Documento No. 18

 

De Barreyro a Sámano

Tunja, 6 de julio de 1819.

 

Excelentísimo Señor. — A las ocho y media de esta noche ha llegado a esta ciudad el coronel don Sebastián de la Calzada y me ha remitido el oficio de Vuestra Excelencia número 151. — Su contenido me ha causado la mayor sorpresa y no he podido menos de figurarme que Vuestra Excelencia, noticioso de la grande enfermedad que ahora días me acometió, infiere me hallaría en estado de no serme posible exponerme a los rigores de la estación. Siendo de este modo, doy a Vuestra Excelencia las debidas gracias por el interés que ha manifestado en la conservación de mí salud, pero, a Dios gracias, me hallo bastante restablecido y puedo soportar cualquier fatiga. Pero si no siendo así —y— la disposición que Vuestra Excelencia me comunica hubiese dimanado de otras causas, séame permitido el representar a Vuestra Excelencia —que— soy el comandante general de la 3ª división nombrado por el excelentísimo señor General en Jefe del ejército y aprobado por Su Majestad y como tal ningún otro que Vuestra Excelencia puede mandar las operaciones que ejecute (1). No puedo figurarme que la intención de Vuestra Excelencia haya sido nombrar un sucesor en el mando en razón a mis cortos conocimientos. Es verdad que son pocos pero muy suficientes para presentarme al frente del enemigo y recibir la muerte cumpliendo con mis deberes. Tampoco creo que Vuestra Excelencia tenga el menor motivo de tachar mi conducta en el tiempo que desempeño el mando de la división. Esta ha sido tan arreglada, que todos mis súbditos pueden vindicarme de las acusaciones que se me imputasen. En este concepto, no debiendo permitir sea agraviada mi reputación, me dispensará Vuestra Excelencia del atrevimiento que me tomo en suspender el cumplimiento de su superior orden. Sí la idea de Vuestra Excelencia es de relevarme del mando, estoy muy pronto a obedecerle y nombrando Vuestra Excelencia el nuevo jefe que deba sucederme, marcharé gustoso al destino que se me señale a sufrir el castigo que merezca mi falta; pero mientras no se me deponga, repito a Vuestra Excelencia que ningún otro que su autoridad puede mandar las operaciones. — Por la mañana hablaré con el coronel Calzada y tomaré conocimiento de las instrucciones que Vuestra Excelencia se sirvió darle, y si previene se busque al enemigo, marcharé en el momento sobre él, salvando mi responsabilidad en el resultado. — El no haberlo ejecutado anteriormente ha sido efecto a no habérseme reunido el batallón 2º de Numancia, a la sospecha que me acompaña de que la idea del enemigo es llamar nuestras fuerzas y penetrando por otro punto de la cordillera apoderarse de la capital, a que era imposible conducir las tropas a los puntos que ocupaban los rebeldes, pues en ellos se carece de todo sustento y por la falta de recursos no existe un almacén de víveres ni medio de transportarlos para atender a la precisa subsistencia del soldado que perecería irremisiblemente, y a que, no teniendo el Reino otras fuerzas que estas, no es prudencia aventurar una acción cuyo mal resultado acarrearía la pérdida de todo el país. A pesar de esto he tomado con toda la anticipación posible las medidas más conducentes para la seguridad de este distrito, para que se hostilice al enemigo y para que, no teniendo otra atención de más consideración, fuese destruído en el momento que bajase de la cordillera. Y si Vuestra Excelencia no ha aprobado estas disposiciones, podía haberme ordenado otras, pues al efecto le he dado conocimiento de todo y solicitado incesantemente sus instrucciones. — Según los partes que he recibido esta noche del sargento mayor Figueroa y comandante militar de Sogamoso, los enemigos que se hallaban en Pisba se han movido con dirección a Socotá y hacía este punto dirigiré mi marcha hasta encontrarlo. — La fuerza disponible que tengo para esta operación es la que manifiesta el adjunto estado (2), debiendo rebajarse del total la que se considera en Paya, pues no puede reunírseme a tiempo en la dirección que voy a tomar, ni la compañía de cazadores del 2ª de Numancia que se suponía en marcha para este punto, por haberse quedado unida a la columna de Salinas y tampoco podrá reunirse. — Suplico a Vuestra Excelencia no se persuada que en esta determinación desobedezco sus superiores órdenes pues en un todo las venero como el más subordinado; pero en la actualidad si otro fuese en busca del enemigo sufriría mi honor un vejamen de que jamás podría lavarse. — De los movimientos que ejecute y posteriores noticias que adquiera de los rebeldes, continuaré dando a Vuestra Excelencia el debido conocimiento, haciendo el presente por medio de un extraordinario. — Dios guarde a Vuestra Excelencia do por otro punto de la cordillera apoderarse de la capital, a muchos años. Tunja, 6 de julio de 1819, a las once y tres cuar­tos de la noche. — Excelentísimo Señor. — José María Barreyro. — Excelentísimo Señor don Juan Sámano.

FOTO OFICIOS DIRIGIDOS

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(1)    Frase confusa.

(2)   Documento Nº 19.

 

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