VILLAPINZÓN
Luis Antonio
Escobar
SENTIDO RELIGIOSO
LA RELIGION EN
VILLAPINZON
Por Luis Antonio Escobar
EL SENTIDO DE LO
RELIGIOSO
La esencia del
hombre, antes y después del llamado Descubrimiento de América, fue el sentimiento
religioso. Por quince siglos, simples pescadores, anacoretas, frailes, reyes, emperadores,
monjes, sacerdotes, doctores, obispos, cardenales y papas, habían conformado el poder
espiritual y material más grande que haya existido en la historia de la humanidad, el
Cristianismo. Y así como el viaje a la luna y las explosiones atómicas siguen
transformando al hombre del siglo XX, en la Europa de entonces, con la primera división
permanente del cristianismo en el siglo XVI, se iniciaron las más profundas convulsiones
cuyas consecuencias aún sentimos.
Las puertas de la iglesia
del castillo de Wittenberg en Alemania principiaron a incendiar el espíritu religioso de
Europa. Allí aparecieron, para ser leídas, en 1517, las 91 tesis de Martín Lutero y un
poco después, en 1520, en la plaza de la misma ciudad, se elevarían las llamas que
consumieron la bula pontificia en la cual el Papa exigía a Lutero su retractación. Con
las llamas que quemaban la bula del Papa como respuesta de Lutero, también se atizaba el
fuego más poderoso, el de la intransigencia religiosa. Cada uno se creía el único
verdadero intérprete y representante de Jesucristo en la tierra.
La guerra llegaba a los
campos y a las ciudades de Europa y América. Aquí llegó a los extremos de la monstruosa
inquisición contra los indígenas, que algunos europeos consideraban sin alma y a quienes
en ninguna forma se había referido Jesucristo Redentor ni las Sagradas Escrituras.
Aquellas catástrofes,
choque entre cristianos, protestantes y católicos, y sus consecuencias, choque de
culturas, indígenas y europeas, siguen conmoviendo el mundo actual. Inclusive, en
Colombia, algunos grupos, lamentablemente, ponen en duda el derecho universal del hombre a
escoger su propia religión.
EL ARTE Y LAS IGLESIAS
En relación con el
arte, los protestantes desalojaron de los templos todas las manifestaciones escultóricas
y pictóricas: imagenes, santos, ángeles, adornos, pinturas, dejando solamente la música
como su expresión religiosa. Los católicos, por el contrario, por siglos, habían
propiciado la creación artística como forma de alabar a Dios. De ahí surge el boato, la
exaltación, el adorno en todas sus manifestaciones, lo cual se trata de resumir, ya para
el siglo XVII, con la palabra Barroco.
El sentimiento despertado
por las artes, se utilizó para ganar adeptos, para alabar a Cristo Rey, en ese momento
como Dios Triunfante. La Iglesia Católica seguiría como hermana de las artes y en el
Nuevo Mundo ganaría su batalla religiosa o de evangelización por medio del idioma de la
música, la arquitectura, la escultura, expresiones que los indígenas entendieron y
aceptaron.
LA EXALTACION DE LA FE
La
Danzarina de la Iglesia del Nuestra Señora del Topo en Tunja, bellísima escultura de
Bernardo de Legarda, renombrado artista quiteño.
Reproducciones de su obra
pasaron por los caminos de Villapinzón rumbo a Tunja.
Los evangelizadores
trajeron de Europa, especialmente de la España reinante, las expresiones del Barroco que
se sintetizaban con la exaltación de la Fe. Esta conquistó a los pintores y escultores
que se embelesaron con su propio poder narrativo, que muchas veces sobrepasó el relato
religioso auténtico para solazarse con lo fantástico. En otros casos bastaba la simple
narración de las arrebatadoras historias que conmovían y creaban la fe.
El incomparable Francisco
de Zurbarán, nos conmueve con la expresión de fe que pinta en San Lorenzo, uno de los
siete diáconos y discípulos del Papa Sixto II. Este santo se dirige firmemente hacía la
ardiente parrilla para ser asado lentamente. Es espeluznante también el cuadro de Santa
Bábara, Patrona de la Parroquia de Villapinzón, quien entrega su propia cabeza, y la
escultura (Museo de Arte Religioso de Santafé de Bogotá), del artista Pedro de Laboria,
que muestra a la santa con uno de sus senos rebanado por la cuchilla que lo deja
sangrante. Los lienzos de José Ribera sobre San Sebastián y de tantos otros santos
lacerados, exaltan la fe de los creyentes.
Ese sentido de lo
fantástico como trueque de la realidad, llega al Nuevo Mundo y atiza el otro sentido de
las religiones precolombinas, para después mezclarse con lo traído y danzado por los
negros. La pintura y escultura se convertían en el más poderoso medio de comunicación
de la religión católica, especie de audiovisual presentado permanentemente en las
iglesias.
INFLUENCIA DEL BARROCO
EN
LOS PUEBLOS
Hermosísimas
Vírgenes de muchas advocaciones llenaron los nichos de los templos de pueblos y ciudades.
Talleres de pintores anónimos crearon escuelas con estilos propios y con alumnos
destacados, especialmente en Cuzco, Quito, Lima, Popayán, Santafé de Bogotá. (Museo de
arte religioso. Popayán).
Este sentimiento
religioso del Barroco se incrustó dentro de la nueva mentalidad indígena y su influencia
llegó no sólo a Hatoviejo y a Villapinzón. Se podría decir que, aparte del sentido
religioso, los pueblos percibían por primera vez la organización en las expresiones
artísticas y que, más que comprenderlas, las gozaban. Así se creó el sentido de
solidaridad, a veces impuesto, como cuando se exigía que toda persona debía ir a misa en
Hatoviejo.
Se creó un estado o
sentimiento religioso ascético, duro, fantástico, sustentado en creencias sobre las
Animas Benditas del Purgatorio, los Mártires, los cielos, los infiernos, los pecados,
excomuniones y demás medios para impresionar a los fieles.
Como contraste con lo
violento y desproporcionado de los castigos por el pecado, surgía la esperanza, la
dulzura de la Virgen María, el goce de los colores con los cuales revestían a los santos
que, increíblemente, aparecían junto a la Madre de Dios y al Padre Eterno. Aquello era
fantástico. Se podía llegar a estar junto al Divino Salvador y a sus amados santos.
Era apenas natural que
también se tuviera fe en el poder de Dios y los Santos en la tierra. Esa fe en
llamaradas, pintada como lenguas de fuego, iría a producir milagros que se multiplicaban
por medio de las devociones a los santos, intermediarios ante Dios. Por ésto se llega,
como si se tratara de hospitales y consultorios modernos, a las más curiosas
especializaciones. Un determinado santo le hacía el milagro a los ciegos, otro se
encargaba de los paralíticos, aquel detenía los terremotos, otro hacía aparecer las
cosas perdidas, y hasta novios y novias podían surgir según la devoción, sin excluir lo
que aún se practica, la devoción a San Judas Tadeo a quien muchos ladrones tienen por su
benefactor. Era, y quizá lo sigue siendo, una religión de santos y milagros.
EL MILAGRISMO
Ese milagrismo,
durante mucho tiempo auspiciado por muchos sacerdotes, llegó al Nuevo Mundo y encontró
terreno amplio. Ese inmenso río de la fe popular llegó de Europa para unirse con los
mundos mágicos de los precolombinos, con la fe del Piache o del Brujo negro. Era también
una especie de primera socialización de la religión ya que el pobre, el humilde, el
enfermo, el pueblo, recibían de primeros el premio de la Vida Eterna junto a Jesucristo.
Las artes habían
ennoblecido al hombre y humanizado al Dios del cristianismo. De aquellas imponderables
creencias y corrientes sigue brotando diariamente la magia del mundo latinoamericano. Esa
fe salvadora de los católicos fue el río desbordado que en pleno siglo XX iría a chocar
con el mar de creencias religiosas, emociones, milagros científicos (la radio y la
televisión especialmente) y demás perplejidades que la mayoría de jerarcas y creyentes
aún no han podido descifrar.
EL SENTIDO DE LA
LIBERTAD
El haber aflojado las
riendas al pueblo, y aún más, el haberle dado a probar las delicias del arte y de la
sensualidad, iban a producir la más bella exigencia, el anhelo más íntimo y profundo:
el sentido de la libertad. Hasta entonces la libertad había sido goce de los pocos
cultos, de los poderosos. Ahora el pueblo, atraído y consentido por la Iglesia,
conquistaba su primera victoria, la de intuir la libertad como su más profundo placer. El
primer paso se daba en el Barroco y el Rococó, con los goces del hombre, con el arte y la
religión humanizados, en este caso la religión Católica, Apostólica y Romana.
Ya no sería pecado que
la mujer cantara ni escandalosa la utilización de los instrumentos en la iglesia. Pocas
décadas más tarde, hombres y mujeres del pueblo entonarían la Marsellesa. Beethoven
encontraba su propia libertad. Entonces se obtendrían otros derechos del pueblo y así
también llegaba la Independencia de todas las naciones americanas que abrirían el camino
para conseguir otras liberaciones, la más importante, la del mismo ser humano.
Los indígenas ya
podrían ser libres, seres humanos respetables, con derecho a la escogencia y no a la
imposición de determinada religión y forma cultural, principio fundamental de los
derechos del hombre que está por encima de los intereses de cualquier gobierno.
Reiteremos que el proceso de la liberación del hombre se aceleró por medio de las
expresiones artísticas.
EL ARTE RELIGIOSO EN
EL NUEVO MUNDO
Otro de los milagros
es la espléndida floración del arte en el Nuevo Mundo. Se contagiaban las fantasías de
los españoles y de los indígenas, se unían sus aspiraciones y se plasmaban en los
bellísimos retablos, pinturas, esculturas y partituras musicales. Asombra, no se sabe
qué más, si la prodigiosa y prolífica obra, o el desdeño que perdura hasta nuestros
días. Como verdaderos apóstoles, sencillos, pedagogos hermanos de los indígenas, los
primeros franciscanos que llegaron tanto a México como a Quito, inciden definitivamente
en la creación artística. De esta última ciudad parte el desarrollo de las artes
plásticas.
Esta
viñeta de la Virgen del Rosario fue pintada en el año 1588 en Quito por el Padre Pedro
Bedón quien, desterrado por defender a los indígenas, pasó a Tunja en donde realizó
pinturas, dibujos, ornamentaciones en la iglesia de Santo Domingo y
posiblemente en
el Convento del Desierto de la Candelaria.
Por Villapinzón, en ese
tiempo ni siquiera Hatoviejo, debió pasar fray Pedro Bedón, camino hacia Tunja. En 1588
había pintado el cuadro más antiguo de la pintura quiteña, la Virgen del Rosario.
Venía desterrado de
Quito por defender a los indígenas. Dice el historiador José Maria Vargas: "Su
presencia en Santa Fe determinó la creación de la Cátedra de Teología en la
Universidad de la capital del Nuevo Reino de Granada. En el Convento de Bogotá decoró
los claustros con pinturas murales. Asignado temporalmente a Tunja, construyó ahí la
Capilla del Rosario cuyos muros adornó con pinturas de Santos Dominicos".
Su influencia en el Nuevo
Reino debió ser definitiva. Bajo su dirección se formaron algunos pintores indios, entre
los cuales sobresalió Andrés Sánchez Galque. De allí, Quito, surgiría la escuela de
los famosos pintores: Angel Medoro, Miguel de Santiago, Nicolás Javier Goribar, Manuel
Samaniego y, especialmente, los más conocidos: Manuel Chilli (Caspicara) y Bernardo de
Legarda cuya famosa Virgen, La Danzarina, pasó transportada a lomo de mula por los
caminos de Villapinzón cortada en dos pedazos, para ser armada en su altar de la iglesia
de la Virgen del Topo en Tunja.
LOS RITUALES
Durante los primeros
siglos del cristianismo, San Ambrosio, obispo de Milán, San Agustín y, posteriormente,
San Gregorio Magno, organizaron la liturgia, es decir, las celebraciones de los ritos,
especialmente con el canto como medio de oración.
Durante el Barroco son
los decretos salidos de los Concilios como el de Trento, 1551, con el Papa Julio III,
"De Sanctissima Eucharistia" que creó el culto al Santísimo Sacramento
expuesto en el altar, "Dios Presente en la Hostia Consagrada". Estas influencias
y nuevas manifestaciones de esplendor religioso se afianzaron en los pueblos. Aún
recuerdo las ceremonias del Trisagio, el canto, las flores, y en especial, el verdadero
sentimiento religioso de los villapinzonenses cuando el primer jueves de cada mes, a las
tres de la tarde, se exponía el Santísimo.
También el Concilio
apoyó definitivamente el culto a los santos, a las reliquias y a la Virgen Recomendó e
instruyó sobre las invocaciones y el uso de éstas. En cuanto a las imagenes, deberían
evitar toda belleza escandalosa. Era necesario que el arte trasmitiera, en forma directa y
simple, la idea de dolor, la humillación y sufrimiento de Cristo, de cientos de santos y
mártires. Las estatuas policromadas, muchas con articulación y cabellos humanos, hacían
más cierta la idea de sufrimiento, apuraban el arrepentimiento y aseguraban el sentido de
la fe.
Naturalmente en
Villapinzón, como en todos los pueblos de Colombia, se afirmó el sentido de lo Barroco
propiciado por la religión. Las fiestas de las Santas Vírgenes, Perpetuo Socorro, de
Chiquinquirá, del Carmen, Santa Bárbara, y de decenas de santos mas, se convirtieron en
esencia de la religión.
El honor de celebrar las
fiestas se ponía en venta, como en los juegos de la bolsa de New York, a quienes dieran
más. Allí entraba a regir la cantidad de dinero y en las plazas, la exuberancia de las
fiestas que tenían de pretexto la fe y las devociones. Lo superficial, las fiestas
religiosas a santos y vírgenes, los derroches, se habían convertido en esencia de la
religión, en folclor atractivo que ahora, en muchas regiones, incluye la competencia con
las "reinas de belleza".
Hace falta un examen
serio del comportamiento religioso en nuestros pueblos, de sus cambios, de sus grandes
virtudes y defectos y de los nuevos problemas que ya los están afectando: falta de
educación adecuada a la realidad actual, pues ya no se vive en la edad de la fe y el
púlpito, sino de la televisión; consumo excesivo de alcohol, no sólo de los hombres
sino de las mujeres, sin que exista programa para solucionarlo; pérdida preocupante de
sus tradiciones artísticas; juventud numerosa sin bibliotecas, sitios de recreo y sana
distracción; divorcio entre párrocos y alcaldes. En fin, se va a entrar al siglo XXI y
hay necesidad de replantear la educación y el comportamiento adecuado a la nueva época.
LAS IGLESIAS EN
VILLAPINZON
Ya sabemos, por las
relaciones de nuestros historiadores, que la primera iglesia en Hatoviejo fue una capilla
al pie de la quebrada de La Quincha. Después se construyó otra y al respecto nos dice el
Padre Contreras: "Por el año de 1.780, el alcalde de aquella época, don Francisco
Monroy y Vargas Figueroa, "apoderado general de los vecinos de dicha Parroquia",
manifestaron al corregidor y justicia mayor de Tunja, que los vecinos habían acordado
levantar Iglesia de Tapia y Teja, con una contribución, para reemplazar la existente, de
madera, paja y embarrados desde los cimientos".
Después se construirá
otra iglesia, en el año 1.876, por el cura Manuel Silvestre Anzola Vera, según el
estudio del Padre Contreras quien posteriormente nos dice: "Por los años de 1.880
los viajeros hacia el norte de la República veían al acercarse al pueblo de Hatoviejo
una torre de pocos metros de altura y una Iglesia de construcción rudimentaria. Eran
paredes de tapia pisada a excepción de la Sacristía, que alguno de los tres Párrocos
anteriores había levantado de adobe". (Con el número 39 está el pie de página que
dice: Centro Histórico de Tunja, "Repertorio Boyacense" T.VII No. 79 págs.
420-423).
Ahora volvamos nuestra
atención sobre lo que se llamó en su tiempo, "La Nueva Iglesia". Me sustento,
nuevamente, en el estudio del Padre Contreras: Con enorme respeto se refiere al
Presbítero Sr. Don Simón Bernal que llegó como cura de la población en el año 1.886.
"Su gran preocupación se centraba en hacer de las almas de sus feligreses dignos
templos vivos del Espíritu Santo, sustentados en la fe sencilla. Juntó recursos y
empezó los trabajos de la nueva iglesia y los sostuvo con inquebrantable constancia
durante 18 años que estuvo administrando la Parroquia. Este mismo sacerdote hizo levantar
los muros de piedra y la nave central; cubrió la nave principal, edificó un frontis y
una cúpula a media naranja que fueron demolidas después por uno de los sucesores; hizo
el bautisterio, precioso con un estilo dórico tallado en piedra y la capilla del
calvario, luego adornó hermosamente la iglesia con estatuas y cuadros de arte religioso
que deleitaba la vista".
Aquí se podría
preguntar en dónde están aquellas obras de arte. Siguiendo la transformación del templo
se llega al Reverendo Padre Francisco Angulo quien sucedió el 18 de mayo de 1.903 al Dr.
Simón Bernal. "virtuoso sacerdote a quien tocó descargar la nave central pues
amenazaba ruina. Construyó una especie de enramada, levantó los muros de la nave sur,
pero fue trasladado a Carmen de Carupa el 23 de febrero de 1.908. Viene luego a regir los
destinos de la parroquia el presbítero Ismael Téllez quien llegó a Villapinzón el 28
de febrero de 1.908. Encargó el plano para el nuevo frontis de la iglesia al ingeniero
Doctor Ruperto Ferreira. Comenzó la obra de reforma. Los sillares de la cúpula y del
frontis sirvieron en gran parte para la nueva obra. Pronto se vió levantado el nuevo
cuerpo de la nave central y de las capillas del crucero junto con el arco toral, cubrió
la nave principal y la capilla sur del crucero, levantó el paredón que acortaría la
nave como hoy se ve. El frontis se erguía esbelto y sencillo ante la sorpresa y
admiración de los pasajeros hasta ver terminada la torre norte y bien adelantada la torre
sur, y como anuncio de regocijo general resonaron dos campanazos en la torre, de las
campanas que había llevado desde Bogotá, el doctor Téllez. La nave sur se vió ya muy
hermosa con sus adornos procurados por el artista Sr. Colombo Romelli. (Archivo Parroquial
de Villapinzón, "Libro de Providencias", T. II.)
"Pero nuevamente era
trasladado el sacerdote párroco de Villapinzón, esta vez a Manta el 8 de marzo de 1911.
Le sucedió el Dr. Vidal León. Reanuda con gran optimismo y confianza en el Creador, la
obra emprendida anteriormente por los padres Simón Bernal C. e Ismael Téllez. Termina el
Dr. León la torre sur; construye el coro que reposa sobre dos columnas esbeltas y
correctas; hace el cancel, adorna con gusto exquisito y refinado la nave central asesorado
por don Colombo Romelli, luego con planos de don Ricardo Acevedo Bernal, construyen el
altar mayor y el de Nuestra Señora del Carmen, donde colocan la estatua de la Virgen con
el mismo nombre, de gran devoción para el pueblo colombiano.
Iglesia
de Villapinzón en plena construcción. Aún no se levanta la segunda torre y el atrio
está lleno de tierra y piedras. Los hombres llevan sus grandes sombreros y ruanas, las
mujeres con faldas negras largas, sombreros, alpargates y pañolón. El color predominante
y casi único era el negro.
En la torre sur coloca el
reloj donado por el Pbro. Ricardo Muñoz el Párroco y le sucede el Dr. Eliécer Medina
quien hace algunos arreglos en la iglesia y en la casa cural. Para febrero de 1.918 ya hay
un nuevo párroco que es el Pbro. Luis María Bernal León quien construye el púlpito.
Todavía no se inauguraba el famoso templo y es ahora, en 1.920, cuando es nombrado otro
nuevo párroco, el Dr. Eliécer Garavito. Termina la ornamentación de la capilla norte y
de las naves laterales y hace el altar del santo patrono, basado en el plano de Ricardo
Acevedo Bernal."
O sea, que este famoso
pintor y escultor hizo los planos del altar de la patrona Santa Bárbara, es decir, el
Altar Mayor, que era tan bello y que fue derrumbado hace algunos años. También diseñó
el altar del patrono, San Juan Bautista. Pero además, "cambia la mesa y el frente
del altar mayor, el cual era de madera, por uno de piedra tallada con buen gusto y
corrección; hace razgar las ventanas de la nave sur y ponerles sus bastidores de vidrio;
ornamenta el bautisterio y la capilla del calvario; edifica el humilladero o sala de
"profundis", en donde fueron veladas las reliquias de la consagración del
templo en la víspera de la ceremonia; enriquece la Iglesia con finos ornamentos y vasos
sagrados; manda a hacer dos confesionarios; empieza y lleva a cabo el parquecito que
llevara por nombre Simón Bernal concluyendo con el acarreo de materiales para la
reedificación de la casa cural.
Más adelante le
corresponderá, sin lugar a dudas, la construcción del atrio, el cual tendría que
conjugarse bellamente con la esbeltez, sencillez y elegancia de la casa de Dios".
El Padre Contreras no se
refiere a la venta del "parquecito que llevara el nombre de Simón Bernal" en el
cual ahora, desconociendo la voluntad de los feligreses, en vez de flores existen tiendas
y comercios.
La obra estaba terminada.
Se nota la constancia de los sacerdotes y de los pobladores de Villapinzón pues todos, en
una u otra forma habían levantado esta hermosa iglesia. La inauguración y consagración
reunió a los más distinguidos sacerdotes. Dice así el Padre Contreras:
"El siete de
diciembre, día tan esperado por los Villapinzonenses había llegado; ya salían de
Bogotá a las seis y media de la mañana en dirección a Villapinzón con la comitiva
eclesiástica para la ceremonia: Ilustrísimo Sr. Dr. Leonidas Medina, Obispo Titular de
Cámaco y auxiliar del Ilustrísimo Señor Herrera; M.R. Padre Ezequiel Villaroya,
provincial de los misioneros hijos del Corazón de María, los tres canónigos Dres. D.
Nepomuceno Fandiño E. y D. Eliécer Medina y el familiar Sr. D. Andrés Restrepo Sáenz,
prosecretario del arzobispado; los señores Pbros. Doctores D. Víctor Barros Morales,
Oficial de Dispensas de la curia primada y Maestro de Ceremonias de la Santa Basílica y
D. Emilio de Brigard Ortiz, Secretario de Visita Pastoral; Antonio María Muñoz,
organista y maestro de capilla de la Santa Basílica, notario esclesiástico del
arzobispado.
Por un inesperado
accidente automovilístico, tuvieron que regresar a Bogotá los Sres. canónigos Dres.
Fandiño y Medina. El pueblo de Villapinzón esperaba impaciente desde las 11 A.M. al
ilustrísimo Señor Medina y a su comitiva. Al tener noticia de tan desafortunado
accidente se devolvió hacia la población con la banda de música, muy entristecido, pero
con una gran espectativa ante el momento en que se anunciaba la llegada del Señor Obispo.
Al llegar el ilustrísimo Señor Medina, el pueblo volvió sin demora a su espiritual
regocijo".
Se nota en las páginas
escritas por el Señor Presbítero Jorge Orlando Contreras, el entusiasmo espiritual, como
si él mismo hubiera vivido aquella fiesta que culminaba con la consagración de la
iglesia.
Es de esperar que las
páginas de los historiadores Sánchez, Velandia y Correa y, desde luego, del presbítero
e historiador Contreras, sean publicadas para obtener mayor y más profunda información
sobre los hechos principales de nuestro pueblo.
Para terminar, nada mejor
que percibir la emoción que siente el sacerdote villapinzonense, historiador Jorge
Orlando Contreras al finalizar el capítulo dedicado a la iglesia.
"Este templo cuyo
frontis, bautisterio, coro y mesa del altar mayor son un esfuerzo de elegancia y
corrección, es no sólo una gloria de la arquitectura religiosa, sino una presea de la fe
y desprendimiento de los hijos de Villapinzón. La pureza de líneas, la gracia de las
torres, que parecen buscar entre las nieblas las casitas de hogares parroquiales, la
majestad de la puerta principal, aquel conjunto armonioso, símbolo de la unión y paz en
que habrán de vivir los hijos generosos de Villapinzón, todo ésto será predicación
muda pero elocuentísima de que esas almas, ennoblecidas por sincera hidalguía, y
agradecidas con el Señor por su hermoso templo.
Gloria y reconocimiento a
aquellos sacerdotes que dejaron en esta obra no sólo fruto de sus esfuerzos, sino tal vez
gran parte de sus haberes y de sí mismos".
Yo quisiera agregar que
así como los hombres han dejado sus huellas de bondad y tenacidad con las construcciones
magníficas de Chartres, de Notre Dame, de Chichén Itzá, Tepozotlán y otras más, así
también los hijos de Villapinzón ya han impreso la huella de su tenacidad y de amor por
lo bello y lo religioso.
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