieras no estaban rotas, y por entre las ventanas alcanzamos á ver cortinas de seda con franjas doradas. Allí nos dijeron que vivía la madre de los millonarios Rothschild, la cual, á pesar de la opulencia de sus hijos, no ha querido abandonar la morada de sus antepasados." ( |4 )
Acosta llevaba cartas de recomendación para un señor Pöplein, quien se manifestó muy hospitalario; convidó á comer á los colombianos á una fonda afamada llamada Weindebuck. y en seguida les dió cita para llevarlos á visitar los museos y gabinetes de Historia Natural, los paseos, los monumentos públicos más afamados y la rica Biblioteca.
"Allí, dice, en un estante cerrado con cristales y situado en un pasadizo, me llamaron la atención, en medio de otras curiosidades, dos pares de chancletas viejas y una sobrepelliz de muselina que pertenecieron al heresiarca Lutero, cuyo retrato -vestido de clérigo - habíamos visto poco antes."
Visitaron el hospital, costeado por el rico banquero Bethman, en cuyos jardines se encuentra la famosísima |Ariadna.
"Esta estatua, escribe Acosta, es de mármol blanco de Carrara; se halla colocada en un templete redondo y rodeada de cortinas encarnadas, que le dan un aspecto sorprendente de vida. Ariadna se halla sentada sobre un león, y su posición es lo más honestamente voluptuosa que se puede imaginar. Su tamaño es el de una mujer de estatura natural, así es que es algo más grande que la Venus de Médicis."
Después de visitar el interior de la ciudad, estuvieron á ver en los contornos las bellas casas de campo de los ricos comerciantes y banqueros de aquel emporio mercantil.
El día 22 de Abril tomaron un carruaje particular, y volviendo sobre sus pasos regresaron á Maguncia, ciudad que sólo habían visto de paso y deseaban visitar más despacio.
"No bien hubimos llegado á Maguncia, escribe, cuando salimos en busca de la Catedral, antiguo edificio gótico muy importante. Nos llevaron por el claustro á ver la lápida, bajo la cual está sepultado el trovador |Frauenlob. ( |5 ) El bajo relieve representa el ataúd del |meistersanger cargado por las clamas. Allí también los señalaron la tumba de |Frastruda, mujer de Carlomagno, y las de multitud de arzobispos y electores. Vimos también los privilegios concedidos á la ciudad por el primer Arzobispo Willisgio: están grabados sobre placas de bronce, con las cuales han torrado las puertas de la Catedral."
Describe después extensamente las fortificaciones de aquella ciudad, las cuales recorrió cuidadosamente, así corno la Biblioteca, en donde vio antiguos monumentos romanos y bellos cuadros de pintura de Rubens y de otros artistas célebres de Flandes y de Alemania.
A las cuatro de la tarde del mismo día - siempre en carruaje particular-los dos colombianos continuaron su viaje y llegaron á Wiesbaden antes cíe oscurecer. Describe larga y minuciosamente Acosta aquella bellísima y pintoresca ciudad dedicada nada más que á las diversiones y á los goces de los desocupados. Habla de las diferentes aguas sulfurosas que encierran sus famosas termas, las cuales examinó detenidamente, y averiguó cuáles eran las enfermedades que curaban, siempre con motivos patrióticos, pues, creía que en Colombia quizás se encontrarían aguas igualmente provechosas, que podrían explotarse en beneficio de los dolientes.
El día 23 se embarcaron en el Rhin en un vapor que debería llevarlos hasta Colonia.
DIARIO
"A pesar de que estaba lloviendo, tomé lugar con preferencia sobre cubierta para gozar de la vista del río. Me parecía soñar y creía ver algo de mágico cuando se me presentaban uno á uno los lugares históricos que tanto había deseado conocer, y cuyas leyendas había leído con embeleso! Ya veía rocas escarpadas casi perpendicularmente, y en cuya cima se levantaba alguna torre ó ruina; ya cambiaba la escena, y entonces todo era risueños collados, sementeras y alegres chozas, al pie de las cuales corría el Rhin mansamente; más lejos se presentaban derruidos murallones y fortalezas que avanzaban casi en medio de las aguas, y ruinas de los alcázares que pertenecieron en la Edad Media á fieros señores feudales, los cuales frecuentemente no eran sino bandidos que robaban á mano armada á los desdichados aldeanos ó á los indefensos viajeros que navegaban en el río. No me cansaba de con templar la variedad de paisajes que pasaban ante mis ojos como en inmenso panorama. Consideraba aquellas ruinas con un sentimiento de agradable melancolía, y recordaba con gusto las tradiciones maravillosas que guarda aún el pueblo de aquellos lugares. Hoy, en vez de las erizadas almenas que aterraban al viajero de otros tiempos, veíamos por todas partes alegres caseríos y ciudades modernas edificadas y pobladas por tranquilos ciudadanos, en donde se notaba movimiento y actividad. Los señores descendientes de los antiguos, muchos de los cuales aún viven en las fortalezas de sus mayores, no son hoy sino inofensivos hacendados y protectores natos de los aldeanos.
"Bajando de Maguncia, la primera población que encontramos fue Biberich, sita sobre la ribera derecha del Rhin; no es sino una pequeña aldea en realidad, pero es notable por el magnífico palacio y jardines que allí posee el Príncipe de Nassau, y cuya hermosa fachada se mira entre las azules aguas del Rhin.
"El río corre después algo separado de las colinas, ó más bien las colinas se alejan de allí para formar un valle que se llama Ringau, en donde se produce el famoso vino de |Fohanisberg, el de |Radisheim y otros, en un terreno que pertenece al Príncipe de Metternich.
"En Bingen las colinas de uno y otro lado casi se unen, y el río ha tenido que abrirse paso, modificando su dirección, y corre recostado sobre los cerros algo escarpa dos de la derecha. De allí en adelante casi todas las poblaciones se encuentran al lado izquierdo. . . .
".. . . Al frente de Kaub hay un castillo gótico construido sobre un islote en la mitad del río, el cual parece salir de las aguas para adelantarse á recibir al viajero que baja la corriente. En esta parte del río es en donde se encuentran mayor número de ruinas; pero según lo que me dijeron, aquellos castillos no eran grandes, y á lo más podrían contener medianamente veinticinco personas en unos, en otros veinte y apenas doce en los más pequeños."
A las doce del día se detuvieron en Coblenza. Acosta fue inmediatamente á conseguir un billete de entrada á las fortalezas, que debería obtener del comandante de la plaza.
El comandante le dió lo que le pedía, menos el permiso de visitar el fuerte llamado de |Alejandro y el |Francisco, los cuales se hallan en el puente del Mosela.
Después de atravesar el Rhin, el joven militar se dirigió hacia la fortaleza de |Ehrembreitstein, situada sobre una roca, y en seguida visitó aquel laberinto de fortalezas, las cuales describe minuciosamente, y concluye con estas palabras: "Maravillosas obras son todas estas, con las cuales la mano del hombre ha aumentado la defensa de aquel sitio, que debe de ser inexpugnable, con los elementos que la ciencia actual ha inventado; ¿lo será siempre?"
Visitó con su compañero de viaje la iglesia de San Castor, levantada en tiempo de Luis el Debonario (siglo IX). Allí vieron un ataúd sobre el cual se dice misa todos los años, el cual encierra el cuerpo de Santa Rira; dicha Santa fue de familia real, y los habitantes de Coblenza la consideran muy milagrosa. En la misma iglesia vieron en un sarcófago de cristal los huesos de San Castor y de San Coar.
En la plaza de armas maniobraba un cuerpo de artillería. "Por todas partes, escribe Acosta, hay cuerpos prusianos, y no se ven sino soldados haciendo ejercicio con una actividad y una prisa como si los franceses debieran atacarlos al día siguiente!"
Merced á esta actividad, y al ejercicio y estudio constantes de la manera de hacer la guerra, fue que cuarenta anos después de lo escrito por Acosta, los prusianos lograron vencer á los franceses; á los franceses, que hasta entonces siempre habían triunfado en los combates con los alemanes! Esto prueba que no hay virtudes más útiles que la perseverancia y la actividad.
Después de visitar no solamente todas las curiosidades, de la ciudad, sino las fábricas y las bellezas naturales de sus contornos, nuestros viajeros se embarcaron de nuevo. con dirección á Colonia. Allí echaron pie á tierra, buscaron una posada, arreglaron sus maletas é inmediatamente se dirigieron á la Catedral.
"Era sábado en la noche, escribe Acosta, y algunos fieles estaban hincados orando en el interior. La oscuridad de las inmensas aunque no concluidas bóvedas ( |6 ), inspiraba recogimiento y veneración.... . ¡Qué templo aquel tan espléndido! Con razón que se le considere como el monumento más hermoso de estilo gótico del mundo. Las cien columnas que sostienen la techumbre, cuatro de las cuales miden treinta pies de circunferencia; el soberbio coro (enteramente concluido) con sus capillas y la elegancia de toda la parte concluida, dan una idea de lo que será aquel templo cuando lo acaben de concluir. Hasta ahora |sólo se ha trabajado en ello más de quinientos años! Quisiera yo traer á Colonia á las personas que no gustan de la arquitectura gótica, para convertirlas! "
Visitaron al día siguiente, con la luz del día, de nuevo la Catedral, otras iglesias y la plaza de Agripina (la madre de Nerón, que nació en Colonia); oyeron misa cantada y vieron muchas reliquias en urnas riquísimas; cuadros de Rubens en varias partes, y en San Pedro el encomiado |Martirio del Apóstol, obra maestra de aquel pintor flamenco.
Recibieron la visita de un Capitán Reding, hijo del General Reding, que había estado en Colombia. Este les presentó un joven polaco Weznioski, y todos juntos fueron á pasear por los jardines públicos.
El día 26 abandonaron definitivamente las márgenes del Rhin, tomaron asiento en una diligencia, y por la vía de Juliers se dirigieron á Aquisgrán, adonde llegaron á las doce del día. "Aquella ciudad nos deslumbró, dice Acosta, por la belleza de sus edificios y el aseo y anchura de sus calles."
Lo primero que á los colombianos llamó la atención fue la Catedral, empezada á edificar por Carlomagno, cuyo sarcófago se encuentra en la mitad del templo. Vieron los lugares en que tienen encerradas las reliquias, las cuales se exponen á la veneración de los fieles cada siete años; contemplaron la silla de mármol de Carlomagno, así como otras curiosidades de las cuales hablan todos los viajeros. Visitaron después el palacio de. los reyes francos; se pasearon por el bellísimo jardín de Lutsberg; fueron á ver los manantiales de aguas termales (de donde le viene el nombre á la ciudad) de |agua - grani, las cuales Acosta examinó como había hecho en Wiesbaden.
El día 27 tomaron un carruaje particular y salieron de Aquisgrán. Atravesaron las fronteras de Prusia, y llegaron á Maestricht á las ocho y media de la mañana. Inmediatamente Acosta fue á examinar las fortificaciones y el canal de Lieja, lo cual le interesaba particularmente bajo el punto de vista científico y militar. Continuaron marcha hacia Tongres, y antes de entrar á la población se detuvieron para ver los restos de las murallas del tiempo de los Romanos que circundaban la ciudad, la cual era en los tiempos pasados mucho más importante que en el día. A las seis de la tarde entraron en Tirlemont, y mientras que les preparaban otro carruaje, visitaron la Catedral gótica pie aquella ciudad.
"La población, leernos en el Diario, como todas las de los Países Bajos que hasta ahora hemos visto, es singularmente aseada, y las calles son espaciosas y bien empedradas."
Al cabo de dos horas emprendieron de nuevo marcha, y á las doce y media de la noche entraron en la ciudad de Bruselas, se desmontaron en la plaza del parque y se alojaron en el hotel de |Belle Vue.
En aquella época Holanda y Bélgica formaban un reino (desde 1814), con el nombre de Países Bajos. Gobernábalo Guillermo de Orange (descendiente de los Estatúderes de Holanda), pero era en extremo impopular en la parte belga de sus dominios ; tan impopular era, que pocos meses después de la visita de Acosta á aquel país, los Belgas (siguiendo el ejemplo de los franceses que arrojaron á los Borbones del reino) sacudieron el yugo de Holanda y se proclamaron independientes. La opinión del pueblo estaba dividida: unos querían monarquía y otros república, y al fin aceptó la Nación como rey un príncipe de Sajonia-Coburgo, que fue proclamado y tomó posesión de la corona en junio de 1831.
Al día siguiente de la llegada de' los colombianos á Bruselas, empezaron á visitar museos, galerías de pinturas, etc., de las cuales Acosta hace prolija descripción.
"Noté, escribe en su Diario, mucho celo y empeño en embellecer el Museo: colgaban cuadros nuevos, barnizaban y remendaban cuidadosamente otros, de manera que en aquella galería había mucho movimiento de empleados é interés para que todo quedase bien, como si en aquellos ciudadanos se hubiese despertado nuevamente el gusto por las bellas artes y el deseo de que su Museo no fuese inferior á otras ciudades europeas.
"Estuve en el jardín Botánico. En los invernáculos la temperatura subía á 30°, y tuve el gusto de ver reunidos el naranjo y el plátano, el granado y otras plantas de mi pueblo natal, las cuales vivían allí verdes y lozanas y como orgullosas de que las cultivasen con tanto esmero."
Al recorrer la ciudad se sorprendieron los colombianos con la vista de más de trescientos mástiles en una ciudad que no es puerto de mar ni posee ningún río navegable. Descubrieron entonces que, como los industriosos ciudadanos de Bruselas quisiesen acercarse al mar para el bien de su comercio, habían labrado un canal paralelo con el río Senna, el cual une la ciudad con el río Sambre, que es navegable.
Los colombianos visitaron uno á uno todos los monumentos y curiosidades artísticas de Bruselas. En la mesa redonda del hotel vieron á una señorita Pradil, hija de un conocido improvisador francés, y que era una hermosísima persona, ( |7 ) y hablaron con el Enviado Diplomático brasilero, señor Itabayana.
Con el Secretario de la Legación Mexicana, que visitó á Acosta, fue á ver la fuente en que Pedro el Grande bebió en 1697.
DIARIO
"Esta circunstancia se halla conmemorada en una inscripción latina al pie de la fuente. Parece, según dicen las historias, que aquel día el Emperador de todas las Rusias se dió allí una caída, por estar un poco vacilante á causa del mucho vino que tomaba siempre. . .. pero la inscripción latina no menciona aquello.
" |29 de Abril.-Estuve hoy á almorzar en casa de M. Vandermaelen, á quien iba recomendado. Este caballero es propietario del establecimiento de cartas geográficas en Bruselas; es un hombre amable, bueno y consagrado; ha empleado toda su fortuna, que es considerable, y toda su actividad, que es mucha, en fomentar este establecimiento científico, el cual, por la extensión que ha logrado darle, es el único de su especie en Europa.
"Allí se ocupan 114 hombres en las diversas oficinas de litografía y correspondencia. Tiene, además, un jardín botánico y una rica librería, compuesta nada más que con todas las obras científicas que se han publicado y que se publican diariamente en todo lo relativo á geografía. ( |8 )
"Como el señor Vandermaelen viera el interés que yo manifestaba por los trabajos de su establecimiento, me trató con marcada atención, y se tomó la pena de explicármelo todo. Le dije que en un país nuevo como era el mío, me parecía que el Gobierno no podría disponer de recursos pecuniarios para llevar maestros que enseñasen el arte de grabar en cobre, pero sería muy útil que se supiese litografiar las cartas que se fueran levantando en madera; sin embargo, para eso también sería necesario quien enseñase el arte. Entonces M. Vandermaelen me ofreció espontáneamente que él se encargaría de enseñar gratis en sus oficinas á dos ó tres jóvenes que el Gobierno tuviese á bien enviarle, sin interesarles otra cosa que el valor de su manutención, los cuales, estando bajo su dependencia, tendría cuidado de que trabajasen asiduamente.
"Este buen belga es no solamente un verdadero filántropo, sino excelente padre de familia. Tiene dos hijos que están al cuidado de un preceptor. El mayor, que apenas contará seis años, me dijo el maestro que tenía un gran talento; de tal manera es de aplicado, á pesar de sus tiernos años, que cuesta trabajo que abandone la lectura para que juegue como los otros niños."
"Visitamos una manufactura de encajes llamados |de Bruselas y me explicaron. la manera de tejerlos. Se conoce cuándo el encaje es legítimo, porque la parte en que están los dibujos es doble, y siempre dejan las puntas de los hilos á la vista para que se vea que son de lino y finísisimos; además, se puede arrugar sin que se dañe absolutamente.
" 30 de Abril.-A las dos de la tarde estuve á visitar á Cortés Campomanes, ( |9 ) que se encuentra actualmente en Bruselas. Le hallé enfermo en cama, pero á pesar de ello insistió en levantarse para señalarme y explicarm
e los dibujos de un nuevo frente de fortificación que ha inventado últimamente. Me habló de las plazas fuertes de Colombia, y me dijo que Puerto Cabello en el estado actual podía sostenerse más largo tiempo que Cartagena; pero que las fortificaciones de Cartagena, según él creía, se podrían poner en mejor estado de defensa con menores gastos; es decir, que según sus cálculos, bastaría gastar allí de doscientos á trescientos mil pesos. La conversación, que duró dos horas, me instruyó é interesó mucho.
" I.° de Mayo.-Salimos de Bruselas por la puerta de Flandes (que es un arco de triunfo levantado para conmemorar la entrega de las armas de la ciudad en 1818 á la familia de Orange,) y nos dirigimos en carruaje á Anveres."
Pasaron por Villeforte, pequeña ciudad que encierra un enorme edificio que sirve de prisión de estado. Acosta describe minuciosamente su tránsito hasta Malinas, ciudad adonde llegaron á las doce del día. No se detuvieron allí, sino que continuaron camino, y á las tres de la tarde llegaban á Amberes. Hoy se hace ese viaje en tren expreso, es decir, de Malinas á Amberes, en poco más de media hora. Se desmontaron en el hotel de Bellevue, con vista sobre el Escalda. Los viajeros se entretuvieron al caer la tarde desde las ventanas de su cuarto, con el espectáculo de la entrada de la marea en el río, y el de los buques que subían en silencio como sombras, impelidos sólo por la fuerza de la marea.
Al día siguiente visitaron las fortificaciones (las cuales describe técnicamente en el Diario) y dieron vuelta á ,la ciudad por los parapetos; estuvieron en la Catedral y en los museos, los cuales encierran los mejores cuadros pintados por Rubens y Van-Dick. "El primero, escribe Acosta, parece que se esmeró particularmente en hacer resaltar las formas anatómicas é imitar el colorido natural del cuerpo humano; en una palabra, el hombre en su parte física fue su estudio favorito, mientras que Van-Dick procuró en sus retratos estampar la expresión del alma de sus personajes. ¿Qué decir de la verdad con que pinta el sufrimiento y la piedad profunda de la fisonomía de su Catalina de Siena, por ejemplo, y el dolor y desaliento que se leen en la expresión de su Virgen al pie del Calvario?"
A las doce del día partieron para Gante.
"Como era domingo, leemos en el Diario, y dos de Mayo, notábamos al pasar que por todos los caseríos por donde pasábamos habían levantado |árboles de Mayo, adornados con vistosas cintas y rodeados de gentes de buen humor. La alegría brillaba en todas partes, y hubiera bastado contemplar el cielo de primavera y la risueña naturaleza que nos rodeaba, para sentir correr nueva vida por las venas. Todo el camino estaba lleno de paseantes, y como la población es tan abundante en este país, no se veían sino casas de campo, caseríos y aldeas á la vera del camino, casi sin interrupción. Los Países Bajos cuentan 323 habitantes por cada milla cuadrada, mientras que Inglaterra tiene á razón de 257, y en Francia de 208 por milla cuadrada.
"Iba en el mismo carruaje con nosotros un belga, antiguo capitán de buque mercante, el cual se lamentaba de la escandalosa protección que el Rey dispensaba á los holandeses y del descuido en que tenía á los belgas."
Después de permanecer un día en Gante, ciudad que visitaron rápidamente, continuaron su viaje.
" 3 de Mayo. - Nos embarcamos á las nueve de la mañana en el pintoresco canal que une á Gante con Bruselas, en una barca tirada por caballos.
"Las orillas del canal, á uno y otro lado, están cubiertas por verde césped, sombreado por alamedas de árboles interrumpidas de trecho en trecho por graciosas y limpias aldeas, situadas á orillas del-canal, y comunicadas por puentes que se abrían para dejar pasar las barcas. Numerosísimos molinos de viento levantaban sus brazos en todas direcciones, lo cual daba un carácter especial al paisaje,
"Dentro de nuestra embarcación iban unos cincuenta pasajeros, pero cabían cómodamente hasta doscientas personas. El barco bajaba perezosamente por el canal manso y tranquilo, y aquí y allí veíamos en tierra grupos de mujeres y niños que se ocupaban en rociar el cáñamo cortado que habían extendido en la escarpa del canal, y levantaba" tranquilamente la cabeza para vernos pasar.
"El día era bellísimo; todos á bordo con su flema flamenca guardaban silencio; los hombres, con la pipa en los labios, perecían meditar, y las mujeres hacían calceta y callaban también. Nuestra apacible navegación no era interrumpida sino por el canto de algunas avecillas que se ocultaban entre los nacientes retoños de los árboles de la orilla... Así quisiera yo pasar mi vida en el silencio y la tranquilidad, deslizándola suavemente sobre la superficie de las ondas, que jamás baten las tempestades.
"Un leve airecillo agitaba de cuando en cuando la bandera que teníamos izada á popa..... De repente levanté los ojos por entre los abiertos pliegues de la tolda, y por primera vez fijé la vista en la bandera; era tricolor ! Al contemplar el símbolo de la libertad, que llevaba los mismos colores del pabellón de mi patria, el corazón me palpitó! Repetidas veces desde que llegué á este país había visto la bandera sin fijar en ella mi atención; hoy por primera vez comprendí lo que significaba para mí, y los recuerdos que traía á mi memoria."
A las tres de la tarde llegaron á Brujas, pero no alcanzaron á visitar la ciudad, pues les aguardaba otra barca en el canal, la cual debería llevarlos rectamente al puerto de Ostende.
Aquella barca estaba repleta de pasajeros, y entre éstos notó los curiosos vestidos que llevaban algunas aldeanas, las cuales remedaban el hábito de los frailes agustinos, con su capa negra y capilla encima.
Pasaron la noche en Ostende. A la mañana siguiente dieron vuelta á las fortificaciones, que Acosta describe en su Diario; visitaron el fanal, la máquina hidráulica, re corrieron la ciudad, y al cerrar la noche se embarcaron
en un vapor que había de conducirlos á Inglaterra.
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He aquí una carta del General Santander, escrita en esa época. Al señor Joaquín Acosta (Rue de l'Ouest, 9)
Sábado 20 de Marzo de 1830.
" Mi querido Acosta: No puedo salir hoy porque estoy enfermo, y el médico me ha prohibido dejar el alojamiento. Tampoco puedo salir mañana; así es que dejaremos para otro día el paseo al Luxemburgo y por consiguiente el placer de tomar helados en la calle de Rivoli, como estaba convenido.
"No siendo dueño de mi salud, tengo que pasar por la incomodidad de privarme de la compañía de usted mañana y pasado mañana; pero queda prorrogada (lenguaje parlamentario francés é inglés) para cuando yo le avise.
Saludo á su hermano afectuosamente. Dígame dónde es el nuevo alojamiento de Madame Salazar.
Siempre decidido amigo de usted, su antiguo estimador,
F. P. SANTANDER."
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Este caballero era hijo de un patriota caucano, D. J. M. Rengifo, padre del ilustre médico colombiano, el doctor Pío Rengifo, quien murió desgraciadamente en Panamá en 1896. El amigo de Acosta había nacido en 1799, y por consiguiente contaba apenas diez y siete años cuando siendo dueños de nuevo los españoles de la provincia del Cauca, persiguieron á los patriotas, que habían tomado parte en la Revolución de la Independencia, y el joven Pío Rengifo fue sentenciado á servir como soldado en las filas del ejército español al mando de Warleta. Pero él se había propuesto evitar esta humillación, y se fingió sordo. El jefe español comprendió que aquella sordera era simulada, y lo sometió á toda especie de pruebas para descubrir el engaño, pero siempre tuvo suficiente presencia de ánimo para no dejarse caer en la trampa que le tendían, convenciendo al fin á todos de que realmente era sordo. Con ese motivo obtuvo su libertad y huyó al interior de las montañas, en donde se ocultaba su padre y andaban prófugos los patriotas que no habían caído en manos de los |pacificadores. Después de una vida de laboriosidad constante, D. Pío había recuperado la fortuna perdida en la época de la guerra con España, y se hallaba entonces viajando por Europa. No murió sino largos años después de Acosta, en 1867. |
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Hoy alcanza á 54,000. |
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Más de treinta años después, la que esto escribe visitó esa misma calle, la cual aún conservaba su original desaseo, pero ya había desaparecido por completo la familia Rothschild de la miserable casa que habitaban sus abuelos, y esos banqueros israelitas vivían en espléndidos palacios, en la parte más aristocrática de la ciudad. |
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|Enrique Frauenlob, el célebre |meistersanger alemán, vivió particularmente en Maguncia. Su verdadero nombre era |Meissen, pero le llamaban |Frauenlob, es decir, |panegirista de las damas por su galantería con el bello sexo. Cuando murió en 1318, las damas de Maguncia quisieron cargar su ataúd hasta el lugar en donde fue sepultado. |
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Este famoso templo, que se empezó á levantaren 1249, no se acabó de edificar sino en 1880.. |
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Este famoso improvisador se llamaba Pedro María Courtray; era parisiense, y durante la época de la Restauración adquirió gran reputación por la facilidad asombrosa con que impovisaba buenos versos sobre cualquier tema. Era, además, escritor y novelista. Murió en 1857, de avanzada edad. |
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F. M. Guillermo Vandermaelen había fundado en Bruselas un establecimiento geográfico utilísimo, y además escribió y publicó obras científicas muy importantes, las cuales dieron á conocer á fondo la geografía de su patria.
Murió en 1869, de 75 años de edad. |
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El Coronel español Manuel Cortés Campomanes había sido militar en Europa y había peleado en las campañas de Rusia cuando pasó á Venezuela condenado á presidio por hallarse implicado en una conspiración descubierta en Madrid ,llamada de San Blas) el 3 de Febrero de 1796. Logróse lugar, y desde entonces se ocupó en predicar libertad é independencia de España. Una ver que estalló la revolución, tomó parte en ella en Venezuela y en Nueva Granada. Hallóse en el sitio de Cartagena y en otras acciones de armas. |
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