VILLAPINZÓN

Luis Antonio Escobar

 

POESIA COPLAS MITOS

VILLAPINZÓN

De sol y de maíz fuiste creada,
el viento halló en tu mies diques y frenos,
una orquesta tuviste de altos truenos,
niñez de luna y juventud dorada.

Bajaban cual palomas en bandada
arroyos a los fértiles terrenos,
los tuyos, que jamás serán ajenos
a tu alma, eterna amante siempre amada.

Ahora que la noche se aproxima,
que huye el ave y el monte no aparece,
pon un árbol-estrella en cada cima.

Arbol del bien no más, y estrella rubia,
para que tenga pan quien lo merece
y al calcinado erial baje la lluvia.

Pedro Medina Avendaño

TRIGO Y PAN

(Primer premio en el Primer Concurso de Elogio al Pan)

En campo de oro acunas tus espigas
que el sol y el agua sazonaron quedos,
en tanto el copetón trinaba enredos
y la amapola suscitaba intrigas.

El molino colmaste de fatigas
al tomar de la nieve los remedos;
entonces, como artífices, los dedos
crearon el pan, la fuerza de las migas

que alimenta el corazón, las gentes ata
en torno de la mesa y las invita
al dialogo feliz que desbarata

toda desesperanza y toda cuita...
Hostia y Trigo y Pan: ofrenda grata,
dulce renovación, eterna cita.

Agustín Cuevas Fernández

ELEGIA

(A la memoria de mi padre). Fragmentos.

I

Cayó el vetusto roble
de recias contexturas ancestrales,
bajo el mortal mandoble
de la huesuda parca y la guadaña!
Cayó su frente noble
ceñida por guedejas patriarcales,
como esas nubes que la tarde baña
de esplendencias y rayos y misterios
cuando van descendiendo taciturnas
tras dombos de misterios
en impecables urnas.

VI

Recuerdo aún: su faz era serena;
sus párpados cerrados, elocuentes,
cubriendo aquellos ojos cariñosos
que tántas ocasiones en los míos
posaron bondadosos
para decirme con confianza plena
su terneza y amor; sus alborozos.
Recuerdo aún: sus labios paternales
sellados para siempre eran los mismos;
los mismos que otras veces
me contaban de pérfidos abismos,
del campo, del ganado y los trigales;
eran los mismos que entonaban preces
por su esposa y sus hijos y por todos...
Me acuerdo aún: tranquilas sobre el pecho
las dos manos augustas reposaban;
las manos que rompieron el barbecho,
las que mi frente acariciaban,
y al despedirme, bendición me daban...

V

¡Cayó el vetusto roble!
Un sepulcro tristísimo lo encierra
y un plañidero doble
a nuestra mente con dolor lo aferra.
Quisiéramos robárselo a la tierra;
quisiéramos hablarle como otrora
para decirle nuestro amor profundo,
para besar su frente ensoñadora.
Pero él está mejor en otro mundo.
En otro mundo do el afán fenece
y entre gloria el espíritu se mece...

Agustín Cuevas Fernández

A VILLAPINZÓN

Canto improvisado. Molto Líbero et Asimétrico.

Doscientos años hace
que naciste
con nombre campesino,
los indios te dejaron en su idioma
el ritmo de su música.

Tu río y tu quebrada
te dieron la primera serenata;
con musgo y con helechos
tu cuna fue adornada.

Tus primeros pasos
extasiaron todo el Valle,
y tus gritos despertaron
los gigantes centinelas,
Peñasanabria y Altamira.

La mezcla de las indias
con los nuevos castellanos
en tus casas de barro y de bahareque,
aromadas por recinas
de pinos y azucenas
escondieron los ensueños
de tu ancestro.

Y creciste con la nueva savia,
imaginación, malicia y magia,
raza de amor y de distancias.

Tu campiña, llena de trigales,
de cerezos, de moras y maizales,
por tus hijos ya sembrada,
hoy te ofrece rosas y claveles
llenos de amor y de esperanza.

Campesino, que con tus pies descalzos
y tu azadón al hombro
fecundas las praderas,
Villapinzón te grita:
No abandones tu parcela
ni apagues el fuego de tu rancho;
cuando regreses de tu lucha diaria
entona el himno de tu estancia.

Músicos, Pintores, Poetas y Aldeanos,
recorred todos los caminos con la pluma,
el pincel, la hoz, la flauta;
llevad siempre en el alma la nostalgia de la tierra,
la audacia y la inteligencia de la raza.

José del Carmen Escobar S.

AL FUNZA

En el Tequendama

(Poesía Premiada en los Juegos Florales de Bogotá el 30 de octubre de 1904)
Al Sr. Dr. D. Antonio Gómez Restrepo

¡Cómo ha querido la fortuna, oh río,
Que tu destino fuera
Tan semejante al mío!
Yo conozco la cima de que brota
Tu límpido raudal, y tu corriente
He mirado formarse gota a gota.
Yo he visto rodar por la pendiente
Formando diminuta catarata,
Y después, ya crecido, la llanura
Te he visto atravesar -sierpe de plata-
Sobre tu inmenso lecho de verdura.

Yo conozco tu historia:
De aquella cima, juguetón, travieso
Te desprendes; las flores
Se doblan de tu linfa bajo el peso,
Y pareces un niño: tus rumores
Son un canto infantil.
Así era el mío cuando, niño inocente,
No lejos de la cumbre donde naces,
Con alegre bandada de rapaces
Me dejaba arrastrar por tu corriente....
Y mi alma entonces era
Tan pura cual tu linfa transparente.

Después, lento deslizas
Silencioso tu caudal sombrío
Sobre un lecho de arenas movedizas,
Y a medida que avanzas,
Vas perdiendo tu hermosa transparencia,
Como perdiendo voy mis esperanzas
La llanura al cruzar de la existencia...
¡Cómo ha querido la fortuna, oh río,
Que á tu destino fuera
Tan semejante al mío!

Y hoy estamos de nuevo frente a frente
Tú no eres ya el arroyo, ni yo el niño,
Que quiere la fortuna,
Que como tú distante de tu fuente,
Yo me encuentre ya lejos de mi cuna.
Gigante vienes, sí: mas en tus ondas
Arrastras mucho lodo,
Y, hondo dolor embarga el alma mía
Al ver cómo los dos hemos perdido
Todo lo más hermoso
Que en nosotros había:
Tú, aquel cristal de hermosa transparencia
Donde copiarse el cielo se veía;
Yo, el tesoro sin par de la inocencia,
Que quedó hecha jirones en la vía.

Ah! si volver pudiera
Atrás ese caudal, y si a mí el cielo
Volver a la niñez me permitiera!
Mas ay! que como avanzas
Sin poder detenerte en tu carrera
Hasta arrojarte en el abismo oscuro,
Yo tendré que avanzar hasta que ruede
Al antro misterioso del futuro
¡Cómo ha querido la fortuna, oh río,
Que á tu destino fuera,
¡Tan semejante el mío!

Con tu estridente grito
De tus riberas los boscajes llenas,
Y al ascender vibrando al infinito
Estremeces las bóvedas serenas
Luego, tu agigantada
Mole se pierde en el abismo; apenas
Puede seguirte ansiosa la mirada
Breves instantes al caer; el velo
De lo desconocido te cobija,
Nadie conoce el antro misterioso
Donde tu enorme masa se derrumba:
Es que siempre la muerte es un arcano,
Y es que aquella es tu tumba, y á la tumba
Jamás alcanza el pensamiento humano.

Mas al par que unas olas
-Esas que arrastran mucho lodo- ruedan
Hasta la cima oscura,
Otras, cual alba nube,
Se elevan de los cielos á la altura.
También cuando mi duelo
Cese por fin se perderá en la fosa
La mezquina porción que me ata al suelo
Pero el alma gloriosa,
Libre del lodo ya, tenderá el vuelo
¡ Y asi por siempre la fortuna, oh río,
Hará que semejantes
Sean tu destino y el destino mío!

Rafael Escobar Roa

Imagen

Allá arriba en aquel alto
hay una mat’e cardón
y en el copetico dice:

¡ QUE VIVA VILLAPINZON!



LA COPLA CAMPESINA

Uno de los más bellos signos espirituales de Colombia es su delicada poesía, la copla campesina. Como en otra hora u horas de la humanidad, cuando Homero o el hermano Francisco, aquí también el campesino acariciaba el instrumento musical para cantar la poesía. Antes de los griegos se pulsó el ama con cabeza de toro refulgente, después la kíthara, o forminx según Homero, más tarde el delicadísimo laúd y ahora, en nuestras montañas villapinzoneñas y breñas andinas, el requinto y el tiple. Al campesino no le basta su silencio enorme como respuesta a la osadía de la naturaleza que lo agobia. Entonces estalla su grito de sangre atragantada:

"Voy a salirme al camino
como una cosa perdía
pa’que no sepan de yo
ni el triste jín de mi vida".

Estas coplas son la suma de la extraña tristeza que producen las horas grises y planas. Esas sensaciones que crecen al pie del mortiño achatado, junto al aljibe seco, a las cenizas de la parva, al rastrojo deshecho, cuando el hombre ya sin amores canta secamente:

"Ya se murieron mis perros,
ya quedó mi rancho solo,
mañana me muero yo
para que se acabe todo".

Pero el alma del campesino también está labrada de finuras exquisitas que dulcemente le entrega a la mujer amada:

"Eres un granito de oro
y una perla dibujada
y eres aquel lucerito
que alumbra a la madrugada".

Las tradiciones indígenas también tomaban el lucero para sus canciones y odas poéticas:

"Lucero de la mañana
de la mañana lucero,
cómo te vas y me dejas,
sabiendo que yo te quiero!".

"Si la luna juera tinta "
y el cielo juera papel
le escribiera yo una carta
a aquel hermoso clavel".

"La vida se pasa pronto,
como las aguas del río
y se lleva en su corriente
tu pensamiento y el mío".


"He de dar y he de dar
hasta que dé a la porjía,
hasta que l’ihaga chispiar,
su jeta contra la mía"

"A los señores del pueblo
hay que tenerles cuidao
porque se echan junto a uno
y lo dejan embromao."

"Clavelito colorado
primo hermano del oriente,
cómo querés que te quiera
teniendo al otro presente?"

"El que tenga rabo’e paja
no se meta a la candela;
y yo como no lo tengo
me meto y juego con ella"

Yo a enamorar aprendí
y a enamorar desde chiquito
porque es bonito aprender
de cada cosa un poquito.

Cuando voy por un camino
me pongo a cantar mis coplas,
unas que tengo aprendidas
y otras que el diablo me sopla.

 

"Yo me enamoré del aigre,
del aigre de’una mujer.
como la mujer es aigre,
en el aigre me quedé".

"La rosa nació en la arena,
la clavellina en el mar,
yo nací para quererte
y, no poderte olvidar".

"A la canta que me echaste
le hizo jalta más cacao;
yo te la diré como es,
ojos de gato encuevao.

"El sapo ‘taba creyendo
que la sapa era doncella;
la noche de la visita
‘taba el lagarto con ella’.

"Tan bonita centurita
que anoche yo la medí
con una vara de cinta
catorce vueltas le dí.

"Domingo, lunes y martes,
y hasta el miércoles me voy,
y si se me da la gana,
U si no, pu’ aquí me ‘toy".

Chiquitica, chiquitica
como un grano de cebada;
no li hace que siá chiquita
como sú mujer honrada.

Pobrecita la paloma
que el gavilán se comió:
ya ven por dejarla sola
el mal que le sucedió.

 

MITOS Y LEYENDAS

Por Pilar Cuevas

Como una esfinge pétrea, los caminantes admiran esta descomunal figura con cara de simio.

Los relatos, las leyendas y los mitos hacen parte de la historia de los pueblos. En esencia reflejan los valores, creencias, costumbres y visiones que las gentes tienen del mundo, de acuerdo con su región, cultura y raza. De ahí que estas literaturas, fundamentalmente orales, se constituyen en una de las posibilidades para transmitir lo simbólico, lo mítico, lo mágico y las percepciones de la historia presenten la memoria colectiva de una comunidad. Por ésto, pueden llegar a reflejar tanto la problemática, como los anhelos y las esperanzas. Las siguientes son algunas leyendas, relatos y mitos nacidos de la memoria y en la voz de algunos pobladores de Villapinzón.

"Cuentan que en el pueblo de Villapinzón, vivía un niño llamado Carlos y que a el le gustaba ir mucho al campo a visitar a unos amigos que él tenía. Especialmente a Don Eusebio. Este señor los invitó a pasar unos días a la vereda de San Pedro en época de vacaciones y Carlitos aceptó la invitación. Llegado el día se fue para la montaña con Don Eusebio y de pronto se escuchó un espantoso grito asustándose el niño. El preguntó qué era ese grito, a lo que Don Eusebio le contestó que era la Madremonte, una cosa perversa y maligna que vive en el fondo del monte. Carlitos le dijo que si existían otros monstruos como esos y Don Eusebio dijo que si, que la patasola que era un monstruo con figura de mujer muy fea, que tenía los ojos saltones, las manos largas y una sola pata; que andaba a saltos sobre los árboles y la montaña, haciendo unos huecos muy profundos y donde pisaba no volvía a salir yerba y se formaba allí un hormiguero. La Patasola tenía un hermano que era Patetarro porque tenía un pie de tarro y que era cobarde. Al enterarse Carlitos de todo esto, cuentan que les perdió el miedo y que desde ese día salía por el monte a buscarlos." (Contado por Alfredo Poviña. Folclor y Tradiciones de Villapinzón, Gloria Rubiano de Quintero, Luz Marina Rubiano Rey. ITUC. Bogotá).

LEYENDAS

EL MURO Y LA PIEDRA DEL DIABLO

"Erase una vez cuando los habitantes de Hato Viejo hacían sus romerías a la Virgen de Chiquinquirá y que el diablo quizo impedirlas. Se puso a construir un muro de piedra muy alto en la vereda de Guangüita. Para ésto hizo una apuesta con un hombre en la que le dijo que antes de que cantara el gallo a la media noche él lo terminaría. Para esta construcción tuvo que cargar piedras muy grandes y de lugares distantes. Así fue que el gallo cantó y el diablo venía con la última piedra más o menos a 2 kilómetros antes de llegar al pueblo sobre la quebrada de Quincha y allí quedó la inmensa piedra. Algunos pobladores han dicho que al pasar por allí sienten miedo porque los asustan o porque han visto a un hombre negro que anda sobre la piedra, hoy denominada PIEDRA DEL DIABLO al este del municipio." (Narrada por: Ascención Cárdenas).

"Cuentan algunos ancianos que en el sitio denominado las cruces en la vereda de Chásquez, se aparecía el diablo y cuando traían un muerto para enterrarlo, el diablo salía y se lo robaba. Al llegar al pueblo encontraban el cajón vacío y a cambio del muerto encontraban unas piedras... Nunca volvieron por este sitio y hubo necesidad de hacer otros caminos para poder llevar los difuntos al cementerio. Aún la gente teme pasar por allí cuando viene un entierro." (Entrevista realizada a Marcos Rubiano. Ocupación, mecánico. Edad, 70 años. De Villapinzón. Tomado de: Folclor y Tradiciones de Villapinzón. Gloria Rubiano de Quintero. Luz Marina Rubiano Rey. ITUC. Bogotá, 1990).

"Cuentan que hace mucho tiempo los indígenas poseían grandes riquezas de oro, tesoros que fueron cuidadosamente guardados en la montaña de Peña Sanabria y por ésto al trepar se escucha mucho ruido, como agua entre las rocas. Los que la han recorrido los Viernes Santos a las doce de la noche han visto salir una luz que los conduce por entre el monte, y cuando se acercan desaparece." (Entrevista realizada a Hercilia Farfán. Ocupación, hogar. 52 años de edad. Villapinzón. Tomado de: Folclor y tradiciones de Villapinzón. Gloria Rubiano de Quintero. Luz Marina Rubiano Rey ITUC. Bogotá, 1990).

PEÑA SANABRIA

"Según las historias se dice que han visto una gallina con sus polluelos de oro y que los van a coger y desaparece. Otros, que han sentido a la media noche llorar a un niño recién nacido. También se dice que cada siete años el día Viernes Santo hacia la media noche se abre la peña al través y en el fondo ven un templo en oro muy bien tallado y adornadísimo con muchas imagenes, pero el que allí entre y no alcance a salir antes de cerrar la peña, será perdido para siempre." (Narrado por Ascención Cárdenas).

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LA LAGUNA DEL VALLE

"Cuentan que la Laguna del Valle, donde nace el río Bogotá, es encantada. Rondaba por esas tierras, cerca a la Laguna, el Mohán. Las gentes que se iban a bañar dejaban el jabón y éste se desaparecía de un momento para otro. Así que un buen día una señora puso el jabón e hizo la que se iba, pero se escondió para ver quién lo cogía. Entonces vió un señor todo haraposo que llegó y cogió el jabón y se fué; ella corrió a pegarle. El le dijo que el jaboncito lo necesitaba para lavar su ropa y para bañarse, ya que él no podía salir hasta el pueblo a comprarlo. Así, le pidió que se lo dejara llevar y que él daba a cambio unas dos piedritas que a ella le iban a servir. Ella, cerró los ojos y cuando los abrió, el anciano se había ido pero encontró una barra de oro." (Narrado por Misael Muñoz).

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