Documento No. 82

 

Impreso.

 

            Gregorio José, obispo, a sus fieles cristianos

            de la villa de Mompox, salud y gracia.

         Sois hijos míos en el Señor, sois los más privilegiados en esta provincia de Cartagena. Vuestras iglesias conservan una majestad y decoro que no tiene ejemplo en el obispado. Las alhajas del Señor Sacramentado exceden cuanto han mirado mis ojos en él, no tanto por su valor intrínseco cuanto por la gentileza de sus dibujos, la graciosidad de sus adornos, la elegancia de su distribución, la novedad de sus pensamientos; resultando de este conjunto un cuerpo tan gallardo que dudo haya otro semejante en todo el continente de América. ¿ Le perdereis? ¿ Le dejareis robar? ¿Vendrán cuatro sacrílegos a despojar a vuestro Dios de un tal ornato y a Mompox de una tal gloria? ¡ Ah hijitos, no lo permitais! ¡No! Animaos como otros Macabeos a defender el honor de vuestros Santos y de vuestro Templo. El Señor, por cuya gloria tomareis las armas, fortalecerá vuestro brazo y vuestro corazón. ¡Viva el Rey, mueran los traidores, cuya ambición aspira a un trono para el cual no los crio la Providencia Divina! Poneos todos la escarapela roja que os distinga como defensores de los derechos de su Majestad. Ofreceos al valiente jefe que manda la fuerza armada y temblarán los bandoleros cuando sepan que estais resueltos a morir con honor antes que permitir pisen vuestro territorio. En el peligro común debe ser también común la defensa. Acábense entre vosotros las opiniones, los odios, las enemistades y como hijos de Dios y vasallos del Rey dad al mundo este grandioso testimonio de reconciliación y de fidelidad, y contad seguros con la victoria. La tempestad presente debe ser pasajera. Ocuparán las tropas de Su Majestad a Santa Fe como ocuparon a Portobello y ¿qué desgracia no será para los que sin temor de Dios abrazaren el partido de los traidores? Ya os dije el día de San Fernando que los cabecillas de los insurgentes han vendido vuestra sangre y vuestras personas como si fueran piezas de puntibi (?) a unos comerciantes extranjeros que mandan sus exactores para cobrar el principal y las usuras. ¡ Ay de vosotros si, cobardes, les cedeis el campo! No desmayeis, no. En la unión y en la unanimidad de sentimientos y de intereses teneis cierto el triunfo y vuestra seguridad. Desde ahora para cuando llegue el caso, concedemos a todos nuestros fieles cristianos una indulgencia plenaria de todos sus pecados, siempre que, armados por tan santos y justos títulos, invocaren los dulces y santísimos nombres de Jesús y María antes de entrar en acción o en el caso que por una desgracia se hallaren en peligro próximo de perder la vida. Aspirad a este honor y gloria inmortal. Dichosos vosotros si la conseguiereis. Dichoso Mompox y dichosos vuestros hijos. Ellos referirán con entusiasmo a su posteridad, a vista de esas alhajas que las salvó en el siglo diez y nueve de mano de unos bandoleros, vuestro valor, vuestra cristiandad y vuestro heroísmo.

  Dado en nuestro palacio episcopal de Cartagena de Indias, a 30 de septiembre de 1819.

 

                                         Gregorio, obispo de Cartagena.

 

Circular enviada al Marqués de Mata Florida el 29 de marzo de 1820.

 

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