VILLAPINZÓN
Luis Antonio
Escobar
ARQUITECTURA
LA ARQUITECTURA
Por Luis Antonio Escobar
...y el hombre, como
un dios terrestre, tomó el polvo con sus manos, lo amasó y formó el barro; arrancó las
pajuelas llamadas cuán" y las trenzó en lasos y cabuyas; cortó el chusque y con
todo lo anterior, creó los bohíos en donde vivieron con sus mujeres y sus hijos. Así
nacía la más bella arquitectura del hombre, modelada con sus propios dedos y sus manos,
realizada con los más simples medios naturales. Aquel hombre no necesitaba más. Su
perspectiva estaba fuera de su casa, mirando el cielo, sembrando las semillas del maíz o
de la papa, acariciado por el viento, oyendo el murmullo y gozando las melodiosas
quebradas y los ríos, adentrándose en la selva, integrándose como parte de sus caminos
y montañas, todo lo cual, a su vez, lo hacía crear, danzar y cantar.
El bohío, quizá fue la
primera gran creación arquitectónica del indio. Lo construyó hasta llegar a
simplificarlo como esencia de su sensibilidad, como síntesis geométrica y lo colocó en
el espacio como si fuera un nuevo árbol de alegría, como para colgar nidos fecundantes.
El piso también fue de barro y le sirvió de lecho y continua comunión con la tierra,
caracol-oído para escuchar sus canciones misteriosas o para entregarle sus propios ruegos
lacerantes. Así vivieron nuestros antepasados recientes, en casas que ahora agonizan
mostrando su esqueleto de cañas con barro apelmasado, barro triste, de color de muerto,
barro que sigue resistiendo el sol y el viento, del cual, como si el tiempo suspirara,
brotan de repente flores alucinadamente relucientes.
Nuestros abuelos
durmieron en esas casas, pusieron fogones en su piso, hicieron cántaros de barro para
traer el agua pues los tatarabuelos habían inventado el noble lenguaje de la cerámica
que, después de muchos siglos, sigue hablándonos y mostrando el alma profunda del
indígena. Se llegó tan lejos que, con el barro nacido de la tierra, elevaron
fantásticos templos en sus antiguas ciudades, como los de Chanchán de los chimúes o la
Huaca del Sol al norte del Perú.
Más tarde, otras
culturas de Centro y Suramérica, dominaron la piedra hasta lograr la perfección con los
templos mayas de Chichén Itzá, Uxmal, Tikal y Teotihuacán que hoy se siguen
contemplando con enorme admiración y como muestra de las más esplendorosas obras
arquitectónicas de todos los tiempos. Allí siguen reptando enormes serpientes que asoman
sus cabezas de piedra, mostrando la realidad de la escultura, del adorno en la
construcción. Cuando llegaron los españoles, ya siglos antes había culminado un arte
hermoso, arte indígena que podía llamarse Barroco, estilo que los invasores apenas
comenzaban a sentir.
LA INFLUENCIA
ESPAÑOLA
La inmensa mayoría
de ciudades salieron de pueblos o asentamientos al pie de los grandes ríos que quitaban
la sed y le agregaban belleza a sus alrededores. En el caso de los españoles, ansiosos de
dominio y riqueza, pensaron más en imponer sus dos símbolos definitivos, la iglesia y la
casa de gobierno o alcaldía. Eran, la nueva religión y el nuevo idioma. Al comienzo
fueron iglesias-chozas como en las que tuvieron que vivir, en Santafé Fray Juan de los
Barrios y en Popayán el obispo Juan del Valle, esta última iglesia en donde se hacía de
todo, lo humano y lo divino.
Pero una vez alcanzado el
éxito, realmente se construyeron preciosos monumentos que a su vez conformaban la Plaza
Mayor, sentido arquitectónico y urbanístico que modeló todos los pueblos y ciudades no
sólo de Colombia. El mismo Jiménez de Quesada nombra al arquitecto Juan de Céspedes
para que trace el nuevo poblado de Santafé de Bogotá convirtiéndose así en el primer
urbanista de la ciudad. La severidad arquitectónica española y el sentido de la urbe se
labró con piedra y armonía en sitios como Villa de Leyva y en pueblitos apartados cuyas
plazas son sus amadas salas de recibo.
Pero en lo que se refiere
a nuestro querido pueblo Villapinzón y a la cultura Chibcha, sigue hasta nuestros días
el rastro dejado por el chusque, por el barro y por el cuán como en otras partes la
guadua, y como en la mayoría de los pueblos, se acomodan las influencias española e
indígena, casas de adobe, del mismo que usaron en Mesopotamia, cuán y fique torcido,
teja de barro y todo dentro de la estupenda armonía espacial de las plazas españolas. Es
una especie de milagro que la mayoría de los pueblos siguieran el trazado o sentido
urbanístico que se inicia con Don Juan de Céspedes. En Villapinzón se construyen las
casas de tapia pisada, con teja de barro y con el tiempo se agregan, la cal, el cemento y
el baldosín.
Después las casas se
construyen con cimientos de piedra y gruesos muros de adobe, a la usanza española y se
pisan tapias de barro que sirven para delimitar las propiedades con inmensos portalones.
Comenzaban a desaparecer
ciertas formas culturales indígenas, la Minga o el Convite, formas comunales utilizadas
no sólo para construir viviendas sino para reunir cosechas, hacer caminos y levantar
hermosos templos. Ese maravilloso espíritu de "convite" se palpa aún en
Villapinzón que ha logrado crear caminos amplios para todas las veredas y escuelas dignas
para sus niños. Mucho antes del alba, caminé con mis padres que llevaban amasijos para
ser vendidos en bazares veredales a beneficio de sus escuelas. Es la tradición indígena
que ha hecho prosperar a nuestro pueblo.
Portalones
de entrada a las antiguas haciendas que junto con las tapias de adobe persisten contra el
tiempo. Ahora, más que guardianes, son reflejos de formas y materiales arquitectónicos.
La plaza sigue siendo el
centro de los pueblos. Se puede decir que no existe pueblo alguno que no se identifique
por su plaza, iglesia y alcaldía. Allí se congregaban los ciudadanos a
"mercar", a oír el "bando", a celebrar las procesiones. En éstas, en
forma espontánea, aparecía lo que cualquier crítico de arte podría gozar y llamar muy
justamente el "Pop art". Me refiero a las palizadas llenas de greda afinada con
las manos y en las cuales se hacían figuras de ángeles, custodias, flores y demás
adornos del permanente barroco popular, todo realizado con pepas de eucaliptus, papel
creppé, y cintas de colores. Allí se colocaba el Santísimo en las fiestas del Corpus
Christi, se escuchaba el coro de niños acompañado del armonio llevado en andas. Eran
cuatro altares, uno en cada esquina y en cada una de éstos salía a relucir el poder
creativo de los encargados de recibir la custodia sagrada. Bajo palio, cirios grandes,
llevados por los dignatarios importantes, se recorrían lentamente los trayectos que
estaban adornados con arcos llenos de flores y de corales.
En otras ocasiones, para
la fiesta de San Isidro o de San Pedro, los niños eran los encargados de llevar frutos y
amasijos especiales que imitaban a estos santos con masas de harina y ojos de maíz
tostado. Y naturalmente, en la noche seguían las fiestas populares con vacalocas, varas
de premio, castillos de pólvora en medio de alegres bambucos, pasillos y torbellinos
tocados por la Banda del Pueblo o por los conjuntos veredales que entonces eran muchos y
muy espontáneos.
Todo lo anterior se liga
a la arquitectura si pensamos que su esencia también es la creación. Seguía imperando
el sentido del arte total y el enorme respeto a las manifestaciones populares. En otro
pueblo, Vianí, tuve la oportunidad de escuchar las improvisaciones poéticas del bardo
campesino que en cada esquina alababa a la Virgen o al santo de turno. La espontaneidad de
las expresiones artísticas era algo maravilloso que no supimos comprender a tiempo.
Casa 1,
Casa 2, Casa 3, Casa 4.
Da pena pensar que todas
estas manifestaciones se hayan perdido, que no se hayan filmado, que no haya archivos. Y
no me he referido a los altares de Semana Santa, a los espectáculos "Pop", es
decir, netamente populares en sus expresiones teatrales. Las procesiones que llevaban el
cuerpo de Cristo, velado toda la noche, al dolor sincero de los feligreses manifestado con
su llanto. Este ambiente del barroco americano me hace recordar el llanto profundo de Juan
Sebastián Bach en su maravillosa pasión según San Mateo, cuando siente dolor al ver en
el sepulcro a su Dios y le canta con toda ternura: "Mi Jesús! Mi Jesús!". Eran
tiempos, en el caso de Colombia, muy recientes, cuando se era sincero en las creencias.
Por eso sus manifestaciones fueron hermosas, quizá ingenuas y simples pero llenas de esa
aureola que da la autenticidad.
Pero sigamos con las
casas que después fueron construidas con ladrillos cocidos en el mismo pueblo. Entonces
la casa tenía ventanas y puertas más amplias, tejas de barro, algunas, techo de zinc y
otras, de plástico o "eternit". Se cambiaron los diseños. Se vivió ya para
mostrar la arquitectura. Puertas grandes, garages, pórticos, barandas y cocinas para luz
eléctrica. Todos estos estilos obedecen a cambios muy rápidos que requieren sitios para
la televisión, sala de juegos, en fin, todo eso que se llama moderno. Sin embargo, aún
se pueden contemplar algunas casitas con alma pintada de flores. Por Villapinzón se
pasaba para ir a Tunja y se miraban casas verdes y rosadas, casas con geranios sembrados
en vasijas de barro, con tarros llenos de novios, entradas de margaritas que
milagrosamente permanecían florecidas todo el tiempo. Las mujeres, los hombres, los
niños, las gallinas, los perros y los gatos vivían entre flores. ¡Cuánto hay que
recuperar y salvar como ley sagrada de nuestras bellas tradiciones!
Por dentro las casas
estuvieron siempre limpias y adornadas con materas de claveles, hortensias o geranios; las
mesas con manteles limpios que trenzaban rosas rojas bordadas en crochet; el huerto olía
a yerbabuena, toronjil, albahaca, tomillo, coles y cebollas, hierbas metidas entre
duraznos, cerezos, papayuelos o ciruelos. La arquitectura no era un plan para mostrar. Se
construía para vivir amorosamente y si alguien visitaba aquellos hogares sentía la
bondad y nobleza de sus dueños que siempre invitaban a compartir el pan de la morada. El
perro, el gato, las gallinas, el gallo madrugador, integraban la arquitectura de las
proporciones pues tenían sus propios linderos en sus corrales y solares.
Ese fue el tiempo cuando,
como en la época medioeval europea, se levantaban catedrales empujando al espacio las
agujas enhiestas de las torres, buscando el cielo y en éste, algún indicio milagroso de
Dios. Se juntaban los hombres unidos por la fe que los ayudaba a seguir el ritmo tranquilo
de sus hogares y deberes. Así surgió la iglesia de Villapinzón, orgullo no sólo de
este municipio sino de la arquitectura nacional. Su fachada limpia, de estilo
neorenacentista, clásico, tranquilamente equilibrado, es en verdad una bella obra de
arte. Me apena decir que los villapinzonenses no supieron cuidar el altar, preciosa obra
del maestro Ricardo Acevedo Bernal que algún párroco irresponsable mandó derribar, no
sé con qué fines. En igual forma y por descuido de los feligreses y aún de las
autoridades municipales, se han perdido ornamentos y custodias cuyo valor no sólo es
económico sino cultural. La Curia está en mora de investigar y corregir estos desmanes
de sacerdotes que no respetan el patrimonio de los pueblos. Sobra decir que estos actos
irresponsables son excepciones pues la inmensa mayoría de los sacerdotes encargados de la
parroquia se han distinguido por su comportamiento ejemplar y el deseo de ayuda a sus
feligreses.
La iglesia, en otro
tiempo, debía estar rodeada de jardines. Se levantaron pilares en piedra que armonizaban
con el estilo sobrio de la iglesia. Se sembraron hortensias, pensamientos, margaritas que
los niños de los colegios cuidaron con esmero. Era la realidad de un pensamiento
arquitectónico total que resumía las estructuras del comportamiento del hombre de
entonces. Pero llegaron otros sacerdotes y gobernantes que alquilaron o vendieron estos
jardines aledaños a la iglesia y en su lugar se levantaron casas de comercio, bancos,
tiendas o sitios de aparejos.
A sus casas los
campesinos les dejaron espacios definidos para sus propios jardines y huertos. Era un
sentido casi elemental pues se colocaban en fraternal algarabía, flores, hierbas de
cocina, medicinales y árboles frutales. Pero esto no importaba. La esencia era el amor
por el jardín, por el adorno para el hogar. Tristemente, como en el caso de los jardines
de la iglesia, ahora se principia a ver solamente el valor comercial de los espacios. Se
acaba el sentido profundo de la arquitectura humanizada. Ni los sacerdotes ni los
campesinos de otro tiempo supieron las premisas de Filippo Brunelleschi pues no alcanzaron
a construir la cúpula de la iglesia contemplada en el proyecto. No supieron que es un
volumen descompuesto, un estilo racionalista ni otras tantas fórmulas de los estudiosos
del espacio y de la forma. Sin embargo, supieron guardar, hasta hace poco tiempo, la
tradición indígena que amaba los espacios, las flores, los jardines, las formas, la
escultura, el agua y los ríos, todo lo cual es también arquitectura.
Fueron sociedades juntas,
cerradas, familiares, unidas por creencias y religiones de conjunto. Ahora asistimos a la
disgregación, no hay dioses ni religiones únicas y la arquitectura ya no es producto de
orientaciones estéticas o de estilos definidos. Hasta se podría decir que la
arquitectura ya no complace al hombre y más bien lo aprisiona, lo ahoga el espacio medido
en centímetros cuadrados. Lamentablemente, hasta en los pueblos la arquitectura se ha
deshumanizado.
Por
mucho tiempo la casa fue apenas un refugio humilde, construida con barro y chusque, techo
de paja y posteriormente con adobe. Se vivía y se cocinaba afuera. Para dormir utilizaban
esterillas de junco. Acompañaban a la casa el árbol y la huerta, el cordero, el perro y
el gato.
Caminos
de Bolívar y Santander, de campesinos y caballeros, enmarcados con tapias de barro.
Forma
típica de las casas a mediados del siglo. Varias habitaciones definidas, patio cubierto,
puertas y ventanas amplias, corredor con ladrillo o baldosín.
Antigua
Estación del Ferrocarril a donde llegaban las inmensas locomotoras, entre otras, la
famosa Mil Uno. Al frente los nuevos durmientes para la reconstrucción de la vía
férrea.
Escuela
de la vereda de Chinquira. Cada edificio con estilo diferente.
Alcaldía
Municipal de Villapinzón. Mezcla de estilos.
Casa
de estilo moderno con balcón recogido, garaje amplio, materiales nuevos, puertas
metálicas, vidrios esmerilado, tanques para el agua y techo plano.
Alegre
colegiala rumbo a su casa en el nuevo barrio.
Plaza
cubierta para depósito y venta de la papa. Actualmente Propapa construye un moderno
centro de comercialización de este producto.
CURTIEMBRES
Después
del proceso del curtido, los cueros cuelgan, listos para convertirse en los más variados
y sofisticados artículos.
LA INDUSTRIA DEL CUERO
Por Alcibíades Gil
El cuero curtido que
el hombre utiliza desde hace muchos siglos es notorio por presentar un conjunto de
propiedades que no reúne ningún material artificial. Puede ser tan duro y tenaz que
resulta difícil trabajarlo, pero puede ser tan suave y flexible como un tejido fino,
constituyéndose en material del que se pueden servir las costureras. No presenta
dificultad para cortarlo, unirlo, repujarlo, teñirlo; una vez cortados los bordes no se
deshilan, características que para algunas aplicaciones lo hace superior a otros
materiales y tejidos. El cuero se viene utilizando desde hace muchos años para fabricar
toda clase de enseres y utensilios, como sillas de montar, recipientes para cargar agua,
aceite y vino, artículos de viaje, guantes industriales, correas, zapatos, muebles,
prendas de vestir etc. Para producir este material de múltiples usos, es necesario el
arte del curtidor.
El curtido en el mundo se
practica desde tiempos inmemoriales y el primer sistema de curtición consistió en ahumar
las pieles y tratarlas varias veces con grasas y acacias que contienen taninos. Al parecer
los egipcios fueron los primeros que utilizaron el alumbre como materia curtiente y los
romanos, los iniciadores de curtientes vegetales, principalmente corteza de pino.
Hasta finales del siglo
XIX, los procesos de curtido fueron tradicionales, con muy poca evolución, solamente
hacia 1.880, el Sueco COVALLIIN y el Alemán F. KNAPP, inventaron el curtido usando sales
de cromo, invento que patentaron los norteamericanos SHLILTZ y DENNIS. Desde entonces se
ha producido un progreso extraordinario en el proceso de curtición.
Entre 1.910 y 1.916, el
profesor HR. DRQCKER, de la Universidad de LEEDS, estudió el curtido al cromo que
suplantó el curtido con vegetales y alumbre. El italiano LEPETIT descubrió el Extracto
de Quebrancho como el mejor tanino de madera y por último aparecen los taninos
artificiales que junto con las propiedades curtientes del formol y del circonio, hacen
preveer la obtención de cueros que presentan cualidades y características nuevas.
El establecimiento donde
se curten y trabajan las pieles técnicamente se llama curtiduría, pero tradicionalmente
se ha conocido con el nombre de "TENERIA". Este nombre es típicamente Español
y proviene de un Barrio Medioeval de la Ciudad de Toledo, en el que floreció la
artesanía del cuero repujado.
En Villapinzón la
industria del curtido tiene más de 150 años y los primeros curtidores se ubicaron en las
partes altas de las veredas de San Pedro y Casablanca ricas en aquel entonces en especies
nativas como el encenillo, el roble y la acacia, que contienen extractos tánicos que
utilizaron para curtir las pieles que movilizaban a lomo de bueyes de carga o a las
espaldas, por trochas y caminos en mal estado.
Las pieles las compraban
en Bogotá y municipios vecinos de Cundinamarca y Boyacá. Al agotarse las especies que
contenían tanino localizaron buenas cantidades de encenillo en el Valle de Tenza y
Arcabuco y se organizaron comerciantes que traían a los curtidores los bultos de la
corteza.
La maquinaria y
herramientas utilizadas eran muy sencillas y constaban de una alberca, un banco para
descarne, una cuchilla de descarnar de 2 mangos con borde cóncavo para raspar y un
convexo para cortar, un molino mecánico para triturar la corteza, una mesa, una
estiradora de bronce o cobre con empuñadora de madera, piedras de dos o tres arrobas,
agujas y cuerdas de fique porque se hacía un zurrón, se introducía la corteza con otros
productos químicos y agua, se le colocaban pesadas piedras para que el poro del cuero
abriera y recibiera estos productos con los cuales el cuero quedaba curtido.
El proceso se hacía en
forma rudimentaria y curtían las vaquetas que llamaron "chocontanas" que tantos
usos le dieron los talabarteros del Tolima y de Los Llanos Orientales. También se
fabricó zuela que se vendía en Guateque y Duitama para hacer cotizas y alpargatas. En
Villapinzón sobresalieron en la industria de las cotizas Antonio López y Siervo
Contreras.
En la década del sesenta
aparecieron los primeros fulones (bombos) a lado y lado de la Carretera Central del Norte
y riberas del Río Bogotá iniciándose el proceso de curtición al cromo de pieles de
vacuno y ovejo, fabricando los forros para carteras y calzado.
En la década del setenta
se fue mecanizando la industria y aparecen las primeras descarnadoras, divididoras,
rebajadoras, estimadora y cilindros; se sustituye la utilización de la corteza del
encenillo por los extractos de Quebrancho y Acacia que los mismos curtidores importan de
Argentina, Brasil y Paraguay. Otras materias primas se compran a multinacionales
establecidas en Colombia.
En la última década se
presenta lo que se puede calificar como "la revolución de la Industria del cuero en
Villapinzón". Se importan de Alemania, Italia y Brasil las máquinas más modernas y
sofisticadas. Se inicia la producción de Napas para calzado y confección, tulas para
manufacturas de exportación, se adquieren las más modernas técnicas, nacen nuevas
industrias y se incrementa el volumen de producción.
La comercialización de
los productos terminados como suelas, crupones, cuellos, faldas, talas, medios de
talabartería, napas y tulas se hace a nivel nacional, gozando de gran acogida entre los
artesanos e industriales por su buena calidad para producir las mejores manufacturas,
zapatos y prendas de vestir del país.
Nuestra industria
curtidora ha evolucionado notoriamente en los últimos años y hoy, en tecnología y
calidad, puede competir con las grandes industrias.
CRONICA DE LAS
ANTIGUAS CURTIEMBRES
Por Amparo Angel
Hacia el año 1606,
el Arzobispo Bartholomé Lobo Guerrero, ordenó matar cientos de carneros para curtir sus
pieles y hacer los treinta y siete libros de cantos, orgullo de la Catedral de Bogotá,
sobre los cuales se dibujaron las notas musicales y las letras pintadas por el gran
miniaturista Francisco de Páramo.
Las técnicas de
curtiembre venidas de España se iniciaban en Colombia, no sólo haciendo las delicadas
hojas de los libros sagrados sino repujando cueros, tratando las pieles de diferentes
calibres para toda suerte de accesorios como, sillas, aperos, estribos, zamarros,
alforjas, zapatos, botas, botijas y zurrones para conservar la miel y la chicha.
Los bosques que rodeaban
el sitio de, por aquel entonces Hatoviejo, hace cerca de doscientos cincuenta años, no
habían sido tocados aún por el hombre. Sus montañas estaban vestidas de espesos bosques
que hacían crecer, a pesar de la altura del terreno, cientos de especies nativas, una de
ellas propicia para las curtiembres, el Encenillo.
Uno de los tradicionales
curtidores de Villapinzón don Jaime Lizarazo Fernández, nos ha informado algunos
detalles de las antiguas curtiembres y cómo su abuelo, orgulloso, le contaba que el
General Francisco de Paula Santander había comprado su silla de montar en Chocontá,
hecha con la famosa Vaqueta Chocontana.
Este pueblo, vecino y
hermano de Villapinzón, fue famoso por sus industrias artesanales de sillas de montar y
aperos. Hasta hace muy poco tiempo daba gusto recorrer su calle principal y admirar, a
lado y lado, las puertas decoradas con rejos, zamarros, sillas y diversos productos
elaborados con cuero. Esto hace pensar que muchos de los caballos de los libertadores
fueron aperados en este sitio.
La primera curtiembre en
Villapinzón se inició hacia 1820, con don Francisco López, apodado "Pacho
Cucharo" y desde 1880 se propagó el oficio con los primeros curtidores: Angel María
López, hijo de don Pacho, Custodio Barrero, Gervacio López. Ramón Fernández. Fernando
Lizarazo, Román López, Esteban Fernández, Manuel Fernández y otras familias, los
Contreras, los Vera, los Bernal. Estos primeros curtidores transmitieron las técnicas a
sus hijos y nietos y se han conservado hasta llegar actualmente a la cifra de 185
curtiembres en los sectores de Villapinzón y Chocontá.
TECNICA ANTIGUA
El antiguo proceso se
iniciaba con la pelada de la piel a base de ceniza y cal traída de las calizas de
Ventaquemada. Se dejaba la piel en remojo, en un Calero, durante quince días para
ablandarla, al cabo de los cuales se sacaba y se extendía para quitarle el pelo
raspándolo con una pata. Luego, se dejaba en un pozo con agua pura durante tres días.
Después se "manaba" con un "manisto" para sacarle la cal de los poros
y se descamaba con una cuchilla Reversa o cuchilla Larga. Enseguida era dejada en remojo
un día para colocarla luego en otro pozo preparado con cáscara de Encenillo o Dividivi.
El Encenillo se molía de antemano en una pila con un pizón y era el encargado de teñir
la piel. Se sacaba de este último pozo y cocida en forma de zurrón, con fique y aguja de
aria, se llenaba de agua y cáscara de Encenillo. Al Zurrón se le colocaba piedras encima
para hacer "sudar la vaqueta". Este proceso hacía pasar por los poros el agua y
teñía la piel. Se blanqueaba con ácido oxálico y bisulfito de sodio y por último, se
extendía al sol estirada y sostenida con trozos de madera.
Así continuó por mucho
tiempo el proceso de las curtiembres, hasta que llegaron nuevos métodos y máquinas
modernas con los cuales se adelantan las curtiembres actualmente.
Don Luis Parra, es el
único artesano que continúa la tradición antigua del curtido. El prosigue, en Tres
Esquinas, la antigua costumbre de sus mayores, que quizás se inició en aquellos tiempos
del Arzobispo Bartholomé Lobo Guerrero.
Histórica
piedra tallada como recipiente para remojar los cueros. Generaciones de hombres que
lucharon en una u otra forma hasta lograr la moderna industria de curtiembres.
LA SALUD
Dr. Leovigildo Torres
Por su altura a nivel
del mar, por su clima frío y su topografía variada, Villapinzón es un sitio para
respirar aire puro y abundante oxigeno del que se disfruta en las mañanas frías y
frescas. Sus gentes son alegres, emotivas, trabajadoras y emprendedoras. Les gusta el buen
vivir y la armonía con coterráneos y forasteros. Pueblo cosmopolita que alberga con
gusto al visitante y se preocupa por su comodidad y progreso; por esta razón también, el
número de habitantes aumenta día a día. Los diferentes planteles educativos que son
altamente calificados, brindan la oportunidad de educar a la juventud; este es otro motivo
de inmigración, pues los padres de familia de los pueblos circunvecinos acuden a estos
planteles y muchos de ellos buscan alojamiento definitivo en el municipio. Es pues, la
ciudad cultural de la región.
Su banda de música
conocida en todo el territorio patrio, sus exponentes culturales, con esa inclinación y
gusto innato por la música, por el canto, y las bellas artes. Es un pueblo joven,
vigoroso y alegre. A todo instante se tiene pendiente algo por hacer, compartir, competir
y mucho por adquirir. Sus campos de deporte y sus diferentes actividades, mantienen a la
juventud ilusionada, ocupada y alegre. Los días de mercado son muy concurridos;
abundancia de artículos, facilidades de transporte, frescura de los productos y la
honradez de sus gentes, atraen la atención de propios y extraños.
Se consume gran cantidad
de cerveza en recompensa al rústico y esforzado trabajo. Sus habitantes acuden a buscar
salud acusando dolores de cabeza, pérdida de apetito y de las fuerzas, agotamiento y poca
capacidad física para el trabajo. Al examen clínico se les encuentra gran parasitismo
intestinal, desnutrición, problemas avitaminósicos con pérdida de la dentadura,
atrofias frecuentes por la no ingesta de prótidos. Enfermedades de la piel por hongos,
por el contacto permanente con la tierra, por heridas sufridas con sus instrumentos de
trabajo u ocasionales. Patología muy variada, muchos problemas pulmonares y
cardio-respiratorios originados en la orofaringe por amigdalitis o rinitis debido a la
inspiración de polvo cuando la tierra es seca o bien cuando llueve sobre sus surcos.
Pacientes de mediana y tercera edad con problemas artríticos, renales, hipertensivos,
cardio-respiratorios, cardio-renales, cuadros que evolucionan muy lentamente sin
alterarles la capacidad física para su trabajo. Difícil es el someterlos a una dieta, a
permanecer en reposo y mucho más a controles médicos. Amantes de la botánica,
frecuentan sus bebidas medicinales, interrumpen fácilmente su tratamiento y confiados en
sus cuidados laboran contentos y resignados.
Afecciones
gastrointestinales: Ulcera gástrica, etc., Son frecuentes ya que su mismo afán de
cultivar la tierra, cuidar sus animales y cumplir con la labranza, les hace olvidar su
tratamiento. Enfermedades hepáticas muchas; el guarapo, la chicha de tiempos idos con los
cuales reemplazaban el biberón las madres, fueron responsables mas tarde de deficiencias
hepáticas. Entidades psíquicas lo mismo que enfermedades infectocontagiosas de alto
riesgo o de tara social, sífilis, T.B.C. o Hanssen, poco frecuentes. Amibiasis intestinal
debido a las aguas de los ríos y quebradas sin tratamiento adecuado.
La longevidad es marcada;
se oye hablar de los ciento diez, de los cien y de los noventa años con mucha frecuencia.
El infarto cardíaco se está sucediendo ahora como complicación por el descuido en el
tratamiento de las enfermedades renales en especial. Se dispone de centro de salud y
consultorios médicos particulares dentro de la localidad. Es muy satisfactorio ver hoy
día la juventud estudiantil sin anteojos y sin aparatos de audiometría; el amplio
horizonte y el silencio reinante los protege.
La capacidad intelectual
de todos sus moradores y en especial de los de la nueva generación es abierta, de fácil
captación y pronta asimilación. Factores importantes para el estudio y la
investigación. Costumbres sanas y marcada inclinación religiosa heredada de nuestros
antepasados, los lleva a triunfar en diversos campos.
Era el año de 1949 y me
tocó en suerte reemplazar en la botica municipal al Señor Angel María Granados, quien
la atendía con acierto y desinterés. Quiero hacer memoria de él por su bondad, por su
exquisita sensibilidad humana, por su don de gentes, por los servicios prestados a todos
los de mi generación quienes encontraron el alivio a sus dolores, a sus angustias y un
remedio a sus quebrantos. Su orientación y su consejo, así como su ayuda económica al
necesitado para trasladarlos al hospital o clínica, eran en él actos frecuentes y
espontáneos. Paz a su tumba. Se divisa de cerca un inusitado progreso en el ambiente
general de Villapinzón. Ojalá las nuevas generaciones se preocupen entrañablemente en
el desarrollo urbanístico y formación intelectual de los moradores del municipio y
permanezcan siempre dispuestos a aportar lo mejor de sus conocimientos y experiencias
desde donde se encuentran, en pro de este terruño que ha dado a la patria tantos hombres
ilustres.
El
boticario Angel María Granados que con su bondad y generosidad conquistó el cariño de
todos los villapinzonenses.
LA PAPA EN VILLAPINZON
Sabemos que la
siembra de la papa en Villapinzón es una tradición milenaria arraigada y proveniente de
las culturas indígenas. Su cultivo y el del maíz ha sido y sigue siendo la principal
fuente de alimento para los hombres. Los precolombinos celebraban fiestas en la
iniciación de las siembras, se cantaba y danzaba, vestían atuendos especiales.
Utilizaban formas de siembra que hoy se miran con aprecio pues evitan la erosión. El
maíz se sembraba con "chuzos" que eran presionados con el pie para abrir el
hueco y arrojar allí la semilla.
Los
indígenas precolombinos celebraban "Las fiestas de la labranza con cantos y danzas
para sembrar la papa. "Es fiesta en todo el rreino, beven en la Minga comen y cantan
Haylli, canto al romper la tierra".
Ataviados
y con chuzos que forzaba con el pie abrían el hueco para depositar el maíz. Eran
siembras en forma de Minga o convites.
Sobre la calidad y
cantidad de los alimentos nos ilustra el profesor Lauro Luján, en la revista FEDEPAPA de
octubre de 1992, página 28: "Actualmente los cuatro cultivos básicos que alimentan
la población mundial son el trigo, arroz, maíz y papa. Según los pronósticos de la
FAO, en 1992 se consecharán 547 millones de toneladas de trigo y 527 de arroz. Por otra
parte se estima que posiblemente se producirán más de 400 millones de toneladas de maíz
y más de 300 de papa". Agrega que según el antropólogo Robert E. Rhoades (National
Geographic, mayo de 1982), "la cosecha anual de papa en el mundo al precio pagado por
el consumidor vale 106 billones de dólares, es decir, vale más que todo el oro y la
plata que llevaron a Europa los españoles y los piratas".
Pero aparte de estos
datos hay otros aspectos ligados al cultivo de la papa no sólo en Villapinzón. Antes no
se buscaba solamente la renta o la ganancia prodigiosa pero llegó la
"maquinización", la utilización del tractor y comenzaron a cambiar las
técnicas y conceptos. A su vez, los nuevos procedimientos implicaron el uso de químicos
y las correspondientes presiones de sus fabricantes, fertilizantes e insecticidas hasta
entonces desconocidos por el campesino que por siglos había sembrado con abonos
naturales. Estos cambios en núcleos que pasaron del azadón al tractor y de la carretilla
al camión, han traído enormes beneficios pero también conllevan inmensos perjuicios,
algunos no inmediatos pero sí a mediano y largo plazo, todo lo cual se debe analizar con
rigidez y seriedad puesto que sus resultados implican el bien de la sociedad.
Indudablemente son
múltiples los problemas de los cultivadores, algunos también tradicionales, como la
continua inestabilidad en los precios sujetos a manipulaciones por el transporte,
almacenamiento, superproducción y demás factores. Otros problemas provenientes del uso o
mal uso de las nuevas técnicas; tala indiscriminada de árboles para lograr mayores
extensiones de terreno fácil de cultivar; envenenamiento de aguas con insecticidas que
tarde o temprano caen a las vertientes de los ríos; aniquilamiento de insectos útiles y
de aves, y lo peor, esterilización de tierras y su erosión, todo ésto logrado lenta
pero irremediablemente.
Para examinar, combatir o
resolver estos problemas, surgen asociaciones cuya responsabilidad cada día se agranda en
la medida en que afectan no sólo a los cultivadores de una región sino que tocan
problemas de índole nacional e internacional. Así sucede con la Federación de Cafeteros
o de Arroceros, Bananeros, y naturalmente, con la Federación Colombiana de Productores de
Papa, Fedepapa. Para medir la gigantesca tarea de estas entidades, bastaría mirar
solamente un aspecto, el de la investigación. Son entidades que han tenido que partir de
cero, desde investigar lo que van a defender. Todo ello requiere una estructuración que
para estabilizarla, implica años y dineros, personal capacitado y firme comportamiento
ético.
FEDEPAPA
Esta entidad ha
llegado muy lejos en su organización e investigación a pesar de sus pocos años de
existencia. Presenta un cuerpo de indagaciones y análisis básicos para entrar a resolver
problemas o inquietudes. Ha adelantado cursos de actualización de conocimientos en el
cultivo de la papa, e inclusive investigadores, profesores y alumnos de universidades ya
pueden contar con un extenso y sorprendente Catálogo Bibliográfico Colombiano sobre la
Papa, 1.189 títulos. Además, es una entidad nacional que extiende sus ideales y
enseñanzas a las naciones hermanas. En suma, Fedepapa ha venido cumpliendo una
extraordinaria tarea en muchos campos y con seguridad también ayudará a estudiar y
resolver de manera concreta los problemas ecológicos que hoy afectan a todo el mundo, y
de manera directa, a Fedepapa.
PROPAPA
Es una Sociedad de
Economía Mixta del orden Departamental encargada de construir y poner en funcionamiento
un Centro de Comercialización de papa en el centro del país y que atenderá el mercadeo
de su producción en los municipios de Villapinzón, Chocontá, Lenguazaque, Ventaquemada,
Turmequé y Umbita y posiblemente otros municipios. Se están estableciendo tres centros
de origen de comercialización de papa en regiones de alta producción: Villapinzón en
Cundinamarca, Ipiales en Nariño y La Unión en Antioquia.
El alcance de esta
Sociedad es de incalculables proporciones puesto que se trata de productos reales,
necesarios, cada día más solicitados y con posibilidades de expansión y variedad
industrial múltiples. Estos adelantos seguramente fomentarán el espíritu de
investigación agrícola mirando el futuro de los campesinos, de sus hijos y de las
generaciones por venir.
Indudablemente con
Propapa se inicia otra etapa de inmensa importancia para nuestro pueblo.
OTROS PRODUCTOS
AGRICOLAS
En Villapinzón ha
sido tradicional la comida con otros tubérculos fuera de la papa, especialmente las
hibias de varios colores y sabores y las rubas, productos que últimamente han adquirido
preponderancia por su sabor, poder alimenticio y facilidad de cultivo. No se puede olvidar
que la arveja y el haba no faltan ni en las siembras ni en las comidas. Forman parte real
de la comida campesina y en especial de la llamada mazamorra o sopa diaria que no puede
faltar. Son deliciosas, variadas, nutritivas con las que se han alimentado todos los
villapinzoneños. Y si se habla de comida no pueden faltar las arepas de maíz pelado o el
delicioso envuelto y hasta el suculento tamal con chocolate, ambos de tradición
indígena, todo lo cual indica la abundancia y buena alimentación resultado del trabajo
agrícola.
EL CORDERO - El
plato preferido de los villapinzonenses es aquel que se deriva del cordero, asado, sudado,
al horno, agregado con sangre y sazonado con diversos condimentos y plantas que por
tradición se han cultivado en todas las casas campesinas. En otros tiempos la comida se
servía en el campo en artesas, grandes recipientes de madera, de donde cada uno extraía
lo que quisiera. Incluía papas, arvejas, sangre, era el buffet del campo, para la peonada
o convites en los días de siembra o de cosecha que también se salpicaban con tal o cual
chiste, copla o adivinanza.
LA GANADERIA - Se
está incrementando notablemente. Se pasa del manejo tradicional al concepto de
rendimiento industrial. Ya existen hatos de selección y manejo con técnicas modernas,
especialmente para la producción lechera. Se observa cada vez menos el ganado con estaca
o al pastoreo. Se principia a tener conciencia de la reforestación de los potreros que
agregan humedad y productividad en los pastos si se siembran especies nativas.
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