Mis Exiliados Cubanos
Eran mis abuelos. Vivían en una casa moderna pero modesta delbarrio de Las Nieves. Don Basilio era un hombre erguido que se lapasaba recorriendo los angostos corredores apoyado en un bastón depuño de marfil. Caminaba de memoria, pues era ciego. Había perdidola vista en el campamento de Canipa, construyendo el camino quedebía comunicar a Tunja con el Bajo Magdalena. Era pariente deCisneros, el autor del ferrocarril que unió a Medellín con PuertoBerrío y construyó en Barranquilla el muelle de PuertoColombia.
Don Basilio, de La Habana, y Luz, de Bayamo, habían llegado aCayo Hueso (Key West) en La Florida, huyendo los dos al estallar laguerra chiquita. Se vinieron a Colombia, como muchos otros cubanos,donde terminaron sus días. Don Basilio era Angueyra. Luz,Figueredo. No les oí jamás una palabra en inglés. La Florida era unalmácigo de cubanos y allí se enteraría Luz, que llegó niña, depoco más de 13 años, de la suerte de su padre, Perucho, de loslibertadores de Cuba. Después de haberse tomado a Bayamo, conpeones y esclavos liberados de su ingenio, Perucho se empeñó en unalucha imposible por la precipitación que hubo en el grito que dioCéspedes. Perdida la causa, no le quedó más recurso que incendiar aBayamo y emprender la fuga a la Sierra Maestra. Durante un año,acompañado por un ayudante fiel, erró por los montes burlando lacacería de los perseguidores, hasta que la fiebre tifoidea loredujo a esperar en una hamaca que llegara el tigre. Le dijo a suayudante: "Aquí está mi pistola: Usted me mata, pero no deja quequede vivo en poder de los españoles".
Cuando llegaron los españoles, el ayudante no tuvo el valor dematar a Perucho. Lo agarraron. Lo llevaron a la cárcel. La vísperade que lo fusilaran, escribió a su mujer una carta que no llena unpliego de papel. No conozco otro documento más valeroso niconmovedor: "no te echarás a llorar porque tienes una misión quecumplir: la de educar a tus hijos y decirles quién fue su padre. Terecomiendo particularmente a Luz que es una niña y a quien debescolocar en tu lugar. Piensa en Dios, piensa en Perucho y piensa enellas...".
Antes de las 6 de la mañana abrieron los carceleros la puerta yordenaron a Perucho:
-Síganos.
-¿Cómo se les ocurre a ustedes que dé un paso? Vean mis pies.Tráiganme una carroza para ir al cadalso.
Respondió el carcelero:
-Para un traidor como usted, un burro es bastante. -Y letrajeron un burro.
Se hizo montar en el burro y tranquilamente se volvió a loscarceleros y les dijo:
-No es la primera vez que un redentor monta en burro.
Así marchó al cadalso Perucho Figueredo.
Luz, mi abuela, había querido ser la abanderada que acompañara aPerucho cuando salieron del ingenio para ir a tomarse a Bayamo.Tenía unos 13 años. Perucho pensó que no era de niños esa batalla ypuso más bien a Candelaria que era apenas mayor que Luz. Por eso aCandelaria la recuerdan todos los cubanos como la abanderada quefigura en las estampas, entrando al lado de Perucho a Bayamo, comose recuerda a Perucho escribiendo sobre la cabeza de la silla laletra del himno que había compuesto para la república y que siguesiendo el Himno Nacional que entonces se sabían por la música todosen Bayamo sin saber que iba a convertirse en lo que es todavía.Perucho lo había compuesto sobre una melodía del
|Don Juan deMozart que había oído en París y que se pega al oído sin que seaposible olvidarla.
De cómo los cubanos que llegaban a Cayo Hueso transfigurabanestas historias para llevarlas a lo largo de América y convertirlasen la lección de libertad que siguen siendo, es algo que sólo secomprende cuando se recuerda la llegada de José Martí al taller endonde enrollaban las hojas de tabaco las cubanas y en donde él leshabló en ese discurso que se hizo inmortal sobre Los PinosNuevos.
Yo tuve una lección parecida cuando veía a mi abuelapreparándole los cigarrillos a don Basilio mi abuelo, como sefumaba entonces. Ella tenía una cajita de carey repleta con miga detabaco y otra cajita con hojitas de papel. Sacaba una hojita, laponía sobre la mesas y ponía en ella la cantidad exacta de miga queforma un cigarrillo. Lo extendía, envolvía el cigarrillo y se lopasaba a mi abuelo. Mi abuelo empezaba a fumar, y el aroma deltabaco que echaba por las narices me llenaba a mí de gozo. Tenía élamarillas las canas del bigote ahumado. Hoy soy alérgico alcigarrillo. Pero el de mi abuelo tenía un aroma de leyenda, demaravilla, porque lo acompañaban versos que recitaba mi abuela yque todavía recuerdo:
Tiene Cuba las vegas de Granada
y las Pampas hermosas del Perú,
del Bezia los miríficos paisajes
del africano el rústico bambú...
Mas Cuba es bella toda:
El verde bosque, la dura roca
el frágil caracol.
Y su campo y su mar y sus hazañas
de que testigo fue su ardiente sol.
|El Tiempo, lunes 18 de octubre de 1993, p. 5A.