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INDICE
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CAPITULO XI
Vuelta á París.-Inauguración de la Luisa.-El doctor Madrid - Olmedo. Noticias de Colombia. - Rivalidades entre los libertadores. - ACOSTA contesta á un artículo publicado en el |Globe de París.-Carta del Redactor. - Continúa sus estudios en París.-Sociedad Enciclopédica. Villemain en el Colegio de Francia.-Sarao en casa de Arago. - Juicio sobre Daunou-Curso de Villemain. - Reflecciones que le sugiere éste. - Concluye el año en una tertulia.
1826
DIARIO
" 3 de Noviembre. - París, a pesar del fango pantanoso que cubre las calles en esta estación, tiene siempre un no sé que de brillante, de intelectual, de elegante, tanto entre los habitantes como en los edificios, que deslumbra encanta, sobre todo cuando se ha dejado de ver por algún tiempo."
Al día siguiente, 4 de Noviembre, era el Santo del Rey Callos X. ACOSTA presenció en esa ocasión la inauguración de la Bolsa de París que hacía ocho años que se había empezado á edificar.
Estaba entonces allí como agente confidencial de Colombia el señor José Fernández Madrid, á quien fue á visitar y encontró enfermo.
En casa del señor Madrid conoció al poeta ecuatoriano D. José, Joaquín Olmedo, el cual se hallaba en Europa como Agente diplomático del Perú. ( 1 )
Hacía varios meses que ACOSTA no había tenido noticias directas de su patria y de su familia. Pero al regresar á París encontró cartas, periódicos y noticias políticas, las cuales unas le fueron gratas y otras le sirvieron de tormento.
La situación de Colombia era cada día más delicada y sus negocios políticos más tirantes. Tres hombres que tanta parte habían tenido en la emancipación y guerra de la Independencia se hallaban divididos en ideas, y esta división producía un indecible malestar en toda la Gran Colombia, desde Guayaquil hasta Angostura. Bolívar había prolongado demasiado su ausencia y aquello enfrió á muchos de los que le, habían amado con entusiasmo y dio margen á sus enemigos para amargar el espíritu de Santander con respecto al Libertador; entre tanto Páez se había declarado rebelde á los mandatos del Congreso, y el país entero sufría una inquietud intensa con aquella desavenencia entre los jefes que más amaban los ejércitos.
Se aguardaba con ansia el regreso de Bolívar del Perú, el cual decían unos que todo lo remediaría, pero creían otros que al contrario acabaría por desencadenar los odios que estaban latentes en todos los espíritus, ya contra Bolívar, ya contra Santander, ya contra Páez. La rivalidad entre los libertadores de Venezuela y de Nueva Granada crecía entre tanto, y las cartas que recibió ACOSTA de sus amigos, eran en extremo desconsoladoras. Sin embargo, con aquella confianza que anima á todo joven entusiasta y ardiente patriota conservaba siempre esperanzas de que al fin la República triunfaría de los enemigos de la paz y se lograría plantear un Gobierno justo, equitativo y progresista, como lo habían solado los que generosamente derramaron su sangre para formar una patria independiente en las antiguas colonias españolas. Así procuraba siempre defender á Colombia.
"21. de Noviembre. - Pasé el día entero trabajando un artículo, en casa de M. Gondinet, con cuya publicación pienso destruir las imputaciones que se hacen á Colombia en el periódico |Le Globe. También escribí al Director de las |Biografías de los Contemporáneos y le envió las noticias de Colombia que me había pedido."
Aquel artículo no fue admitido en |El Globo. He aquí la carta del Redactor, M. J. Dubois, que escribió para rechazarlo. Naturalmente la traducimos
Redacción de El Globo. - París, 12 de Diciembre de 1826.
" Sector ACOSTA.
"Tengo el honor de devolver á usted la carta que usted nos envió.
"Después de refleccionar seriamente acerca de lo que contiene, y en vista de los documentos y relaciones de viajes que hemos leído, persistimos en conservar nuestras opiniones. A pesar de nuestra imparcialidad no podemos permitir discusiones contradictorias en nuestro periódico cuando pensarnos que tenemos razón. Si no hubiese más tribuna que la nuestra creeríamos sería nuestro deber publicar contradicciones, pero con la libertad de la prensa de que gozamos, no podemos ocupar á los lectores de estas cuestiones inútiles. Sin embargo, señor, le agradecemos á usted que se hubiese tomado la pena de informarnos acerca de lo que usted cree que es la verdad. Nadie mejor que nosotros comprende los justos motivos que dictaron su carta. Nadie mejor que nosotros puede abogar por la causa de la libertad universal, pero cuando nos persuadimos de la verdad, no podemos volvernos atrás; si nos equivocamos el tiempo ú otras personas más hábiles y más instruidas que nosotros pondrán en claro nuestros errores.
" Acepte usted, señor, mis sentimientos de sincera pena por no haber podido cumplir sus deseos.
Con la más distinguida consideración etc., etc. me suscribo de usted.
" J. f. DUBOIS..
Redactor en jefe. ( 2 ).
Este rechazo no desanimó á ACOSTA, quien al fin consiguió que el |Temps publicara su artículo. Estando en Paris la que esto escribe hizo exquisitas diligencias en las Bibliotecas para encontrar el artículo, pero en vano, cabalmente faltaba el número en que fue publicado en las colecciones que consiguió.
Entretanto ACOSTA se matriculó de nuevo en la Sorbona, y fue recibido, dice, con la acostumbrada cordialidad por los profesores Bertrand y Duhamel, y empezó de nuevo su vida de estudio asiduo.. Además, tomaba lecciones .de esgrima, de baile y asistía á las aulas de medicina que regentaba el famoso Orfila, las de Historia de M. Daunou etc., de manera que sin cesar estudiaba; se imponía de los progresos de la civilización en todas sus manifestaciones y bajo todos los puntos de vista.
DIARIO
" 14 de Diciembre.-Con M. Fraissinoud estuve en casa de M. Radiguet, en donde hemos resuelto reunirnos cinco jóvenes con el objeto de hacer experimentos químicos.
" 15 de Diciembre. - Asistí al banquete mensual de la Sociedad Enciclopédica; me tocó asiento al lado de Lemercier ( |3 ) y otra vez cerca de Sir Sidney Smith. Con ellos hablé largo rato del viajero inglés, el Coronel Wraith.
" Por la mañana Había estado en el curso de elocuencia francesa de M. Villemain ( |4 ). Esta es la vez primera que se presenta en la Sorbona después de su destitución del empleo en el Consejo de Estado, destitución ocasionada por su conducta demasiado independiente en la Academia, lo cual disgustó al Ministerio real. Hoy fue recibido por los estudiantes con coronas de flores que le arrojaron de diferentes partes del salón y con aplausos prolongados y ruidosos, Villemain conservó un aspecto enteramente sereno; no vi en su mirada ni en la expresión de su fisonomía la menor señal de emoción. Viendo que los aplausos continuaban, extendió la mano con un movimiento solemne para imponer silencio, y mientras que se tranquilizaban sus oyentes me pareció comprender que él estaba persuadido de que los aplausos eran más bien en homenaje á los principios que sostenía y manifestación de odio á los miembros del Ministerio que amor á su persona, por consiguiente no los recibió con gusto.
-"Señores, dijo, os pido que guardéis silencio, os lo suplicó en calidad de profesor, y os lo exijo, si es preciso, si no queréis obligarme á que me retire. La mayor prueba que me podéis dar de vuestra estimación v de vuestra amistad, será, siempre manifestándoos pacientes y callados. Entreguémonos á nuestras tranquilas tareas. En este recinto no deben oírse sino los aplausos dirigidos á la literatura, únicas emociones propias de la juventud."
" 16 de Diciembre. - A las nueve Roche y yo tomamos un cabriolet para ir al Observatorio á asistir á un sarao en casa del astrónomo Arango. Este sabio nos recibió muy bien, y con su acostumbrada bondad nos presentó á su esposa, nos puso en comunicación con M. Gay_Lussac, M. Dulon, y M. Tissot y su esposa; el Capitán (inglés) Sabine, ilustre sabio viajero que ha dado la vuelta al mundo y visitado el Spitzberg; á M. Berthier y á otras personas célebres. A las once nos retirámos, después de haber conversado largo rato con el Barón de Humboldt.
"18 de Diciembre. - Después de comer fui á las orillas del Sena á comprar libros. Allí encontré á M. Daunou á pie, enlodado y confundido entre la multitud. Así, pues, este hombre honorable .y elocuente que se eleva á las consideraciones más altas del orden social, que juzga desde su cátedra por la mañana á los Romanos, á los Emperadores y á los Monarcas del mundo con la más justa imparcialidad, desciende luego á las mas tristes realidades de la vida pobre ! Sin embargo, yo veo en este hecho una consecuencia natural de la noble independencia de su carácter que ha conservado siempre, al través de las revoluciones, y ha preferido su dignidad personal á las doradas carnosas del fastuoso cortesano.
" Los juicios de M. Daunou acerca de los hombres que ya no existen, y sobre los acontecimientos de los tiempos pasados que nos han sido transmitidos con ropaje fabuloso, la facultad que tiene para explicar y discernir los hechos inciertos que refieren las historias, todo esto demuestra que á más de crítico y erudito, es un filósofo. Él más que nadie, ha sabido explicar lo que parecía imposible de comprender y coordinar con tanto acierto, que sus opiniones serán adoptadas indudablemente por la posteridad, porque están marcadas con el sello de la verdad. Se comprende que sus juicios son el fruto de estudios profundos y metódicos y que sus extensas investigaciones han sido inspiradas por un ánimo generoso, y ardiente deseo de sacar en limpio toda la verdad. Si á esto se añade que M. Daunou posee el más exquisito arte de discernir, el tacto más fino y delicado para desentrañar lo cierto de lo probable, á lo cual se une un estilo elegante y el lenguaje más puro, más enérgico, pero sazonado con tal cual rasgo sardónico que a veces llega hasta la severidad, sin perder, por esto, la dignidad del Juez, se comprenderá, sin que por eso se alcance á tener una débil idea de lo que son sus lecciones ; lecciones en que parece como si la Historia se personificase en aquél anciano, y que por su boca emitiera sus juicios inmutables.
" 19 de Diciembre. - Asistí al curso de M. Villemain. Trató de la literatura inglesa, y la pintura que Hizo fue tan viva y animada, que me impresionó, particularmente, el carácter de Milton, el cual me sugirió hondas reflexiones. Todos nacemos con más ó menos aptitudes para aprender, pero no siempre basta el deseo ardiente de elevarse con el espíritu para llegar á ser un grande hombre, y para esto la instrucción no es todo ; el genio no se educa, se nace con él. Yo, por ejemplo, había sentido desde mi infancia una sed insaciable de saber, un deseo ardientísimo de indagarlo todo; pero esta facultad, en lugar de progresar en mí, siento como si con la edad mi energía se fuera debilitando, y á veces llego á perder la fe en mí mismo...
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1
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" El 15 de Enero de 1825 dio un Decreto el Congreso del Perú, concediendo á Olmedo los derechos de peruano de nacimiento, y después fue nombrado Agente Diplomático, en unión de D. Diego Paredes, en las cortes de Inglaterra, Francia, Roma y España Con tal motivo Olmedo salió de Guayaquil con dirección á Europa en Agosto del mismo año, de donde regresó al Ecuador en 1828. Apuntes Biográficos de D. José Joaquín Olmedo, por Pablo Herrera. Quito 1887.
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Véase el artículo de T. Jouffroy en el Apéndice de esta obra.
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Sin duda el famoso poeta, uno de los iniciadores de la escuela romántica en Francia, autor de infinidad de obras de todo género y dramaturgo muy aplaudido en tiempo del primer Imperio y la Restauración borbónica.
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Abel Francisco, nacido en París en 1790. Entonces apenas contaba 36 años, y ya era miembro de la Academia francesa, émulo de M. Guizot en la cátedra de Historia, autor de varias obras históricas de primer orden, como una Historia de Cronmell, un Elogio de Montesquieu, un Ensayo sobre el estado de los Griegos desde la conquista musulmana etc. Era un latinista afamado y un crítico distinguidísimo.
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