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CAPITULO VII

Nuestra Señora de Loreto. -La casa milagrosa de la Virgen. - Ricana -, ti - Macerata. - Los salteadores de los Apeninos.-Espoleta.-La antigua Veyes, - Roma.

1826

En este capítulo transcribiremos algunos apartes de una carta que ACOSTA escribió á su tío el doctor orme, en la cual da muchos más ormenores de su viaje que en el Diario, carta que por casualidad ha llegado á nuestras manos.

CARTA

"..Hoy, mi querido tío, hablaré á usted de mi visita á Loreto. A las dos de la mañana del día tres de Septiembre, comenzamos á subir la montañuela á cuya cima está aquél santuario. La diligencia iba tirada por cuatro caballos y dos yuntas de bueyes. La subida se hacía á cada momento más escarpada; pero la lentitud de la marcha lite permitía examinar la posición del templo, cuyos muroo macizos se elevaban precisamente por el lado del camino.

" A las cinco de la mañana llegamos á la plaza, que es muy bella, adornada con cl frontispicio del magnífico templo de la Virgen. Pero no me detuve un momento: apenas bajé de la diligencia, me apresuré á seguir la corriente de la multitud, la cual desembocaba por las cuatro esquinas de la plaza, y se precipitaba hacia la entrada de la Iglesia.

" En el atrio vi una hermosa estatua de bronce de Sixto V, y entré con el tropel de los fieles en el templo. En medio se veía una capilla de mármol de Carrara ( |1 ). Contra el muro de esta capilla había mi altar en que empezaban tres padres á cantar una misa solemne, que no quise oír, sirio que me dirigí á las puertas de la Casa Santa. Detuviéronme dos centinelas con bayoneta callada, los cuales procuraban moderar el fervor de los fieles que pretendían precipitarse dentro citando ya aro cabía nadie aras. Yo insistí con uno de los soldados para: que me dejase entrar, diciéndole que era extranjero, dure debería partir dentro de dos horas, y que, si no podía entrar me impediría ganar la indulgencia que aquella visita me proporcionaría. Debo hacer esta justicia á los soldados de Su Santidad, siempre lo hallé amables y complacientes; este, al oír mis razones, me dejó entrar sin vacilar, y yo penetré de rodillas como todos mis compañeros, hasta el interior del Santuario. Las paredes interiores están completamente desnudas, y son formadas de una tierra colorada como ladrillo. No hay allí más adorno que un pequeño altar, sobre el cual se encuentra una Virgen de madera. ennegrecida por los años y cubierta de joyas; al frente cuelgan, siempre encendidas, doce lámparas de oro ; al lado opuesto esta la ventana por donde dice la tradición que entró el Arcángel ( |2 ).

"Yo no pude oír la misa que se decía con el recogimiento que hubiera deseado, porque las cien personas que estaban allí, particularmente las mujeres, parecían locas de gozo: lloraban, suspiraban, gritaban, se arrastraban por el suelo, mordían la tierra, y, en su entusiasmo, le volvían la espalda al altar, me pisaban, me empujaban y me obligaban á. besar la tierra más de lo que yo pensaba; se daban golpes de pecho, gemían, y no me dejaban un momento de paz. Al mismo. tiempo se oían las luchas de la multitud con los centinelas en la puerta y que impedían la entrada...Al fin pude salir, más estrujado que compungido, pues es imposible tener devoción en medio de semejantes luchas...

" Después de desayunarme, salí a dar una vuelta por la ciudad. Eran apenas las seis de la mañana, y ya todas la, tiendas estaban abiertas, y ere todas ellas vendían rosarios, escapularios, cintas, medallas, estampas etc., lo cual había sido puesto en el altar de la Virgen. Además, vendían allí libros piadosos y relaciones históricas acerca de la Santa Casa, y cuanto pudiera interesar al viajero y al peregrino ( |3 ).

"La ciudad es bonita, aunque no contiene sino seis mil almas, pero este número se, aumenta hasta doblarse cola los peregrinos que la visitan diariamente. Desde allí se avista el Adriático, que esta á, una legua de distancia por un lado, y por el otro se distinguen las estrechas tierras de la República de San Marín, la única que ha quedado en Italia, gracias .á su pobreza y pequeñez.

" El tesoro de la virgen había sido robadlo, junto con la imagen, por los ejércitos franceses, y aunque la imagen fue restituida, el tesoro no. Si es cierto lo que reza la lista de aquellos tesoros, no había monarca en Europa que hubiera poseído tan grandes riquezas como las que guardaban en la iglesia de Loreto.

"A las siete continuamos marcha. Al atravesar el valle que divide esta ciudad de Ricanati vi un bellísimo acueducto quo provee de agua á Loreto, que recorre dos y fue construido por Paulo V (siglo XVI).

" Aquel valle es muy fértil y está cubierto de árboles frutales. A las ocho me detuve en Ricanati, sólo para comer higos blancos. los cuales tienen fama de ser los mejores de Italia.

" Desde allí hasta Macerata se recorre la parte más fértil y más deliciosa de la arca de Ancona ; se ven las colinas más pintorescas, cubiertas de moreras y de pámpanos ; las cercas que dividen las propiedades son formadas con verdes arbustos, lo cual da al país el aspecto de un jardín, bien que de terrenos de labor. La abundancia de los árboles frutales y de las hortalizas, es extraordinaria, y sólo he visto en las cercanías de Nápoles, fertilidad que se le asemeje, ó que- le sea superior.

" Macerata es tina ciudad de diez mil habitantes. Entramos por la Puerta Pía arco de triunfa levantado para honrar á un Cardenal de ese nombre. Mientras que preparaban la comida, me entretuve en ver salir la gente de una iglesia que se hallaba frente á las ventanas de la posada. No vi una sola mujer que no fuese bien parecida, que no estuviese aseadamente vestida, y que no tuviere fisonomía expresiva. A pesar de que tire advirtieron veinte veces que la comida me aguardaba, yo la dejé enfriar; tan entretenido estaba.

"A las tres de la tarde tomamos otra vez la diligencia, Y una hora después atravesábamos á Tolentino, célebre por el tratado que firmó allí Pío VII con el General Bonaparte en 1797. No pude detenerme á ver el cuerpo de San Nicolás que guardan los Agustinos, porque deberíamos pasar los Apeninos esta noche, y, los |bueyes nos aguardaban.

"Costeamos el Chiento... la tarde era bellísima, el aspecto del bosque me recordaba algunos paisajes de mi patria; el cultivo fui dando lugar á trechos montañosos, y. Al fin se acabó toda señal de la mano del hombre, y. lo melancólicos árboles de Judea, todo lo entristecían. El camino era tan escabroso, que habíamos mudado dos veces de caballos antes de oscurecer. Sobre las gargantas de los Apeninos reíamos aquí y. allí las ruinas de las torres y. murallones de las guaridas de los señores feudales. A las once de la noche pasamos por San Severino, la última población de aquel lado de los Apeninos.

" Eran las dos de la mañana; yo me había dormido profundamente, cuando me despertaran unos clamores confusos y. voces que decían

" |Pietá, pietá, miei signori!

" Me incorporé al momento, y á la: luz de las linternas de la diligencia, que se había detenido, pude distinguir un gran grupo como de cincuenta ú sesenta personas en paños menores, medio desnudos y hombres y mujeres parecían espectros. Los hombres estaban tan sobrecogidos, que no podían articular palabra; pero las mujeres, entre lágrimas y sollozos contaron que eran peregrinos que iban al santuario de Loreto, y   que caminaban de noche para guarecerse del calor del sol, cuando de repente habían caído sobre ellos tres hombres, tres salteadores, los cuales los habían despojado no sólo de cuanto dinero llevaban, sino también de sus vestidos.

-" ¿ Y cincuenta personas se han dejado robar por tres hombres? pregunté.

-" |Si signori, me contestaron. Uno de nuestros compañeros, añadieron, quiso resistir, y le mataron!

"Nuestra diligencia iba escoltada por dos Dragones armados con sables y pistolas; pero el semblante de aquellos bizarros militares indicaba á las claras que en caso de peligro no harían uso de sus carabinas, y sí de sus caballos para poner pies en polvorosa.

" Al fin, pensaba yo, presenciaré una de esas escenas de salteadores que tantas veces he visto descritas, y veré de cerca á aquellos hombres feroces de que tanto he oído hablar! Lo más que me puede suceder será que me despojen de mi reloj y del poco dinero que me queda... Pero Roma está cerca y allí tengo recursos.

" El conductor de la diligencia, á cuyo lado me senté, me confió una pistola y él tomó otra ; aunque yo iba resuelto a. no servirme de ella sino en caso de que amenazasen mi vida.

" Continuamos así el viaje. Yo sabía que llevábamos en la diligencia más de cien mil pesos para entregar al tesoro público, y no comprendía por qué motivo los ladrones habían atacado á aquellos miserables peregrinos que no llevarían nada de valor, y no aguardaron á la diligencia que los hubiera enriquecido. Sin embargo así fue-los bravos Dragones les impondrían miedo-porque se pasó la noche, llegó el día, y a las cinco de la mañana entrábamos á Foligno. Por el aspecto de sus calles juzgue que esta población era la mas considerable que habíamos visto desde Ancona. Allí se dio aviso á la policía de lo que había ocurrido en el camino, é inmediatamente enviaron un destacamento de caballería en persecución de los ladrones."

Hasta aquí los extractos de, la carta. Veamos ahora el Diario

" 4 |de Septiembre. - Después de una corta detención en Foligno, continuamos hasta |Vine, sitio en que engordaban á las víctimas para los sacrificios en tiempo de los Roma nos. Ahora allí solo se engordan ovejas, cabras y ganado vacuno.

"En |Espoleto mudamos caballos. Este lugar se encuentra en el antiguo |Spoletum de los Romanos. Tiene la gloría de haber rechazado á Aníbal después de la batalla de |Trasemeno, á pesar de que el cartaginés iba victorioso. Conmemoran este hecho con una inscripción que se ve sobre una portada; además señalan un magnífico acueducto, obra de los Romanos.

" Continuamos hasta Terni, la antigua Interamni, patria de Tácito. Es una bonita población que encierra ruinas de un templo dedicado al sol, y en donde vimos al paso mujeres muy hermosas.

"Atravesamos el valle encantador que separa á Terni de Narnia, regado por el Nerva, el cual fertiliza ricas plantaciones de viñedos. En ese lugar vi por primera vez plantaciones de olivares.

"Al pie del cerro que corona la ciudad, quitaron de nuevo los caballos enganchados á la diligencia y pusieron bueyes; éstos difícilmente nos hicieron llegar hasta la cumbre en donde se encuentra Narni ó Narnia. Es ciudad interesante, porque ostenta multitud de antiguos edificios y derruidos murallones de templos paganos. Desde lo alto de éstos se descubre un bello golpe de vista. De allí para adelante empezamos á bajar el lacio opuesto de los Apeninos; ya las aguas que por aquí corren van á caer al Mediterráneo.

" A medida que descendíamos, el aire tan puro de las montañas empezaba á hacerse pesado y, caliente.

" Pasamos por la Sabina, Napí, Civitá, Costelli, la antigua Veyes ó la Veii de los etruscos. Aquí, mientras que mudaban los caballos, salí del carruaje y me senté sobre el borde de urca pila que por ahí había.... Eran las once de la noche, y estaba tan oscuro que nada veía, pero los recuerdos históricos de aquella antigua ciudad me asaltaron en tropel. Veyes con su resistencia contribuyó en mucho al engrandecimiento de Roma. La acción de Camilo, que rehusó aceptar la traición del maestro de escuela no ha dejado de tener parte en su fama, á pesar de que los eruditos ponen en duda este hecho.

De la antigua Veyes no quedaron ni las ruinas, puesto que los Romanos se llevaron hasta las piedras de sus edificios para reconstruir Roma; pero el sitio era aquél y yo me hallaba en aquel suelo!

"Un repentino temporal acompañado de lluvia y truenos me obligó á meterme de nuevo dentro de la diligencia, la cual pocos momentos después se puso en marcha sin cuidarse del mal tiempo.

En breve, cuanto hasta aquí me había encantado -vegetación, vida, cultivados campos, bellezas naturales- todo esto fue desapareciendo; nos acercábamos al patrimonio de San Pedro, y tal parecía como si hubiésemos salido de Italia...

" A medida que avanzábamos por la vía Casia, íbamos notando á trechos algunas ruinas, las cuales se fueron haciendo mas y más frecuentes, hasta que al fin empezamos á distinguir á poca distancia la multitud de torres que anunciaban á Roma.

"La mañana era opaca y los edilicios se levantaban sobre un fondo oscuro y como entre sombras, lo cual aumentaba la solemnidad del espectáculo...

" Pasamos el Tíber, sobre el puente Molle, tomamos la vía Flavia y entrámos á la Ciudad Eterna, por la puerta del Pueblo. Vi una plaza; en medio de ella se levantaba un obelisco. Tres calles parten de allí al interior de la ciudad. La de la mitad se llama el Corso. Estoy en Roma! pensaba yo, arrebatado, este ha sido el objeto de mis mayores deseos, con esto había solado toda mi vida! ...

 

1
Según una piadosa tradición, el 6 de Mayo de 1291, la casa que habitó la Virgen Maria en Nazaret, fue, milagrosamente, trasladada el Serrato, no lejos de Trieste, al otro lado del Adriático. Allí permaneció tres años y siete meses, y el lo de Diciembre de 1294, apareció en Recanati, en Macerata, y en Agosto de 1295 fue trasportada á las tierras de una señora Loretta, en donde permanece basta el día, y. en torno de la cual se ha formado una ciudad. Más de 200,000 peregrinos la visitan anualmente. Sixto V mandó edificar el templo que hoy se ve, y desde entonces cada Papa que se ha sucedido sobre el trono Pontificio ha procurado hacer algún honor mayor á la casa milagrosa.
2
La imagen antiquísima de la Virgen fue robada por tus invasores franceses. Llevada á París, permaneció allí desde 1791 hasta 1801 cuando Napoleón la mandó devolver á instancias de Pío VII
3
Existe una profecía antigua, según la cual la Casa Santa debería ser trasladada una vez más, y esta ver á Roma, cerca del templo de Santa María la Mayor.

 

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