|
Documento No. 56
TESTIMONIO
Año de 1819.
Pueblo de Turbaco.
Información recibida para averiguar las ocurrencias, movimientos y operaciones que ejecutó el comandante general de la 3ª división, coronel don José María Barreyro, en la desgraciada acción que dio en las inmediaciones del puente de Guayaca (sic) en camino real de la ciudad de Tunja a la de Santa Fe de Bogotá, el día 7 de agosto de dicho año.
JUEZ FISCAL
El coronel vivo de los reales ejércitos, teniente coronel del regimiento Infantería de León, Expedicionario, don Francisco Warleta.
SECRETARIO
El subteniente de la 6ª compañía del batallón ligero 1º voluntario de Aragón, don Antonio Laiglesia.
Al margen:
Oficio de su Excelencia para
la formación de esta sumaria.
Con motivo de ignorarse el paradero del comandante general de la 3ª división, coronel don José María Barreyro, desde que dio la acción el 7 de agosto último, por cuya razón no he tenido parte de ella, he nombrado a Vuestra Señoría para que proceda a formar sumaria información sobre las ocurrencias, movimientos y demás operaciones que efectuó. Y para que sirva a Vuestra Señoría de norma, le acompaño el oficio y diario que sobre el mismo asunto me pasó el teniente coronel don Sebastián Díaz (1), jefe interino de Estado Mayor de la misma, desde Mompox a donde llegó con alguna tropa de la dispersa. En dicha sumaria deberán declarar como testigos el comandante del 3er. batallón de Numancia, don Juan Loño, el citado Díaz y el capitán del 2º de Numancia, teniente coronel don Isidro Barrada, que con este objeto previne al gobernador de Mompox los hiciese pasar a este sitio, aunque hasta ahora no ha llegado más que el referido Loño; debiendo actuar en ella de secretario el subteniente del 1º Voluntarios de Aragón, don Antonio Laiglesia. Dios guarde a Vuestra Señoría muchos años. Turbaco, 9 de septiembre de 1819. Juan Sámano. Señor don Francisco Warleta.
*
Al margen:
Nombramiento de escribano.
Don Francisco Warleta, coronel de los reales ejércitos, teniente coronel del regimiento Infantería de León Expedicionario, certifico: que en virtud de la precedente orden del Excelentísimo Señor don Juan Sámano, Virrey, Capitán General de este Nuevo Reino de Granada, pasé a instruir sumaria información para averiguar el paradero del coronel don José María Barreiro (sic), comandante general de la 3ª división de operaciones en dicho Reino, que es ignorado desde el día siete del mes anterior con motivo de la desgraciada acción sostenida por ella contra los enemigos en las inmediaciones del puente de Guayacá cerca de la ciudad de Tunja, con todos los movimientos, ocurrencias y operaciones que efectuó y demás a cuanto hace relación dicha orden y documentos que adjunta. Y siendo necesario para su actuación recibir la aceptación y palabra de honor al subteniente del batallón 1º de Voluntarios de Aragón, don Antonio Laiglesia, secretario nombrado por su Excelencia en citado oficio cabeza del sumario, aceptó y prometió bajo aquella guardar sigilo y fidelidad en cuanto actúe. Y para que conste firma conmigo en el sitio o pueblo de Turbaco, a los nueve días del mes de septiembre de mil ochocientos diez y nueve. Francisco Warleta. Antonio Laiglesia.
*
Al margen:
Declaración del primer testigo,
teniente coronel don Juan Loño.
En dicho pueblo, dicho día, mes y año, el señor juez fiscal hizo comparecer ante sí y mi presencia, en la casa posada del Excelentísimo Señor Virrey del Reino, al teniente coronel don Juan Loño, comandante del 3er. batallón de Numancia, a quien por ante mi recibió su palabra de honor, y preguntado por su nombre y empleo, el destino en que juzga al coronel don José María Barreyro y desde qué época ha estado incorporado a sus inmediatas órdenes y la en que se separó, haciendo de todo este tiempo intermedio un completo y circunstanciado relato de las ocurrencias, movimientos y operaciones que efectuó la 3ª división al mando de aquel jefe, dijo: que su nombre y empleo es como queda dicho, que ignora el destino o paradero del jefe por quien se le pregunta desde la tarde del día siete del mes pasado, en que acaeció el desgraciado suceso de la derrota de la 3ª división por los enemigos del Rey, a la cual se hallaba incorporado desde el día cinco del mismo mes al medio día con una compañía del batallón del Tambo, la artillería que llegó de la capital y tres compañías con la fuerza de 200 hombres del batallón de su mando, con que (2), por orden de dicho señor comandante general, recibida el día tres a las diez de la noche, se puso en marcha para reunirse a la citada división, no habiéndolo podido verificar con la brevedad que se le previno en razón a no haber llegado la artillería hasta las seis de la tarde del día siguiente en que recibió la citada orden; y no pareciéndole juicioso abandonar aquella, pues que sin ella no creía debía darse la acción, resolvió esperar para que custodiada llegase al punto de su destino, cuya determinación fue aprobada por aquel jefe en la Venta del Mico, en cuyo punto se incorporó a la división que se hallaba en marcha con dirección a Tunja, distante de esta ciudad cinco leguas, en el precitado día cinco. Que luego que se incorporó, tomó la división la dirección del pueblo de Cómbita, habiendo hecho alto como a dos leguas de distancia de la citada venta; en cuyo punto se recibió la noticia por dos vecinos de la ciudad de Tunja que los enemigos, como a las once del mismo día, habían ocupado la ciudad con todas sus fuerzas, habiendo permanecido la división hasta las seis de la tarde para racionar la tropa, a cuya hora se puso en marcha al precitado pueblo de Cómbita, al cual llegó como a las tres o tres y media de la madrugada del día seis, en cuyo punto se permaneció hasta las siete de la mañana que se dirigió la división al pueblo de Cómbita, a donde llegó entre once y doce del día (3). A las tres de la tarde se presentó una guerrilla de los enemigos compuesta de unos cuarenta o cincuenta caballos, la cual tuvo un corto rato de tiroteo y se retiró, en razón a haber sido cargada por nuestras fuerzas. En este punto descansó la división la noche del día expresado con las precauciones necesarias, formando del todo de la infantería cuatro trozos o columnas, dándoles los dictados de vanguardia, primera, segunda y reserva, mandadas por el coronel, primer comandante del batallón del Tambo don Francisco Ximénez, teniente coronel comandante del 1º del Rey don Nicolás López, el de igual clase del 2º de Numancia don Juan Tolrá, y el que declara. Que las citadas columnas con corta diferencia tenían igual fuerza y escasamente llegarían a la de quinientos cincuenta a seiscientos hombres cada una. Y la caballería, sin embargo de no haberlo visto formada, cree constaría de trescientos a trescientos cincuenta hombres. Como a las cuatro de la mañana del día siete, sin más prevención que la de marcha, se verificó esta por un camino extraviado a la derecha de las alturas de Tunja, con el objeto, sin duda, de tomar el puente de Guayacá situado entre la casa de teja y el pueblo de Ventaquemada, para interponerse entre el enemigo y la capital. Que habiendo seguido dicha marcha, se dividió (4) la vanguardia de la división, en una altura bastante elevada sobre el puente indicado, una. pequeña guerrilla enemiga; por la cual hizo un pequeño alto la división, sin duda para hacer algún reconocimiento, siguiendo luego la marcha. Y al corto rato se oyeron algunos tiros por la vanguardia, los que se multiplicaron por momentos, comprendiendo desde luego que los enemigos con toda su fuerza se hallaban en la mencionada altura situada a la izquierda de la dirección en que caminaba la división, quedando interpuesta entre ella y el camino real. En este acto y sobre la misma marcha recibió el que declara la orden del comandante general, comunicada por el teniente coronel de Granada don Víctor Sierra, que hiciese acto (5) y formase una columna cerrada, situándose en una pequeña altura que formaba la desigualdad del terreno con el frente a la izquierda a cuya dirección demoraba el enemigo. Lo que habiendo efectuado, llegó al corto rato el comandante general quien le previno abandonase el punto que ocupaba luego que llegase a él la 2ª columna y que se corriese a su izquierda como unas cien varas de distancia; pero que, en caso que el enemigo se dirigiese sobre aquel flanco, no esperase la citada 2ª columna y solo si ejecutase el movimiento que se le prevenía. El cual ejecutó al momento y a presencia del dicho jefe, por observar que una columna enemiga como de ochocientos hombres se dirigía, con el objeto, sin duda, de flanquear las fuerzas que veía a su frente. Que a su derecha y con la misma formación y frente se hallaba situada la 2ª columna, viniendo a corto rato a ocupar la izquierda del todo la primera, en cuya formación se sostuvo el fuego por fuertes guerrillas de las columnas respectivas, situadas según el terreno lo permitía y a suficiente distancia para desplegar en batalla. La artillería se situó entre la 2ª columna y la
-
reserva, la que solo hizo tres tiros con el cañón de a cuatro, por haberse desmontado, presentándose el comandante general en este acto, ordenando al declarante mandase una compañía a sostener aquella pieza, lo que verificó. Que no puede dar noticia de las posiciones y situación que ocupaba la caballería, pues que solo vio a su retaguardia un escuadrón en una pequeña llanura y otro que mandado, según ha oído, por un capitán de Dragones de Granada llamado don N. Rodríguez y colocado a la derecha de las columnas, resistió la carga de uno de los enemigos hasta llegar a tocarse con las lanzas. En cuyo acto permanecieron cortos instantes sin ofenderse uno a otro, hasta que varios individuos del costado izquierdo volvieron caras, ejecutándolo en seguida el todo y arrollándolo de consiguiente el enemigo e introduciéndose por dicho punto las fuerzas enemigas, desordenando la 2ª columna y sucesivamente las demás, poniéndose en completo desorden y fuga. Que no sabe las órdenes que tuvo la vanguardia, punto que ocupaba, movimiento que hizo y demás circunstancias, pues que la desigualdad del terreno no permitía fuese descubierta desde donde se hallaba el exponente; aconteciendo este desgraciado suceso como a las cinco de la tarde, habiendo dado principio la acción por la vanguardia como a las dos y media de ella. Y preguntado qué distancia anduvo la división hasta el momento de principiarse la acción el expresado día siete, si la situación de las columnas en que ha manifestado se dividía, estaba bajo el alcance de los fuegos enemigos al momento de introducirse en ellas el desorden, si efectuaron algún movimiento hostil sobre la posición enemiga y si tiene noticia o ha entendido si de este suceso se dio conocimiento por el jefe de la división o por cualquiera otro al excelentísimo señor Virrey de Santa Fe o cualquiera otra circunstancia interesante de que tenga origen el desgraciado éxito de la acción, dijo: que sin embargo de no tener un conocimiento exacto de la distancia por haber seguido por caminos extraviados, cree, calculando la hora en que se puso en movimiento la división y a la que se encontró el enemigo, se habría andado como unas siete leguas; que las columnas se hallaban bajo el tiro de fusil y se experimentó algún daño por este fuego de los enemigos, no habiendo hecho movimiento alguno hacia ellos, en razón a que desde que se empezó la acción se dirigieron a nuestras fuerzas, sin haber hecho el más pequeño alto más que el necesario para bajar las alturas en que se hallaban, sosteniendo este movimiento las reforzadas guerrillas que traían delante de las columnas y principalmente el escuadrón de su caballería en fuerza como de cien caballos, que fue el que logró introducirse en nuestra línea y una gran parte de su fuerza, batiendo el nuestro que se compondría de la de aquel (6), y de que tuvo origen la expresada pérdida; que ignora se haya dado el conocimiento que se le pregunta al Excelentísimo Señor Virrey por ninguno de los jefes de la división; pero que sí sabe, por haberlo presenciado, que el día seis, como a las diez de la noche, despachó el comandante general desde el pueblo de Botavita un granadero del 1er. batallón del Rey (cuyo nombre ignora y de que podrá dar razón su comandante o el capitán de su compañía don N. Gallardo), ofreciéndole su licencia absoluta y una gratificación competente a su servicio, siempre que pusiese antes de las veinticuatro horas el parte que se le entregaba en manos del Excelentísimo Señor Virrey del Reino, cuyo servicio ofreció hacer dicho granadero saliendo a la indicada hora del pueblo de Botavita; que el contenido de dicho parte le consta, por habérselo dicho el mismo comandante general, era dando conocimiento a Su Excelencia del movimiento que había hecho la división, el que pensaba hacer el día siguiente y punto que ocupaba el enemigo; que fue necesario valerse de un soldado para este servicio, en razón a que en el pueblo no había habitante alguno, pues hasta el cura se fugó luego que se informó por el oficial que llegó al pueblo de descubierta (sic), que las fuerzas que a él se dirigían eran las del rey, abandonando su casa y dejándola sus equipajes y muebles. Que es cuanto sabe y puede decir bajo la palabra de honor que tiene prestada, en la que se afirmó y ratificó, leída que le fue esta su declaración. Manifestó ser mayor de veinticinco años y lo firmó con el señor juez fiscal y presente secretario, de que certifico. Juan Loño. Francisco Warleta. Ante mi, Antonio Laiglesia.
*
Al margen:
Diligencia de suspensión.
En dicho pueblo, dicho día, mes y año, el señor juez fiscal dispuso se suspendiesen por ahora estas diligencias hasta la llegada del teniente coronel don Sebastián Díaz y demás que como testigos son necesarios, según el oficio que obra en cabeza. Y para que conste lo firmó, de que certifico. Warleta. Ante mi, Antonio Laiglesia.
Al margen:
Declaración del 2º testigo,
don Sebastián Díaz.
En el citado pueblo, a diez del citado mes y año, el señor juez fiscal, en virtud de haber llegado a él de la villa de Mompox el teniente coronel don Sebastián Díaz, dispuso se continuase este expediente, (y) para lo que hizo concurrir a la casa posada de Su Excelencia al citado jefe, y por ante mi le recibió dicho señor su palabra de honor con arreglo a ordenanza. Y preguntado su nombre y empleo, dijo llamarse como queda dicho y que es teniente coronel graduado de los reales ejércitos, encargado que ha estado de jefe interino del Estado Mayor de la tercera división del Ejército Expedicionario. Y preguntado si el oficio y diario histórico que se le presenta de las operaciones de dicha división que desde Mompox ha recibido el Excelentísimo Señor Virrey del Reino son los mismos que él le ha dirigido (7) y si para circunstanciarlo más, tiene que añadir o quitar al último alguna cosa, expresando con la mayor menudencia todas las ocurrencias, posiciones y operaciones que ejecutó la expresada tercera división desde el día cuatro del anterior hasta el siete que fue derrotada, con todo lo demás que pueda formar una entera inteligencia y motivo de la pérdida de ella, dijo: que el oficio y diario que se le presenta son los mismos que ha dirigido desde la villa de Mompox el veintisiete del pasado al Excelentísimo Señor Virrey; que a su llegada a Mompox fue sabedor de que en el momento salía un correo para Su Excelencia, y deseando darle noticia de todo lo ocurrido en los más breves términos que le permitía la premura del tiempo, formó dicho diario y remitió en seguida, por cuya causa carece de algunos pormenores relativos a las operaciones que se ejecutaron en el intermedio por qué es interrogado, a las que hará relación esta su declaración: que el día cuatro, hallándose los rebeldes de la otra parte del río Socamocha (8), se les reunieron algunas partidas de caballería y que como a las once del mismo día les llegaron también trescientos hombres que al parecer eran paisanos, los que estuvieron todo aquel día fugueándose (?) en ejercicio doctrinal; que la fuerza de los enemigos con aquella reunión era en este día de dos mil quinientos infantes y como seiscientos caballos, según aparecía del examen de la fuerza que la tenían a la vista, y nuestra división tenía la de mil setecientos noventa y dos infantes y trescientos noventa y siete caballos. Al amanecer del día cinco se observó que los rebeldes estaban en movimiento y habían marchado por la dirección de Toca a Tunja. En vista de esto, nuestra división lo verificó después del amanecer de aquel día por el camino de Paipa. Mas, como no le comunicase el comandante general Barreyro las órdenes superiores que tenía ni lo que se proponía hacer, ignora con qué objeto; que, sin embargo, presumió sería dirigirse a Tunja para encontrar la tropa del 3er. batallón de Numancia y compañía del Tambo que a las órdenes del comandante de aquel y gobernador interino de Tunja, don Juan Loño, conducía tres piezas de artillería y doce mil cartuchos enviados de la capital; cuya reunión se verificó felizmente en la Venta del Mico, entre once y doce del mismo día, en la que la división se detuvo a racionarse de carne a la tropa. A la una del día se presentaron allí al comandante general dos sujetos emigrados de Tunja (cuyos nombres ignora) y le enteraron que los rebeldes habían entrado en aquella ciudad a las once del mismo día, por lo que habían escapado. En dicha venta se aumentó la fuerza de la división hasta dos mil veintinueve infantes, las municiones expresadas y artillería, componiéndose esta última de dos obuses pequeños y un cañón, al parecer de a cuatro. El Comandante General manifestó en aquel punto a todos los jefes y al exponente, que aquella noche intentaba marcharse la división toda ella con el fin de resultar a la madrugada sobre las eminencias que dominan a Tunja y batir los enemigos. A las siete de la tarde se movió la división por el camino de Cómbita y Botavita; mas una lluvia continua que se experimentó, prohibió la celeridad del movimiento y a la una de la noche se llegó a Cómbita. Después de un descanso de dos horas se continuó la marcha y arribó la división a Botavita a las once del día seis; desde cuyo punto se observó que los enemigos con todas sus fuerzas ocupaban la ciudad de Tunja y altura de Chiquinquirá. Y por consiguiente y a fin de estar prontos para batirlos, determinó el Comandante General se detuviese la división en el pueblo para limpiar las armas y enjugarse de la lluvia horrorosa de la noche anterior. A las 11 de la noche de este día dio cuenta el Comandante General al Excelentísimo Señor Virrey de todo lo ocurrido hasta el día cinco y última posición del enemigo, así de tener obstruida la comunicación por él con la capital, y cuanto intentaba ejecutar, por un
-
parte que condujo un granadero disfrazado de batallón del Rey, bien práctico del país y hombre de bien, al que ofreció en premio del servicio de que se encargaba de llevar aquel parte antes de las veinte y cuatro horas, su licencia absoluta y cuatro onzas de oro de gratificación; cuya medida se tuvo que adoptar en razón de la decisión casi completa que manifestaban todos los pueblos en favor del enemigo, y a no encontrarse en ninguno de ellos paisanos de ninguna clase con que dirigirlo (s), pues en la división no se llevaban más que los baqueanos muy precisos para conducirla. En dicho punto se dio orden por el coronel Barreiro para que el todo de la infantería de la división se subdividiese en cuatro columnas: la primera con la denominación de Vanguardia, al mando del coronel don Francisco Ximénez; la denominada Primera, al del comandante del primer batallón del regimiento del Rey don Nicolás López; la segunda, al del comandante del 2º batallón de Numancia, don Juan Tolrá; la reserva y última, al del comandante del 3er. batallón de Numancia y gobernador interino de Tunja, don Juan Loño. Al amanecer del día 7 se vio que el enemigo no había variado la posición sobre Tunja y se dirigió la marcha de nuestra fuerza al amanecer, en el orden prescrito de columnas, por el camino de Samacá, rodeando de espalda al páramo, cuya dirección se apartaba muy a la derecha de la de Tunja. En esta forma y ejecutados los descansos respectivos, a las dos de la tarde se llegó a las inmediaciones del puente de Guayacá, situado en el camino real de Tunja a Santa Fe y a la mitad de la distancia que hay de aquella ciudad al pueblo de Ventaquemada, sobre cuyo puente y en la altura del cerro que lo domina se avistó una corta guerrilla de caballería enemiga, que dispuso el comandante general la reconociese la columna de vanguardia, ignorando el que declara si sus designios eran batir al todo de las fuerzas que allí se encontrasen, o pasar inmediatamente el puente y quedar situado entre la capital y ella; pues que nada le dijo a pesar de hallarse a su lado. El Comandante General se adelantó con el que declara y sus ayudantes a la Casa de Postas, situada en la falda de la altura en que se avistó la guerrilla enemiga que dominaba el puente, ordenando a la vanguardia que marchase a situarse en otra elevación sobre el camino real, frente a la ocupada por el enemigo, y reconociese las fuerzas que tenían, y al ejecutarlo, dispuso se detuviese el resto de la división que venía en desfilada y formase en columnas cerradas por los trozos señalados, que hiciese frente a la izquierda y al elevadísimo cerro en que demoraba el enemigo, previniendo asimismo al primer trozo más inmediato a la vanguardia, que en caso que el enemigo la cargase con fuerzas superiores, la sostuviese su retirada. Efectivamente, en la referida eminencia se hallaba el todo de las fuerzas de los rebeldes, de las que cargaron triplicadas sobre el trozo de vanguardia, después de tomar situación en la altura prevenida. Por cuyo motivo ordenó a su ayudante, subteniente de Dragones don José María Otero, dijese al jefe de vanguardia se replegase a la Casa de Postas, que le sostendría al efecto la primera columna, disponiendo en el ínterin también la colocación de las demás columnas sobre las quebradas lomas que formaba el terreno al pie de la gran altura que ocupaba el enemigo, siendo el declarante el que de un orden (así!) dio la situación a la segunda columna; y a la izquierda de esta, como a 10 pasos, se situó la artillería y más a la izquierda de ella con proporcionada distancia en otra loma se situó la reserva. La caballería tomó situación a retaguardia al descenso suave de aquellas mismas lomas con distancia entre sus escuadrones. El cuerpo de vanguardia mandado replegar sobre su incorporación, cargado por triplicadas fuerzas enemigas, no pudo verificarlo sobre la posición de las demás columnas, y su comandante creyó mejor pasar el puente y tomar posición pasado él, en la primera altura inmediata; por lo cual quedó separado e independiente de la fuerza de la división. Entonces los enemigos dirigieron sus ataques sobre la primera y segunda columnas, corriéndose a su derecha e izquierda nuestra, formados en columna con fuertes guerrillas que la precedían, que atacaban las nuestras que se defendían por orden del Comandante General en la misma forma. Y como observase Barreiro que determinaban también atacar y envolver por la izquierda de nuestra posición, reforzó con la primera columna aquel punto, la que se situó a la izquierda de la reserva. La artillería jugó su fuego con el cañón de a cuatro, que al cuarto tiro quedó desmontado. El ataque se hizo general con solo el fuego de guerrillas de ambas partes, que sufrían fijas nuestras columnas y las con que descendía el enemigo que a retaguardia traía su caballería, conduciendo los caballos de diestro. El enemigo osado y atacando con decisión nuestras fuerzas, logró dirigir una columna de seiscientos infantes sobre nuestra segunda a la carga y envolverla. En este momento el que declara fue a cumplir la orden del Comandante General de situar al flanco izquierdo una mitad de compañía en guerrilla de la primera columna que (9), hallándose en el acto, fue avisado por el capitán de Dragones de Granada, don José Duque, de que los rebeldes, adelantando dos escuadrones de su caballería en fuerza de trescientos hombres sobre la derecha de la 2ª columna que mandó resistir el Comandante General con la 3ª y 5ª compañías de dicho escuadrón de Granada, que compondrían como sesenta caballos menos de los enemigos, que divididos, cargó el uno sobre dichas compañías, y el otro sobre la artillería. El primero de ellos, ya que estuvo a las manos con las compañías nuestras, volvieron caras éstas y se retiraron a escape con el mayor desorden. Simultáneamente, envuelta ya la segunda columna, se dispersó, por las cargas de fuerzas enemigas de infantería y caballería, rompiendo ya toda nuestra posición. Se introdujo progresivamente el desorden y dispersión en las columnas de la izquierda y toda la división quedó desordenada, a pesar del empeño y esmero con que todos los jefes y oficiales, igualmente que el declarante, trataron de contener y reunirla. Pero los enemigos ya interpolados prohibieron la consecución asimismo, y no hubo otro recurso que dividirse en pelotones y tomar las direcciones que se pudo. Ignora la suerte del Comandante General en este momento y las medidas que tomaría para evitar este desgraciado acontecimiento, por estar empleado de su orden cinco minutos antes en la comisión que deja referida, y aunque lo buscó por el campo, solo obtuvo la razón de que lo habían visto a pie reuniendo la tropa, como todos. Que después continuó su marcha en la forma que tiene manifestado en el diario que se le ha puesto en manifiesto hasta la villa de Mompox y que no calcula proceda el suceso desgraciado de esta acción a su parecer más que de las ventajas que logró la caballería enemiga en sus choques y movimiento decidido. La duración de esta acción duró desde las dos y minutos de la tarde a las cuatro y media o cinco de ella. Y preguntado si, como ha expresado, era el designio del comandante general coronel Barreyro interponerse entre los enemigos y la capital, sabe por qué razón, sin haberlo logrado y hallándose la tropa con una jornada hecha aquel día, resolvió sostener el combate y no lo evitó, subsistiendo en su primera interesante idea, dijo: que ignora, como lleva dicho, los designios del Comandante General con respecto a si trataba pasar el puente o batir a los rebeldes; pero que infiere se comprometió la acción por el reconocimiento que ejecutó el coronel Ximénez contra la columna enemiga con la nuestra de vanguardia, pues siendo como lo fue atacado y cargado constantemente por los rebeldes, aún en el movimiento que ejecutó para replegarse en aquel caso, ya no cree el declarante pudiese pasar la división el puente. E infiere igualmente que el Comandante General se empeñó en la acción, porque de emprender una retirada a la vista de los enemigos para dirigirse a tomar el frente de ellos, era necesario retroceder a lo menos un día para emprender la marcha por el camino de Ubaté u otro que tal vez la demoraría más, y que en el ínterin los enemigos que se hallaban en el camino de Ventaquemada siempre nos aventajarían lo menos dos días en la dirección de la capital, la que en aquel caso pudieran invadir de sorpresa con una marcha forzada, como hicieron con Tunja. Y preguntado qué fuerza reunió con los jefes que le acompañaron y si toda ella se embarcó en el puerto de Guarumo para seguir hasta Mompox, y en el caso de separación de alguna exprese en qué punto y con qué motivo, dijo: que la fuerza que pudo llegar a Guarumo de la reunida, fueron como doscientos diez hombres de todos los cuerpos de la división con las banderas del 2º de Numancia y batallón del Tambo; que muchos más se reunieron el día ocho, pero que el cansancio, la deserción y el no tener un punto seguro de reunión, causaban unas bajas considerables cada día; que toda la fuerza que llegó a Guarumo se embarcaron en las balsas hechas al efecto por la misma tropa, a causa de no haber paisanos que las construyesen, y que solo algunos cuatro o seis soldados que por miras siniestras o remolonerías (sic) se quedaron, no obstante que se le obligaron y dejaron construyendo dos balsas para ellos y alguno que pudiese no haber salido de la montaña por el cansancio o la necesidad. Que no tiene más que añadir, que lo dicho es la verdad a cargo de la palabra de honor que tiene prestada, en lo que se afirmó y ratificó, leída que le fue esta declaración. Manifestó ser mayor de veinticinco años y lo firmó con el señor juez fiscal y presente secretario, de que certifico. Sebastián Díaz. Francisco Warleta. Ante mi, Antonio Laiglesia.
Al margen:
Diligencia de entrega.
En el referido pueblo, día, mes y año, el señor juez fiscal, en vista de haber obtenido comisión por el Excelentísimo Señor Virrey, y no haber comparecido en este pueblo el teniente coronel don Isidro Barrada, 3er. testigo que ha de examinar, dispuso en consecuencia suspender esta actuación y entregarla en el estado en que se halla a Su Excelencia, para lo que pasó acompañado de mi, presente secretario, a la casa posada de dicho Señor Excelentísimo, a quien entregó dicho expediente que se compone de seis hojas útiles, dos oficios y un diario histórico de operaciones constante de diez hojas de papel francés de carta. Y para que conste, firmó dicho señor fiscal, de que certifico. Warleta. Antonio Laiglesia, secretario.
Es copia de los documentos originales. (Firma): Sámano.
________
(1) Documentos Nos. 54 y 55.
(2) con los cuales
(3) Frase confusa.
(4) probablemente: se divisó.
(5) probablemente: alto
(6) Frase confundida.
(7) Documento No 54 y 55.
(8) por Chicamocha
(9) Probablemente por: y.
REGRESO AL INDICE
SIGUIENTE
|