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INDICE
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Santafé de Bogotá en 1811
Don Antonio Nariño llegó de su destierro en Cartagena el 8
Diciembre de 1810. Su familia y sus amigos le recibieron ciudad
natal con júbilo y aplausos.
Había estado ausente trece meses y como es natural ansiaba verse
en el seno de su familia y entregado á sus estudios favoritos. Con
ese objeto se retiró á su quinta en las orillas del río Fucha.
Sin embargo sus conciudadanos no quisieron dejarle tranquilo,
así fué que no se habían pasado quince días después de su llegada,
cuando se reunió el primer Congreso Neo-granadino, y el 22 de
Diciembre le nombraron, junto con don Crisanto Valenzuela,
Secretario de aquella Corporación.
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(1)
La situación de los ánimos en la Colonia que había dado su
primer paso en la vía de su emancipación era anormal y agitadísima,
de manera que gran número de sus habitantes no sabía qué opinar y
qué decidir. Ese mismo 22 de Diciembre hubo en Santamarta una
contrarevolución. En el Sur de la República la mayoría de su
población optaba por el Rey; con ese motivo el Gobernador español
pudo facilísimamente declarar rebeldes á los que se habían
sublevado y castigarlos severamente.
Entretanto el Congreso de Bogotá, que sólo tenía representantes
de unas pocas poblaciones del país, sólo se atrevió á desconocer
al Consejo de la Regencia, pero de ninguna manera se declaró
independiente y soberano como lo deseaban los más exaltados
patriotas. En realidad aquellos bizoños legisladores no sabían qué
hacer y cada cual tenía una opinión diferente acerca de la forma de
Gobierno que debían escoger.
Desde el principio hubo una divergencia de opiniones entre don
Camilo Torres, que opinaba por el federalismo, y don Antonio Nariño
que ahogaba por el centralismo. Ya desde Cartagena así lo había
declarado en un
|escrito que comunicó la Suprema Junta de
aquella ciudad.
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(2)
La anarquía empezaba á sentirse dentro de los mismos Poderes
legislativos. Las Juntas provinciales ejercían su autoridad en
todas las ciudades en donde se habían reunido y la de Bogotá
desconoció los Decretos y Leyes que daba el Congreso reunido allí
mismo, y la agitación era extrema en la capital del nuevo Estado.
Varios Diputados que deseaban fundar una Federación dejaron sus
puestos vacantes en el Congreso. Continuamente corría la voz de que
se tramaban conspiraciones de los realistas y partidarios de José
Bonaparte. La llegada á Santafé del enviado de Venezuela, el
Presbítero doctor Cortés Madariaga, distrajo un tanto los ánimos de
los santafereños que se sentían apoyados por sus hermanos de
Venezuela, que antes que ellos habían sacudido el yugo español, lo
cual aún había muchos granadinos que consideraban como acto
inaudito y pecaminoso. El ejemplo de los caraqueños fué entonces
utilísimo para dar valor á los que se sentían flaquear ante las
gravísimas responsabilidades que habían asumido.
El 27 de Marzo la Junta Provincial eligió Presidente al hidalgo
don Jorge Lozano, Presidente de lo que se llamó, Estado de
Cundinamarca. Este caballero que se había educado en España y era
instruido y muy patriota redactó un proyecto de Constitución,
basado, como era natural en aquellos tiempos, en la tan renombrada
de los Estados Unidos, pero que no era por cierto adecuada á un
país tan atrasado como lo era éste en 1811.
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(3)
¡Desde entonces se han promulgado infinidad de Constituciones
tanto en los Congresos reunidos en la capital de la República como,
en la época de la federación; en cada Estado Soberano y sin embargo
ninguna ha dejado contentos á los pueblos! ¿Quién tiene la culpa?
No ha sido de los que se han desvelado construyéndolas, pues por
cierto no es patriotismo, buenas intenciones y talento lo que ha
faltado. La culpa de nuestros males está en la raza indómita,
heterogénea, compuesta de naturalezas diferentes y antagonistas que
puebla esta infeliz República!
La noticia del triunfo de don Antonio Baraya, enviado por el
Gobierno de Cundinamarca á atacará Tacón en el Cauca, primer hecho
de armas de los patriotas, produjo muy buena impresión en
Santafé.
Pocos días después, en el mes de Mayo, se promulgó solemnemente
la nueva Constitución y después la abolición de los estancos, cosa
que regocijó muchísimo al pueblo, el que poco ó nada entendía de
Constituciones, pero sí particularmente de lo que concernía á su
bolsillo, el cual se libraba de ciertas contribuciones con la
abolición de aquellos impuestos.
Nariño entretanto ganaba estupenda popularidad con la
publicación de un periódico redactado por él en forma exigua, pero
con un estilo incisivo, irónico y chistoso que llamó muchísimo la
atención.
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(4)
El Presidente Lozano había nombrarlo á Nariño simplemente
Corregidor de Santafé. Empleo subalterno que no contentaba á su
natural ambición, ni satisfacía á sus numerosos amigos, que
deseaban verle en un puesto en donde pudiera lucir sus talentos y
poner en práctica los proyectos que durante diez y
|
seis años
había elaborado, con los cuales tanto él como sus partidarios
pensaban que se haría la felicidad de su patria y le darían
libertad, progreso y nunca oídas prosperidades.
Nariño seguía su labor en la
|Bagatela, criticando la
Constitución que había promulgado Lozano y pintando él por su parte
la clase de gobierno que pensaba convenía á su patria.
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(5)
Todos escuchaban su voz
con respeto y confianza en su dictamen á ojo cerrado. Retrasa sin
embargo á muchos las manifiestas ideas hasta cierto punto imbuídas
en las enseñanzas antirreligiosas de los Enciclopedistas franceses
en que había educado su espíritu y que tenían grandísima influencia
en el de todos los patriotas de aquellos primeros tiempos de
nuestra Independencia.
El Arzobispo nombrado en España como sucesor del señor Fernando
de Portillo, era el Ilustrísimo Juan Bautista Sacristán.
Desgraciadamente el señor Sacristán tardó tanto en ponerse en
marcha hacia América, que cuando al fin llegó á Mompós recibió una
orden del nuevo Gobierno instituído en Santafé para que no
continuase viaje á Cundinamarca sino que se devolviese á Cartagena.
Obedeció el señor Sacristán, retrocediendo; pero en lugar de
permanecer en Cartagena se estuvo en el pueblo de Turbaco haciendo
las veces del Párroco de aquel lugar, por estar gravemente enfermo
el Cura, Naturalísimo tenía que ser que el nuevo Arzobispo venido
de España no viese con buenos ojos la situación del virreinato que,
apesar de que había proclamado que obedecería Fernando VII, se
comprendía que aquello tenía que ser una
|farsa para ganar
tiempo, y probablemente debió de expresarse contra la revolución
del 20 de Julio y naturalísmo también sería que los patriotas no
vieran bien á un Prelado que traería á su grey ideas monarquistas y
contrarias á las que ellos habían preconizado. ¿Qué tiene, pues, de
extraño que el nuevo Gobierno se empeñase en querer obligar al
señor Sacristán á que reconociese esplcitamente el nuevo orden de
cosas, ni qué más natural que el buen Sacerdote se negase á ello?
Aquello levantó grandísima polvareda en que se metieron griegos y
troyanos y produjo grandísimas críticas por unos y desavenencias
por todos. Nariño en la
|Bagatela tomó parte en la discusión
y se manifestó acerbo impugnador del Arzobispo y de cuantos le
defendían é inspirado por sus antiguas lecturas salió á relucir
Alejandro VI para declarar que este Papa no pudo ni tenía derecho
de señalar cual debería ser el imperio de los españoles en el Nuevo
Mundo y por consiguiente tampoco se debería aceptar al Prelado que
de la Metrópoli española nos mandaban. En son de defender la moral
y las buenas costumbres, ataca por parejo al Clero hasta asegura
que todos los Sacerdotes han sido enemigos de la revolución del 20
de Julio. En esto se equivocaba grandemente, porque si es cierto
que había muchos miembros del Clero que rechazaban la revolución,
la gran mayoría de ellos eran patriotas decididos y habían tomado
señalada parte en los trabajos políticos que tuvieron por
consecuencia la Independencia de España.
¿Quién se equivocó? Se va á concluír el primer Centenario
después del famoso 20 de Julio de 1810 y aún nos encontramos con
este dilema ¿sería necesaria la Independencia para la dicha de este
país? Quién lo podrá decir al contemplar las desdichas de la
desgraciada Colombia, hoy día en que se ha perdido hasta la
esperanza de conquistar algún bienestar y progreso!
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(1)
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El señor Groot en su
|Historia eclesiástica dice que las
reuniones del Congreso tuvieron lugar en una casa que tenían las
Monjas de la Enseñanza frente á la Catedral y que nunca les pagaron
el alquiler. Sin embargo en el Acuerdo del Congreso publicado en el
Precursor, se dice que las sesiones tenían lugar en el Palacio
Consistorial.
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(2)
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Véase: Vida y escritos de don Antonio Nariño, publicados por J.
M.
|Vergara y V. Este documento no fué publicado en la
Biblioteca de Historia nacional.
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(3)
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Véase un estudio sobre ella en el
|Derecho público
interno (página 46) primer tomo por J. M. Samper.
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(4)
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Vamos á dar algunas muestras del
estilo de la tan elogiada Bagatela, para que se juzgue de lo que
entonces se considera grandísimo brillo en el decir. En el primer
número finge una carta de UN FILOSOFO SENSIBLE Á UNA DAMA SU
AMIGA.
"Tú eres un tesoro escondido mi
querida amiga: pues si hubieras nacido en Atenas hubieras
frecuentado, como Aspasia y Lais, la escuela de Sócrates; vives
ignorada entre nosotros; pero ¿para qué necesitas que te conozcan
los que no pueden dignamente admirarte?............... La razón de
no haberte escrito antes ha sido porque, aunque las cosas se
mudaron, no por esto hemos estado más seguros de poder decir la
verdad impunemente, ni aun en las correspondencias privadas.
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(*)
Bien sabes lo
que son los hábitos de corrupción en un gobierno; el corazón humano
no se desprende de sus preocupaciones con mudar á los gobernantes;
todos los vicios del antiguo gobierno continuaron y hemos visto
después de nuestra trasformación abrirse las correspondencias con
un descaro increíble y formarse cargos y prisiones de los secretos
de un amigo para con otro............... Nuestra revolución fué
justa, justísima; Pero la justicia de la causa no prueba que las
cosas vayan justamente.
"El desorden en que vivimos hace
ocho ó nueve meses y algunas cosillas de que aún no nos vemos
libres, han hecho pensar á algunos que nuestra trasformación fué
prematura. Prescindo de que nuestros mismos tiranos nos forzaron
con sus impolíticos é inicuos tratamientos, multiplicados al propio
tiempo que ya era de su propio interés el aflojar. ¿Qué habríamos
adelantado con vivir otros cien ó doscientos años más en la
esclavitud? Embrutecernos más, acabarnos de persuadir que el
americano y el africano han nacido para servir á un puñado de
europeos porque aprendieron á matar y á engañar antes que
nosotros............... Depender un mundo entero de un puñado de
hombres con el Océano de por medio y ser un gobierno suave, es una
paradoja que no cabrá en la cabeza de un negro de Africa, silo
dejan pensar..............."
Más lejos explica elogiando en qué
consiste el Gobierno que considera "el más perfecto que se ha
conocido en el mundo, trazado por una mano americana. Su concisión,
su estilo y el crédito del autor testigo de vista, lo hacen
doblemente recomendable."
Era entonces la República de los
Estados Unidos considerada con la norma y el ejemplo que deberían
seguir las nacientes Repúblicas hispano americanas.
Más lejos añade:
"............... Yo no
pretendo hacer la censura de mis compatriotas, cuando me quejo de
que nuestro gobierno no tenga el grado de perfección que yo deseo y
que espero tendrá algún día, según nos promete el modo de pensar
libre y sano de nuestra juventud. Cualquiera que conozca los
autores y que se ha hallado en estado de oír sus discusiones, no
puede dudar de sus disposiciones á hacer lo mejor posible; pero
desgraciadamente la pluralidad de los hombres, por la mayor parte
entrados en edad, no pueden persuadirse que ciertas máximas, que
ellos están acostumbrados desde su niñez á mirar como excelentes,
puedan ser perjudiciales; visto que su propia tranquilidad les
había impedido creerlas tales en el antiguo gobierno."
Hé aquí el dictamen que emite
Nariño acerca del gobierno que convenía en aquel tiempo en la Nueva
Granada.
"Yo me figuro, dice, para decretar
á mí gusto, que soy un soberano con los plenos poderes de todo el
Reino y que tengo mi trono, como el gran Lamar, en la punta de un
cerro. Como mi idea no es la de gobernar á mi gusto, sino de que se
gobiernen al suyo mis amados granadinos, doy orden para que vengan
Diputados de las Provincias y me expongan su voluntad en un
Congreso que yo presidiré.
"Llegan los Diputados á
las faldas de mi trono: se señala el día y la hora del Conclave
(porque por ahora hacemos poco caso de los términos) y tomando la
voz el más sabio, ó el más atrevido, me expone á nombre de todo el
Colegio: 'Que la voluntad general quiere que todas las Provincias
por sus límites viejos se erijan en Estados Soberanos
independientes, no sólo de España y demás potencias europeas, sino
hasta de su antigua capital; que se unan por medio de un
|Congreso federativo, que sólo conozca de paz y guerra; y que
á los pueblos que no quieran seguir su ejemplo (esta es la fábula
de los cangrejos) se les obligue por la fuerza á vivir sujetos y
dependientes de sus antiguas matrices.'
"Oída la expresión de la
voluntad general y en virtud de la soberanía que me he supuesto y
de los plenos poderes que con igual título tengo de todo el Reino,
mando: que todas las Provincias sean de hoy en adelante Estados
Soberanos independientes, que no sólo se reconozcan tales unos
entre otros, porque así les tiene cuenta, sino que los reconozcan
también todas las potencias de Europa, el Emperador de China y el
gran Kan de los tártaros; que se unan por un Congreso federativo
que conozca sólo de paz y guerra; y que al pueblo que quiera seguir
su ejemplo, se le castigue por querer seguir un disparate.
"Con este mi soberano
decreto se retiraron los Diputados de todas las Provincias muy
contentos; y yo creyendo haber vaciado en él toda la sabiduría
humana, determiné entregarme al sueño de Epimérides y no despertar,
como este sabido, hasta pasados 57
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años, para ver ya
floreciendo mis Provincias. Pero no sé cuántos años, meses ó días
había dormido, cuando me vinieron á despertar, avisándome que ahí
estaban otra vez los Diputados de las provincias y que pedían
audiencia.
"Hasta el domingo
inmediato respondí..............."
Continúa en el número 4.
"Llegó el domingo señalado
para el segundo Congreso y después de las ceremonias de estilo en
casos semejantes tomó la palabra uno de los Diputados y dijo:
'Muy alto, muy elevado y por
nuestra voluntad muy poderoso señor, yo nombre de toda esta ilustre
Asamblea vengo á haceros presente que de nada nos sirvió vuestro
soberano decreto; pues aunque de derecho quedamos todos erigidos en
Soberanos Estados, en el hecho nos hemos hallado tan embarazados
que no ha sido posible atar ni desatar. ¡Cuántas veces, señor,
hemos suspirado por vuestro soberano poder: Si como nos hicísteis
la gracia de hacernos con un solo Decreto, nos hubiérais con otro
dado rentas, creado tribunales, organizado una milicia, levantado
Escuelas, Colegios y Universidades para formar los hombres de que
carecemos, creed, señor, que nuestro agradecimiento y nuestra
soberanía habrían sido completos. Mas habiéndonos encontrado, como
muchos doctores, con el título y sin la ciencia, no nos queda otro
recurso que el de venir á echarnos á vuestros pies, é implorar con
lágrimas en los ojos ese poder creador, para que con un nuevo
decreto supláis nuestras faltas. ¿No podrá, elevado señor, crear
jueces, magistrados, legisladores, militares, filósofos, el que ha
podido convertir unas pobres Provincias en Estados Soberanos?
'Esperamos, pues, muy alto, muy
elevado y muy poderoso señor, que con la misma facilidad con que
nos otorgásteis la gracia mayor, nos otorguéis esta menor, que
humildemente os pedimos.'
Calló el vehemente orador, y según
el fuego con que hablaba lo creí íntimamente persuadido de que esto
de hacer soberanías, magistrados, legisladores, militares y
filósofos, era soplar y hacer botellas; y yo por la primera vez de
mi vida me hallé embarazado con mi soberanía. Pero tomando un poco
de resuello, con aire que dan los altos puestos:
'Señores, les dije, mi corazón está
dispuesto á serviros en cuanto me pidáis: deseo daros gusto y si
fuera tan fácil hacer vuestra felicidad, como lo es complaceros,
creedme, desde hoy seríais felices. Ya voy á daros el nuevo decreto
que me pedís: voy á mandar que de hoy en adelante no sólo haya en
vuestras Provincias, convertidas ya en Estados Soberanos, jueces,
magistrados, legisladores, militares y filósofos, sino que las de
temperamento frío produzcan plátanos, caña de azúcar, y las tierras
calientes trigo, papas y también alcachofas, para que nada os
falte...............'
-'Pero, señor, dijo otro de los
Diputados interrumpiéndome, y la tierra producirá estos frutos con
vuestro decreto?'
-'Lo mismo, le contesté, producirá
esos frutos la tierra, que el que vosotros, de la noche á la mañana
os encontréis con hombres y recursos para sostener la soberanía de
unas Provincias que carecen de todo, menos de voluntad para ser
soberanos; pero como mi deseo es daros gusto ¿qué importa que en el
hecho no nazca el trigo, ni los plátanos, ni tengáis legisladores,
ni rentas, si lleváis los títulos para tenerlo todo, aunque sea de
aquí á cincuenta años?'
-'Y si entretanto un enemigo nos
ataca?'
-'Cómo os ha de atacar, poseyendo
vuestra soberanía con unos títulos auténticos y reconocidos por
todos hasta del Preste Juan de las Indias?'
-'Pero supongamos que sin repararen
nuestros derechos, ni en estos títulos auténticos, de hecho nos
ataquen. En este caso, no hay duda............... nos vencerán;
pero nos venerán con injusticia y con la misma nos podrán también
poner á trabajar las minas de los vencedores.'
Aquí se quedó todo en silencio y
mis Diputados no hacían más que mirarse los unos á los otros. Ya
creía yo caer en mí sueño anticipadamente, cuando el mismo
preguntón se paró y mirando antes á sus compañeros, como para
captarse su beneplácito:
-'Soberano señor, me dijo, supuesto
que nosotros con toda la bambolla de nuestros títulos y derechos
podemos ser oprimidos por el primero á quien se le antoje
atacarnos, y que este antojo es muy probable que pronto se
verifique, nos reducimos á renunciar nuestros legítimos y vanos
derechos y á que se forme un gobierno en la capital, único y
soberano, con tal que no haga leyes con efecto retroactivo, ni nos
vaya á pedir cuentas de lo pasado; sino que todo deba comenzar de
nuevo, pues con esto quedaremos gustosos.'
'Ya os he dicho, les contesté, que
mis únicos deseos son el complaceros y así, supuesta esta firme
resolución, ordeno y mando: que se admita la renuncia de los
legítimos y varios derechos que querían ejercer las Provincias de
la Nueva Granada, sin tener todavía fuerzas para ello; que todas
las cosas vuelvan y se pongan
|in statu quo (este terminillo
latino-diplomático tiene su busilis); que no se hagan leyes con
efecto retroactivo, ni se pidan cuentas de lo pasado, sino que todo
comience de nuevo como si hoy fuera el primer día de la creación
del mundo...............'
11 de Agosto de
1811.
¡Quién lo creyera! No me parece que
habría dormido medio lustro, cuando se vuelve á interrumpir mi
sueño con la llegada de nuevos Diputados. ¿Qué es lo que quieren
esos señores, dije montado en cólera á mis criados? ¿Qué es lo que
quieren otra vez?............... ¿No les he concedido últimamente
el gobierno á que están acostumbrados y el más propio para
mantenerlos en su amada servidumbre? ¿No les he decretado á su
gusto cuánto me pidieron?...............
Pero sosegándome luego y
reflexionando, como buen soberano, que más hacían ellos con venir á
pedirme dictamen, que yo en dárselo, mandé que entrasen.
'Perdonad, elevado señor, me dijo
un anciano Diputado, perdonad el que tan frecuentemente te estemos
interrumpiendo el sueño con nuestras demandas: esta es la suerte de
los que se hallan en la altura en que vos os halláis por nuestra
voluntad, y pues vos mismo os habéis impuesto esta carga, llevadla
con paciencia.
'Nuestras desgracias, nuestras
aflicciones y temores se aumentan todos los días...............
Apenas amaneció la aurora de nuestra libertad, cuando se oyó por
todo el Reino la voz
|Federación; voz vaga, aunque general,
porque no se le asignó el verdadero significado, que conforme á
nuestra situación le convenía. Todas las Provincias, mayores y
menores, quisieron ser Estados Soberanos independientes, llevadas
del entusiasmo que justamente tenían por el gobierno de la América
inglesa; pero sin advertir ni reflexionar si estábamos en el mismo
caso y circunstancias. Ocurrieron á vos, poderoso señor, para
ponerlo en ejecución, y aunque les concedisteis, por vuestra
bondad, aún de lo que os pedían, la experiencia les hizo ver que no
era lo mismo decretarse la soberanía que ejercerla, y llevar con
acierto todos los importantes puestos que pide la formación de un
nuevo gobierno; que formar una sabia y
|
adecuada
Constitución, con hombres capaces de llenar todos los ramos de la
administración, no era esa obra del momento, ni podría verificarse
todavía en unas Provincias que, por el régimen del antiguo sistema
de opresión y de ignorancia, carecían no sólo de Escuelas y
Colegios para la instrucción, sino hasta de los libros aparentes
por haber quemado la Santa Inquisición cuantos llegaban á nuestras
costas. Así fué que desengañados por una parte de poder abrazar el
sistema anglo-americano y temerosos por otra parte de verse
envueltos en una guerra civil ó de caer en manos de algunos
extranjeros, vinieron á vos y renunciando sus incontestables,
aunque infructuosos derechos, os pidieron que el gobierno se
centralizase erigiendo una Soberanía en la capital á que todas las
Provincias quedarían sujetas. Vos les admitisteis la renuncia y
decretásteis que las cosas quedasen
|in statu quo, con sólo
ciertas pequeñas condiciones.
'Esto fué pasar de un extremo á
otro: nada hemos adelantado, hemos mudado de amos, pero no de
condición. Las mismas leyes; el mismo Gobierno con algunas
apariencias de libertad, pero con los mismos vicios, los mismos
obstáculos y arbitrariedades en la administración de justicia; las
mismas trabas en el comercio; las mismas dificultades en los
recursos; los mismos títulos, dignidades preeminencias y
quijotismo) en los que mandan: en una palabra, conquistamos nuestra
libertad para volver á ser lo que antes eramos.''
(*) Efectivamente algunas semanas antes había tenido
noticia el Gobierno que algunos caballeros (don José María
Gutiérrez y José María Salazar) habían escrito cartas sediciosas
contra el Gobierno y por ese motivo fueron avistados. (Véase Patria
Boba, página 135).
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(5)
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En otro número de la
|Bagatela decía:
A mi me parece que se puede
conciliar muy bien la voluntad general con una forma de gobierno
enérgico y capaz de salvarnos de los peligros que por todas partes
nos amenazan. El deseo que se ha manifestado generalmente por la
federación de las Provincias, no sólo es un entusiasmo por el
gobierno adoptado en la América inglesa, sino que es un grito de la
naturaleza los grandes Estados no pueden ser libres sino bajo de
este sistema y mucho menos donde la pobreza, la ignorancia y una
población diseminada en un inmenso terreno disponen á la
servidumbre. Pero el sistema de convertir nuestras Provincias en
Estados Soberanos para hacer la federación, es una locura hija de
la precipitación de nuestros juicios y de una ambición mal
entendida. Vosotros lo habéis visto, lo habéis palpado en el
dilatado año que llevamos bregando con esta quimera; yo apelo á
vuestro mismo testimonio. ¿Qué Constituciones tienen las
Provincias? ¿Qué legislaturas tienen, ni pueden todavía tener?
¡Querer establecer una forma libre de Gobierno con las leyes del
despotismo, es querer formar un centauro político! Y querer formar
otros tantos Códigos como tenemos Provincias, sin tener hombres
para formarlos, es querer coger las estrellas con las manos. No es
la extensión del terreno, no es la población, no son las riquezas
ni las luces las que forman la fuerza de un Imperio por sí solas;
la suma total de todas estas cosas forman su fuerza; y si nosotros,
en lugar de acumular nuestras luces, nuestras riquezas y nuestras
fuerzas las dividimos en otras tantas partes como tenemos de
Provincias ¿cuál será el resultado? Que sí con la suma total de
nuestros medios apellas nos podremos salvar, dividiéndonos nuestra
pérdida será tanto más probable cuanto mayor sea el número de
partes en que nos dividimos.
Me parece que si las Provincias
nombraran Representantes por un número dado de sus poblaciones; que
estos Representanes escogidos entre los más ilustrados de cada
Provincia viniesen á la capital, no á formar un Congreso sino un
Cuerpo legislativo, el Supremo Poder Ejecutivo y el alto Poder
Judicial; y que las Provincias se reservaran el nombramiento de los
empleados para la ejecución de estas mismas leyes en su Distrito,
la recaudación de sus rentas y la organización de su milicia, todo
con arreglo á ellas, se llenarían todas las indicaciones. Las
Provincias nada perderían tic sus incontestables derechos, porque
el alto Gobierno se compondría indistintamente de sus
Representantes, las leyes serían hechas por ellos con conocimiento,
de todas las localidades y su ejecución particular quedaba
reservada á cada Provincia............... Ví entre
sueños............... que se ratificaba una Constitución
|republicana,
|aristocrática, electiva (de entre los
mismos Diputados) que se nombraban los sujetos que debían ocupar
puestos del Cuerpo legislativo, del Poder Ejecutivo y de la alta
Corte de Justicia. El Congreso se disolvía, la gran Legislatura
comenzando sus funciones se divide en tantas secciones cuantos son
los ramos más urgentes de su Despacho, sus deliberaciones son
públicas y sus primeras leyes hablan de una milicia bien
organizada, del arreglo del Tesoro y de las costumbres públicas y
privadas. El espíritu público se animaba, crujían las imprentas
sociedades de distintos ramos se levantaban por todas partes y la
Administración de Justicia, simplificada por el método de los
jurados aseguraba á los ciudadanos contra la arbitrariedad de los
jueces.
Vuelvo lo ojos á las Provincias y
las veo ocupadas en nombrar sus Magistrados para la ejecución de
las leyes comunes, en crear Escuelas de primeras letras, de dibujo,
de agricultura y las que pueden, sus Colegios y Universidades; las
veo pedir imprentas, formar también sociedades patrióticas, tratar
de la apertura y composición de caminos y organizar una milicia por
|compañías para no distraer al labrador ni al artesano de sus
útiles tareas.
Tiendo finalmente la vista por todo
el Reino y veo la concordia, la abundancia, la libertad y la
alegría dándose el ósculo de Paz. Todas las virtudes sociales y
domésticas las veo brotar como las hojas de los árboles después de
un crudo invierno. Cada ciudadano es un monarca, y soy libre, dice,
tengo asegurada mi subsistencia en mi trabajo; mis hijos crecen á
la sombra de un Gobierno justo; sus sabias leves los ponen á
cubierto de la corrupción de las Costumbres y muero Contento.
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