Las Guerras civiles continúan entre
los patriotas
Como dijimos en el anterior Capítulo, la capital se encontraba
en el mayor desorden durante la ausencia del Presidente Nariño. El
poder había quedado en manos inexpertas y nada apropiadas para tan
delicado cargo y cuando los espíritus de todos los santafereños se
encontraban agitados por ideas contrarias.
Dos caballeros, muy honorables por cierto, eran los que regían
la ciudad, ó saber: don Luis Ayala, hermano de uno de los
principales Oficiales que se habían levantado contra Nariño, y un
anciano, de rancias costumbres, metódico y pacífico, don Manuel de
Castro, hermano del cándido don Justo, que se había dejado derrotar
en Charalá por no hacer fuego sobre las mujeres que salieron á
atacarle defenderse, dijo, hubiera sido acción poco galante con el
bello sexo.
|
(1)
Estos dos gobernantes se aterraron no sabían qué hacer con el
revoltoso pueblo de Santafé que combatía en calles y plazas en
favor unos, y en contra otros, de la Federación que se consideraba
victoriosa, con motivo de los combates incruentos ocurridos en el
Norte.
Al tener noticia de estos asuntos Nariño se puso en marcha de
regreso, con grandísima precipitación y llegó á Santafé, en donde
fué recibido con grande entusiasmo por el pueblo de la capital, el
cual, como hemos dicho, le idolatraba, y sólo tenía enemigos entre
ciertos personajes que envidiaban su influencia y popularidad, y
entre los realistas que veían en él el mayor enemigo que tenían en
el país.
En breve la paz volvió á reinar en Cundinamarca y tal parecía
como silos tratados firmados con los miembros dicidentes del
Congreso hubieran de dar un feliz resultado. Se había convenido en
que el Cuerpo Constituyente se reuniese en la Villa de Funza, para
evitar disgustos y desórdenes en la capital, pero los miembros del
Congreso rehusaron conformarse con esta disposición y resolvieron
reunirse en la Villa de Leiva, bajo Pretexto de que Nariño era
detestado en las Provincias del Norte y demasiado querido en
Cundinamarca, Y por consiguiente ejercería presión en las
deliberaciones del Congreso.
Ante semejantes disgustos y viéndose el blanco de los odios de
los que compartían con él el poder, Nariño creyó que sería
imposible atender debidamente á la defensa del país, de los
Ejércitos españoles que avanzaban, entre tanto que los ilusos
revolucionarios se ocupaban nada más que en cuestiones personales,
y para quitar todo pretexto á los que rehusaban ocuparse de los
gravísimos negocios públicos, Nariño hizo formal renuncia de la
Presidencia ante el Senado, pocos días después de su regreso del
Norte.
"Todo el mundo sabe, dijo, lo que he tenido que padecer en mi
reputación y la serenidad con que he sobrellevado los insultos, las
desvergüenzas, las groseras imputaciones y hasta las conspiraciones
que contra mi persona se han formado. La salud de la patria ha
ahogado en mi corazón las más leves impresiones y resentimientos:
la memoria de tantos años de padecimientos por la felicidad del
suelo que me vió nacer me animaba á arrostrar nuevos trabajos
creyéndolo ya libre del principal escollo y cerca de la costa para
escapar del naufragio. He cumplido con Dios y con mi conciencia
hasta donde han alcanzado mis débiles luces, y dejo al tiempo que
me vindique de las negras imposturas con que se ha manchado mi
nombre y hasta mi bien acreditado patriotismo.......... Con estos
principios me he sostenido en medio de la borrasca, creyendo poder
salvar mi patria: va su suerte está en otras manos, conforme á la
voluntad general, y mi permanencia al frente del Gobierno de
Cundinamarca va á ser un obstáculo para su sostenimiento y quizá
aproxima su ruina por el odio universal que se ha tratado de
inspirar al Reino entero contra mi persona y modo de pensar. No voy
á dejar el mando por debilidad en medio de los peligros, nó; va
dejo establecida la tabla, que, según la opinión común, nos ha de
salvar; y antes bien, voy á dejar mi empleo cuando mi permanencia
en él puede ser muy perjudicial á la marcha pacífica de las
corporaciones y del soberano Congreso. A todo cuanto hago y cuanto
digo se da una siniestra interpretación, y el Congreso mismo
dictará, talvez, providencias contrarias á la prosperidad de la
Provincia por animadversión al Presidente que la
gobierna."
El Senado admitió la renuncia de Nariño, creyendo sin duda que
de esa manera se volvía la calma á los espíritus, y
|probablemente también consideraron a sus émulos que se había
apartado de su lado el hombre que les hacía sombra.
Nariño se retiró á su quinta de Fucha desengañado y triste, no
porque le hiciese falta el poder, sino porque él, con su claro
talento, comprendía que el que le sucedía bajo el solio, nada menos
que el tímido don Manuel de Castro, no sería jamás capaz de
gobernar un pueblo tan indómito y tan amante de la bulla desde que
se consideró libre é independiente, pues antes de 1810 vivía sumiso
á las autoridades españolas, pero descontento y listo para
levantarse contra ellas. Va lo hemos dado á entender repetidas
veces, no se tenía en tiempo de la colonia aquella tranquilidad y
marasmo que se ha dicho; el pueblo, ó más bien la clase media de
Santafé, que el pueblo bajo estaba, como ahora, embrutecido y no
tenía opiniones ningunas; la clase media fué siempre bullanguera,
amante de novedades y siempre mal satisfecha con los que le
mandaban.
Uno de los motivos de la renuncia de Nariño había sido el deseo
que tenía de que el Congreso se reuniese, como era natural, en
Santafé, el lugar más civilizado y culto que había en el país, pero
éste resolvió que tendría sus sesiones en la Villa de Leiva, y en
lugar de obligar al General Baraya que marchase contra los
realistas que estaban dueños de Pamplona, permitieron ó alentaron á
dicho militar para que escribiese un oficio injurioso al encargado
del Poder Ejecutivo, avisándole que iba á marchar con sus tropas en
vía para Santafé, en donde, decía, se preparaban para volver atrás
en el camino de la libertad y reconocer de nuevo á las autoridades
españolas. Baraya fingía que iba á sostener el gobierno de Castro,
pero la verdad era que aquello no probaba sino que deseaba á todo
trance destruir por completo al partido centralista de Cundinamarca
y apoderarse del mando supremo, el cual consideraba que estaba en
débiles é inexpertas manos. Castro contestó que no necesitaba de
los ofrecidos socorros de Baraya y que su venida á Santafé era
inútil. Pero aquella respuesta disgustó sobre manera á los que
sabían que Baraya avanzaba ya en vía para Santafé que el Gobierno
sería incapaz de dictar medidas enérgicas para impedir que Baraya
se apoderase de la capital.
Estimulados los santafereños por los amigos entusiastas de
Nariño, á quien consideraban el único hombre capaz de salvar la
situación, enviaron una comisión al señor de Castro, manifestándole
que debería á todo trance dimitir su cargo y que el Senado
restituyese á la Presidencia á don Antonio Nariño, como no pedía el
pueblo, los empleados y la tropa de Cundinamarca.
Apesar de que en un principio Nariño rehusaba abandonar su
quinta para regresar á Bogotá, fué tal la presión que le hizo la
población entera, que rodeaba su mansión victoreándole, que al fin
convino en asumir el pesado cargo que menos de un mes antes había
entregado.
Naturalísimo tiene que ser que Nariño se sintiese satisfecho al
verse amado de aquella manera por sus compatriotas, por cuya
felicidad, según él creía, había sacrificado la suya cada vez que
su patriotismo se lo exigía.
"Al entrar á la plaza mayor, dice el señor Groot, se
redobló el entusiasmo al hacerle la tropa, que allí estaba formada,
los honores, rompiendo á un tiempo el toque de las cajas y bandas
de música. Los
|carracos (federalistas) habían desaparecido
todos: unos estaban encerrados en sus casas y otros en las celdas
de algunos frailes amigos, porque creían que aquello había de parar
en mal para ellos. Los centralistas se mostraban por todas partes
ufanos y contentos, pues que se había sacudido de aquel pesado
letargo en que se hallaba hacia algunos días, esperando la ley que
le diera el enemigo, que al ver el mando en manos de don Manuel B.
de Castro y á Nariño separado de los negocios públicos, cantaba ya
victorioso.......... Ya en Palacio, Nariño salió al balcón; al
punto se levantó la vocería en la plaza aclamándolo Presidente con
vivas repetidos. El hizo seña de silencio para hablar y al punto
calló todo el mundo. Nariño habló en el sentido de que se retirasen
todos á sus casas y cuarteles asegurándoles que todo se resolvería
con decoro y circunspección. Pocos minutos después se había
despejado la plaza, los ánimos se habían calmado y la ciudad estaba
en sociego.
El Senado no solamente reintegró á Nariño en su empleo, sino que
le dió facultades omnímodas de Dictador en realidad, para que
obrase como lo tuviera por conveniente, suspendiendo la
Constitución en vista del peligro.
El 12 de Septiembre Nariño hizo publicar por bando la noticia de
que á petición del pueblo y del Ejército el Senado había creído
conveniente entregarle el mando absoluto del Estado. Ordenaba que
todos los empleados prestasen juramento al nuevamente constituído
Gobierno y daba otras órdenes para la buena andanza del Estado.
Algunos días después, al saberse que Baraya preparaba una
expedición contra Cundinamarca que había ofrecido entrar á fuego y
sangre á la capital, mandó Nariño que se aprestasen todos á repeler
la invasión, y que todos los hombres de armas tomar se presentasen
al Gobierno para clasificarlos y formar batallones.
La situación de Nariño nada tenía de halagüeña; además del
enemigo interno que había que repeler, los españoles realistas
obtenían mí diario nuevas ventajas, tanto en el Sur como en el
Norte y en las costas atlánticas; á esto se añadía que el gobierno
cundinamarqués carecía de fondos para levantar los Ejércitos que se
necesitaban para atender á estas necesidades urgentísimas.
Triste es recordarlo! pero se pensaba mucho más en las
cuestiones de federalistas y centralistas que en la gravísima
situación de los independientes. En Cundinamarca gobernaba Nariño
como Dictador, en Tunja gobernaba el Gobernador Niño, también como
Dictador, en la Villa de Leiva el Congreso no era menos y Baraya
con el ejército tenía igual autoridad. Sin embargo todos ellos eran
hombres patriotas, que tenían las mejores intenciones posibles,
pero estaban ofuscados y una vez que se habían declarado
independientes y libres no cedían ante ninguna ley que pudiera
lastimar su amor propio.
En medio de aquel desorden el Congreso pretendía dar órdenes á
Cundinamarca, que ésta no obedecía, y los espíritus Ilegaron á tal
efervescencia que Nariño vejado, despreciado é insultado por los
federalistas, resolvió declarar á Cundinamarca dueña absoluta de
sus destinos, independiente del Congreso, por cuanto que éste había
faltado á sus pactos. Pero no obstante de que gozaba de las
facultades extraordinarias de que había sido investido por el
Senado, el Presidente convocó á una Junta general compuesta por el
clero secular y regular y los padres de familia, además de los
empleados, etc., la cual debería deliberar libremente acerca de las
medidas que se debe.. rían tomar, en vista de la guerra que el
Congreso había por cuanto había declarado á Cundinamarca si ella no
se le sometía ciegamente. Allí se declaró que Nariño debería
continuar en el puesto que tenía y que de ninguna manera se
doblegarían los cundinamarqueses á las exigencias del Congreso.
A pesar de la fama de las ideas libres pensadoras que tenía
Nariño, se vió rodeado entonces por la mayor parte del clero y
recibió entusiastas felicitaciones hasta de las monjas de Santa
Inés y la Concepción.
Nariño entonces decretó un empréstito voluntario sobre el
comercio, de ochenta mil pesos, y era tal la popularidad y la
|confianza que le tenían que al cabo de dos horas se habían
reunido ciento doce mil pesos, que le fueron entregados para gastos
urgentes.
Entretanto, para acabar de ganarse al clero y á la gente
piadosa, Nariño decretó que se mandasen recursos al Arzobispo señor
Sacristán, que se hallaba detenido en la costa, como a dijimos, por
sus opiniones realistas y se le proporcionasen todos los medios
para que subiese á Santafé.
Aquella, fué medida que puso de parte de Nariño hasta los mismos
españoles realistas que se encontraban en Santafé, y tanto éstos
como todos los ciudadanos de toda suerte y condición ofrecieron sus
servicios para hacer parte de las tropas que debería llevar consigo
Nariño para combatir la invasión de Baraya.
El Congreso se había trasladado á Tunja cuando Nariño salió el
26 de Noviembre
|
(2)
á atacar á Ricaurte, que avanzó con quinientos hombres hasta el
lugar llamado Venta-quemada; se replegó después hasta un alto
llamado de la Virgen y allí aguardó el ataque de las tropas de
Nariño.
Las tropas de Cundinamarca iban comandadas, no por Nariño, que
hasta entonces no había desplegado sus dotes militares, sino por el
mismo General que antes había sido derrotado por Baraya, don José
Ramón de Leiva.
Cuatro días después de haber salido de Santafé, Nariño hizo
repartir por todas partes la siguiente proclama, la cual sin duda
ya llevaba preparada.
"EL CIUDADANO ANTONIO NARIÑO, PRESIDENTE DEL ESTADO DE
CUNDINAMARCA, Á LOS HABITANTES DE LA PROVINCIA DE TUNJA.
"Ciudadanos: las tropas del Estado destinadas á arrojar de la
Nueva Granada á los enemigos de nuestra libertad, se ven precisadas
á remover los obstáculos que se oponen á sus marchas. En vuestro
territorio se hallan los autores de los males que os amenazan ya de
cerca con una guerra sangrienta; las armas de Cundinamarca vienen á
arrojarlos de vuestro seno, y á establecer con vuestras familias,
la paz y el sociego que gozan las suyas á la sombra de un Gobierno
que sus enemigos llaman tiránico. No os alarméis con la proximidad
de las tropas: la moderación, la prudencia y algunos sacrificios
inevitables, os pondrán á cubierto del azote de la guerra, y
podréis permanecer tranquilos en vuestras labores y ocupaciones
domésticas.
Pero si, por el contrario, obstinados quisiereis tomar parte en
las hostilidades contra los soldados de Cundinamarca, imputáos á
vosotros mismos los males que os sobrevengan: seréis tratados, como
verdaderos enemigos: vuestros bienes y vuestras personas pagarán
vuestra temeridad.
Ministros del Santuario! yo os conjuro en el nombre del Dios de
la paz
|; ved como os portáis. La sangre que se va á derramar
caerá sobre vuestras cabezas, si separándoos del espíritu del
Evangelio no exhortáis á vuestros feligreses á la fraternidad y
unión que debe estrechar por todos títulos á los moradores de Tunja
con los habitantes de Cundinamarca.
"Contemplad por un momento los males en que se van á
ver envueltos esos pueblos por sostener un capricho infundado y
advertid si vuestro santo ministerio debe emplearse en encender el
fuego de la discordia, que os conducirá á todos al llanto y á la
desolación.
Campo de las Ovejas, 30 de Noviembre de 1812.
ANTONIO NARIÑO."
|
(3)
No puede negarse que esta proclama, más que de reconciliación es
de amenaza, y amenaza no tanto á los que se opusieran por la fuerza
á su entrada en són de guerra á la Provincia de Tunja, sino á los
curas y los religiosos que tenían influencia sobre los espíritus de
sus feligreses. En esto erraba Nariño, porque las amenazas en lugar
de evitar el derramamiento de sangre lo provoca. Pero también hay
que reflexionar que el Presidente de Cundinamarca estaba hastiado
de los insultos que le hacían los federalistas, los cuales le
imputaban las miras más viles y más deshonrosas y que sabía que el
clero de aquella Provincia era el que más le cubría de
improperios.
Veamos ahora lo que sobre aquella guerra fratricida escribieron
algunos de los que la presenciaron ó al menos vivían en Santafé en
aquella época.
Empezaremos por trascribir algunos párrafos de los del
MANIFIESTO que de su conducta presentó el mismo Nariño al Congreso
cuando terminó la guerra.
El Ejército de este Estado (Cundinamarca) comandado en Jefe por
el Brigadier don José de Leiva, y con el cual quiso ir el actual
Presidente, marchó felizmente hasta el sitio llamado Nemoconsito,
donde se acampó la noche del 1º de Diciembre, sin que en el
tránsito hubiera habido otra novedad que la pequeña acción y
derrota del destacamento que el enemigo tenía en Hatoviejo. Al
siguiente día siguió aquél sus marchas, después de haber sufrido
una noche penosa por la lluvia continuada que hubo en toda ella, y
habiéndose recibido en el camino avisos de que se acercaban en
Divisiones las tropas del Congreso, hubo necesidad militar de que
las nuestras, para impedir la reunión de aquellas y lograr batirlas
divididas, en cuyos términos era más segura la victoria, menor el
estrago por una y otra parte, y aún probable el que se consiguiera
una capitulación honrosa, que al paso que pusiese á Cundinamarca á
salvo de los peligros que la amenazaban, evitase las funestas
consecuencias de la guerra civil. Estas consideraciones, pues,
obligaron á disponer que nuestro Ejército, el 2 de Diciembre,
avanzase precipitadamente hacia el sitio de Venta-quemada, en donde
se hallaba la 1º División del enemigo. Llegó en efecto á él, y
éste, que tenía conocimiento del terreno, y que sabía los lugares
ventajosos donde podía situarse, procuró engañar á nuestras tropas
con falsas retiradas hasta conducirlas á un punto, en que
dominándolas, y pudiéndolas batir con la artillería que tenía
oculta, le era fácil destruírlas, por mucho que fuese su valor y su
número. En él, cuando sólo teníamos un obús, por haberse quedado á
la retaguardia las demás piezas, se empeñó una acción á las cuatro
de la tarde, que los soldados de Cundinamarca sostuvieron con
heroica animosidad, á pesar de las ventajas que sobre ellos tenían
su contrarios; pero que las sombras de la noche, la falta de
artillería, el cansancio producido por una marcha redoblada sin
haber tomado alimento en todo el día, el ningún conocimiento
práctico en el terreno, y en fin, otra multitud de circunstancias
que la estrechez de este manifiesto no permite referir, hicieron
que nuestras tropas no lograsen el triunfo que deseaban y que
abandonasen el campo de batalla, al mismo tiempo que las del
enemigo, sin que éstas ni aquéllas quedasen vencedoras, y sin que
ni una ni otra parte hubiese pérdida que pudiera debilitarla y
aumentar la fuerza de su contrario, pues así es preciso confesarlo
en obsequio de la verdad, por más que Baraya, Ricaurte y sus
partidarios se hayan empeñado en persuadir que consiguieron una
victoria completa sobre nosotros, y que quedaron abandonados en el
campo, fusiles, pertrechos y artillería que llevábamos, falsedad
que no necesita de convencerse, pues el pueblo de Santafé ha visto
entrar á nuestras tropas con todo el armamento que de aquí sacaron,
á excepción de algunos pedreros y obuses que fué preciso abandonar,
porque no hubo quien los arrastrara, pero que no puede el enemigo
gloriarse de haber tomado en la acción."
|
(4)
He aquí lo que dice el historiador don J. Manuel Restrepo,
miembro entonces del Congreso por el Estado de Antioquia.
|
(5)
....."Una columna de quinientos hombres (al mando de
Ricaurte) con cinco piezas de artillería se avanzó hasta la aldea
de Venta-quemada. Adelantándose rápidamente las fuerzas de Nariño,
las avanzadas de Ricaurte tuvieron que replegarse, situándose toda
la vanguardia en el punto llamado Alto de la Virgen; allí se le
obligó á empeñar el combate el 2 de Diciembre á as cuatro de la
tarde. El fuego se sostuvo con viveza por una y otra banda hasta
las seis y media, en que los soldados de Nariño comenzaron á
desordenarse retirándose hacia Venta-quemada. Nada pudo contenerlos
en la fuga
|, que emprendieron aquella misma noche, dejando en
el campo cuarenta muertos, cincuenta prisioneros y diez piezas de
artillería, con algunos fusiles y otros útiles de guerra. Ricaurte
tuvo muy poca pérdida Después de este combate indecoroso para las
armas de Cundinamarca, Nariño marchó á la capital á fin de
conservar el orden público. Muchos Oficiales se dispersaron
también; pero el Brigadier Leiva reunió los restos de la División é
hizo una marcha retrógrada lo más ordenada que le fué posible, sin
que Ricaurte le persiguiera."
El historiador don J. M. Groot, después de referir casi en los
mismos términos que Restrepo la derrota de las tropas de Santafé,
añade:
.....''El General Leiva á fuerza de valor y habilidad militar,
logró contener la dispersión y retirarse en orden con casi toda la
infantería. Un escuadrón de
|orejones de los pueblos, que
estaba á retaguardia, no paró esa noche hasta Santafé, con tan
precipitada carrera, que por el camino dejaron un largo reguero de
ruanas y pellones (de que entonces usaban sobre las sillas). Nariño
voló también hacia la capital, á impedir el trastorno que pudiera
originar la noticia de la derrota, porque los
|carracos
(federalistas) á pesar del pueblo que tenían en contra, y á pesar
del temor que les imponía el Tribunal de Seguridad pública que
había dejado Nariño con un buen reglamento, siempre trataban de
aprovechar las Ocasiones favorables para alzar la cabeza.''
|
(6)
En las memorias de un
|Abanderado de don José María
Espinosa, quien tuvo parte en todas las campañas de Nariño,
encontramos el siguiente párrafo, que pinta gráficamente la
conducta que observó el Presidente de Cundinamarca aquel día.
.....''El combate duró desde las cuatro hasta las seis de la
tarde. A esa hora se resolvió que nos retiráramos á Venta- quemada
para pasar allí la noche, pero al ver este movimiento cargó sobre
nosotros todo el grueso del Ejército, y como nuestra tropa era en
su mayor parte de reclutas, se desconcertó y comenzó á entrar en
confusión. Viendo esto el General Nariño, cuyo valor y serenidad
eran imponderables, se dirigió á mí para arrebatarme la bandera;
pero yo me resistí á entregársela porque sabía por las ordenanzas
militares, que me leían todas las noches en el cuartel cuando entré
á servir, que un Abanderado no debe entregar la insignia ni aún al
mismo General en jefe del Ejército, y que solamente en caso
desgraciado puede darla á un sargento ó cabo. Indignado el General
Nariño de mi resistencia, me echó el caballo encima y, dándome con
él un empellón, me tiró por tierra, se apoderó de la bandera, y en
alto comenzó á gritar: "Síganme muchachos!" Pico
espuelas al caballo y se dirigió á la gente que venía más cerca;
pero viendo que muy pocos le seguían, y que el único que iba pie
con pie era yo con su caballo, en solicitud de mi se detuvo y me
dijo: " Somos perdidos! Tome usted esa bandera y
vuélvase!".......... Nada se pudo organizar; pues la
dispersión fué completa.
|
(7)
|
(1)
|
|Historia eclesiástica, ya citada volumen 2º página
272
|.
|
|
(2)
|
Los historiadores dicen que salió
de Santafé el
|23 de Noviembre, pero no fué sino el 26 como
consta del siguiente documento:
Don Antonio
Nariño, Presidente del Estado de Cundinamarca, etc.
"Precisado á separarme por
algún tiempo de esta capital, con el justo designio de libertarla y
salvar la Patria, de los males que nos preparan nuestros enemigos
de dentro y fuera del Reino, á que me creo obligado ocurrir
personalmente por corresponder á la confianza que he debido á este
generoso pueblo, como por cumplir con mis reiterados ofrecimientos
de adelantarme á los peligros, he tenido por conveniente, durante
mi ausencia, delegar las facultades del Gobierno á mí conferidas,
para que en la capital y demás pueblos de su comprensión se
conserve el buen orden, tranquilidad y administración pública á que
únicamente se dirigen mis desvelos. A este fin y debiendo precaver
el inconveniente de que acaso se frustrase esta delegación, si
recayendo en solo una persona sobreviniese ó ésta algún accidente
que la inhabilitase para su desempeño, me ha parecido lo más
oportuno formar una Junta de Gobierno compuesta de cinco sujetos
que por su reconocido patriotismo, probidad y luces, tengan la
aceptación pública. En este concepto, he nombrado á don Felipe
Vergara, actual Secretario de Estado y Guerra, que será el
Presidente de ella,
|
á
|
don Juan Dionisio Gamba,
Secretario de Hacienda, á don José Ignacio Sanmiguel, que lo es de
Gracia y
|
Justicia, á don Manuel Camacho Quesada y a don José
María Arrubla; á los tres primeros con los sueldos que actualmente
gozan; á los dos últimos con la misma dotación de cien pesos
mensuales, despachándose las Secretarías por los respectivos
Oficiales Mayores como habilitados naturalmente para ello; y con
declaración que en caso de absoluto impedimento físico ó legal de
alguno ó algunos de dichos miembros, han de continuar los restantes
ejerciendo las funciones de Gobierno; que las provisiones de
empleos que sean urgentes se hagan previo el requisito de
propuestas por quien corresponda, en calidad de interinos; y que en
los casos extraordinarios de mucha gravedad, como franquear armas,
pertrechos ó caudales para fuera del Estado, no se proceda sin mi
acuerdo, ni tampoco en los que puedan influir en substancial
innovación del Gobierno.
En consecuencia espero que á las
repetidas pruebas que este pueblo y los demás de la Provincia me
han dado de suadhesión á mi persona y por quienes hago estos
sacrificios, añadan la de obedecer y respetar á las personas que
actualmente dejo encargadas del Gobierno, contribuyendo todos y
cada uno por su parte á mantener la tranquilidad y buen orden, que
sólo puede salvarnos en las críticas circunstancias en que nos
hallamos, y que de lo contrario nos distraerían ó apartarían del
importante objeto que me obliga á separarme de la capital seguir al
frente de las tropas. Y para que llegue á noticia de todos se
publica este bando.
Dado en el Palacio de Gobierno de
Santafé de Bogotá, á 26 de Noviembre de 1812.
ANTONIO NARIÑO."
El Precursor, página 354.
|
|
(3)
|
|El Precursor, página 356
|.
|
|
(4)
|
Véase
|El Precursor, página 364.
|
|
(5)
|
|Historia de Colombia tomo 1º, Página 190.
|
|
(6)
|
|Historia Eclesiástica, volumen 1º, página 302.
|
|
(7)
|
|El precursor, página 21.
|