Nariño Presidente de
Cundinamarca
El pueblo estaba feliz con su nuevo Presidente, según el diario
de don J. M. Caballero, y sin cesar le obsequiaba con músicas,
iluminaciones, etc., etc.
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(1)
Aumentó el Presidente su popularidad visitando las cárceles la
víspera de Navidad y perdonando y dando su libertad á varios reos,
con lo cual se ganó la buena voluntad de muchos.
En los primeros días del año de 1812 hizo una entrada triunfal á
Santafé el Brigadier don Antonio Baraya, que había obtenido
señaladas ventajas sobre las tropas realistas en el Cauca. Nariño
ordenó que la oficialidad de la guarnición y toda la caballería de
los pueblos de la Sabana acompañaran á Baraya en su entrada á la
capital.
A los pocos días se despacharon auxilios de tropas á San Gil que
se unía al Gobierno de Cundinamarca, y en Marzo se despachó al
Brigadier Baraya para el Norte, á la cabeza de 350 hombres
escogidos, entre los cuales iban como Oficiales subalternos el
futuro General Santander,
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(2)
don Francisco J. de Caldas, el entonces
Capitán Urdaneta (Rafael) y otros jóvenes que después tuvieron
grandísima influencia en la política y en la suerte de la nación
que empezaba á constituirse. Dice el historiador Restrepo
"que Nariño dió á Baraya las instrucciones secretas de
que, deteniéndose en Tunja, procurase, por cuantos medios
estuvieran á su alcance, desorganizar el gobierno, dividir la
Provincia y unirla á Cundinamarca. Empero el Gobernador don Juan
Nepomuceno Niño, su Teniente asesor don Custodio García Rovira y la
mayor parte de los habitantes de Tunja le Opusieron una tenaz
resistencia. No habiendo hallado Baraya un motivo honesto para
romper las hostilidades y usar de la fuerza, tuvo que trasladarse á
Sogamoso y por intrigas consiguió que este Cantón se agregara á
Santafé."
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(3)
El espantoso terremoto que causó la ruina total de Caracas y de
muchas otras ciudades de Venezuela (26 de Marzo de 1812) se sintió
también en Santafé, el Jueves Santo, á las dos y media de la tarde.
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(4)
"El 16 de Abril (dice Caballero) vino á Santafé la
funesta noticia del temblor que se sintió aquí el Jueves Santo, de
haber hecho en Mérida un estrago que cayó casi toda la ciudad,
pereció el Obispo con más de 1,800 personas, y de haberse
incendiado algunas casas. Se llenó la ciudad de bastante
sentimiento y se dobló por el Obispo. El 22 fueron las honras del
Obispo en la Catedral, y estuvo famosa la tumba."
No hay duda que aquel acontecimiento debió de haber infundido
terror y espanto, no solamente en Venezuela sino en toda la Nueva
Granada, de donde tomaron pie los monarquistas para predicar contra
una insurrección que tan visiblemente, decían, castigaba Dios.
En breve empezó á palpar Nariño las enemistades de sus émulos y
también de sus subalternos. El Coronel Joaquín Ricaurte disgustado
con las órdenes que había recibido del Presidente, le acusó ante el
Senado porque decía que pretendía desorganizar las Provincias del
Norte y obligarlas á aceptar un gobierno centralista que ellas
repugnaban.
El 4 de Junio de 1812 Nariño publicó un MANIFIESTO dirigido al
|público de Cundinamarca, del cual extractamos las partes más
interesantes.
Empieza por advertir que no por deseo suyo, sino porque se ve
obligo á ello por las circunstancias, tiene que dirigirse á sus
conciudadanos para explicar su conducta.
Niega rotundamente la especie de que él azuzó al pueblo para que
pidiera que le eligieran Presidente; recuerda que Representación
nacional le había llamado á ese puesto libremente, hasta que de
nuevo le eligió para el mismo destino el Consejo Electoral de
Cundinamarca, por unanimidad de votos; asegura que si ha aceptado
un destino tan difícil no ha sido sino para tratar de salvar la
Patria de peligros que amenazaban arruinarla. Dice que ha tenido la
satisfacción de que se reuna á Cundinamarca la Provincia de
Mariquita, que Zipaquirá que se hallaba en anarquía cuando él tomó
las riendas del Gobierno, se halla en paz y felicidad; que no fué
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él solo el que ordenó que se expulsase al Arzobispo
Sacristán, sino la Representación nacional; que en vista de sus
sentimientos á la causa de la separación de España creyó
conveniente aquella medida. Asegura que los dicterios y anatemas de
que es víctima consisten en las rivalidades de los Cantones del
Norte de la Nueva Granada, unos en favor, y otros en contra de la
federación. El se oponía á aquella forma de Gobierno porque estaba
persuadido de que no tenían recursos para llevarla á cabo, y
explica los motivos que tenía para creerlo así.
Dice que en el alma siente la conducta del Coronel J. Ricaurte,
que había sido su amigo y que sin embargo no se contentó con
acusarle á él ante el Senado, sino que pretendió seducir la
oficialidad y la tropa para sostener su acusación con la fuerza de
las armas que se le habían confiado para defender el Estado. El
Gobierno, añade, previno esta traición mandando con la mayor
celeridad pliegos, ordenándole que se presentase en la capital á
sostener su acusación ante el Senado. Pero Ricaurte ni se presentó
ni contestó, sino que permaneció en Tunja.
Igual conducta había tenido don Antonio Baraya, quien se niega á
obedecer á las órdenes del Presidente y se pone á la disposición
del Congreso que había salido de la capital.
Nariño había mandado aquellas expediciones y otra de 400 hombres
que debería embarcarse en Honda, con el objeto de atacar las
fuerzas realistas que se hallaban en Santamarta, y al mismo tiempo
enviaba emisarios á Cartagena, la cual estaba desligada por
completo con el gobierno del interior, había proclamado su
independencia absoluta de España.
Los enemigos de Nariño trabajaban por medio de los periódicos
que se publicaban en la capital contra él "para disponer,
dice en Su Manifiesto, una revolución contra el Gobierno bajo el
ridículo pretexto de que el Presidente no trataba de reunir las
Provincias bajo su mando, sino para entregarlas al nuevo Virrey que
había llegado de España y estaba en Santamarta."
Ciertamente, exclama, que es preciso tener las cabezas bien
desorganizadas para combinar cosas tan inconexas, tan opuestas y
tan inverosímiles!"
Concluye aquel escrito con estas palabras:
"Parece que no es necesario recordar á mis
conciudadanos que ahora cinco meses yo era todavía el
|mártir de
la libertad con cuyo título honroso se me condecoraba, y que
hoy se
|me da el más odioso de los epítetos llamándome
|tirano, porque he extendido el territorio de Cundinamarca,
porque he aumentado sus rentas, porque he protegido y admitido á
los pueblos que se han venido á acoger á la protección del
Gobierno, para huír de la opresión y la arbitrariedad de los
mandones; porque he puesto el Estado que se confió á mi mando en
actitud de poder socorrer las otras provincias, de dar contingente
al Congreso, de figurar en la Federación, y por sí sola, porque he
establecido la tranquilidad y asegurado la subsistencia de los
infinitos empleados, que sin mi sistema, estarían ya hoy sin tener
de qué vivir. Quiera el Cielo, á quien dirijo mis fervientes
oraciones que no vengan á mi Patria otros males que los de verse
siempre gobernada por tiranos que respeten la vida, las propiedades
y la libertad de los ciudadanos sacrificándose, como yo lo he
hecho, por su lustre y prosperidad."
Ya se ve, pues, que desde los albores de la Independencia los
políticos de este país inauguraron la costumbre no solamente de
criticar acerbamente á todos los mandatarios, de cualquiera
condición ó partido que fueren, sino que entonces, como ahora,
jamás tenían prudencia, ni consideración, ni comprendían las
dificultades de los que tienen á su cargo la delicada misión de
mandar un pueblo indómito, inobediente, propenso á la anarquía, al
desorden en todo tiempo y lugar, y á un descontento general é
incurable.
Entre tanto que disputaban en el interior centralistas y
federalistas, las fuerzas españolas recuperaban paulatinamente los
sitios que al principio habían conquistado los patriotas. Cartagena
se hallaba amenazada por un lado, por los monarquistas dueños de la
Provincia de Santamarta, y por el otro, de los que se encontraban
en Panamá y que recibían recursos de Cuba y de España.
Nada ablandaba sinembargo la firme resolución que tenían los
federalistas de Tunja de separarse del Gobierno de Cundinamarca y
negarse á todo avenimiento. Nariño, slnembargo, después de haber
agotado todos los medios de reconciliación, comprendiendo que
mientras que se pasaba el tiempo en aquellas disputas el enemigo
avanzaba y los pueblos se desanimaban va y empezaban á suspirar por
esa paz de que gozaban bajo el Gobierno español, Nariño resolvió
apelar á remedios más enérgicos para curar aquella situación
peligrosísima. Antes que todo era preciso unificar el Gobierno y
recuperar las armas que en sus manos tenían los que se habían
pronunciado en contra suya en el Norte, á lo cual se añadía que el
Gobernador de Tunja, don Juan N. Niño, ofuscado por las locas
imaginaciones de los que le rodeaban, envió un mensajero á
Venezuela á pedir auxilio á los patriotas contra Nariño, á quien
pintaba como á un tirano enemigo de la libertad.
Se persuadió entonces Nariño que era preciso hacer algún
esfuerzo para impedir la disolución del país y, convocando la
Representación nacional, ante ese Cuerpo renunció el elevado puesto
que ocupaba. Los Diputados no quisieron admitir aquella dimisión y
le concedieron facultades omnímodas para que pudiese obrar
libremente como lo tuviera por conveniente para poner un dique á la
conjuración que se preparaba contra el Gobierno de Cundinamarca.
Sus enemigos levantaron entonces desaforada grita contra el
Presidente, pretendiendo que todo lo exageraba para obtener del
Cuerpo Legislativo de Cundinamarca licencia plena para tiranizar al
pueblo Este, sin embargo le adoraba, y no tenía inconveniente en
seguirle por el camino que él señalase, le admiraba y tenía en el
amado presidente confianza plena. Es cierto que Nariño protegía
particularmente á la plebe, le tenía compasión y en todo caso se
ponía de su parte, mientras que trataba á las clases altas de la
sociedad con burlas á veces y desdeñaba las opiniones que
expresaban los que se consideraban capaces de juzgarle y
criticarle, lo cual él pensaba que era grande presunción de su
parte.
Viendo que nadie era capaz de encararse con suficiente energía
con el Gobernador de Tunja y los que le seguían, resolvió ponerse
él personalmente á la cabeza de una tropa é ir á arreglar el asunto
por la fuerza, ya que los que él consideraba insurrectos no querían
la paz.
"Por Comandante General de aquella fuerza, dice don
José María Caballero en su curiosísimo diario, iban don José Ramón
de Leiva,
|
(5)
así
como don Lorenzo Ley,
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(6)
y don justo Castro, de los
|patriotas,
|
(7)
y al frente de la expedición el Presidente
don Antonio Nariño. Esta expedición, añade el cronista, salió
contra el desnaturalizado, desconocido é ingrato á su patria don
Antonio Baraya, que después de haberlo recibido esta ciudad con
tantas aclamaciones de alegría y regocijo, y de haberle dado los
cargos que tenía, hasta el de Brigadier, se dejó él (y don Joaquín
Ricaurte, don José Ayala y todos los demás Oficiales y soldados que
habían salido en las expediciones arriba citadas, desde el día 12
de Enero) engañar y cohechar de los señores del Congreso, que se
hallaban en la Villa de Leiva, y que estos señores armaron la cruel
sedición contra Santafé, y su Presidente, y declararon la guerra, y
Baraya, que se le confió por este Gobierno la gente, armas y
pertrechos para el auxilio de San Gil, las volvió contra Santafé,
su patria, y declaró una sangrienta y cruel guerra. Don Camilo
Torres y don Fruto Gutiérrez, el primero Presidente del Congreso y
el segundo miembro del mismo, eran los principales autores de estas
discordias y civiles guerras, causadas por la ambición, sin mirar
el peligro que se exponía de ser perdido todo el Reino, pues
mientras estaban maquinando el destrozo entre nosotros mismos,
podían con unión estar tirando las medidas para la
seguranza."
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(8)
Aquella expedición iba muy despacio; gastaron cinco días en
llegar á
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Chocontá, en donde se detuvo Nariño dos días, y no
fué sino al cabo de diez días de marcha que llegó á Tunja, ciudad
que ocupó militarmente, sin que nadie se le opusiese, ni él
persiguiera á los enemigos que sabía que tenía allí.
"Entretanto, dice Restrepo, Socorro se alza y reclama
su independencia, separándose de Cundinamarca; Pey y sus tropas
quedan sitiados en Paloblancó,
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(9)
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cerca de San Gil; el Coronel
Ricaurte, segundo de Baraya, los ataca en sus posisiones el 19 de
Julio, y se apodera con poca resistencia de la artillería, de
doscientos fusiles y cien prisioneros; entre ellos había algunos
Oficiales, así como el General Pey y el Teniente Coronel Bernardo
Pardo (¿
|sería Francisco ?). Dos días después la columna de
don Justo Castro, que marchaba en auxilio de Pey, rindió las armas
al paisanaje de Charalá, quien la atacó armado solamente de palos y
lanzas, salvándose solamente cien hombres con su Capitán José Pose.
Cundinamarca perdió en los tres pequeños cuerpos de Baraya, Pey y
Castro más de seiscientos hombres, setecientos fusiles y veinte
piezas de artillería, que adquirieron Tunja y el Socorro."
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(10)
Dice Restrepo que es inexplicable la inacción de Nariño, que
permaneciera estacionario en Tunja con la tropa que mandaba el
Brigadier Leiva, militar experimentado, y que pudo haber marchado
al Socorro y tomado fácilmente toda aquella Provincia. Pero el
historiador olvida que las escaramuzas, en que su gente no había
peleado con ningún valor, le probarían que de tropas visoñas no
podía esperar victoria ninguna y que aunque se tenga un Jefe
experimentado, si los Oficiales y soldados no lo son, la derrota es
segura. Este motivo y el de saber que Santafé estaba entregada á
|
la anarquía, le obligaron á
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concluir un tratado con
el Gobernador Niño para poder regresar á la capital, en donde su
presencia era indispensable; si no, se corría el riesgo de que se
vanearan todos los trabajos de la independencia.
Entonces fué sin duda cuando sucedió aquella escena que describe
Vergara y Vergara
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(11)
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y que pinta á lo vivo no
solamente el carácter de Nariño sino el de sus contrarios.
"Organizóse, dice, una conspiración para matarlo: uno
de los conspiradores, caballero de nacimiento, debía pedirle una
audiencia y en ella darle la muerte. Lo supo Nariño, con todos sus
pormenores, y guardó absoluto secreto á todos sus parciales a hora;
presentóse el conspirador y pidió una audiencia secreta al
Presidente. Concediósela al punto éste, y pasaron al los dos solos.
Apenas estuvieron en él, Nariño, impasible de amabilidad, púsose á
cerrar por dentro todas las puertas y á entregarle las llaves á su
pérfido acompañante.
"-Qué hace su Excelencia? díjole éste asombrado.
"-Favorecer la fuga del que me va á matar contestó el
ente; no quiero que vaya usted á sufrir por mi causa. Y dicho esto,
se sentó tranquilamente.
"El asesino puso en sus manos las llaves y el puñal que
ha oculto, y le dijo inclinándose: 'creía que venía á matar a un
tirano; pero nunca ofenderé á un ángel que lo penetra y lo perdona
todo!'
"-Siéntese usted á mi lado y hablaremos sobre estas
cosas de le la patria, replicó Nariño."
|
(1)
|
Como muestra de las costumbres de
aquella época copiamos lo siguiente:
"El 25, día de Pascua, se
lidiaron unos famosos toros, algunos de ellos vestidos de enigmas;
por la noche se iluminó el cuartel de
|Milicias, famosamente,
y se puso en la iluminación este verso:
'Con grande afecto y cariño
Amor aplaude obsecuente
Al gran patriota Nariño
|Nuestro digno Presidente.'
A las ocho se rompieron las
retretas, con mucho arreglo, dando vueltas por toda la plaza, y la
del Batallón
|Provincial tocó varias marchas con toda
música..........
Estos versos que le dirigieron cita
Caballero los siguientes:
'La patria con energía,
Y el más puro regocijo
A ti, señor, por buen hijo
Te aclama
|fiel este día.
De la feroz anarquía
Espera la has de librar
Y de lumbres coronar
Pues todo el numen de Astrea
En tus designios campea
Con prudencia singular.''
|Patria Boba, página
146.
|
|
(2)
|
Véanse Apuntamientos, por el General Santander.
|
|
(3)
|
|Historia de Colombia, tomo 1º, página 140.
|
|
(4)
|
Don José María Caballero
|(Patria
Boba, página 146) dice que en
|Santafé se sintió el
terremoto las dos y media de la tarde, pero en Caracas no tuvo
lugar éste sino á las cuatro y siete minutos de la tarde, con una
violencia tan espantosa, dice Baralt
|
(*)
que pocos segundos después, los templos,
los edificios públicos más importantes, se desquebrajaron
sepultando debajo de sus ruinas á millares de personas que asistían
á las ceremonias religiosas de aquel día. Como aquello sucedió
precisamente dos años después en que fué depuesto el poder de los
españoles, corrió la voz de que era castigo del cielo, librándose
de los estragos solamente las poblaciones que habían permanecido
fieles al monarca.
(*)
|Historia de Venezuela, página 89.
|
|
(5)
|
Cartagenero. Militar desde su niñez, contaba entonces más de
sesenta años de edad; había combatido con los Ejércitos españoles
en Argel y Buenos aires
|, y tenía el grado de Teniente
Coronel cuando regresó á su patria y tomó el partido de la
Independencia. Siguió á Nariño en todas sus expediciones, y
habiendo regresado á Santafé, murió fusilado por Morillo, en Julio
de 1816.
|
|
(6)
|
Era de nacimiento peninsular, pero se adhirió al partido de los
patriotas.
|
|
(7)
|
Patriota decidido, miembro de la Representación nacional.
|
|
(8)
|
|Patria Boba, página 149.
|
|
(9)
|
José Miguel de Pey.
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|
(10)
|
Restrepo, obra citada, volumen 1º, página 153.
|
|
(11)
|
|Historia de la literatura en Nueva Granada, página
427.
|