Documento No. 36

 

De Barreyro a Sámano

Tópaga, julio 16 de 1819.

 

 

Excelentísimo Señor. — Después del último parte que dí a Vuestra Excelencia dirigí mi marcha a este pueblo con objeto de tomar el páramo y caer sobre los enemigos por su flanco, evitando las cortaduras, bosques y desfiladeros del camino real. Pero este movimiento me lo ha paralerizado (sic) las noticias que recibí de los rebeldes. Estos hicieron su retirada como dije a Vuestra Excelencia al pueblo de Tasco, situándose en una altura que domina dicho pueblo, muy escarpada y bordeada por el río. El número de sus tropas que posterior a la acción se aproximarían a dos mil hombres, han sido reforzadas por Donato Pérez con unos cuatrocientos hombres de caballería y los doscientos ingleses que habían quedado en Paya, componiendo con este aumento sobre dos mil y quinientos hombres, fuerzas cuatriplicadas de las que yo reúno. En este concepto me ha parecido necesario suspender mis movimientos y permanecer a la defensiva, observando los suyos. — Esta inacción no puede durar mucho tiempo pues ellos deberán moverse muy pronto. Del punto en que se hallan situados pueden tomar varias direcciones; la que han traído por Pisba y la de salinas de Chita para regresar al Llano, la de Sogamoso que yo cubro, la de Cerinza que se dirige a Tunja, y las de Suatá y Sátiba por la provincia de Pamplona o Socorro. Ninguna de estas dos últimas es presumible, pues era internarse enteramente, quedando incomunicados con el Llano y sin poder asegurar su retirada. Por consiguiente, lo más probable será o que volverán a atacarme o que seguirán por Cerinza, siendo esta dirección la más segura, pues la tienen indicada por unos doscientos hombres que bajaron a aquel Llano a robar caballos y ganado. Tanto a aquella como a esta dirección puedo yo oponerme y, situándome en buenas posiciones, serán nuevamente rechazados. Pero de esto muy pocas ventajas nos pueden resultar, pues mientras más terreno vayan ocupando se les aumentan sus recursos de subsistencia, teniendo además una precisión de atacarlos y destruirlos, tanto por conservar la opinión de nuestras armas como porque, permaneciendo puramente a la defensiva, nos irán haciendo retroceder sin comprometer acción alguna, tomando las direcciones por nuestros flancos para caer a retaguardia. Con las tropas que en el día tengo reunidas me es imposible emprender una acción decisiva. Nuestros soldados son muy buenos pero podrían ceder al mayor número. Nosotros tenemos gente suficiente para aniquilarlos con toda seguridad y no sería prudencia que, teniendo esta confianza, se aventurara el éxito de una acción en cuyo resultado pende la seguridad del Reino. Si esta idea no me acompañase, aseguro a Vuestra Excelencia que ya hubiera caído sobre el enemigo y decidido nuestra suerte; pero estas reflexiones me detienen y me obligan —en— muchas ocasiones a contener no tanto mis deseos cuanto el ardor del soldado que, sin conocimiento alguno, no ve otra cosa sino que en dos ocasiones que se le ha presentado el enemigo, lo ha hecho huir con pérdida considerable. — Para reforzarme de modo que reuniendo suficiente número de gente queden cubiertos los puntos principales, he dispuesto que las tres compañías del 1º del Rey que existían en el valle de Tenza, los Dragones acantonados en Chocontá y las cuatro compañías del Tambo pertenecientes a la guarnición del Socorro, se reúnan sobre Tunja a las órdenes del coronel don Francisco Ximénez, para disponer de ellas según convenga, ya sea incorporándoseme o cayendo sobre el enemigo en combinación. — El valle de Tenza que queda descubierto enteramente no debe darnos en el día el menor cuidado: es constante que todos los rebeldes se hallan reunidos y que solo han quedado en el Llano destacamentos de caballería para la recogida de ganado, que tanto por esta causa como por su inutilidad en este terreno no pueden moverse sobre ningún punto. Por esta misma razón me parecía podría retirarse la compañía del 1º de Aragón situada en la Cabulla del río Guavio y que reforzada por otra se acantonasen en Sesquilé o cualquiera otro pueblo de aquella cordillera, cubriendo de este modo todos los caminos del Llano y oponiéndose, si por cualquiera de ellos intentasen penetrar algunos enemigos. — La provincia de Socorro queda en estas circunstancias suficientemente guarnecida por más de doscientos hombres del 3º de Numancia, respecto a que la mayor parte de las cuadrillas de salteadores que la infestaban se han unido a los rebeldes y que, aun cuando se presente alguna, las circunstancias presentes no permiten entretenemos con estos pequeños objetos, despreciando al principal que debe ser la destrucción del grueso de enemigos que amenazan el territorio. — Interin se verifica la reunión de estas fuerzas, me opondré a los adelantos del enemigo, ya sea por esta parte o por la de Cerinza, auncuando me vea obligado a cederles el pueblo de Sogamoso. — Conceptúo que Vuestra Excelencia aprobará estas disposiciones. Por ellas solo se retardan muy pocos días las operaciones y aseguran un feliz éxito, que de otro modo podría ser dudoso. Repito a Vuestra Excelencia la súplica que le hice anteriormente para que no permita en esa capital individuo alguno perteneciente a los cuerpos que están en operaciones y que no tengan justa causa para subsistir separados de los suyos. — Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años. Tópaga, julio 16 de 1819, a las cuatro y media de la mañana. — Excelentísimo Señor. —José María Barreyro. — Excelentísimo Señor don Juan Sámano.

 

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