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Documento No. 38
De Barreyro a Sárnano
Paipa, julio 19 de 1810.
Excelentísimo Señor. El continuo movimiento en que he estado estos días me ha impedido dar parte a Vuestra Excelencia de ellos, encargando lo ejecutase el coronel don Francisco Ximénez, a fin de que Vuestra Excelencia no careciese de mis noticias y estuviese impuesto de mis movimientos y del de los rebeldes. El 16 por la tarde recibí noticias de las espías que tenía entre los enemigos de que éstos, por cuatro cabuyas que habían puesto en el río de Chicamocha, estaban pasando al pueblo de Betéitiva. Esta operación, que tenía yo prevista y he indicado a Vuestra Excelencia anteriormente, me llenó de satisfacción pues separaba al enemigo de una posición ventajosísima, dejando a su retaguardia un río que le sería trabajoso de repasar. En el momento di las órdenes de marcha y al siguiente día por la madrugada me puse en movimiento, dirigiéndome al pueblo de Sogamoso donde llegué al medio día. En él recibí noticias que los rebeldes con algunos caballos habían hecho una correría por los pueblos de Santa Rosa y Duitama donde permanecían, y en vista de ello determiné continuar mi marcha por Firavitoba a Paipa, único camino que permite el paso del río por puente; pues los que se dirigen a los anteriores pueblos son por balsas de dos hombres a lo más, de modo que hubiera tenido que esperar dos días en el paso de todas las tropas. Ayer tarde llegué a este pueblo y con un escuadrón de caballería hice un reconocimiento sobre Bonza, de donde huyeron unos cuantos rebeldes que se aproximaron a apoderarse del puente. No me será posible dar a Vuestra Excelencia una idea exacta de la crudeza de la estación, pues puedo asegurarle que hace el espacio de doce días que no cesa de llover un solo instante, y como tenemos que permanecer la mayor parte del tiempo en campo, jamás llega a enjugarse la ropa que nos cubre. Por esta razón me he visto precisado a detenerme en este pueblo hoy, para que la tropa limpiase sus armas y se repusiera de las municiones que tenía inutilizadas por la humedad. En este intervalo he sabido que los rebeldes se hallan en Santa Rosa y que un destacamento de trescientos hombres de caballería está en los llanos de Duitama. Aun cuando desearía, como dije a Vuestra Excelencia, que antes de empeñar una acción estuviesen incorporadas las compañías que he mandado se me reúnan, como éstas aún deben tardar algunos días y ya no debemos perder un solo momento, pienso por la mañana seguir hacia (a) Santa Rosa y batir al enemigo en cualquier punto en que lo halle. La victoria siempre debe ser en nuestro favor y mi deseo en la reunión indicada no es otro que el asegurar con el mayor número de tropas el total exterminio de los rebeldes. Por esta causa debe estar Vuestra Excelencia sin el menor cuidado, pues si el resultado no correspondiese a nuestros deseos, sabremos perecer antes de permitir al enemigo se aproxime a turbar la tranquilidad de esa capital. Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años. Paipa, julio 19 de 1819. Excelentísimo Señor.
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Don José María Barreyro. Excelentísimo
Señor don Juan Sámano.
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