Nariño vuelve á Bogotá y defiende
ante el Senado su conducta de los ataques de sus enemigos
Apesar de la mala voluntad que algunos de sus compatriotas le
tenían, las personas que no tenían motivo de envidiarle porque no
les cegaba la ambición, le amaban tiernamente, le consideraban y
deseaban manifestárselo cada vez que tenían oportunidad para
hacerlo.
Durante el tránsito, en vía para Bogotá, le salían á recibir con
entusiasmo y le ofrecían hospitalidad en las poblaciones por donde
pasaba.
|
(1)
Viajó al
principio á caballo y después en silla de manos, pues sus
enfermedades se agravaron tanto que cuando llegó á Bogotá los
médicos le prescribieron completa
|quietud, ningún trabajo
intelectual y aire de campo en su quinta de Fucha, la misma que
después se llamó de
|Ramos.
El no pudo sufrir sinembargo mucho tiempo aquella quietud y al
cabo de algunas semanas volvió á la vida pública; no pudo abandonar
la política ni dejar de mezclarse en los sucesos que tenían lugar
en el país y dar su opinión acerca de éllos. A mediados de 1822
publicó un periódico llamado
|Los Toros de Fucha, en el cual
criticaba el Gobierno del Vicepresidente Santander. Este entonces
fundó otro llamado
|El Patriota, con el objeto de defenderse
y contestar los cargos que le hacía Nariño. La disputa se iba
agriando entre los dos hombres públicos hasta que Bolívar entró en
la contienda escribiendo á Santander "que se dejara de
estas disputas," y á Nariño invitándole á que le fuera á
acompañar en su campaña del Sur,
|
(2)
en donde podría servir mejor á su
Patria.
Mucho criticaban entonces á Nariño que hubiese cambiado de
opinión acerca de la forma que debería tener el Gobierno de
Colombia, y que él, que en 1812 defendió con las armas en la mano
el centralismo, en 1823 abogara por la federación,
|
(3)
en un periódico llamado
|El
Insurgente, que se le atribuía. Allí aconsejaba al Congreso que
iba á reunirse que alterase la Constitución central adoptando la
federal.
Pero Santander, apoyado enérgicamente por el Libertador, desde
Guayaquil (en donde preparaba su campaña sobre el Perú),combatía
por la prensa en pro del centralismo, en lo cual le ayudaban sus
amigos, los futuros liberales, defensores después del federalismo
|a outrance.
La reunión del Congreso era indispensable para dar
respetabilidad, fuerza y leyes al Gobierno que tenía que atender á
las conspiraciones realistas que se levantaban en diferentes partes
del país y necesitaba urgentemente recursos para enviar tropas y
dinero al Libertador que pedía sin cesar armas y soldados que le
hacían gran falta para continuar su campaña en Quito y el Perú.
Para reunir recursos sin gravar á la Nación entera se ocurrió á
hacer empréstitos forzosos á los ciudadanos pudientes y también á
los que disponían de una renta mediana. A Nariño tocó también pagar
su cuota en este empréstito, el cual indudablemente debió de serle
gravoso, puesto que sus rentas eran exiguas.
|
(4)
Confiando el Gobierno en su
honradez, eficacia, actividad energía le nombró Presidente de la
Comisión de repartimiento de bienes nacionales y al mismo tiempo
Comandante General de armas del Departamento de Cundinamarca.
|
(5)
Esto prueba que
se había amistado con el General Santander, al menos aparentemente;
pero aquéllo no impidió que otros enemigos le atacaran por la
prensa y por medio de anónimos insultantes que le causaban grandes
disgustos.
|
(6)
Pero estos desagrados eran "tortas y pan
pintado" en comparación de lo que le sucedió al empezar el
año de 1823.
El Congreso de Cúcuta había nombrado á Nariño Senador, sin duda
como un desagravio por no haberle elegido Vicepresidente, como
ciertamente hubiera sido natural y justísimo. Pero este
nombramiento dio margen á otras acusaciones más serias que le
promovieron dos de sus acérrimos enemigos, don Diego Fernando Gómez
y el doctor Vicente Azuero.
No bien tomó asiento en el recinto del Senado el General Nariño
cuando don Diego Fernando Gómez tomó la palabra para decir que
dicho caballero no podía ser miembro del Cuerpo Legislativo, porque
según la Constitución lo excluían sus antecedentes como deudor
fallido á la Tesorería del Rey de España, en 1794; que además se
había entregado á los españoles en Pasto yendo á la cabeza de
tropas nacionales y aún no había sido juzgado en Consejo de Guerra,
como merecía esa conducta, y por último que había permanecido
ausente de la Patria
|por su gusto.
Semejantes absurdas calumnias produjeron estupor é indignación
entre muchos de los Senadores; pero como también tenía enemigos se
decidió que al día siguiente debería presentar el acusado la
defensa de su conducta y responder á los tres gravísimos cargos que
Fernando Gómez se atrevió á hacer al que hacía treinta y cuatro
años que sufría por la Patria, como hemos visto en toda esta
Biografía. No necesitamos, pues, citar la magistral defensa que
hizo Nariño para probar su inocencia y la criminal conducta de su
acusador. Con vacilante paso, pues todavía se resentía su cuerpo de
los grillos y cadenas con que le agobiaron los españoles durante
sus últimas prisiones (que duraron siete años, como hemos visto),
Nariño salió del recinto del Senado para tomar puesto en el banco
de los acusados, y desde allí se dirigió á sus compatriotas. Ya no
era aquel gallardo joven que contestaba con gracejos á los que le
persiguieron en 1794, ni el hombre en toda la flor de su edad que
se imponía con su presencia y su palabra á los pastusos; veinte
años después era un anciano de sesenta y tres años, encorvado y
debilitado, no tanto por los años cuarto por los desengaños y la
incalificable ingratitud de sus compatriotas. Pero si su cuerpo
había perdido el vigor y la fuerza, no así su espíritu; éste era
tan grande, tan noble, tan fuerte como en su juventud, y su
elocuencia llegó á tal grado al pronunciar su defensa que los que
le oían se sintieron electrizados, conmovidos y turbados hasta el
fondo de su alma.
Citaremos algunos párrafos de aquella famosa alocución:
"Hoy me presento, señores, (dijo al empezar), como reo
ante el Senado de que he sido miembro, y acusado por el Congreso
que yo mismo líe instalado y ha hecho este nombramiento; si los
delitos de que me acusa hubieran sido cometidos después de la
instalación del Congreso, nada tenía de particular esta acusación;
lo que tiene de admirable es ver á dos hombres que no habrían quizá
nacido cuando yo ya padecía por la Patria, haciéndome cargos de
inhabilitación para ser Senador, después de haber mandado en la
República, política y militarmente en los primeros puestos sin que
á nadie le haya ocurrido hacerme tales objeciones. Pero lejos de
sentir este paso atrevido, yo les doy las gracias por haberme
proporcionado la ocasión de poder hablar en público sobre unos
puntos que daban pábulo á mis enemigos para sus murmuraciones
secretas; se pondrá en claro, y deberé á estos mismos enemigos no
mi vindicación, de que jamás he creído tener necesidad, sino el
poder hablar sin rubor de mis propias
acciones.........."
Interrumpiéndose levantó la voz y pidió aquí permiso al Senado
para que se presentasen á la barra á hacerle cargos cuantos lo
tuvieran á bien, que él les respondería con gusto.
No habiendo nadie que lo hiciera siguió su peroración.
"No comenzaré, señores, dijo, A satisfacer estos cargos
implorando, como se hace comúnmente, vuestra clemencia y la
compasión que naturalmente reclama todo hombre desgraciado; no,
señores: me degradaría si después de haber pasado toda mi vida
trabajando para que se viera entre nosotros establecido el imperio
de las leyes, viniera ahora, al fin de mi carrera, á solicitar que
se violasen en mi favor. Justicia severa y recta es la que imploro
en el momento en que se va á abrir á los ojos del mundo entero el
primer Cuerpo de la Nación y el primer juicio que se presenta. Que
la hacha de la ley descargue sobre mi cabeza, si he faltado alguna
vez á los deberes de un hombre de bien, á lo que debo á esta Patria
querida ó á mis conciudadanos. Que la indignación pública tenga
tras la justicia á confundirme, si en el curso de toda mi vida se
encontrase una sola acción que desdiga de la pureza de mi
acreditado patriotismo. Tampoco vendrán en mi socorro documentos
que se puedan conseguir con el dinero, el favor y la autoridad; los
que os presentaré están escritos entre el cielo y la tierra, á la
vista de toda la República, en el corazón de cuantos me han
conocido, exceptuando sólo un cortísimo número de individuos del
Congreso que no veían porque les tenía cuenta no ver. Así mi
vindicación sólo se reducirá á recordaros compendiosamente la
historia de los pasajes que se me acusan, acompañada de los
documentos que entonces existían y de algunas reflexiones nacidas
de ellos mismos..............."
Pasó en seguida á presentar en primer lugar documentos que le
dejan perfectamente descargado de deuda en los Ramos tanto de
Hacienda como en el de Diezmos, durante la época del Virreinato.
|
(7)
En cuanto á la acusación que le hacían como traidor á la Patria
en Pasto, ya hemos narrado prolijamente cuanto allí sucedió. Todo
ésto Nariño pone de manifiesto con una verdad, una elocuencia que
dejó mudos y cabizbajos á sus acusadores, los cuales no pensaron
que Nariño tuviera á mano, no solamente su extraordinaria palabra
tan clara y convincente, sino documentos fehacientes que no se
podían negar, discutir, ni reprobar.
Antes de presentar éstos exclamó:
"¿Hay entre las personas que hoy me escuchan, hay en
esta ciudad y en toda la República una sola que ignore los sucesos
de estos últimos 29 años? ¿Hay quien no sepa que la mayor parte de
éllos los he pasado encerrado en el Cuartel de Caballería de esta
ciudad, en el de Milicias de Santa Marta, en el del Fijo de
Cartagena, en las Bóvedas de Bocachica, en el Castillo del Príncipe
de la Habana, en Pasto, en el Callao, en Lima, y últimamente en los
calabozos de la Cárcel de Cádiz? ¿Hay quien no sepa que he sido
conducido dos veces en partida de registro á España y otra hasta
Cartagena? Todos lo saben; pero no saben ni pueden saber los
sufrimientos, las hambres, las desnudeces, las miserias que he
padecido en estos lugares de horror, por una larga serie de años.
Que se levanten hoy del sepulcro Miranda, Montúfar,
|
(8)
el virtuoso Ordóñez,
|
(9)
y digan si pudieron
resistir á sólo una parte de lo que yo por tantos años he sufrido;
que los vivos y los muertos os digan si en toda la República hay
otro que os pueda presentar una cadena de trabajos tan continuados
y tan largos como los que yo he padecido por la Patria por quien
hoy mismo se me está haciendo padecer. Sí, señores, hoy estamos
dando al mundo el escandaloso espectáculo de un juicio á que no se
atrevió el mismo Gobierno español!.........."
Presenta en seguida oficios de Aymerich, del General
Leiva
|, del Mayor General Cabal, que ya conocemos, puesto que
los citamos en el Capítulo XX de esta Biografía.
"¿No habrá, añade, en este Senado, en este numeroso
auditorio quien pueda deponer lo que digo ó contradecirlo? Yo ruego
á los miembros del Senado y á todos cuantos me escuchan, que si hay
alguno que pueda agregarse en este momento á Diego Gómez y
contradecir lo que llevo referido, se levante y lo
diga.........."
Hablando de la situación en que se hallaba en Pasto, dice:
"Figuraos, señores, por unos momentos que me véis
encerrado en una pequeñísima pieza, tendido sobre una mala cama,
cubierto con una ruana, con un par de grillos en mis piernas
ulceradas, sin un amigo, sin un libro para distraerme y esperando
de hora en hora correr la suerte de Caicedo y Macaulay,
|
(10)
y en este estado
recibo el oficio del Presidente de Quito en que me hace la
propuesta de que en cambio de que le entregara á Popayán no sólo me
ofrecía sacarme de aquel estado angustioso, sino constituirme en
los antiguos honores y empleos? ¿Qué habrían contestado Gómez y
Azuero? ¿Qué habrían hecho, qué habrían contestado otros de mis
enemigos que ocupan hoy puestos más señalados?.......... En la
contestación veréis el lenguaje no de un hombre abatido que vende
los intereses de la Patria al temor ó á sus miras personales, sino
el lenguaje de un Jefe que, en medio de sus enemigos y de los
sufrimientos y peligros que lo rodean, quiere conservar la dignidad
de la República y hace que estos mismos enemigos lo
respeten.........."
Manda leer los documentos que prueban su aserción.
|
(11)
.......... "Sin la traición de Pasto, dice más
adelante, ¿hubiera triunfado Morillo? ¿Se habrían visto las
atrocidades que por tres años continuos afligieron este desgraciado
suelo? ¿Hubieran Sámano y Morillo revolcándose en la sangre de
nuestros ilustres conciudadanos? Nó, señores, nó: siempre
triunfante habría llegado á Quito, reforzado el Ejército; vuelto á
la capital y sosegado el alucinamiento de mis enemigos con el
testimonio de sus propios ojos, hubiéramos sido fuertes é
invencibles y después que se sacrificó mi persona, los intereses de
la Paria y se inmolaron tantas inocentes víctimas por viles y
ridículas pasiones ¿se me acusa de haber sido sacrificado quizá por
algunos de los mismos que concurrieron á aquel
sacrificio?.......... Hoy se quieren renovar por otro estilo las
escenas de Pasto; hoy por sacrificarme se volverá á sacrificar la
Patria, pues existen los mismos gérmenes, muchas de las mismas
personas, los mismos odios, la misma emulación, el mismo espíritu
de personalidades, la misma necedad y ceguera que entonces nos
perdió. Pero nó: ¡Dios Supremo, á cuya vista no se puede ocultar el
corazón del hombre, levantad vuestro brazo omnipotente y
descargadlo sobre mi cabeza, antes que yo vuelva á servir de
pretexto á los enemigos de la Partia para sus inicuas
maquinaciones! ¡Perezca yo en este instante, perezca mil veces, si
he de servir de pábulo para que se vuelva á ver afligida mi adorada
Patria!.........."
.......... "El tercer cargo que se me hace, dice más
adelante, es la falta de residencia que exige la Constitución, por
haber estado ausente por mi gusto, dice el señor Diego Gómez, y no
por causa de la República."
A esta absurdísima acusación contesta:
"Sí, señores, por mi gusto dejé de ser Presidente
Dictador de Cundinamarca; por mi gusto dejé de ser General en Jefe
de los Ejércitos; por mi gusto perdí veinte años de sacrificios
hechos á la libertad, las penalidades de ocho meses de marchas y el
fruto de las victorias que acababa de conseguir; por mi gusto
abandoné mi Patria, las comodidades de mi casa, la compañía de mis
amigos y mi numerosa familia; por mi gusto desprecié el amor de los
pueblos que mandaba, para irme á sentar con un par de grillos entre
los feroces pastusos que á cada hora pedían mi cabeza; por mi gusto
permanecí allí trece meses sufriendo toda suerte de privaciones y
de insultos; por mi gusto fui transportado preso entre 200 hombres
hasta Guayaquil, de allí á Lima y de Lima, por el Cabo de Hornos, á
la real Cárcel de Cádiz; por mi gusto permanecí cuatro años en esta
Cárcel, encerrado en un cuarto, desnudo y comiendo el rancho de la
enfermería, sin que se me permitiese saber de mi familia. ¿No os
parece, señores, que es más claro que la luz de día, que yo he
estado ausente por mi gusto y no por causa de la
República?.........."
Al concluír su discurso tuvo Nariño un arranque de inspiración
profética. Predijo que la República, que empezaba tan
desdorosamente, continuaría su marcha al través de los años no
hacia el progreso y la prosperidad que merecen las naciones que
saben premiar las virtudes y castigar la ingratitud, la
malevolencia y la envidia, sino que iría hacia el abismo y
cosecharía el desprecio de las naciones fuertes y la aversión y la
malquerencia desesperada de sus propios ciudadanos, que no verían
más salud para ellos sino en el abandono de un suelo tan
ingrato.
.......... "Y á la vista de semejante escandalosa
acusación, exclamó, comenzada por el primer Congreso general, y al
abrirse la primera Legislatura, ¿qué deberemos presagiar de nuestra
República? ¿Qué podremos esperar para lo sucesivo, si mis
acusadores triunfan ó se quedan impunes? Por una de esas
singularidades que no están en la previsión humana, este juicio,
que á primera vista parece de poca importancia, va á ser la piedra
angular del edificio de vuestra reputación. Hoy, señores, hoy va á
ver cada ciudadano lo que debe esperar para la seguridad de su
honor, de sus bienes, de su persona; hoy va á ver toda la República
lo que debe esperar de vosotros para su gloria. En vano, señores,
dictaréis decretos y promulgaréis leyes llenas de sabiduría; en
vano os habréis reunido en este templo augusto de la Ley, si el
público sigue viendo á Gómez y Azuero sentados en los primeros
Tribunales de justicia; en vano serán vuestros trabajos y las
justas esperanzas que en vuestra sabiduría tenemos fundadas. Si
vemos ejemplos semejantes en las antiguas Repúblicas; si los vemos
en Roma y Atenas, los vemos en su decadencia, en medio de la
corrupción á que su misma opulencia los había conducido. En el
nacimiento de la República romana vemos á Bruto sacrificando á su
mismo hijo por el amará la justicia y á la libertad; y en su
decadencia, á Clodio, á Catilina, á Marco Aurelio sacrificando á
Cicerón por sus intereses personales.
Atenas nació bajo las espigas de Ceres, se elevó á la sombra de
la justicia del Areópago y murió con Milcíades, con Sócrates y
Foción. ¿Qué debemos esperar, pues, de nuestra República si
comienza por donde las otras acabaron? Al principio del reino de
Tiberio, dice un célebre escritor, la complacencia, la adulación,
la bajeza, la infamia, se hicieron artes necesarias á todos los que
quisieron agradar; así todos los motivos que hacen obrar á los
hombres los apartaban de la virtud que cesó de tener partidarios
desde el momento en que comenzó á ser peligrosa. Si vosotros,
señores, al presentaros á la faz del mundo como legisladores, como
jueces, como defensores de la libertad y la virtud, no dáis un
ejemplo de la integridad de Bruto, del desinterés de Foción y de la
justicia severa del Tribunal de Atenas, nuestra libertad va á morir
en su nacimiento. Desde la hora en que triunfe el hombre atrevido,
desvergonzado, intrigante, adulador, el reino de Tiberio empieza y
el de la libertad acaba."
Un largo é inextinguible aplauso acogió el fin de aquella
elocuentísima defensa; la mayor parte de los oyentes, dentro y
fuera del Senado, tenían las lágrimas en los ojos. Uno de los
jóvenes que entonces presenciaron aquella escena conmovedora,
después uno de los Magistrados más ilustres de esta República, don
Mariano Ospina, escribía veintiseis años después lo siguiente:
"No se ha borrado todavía, después de tantos años, la
profunda a impresión que en nuestro ánimo produjo la poderosa voz
del decano de los próceres de nuestra Independencia. Mal cerradas
las cicatrices que las cadenas de los tiranos habían dejado en las
piernas del valiente soldado, apenas podía andar, y cada paso que
daba era una elocuente desmentida á las calumnias de sus enemigos.
Cuando, levantando altiva su noble frente, recordaba los primeros
esfuerzos hechos por la independencia y por la Libertad y las
inmensas pérdidas y crueles sufrimientos que éllos le acarrearon,
preguntaba: '¿En dónde estaban entonces esos hombres que hoy me
calumniaron? qué era de ellos cuando yo perdía hacienda, salud y
libertad, para dar prosperidad, independencia y libertad á la
Patria? Cuando poniendo á la vista documentos irrecusables
|
(12)
hacía que sus
propios enemigos proclamasen los claros hechos de su patriotismo,
las felices combinaciones de su genio, sus heróicas hazañas, su
ilimitada y leal consagración, las lágrimas que su pérdida
arrancara á los valientes defensores de la libertad, el sentimiento
profundo de pesar que su cautividad derramara en los pueblos, el
Senado entero conmovido inclinaba delante de él sus respetables
canas en señal de asentimiento y respeto. Nosotros enternecidos,
entusiasmados, derramábamos lágrimas y batíamos las manos
desalados."
|
(13)
Como un solo hombre, todo el Senado se puso de pie aclamando por
unanimidad de votos la inocencia de Nariño. Digo mal, faltó un
voto, el de uno de sus acusadores que avergonzado se había alejado
de aquel recinto en que no se admitía su calumnia, y no quiso
acabar de oír los descargos del que él consideraba su enemigo.
Pero ésto aún no creyeron suficiente. En lugar de ser acusados
los que tan malamente le habían levantado las calumnias de que se
defendió Nariño, preparaban los señores Azuero y Gómez (viendo que
sus anteriores acusaciones habían salido fallidas) nuevos escritos
acusándole por las palabras injuriosas que contra ellos había
vertido en su justo resentimiento. Súpolo Nariño y no quiso que se
produjesen nuevos escándalos en su nombre. Con una caballerosidad
digna de la nobleza de su carácter se reconcilió con sus acérrimos
enemigos y aun vino en borrar de su discurso, cuando se publicó,
las palabras injuriosas que había vertido contra Azuero, Fernando
Gómez y un español Barrionuevo que le había desafiado.
|
(14)
Tenía razón Nariño: una República que empezaba insultando al que
primero lo aclamó, al verdadero Padre de la Patria, no podía
prosperar ni ser respetable. La falta de Sanción pública, el olvido
del mal que han hecho los que han precipitado á la Nación en los
abismos de la anarquía, premiando sus malas acciones en lugar de
castigarlas; el odio que nace de la envidia; la indiferencia hacia
los que hacen el bien y la adulación con respecto á los fuertes; la
persecución que se declara á todo el que merece bien de la Patria;
la supresión por medio del asesinato de los que hacen sombra á los
ambiciosos, como Sucre, Arboleda, etc.; las injusticias cometidas
con sus verdaderos grandes hombres, como tantos, desde Bolívar
hasta la presente época; la impunidad para el poderoso y las
crueldades cometidas con los que no pueden defenderse; los fraudes
políticos y sociales, los engaños, dolos y especulaciones ruinosas
para el país; todos estos crímenes que durante ochenta años han
tenido lugar á ciencia y Paciencia de los Gobiernos y de los
particulares, son los que han ido corrompiendo y falseando el
espíritu público hasta precipitarnos en un mar de vergüenzas y
miserias.
|
(1)
|
"Los Alcaldes y vecinos de
Chiquinquirá, que no pueden recordar sin dolor los padecimientos de
Vuestra Excelencia por el amor de nuestra madre Patria, ni mirar
sin un excesivo placer su dichosa restitución á nuestro Continente,
sabiendo que Vuestra Excelencia en su arribo á la capital de Bogotá
piensa pasar por ésta, ve que se aumentará su gozo
|, si
Vuestra Excelencia hace su hospitalidad en una de nuestras casas,
albergues pobres y miserables para contener á Vuestra Excelencia,
pero grandes y opulentos si se cuenta con la inclinación decidida
con que este pueblo le ha amado. Sírvase Vuestra Excelencia
dispensarnos el honor de aceptar nuestra voluntad sincera.
Dios guarde á Vuestra Excelencia
muchos años.
Chiquinquirá, Septiembre 23 de
1821.
ANTONIO FAJARDO-J. NEPOMUCENO
SALAZAR."
|(Precursor, página
541).
|
|
(2)
|
Véase carta de Bolívar al doctor Fernando Peñalver.
|Cartas
del Libertador, tomo XXIX, página 290.
|
|
(3)
|
"Los periódicos titulados
|El Aglo-Colombiano de
Caracas y
|El Insurgente en Bogotá pedían que se adoptase la
forma federativa por el Congreso. Creíase fundadamente que el
General Nariño, acérrimo enemigo de la federación en 1812, era
quien la promovía en la capital de la República. Esta versatilidad,
que se juzgaba interesada, hacía desmerecer su carácter
político." Restrepo, tomo 3. página 282.
|
|
(4)
|
Véase
|Precursor, página 542, oficio del Secretario de
Estado, Marzo 1822.
|
|
(5)
|
|Precursor, página 543. Oficios del 16 de Octubre y 17
del mismo, 1822.
|
|
(6)
|
En una carta de Nariño al
Libertador leemos las siguientes líneas:
.......... "Se me sigue
insultando y calumniando por anónimos que no se atreven á sacar la
cara. Para evitar el mal que esta guerra encubierta pudiera hacer,
acusé uno de estos anónimos, á fin de que se descubriera y el
Gobierno y el público los conocieran; pero este paso también fue en
vano, porque lo han manejado de modo que, lejos de atajar el mal,
lo han aumentado, poniendo á un miserable godo al frente y haciendo
que saliera absuelto y nada se descubriese, proporcionando
incidentes que aumentaran la discordia."
|Precursor,
página 544.
|
|
(7)
|
|Precursor, páginas 561y 562 y siguientes.
|
|
(8)
|
Famoso patriota quiteño que iba preso con Nariño para España,
pero se escapó de las prisiones, volvió á Santafé, combatió con
Mejía en el Cauca y por último murió fusilado en Popayán, en
Septiembre de 1816.
|
|
(9)
|
Sacerdote patriota que murió en la Carraca de Cádiz.
|
|
(10)
|
Apresados por Montes después de un combate en las inmediaciones
de Pasto los manda fusilar el 26 de Enero de 1813.
|
|
(11)
|
Se encuentran en
|El Precursor, páginas 437, 438 y
583.
|
|
(12)
|
En
|El Precursor se imprimieron otros aún más importantes
que Nariño mismo no conocía.
|
|
(13)
|
Véase
|Historia de la Literatura, por J. M. Vergara y
Vergara, página 474.
|
|
(14)
|
Véase el escrito del señor doctor León Gómez
|, en el
|Boletín (número 7)
|de Historia y Antigüedades, página
316.
|