Nariño pierde toda esperanza y se
entrega á los españoles
¡Cuál no sería el dolor, de Nariño cuando después de permanecer
tres días oculto en la montaña de Lagartijas se persuadió de que
los suyos habían huído para no volver y que todos sus esfuerzos,
casi sobrehumanos, habían salido fallidos!
Como le sucedió en 1797 cuando regresó á Santafé descorazonado
por el poco entusiasmo con que sus compatriotas habían recibido sus
ideas de emancipación, aquella vez también perdió repentinamente
toda ilusión, se desconsoló por completo, perdió la fe en la
cooperación de los suyos, al menos por entonces. Se acordó de los
odios, de la envidia que muchos le tenían, creyó firmemente que
aquel abandono del campamento de Tacines era exclusivamente obra de
la traición, pensó que aquellos que habían resuelto retirarse no
era tanto por ese pánico que suele apoderarse de las tropas, aunque
éstas sean muy valientes, sino que como le envidiaban tánto á él,
que les había llevado casi hasta coronar su empresa, ya preferían
que ésta no se llevase á cabo, más bien que verle cubierto de
gloria aclamado por la naciente República. Se llenó su noble
corazón de hondísima indignación y se dejó llevar por la
desesperación. Pero ésta en breve debió de convertirse en una de
aquellas tristezas incurables que nos causa la ingratitud de los
que hemos amado y nos han arrojado á la cara el afecto que les
teníamos para hundirnos en el corazón el puñal del odio no
merecido; una de aquellas tristezas que llevaron á la tumba después
á Bolívar cuando se persuadió de que sus anhelos, sus faenas, sus
sacrificios, no habían producido, el bien de su patria, sino un
estado de desorden y de anarquía, la cual como vidente profético
comprendió que se prolongaría indefinidamente al través de los años
y talvez de los siglos.
Aquellos tres días de martirio debieron de envejecerle años,
marchitar su entusiasmo, secar su espíritu nobilísimo y talvez
hacerle creer que desde su juventud se había extraviado por un
camino sin salida ¿Por qué le perseguía la suerte de aquella
manera? Por qué todas las empresas mejor preparadas tenían siempre
un fin desastroso? Ah! Dios sabía que sus intenciones habían sido
nobles, que jamás había aspirado á otra cosa que no fuera la
justicia, que su anhelo era buscarla para sus compatriotas y dejar
á sus hijos emancipados de una tutela que él consideraba
ignominiosa. Hasta entonces había confiado en sus fuerzas y
mientras que tenía que combatir sólo á sus enemigos no desmayaba,
pero cuando sus amigos le abandonaban y buscaban su salud lejos de
él ah! esto no podía soportarlo. Los que le envidiaban y le habían
hecho la guerra en Santafé y en Tunja iban á mofarse de él y quizás
otros le considerarían responsable de la sangre que se había
derramado en Calibío, en Juanambú y en los demás combates de los
cuales había salido triunfante, pero después de haber sacrificado
preciosísimas vidas. Sí, más valía la muerte antes de oír aquellas
injustas reconvenciones, pero no la muerte del cobarde suicida sino
la del héroe que entrega su existencia para alcanzar el bien de su
patria..........
Llegó la tercera noche y viéndose moribundo dentro de aquel
bosque lúgubre, lleno de precipicios, lejos del mundo, sin
esperanza de volver á ver á los suyos, muerto de hambre y de fatiga
resolvió volver sus pasos hacia Pasto; pero estaba perdido en medio
de la maleza, sin sendas y empezó á buscar algún camino para salir
de allí; al fin se encontró con un indio á quien ofreció una
propina para que lo llevase á la ciudad. Nariño se acordaba que
Caldas le había referido, sin duda, cómo pocos años antes había
tratado al General Melchor de Aymerich, entonces Gobernador en
Cuenca, quien le había tratado con atención;
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(1)
quizás este español le oiría
antes de fusilarle, lo cual tenía seguridad de que haría una vez
que se presentase á él, como era su intención.
En la vía se le unió un soldado y todos tres se dirigen á la
casa del Jefe de las fuerzas realistas. ¡Cuál no sería la sorpresa,
el asombro y la alegría de éste cuando vió en su poder al hombre
más temible entre los insurgentes! Pero este hombre después de
declarar su nombre estaba desfalleciendo, moribundo, sin fuerzas
para hablar; fué preciso, antes de remacharle los grillos y sumirle
en un calabozo darle alimento para que no muriese de inanición.
Pero si el Jefe realista se alegró en el alma con aquella presa,
los bárbaros pastusos llenos de rencor y de rabia querían su muerte
inmediata
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(2)
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y recorrían las calles y plazas pidiendo su cabeza.
En la prisión á que fué llevado, dice Vergara y Vergara, el
Oficial de guardia era español y no le conocía, y hablaba con él
seducido por sus distinguidos modales; en la conversación nombró á
Nariño, deseando que pudiese verle, como al hombre más malo, para
matarle.
-"Yo soy Nariño contestó el prisionero.
"A pocos momentos, sonó un tumulto en la calle; el
pueblo de Pasto pedía á gritos la cabeza de Nariño. El Oficial,
convertido instantáneamente en amigo del hombre que tánto había
odiado, se manifestó alarmado por la vida del preso; éste le pidió
que le permitiese salir al balcón para hablar con los que pedían su
cabeza. Talvez el Oficial vió un buen recurso en esto, porque sabía
por experiencia personal, cuán poderosas armas y defensa tenía el
prisionero en su mirada y en su voz. Salió el preso al balcón, y
habló Momentos después se retiraba el pueblo silencioso y
conmovido.
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(3)
Entre tanto que dejaba tiempo á su prisionero para que
recuperara fuerzas para contestar á las preguntas que pensaba
hacerle, Aymerich dirigía el siguiente oficio al Presidente y
Capitán General de la Provincia de Quito:
"Excelentísimo señor:
Acaban de presentarme al caudillo de los santafereños, don
Antonio Nariño, á quien voy á formarle su correspondiente causa por
medio de abogado, para proceder á lo que haya lugar y convenga en
justicia, según el mérito de ella. Los ciudadanos fieles de este
Pasto piden no salga de aquí, lo que pongo en conocimiento de
Vuestra Excelencia.
Dios guarde á Vuestra Excelencia muchos años.
MELCHOR AYMERICH."
Montes le contestó que después de haberle interrogado
prolijamente acerca de la situación militar y proyectos de los
patriotas, debería ponerle en capilla á la mayor brevedad, y más
tarde le ordenó que le hiciese decapitar.
Sinembargo, esta sentencia no se llevó ó efecto, no ciertamente
por humanidad y mucho menos, como tantas veces se ha repetido,
porque le fascinasen los méritos y cualidades de Nariño, sino
porque en aquellos momentos llegó á sus manos una nota del patriota
General Leiva en la cual le notificaba que si sacrificaba á su
prisionero morían irremisiblemente de la misma manera los presos
españoles que los patriotas tenían en sus manos, y le proponían
canjear todos éstos en cambio de Nariño y de otros presos que había
en Quito.
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(4)
Este
canje no se logró, pero sí que se permitiese á Nariño escribir al
Congreso y al Presidente de Cundinamarca proponiendo que ajustasen
un armisticio por diez y ocho meses, entre los Ejércitos
beligerantes, mientras que se ponían en claro las cuestiones
políticas de España y del resto de América.
Entre tanto que se recibía la contestación de Santafé, Nariño
permaneció en Pasto víctima de estrechas prisiones y oyendo sin
cesar las vociferaciones de ese pueblo que le odiaba y no se
cansaban de pedir su muerte.
Según dice el historiador Restrepo, la desgracia de Nariño,
aunque hondamente lamentada en Cundinamarca, no lo fué por los
federalistas, pues éstos en su ceguedad sólo pensaban en sus odios
de partido y en que se fundase en la naciente República una
federación, olvidando completamente la delicadísima situación en
que se hallaba la causa de la Patria amenazada en todas direcciones
por los Ejércitos realistas.
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(5)
Hizo el Congreso, empero, todo esfuerzo para rescatar al
prisionero antes de recibir la nota de Nariño en que decía que se
podía conseguir una suspensión de hostilidades por diez y ocho
meses y envió un oficio á Montes anunciándole que estaba prisionero
en Venezuela el Mariscal de campo Cajigal, Jefe español de gran
nombradía, proponiendo canjearle por Nariño. Como desgraciadamente
aquella noticia resultó falsa, encallaron los preliminares
iniciados acerca del canje del Presidente de Cundinamarca, y en
cuanto á la suspensión de armas que éste había logrado que
aceptasen los realistas tampoco tuvo efecto, con motivo de la
lentitud con que obraban los patriotas, de manera que cuando llegó
á Pasto la respuesta del Congreso aceptándola, Nariño ya no estaba
en Pasto (en donde había permanecido preso trece meses!) ni en
Lima, ni en el Callao, y ya iba embarcado con dirección al Cabo de
Hornos.
Todo el que haya navegado en buque de vela podrá comprender
cuáles serían los sufrimientos del desdichado santafereño metido en
un navío asqueroso, encadenado, probablemente enfermo, é insultado
por los marineros y escolta, durante los seis meses de navegación,
desde el Callao, por el Cabo de Hornos, hasta Cádiz á donde llegó
el 6 de Marzo de 1816.
No iba sinembargo solo: le acompañaba el Obispo de Quito, el
Ilustrísimo señor Cuero, y el doctor Francisco Rodríguez Soto,
también Presbítero quiteño y Tesorero de la Catedral de Quito, por
quienes los patriotas de Popayán habían ofrecido canje y no habían
podido obtenerle.
Cuatro años mortales permaneció Nariño encadenado y sumido en
estrechas prisiones en Cádiz, en la llamada Cárcel real, que se
encuentra hoy día reconstruída en el interior de la ciudad.
La Carraca es un presidio que se encuentra en el fondo de la
bahía de Cádiz, cuyos edificios rodeados de agua servían para
encerrar los prisioneros de guerra más peligrosos: allí languidecía
hacía años ya el héroe venezolano don Francisco Miranda, el cual
debía morir tres meses después abandonado del mundo y, lo que es
peor, renegando de su religión, rechazando al sacerdote español que
le ofrecía los auxilios espirituales.
"Hijo de un siglo (dice su biógrafo don Ricardo
Becerra) que la historia nombra con razón el siglo de Voltaire,
Miranda no fué nunca un creyente en el sentido práctico y
disciplinario de la palabra."
Varias veces durante su cautiverio Miranda había intentado
fugarse, auxiliado por amigos de fuera con quienes había logrado
entablar correspondencia, pero aquellos proyectos siempre habían
fracasado. No sabemos si Nariño tuvo alguna vez tales intenciones,
probablemente no, puesto que jamás lo dijo.
El General José María Vergara, cuando llegó á Europa á
principios del año de 1820 enviado por Bolívar, pensó en hacer
esfuerzos para proporcionarle salida de la prisión, pero ni lo
intentó siquiera por falta de los recursos necesarios. El creía
sinembargo que se hallaba preso en la
|Carraca.
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(6)
Apesar de sus prisiones parece que al General Nariño se le
permitía escribir y probablemente le permitirían leer, puesto que
parece que en la prisión elaboró un proyecto de Constitución para
su patria el cual soñaba en presentar á sus conciudadanos si acaso
algún día conseguía esa libertad por la cual tanto había
sufrido.
Hacía siete años que ignoraba totalmente cual había sido la
suerte de los suyos y desde que salió de Pasto no tenía noticias
políticas de su patria, ni la menor idea de lo que estaba
sucediendo en España y en el resto del mundo.
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(1)
|
Véase
|Semanario de la Nueva
Granada, reimpreso en París en 1849, por el Coronel J. Acosta,
página 480.
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|
(2)
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En el Diario de operaciones
militares de Aymerich, se lee lo siguiente:
..... El 14 ha sido el día de mayor
gloria para las armas del Rey, este fiel pueblo de Pasto y las
tropas reales con la prisión del caudillo de los insurgentes de
Santafé, don Antonio Nariño, quien se presentó á un soldado y á un
indio, en uno de los montes del camino del Campo de
|Lagartijas. El General de este Ejército, Mariscal de Campo,
don Melchor Aymerieh, con su acostumbrada generosidad y grandeza de
alma, le ha hecho alimentar por el desfallecimiento en que venía, y
después de haber comido separadamente, mandó se le condujese á la
prisión de seguridad en que debe permanecer hasta que le forme la
correspondiente causa para decisión de su suerte.
(Véase
|Precursor página
435).
|
|
(3)
|
|Historia de la literatura, página 428.
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|
(4)
|
RESERVADO
Excelentísimo señor:
En el momento en que iba á poner en
ejecución la orden de Vuestra Excelencia para la decapitación de
don Antonio Nariño, evacuadas las preguntas indicadas en oficio
reservado, de 23 del próximo pasado, he recibido la contestación de
la intimación que hizo á don José R. de Leiva, política y
militarmente, cuyos papeles originales adjunto para inteligencia de
Vuestra Excelencia, como tenía ofrecido. Con este motivo me he
asociado conferencialmente con el Coronel don Tomás de Santacruz,
quien es de dictamen suspenda la deliberación hasta segunda
disposición, para que Vuestra Excelencia con vista de estos
documentos, resuelva si se ha de realizar el castigo. El mismo
Coronel Santacruz me encarga apunte á Vuestra Excelencia á su
nombre, medite bien el asunto de tanto momento y tenga en
consideración el riesgo que quedan corriendo nuestros prisioneros,
la fermentación de aquel obstinado partido y cuanto ha manifestado
en su oficio de contestación. Por mi parte me mantengo aguardando
la pronta vuelta de este propio para cumplir con lo ordenado.
Dios guarde á Vuestra Excelencia
muchos años.
MELCHOR AYMERICH.
Pasto y junio 4 de 1814.
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(5)
|
"La prisión de Nariño no
fué sensible á la mayor parte de los federalistas; creían que
Cundinamarca abandonaría por fin sus antiguas pretensiones
uniéndose á las demás Provincias."
(Restrepo, tomo 1º, página
261).
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|
(6)
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Miranda murió el 14 de Julio de 1816.
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