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CAPITULO XIV

 

La Historia de Colombia por D. José Manuel Restrepo y el señor Fernández Madrid. - Fiestas en Saint Cloud.-El combate de Navarino. - Recepción de Royer Collard en la Academia Francesa.-J. Luis Laya. - ACOSTA miembro de una Comisión científica.-Noticias de Colombia. - Santander y la conspiración de Septiembre. - Salazar . -Roulin. - D. Vicente Rocafuerte.-Paris de 1827 á 1830.

Estando ACOSTA en París en 1827 apareció la primera edición de la |Historia de la Revolución de Colombia, por D. José Manuel Restrepo, obra quo causó grande impresión entro los colombianos residentes en Europa, pues era esta la primera, seria y de peso que se daba á la estampa después de 111 época de la guerra de la Independencia.

He aquí algunos apartes sobre este asunto, que ACOSTA escribió al doctor Madrid, que entonces estaba encargado de la Legación colombiana en Londres

" Paris, Octubre 23 de 1827.

|"Al señor D. José Fernández de la Madrid, Ministro colombiano en Londres. -Harley Street, número 71.

" Apreciadísimo señor y amigo

" La obra de Restrepo apareció hace ocho días, y aunque el nombre de usted figura entre los de aquéllos que han hecho servicios más importantes á nuestra causa, como al describir los últimos días de la existencia política de las Provincias unidas de la Nueva Granada, deja caer algunas expresiones ligeras y aventuradas, yo me apresuré á enviar á M. Carrel un artículo que debería, insertar en el |Constitucional ó en el |Correo ( |1 ). M. Carrel se ha descuidado, pero "v í se lo he pedido por dos cartas, para llevarlo yo mismo á la imprenta, y aparecerá antes de dos días ( |2 ). No pienso limitarme á esto, porque estando para formarse una nueva |Revista Americana, y teniendo relaciones con algunos de los empresarios, me ocupo en traducir los documentos de su justificación que sean más importantes para insertarlos, pues los periódicos cotidianos no acogerían un artículo tan largo. .

" Voy ahora á decirle algo sobre esta historia tan esperada. Me ha parecido que las fuerzas de Restrepo no son proporcionadas á la empresa de escribir una historia. El estilo es frío y descarnado. Creo que el historiador no debe alterar los hechos, y en esto consiste la imparcialidad, pero no creo que daba despojarse de los sentimientos patrióticos, y quiero que, una noble indignación lo domine al trazar los males de su país ; quiera que, haga pasar sus emociones al alma de sus lectores; pero desdichadamente el estilo de nuestro historiógrafo de todo tiene menos de dramático. Sin embargo, estoy lejos de negar la utilidad de la obra, pero insisto en que no le conviene otro título sino el de |Relación documentada de los principales acontecimientos de la Revolución, de Nueva Granada y Venezuela.

"Se encuentran allí también algunas inexactitudes y omisiones, y si usted quiere convencerse del partido que otro cualquiera hubiera sacado de esta materia, lea la relación del movimiento de Quito en 1809 en el |Arte de verificar las fechas ( |3 ) el cual sin ser otra cosa sino un resumen cronológico, da tina idea más exacta (de lo sucedido que el mismo fragmento en Restrepo. En cuanto al Atlas, mis temores se han realizado; allí han combinado á su modo las viejas con las nuevas cartas, de donde ha resultado un todo monstruoso. Qué dirán, por ejemplo, los habitantes de Mérida al encontrarse á ocho leguas del lago de Maracaibo? No les queda otro partido sino creer que la laguna se les ha acercado, ó que el Ministro se ha engañado... Temo mucho que se inclinen á este último partido.

"Sería muy largo hacer la enumeración de todos los errores. Pienso escribir mis observaciones para enviarlas á Colombia, no sea que crean que efectivamente este mapa de la República es lo mejor. Puede ser que usted encuentre acrimonia en mi crítica, pero el mal humor á que nos tienen condenados los sucesos de Colombia explica todo."...

Se comprende que desde aquella época Acosta veía la necesidad absoluta de que se publicase un mapa más exacto de su patria, y que se escribiese una historia más amena de Colombia. Al cabo de años, viendo que nadie se ocupaba en ello, procuró por su parte presentar un mapa más correcto que los anteriores, y de la historia que había ideado sólo alcanzó á dar á luz el primer tomo de la época del Descubrimiento y Conquista, corno lo veremos después.

DIARIO

" |24 de Octubre.-Hoy estuve en Saint Cloud á ver las fiestas populares que se celebran allí. Empezaron á jugar las aguas no bien hube entrado al parque, cuya larga alameda ofrecía un curiosísimo y variado espectáculo con sus innumerables tiendecillas llenas de objetos vistosos, los histriones, panoramas y caballitos de palo. La cascada con su chorro de agua que se levanta á ochenta pies de altura y se disipa en forma de nube, me pareció pintoresca y original.

"A las cinco de la tarde pasó por en medio de los jardines y alamedas la calesa descubierta del Rey. Él iba dentro, acompañado por la Delfina con su aire serio y triste (la desgraciada hija de Luis XVI no puede olvidar jamás el suplicio de sus padres y parientes); al frente vi á la Duquesa de Berry y una hermana suya (hija del Rey de Nápoles). La calesa iba precedida por algunos guardias de corps y gentiles hombres de la corte á caballo, y seguida por cuatro carrozas con los empleados, camareras, etc.

" Una vez que hubo pasado el Rey, me dirigí á la Linterna, monumento piramidal hecho sobre el modelo de la linterna cíe Demóstenes, que construyó Lisícrates en Atenas ( |4 ). Se levanta sobre una colina que domina el parque, el río Sena, y desde allí se ven las cúpulas y las torres de París.

" Estando en aquella altura, noté que se preparaba una tormenta, y apenas tuve tiempo de guarecerme bajo unos coposos árboles, cuando se descolgó un fortísimo agua cero. En medio de la lluvia vi pasar á Su Majestad Cristianísima perfectamente empapado, á pesar de que los caballos del coche iban á todo correr en busca de abrigo. Momentos después pasó el Delfín con su séquito, todos en la misma situación.

" Comí á las seis en el restaurante y volví al parque después, á ver los bailes campestres, que unos tenían lugar bajo toldos, y otros sobre el verde césped, al aire libre. No me fue posible regresar á París hasta las doce de la noche; era tal la concurrencia, que hasta esa hora no pude conseguir un vehículo para volver á la ciudad."

Refiere después cómo se tuvo noticia en París (el 8 de Noviembre) del glorioso combate naval de Navarino, en el cual triunfaron las fuerzas aliadas de Rusia, Inglaterra y Francia, sobre las turcas de Ibrahim-Bajá. Esta victoria fue doblemente celebrada, porque después de terminado el combate resultó que á pesar de haber muerto en él seis mil turcos, los aliados no tuvieron que deplorar sino la pérdida de siete personas, entre muertos y heridos( |5 ).

DIARIO

" |13 de Noviembre. - Desde las doce del siguiente día tuvimos que ir á situarnos en la puerta del Palacio del Instituto, para tomar puesto y hacer |cola, pues había multitud de personas que tenían particular interés en presenciar el recibimiento de M. Royer-Collard en la Academia francesa ( |6 ).

" Yo estuve aguardando que se abrieran las puertas, conversando con M, Mignet, el historiador, y M. Varaigne. No bien llegó la hora de entrar, cuando toda aquella multitud, compuesta casi en su totalidad de personas conocidas, se precipitó á buscar asiento.

"Los académicos fueron entrando á sus puestos uno á_ uno. Me señalaron los que yo no conocía, como el poeta Casimiro de la Vigne, Lally-Tollendal y otros.

" A las dos de la tarde un aplauso general anunció la entrada de M. Darú, el encargado de recibir al recipiendario. La concurrencia presentaba 'un aspecto risueño é imponente al mismo tiempo; muchas damas que no habían cabido en los bancos exteriores, se colocaron entre los graves académicos, y veíanse las pelucas empolvadas de los ancianos del siglo pasado al lado de los sombrerillos de moda y vestidos modernos de las señoras.

"Royer-Collard pronunció un bellísimo discurse, el cual fue interrumpido repetidas veces por los aplausos y los |bravos de la mayor parte de los espectadores. M. Darú contestó, y también fue aplaudido. Después, Juan Luis Laya-el poeta de origen español pero que cuenta entre los literatos franceses; aquel hombre animoso que durante el Terror se atrevió á criticar sus excesos en una comedia, y estuvo á punto de perder la vida por ello-leyó algunos trozos de su tragedia |Demóstenes. Sin embargo, aquella lectura fue recibida fríamente por el público.

" Salimos á las cuatro de la tarde, después de haber pasado dos horas muy satisfechos en ese recinto del saber y del buen gusto."

Los meses más ardientes del verano de 1828 los ocupó Acosta en un viaje de ingeniería en los alrededores de Meulan. Bajo la dirección inmediata del Coronel Puissant, hizo parte de la comisión científica que levantó el mapa de Francia por aquellos años. Tocóle estudiar el Departamento de Seine y Oise.

Encontramos en su diario la descripción de aquellos trabajos y la copia de las observaciones que hacían, y explicaciones de la manera científica que empleaban entonces para levantar planos. En unión del mencionado Coronel y de otros jóvenes ingenieros, pasaban el día entero en los campos. Llevaban un asno cargado con instrumentos y las provisiones de boca, y sólo al ocultarse el sol buscaban albergue en alguna aldea.

Concluidos los trabajos que les habían encomendado, regresaron á París con los primeros fríos y lluvias del otoño, y cuando los árboles, secos, descarnados y desprovistos de hojas, anunciaban la llegada del invierno.

Como Acosta frecuentaba los lugares en que se reunían los estudiantes, y visitaba los salones de Lafayette y de otros miembros del partido anti-borbónico y liberal, tenía ocasión de estudiar el espíritu político de Francia, y veía, se puede decir casi delante de él, prepararse la revolución que había de arrojar del trono á Carlos x. Aquel estudio de la política interna de Francia le interesaba muchísimo, y no podía menos que comparar el lenguaje mesurado y atento de los contendores políticos de París con la manera de luchar en la prensa americana de aquella época.

En una carta que nuestro joven estudiante escribió al Ministro colombiano en Londres (el señor Fernández Madrid) con fecha 3 de junio de 1828, encontramos el siguiente párrafo:

"....Nos hemos procurado algunos diarios de Bogotá, de fines del año pasado. Qué lenguaje! Qué irritación! Qué modo de defender la libertad! No lo harían mejor sus enemigos! Yo que me imaginaba que las pasiones volvían elocuentes á los hombres, y veo hoy producciones de hombres de talento que el último colegial se avergonzaría de haber escrito. Quisiera sepultarme entre mis libros con la misma impavidez que el petimetre de Gil Blas se metía entre sus sábanas...

Las noticias que recibía de Colombia nunca eran satisfactorias. Un gran malestar se notaba en todo el ámbito de aquella inmensa República, rodeada entonces por tres mares y formada por poblaciones tan distintas y tan alejadas unas de otras, que apenas se conocían de nombre y en nada simpatizaban. En el Perú, nación que había obtenido su libertad gracias á los ejércitos colombianos y á los talentos militares de Bolívar y de Sucre, odiaban á sus libertadores y se temía una próxima guerra entre las dos naciones hermanas. Dentro de Colombia se disputaban la preponderancia los partidarios de la unión de Nueva Granada, Quito y Venezuela, y los separatistas. Estos últimos eran encabezados en la primera por el General Santander. De allí la disolución de la Convención de Ocaña, después de escandalosos debates, y la retirada de la minoría el II de junio de 1828, dejando la Asamblea sin |quórum.

Desalentados los ciudadanos que más entusiasmo habían tenido durante toda la guerra de la Independencia, creyeron que sus esfuerzos serían inútiles, que el país acabaría por perecer en la anarquía si no se tomaban providencias supremas. Ahora, al cabo de tantos años, es difícil ponernos en el lugar de los que escribieron de todas las poblaciones de Colombia rogando al General Bolívar para que asumiese el mando supremo y se declarase dictador. Se nos figura que los partidarios de la Dictadura obraron con precipitación, y que el Libertador se dejó llevar por sentimientos de ambición al aceptar aquella picota; pero ¿sabemos acaso los temores que abrigaban todos de un naufragio de las instituciones, si se permitía que se desencadenasen las pasiones populares? Entonces se horrorizaban los amigos del orden con la idea de la anarquía, y parecíale á Bolívar (como á sus partidarios) que todo se debería arrostrar, más bien que dar ocasión de que surgiese una revolución, una guerra armada entre hermanos, que desprestigiaría la nueva República.

De todas maneras, la noticia de la nueva Dictadura de Bolívar produjo muy mal efecto en Europa y hondísimo desconsuelo á los que amaban la verdadera República.

El General Santander-que había perdido su posición como Vicepresidente con aquella Dictadura-escribió á sus amigos cartas muy amargas contra Bolívar, y exhaló quejas dolorosísimas contra los que habían precipitado al país por aquella vía al parecer sin salida ( |7 ). El Ministerio había querido dulcificarle aquel desaire, y al mismo tiempo alejar del país un enemigo peligroso é influyente, y le había nombrado Ministro Plenipotenciario en los Estados Unidos de Norte América. Empero, Santander cometió la imprudencia de permanecer en Bogotá y nombrar como su secretario al entusiasta liberal Luis Vargas Tejada, el cual se inspiraba en los recuerdos de la República romana, y conspiraba contra la Dictadura por medio de la sociedad llamada |Filológica, á la cual pertenecía el ex -Vicepresidente también.

Todos conocen, y no es del caso aquí hablar de la famosa y malhadada conspiración que estalló el 28 de Septiembre de aquel año, en la cual, si el puñal de los que se consideraban patriotas no penetró en el corazón del Libertador, le desgarró el alma y lo condujo á la muerte dos años después. Comprometido al parecer en aquella conjuración -á pesar de que él aseguró que había procurado disuadirá los conjurados de que asesinasen á Bolívar,_el General Santander fue apresado, juzgado y condenado á muerte; perdonóle la vida el General Bolívar, en cambio de dura prisión primero y de destierro después. Salió, pues, del país como reo, cuando pudo haberse presentado en los Estados Unidos con el honroso empleo de Ministro Plenipotenciario, si no se detiene en Bogotá durante aquellos aciagos días de efervescencia política. ¿Fue acaso culpable ó inocente? Sólo Dios que lee en los corazones podría decirnos si cruzó por su mente la visión sangrienta de su émulo, ó si sólo aspiraba á tomar el puesto de Bolívar una vez que éste fuese derrocado, y no deseaba la muerte del que había merecido el nombre de Libertador de cinco Repúblicas.

Entre tanto, Acosta prolongaba su residencia en Europa lo más que le era posible; y como todos aquellos acontecimientos que tenían lugar en su patria le impresionaban hondamente, para olvidar esas preocupaciones se entregaba por completo á sus estudios, y con frecuencia no escribía en su diario, que suele interrumpir durante meses.

La prueba de esto la tenemos en una carta del poeta literato y diplomático antioqueño D. José María Salazar, entonces en París. Hela aquí:

" Mi estimado amigo:

" Me quedé aguardando á usted la noche de la comida enciclopédica, como me lo ofreció por su esquelita del mismo día (á que no contesté por no exigir respuesta y ser materia comunicada).

" ¿Cuándo estará usted más desocupado de planos y más sociable para perder un día conmigo? Todo se nos ha quedado en proyecto: Instituto, Panteón, etc.

"Tengo una carta interesante (no geográfica) que mostrar á usted, y alguna cosa útil para su plano de Bogotá. " De usted afectísimo servidor,

" Lunes, Noviembre 16. J. M. SALAZAR." ( |8 )

En una carta que le escribió M. Roulin en aquella época, leemos el siguiente párrafo curioso: ( |9 )

"..... No se dice nada particular de Colombia. Sólo he sabido algunos pormenores del tiempo de la conjuración. Entre otras cosas. me han dicho que Arrublas (el dentón) estuvo esa noche en Palacio, pero en disfraz. Lo confesó Carujo. Qué hombre aquél! ir á semejante fiesta con el temor de ser- reconocido! Qué molde para conspiradores! Gracias á Dios que no todos lo hicieron como Horman. Parece que fue Ramón Guerra quien apresuró el momento de la explosión, porque en la tarde antes se oyó algo de la tramoya en la conversación de dos oficiales ebrios que hablaban en una fonda de la plaza. Llamaron á Guerra para saber algo de uno de ellos que estaba recién venido de Venezuela; Guerra contestó que no tuvieran cuidado, que el hombre era un borracho que hablaba disparates; pero que iría á averiguar la cosa; y salió; pero fue á avisar á los conjurados que estaban descubiertos, y que la sola esperanza que les quedaba, era poner en ejecución su proyecto esa misma noche; lo que se hizo del modo que usted sabe. ..."

A fines de 1829 se encontraba en Londres uno de los hombres más importantes y beneméritos del Ecuador, gloria de la América del Sur, el señor D. Vicente Rocafuerte ( |10 ), con quien Acosta había tenido amistad en París, la cual, como veremos después, conservó hasta su muerte, ocurrida en 1847. Por aquel tiempo Rocafuerte escribió la siguiente carta al joven colombiano:

"Londres, 10 de Diciembre: 1829.

Señor Capitán Joaquín Acosta. - París.

"Amabilísimo paisano mío: Contesto á la muy fina carta de usted reiterándole mis sentimientos de afecto y de amistad, los que serán tan invariables como los principios que los han excitado y que justamente pone usted por condición de nuestro mutuo aprecio. Nunca dejaré de ser un verdadero colombiano, fiel á las banderas de la Independencia y constante en el culto de la Libertad.

" El estado de mi salud no me permitirá salir, como pensaba, por el próximo paquete; probablemente iré á Veracruz por Nueva York, y entonces saldré á principios del próximo Enero.

" Hágame usted el favor de dar mil memorias á Juanito Díaz, y dígale que Carmencita Hurtado y toda la familia quedaban buenos á fines de Septiembre último; que Manuel Icaza, que acaba de llegar á esta capital de Guayaquil, los vio á su tránsito por Panamá.

" He contestado á la muy atenta y amistosa carta del doctor Torres ( |11 ), sin usar de quites diplomáticos ni reticencias jesuíticas; le he expuesto francamente cuál es mi modo de ver la situación actual de nuestro caro país, en lo que tendrá una prueba del respeto que le profeso y del deseo que me anima de cultivar su amistad. Tenga usted la bondad de dar mil memorias de mi parte á su hermano, á Rodríguez, á Martínez, y usted mande á su afectísimo q. s. m. b.

VICENTE ROCAFUERTE.

"P. D.-Por la próxima ocasión enviaré á usted una carta de introducción para el Marqués de Nicolay."

 

1
Nicolás Armando Carrel era uno de los más entusiastas campeones del partido liberal en Francia. Escribió varias obras; trabajó activamente cromo colaborador de varios periódicos, en la caída de los Borbones ; fundo la |Revista Americana y |El Nacional. Murió de 36 años de edad, en 1836, en un duelo con Emilio de Girardin, quien lamentó toda su vida la desgracia que causó.
2
véase el artículo de ACOSTA en lo Biografía de D. José Fernández Madrid, por Carlos Martínez Silva, página 159. Bogotá, 1889.
3
Se refiere al libro francés |L'art di verifier les dates ; despis l'année 1770 jusqu'a nos jours." '.Tome 12. Republique de Colombie.
(Este volumen fue compuesto por M. Wardin, revisado por el Marqués de Fortia. Existe en mi poder un ejemplar con dedicatoria del autor á ACOSTA).
4
Tanto la Linterna como el famoso palacio de Saint Cloud, en donde tuvieron lugar tantos acontecimientos históricos, fueron arruinados durante la guerra con Alemania, y hace poco tiempo que el Gobierno francés vendió las ruinas por una bicoca.
5
Esto no impidió que años después (en 1855) los franceses y los ingleses se aliaran á Turquía para combatir á Rusia y vencerla en Crimea.
6
Considerase á Pedro Pablo Royer-Collard como uno de los hombres más importantes que ha dado Francia en los fines del siglo XVIII y principios del xix. Había dedicado sus primeros años al estudio de cuestiones de alta política, y como filósofo perteneció á la escuela ecléctica espiritualista. Después de haber sido republicano, fu¿ realista moderado, y durante la Restauración desempeñó importantes empleos; pero como se indispusiese con el Ministro Villèle, se retiró del Gobierno, y en las Cámaras legislativas pronunció los discursos más elocuentes que en aquella época se oyeron. Derrotado el Ministro Villèle, estuvo sosteniendo la monarquía y el orden hasta la caída de Carlos X. Aceptó sin entusiasmo el advenimiento de Luis Felipe en 1830,y contribuyó á darle respetabilidad. Escribió poco, fuera de sus famosos discursos políticos y académicos.-Murió en 1845, de 82 años de edad.
7
En una carta que el General Santander escribió al señor Fernández Madrid á Londres, encontramos este párrafo, de fecha 18 de Septiembre de 1828:
" Desde el 13 de Junio ha sobrevenido un cambio sustancial en el sistema. Ya se lo habrá comunicado á usted el Decreto orgánico, única ley constitucional que tenemos, y en ella habrá visto que ha quedado suprimida la Vicepresidencia de la República. Yo me considero víctima de mis opiniones y de mis deberes públicos; pero víctima voluntaria, y séame lícito decir también víctima ilustre."
(Véase |Biografía de D. José Fernández Madrid, arreglada por Carlos Martínez Silva. - Bogotá, 1889.)
8
En varios diccionarios biográficos se ha dicho que D. José María
Salazar murió en París en Febrero de 1828, pero este es un error, porque la carta que tenemos á la vista dice en el sobre:
" M. M. J. Acosta.
Rue de Fleurus, n.° 9."
y en el sello de correos se lee con toda claridad: NOVIEMBRE 16-1829.
9
Era este caballero un sabio francés que fue contratado en 1821 para ir á la capital de Colombia á regentar la cátedra de Fisiología. Regresó á Francia en 1828, y conservó siempre hasta su muerte mucha amistad con Acosta. Las Memorias científicas que presentó Roulin á la Academia de Ciencias de París le valieron distinciones honoríficas, ser nombrado Bibliotecario del Instituto y la decoración de la Legión de Honor. Escribió además varias pequeñas noticias científicas en la Revista de |Ambos Mundos y en otros periódicos, y murió en París en 1874, á los 78 años de su edad.
10
D. Vicente Rocafuerte, hijo de familia ilustrada de Guayaquil, nació en aquella ciudad en 1783. Se educó en España, en el Colegio de nobles de Madrid. Pasó en 1803 á Francia, á completar su instrucción, y allí conoció á Bolívar y á otros patriotas americanos que soñaban ya con emanciparse de España. Volvió á su patria en 1807; tuvo parte en la revolución de 1809; deseando ser buen legislador, fue á estudiar á. Inglaterra, Suecia y Rusia. Elegido Diputado á las Cortes de España, tomó asiento en ellas en 1814, pero sus ideas liberales lo obligaron á salir prófugo de Madrid. Regresó en 1817 á Guayaquil; en 1820 fue á los Estados Unidos y á Cuba, en donde escribió en favor de la Independencia de América. Bolívar le mandó á varias misiones secretas; los mejicanos le convidaron (1824) á aquel país, y fue nombrado Encargada de Negocios en Inglaterra, Francia, Holanda etc., y Ministro Plenipotenciario más tarde. En 1826 Rocafuerte obtuvo un empréstito para Colombia. En 1829 pidió sus cartas de retiro; regresó á Méjico y fue perseguido y encarcelado; volvió al Ecuador en 1833 y tuvo que mezclarse en la política y entrar en pugna con el General Flórez. Fue elegido Presidente, y en sus manos la República hizo grandes progresos, y desempeñó importantes destinos diplomáticos. Siendo Ministro en Lima, murió de 63 años de edad, lamentada por su patria.
11
El doctor Jerónimo Torres, hermano del patriota Camilo Torres, que se hallaba entonces en Europa.

 

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