Nariño se presenta al Virrey
Mendinueta
Nuestro santafereño pensaba, con mucha razón, que si le tomaban
preso las autoridades españolas, y esto tenía que suceder así tarde
ó temprano, correría el riesgo de ser condenado á la expatriación,
al presidio en Africa y quizás á la muerte, como á reo prófugo.
Mucha confianza había tenido en un principio en que la causa que
contra él se ventilaba en Madrid tuviese un feliz desenlace; pero
después perdió la esperanza de que le absolviesen y al mismo tiempo
comprendió que se tenía conocimiento de su arribo á Santafé, que
todas las casas de su familia y de sus amigos estaban rodeadas de
espías y que no podría escapar de ninguna manera. Sin embargo era
preciso antes de entregarse saber cuáles eran las disposiciones del
Virrey y de la Audiencia con respecto de él. Tenía antigua amistad
con el Arzobispo señor Baltazar Jaime Compañón, y además era
reconocida la caridad de este Prelado; á él, pues, hizo que un
amigo le consultase sobre su asunto y como lo encontrara propicio,
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(1)
Nariño mandó á
su mujer al Palacio arzobispal á preguntarle qué debería hacer para
entregarse con el menor riesgo posible. Este le notificó que sería
preciso que se conformase con entregarse con humildad y
arrepentimiento á las autoridades y que si así lo ofrecía se
comprometía á impetrar del Virrey su perdón. Nariño se avino á lo
que le Pedía el Arzobispo y éste entonces escribió á Mendinueta
anunciándole que el prófugo de España se hallaba, en Santafé,
arrepentido de sus pasados yerros y que ofrecía entregarse sin
dilación al Virrey si éste daba su palabra de honor de que una vez
que estuviese en su poder no sería castigado como reo político, que
no se le infligiría pena aflictiva ó de sangre y que pediría a
España su perdón, tanto por la causa que se le seguía en la
Metrópoli cuanto por sus actos al regresar al virreinato. El bueno
del señor Compañón aconsejaba al Virrey que indultase á Nariño,
asegurándole que en el estado en que estaban los ánimos en la
Colonia, la mejor política sería calmarlos con actos de perdón y
misericordia.
El Virrey abundaba en las mismas ideas del Arzobispo y deseaba
manifestarse misericordioso y clemente, pero no así lo Oidores, los
cuales, por lo general, eran partidarios de las medidas extremas y
de una excesiva severidad. Pero al fin Mendinueta logró ablandarlos
diciéndoles que había casos en que era mejor perdonar que castigar.
Contestó entonces al Arzobispo que si Nariño juraba confesar qué
había hecho, con quién había hablado y aún qué había pensado desde
que huyó de Madrid hasta el momento en que había resuelto
entregarse y abjurar de sus yerros, se le permitiría presentarse al
Virrey y permanecer preso hasta que contestaran de España qué
deberían hacer con él. Ofrecía sin embargo el Virrey, solemnemente
que su vida no correría riesgo, que él pediría á España que lo
indultasen si quedaba plenamente satisfecho de su confesión y
arrepentimiento.
¿Qué podía hacer en ese trance el desesperanzado patriota que
había perdido por entero la confianza en que los colonos del
virreinato fueran capaces de alcanzar su independencia? Inútil
creía que serían mayores esfuerzos en pro de su idea,
contraproducentem su abnegación, vanos sus sacrificios ofreció,
pues, presentarse ante el Virrey y hacer una sincera y general
confesión y contestar con toda verdad y sin reticencias á cuanto le
preguntasen; era hombre de honor, su palabra empeñada era sagrada,
era preciso, indispensable, cumplir, y así lo hizo el 19 de Julio
de 1797.
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(2)
Estando arrestado en el cuartel de caballería Nariño recibió un
oficio del Virrey, 4 de Agosto, en que se le hacían 27 preguntas,
además de la larga relación que ya había hecho desde su salida de
Madrid hasta su última entrada á Santafé. De su relación hemos
tomado todo lo concerniente á su fuga del buque en Cádiz y demás
aventuras en Madrid, París, Londres, las Antillas, Venezuela y el
Reino Neogranadino, añadiendo cuanto hemos podido encontrar en
historias, documentos y relaciones que se rozan con la Permanencia
de Nariño en Europa.
El Virrey concluye su oficio con las siguientes palabras:
"Estas noticias interesan demasiado al Gobierno para
prescindir de ellas, y principalmente podrá preveer con oportunidad
los riesgos que ofendan á la tranquilidad pública. Si en ella se
interesa don Antonio Nariño, si su relación es clara y de buena fe,
si desea hacer este servicio á el Soberano conforme á sus
protestas, no puede menos que contestar categóricamente al Gobierno
bajo las seguridades ofrecidas."
Nariño contestó punto por punto, aclarando y ampliando algunos
pasajes que habían parecido oscuros en su primera re lación. A la
pregunta 20ª, en que se le pide que exponga "cuál fué el
fruto que sacó del reconocimiento de los pueblos, en qué
disposición los dejó para el intento, explicando
circunstanciadamente todos los pasajes, para que sus noticias
puedan servir de norte al Gobierno,'' Nariño contesta:
"Si yo pensara sólo en aparentar fidelidad para salir
del estado presente, no hablaría á Vuestra Excelencia sino de la
perfidia de los pueblos y lo particulares, pintándolos con negros
colores, pero no pienso de este modo. Creo que debo reparar mis
yerros pasados empleando en servicio del Estado los mismos
conocimientos que había adquirido para perjudicarle. Así hablaré á
Vuestra Excelencia con sinceridad lo que pienso, sin que se crea
que yo pretenda dar lecciones al Gobierno, sino estimulado á
satisfacer lo que se me pregunta y en cumplimento á lo que tengo
ofrecido para que Vuestra Excelencia Con su alta penetración tome
las medidas que estime más acertadas."
A la pregunta en que se le manda que "manifieste con
toda claridad de qué provino el descontento de los pueblos en
general y particular, para tomar las medidas convenientes y si
serán capaces por sí de hacer alguna insurrección," Nariño
responde, guiado nada más que por su acendrado patriotismo, lo
siguiente:
"Yo creo, señor, que el mal general no proviene de
tener los pueblos estas ó las otras ideas de independencia,
etc.,sino de su miseria y de creer que el Gobierno se la ocasiona.
Las contribuciones que aquí se hacen al Erario son nada, si se ve
lo que éste percibe; pero el modo con que se exigen las hace, en mi
concepto, onerosas; el pueblo no es capaz de hacer esta distinción,
no ve en los dependientes sino los ejecutores de órdenes superiores
y así se queja del Gobierno, creyéndolo equivocadamente el autor de
su miseria. En este supuesto parece que está en estado de que se
remedie el mal en cuanto permiten las circunstancias, no con
providencias que aumenten las quejas, sino que se las sofoquen, por
dos razones: la primera porque algunas de sus quejas no son
enteramente infundadas, y la segunda, porque todo procedimiento en
el día, cuando no ocasionara una novedad, remediaría una
pequeñísima parte y empeoraría el todo, como Vuestra Excelencia lo
conocerá á proporción que vaya adelantando sus conocimientos en el
Reino. Es cierto que si Vuestra Excelencia pregunta á otros, quizá
no encontraría este lenguaje: unos dirán que los pueblos están
felices y contentos, por temor de que se crea que censuran las
disposiciones del Gobierno, y otros que su descontento proviene de
holgazanería y de no querer contribuir á las cargas del Estado,
creyendo con esto hacerse un mérito; pero yo, que por
circunstancias tan raras me he puesto en estado de conocerlos y de
decir precisamente lo que siento, hablo á Vuestra Excelencia
desnudo de todo miramiento, y sólo con el fin de contribuir al
mejor servicio del Rey y al alivio y seguridad de estas
Provincias."
Por no fatigar al lector no añadimos otros muchos párrafos de la
contestación de Nariño en que expone los motivos de las quejas del
pueblo, bajando á pormenores acerca de los vejámenes que sufrían
por parte de los empleadillos de menor cuantía que se aprovechaban,
como sucede hoy día, de su prestada autoridad para obligará los
pobres á pagar ciertos derechos de los cuales sólo ellos se
aprovechaban y no el Gobierno.
Concluye diciendo: ''Considero al Reino en el día, en estado de
hacer una novedad (insurrección) al primer motivo que se le dé, que
le pueda servir de pretexto para comenzar sus quejas; pero que
tomándose algunas providencias, aunque sean de poca entidad, como
tengo dicho, me parece que no hay que temer al presente; y para lo
sucesivo mi concepto es: que variando las circunstancias actuales
de Europa, es menester un remedio más serio de lo que se ha creído
hasta ahora. Esta opinión la fundo en que el Erario saca muy poco
de tan fértiles Provincias y que el pueblo está descontento. Si el
descontento de los pueblos es infundado, supuesto que contribuyen
tan poco, no hay fuerzas suficientes para contenerlos y reducirlos
á la justa obediencia; si sus quejas son fundadas, no puede estar
la causa en la cantidad de lo que contribuyen, sino en el modo, y
en este caso es necesario una reforma en la administración. Yo
pienso que se necesita lo uno y lo otro; pero Vuestra Excelencia
con su celo, y actividad adquirirá noticias más
amplias..............."
Estos párrafos parece que alarmaron al Virrey Mendinueta y con
ese motivo pidió á Nariño, que parecía comprender la enfermedad del
pueblo, la cual entiende que es gravísima, que explique al Gobierno
con extensión y proligidad, su concepto en la materia.
Nariño se niega á ello en un principio: "Es verdad,
contesta, que pqerece que comprendo la enfermedad del pueblo que
entiendo que es grave; que considero que para ello es necesario un
serio remedio, y que lo indico en la reforma de la administración;
pero la razón de este juicio la expongo en el mismo punto, y aunque
conozco el mal, no he tenido las mismas proporciones para conocer y
aplicar mi concepto sobre el remedio. El vasto y delicado plan de
una reforma en la administración, no es para que lo medite un
hombre angustiado, encerrado en una prisión, lleno de sobresaltos y
temores, y desproveído de todo auxilio para poder formar un juicio
cuando no acertado, á lo menos racional y con algún
fundamento."
Como hemos visto durante este relato Nariño era particularmente
impresionable, y así como su ardiente imaginación solía pintarle
las cosas color de rosa, también se dejaba llevar por la tristeza y
el desconsuelo. El, con mucha razón, había pensado que las
autoridades españolas lo pondrían en libertad una vez que
confesara, hasta en sus menores detalles, cuanto había hecho y
había pensado en el último año; pero no fué así, permanecía preso y
privado de comunicación con su familia, por cuyo amor hahía hecho
tantos sacrificios, y aquello más que todo lo afligía. Entonces, en
el mes de Septiembre (su última confesión había tenido lugar en el
mes de Julio), escribió al Virrey el siguiente memorial:
"Excelentísimo señor:
Cuando esperaba haber mejorado de suerte poniendo en manos de
Vuestra Excelencia mi corazón, me veo, con bastante dolor, no ya en
calidad de detenido ínterin cumplía, sino en la de un verdadero
preso, habiendo cumplido. No permita Dios que jamás me pase por la
imaginación el dudar de la palabra que Vuestra Excelencia me dió;
pero como mi estado actual es un verdadero sufrimiento, no puedo
prescindir de sentirlo y representarlo á Vuestra Excelencia.
No creo, señor, que al haber presentado á Vuestra Excelencia,
con la mayor ingenuidad, la historia de mis desaciertos dí motivo á
ello; esto fué lo que ofrecí, esto lo que he cumplido y por lo que
se me ofreció que se olvidaría todo lo pasado, y por consiguiente
que mejoraría de suerte. Nada más tengo dicho con mis obras, hasta
derramar la última gota de mi sangre, y que espero de la notoria
integridad de Vuestra Excelencia el que el testimonio que he dado
de arrepentimiento y buena fe no se convertirá contra mí,
haciéndome sufrir después de haber cumplido lo que hubiera merecido
si no hubiera presentado verdad.
Suplico á Vuestra Excelencia con lágrimas en los ojos, se duela
de mis desgracias; no son de ayer, ha más de tres años que padezco
y ya no me queda otro arbitrio sobre la tierra que la piedad de
Vuestra Excelencia ó
|
morir agobiado bajo el peso de mis
trabajos.
Dios Nuestro Señor guarde la importante vida de Vuestra
Excelencia muchos años.
Santafé y Septiembre 3 de 1797.
ANTONIO NARIÑ0.
Excelentísimo
señor Virrey, don Pedro de Mendinueta."
El principal motivo que alegaba Nariño que había tenido para
empeñarse en trabajar contra las autoridades españolas había sido
el que no dieran fin á la causa que le habían seguido en 1794 con
motivo de la publicación de los
|Derechos del Hombre, hoja
que él había considerado inofensiva y por consiguiente juzgó que le
inculpaban injustamente; confesaba eso sí que había errado y que se
arrepentía de la frustrada intentona de insurrección en 1797 al
regresar al país amargado y
|
herido por las persecuciones:
"Mi honor, dice en su primer
|memorial, mi patria,
mi familia, mis amigos, mis intereses y mi comodidad personal se me
habían arrancado en un solo día..............." Yo espero,
sinembargo, que restablecido á la soberana confianza del Rey por
medio de Vuestra Excelencia, podré emplear el resto de mis días en
reparar lo pasado y en dar una prueba auténtica y nada equívoca de
mi arrepentimiento ocupando todos los momentos de mi vida en
servicio de ambas Majestades. Y si el resentimiento me condujo
hasta los bordes del precipicio, yo aseguro á Vuestra Excelencia
que de hoy en adelante mi obligación y el reconocimiento de sus
grandes bondades me conducirán hasta derramar la última gota de mi
sangre en servicio del Rey..............."
Ahora con los hábitos de independencia que hemos adquirido,
aquellas palabras de Nariño parecerán sobradamente rendidas para
que las pronunciara un hombre de los méritos y aspiraciones de
nuestro santafereño; pero en aquél entonces la educación, los
hábitos, las costumbres eran otras. Los súbditos de un Rey no
creían degradarse ni manchar su honor con semejantes expresiones.
Recuérdese que los colonos no eran ciudadanos libres, Sino vasallos
de un monarca y eso bastará para disculparle. Lo que le han tachado
algunos historiadores como Groot y Restrepo es que hubiese
denunciado á cuantas personas le habían auxiliado y dado hospedaje
en su tránsito, dice Restrepo, desde La Guaira hasta Santafé;
"y lo que declaró relativamente á algunos clérigos, añade
Groot, con quienes había habado en el tránsito á su regreso á
Santafé pero, añade, tampoco tuvo resultado alguno contra éstos la
declaración de Nariño."
Vergara y Vergara
|
(3)
lo defiende y dice, lo que es cierto,
sufrió con sus denuncios.
|
(4)
No habló nunca de que entonces trabajaba
asiduamente por conseguir la independencia de Venezuela. Cuando
mencionó á don Esteban de Palacios, caraqueño que se hallaba
entonces en Londres, no fué sino para Jurar que con él no trató
nunca de asuntos de política y asegurar que dicho caballero no se
ocupaba sino de negocios particulares. Mencionó con muchos
pormenores á un señor José Caro quien decía que era habanero que
trabajaba en favor de la emancipación del Perú, pero dicho sujeto
era desconocido y jamás se ha tenido noticia de él, de manera que
es posible que ese nombre fuera supuesto y encubriera alguna otra
personalidad. De los demás americanos de quien habla es para
repetir que con ellos no trató del asunto que le llevó á París y a
Londres. Dice que por medio de unos ingleses cuyo nombre apunta
(pero que estaban fuera del alcance de las autoridades españolas)
se comunicó con Pitt y Lord Liverpool, y que en Francia tuvo
conferencias con el famoso revolucionario
|Juan Lamberto
Tallien, el cual era entonces del Consejo de los Quinientos y
tenía grande influencia en el Directorio. A éste por de contado no
podía hacer daño ninguno el Gobierno español.
Hay en la Biblioteca nacional de Bogotá, entre los documentos
manuscritos que no han sido publicados por los señores Posada é
Ibáñez, dos
|notas reservadas del Virrey Mendinueta al
Príncipe de la Paz, en extremo interesante sobre la causa de
Nariño. Después de referir en una de éstas todo lo ocurrido en
Santafé á ese respecto, pide que se indulte al pseudo-conspirador
porque considera que esa sería la manera de acallar el descontento
que cunde entre los colonos; añade que él nota muchos síntomas
alarmantes en la atmósfera del virreinato, síntomas vagos que no
pueden señalarse á las claras, pero que se sienten.
Felicítase el Virrey en otra nota, que no está completa, de la
fortuna de recibir explícita confesión de Nariño, confesión que él
cree fué sincera, puesto que ha sido espontánea. Ella, añade, evitó
graves males, disgustos de los criollos de influencia en la
capital; impidió que se hiciesen prisiones que exasperaban los
ánimos, procesos engorrosos y talvez peligrosos en aquellos
momentos, puesto que se carecía de recursos pecuniarios, no había
ejército y estaba casi incomunicado con madre patria.
Movido por los temores fundadísimos que tenía para desconfiar de
los criollos mantuvo preso á Nariño, pero no quiso procesar á
ningún otro, ni hacer mayores indagaciones. Sin embargo Mendinueta
asegura que él hará todo esfuerzo para sacar del país, con
distintos pretextos, á los sospechosos, y sin llamar la atención,
enviarlos á otras colonias ó la Metrópoli si lo juzgara
necesario.
En aquellos momentos de inquietud llegó á Santafé la noticia de
la frustrada sublevación en Venezuela.
Los bisoños conspiradores de Caracas y La Guaira, nada diestros
por cierto en achaques de revoluciones, muchos de los cuales no
comprendían la gravedad de sus actos, hablaban á troche moche de lo
que pensaban hacer, é influenciados siempre por la revolución
francesa, querían sin duda celebrar la toma de la Bastilla con su
alzamiento contra las autoridades españolas: así lo habían fijado
para el 14 de Julio de ese año de 1797. La víspera sinembargo, lo
fué denunciado al Capitán general don Pedro Carbonell quien tomó
las precauciones conducentes á impedir que estallase. Los dos
cabecillas don Manuel Gual y don José María España, tuvieron tiempo
de escaparse de La Guaira, en donde se hallaban, é irá buscar asilo
en la Trinidad, en tanto que los demás que estaban en la trama
corrieron á denunciarse ellos mismos con la esperanza de que les
perdonasen, pues sabían que Carbonell usaría con ellos de
misericordia. Mal les pesaría después su precipitación, pues el
indulto ofrecido no se llevó á cabo; sus procesos se alargaron
indefinidamente; Carbonell dejó el mando; le sucedió el General
Guevara Vasconcellos, y éste, cruel y sanguinario, resolvió mandar
juzgar á los complicados en la conspiración sin usar de
misericordia, de manera que siete de ellos sufrieron el último
suplicio, más de treinta fueron condenados á galeras, pero los
treinta, y dos que enviaron á España fueron indultados por Carlos
IV con la condición de que jamás volverían á Venezuela. Gual sin
embargo, permaneció en la Trinidad y, su familia fué patriota y
sirvió notablemente en la guerra de la Independencia. El desdichado
España, que había regresado ocultamente á Venezuela á verse con su
familia fué aprehendido dos años después y condenado á la horca con
singular crueldad.
|
(5)
Después de recibir en Santafé las noticias de la conspiración de
los venezolanos, la nota que envía Mendinueta al Príncipe de la Paz
es mucho menos favorable á Nariño que las anteriores.
Hé aquí algunos extractos de ella:
......"Las novedades de Caracas, dice, confirman en gran manera
mi modo de pensar, y no será extraño que estén enlazadas con las
miras de Nariño. El hizo entrada en este Reino por aquella parte;
dejaría sembrada allí la zizaña, y á esto pueden aludir las
expresiones de:
|en Santafé se cree ya todo
|listo............... La remisión de Nariño á España, es
indispensable, ya por su anterior causa, ya también por la del
día............... Los vínculos de mujer, hijos, familia, amigos,
paisanos, patria, la incertidumbre de su suerte, etc., todo le
impide aclarar lo que abriga su corazón; separado de todos estos
respetos en España, y tratado con las confianzas que permitan sus
excesos no dudo que descubrirá lo que aquí por temor ha dejado de
explicar sobre sus relaciones, el progreso. el estado y las
participaciones de estas máximas............... "
Más lejos, Mendinueta dice que le preocupan mucho algunos
párrafos de la confesión de Nariño; no comprende la necesidad que
tuvo de delatar todos sus planes.
"Nadie los conocía, añade, eran secreto para el
Gobierno, que apenas sabía que había regresado ocultamente al país,
en busca de su familia, lo que no tenía nada de inverosímil. ¿Qué
motivo que nunca descubrió, tuvo Nariño para dar aquel paso? Hasta
ahora esto es un misterio para todos..............."
En otra
|nota reservada (documento número 127), Mendinueta
escribe que es necesario que se le mande tropa; que la situación de
la Colonia no es satisfactoria, que es preciso atajar aquellos
males á tiempo de manera que los criollos vean que hay ejército á
quien respetar. De resto, añade, si esto no se hace con tiempo la
epidemia crecerá tanto que cuando se intente atajarla ya no será
posible curarla.
|
(1)
|
El Arzobispo de Santafe no vivía en el Palacio que hoy habitan
los Prelados de esta Diócesis, el cual había sido dón del señor
Caballero y Góngora, sino en la hermosa casa que se hallaba en la
esquina de abajo del antiguo Convento de la Enseñanza y que después
se ha dividido en tres casas. El señor Compañón murió en ese mismo
año de 1797.
|
|
(2)
|
He aquí el documento que firmaron
Nariño y Mendinueta, aquel tristísimo día:
"En la ciudad de Santafé, después de las oraciones de este
día, 19 de Julio de 1797, don Antonio Nariño, conducido por don
Pedro Chavarri, Secretario del Ilustrísimo señor Arzobispo de ella,
hasta la puerta principal del Palacio virreinal, donde lo recibió
el señor don Juan Hernández de Alba y condujo á una de sus salas,
compareció ante el Excelentísimo señor don Pedro Mendinueta, Virrey
del Reino, y dio que bajo seguro prometido á Su Ilustrísima
manifestaría cuanto supiese desde que salió de Madrid hasta el día,
sin faltar en nada á la verdad, sus ideas y proyectos, el estado
actual de ellos, los efectos que hubiesen producido, y finalmente,
cuantas noticias le pidiese Su Excelencia, quien ratificó de nuevo
el seguro referido en la firme inteligencia de que no ocultase, ni
disimulase cosa alguna de cuanto pudiese servir para la
tranquilidad pública, pues de otro modo, á pesar de su piedad y
conmiseración, usando de las altas facultades que las leyes
franquean, se vería en dura, pero precisa necesidad, de usar con el
referido Nariño del rigor cine las mismas previenen para iguales
casos.
PEDRO MENDINUETA-ANTONIO
NARIÑO-JUAN HERNÁNDEZ DE ALBA.
Postdata.-Inmediatamente conduje á
don Antonio Nariño al cuartel de caballería, en donde quedó
arrestado con los encargos correspondientes de vigilancia para su
seguridad.
ALBA
Precursor,
página 264
|
|
(3)
|
|Historia de la Literatura en Nueva Granada, página
288
|.
|
|
(4)
|
En el documento en que se halla la confesión de Nariño que
hemos consultado en la Biblioteca nacional de Bogotá, faltan
algunas fojas.
|
|
(5)
|
Cuando don Manuel Gual tuvo noticia
del acontecimiento escribió la siguiente carta á su compatriota el
General Miranda:
"Don Manuel Gual al
General Miranda.
En la Isla Trinidad Puerto España, y
Julio 12, 1799.
Amigo mío: Yo no escribiría á usted
sí me fuese posible pasar á verle.
¡Miranda! si por lo mal que le han
pagado á usted los hombres si por el amor á la lectura y á una vida
privada, como anunciaba de usted un diario, no ha renunciado usted
estos hermosos climas, y la gloria pura de ser el salvador de su
patria; el pueblo americano no desea sino
|uno: venga usted á
serlo............... ¡Miranda! yo no tengo otra pasión que ver
realizada esta hermosa obra, ni tendré otro honor que ser un
subalterno de usted.
Tengo la gloria de ser proscrito
por el Gobierno español, como autor de la revolución que se
meditaba en Caracas el año de 97.
Perseguido en Curazao y reclamado
en todas las islas neutrales y amigas del Gobierno español;
informado de las proclamas hechas por este caballero Comandante
general ofreciendo darnos protección, vine á implorarla.
La copia número 1º instruirá á
usted de la facilidad de una empresa que será la admiración de las
naciones, y la gloria y honra de los americanos, gracias al horror
en que está el Gobierno español.
En el número 2° verá usted cuáles
son mis votos: hablo á un pueblo adicto á su religión, y que desea
con ansia su Independencia.
Sea usted sino
|principal,
agente de su patria para que tenga efecto la obra majestuosa de su
libertad, que no necesita sino de empezarse.
No hay que dudar del suceso:
algunos cortos auxilios bastan para las primeras acciones, que con
una orden de ese Ministerio se proveerían en estas colonias
inglesas.
El concepto con que me honra el
pueblo, aumentado por lo que anhela el tiránico Gobierno español
por apresarme muerto ó vivo,
|
(*)
puede hacer algo necesaria mi perseguida
persona. Sea como agente ó como principal que obre usted (en caso
de que pueda ser útil) solicítela usted por el señor Picton,
Comandante general de esta isla, y contésteme usted por el mismo
conducto, pues siempre sabrá mi paradero.
La revolución se malogró porque
estando yo ausente de Caracas, descubrió el Gobierno el plan, por
la imprudencia de un necio. Se apoderó de muchas personas, y tomó
las providencias más activas en La Guaira y Caracas, y
desconcertadas ya las cosas me salvé con el objeto de pedir
auxilios en las colonias inglesas, que aun esperan mis
compatriotas. Este es un extracto del suceso malogrado, después del
cual ha crecido la opinión y el deseo de la independencia.
Venga usted, le repito á tener la
gloria de establecerla como lo desea su antiguo, verdadero amigo y
compatriota.
MANUEL GUAL.
(*) Don Manuel Gual murió en
Trinidad, en 1801, envenenenado, conforme á la opinión de algunos,
por un español Vallecilla, que obtuvo, según se dijo, una buena
recompensa por este crimen.
Restrepo, Historia de Colombia,
Venezuela, capítulo 1º.
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