La orden de los dominicos llega por primera vez
a América en 1510 y a territorio colombiano, Santa Marta más exactamente, en 1529 con la
expedición de García de Lerma.
El convento de Las
Aguas es ocupado por la comunidad en 1665 y como primer vicario fue nombrado Fray
Francisco Mejía. Desde este año, y hasta 1802 la edificación estuvo en poder de los
religiosos de la orden de Predicadores, cumpliendo sus funciones establecidas para el
culto y la vida monástica.
En este año, durante
el virreinato de Pedro de Mendinueta, aparece un brote de viruela que rápidamente se
convierte en la quinta epidemia de esta naturaleza que azota a la ciudad. El convento
entonces, cede sus funciones religiosas con la anuencia de sus protegidos y pasa a
convertirse en hospital de virolentos. Esta función la volverá a tener a lo largo del
siglo en varias ocasiones y por diferentes motivos: hospital de virolentos en la época
del terror en el proceso de pacificación de Morillo; hospital militar en los años
cincuenta y cuatro y sesenta del mismo siglo; hospital civil de la Sociedad de San Vicente
de Paul, "y de orfanato de la misma Sociedad, a la cual pertenece el viejo convento
desde fines del siglo XIX.
Ibáñez describe
describe la iglesia como "de pobre arquitectura; su portada mira al occidente; está
coronada por dos espadañas que sirven de campanarios, y en el centro de ellas, sobre la
única puerta, se levanta una pared ciega en cuyo centro se hallan una ventana y
hornacina; dentro de esta última existe una efigie de la Virgen con el Niño, que no
honra a su autor. El convento está al lado derecho de la iglesia, y no tiene frente a las
vías públicas, pues está rodeado de modestas edificaciones particulares. El atrio es
amplio y está limitado al norte por la casa cural.
La iglesia no tiene
sino una nave; carece de ornamentación arquitectónica y de cielo raso, de manera que se
ve el encostillado que sostiene el tejado. En el altar principal ocupó el puesto de honor
una imagen de Nuestra Señora del Rosario, obra del pintor bogotano Antonio Acero de la
Cruz; hoy puede verse el cuadro ea el muro derecho de la iglesia. Esta pintura, de alto
valor para la historia del arte nacional, es una de las mejores muestras debidas al pincel
de Acero."
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IBÁÑEZ, PEDRO MARIA.
Crónicas de Bogotá, Imprenta Nacional, Bogotá,1913.T.1. |
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