La Vicepresidencia de don Antonio
Nariño 1821
Habiendo llegado el último día de Marzo á Achaguas, Nariño
permaneció en aquel lugar, al lado de Bolívar, hasta el 7 de Abril,
en que siguió camino hacia Cúcuta llevando el siguiente
nombramiento y Decreto expedido por el Libertador.
"Al señor General de División Antonio Nariño.
Considerando que, verificada desgraciadamente la muerte del
Excelentísimo señor Vicepresidente interino de la República, don
Juan Germán Roscio
|
(1)
antes de la instalación del Congreso
general, y no habiéndose encargado aún el doctor Pedro Gual del
Ministerio de Estado, Relaciones Exteriores y Hacienda, para el
cual ha sido nombrado interinamente, ha llegado el caso de que
estén reunirlas en el General de Brigada Luis Eduardo Azuola
|
(2)
las funciones de
Vicepresidente y de Ministro de Estado, conforme á los Decretos de
9 de Marzo último; Deseando separar estos destinos, cuyo ejercicio
es incompatible en una misma persona, vengo en decretar decreto, en
clase de provisional, mientras el Congreso general resuelve lo
conveniente:
Artículo 1º El señor General de División Antonio Nariño está
nombrado Vicepresidente interino de la República, hasta que el
Congreso general elija el propietario ó el que deba suceder al
doctor Juan Germán Roscio.
Artículo 2º El señor General de Brigada Luis Eduardo Azuola
continuará ejerciendo el Ministerio de Estado, Relaciones
Exteriores y Hacienda, interinamente, basta que se presente á
servirlo el doctor Pedro Gual.
Artículo 3º El Ministro de Guerra se encarga de la ejecución de
ese Decreto, que se publicará y comunicará á quienes
corresponda.
Dado, firmado de mi mano, sellado con el sello provisional del
Estado, y refrendado por el Ministro de la Guerra, en el
Cuartel General de Achaguas, á cuatro de Abril de mil
ochocientos veintiuno.
SIMÓN BOLÍVAR."
El 21 de Abril, estando ya en Barinas el Libertador y
desengañado ya acerca de arreglos de paz con los españoles,
resolvió dedicarse completamente á la guerra, y creyendo
incompatibles estos trabajos con los de Presidente civil de la
República, hizo dimisión de aquella dignidad ante el Congreso, la
cual envió á Nariño junto con una larga carta, dándole cuenta
detallada de sus opiniones é intenciones.
Nariño se presentó en Cúcuta el 27 de Abril, llenando de júbilo
á sus amigos con su inesperado arribo á la Patria Neogranadina,
pero sin duda disgustando á aquellos que creían que sus grandes
méritos podrían obscurecer los suyos y poner dique á sus
ambiciones. Allí encontró efectivamente á muchos de los antiguos
federalistas del año de 1812, que habían sobrevivido á las
persecuciones de Morillo y Sámano; pero que la vista de los
banquillos en que habían perecido tantos de sus amigos no habían
apaciguado sus pasiones y sus pasadas rencillas.
No bien llegó Nariño, á quien tuvieron que acatar como
Vicepresidente interino, encargado del Poder Ejecutivo, en ausencia
de Bolívar, cuando se resolvió reunir el Congreso, apesar de que
aún no había el
|quorum reglamentario.
"Reunidos los Representantes de la Nación en la Iglesia
parroquial, donde oyeron la misa del Espíritu Santo con las preces
del ritual, dice el señor J. M. Groot
|
(3)
, pasaron al local designado para la
instalación, donde se dio principio al acto por un excelente
discurso inaugural pronunciado por el Vicepresidente
Nariño."
Hé aquí unos pocos párrafos del citarlo discurso:
"Encargado, señores, del Poder Ejecutivo, por hallarse
el Presidente de la República al frente de los Ejércitos, debería
comenzar mi discurso por daros cuenta del progreso de mientras
armas desde la instalación del Congreso de Angostura hasta el día;
del ingreso de nuestras rentas y su inversión; del capital nacional
y sus productos; de nuestras relaciones exteriores y de la deuda
nacional. Pero acabado de llegar de Europa, aparecido de repente en
medio de vosotros como por una especie de prodigio, y nombrado en
mi tránsito para el empleo que me proporciona el honor de yerme al
frente de este respetable Congreso, para su instalación, nada puedo
deciros sobre estos puntos que vosotros no sepáis mejor que
yo.".........
Después de hacer elocuentes y juiciosas observaciones sobre las
circunstancias de la transformación política del país, convertido
en República después de romper las cadenas de bronce que le llgaban
á España, explica con lucidez cuáles son los elementos
fundamentales de los gobiernos, y de las varias funciones que
tienen que asumir los diferentes poderes de que se componen. Dice
que el Gobierno representativo bien organizado es propio de todos
los países y todos los climas. Explica cómo las elecciones que hace
el pueblo se sus gobernantes pueden ser manantial de abusos y
desórdenes, pero que ésto puede corregirse decretando
procedimientos justos, é indica la manera de hacerlo conveniente y
ordenadamente. Aunque, dice, todos los hombres están obligados á
tomar las armas en los peligros de la Patria, en tiempos normales
el ciudadano debe dejar la seguridad del país en manos de una
fuerza armada levantada con ese objeto y que se haya instruído
teóricamente para esa carrera. Esto sin perjuicio de que todo
hombre válido debe tener conocimientos prácticos en el arte militar
para el caso en que peligre la paz pública. Discurre después
largamente sobre la manera como se deben formar las rentas
públicas, y de los justos sacrificios que se impone al ciudadano
para sostener el Gobierno.
Al concluir su discurso, añade:
"Resumamos en pocas palabras las ideas esparcidas en
este discurso. Rotos los vínculos sociales, todos los hombres que
no tengan impedimento físico ó moral deben concurrir en pequeñas
Asambleas que estén al alcance de sus conocimientos, á manifestar
su voluntad y á nombrar un cierto número de personas que, según
ella, formen las leyes que las deben gobernar en lo sucesivo. Las
elecciones deben ser graduales, tomando por primer término las más
pequeñas poblaciones y subiendo hasta la totalidad de la República.
Nombrados los Representantes de la voluntad general, éstos no
vienen á gobernar sino á formar el Gobierno que se compone de la
Constitución y de las personas que la deben poner en ejecución.
Regenerada la Nación con las nuevas instituciones, los
Representantes cesan en sus funciones, hasta que según lo que hayan
estatuído deban volver á reunirse ó ser nuevamente elegidos. El
Gobierno, lejos de ser soberano, es, al contrario, dependiente de
la soberanía; sus funcionarios son los mandatarios del pueblo.
QUERER, EJECUTAR y JUZGAR, son los tres elementos de que se compone
el Gobierno, y cada una de estas funciones debe depositarse en
diferentes personas ó corporaciones, por tiempo limitado, sin cuyos
requisitos ni hay soberanía nacional, ni hay libertad individual.
La voluntad expresada por la Representación nacional es sólo en lo
concerniente á las
|leyes políticas, mientras que la del
Cuerpo Legislativo que compone el Gobierno, es sólo en lo tocante á
las
|leyes gobernativas civiles ó criminales. La fuerza moral
que dan á la sociedad las instituciones sociales necesita de una
fuerza física que la sostenga, y ésta se compone de la milicia y el
Tesoro público. Todo hombre en estado de tomarlas armas es defensor
nato de la Patria; pero no todos pueden ni deben ser soldados; una
parte sola de la sociedad debe destinarse á este ramo en razón de
los objetos para que se le destina. El Tesoro público debe
igualmente componerse de una parte de las rentas del
|capital
nacional, repartidas con proporción entre todos y en razón de
las necesidades del Gobierno.
"No puedo, señores, explayarme más sobre unos puntos de
que tenemos tanta necesidad, porque la premura del tiempo no me lo
permite. No hace más que nueve días que estoy entre vosotros y no
ignoráis que he tenido que emplearlos en otras atenciones. Yo ruego
á los beneméritos y respetables miembros del Congreso me dispensen
la libertad que me he tomado en estas ligeras y rápidas
observaciones y que las vean sólo como un desahogo de mis ardientes
deseos por la prosperidad de mi Patria. La Europa, señores, el
mundo entero os contempla en este momento y aguarda de vosotros un
documento que les haga ver que somos dignos de figurar entre las
naciones. Llenad su expectación y nuestras esperanzas; y que la
|República de los Estados Equinocciales de Colombia deba al
Ejército la paz y su gloria, y á vosotros, su libertad y esplendor.
¡Quiera el cielo, que con tan clara protección se ha mostrado por
nuestra causa, llenar de bendiciones vuestras tareas; y los que
hemos escapado del naufragio establezcamos unas instituciones que
nos prometan la felicidad de nuestros hijos!"
Tenía razón Nariño: los ojos de la Europa entera se fijaban con
singular interés en las nacientes Repúblicas hispanoamericanas;
unos las miraban con simpatía, otros con rencor, pero todos con
atención, y esperaban de éllas grandes cosas. Se creía que
seguirían las huellas de las antiguas colonias norteamericanas, las
cuales trabajaban con buen éxito en su progreso, y la independencia
que habían alcanzado poco más de cuarenta años antes había
producido maravillosos frutos en la vía de la civilización y el
adelanto en todos los ramos de la ciencia humana. Pero
desgraciadamente las guerras civiles tan odiosas, y sobre todo el
sentimiento de mala voluntad que estos pueblos de entusiasmos
pasajeros manifestaron á sus grandes hombres las hicieron caer en
el desprecio de las naciones civilizadas. La tentativa de asesinato
cometida contra el Libertador, el sacrificio sangriento del
inmaculado. Sucre, las disputas que antes habían suscitado á
Nariño, el primer patriota colombiano, su frecuente mala fe en
cuestiones de dinero, la inseguridad en que se hallaron siempre los
capitales de los extranjeros que vinieron al país en un principio
confiados en las promesas de protección especial que les habían
hecho los Gobiernos, el desorden creciente de la administración de
las rentas públicas, la difícil situación de la deuda extranjera,
todo ésto y mucho más que sería largo mencionar aquí, hizo perder
para siempre el prestigio, la reputación y el buen nombre de estas
desgraciadísimas Repúblicas y más que ninguna otra de la
desafortunada Colombia que ha perdido todo ésto y además la mejor
parte del territorio que le legaron los fundadores de la
nación.
Pero apartemos la vista del
|obscurísimo y tempestuoso
presente y volvámosla al primer Congreso colombiano que acababa de
instalar Nariño.
El mismo ó de Mayo en que se instaló el Congreso nombraron
Presidente, Vicepresidente y Secretarios. El primero fue el doctor
Félix Restrepo, colombiano distinguidísimo; el segundo era
venezolano, el doctor Fernando Peñalver; los Secretarios resultaron
ambos colombianos, los señores Miguel Santamaría y don Francisco
Soto, quien se declaró desde un principio enemigo acérrimo de
Nariño.
Después del acto de la instalación solemne del Cuerpo
Legislativo se pasó á confirmar el nombramiento de Nariño como
Vicepresidente interino; se recibieron y se negaron las renuncias
que hicieron Bolívar y Santander de la Presidencia de Colombia el
primero, y de Vicepresidente de Cundinamarca el segundo.
En las siguientes sesiones se trató de la ley fundamental de
Colombia según se acordó en el Congreso de Angostura y después se
dio la que reunía Venezuela y la Nueva Granada en una sola nación,
previendo que después entraría en la República colombiana el
antiguo reino de Quito.
El 29 de Mayo Nariño presentó al Congreso un proyecto de
Constitución,
|
(4)
el
cual fue aceptado por éste; pero en lugar de discutirlo, como era
natural, mandó que lo entregasen á la Comisión que había encargado
que elaborase el provecto de Constitución, la cual, dijo,
adquiriría luces para trabajar el suyo en vista del de Nariño. Acto
injustísimo por cierto y que probaba ya la sorda enemistad que
empezaba á presentarse en el seno del Congreso contra el gran
mártir de la Patria.
No es, pues, extraño que Nariño se manifestase herido y
descontento con aquella conducta del Cuerpo Legislativo que se
empeñaba en desairarle hasta el punto de que nadie se volvió á
ocupar de su proyecto de Constitución. Debieron, sinembargo,
consolarle las numerosísimas manifestaciones de aprecio,
comunicaciones y cartas de bienvenida que le enviaron de Bogotá y
de diferentes partes de la República, felicitándolo por su libertad
y regreso al país.
Entre otras, transcribimos aquí la nota que le envió el Cabildo
de Bogotá y la contestación que le dio Nariño:
Excelentísimo señor:
El Cabildo de Bogotá ha visto con satisfacción y placer
cambiadas en la segunda Magistratura de Colombia las cadenas que
oprimían á Vuestra Excelencia por haber proclamado los derechos de
la Patria y defendídolos. Testigo este Cuerpo y admirador de las
virtudes de Vuestra Excelencia y de sus esfuerzos por fijar el
imperio de la libertad, se congratula ahora, considerando que el
influjo y los talentos de Vuestra Excelencia contribuirán en gran
parte á la felicidad de la República. Viva, pues, Vuestra
Excelencia y viva para cooperar á obra tan grande que le colocará
en los anales de la inmortalidad.
Dios guarde á Vuestra Excelencia muchos años.
Sala capitular de la ciudad de Bogotá, á 17 de Mayo de 1821.
11.
Excelentísimo señor:
Mariano Tobar-Luis Sarmiento-Bernardo
Pardo-Francisco Gregorio de Vergara-Sebastián Herrera-José María
Calvo-Sebastián Esguerra-Juan de Dios Londoño-José Ignacio
Umaña-Dionisio Antonio de la Torre."
CONTESTACIÓN
"El Presidente de la
República al Cabildo de Bogotá:
Cambiadas mis cadenas en la segunda Magistratura de Colombia,
quisiera que mis obras correspondieran á los nobles sentimientos de
ese ilustre Cabildo y que, como he tenido constancia y
|
resignación para sufrir las unas, tuviera acierto para desempeñar
la otra. Pero el ilustre Cabildo debe estar persuadido de que,
acostumbrado á padecer por una Patria que adoro, ningún género de
sacrificio me podrá arredrar para ayudar á conducir la obra de
nuestra libertad á su fin.
He tenido la mayor complacencia en leer de uno en uno los
nombres de los individuos que componen ese Cuerpo, y me congratulo
felicitándolos por su existencia, después de la horrible tormenta
que los ha rodeado; ofreciéndome con los sentimientos del más vivo
reconocimiento.
Su más atento, seguro servidor,
ANTONIO NARIÑO."
Como santafereño raizal y particularmente popular, Nariño
recordaba y conocía personalmente á cuantos hombres de alguna
representación vivían en su ciudad natal. Como él no sabía todavía
cuáles habían sido las víctimas de la época del terror y de la
restauración del Poder de los peninsulares en su Patria, cada
persona que había sobrevivido á ese tiempo aciago era para él como
una resurrección. Durante su ausencia en las cárceles europeas
habían perecido la mayor parte de sus amigos y muchos de los que le
habían hecho la guerra cuando estuvo de Presidente de Cundinamarca.
Los que tenían en 1821 el Poder habían sido casi todos jóvenes
insignificantes que en su tiempo no figuraban, y ni siquiera eran
conocidos de él, y otros hasta 1813, cuando él cayó en manos de los
españoles, eran partidarios del realismo, enemigos de la
emancipación, y no se habían manifestado republicanos sino después
de la batalla de Boyacá, cuando se consideró que la Independencia
era un hecho en Colombia y que jamás volverían los peninsulares á
imperar en el país. Estos fueron, en su mayor parte, gratuitos
enemigos del gran patriota, pues envidiaban su fama, sus talentos,
y sobre todo, los servicios que había hecho á la Independencia, de
la cual ellos se habían aprovechado cuando la hallaron ya
establecida.
Algunos de los que, desde que llegó á Cúcuta Nariño, habían
comprendido que podría ser su rival en todos los más altos puestos
públicos resolvieron desde un principio hacerle una guerra cruel y
antipatriótica, disputando con él sin cesar y buscando en su vida
pasada toda suerte de pretextos para calumniarle. Como el
Vicepresidente tenía conciencia de sus méritos y sabía que merecía
toda especie de consideraciones no soportaba fácilmente las
agresiones que le hacían en el seno del Congreso y el irrespeto con
que frecuentemente le trataban aquellos que no le querían bien.
Entre los que naturalmente no podían comprender sus
merecimientos estaban algunos de aquellos extranjeros que habían
combatido en las legiones que ayudaron á Bolívar en su campaña
maravillosa que concluyó con la batalla de Boyacá, Algunos de
éstos, ingleses en su mayor parte, eran hombres de nobles
sentimientos, de educación y de relevantes virtudes; otros eran
aventureros que habían venido al país en busca de una posición que
no tenían en su patria y que, más que todo, buscaban su medro
personal, pero que, con pocas excepciones, todos miraban con cierto
desdén hasta á los hombres más importantes de la República y
pretendían se les recompensara con gran largueza y se les hiciese
los mayores honores, aunque no lo mereciesen.
Se presentó un día al General Nariño la viuda de un Coronel
inglés Jaime English, no se sabe con qué objeto, y como
probablemente ella no comprendía bien el castellano y el
Vicepresidente estaba particularmente ocupado y
|
enfermo,
ella no entendió á las claras las palabras que le dirigió, y salió
muy disgustada de la conferencia á quejarse á uno de sus paisanos,
el irlandés D'Evereux. Era éste uno de los militares que más habían
servido á Bolívar en sus campañas y tenía merecimientos que nadie
negaba; pero era de genio volado y orgulloso. Habia llegado á
Cúcuta en esos días, después de haber tenido que entregar los
hombres que había traído de Inglaterra á la costa, porque rehusaba
someterse al Coronel Montilla por parecerle que era de graduación
inferior á la suya.
|
(5)
D'Evereux había ido á Cúcuta con el objeto de reclamar del
Gobierno colombiano crecidas sumas de su fortuna personal gastadas
en comprar barcos que habían sido confiscados en las costas de
Inglaterra con los reclutas que había conseguido para llevar á Sur
América. Sin duda sus reclamaciones no fueron recibidas con la
atención que esperaba y estaba disgustado con Nariño; así fue que
se aprovechó del supuesto desaire hecho á la señora viuda de
English para enviar al Vicepresidente una insolente carta de
desafío. Este consideró aquella acción como un desacato con la
suprema autoridad que desempeñaba y mandó arrestar al Oficial
inglés, sumirle en un calabozo y ordenó que le siguiesen causa por
irrespetos á la autoridad. D'Evereux apeló al Congreso. Aquéllo
causó gran júbilo á los enemigos de Nariño y, no por defender al
extranjero, que poco ó nada les importaba, resolvieron amparar á
D'Evereux á todas manos. Entre tanto que se disputaba en el
Congreso con grande acaloramiento, unos llamando tirano al
Vicepresidente y otros probando que tenía razón Nariño, se propuso
obrar como él pensaba era justo, y el irlandés continuó preso. Al
fin resolvieron en el Congreso dar un decreto ordenando que
D'Evereux se presentase ante el Cuerpo Legislativo á dar cuenta de
su conducta y á apelar contra los procedimientos del
Vicepresidente.
Semejante orden irritó sobremanera á Nariño, quien contestó que
el Congreso no tenía atribuciones de Tribunal de Justicia y por
consiguiente estaba resuelto á resistir á las órdenes de aquel
Cuerpo Legislativo; y para cortar la disputa envió Con escolta al
campamento del Libertador al General inglés, para que Bolívar
obrase como tuviera por conveniente. Pero cuando D'Evereux llegó á
Venezuela el Libertador había entrado triunfante á Caracas, después
de la famosísima batalla de Carabobo 2°, y no se volvió á hablar de
la prisión del inglés. Probablemente fue puesto en libertad
inmediatamente. En medio de aquel triunfo ¿quién se iba áacordar de
disputas de etiqueta?
|
(6)
¿Obró bien ó mal Nariño en esta cuestión?
El señor Restrepo, testigo ocular de aquel acontecimiento
(puesto que era Diputado en aquel Congreso), dice que este
incidente hizo perder mucho tiempo al Cuerpo Legislativo, introdujo
la división entre éste y el Poder Ejecutivo y causó tanta
irritación en los ánimos que hubo Diputados que pidieron que se
depusiese á Nariño, puesto que no obedecía al Congreso.
Pero la verdad es que el Vicepresidente de Colombia no podía
dejar impune á quien le había irrespetado, ni permitir que le
faltara aquel extranjero, tanto más cuanto que debió saber que éste
había sido azuzado y
|
alzaprimado por sus enemigos personales
quienes buscaban algún pretexto para poner en difícil predicamento
al que envidiaban la alta posición y méritos políticos y personales
que no podían negar.
Estaba tan convencido de la justicia de sus ideas sobre la
manera de gobernar el país, que no cejaba jamás en sus ideas, y
como obraba siempre con sinceridad, hablaba claro y procuraba
imponer su voluntad á los que él consideraba, y lo eran en verdad,
inferiores á él en talentos, inteligencia y estudios, amén de sus
altísimos merecimientos como el primer patriota del país. Esto fue
lo que le captó tantos enemigos.
Sus proyectos de legislación y gobierno no prevalecieron y la
Constitución que se expidió en Cúcuta es netamente centralista,
cuando la suya daba mayor autonomía á los Departamentos que marcaba
con acierto, fijándose particularmente en la orografía del país,
según se lo había aconsejado Humboldt, en París. En aquel Congreso
Nariño contaba con algunos amigos; pero la mayoría de los Diputados
era de enemigos suyos. Aunque los primeros le admiraban y querían,
los segundos le odiaban y ansiaban humillarle, y todos, hasta sus
amigos, le consideraban más bien hombre teórico que de acción;
alejado durante tantos años de la vida práctica, se creía que ya
era incapaz de servir á su país en la administración pública.
Nuestras Constituciones, tan numerosas ya, han resultado siempre
defectuosas y se han considerado, al ponerlas en práctica, tan
inadecuadas. ¿Qué sabemos si la de Nariño hubiera resultado más
apta para esta desdichada República, y si al mirarla con desdén,
como hasta ahora se ha hecho, no hemos cometido un grandísimo
error?
Tres días después de haber despachado al Cuartel General del
Libertador al Oficial inglés, Nariño, cuyas enfermedades se habían
agravado con tan repetidos disgustos, renunció la
Vicepresidencia y se puso en marcha hacia la capital de la
República.
|
(7)
Se comprende que la renuncia de Nariño fué motivo de regocijo
para sus enemigos, y como éstos tenían la mayoría en el Congreso,
el mismo día en que se recibió la renuncia, el 5 de Julio, fué
aceptada y sin perder tiempo practicaron inmediatamente la elección
de otro Vicepresidente interino, nombramiento que recayó en don
José María Castillo y Rada, lo cual fue comunicado á Nariño por uno
de sus más acérrimos malquerientes, don Francisco Soto.
Pocos días después se pasó á nombrar Presidente y Vicepresidente
en propiedad de la nueva República, y como era natural, habiendo
mayoría de enemigos suyos en la Cámara, después de breves
discusiones, salió electo el General Santander para
Vicepresidente.
|
(1)
|
Había muerto en Cúcuta el 13 de Marzo de aquel año.
|
|
(2)
|
El benemérito General Azuola murió también en Cúcuta el 13 de
Abril dejando también vacante el Ministerio á cuya cabeza
estaba.
|
|
(3)
|
Historia ya citada, tomo 2º, página 111.
|
|
(4)
|
Oficio que el General Antonio
Nariño pasó al Congreso:
"Señor:
Aunque me hallo interina y
accidentalmente al frente del Poder Ejecutivo, creo que esta
circunstancia no me priva del derecho que tiene todo ciudadano de
concurrir con su persona, con sus bienes y con sus luces al mejor
servicio de la causa pública. Veintisiete años de meditaciones
continuas en todas las posiciones en que un hombre se puede hallar
en la sociedad, subiendo y bajando desde el estado más abyecto al
más elevado, y desde éste á las mazmorras más obscuras, parece que
me dan derecho á ser oído, cuando se trata de nuestra organización
social, objeto de mis votos y causa de los padecimientos de toda la
flor de mi vida; y mucho más cuando he merecido el honor de ser
nombrado por la Provincia de Cartagena, Representante de este
Soberano Cuerno, no obstante que el todo de las funciones de este
nombramiento sí lo creo incompatible con mi destino actual.
Estas consideraciones me animan á
ofrecer á Vuestra Majestad el fruto de mis padecimientos y del
inextinguible amor de mi Patria, presentándole un proyecto de
Constitución en el momento mismo en que el Soberano Cuerpo va á
ocuparse de asunto tan grave y trascendental. Si los momentos son
críticos, si la guerra existe, si todo el territorio aún no está
libre, estos inconvenientes deben ceder al mayor de todos, cual es
el de vivir sin leyes que nos gobiernen.......... Mas como no sé si
el Soberano Congreso está ya decidirlo á entrar en los pormenores
de una Constitución, ni tendrá por conveniente el que yo presente
mi proyecto, hago sólo la propuesta, sin remitirlo, aguardando su
soberana resolución. Añadiendo que en caso de creer asequible y
justa mi pretensión se me permita presentarla por partes, por no
haber acabado de poner en limpio los apuntes que tengo formados, y
porque si la primera parte que presentaré hasta las atribuciones
del Poder Legislativo no merecieren tomarse en consideración, no
perder el tiempo en ordenar lo que falta poner esta limpio.
|Rosario de Cúcuta, 29 de
|Mayo de
|1821.
ANTONIO NARIÑO."
(Véase
|Precursor, página
511. Allí también se encuentra el trunco proyecto de constitución
que presentó Nariño al Congreso).
|
|
(5)
|
"Sostenido Montilla por el Libertador en la clase de
Comandante General de las Provincias de Cartagena y Santa Marta,
D'Evereux tuvo que someterse. Los soldados fueron agregados al
Ejército, y él permaneció inactivo por conocer el idioma del país,
ni haber mando que pudiera desempeñar según su
graduación." Restrepo, obra citada, volumen 3, página
40.
|
|
(6)
|
Santander, que era amigo de D'Evereux, después de aquel
incidente con Nariño, le nombró Ministro en Rusia y Suecia, pero
parece que no alcanzó á ser recibido en aquellas Cortes. Años
después regresó ciego á Bogotá y en la mayor miseria. Las
Repúblicas de Nueva Granada, Venezuela y el Ecuador le decretaron
pensiones y honores en recompensa de sus antiguos
servicios
|.
|
|
(7)
|
He aquí la nota que paso al
Congreso:
"EL VICEPRESIDENTE DE LA
REPÚBLICA AL SOBERANO CONGRESO:
Señor:
Ha llegado el caso que anuncié á
Vuestra Majestad en mi última comunicación que suplico se traiga á
la vista, y agregando á las razones que en ella expongo la de
hallarme gravemente enfermo
|
(*)
hinchado de medio cuerpo abajo, y en
términos de haberme dicho el facultativo que me asiste que, si duro
aquí diez ó doce días más, tendré que salir
|en guando, hago
mi renuncia de la Vicepresidencia interina, que obtengo por
confirmación de Vuestra Majestad, al nombramiento que en mí había
hecho el Libertador Presidente.
Esta solicitud es tanto más
asequible cuanto que va el tiempo de las elecciones parece que no
debe tardar muchos días y estando los señores Ministros, no sólo
impuestos en los respectivos ramos que les son propios sino en la
marcha del Gobierno en lo que le es peculiar y en los asuntos de
Ocaña, como ramo de Guerra, éllos podrán continuar en el Despacho
inter se hacen las elecciones, despachando cada uno los ramos de su
Ministerio, y juntos los que correspondan al Gobierno, como los
Decretos para la ejecución y cumplimiento de las leyes y Decretos
del Soberano Congreso otros á este tenor.
Espero, pues, que Vuestra Majestad,
en consideración á todas las razones que dejo expuestas y á la
necesidad de trasladarme al seno de mi familia á curarme, con la
buena asistencia que demandan mis enfermedades, se dignará acceder
á mi solicitud, en la inteligencia de que me es absolutamente
imposible continuar en el Despacho de los asuntos del
Gobierno.
Esta renuncia, á que me obliga la
imperiosa necesidad, no puede desviar de mi corazón la gratitud
alto aprecio con que miro la distinción que, tanto el Libertador
Presidente como Vuestra Majestad, se dignaron dispensarme,
elevándome á un puesto en que, confieso con sinceridad, en carga es
superior á mis débiles esfuerzos, pero que ésto mismo debe aumentar
mi reconocimiento. En todo tiempo, recuperada mi salud, debe
Vuestra Majestad contar con mi invariable resignación de
sacrificarme todo entero por mi Patria, en cualquier destino que
sea.
Señor,
ANTONIO NARIÑO."
(*) Dice Restrepo que sufría calenturas
intermitentes, causadas por el clima de Cúcuta.
|