CAPITULO II
DOMINGO ACOSTA
No Habrá quizás tres personas vivas en todo el mundo que sepan quién fue Domingo Acosta, y sin embargo sirvió á su Patria largos años en destinos diplomáticos, y fue apreciado y considerado por cuantos le conocieron. Era hombre instruido y de clara inteligencia, pero demasiado filósofo para ocuparse de la política activa de su país; se contentaba con servir á su Patria desde lejos.
Deseando que este Hermano de mi padre no sea olvidado por sus conciudadanos, dedicaré un capítulo á recordarle.
Inspirado el Libertador por el deseo de terminar de una manera pacífica y Honrosa la guerra con la Madre Patria, creyó prudente nombrar dos comisionados diplomáticos, con el carácter de Ministros Extraordinarios y Plenipotenciarios cerca de la Corte de Madrid: D. Tiburcio Echeverría y D. José Rafael Revenga. Pero aquel deseo no tuvo efecto; la Corte española se negó á recibirlos, y fueron expulsados de Madrid sin haber podido hacer ningún arreglo. El primero de éstos murió en Dieppe, poco después, y su compañero de misión regresó á Bogotá en 1822. Nombrado segunda vez Ministro Plenipotenciario cerca del Gobierno de la Gran Bretaña., se le señaló como Secretario de la Legación á Domingo Acosta ( |1 ) entonces 2°. Oficial de la Secretaría del Interior... "Este individuo (se le dice en una nota) está. inclinado á pasar al continente con correspondencias importantes de que hablaré á usted después."
Como estas misiones diplomáticas de la primera era de la República de Colombia son, por lo general, poco conocidas del público de estos tiempos, quiero transcribir aquí parte de las instrucciones que se daban al Ministro Revenga. He aquí algunos párrafos importantes:
"...Ya usted comprenderá muy bien que su misión á Inglaterra abraza por ahora dos extremos principales. El primero es pura y simplemente político; el segundo mira á la concentración de nuestros intereses fiscales en tina sola mano.
" En cuanto al primero, además de lo que tengo dicho antes, no debe usted perder de vista nuestra situación peculiar con respecto á cada una de las naciones europeas. La Gran Bretaña, sobre todo, está llamada por su naturaleza á cultivar con nosotros las más s estrechas relaciones. Si la rivalidad es el más poderoso móvil de los Gobiernos, usted tiene ahora en su poder el hacer mérito, y aun exagerar las ventajas que los Estados Unidos van reportar de su política franca y amistosa hacia nosotros. Todo esto debe contribuir poderosamente á aumentar la opinión de la nación británica á nuestro favor y obligar á su Gobierno á tomar un partido decisivo. La imprenta, libre de Inglaterra presentará á usted ocasiones frecuentes en qué hacen relucir sus talentos, pintando nuestros progresos, nuestra robustez y nuestra organización como es ella. Para lograrlo con mayor éxito el Gobierno pone á su disposición una suma que no exceda de cuatrocientas libras esterlinas al año con qué gratificar á los editores é impresores que sean nuestros amigos...
" ...El Gobierno quiere que usted entable las relaciones más íntimas y estrechas con el Ministro Plenipotenciario de los Estados Unidos en la Corte de Londres. El reconocimiento público que acaba de hacer su Gobierno no puede dejar de estimular á sus agentes á obrar con firmeza y energía, cooperando á que las demás naciones sigan su mismo ejemplo. Nuestras instituciones políticas han excitado en los Estados Unidos la más grande admiración y tenido no poco influjo en la marcha de su política. Se ira considerado allí como un gran bien para los destinos futuros de este continente el que la República se haya establecido sobre principios tan liberales y filantrópicos como ellos, al mismo tiempo que en el Perú se restablecen los títulos de Castilla, en México se suspira por un Príncipe extranjero, y Chile y Buenos Aires existen todavía sin leyes fundamentales."
Curioso es ver delineado el origen de la Deuda Exterior, que tantos dolores de cabeza ha causado á todos los Gobiernos que se han sucedido en el país desde entonces.
"...Usted, que ha estado á la cabeza del Ministerio de Hacienda (le dicen mas lejos) está perfectamente impuesto del origen y progresos de lo que actualmente se llama Deuda Nacional. Ella dimana en gran parte cíe contratos celebrados en Angostura en tiempos apurados, y de los empeños que el señor Méndez contrajo á nuestro, nombre en Inglaterra y que fue necesario reconocer por lo crítico de las circunstancias. Por aquellas contratas y estos empeños nos constituimos obligados a pagar los avances que se nos hicieron en plazos determinados. Pero la penuria de nuestro Erario no nos permitió cumplir nuestras promesas, y nuestros acreedores tuvieron que sufrir un grave trastorno en sus especulaciones mercantiles, trastorno que casi los paso en la desesperación. Fue en estos momentos que el Gobierno destinó al honorable Francisco Antonio Zea á Europa, con el objeto de procurar el reconocimiento de nuestra, Independencia y desempeñar varios encargos particulares. Luego que este señor llegó á la Corté, de Londres en el mes de Junio de 1820, se vio rodeado de los clamores de los acreedores británicos que en su opinión servían de no poco obstáculo á las operaciones que debía emprender á consecuencia de sus instrucciones. Se determinó, pues, á entrar en un arreglo con ellos á pesar de que no tenía facultades para verificarlo, y al efecto autorizó la acta de primero de Agosto del mismo año, por la cual puso en circulación varios vales ó pagarés comprendidos desde el número 1° hasta el 777, que colectivamente hacían la cantidad de 547,783 libras esterlinas 12 chelines y 1 penique, suma á que montaban por entonces las deudas liquidadas en Angostura y las que se liquidaron después en una oficina particular establecida en Londres, contra lo que la ley previene expresamente. Estas últimas liquidaciones adolecen de defectos muy sustanciales : entre los que no es de la menor consideración el haberse hecho según las contratas originales no por lo que puramente se debía en vista de lo que habían entregada en este país. Se abonaron también pagarés á varias personas que no habían puesto en claro sus derechos. Y para dar í esta operación un colorido de legitimidad, el señor Zea tuvo por conveniente llenar uno de los pliegos en blanco que se le habían entregado para otros objetos, atribuyéndose facultades que no tenía, ni jamás fue la intención del Gobierno que las tuviese.
" Más fácil habría sido terminar este negocio removiendo los innumerables embarazos en que hoy nos vemos si los acontecimientos extraordinarios que han ocurrido desde la mutación del Gobierno de Angostura á esta capital le hubiesen permitido tomar una medida pronta y decisiva. Pero las comunicaciones del señor Zea sobre este asunto no llegaron á cuenta hasta pocos días antes de disolverse el Congreso. Las inmensas atenciones que nos rodeaban entonces y la falta de muchos datos de que carecíamos por no haber aún acabado de llegar los archivos, hicieron imposible el preparar el informe correspondiente al Cuerpo Legislativo con agregación de los muchos documentos que debían tenerse presentes para su resolución. Se creyó además que el Poder Ejecutivo podría hacerlo por sí solo á virtud de sus facultades. Se reservo por tanto la materia para esta capital, y después de haberse meditado varias veces con toda la atención que ella merece aún no me hallo en estado de poder comunicar á usted una determinación definitiva.
" Mientras que esto pasaba en Colombia, nuestro crédito en Inglaterra ha tomado un rumbo que ha ¡techo más complicada y peligrosa cualquiera determinación. Los vales que el señor Zea puso en circulación, han subido en poco tiempo de un treinta hasta el par y posteriormente hasta un ciento trece. Esta elevación ha sido, sin duda alguna, producida por el pago de los intereses devengados que se ha anunciado por el señor Zea en las gacetas inglesas, y que según parece ya se ha verificado. Como y de qué manera se hayan conseguido fondos para este pago, es operación enteramente misteriosa para nosotros. Lo que sí hemos visto en el |Morning Chronicle y en el |New Times es que el señor Zea había negociado un empréstito de dos millones de libras |esterlinas ó libras |tornesas con un interés de seis por ciento. Más el Gobierno está absolutamente ignorante de todo y muy dispuesto no reconocer semejante empréstito, que si se ha realizado ha sido sin su tarden ni consentimiento.
" Usted esta por consiguiente autorizado para manifestar la opinión del Gobierno en esta parte á cuantos quieran saberla. Nada debe detener á usted al hacerlo porque debiendo reconcentrarse todos los negocios de hacienda y crédito público en su persona, usted es única y exclusivamente el órgano de sus determinaciones. Nada se hará en lo sucesivo sobre esta materia en Europa sin que usted tenga previamente un pleno conocimiento de todo. El Gobierno ha depositado en usted toda su confianza, y se promete que á su llegada á Europa pondrá un fin á cuantos abusos quieran hacerse en su nombre y representación, y que empleará toda su energía y todo su vigor para oponerse á las gestiones de nuestros agentes verdaderos ó supuestos que quieran comprometer la buena fe y el crédito de la nación sin estar autorizados clara y distintamente para ello...
" .... Acompaño á usted sus pasaportes terrestre y marítimo ; usted podrá emprender su marcha de esta capital á su destino dentro de seis días contados desde la fecha.
"Dios guarde á usted muchos años,
"PEDRO GUAL."
Palacio de Gobierno en la capital de Bogotá, 10 de Julio de 1822.
A pesar de lo dicho por D. Pedro Gual - órgano del General Santander-el ilustre Zea había recibido los más amplios poderes para llevar á cabo toda negociación de empréstito que lo tuviera á bien, como lo prueban las instrucciones dadas por el Libertador y firmadas por el mismo señor Revenga, como Ministro de Relaciones Exteriores. Además, él pensaba con sobrada razón que la primera necesidad de la naciente República era ganarse una reputación de completa honradez, y para lograrlo creyó que todo sacrificio era poco. Del crédito de Colombia en el extranjero dependía el reconocimiento de la República por la Gran Bretaña y con ello se adquirirían los recursos que se necesitaban para dar término á la guerra con España. Sin embargo, desde que se reunió el primer Congreso se habían revocado los amplios poderes que Bolívar le había dado, pero parece que el nunca recibió la nota que el Gobierno le dirigió sobre el asunto, y consideraba vigentes los poderes recibidos cuando se le nombró, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario con poderes omnímodos en todas las Cortes de Europa.
A pesar de la buena voluntad y patriotismo del señor Zea sus negociaciones para conseguir dinero en Europa fueron descabelladas y fatales para nuestras finanzas, las cuales desde entonces se encuentran en bancarrota.
D. José Rafael Revenga se puso en marcha con su Secretario y con un joven Santamaría. Embarcáronse en Cartagena el 21 de Agosto en una pequeña e insegura goleta que no pudo resistir á los embates de una tempestad que les atacó pocos días después de haber salido del puerto. A pesar de los esfuerzos que hicieron para volver á tierra firme, el buque naufragó; ahogóse el joven Santamaría con gran parte del dinero y los importantes papeles que llevaba Domingo Acosta. Este regresó á Bogotá; felizmente no siguió con el señor Revenga, el cual tuvo que sufrir mil vejámenes y humillaciones en Londres. Al llegar á Falmouth tuvo noticia de la muerte del señor Zea, ocurrida en Bath el 28 de Noviembre de 1823, dejando la Legación en la situación más precaria ; pues desaparecieron documentos importantísimos, y no se pudo recuperar el archivo diplomático, que reposaba en su poder y en el del señor Echeverría, que también había muerto poco antes.
¡ Cosa rara! Todos los primeros Agentes Diplomáticos que envió la recién fundada Colombia á países extranjeros sucumbieron en los lugares de su residencia. Además de los mencionados, Zea y Echeverría, en el mes de Julio del mismo año había muerto en Filadelfia el primer Ministro nombrada por Colombia en los Estados Unidos, el señor Manuel Torres. Pocos años después murió en París D. José María Salazar, Ministro en Francia, y en 1830, el doctor José Fernández Madrid dejaba de existir en Londres, en donde desempeñaba el cargo de Ministro Plenipotenciario de Colombia.
Al año siguiente el Gobierno se vio en la necesidad de nombrar un Ministro cerca de la Sede Apostólica, en donde era urgentísimo arreglar ciertos negocios pendientes que Su Santidad debería conocer para el bien del Catolicismo en Colombia. Ya antes había nombrado Ministro en Roma á D. J. Tiburcio Echeverría, pero la invierte le había impedido ir á Italia. Al saber este suceso fue nombrado en su lugar D. Agustín Gutiérrez y Moreno, pero como dicho señor se hallase á la sazón en Chile, resolvió, por último, encomendar la Legación á D. Ignacio Sánchez Tejada, que residía entonces en Londres.
Nombrado Domingo Acosta Secretario de aquella -Legación, se puso en marcha para ir á reunirse á su Jefe. Pero aquí dejaremos la palabra al mismo ACOSTA, el cual dejó un Diario de su viaje hasta la Costa. Como en él describe algo de las costumbres de aquellos tiempos, en las márgenes del río Magdalena, creo que los párrafos de él que transcribo pueden interesar al lector.
Helos aquí
"El 27 de Septiembre de 1823, á las nueve de la. mañana salí de Bogotá con Rafael Ayala. Yo no experimentaba ya aquel alborozo que sentía catorce meses antes cuando salí para el mismo destino. Mis disposiciones eran ahora melancólicas. Me apartaba por un tiempo indeterminado de parientes, amigos y conocidos, y yo sabía por experiencia que no todo era placer en los largos viajes. La extensa cadena de azuladas montañas, los hondos valles que se presentaban á un lado y otro del camino, los plantíos y casas que se divisaban en algunas pendientes ó en las márgenes de algún río no me inspiraban sino tristes pensamientos.
"Aquí se vive, me decía, en paz; se goza de tranquilidad y de contento; mientras que yo inquieto corro á buscar el reposo en lejanos países y entre gentes desconoci das. Otras veces reflexionaba en la insoportable monotonía y soledad de aquellos bosques, y compadecía á sus habitantes que no tenían, como yo, la fortuna de poder visitar regiones en donde la civilización ha hecho progresos, y recorrer esas ciudades en las cuales las artes y las ciencias embellecen la existencia y hacen insensible el curso de la vida.
" Estas y semejantes reflexiones despertaban en mi afina opuestos sentimientos, y era impelido y retenido al mismo tiempo por la melancolía y la satisfacción. Me dolía cada paso que daba para adelante y me alegraba de haberlo dado.
" El 29 llegamos á Guaduas ; la compañía de dos hermanos y la sociedad de algunos amigos me distrajeron de mis ideas melancólicas. Pero ellas volvieron á mi corazón cuando fue forzoso partir. Dejaba, tal vez para siempre, aquel valle tan alegre, tan ameno, en donde vi la luz y pasé los primeros años de mi infancia y después días tan bellos de mi primera juventud! ¿ Podría ausentarme de allí con indiferencia?
"Nos pusimos en marcha. A las once de la mañana descubrimos el Magdalena, sobre cuyas turbias aguas deberíamos descender hasta la costa marítima. Contemplábamos desde aquellas alturas el curso sinuoso del río y las selvas solitarias que cubrían sus orillas. Entre tanto caminábamos á la sombra de una vegetación colosal y en torno nuestro desplegaban los bellos matices de sus juntadas alas nubes de mariposas y fastidiaban nuestro oído las cigarras con su agudo y uniforme canto.
"A las ocho de la noche llegamos á Honda. Inmediatamente fuimos á buscar embarcación ( |2 ). Conseguida ésta nos alojamos en casa del Gobernador, pero no encontramos quién nos recibiera, porque el dueño de la casa estaba en baile.
" Esta villa cada día esta más arruinada y más sola. Sin embargo, conserva las costumbres de antaño y sus habitantes el humor alegre de ahora veinte años, cuando el comercio estaba en todo su auge.
" El 1° de Octubre nos embarcamos en Florida. Los maniobristas de la barca eran cuatro bogas y un piloto, conduciendo cinco pasajeros. Estos eran Ayala y yo, dos sirvientes y la mujer del piloto. Uno de los sirvientes cocinaba y sabía el oficio más de lo que se podía esperar, pero menos de lo que deseábamos. Este hombre, nacido en tierra fría, hacía contraste con los bogas por su torpeza y sonsera ; es cierto que los bogas estaban en su país y. ejercían su oficio habitual; si fueran á las altiplanicies, el contraste no les sería ventajoso.
" La navegación del Magdalena es monótona y cansada. La forma de las barcas no se presta ni á las comodidades ni al gusto del viajero, y los innumerables insectos que le acometen aumentan las molestias. Todo lo que sucede para interrumpir la uniformidad de la navegación se reduce al encuentro con otra embarcación, la vista de los caimanes ó el arribo á algún caserío asentado en la ribera. A pesar de todo la tranquilidad completa y la soledad de aquellos sitios, la contemplación de las aguas que huyen en silencio, la presencia de una naturaleza casi virgen : todo esto infunde en el alma una dulce tranquilidad, y aquel aislamiento del mundo hace que no se piense en él sino como en algo pasado ya de nuestra vida.
" Las costumbres de los bogas ofrecen al viajero interés v distracción. Estos hombres reciben y consumen el precio de su trabajo antes de emprender el viaje. ¿Aquella costumbre provendrá acaso del temor de que una vez llevado á cabo no se lo quieran pagar después? Su ninguna moralidad muy bien puede sugerirles esta desconfianza. ¿Ó quizá será que como consideran su profesión tan arriesgada para ellos mismos y tan peligrosa para el viajero, quieren gozar de su salario antes de que algún accidente pueda estorbárselo?
" Todo el haber del boga se compone de dos camisas, dos calzones, un sombrero, algún pañuelo, un recado para sacar fuego, sus utensilios de trabajo y sus armas no son sino una horqueta y un sable. Olvidaba que tienen además una estera, que es su cama, y una manta de lana para cubrirse de noche. Sus alimentos son groseros, los cuales engullen en gran cantidad; su trabajo es duro y su sue ño corto. Pero á pesar de esta miserabilísima existencia, sí lié visto alguna vez hombres contentos con su suerte y satisfechos de su fortuna, estos hombres son los bogas. En medio de sus fatigas cantan, se ríen, triscan, y su disposición á la broma y á la zumba no se desmiente á ninguna hora. Tienen una poesía, imagen de su alma, sencilla y natural todo el mérito de sus cantos está en el consonante, y todos los asuntos que están á su alcance entran en ello, desde la Pasión de Cristo hasta las insolencias más chocantes. Ordinariamente los versos á lo Divino los cantan de noche y al pasar por los lugares más peligrosos. Esta clase de hombres como todos los que se emplean en ejercicios y profesiones arriesgadas son supersticiosos. Parece que el espíritu humano implora el auxilio de potencias superiores cuando los esfuerzos naturales no se consideran suficientes para vencer los obstáculos. Toda vez que no pueden atribuir á algún objeto conocido, la tienen como venida de algún espíritu ó |mala visión, como dicen ellos, y anuncia siempre alguna calamidad. Pero cuando los bogas sufren demasiado de los rigores de las estaciones, entonces hablan con ironía, del Ser Supremo que los abandona...
" Después de un día de trabajo durísimo, llegan al anochecer á alguna playa; allí desembarcan, forman una grande hoguera; se sientan en torno de ella y se cuentan la historia de sus viajes, de sus aventuras, señaladamente de aquellas en que ha sucedido alguna desgracia ; otras veces refieren cuentos en los cuales entra mucho de maravilloso y, algo de cómico ó bufo. En aquellos cuentos el héroe es ya valiente, esforzado y ligero (su |Aquiles), ó astuto y sagaz (su |Ulises), con frecuencia otro es prudente y justo (su |Néstor), sin que les falte algún personaje maligno y motejador (su |Tersites). En todas partes, pues, y. en todas las épocas el hombre es el mismo : siempre el valor hace conquistas; el ingenio le ayuda ó le resiste ; la moderación corrige ó tiempla sus funestos efectos, y la envidia trabaja en rebajar cuanto se eleva ó sobresale.
"La música y baile de los bogas es sencillísima. El instrumento favorito de estas gentes es el |currulao, y consiste en una piel fuertemente extendida sobre una de las extremidades de un cilindro de madera hueco ; sobre esta piel baten aceleradamente con los dedos, y á la especie de redoble de tambor que resulta acompañan con coplas cantadas. Todo su baile consiste en saber saltar, ya avanzando, ya retrocediendo, ya dando vueltas el hombre al rededor de la mujer ó ésta al rededor del hombre. En este ejercicio y con tal música los bogas pasan las noches, los días y semanas enteras sin fatigarse, sosteniendo sus fuerzas de cuando en cuando con tragos de aguardiente. Esta salvaje diversión se llama |bunde, y el teatro de ella es generalmente al aire libre, sin más luz que la de la luna.
" El habitante de las márgenes del Magdalena es perezoso, resultado del ardoroso clima y de su condición social. El sol es tan ardiente que los obliga á buscar la sombra, y el calor combinado con la humedad debilita la energía física y engendra una irresistible propensión al reposo. La tenacidad de la tierra es tal en aquellos lugares, que puede decirse que no necesita de la mano del hombre para subvenir a sus primeras necesidades, y al mismo tiempo la soledad y aislamiento en que viven los hace inaccesibles al gusto por el lujo. ¿ Qué móvil podría sacarlos de aquella vida de indolencia y apatía ?
" Una casa de paja que apenas basta para abrigarles de los rigores del cielo; una pequeña canoa y algunas redes para pescar; uno, dos ó tres perros para cazar cerdos monteses ; un machete; un platanar ; un maizal ; una cría de gallinas: ésta es toda la fortuna que puede ambicionar una familia sobre las ricas riberas de este río.
" Día llegará en que la agricultura y el comercio, extendiendo hasta aquí su imperio bienhechor, harán suceder al reposo la actividad y los goces a las privaciones, la felicidad que nace de ventajas positivas y no la que se funda sólo en la exención de penas.
" El 8 á las once de la noche llegamos a Mompox, y al día siguiente a las nueve de la mañana salimos en un champán río abajo. Iba en la misma embarcación el General D*** y el inglés Mr. N*** El equipaje del General era bastante modesto: un baúl. En cuanto a provisiones de boca llevaba .una botella de ron, una gallina y algunas pastillas de chocolate. Ningún preparativo tenía consigo contra los mosquitos : como verdadero héroe les hizo frente durante la navegación a cara descubierta, y muchas veces á cuerpo descubierto. Todo su acompañamiento consistía en un sirviente, lo cual no impidió que la Gaceta de Cartagena anunciase en estos términos su llegada a esa ciudad: 'El día (tal) entró a Cartagena el General D*** con su séquito.'
" El once al amanecer desembarcamos en |Barranca Ayala y yo. Inmediatamente tomamos bestias y nos pusimos en marcha para Cartagena, y el doce, con el mas bello sol poniente, llegamos á esa, ciudad. No me acuerdo haber visto jamás un horizonte tan magnífico : todo él estaba animado con los más hermosos colores, los matices más variados y los más extraordinarios contrastes de luz ese espectáculo será para mí memorable.
"Luego que tornarnos alojamiento y nos hubimos bañado y vestido fuimos á un baile que se daba en el Consulado, y en donde nos vimos con todos nuestros amigos y conocidos. Al día siguiente comimos muy alegremente en una selecta reunión de amigos.
" Como no pudiésemos encontrar ningún buque para continuar viaje fue preciso detenernos en Cartagena, y allí el calor del clima me produjo fiebre. Entonces el Coronel Piñeres-de quien recibí las mayores pruebas de atención y amistad fina y constante-me llevó á su casa. Las asiduas y delicadas atenciones de la señora D:" Vicenta Narváez, su suegra, y la amable sociedad de su esposa W María de la Paz, así como la asistencia de los doctores Vega y N*** me restituyeron á la salud.
" El tiempo de la convalecencia me fue particularmente agradable. Vivía en el seno de esa excelente familia gozando de la confianza de un hijo ó de un hermano y pasaba días deliciosos. No se perdonaba medio ninguno para que mi mansión fuese agradable : paseos, festines, trato ameno, atenciones, todo se me prodigó, y el recuerdo de esa época será siempre grato para mí.
" Un mes después de nuestra llegada á Cartagena una corbeta de guerra inglesa-de regreso de Portobelo á Jamaica-tocó en el puerto. Inmediatamente solicitamos pasaje en ella por conducto del Intendente del Departamento, pero se nos negó bajo pretexto de que tenían órdenes superiores que prohibían llevar á bordo empleados públicos de naciones beligerantes. Sin embargo, hurtado pasó de Portobelo a Jamaica en buque de guerra inglés, aunque llevaba carácter público ( |3 ). Pero el tanto por ciento hizo suspender el rigor de las órdenes sobre neutralidad.
" Perdidas las esperanzas de embarcarnos en buque inglés pedimos al Comandante Departamental de Marina que pusiera á nuestra disposición un buque nacional, y se nos dio entonces la goleta |Emprendedora.
"Era esta una embarcación muy larga y muy angosta; calaba de cinco á seis pies, pero su arbuladura y velamen parecía de fragata. Había sido construida solo para costear; el Capitán jamás había estado en Jamaica ; el Piloto era un joven francés que más parecía un aventurero que hombre en que se podía confiar. Iban también dos ó tres guardias marinos que no ofrecían mayores garantías ; la tripulación constaba de 10 á 12 marineros ; la tropa no alcanzaba á diez y ocho hombres, armados con 14 fusiles, la mayor parte sin bayonetas, algunos sables mohosos y tres cañones regularmente montados ; Tales fueron los medios de trasporte y de defensa, en alta mar que nos proporcionó el Comandante de Marina de Cartagena !
" El 21 de Diciembre á las doce del día nos embarcamos, Ayala y yo. Los compañeros de pasaje eran : una francesa vieja con dos hijos de poca edad y un negociante italiano llamado el Signor Franceschi. La francesa había ido á Cartagena con el proyecto de fundar ana escuela de niñas; la abrió en efecto; pero poco después las madres retiraron á sus hijas porque la maestra no enseñaba nada y solo se ocupaba en hacer pronósticos contra la futura moralidad de las alumnas.
" La indulgencia del Capitán y el poco caso que de las buenas costumbres hacía el piloto me hacía tener una triste idea de la disciplina de la tropa y de la tripulación. Ir o no podía creer que gente sujeta á trabajos pestosos cumpliese siempre con sus deberes si tenían constantemente á la vista el ejemplo de graves infracciones i las leyes del decoro.
" Aquel día apenas llegamos á las cercanías de Bocachica. El Capitán se quejaba del tiempo, pero yo comprendí que ni con viento en popa hubiera salido de la bahía aquella noche. El Piloto apenas se dejó ver un momento á bordo y volvió á tierra, y al cerrar la noche llegó en una pequeña lancha con una mujer joven, regularmente vestida, la cual nos presentó como su esposa á quien llevaba á pasear á Jamaica..."
Hasta aquí el Diario de Domingo Acosta. Veamos ahora cuál fue el resultado de la misión diplomática confiada al señor Ignacio Sánchez Tejada cerca de los Estados Pontificios.
Cuando llegó á Europa el Secretario de la Legación, encontró al Ministro en París, en donde hacía inútiles é infructuosos esfuerzos para poder pasar á Italia. Viendo la imposibilidad de dirigirse á Poma en su calidad de Ministro se vio forzado á admitir un pasaporte, en el cual no se declaraba su carácter diplomático. Así llegó el señor Tejada á Roma, dando un gran rodeo por Suiza, el Piamonte, y demás Estados en donde dominaba la Santa Alianza.
Entretanto su Secretario no podía lograr que le diesen pasaporte para los Estados Pontificios, y cuando al fin se encaminó á Italia, se vio detenido en Peruggia, y su jefe tuvo que retirarse de la Corte Pontificia é ir á pasar algún tiempo en Bolonia, pues el Embajador español movía cielo y tierra para impedir que el Santo Padre se viese con el Ministro de una de las Colonias de América que se había independizado de España.
En una de las |notas enviadas por el señor Tejada al Ministro de Relaciones Exteriores en Colombia (fechada el 12 de Diciembre de 1834) encontramos este párrafo:
"Por este tiempo llegó á Bolonia el señor Domingo Acosta - Secretario de la Legación-y su venida fue un consuelo tanto mayor para mí cuanto era más difícil mi posición ; pues sobre ver pasar el tiempo sin adelantar nada en el desempeño de mi encargo, me hallaba solo y enfermo de la gota y reumatismo que he padecido por más de un mes, y no me permitían ni aún escribir."
Entre tanto murió repentinamente en Roma D. Antonio Vargas, el Embajador de España, y la situación del señor Tejada, mejoró un tanto. Pasó con su Secretario á Florencia, de donde escribe á su Gobierno: " el señor ACOSTA me acompaña y me ayuda, y yo espero que su aplicación le proporcionan un caudal de conocimientos útiles á la Patria."
Para allanar la tirante situación en que se encontraba resolvió el señor Tejada prescindir del Poder temporal del Santo Padre y dirigírsele solamente como al Vicario de la Iglesia de Jesucristo é implorar su intervención necesarísima para el buen éxito del catolicismo en Colombia, después de larga época de guerra é incomunicación con la cabeza de la Iglesia.
A pesar de la buena voluntad de León XII para con su rebaño de Ultramar, no fue sino en el último mes de 1826 cuando al fin se reanudaron las relaciones entre el Pastor de los fieles católicos y el Gobierno colombiano, pero expresando que no eran aquellas comunicaciones políticas, sino puramente religiosas; más de diez años después la Sede Romana envió al fin su primer Nuncio á Bogotá y reconoció oficialmente la formación de la Republica, independiente de España.
El señor Tejada permaneció en Roma como Ministro Plenipotenciario hasta 1832, y después como Encargado de Negocios hasta su muerte, ocurrida allí mismo en 1837.
Domingo Acosta que se enamoró de las artes y amaba con pasión la literatura-permaneció como Secretario de la Legación, sin aspirar a posición más elevada, á pesar de sus méritos y vasta instrucción. En 1831 quiso visitar á los Estados Unidos, y estando allí recibió el nombramiento de Encargado de Negocios en Washington. En aquel puesto permaneció hasta 1843 ; entonces le reemplazó su hermano Joaquín por algunos meses y él regresó á, Bogotá, después de una ausencia de veinte años.
Cuando Domingo Acosta regresó á su Patria, enseñado á la vida europea y á las comodidades de Norte América, se encontró como extranjero en su propio país. No pudo acomodarse á las costumbres ni á las ideas, y así fue que al cabo de pocos meses de estar en Bogotá, en donde en un principio había comprado casa é instalado su biblioteca, resolvió regresar á Europa con sus penates. Se radicó en París; se rodeó de sus alnados libros y llevó una vida tranquila y estudiosa hasta 1847, alto en que murió. Felizmente para él aquel duro trance tuvo lugar en una época en que su hermano Joaquín estaba viviendo en París con su familia, de manera que murió acompañado y asistido.
Como todo solterón viejo era demasiado reservado y quizás egoísta para escribir seriamente el fruto de sus estudios, así fue que aunque parece que solía contribuir con artículos siempre anónimos en lis periódicos de sus simpatías, riada dejó escrito con su nombre. A pesar de que desde su primera juventud Domingo Acosta se había empapado-copio todos sus contemporáneos-en las ideas de los enciclopedistas franceses, y se decía liberal hasta su muerte, ésta no fue por cierto la de un incrédulo : pidió y recibió los Sacramentos de la Iglesia Católica, Apostólica Romana, y en sus últimos momentos se manifestó ferviente católico.
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Su Excelencia el Vicepresidente de la República ha resuelto que acompañe á usted el Oficial 2.° de la Secretaría del Interior, señor Domingo Acosta, con el carácter y sueldo de Secretario de la Legación Es sujeto de toda confianza. Usted podrá valerse de él según lo exijan las circunstancias y las instrucciones que comunicaré después."
(Véanse Instrucciones al honorable José Rafael Revenga Julio 1822. |Anales Diplomáticos de Colombia por Pedro J. Cadena, página 445). |
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Entonces no había vapores sobre las aguas del río Magdalena ; éstos no se pusieron en uso en Europa sino en 1825, y eran desconocidos en la América del Sur. Todos viajaban en champán ó bongo. |
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3
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El señor Manuel José Hurtado reemplazó en Inglaterra al señor Revenga como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario. Fueron sus Secretarios, primero el señor D. Lino de Pombo y después D. Andrés Bello. |
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