Oficio de Periodista
Un periódico, cuando publiqué mi primer artículo, tenía cuatropáginas y el tiraje no llegaba en ningún caso a cinco milejemplares. Eso sí, tenía más influencia que el de hoy. EduardoSantos compró
|El Tiempo, hacia 1912, cuando estaba paramorir el periódico, no llegaba la edición a quinientos ejemplares yél no tenía plata. Pagó por la empresa no sé si dos o cinco milpesos, que prestó con la firma de su madre. Hacia 1918, cuandopubliqué en
|El Tiempo mi primer artículo, la prensa todavíase alimentaba a mano, era "de pliego". Entonces yo era estudianteen la escuela secundaria, y un buen agitador estudiantil (elmejor). Había comenzado mi especialidad en huelgas y necesitaba elperiódico para explicar las razones de mi iniciación. Mi vocaciónde escritor, si la hubo, se había reducido a periódicosmanuscritos, en donde siendo "el director", no escribía sino hacialas caricaturas. No era mal dibujante... Luego, ya en plenaagitación universitaria, en vez de escribir, suministraba lasnoticias. Aprendí el arte de hacerlas publicar. Si escribí, noescribí por escribir, sino porque tenía cosas que decir, que"comunicar". Lo último fue ser escritor.
Hoy mismo escribo con la inocente ilusión de comunicar a quienme lea ciertas experiencias personales que me dan gusto a mí mismo,y trato de que en este gusto participen otros. El periodismo es lamejor disciplina para observar mejor las cosas, y decir en el menorespacio posible lo que se ha registrado personalmente. Si voy a unespectáculo, visito un lugar, tengo una conversación, y me doycuenta de que sobre eso voy a escribir, observo todo con unaatención que nunca pone en la misma circunstancia quien de ahí nova a sacar tema para un artículo. Cualquiera puede ver todo lo queyo veo, si aplica la misma atención. En otro tiempo, el escritorescribía de espalda al público. El que me lea, que sufra. Y habíaese tipo de lector desgraciado que por decir que había leído unlibro, se lo sufría, entraba en las páginas más aburridas ytediosas. Hoy, saliendo a la ventana del periódico, se sabe que ellector dispone de poco tiempo y quiere que le hablen con claridad.El periodista tiene que tener en cuenta al lector, como no lohacían los de los tiempos de la Torre de Marfil y el regodeoliterario.
La dificultad para mí está en que me interesan cosas que carecende importancia. Crear el interés es un lío. En este momento acabade producirse una revelación en el campo periodístico que ojalá noregistren las escuelas de periodismo para que no la dañen. Hemostenido un papa periodista, y como tal ha logrado algo sinprecedentes: en 34 días hacer un pontificado completo, con la máscoherente exposición de doctrina y la más perfecta sonrisa. Paraabocar un tema como la Fe, o la Esperanza, o la Caridad, preparabasu audiencia en la misma forma en que lo hacía unas semanas antesde ser papa, cuando en un semanario de Venecia escribía artículosde intención pastoral, envolviendo el tema difícil en relatoshumoristas tan agradables que pudieran ambientar la doctrina,despertar la curiosidad y mantener la atención.
Mirando hacia el futuro, ahora cuando, y con razón, seresponsabiliza a la prensa de haber pervertido al lector mediohaciendo que sólo la violencia o el escándalo tengan valor denoticia, hay que pensar en que llegue un día en que una cosa buenapueda ser noticia, digna de publicarse y apta para ser leída. Talvez para ese entonces, un autor digno de estudio va a ser el papaJuan Pablo.
Mi problema personal está en cierta predilección por asuntos quepara la generalidad están muertos y a mí me parecen vivos. Estocrea una situación contradictoria para el escritor, dentro de unasociedad apasionada por la geometría plana, que no quiere ver latercera dimensión, que deforma monstruosamente (según lo piensoyo), el valor del presente, y no quiere aceptar ni que el tiempotenga raíces, ni consecuencias remotas. Esto es llevar la sensaciónperiodística a la desaparición de la perspectiva. Me consuela loque ha hecho Gianni Granzotto en un libro que en este momento selee con furor en Italia:
|Carlo Magno. Granzotto, director dela agencia de noticias ANSA, ha sido, sencillamente, un periodista,a quien vino a interesarle el nacimiento de la primera Europa, enla visita que hizo a un monasterio donde tuvo lugar algo de CarloMagno. Una noticia vieja, desconocida, olvidada, que a su modo dever servía para explicar el movimiento de Europa del añoochocientos para acá. Hasta hoy, con la noticia, hizo lo de TrumanCapote con su
|A Sangre Fría. Durante tres años fuepenetrando las intimidades del imperio carolingio, e hizo unreportaje que, entre crónica e historia, nos da una sorprendentevisión, toda actualidad.
Para mí, el libro es algo que me hace falta y que me sobra.Necesito tanto de la biblioteca como de montar en autobús. Quieroestar en la calle y tener mis soledades. Pasar estas experienciasal papel es lo que nos toca a quienes quisiéramos que esteejercicio de escribir para los diarios (en la mañana la lectura detodos y en la tarde basura) dejara un poco de gracia y dehorizontes para alivio de la jornada cotidiana.
|Opiniones, Miami, Nº 7, enero 1979, pp. 44-46.