Uno de los primeros sacerdotes de esta comunidad
en llegar a la ciudad sería el encargado de llevar a buen término los deseos de la
feligresía y de su comunidad. El solar donde se hizo la construcción era propiedad del
licenciado Francisco de Porras Mejía y las obras corrieron bajo la dirección del Padre
Martín de Funes. La obra se comenzó en 1610 con aportes del presidente de la Real
Audiencia, Juan de Borja, y de la comunidad en general que, a través de dicho presidente
hizo las contribuciones necesarias.
El 1º de noviembre de
1610 se puso la primera piedra y tres años más tarde se hicieron los cimientos. Años
más tarde amenazaron problemas estructurales en los arcos torales pero Coluccini los
corrigió a tiempo para evitar su ruina. En 1635 se consagró el templo a San Ignacio y en
1638 se dio inicio a la venta de Capillas para su utilización como mausoleos familiares.
Varios cronistas de la
orden religiosa de Coluccini, reseñan los adelantos de la construcción de la iglesia:
por 1620 se hablaba de la suntuosidad de su fábrica y en 1643 un padre de apellido
Hazañero daba cuenta del cuerpo de la iglesia que ya estaba terminado "junto con su
retablo y su hermosa techumbre". En el terremoto de 1763 la cúpula se vino abajo,
siendo este el daño principal que sufrió a causa del fenómeno natural.
A pesar de lo
adelantada de la construcción y de la admiración que causaba, la iglesia, a mediados del
siglo XVII, aún no estaba terminada por diversas razones pero la principal era la falta
de dinero. Esta carencia pareció encontrar alivio en la herencia del joven sacerdote
jesuita Gabriel Álvarez, quien colocó a disposición de la Compañía su herencia de
$20.000. Este sacerdote no permaneció en la Compañía, lo que dio origen a un pleito por
el dinero de la herencia. El arzobispo Antonio Sanz Lozano falló a favor de Gabriel
Gómez y la Compañía se vió en la necesidad de empeñar su colección de plata labrada
para cubrir la deuda. En adelante, la construcción sería financiada por las limosnas de
los santafereños hasta la fecha de su terminación en tiempos de la presidencia de Gil de
Cabrera y Dávalos en 1691. El jueves 23 de abril a las nueve de la noche de este mismo
año, luego de haber advertido algunos meses atrás el agrietamiento, se vino abajo la
media naranja arrastrando con ella parte de la bóveda. Miles de personas de Santafé se
hicieron presentes para ayudar en la remoción de escombros. Con el fin de evitar una
nueva catástrofe, vino el escultor italiano Juan Bautista Milano para dirigir las obras
de reconstrucción. En 1694, con la bendición del Padre Diego Altamirano, se terminó la
reedificación de las partes afectadas.
La iglesia pasó a
manos del estado en 1767 con motivo de la expulsión de la Compañía de Jesús, por parte
de Carlos III de todos los territorios y colonias españolas. Una vez en manos del estado
el templo pasa a conocerse como de San Carlos en honor al mandatario español, así como
la plazuela y, después de la muerte del monarca, la antigua Biblioteca Real de Santafé,
hoy Palacio de San Carlos. La iglesia "estuvo cerrada hasta 1805 cuando por orden del
virrey Amar y Borbón se trasladó el coro de canónigos de la Catedral para allí, se
convirtió así en la Vicecatedral de San Carlos, funcionó hasta el 19 de abril de 1823,
día en que fue consagrada la cuarta Catedral de Santafé, obra de Fray Domingo de
Petrés.
_____________
IBÁÑEZ, PEDRO MARIA.
Crónicas de Bogotá, Imprenta Nacional, Bogotá,1913.T.1.
PARDO UMAÑA, CAMILO. Las
Catedrales de Bogotá, Boletín de Historia y Antiguedades, Vol. 34, Nº396-397. Imprenta
Nacional. Bogotá, 1947. |
|

 |