Juntaré á estas consideraciones comerciales algunas vistas
políticas sobre los efectos que puede producir la union proyectada
de los mares. Tal es el estado de la civilizacion moderna, que el
comercio del mundo no puede sufrir grandes mudanzas sin que la
organizacion de las sociedades se resienta de ello. Si consiguen
cortar el istmo que reune las dos Américas, el Asia oriental, hoy
dia aislada é inatacable, entrará, á pesar suyo, en las mas íntimas
relaciones con los pueblos de casta europea que habitan las riberas
del Mar Atlántico. Parece que esta lengua de tierra, contra la que
se estrella la corriente equinoccial, ha sido hace siglos el
baluarte de la independencia de la China y del Japon. Penetrando
mas allá, la imaginacion se fija en una lucha entre dos pueblos
poderosos causada por el deseo de aprovecharse exclusivamente de la
nueva via abierta al comercio dé los dos mundos. Confieso que no
son, ni mi confianza en la moderacion de los gobiernos
monárquicos y republicanos, ni la esperanza un poco adelantada á
las veces en los progresos de las luces y en el justo aprecio de
los intereses, las causas que me aseguran sobre este temor. Si me
abstengo de discutir acontecimientos políticos tan remotos, es para
no entretener al lector del libre goce de una cosa que no existe
todavía sino en los votos de algunos hombres interesados en el bien
público.
El lago de Nicaragua y el Rio San Juan, no pertenecen, como lo
han afirmado algunas obras muy modernas, al territorio de la Nueva
Granada; el lago está separado del territorio colombiano de Veragua
por la provincia de Costa Rica, la mas meridional del antiguo reino
de Goatemala. Las grandes obras que servirán á la union de los
mares, colocadas en un pais muy poco poblado, sobre lodo del lado
del este, casi sobre los confines de dos estados independientes de
América central y de la meridional, no podrán sacar socorro para su
defensa militar sino de Puertobello y de Cartagena, dos fortalezas
que se hallan al viento del castillo de San Juan de Nicaragua. Hay
sin duda tambien un camino por tierra de Goatemala á Leon, pero la
distancia es mas de 135 leguas. En el estado actual de cosas, no
tanto las plazas fuertes como la miseria del pais, su falta de
cultivo y la fuerza de la vegetacion, desde el Darien hasta los 10
y 11 grados de latitud boreal, han hecho infructuosas las
invasiones de un enemigo que desembarque inopinadamente sobre las
costas orientales. Tratando esta cuestión importante, no podria
apoyarme sobre un testimonio mas respetable que el del general don
José Espeleta que ha sido virey de la Nueva Granada hasta 1796.
Este militar experimentado, en una memoria manuscrita que poseo, y
que está dirigida á su sucesor el virey don Pedro de Mendinueta
(32)
, se expresa
así sobre la defensa del istmo de Panamá; «V. E. no ignora que el
rey, nuestro señor, ha hecho visitar estas vastas posesiones de
América por el brigadier Cramer. Este célebre ingeniero ha pesado
los peligros que corremos todavía é indicado las fortificaciones
que es menester oponer al enemigo. El istmo de Panamá es un objeto
de la mayor importancia militar que V. E. no debe perder de vista
un solo instante. Esta importancia está fundada, sobre su
configuracion geográfica y sobre la proximidad del Mar del Sur. Las
baterías de San Fernando, de Santiago y de San Gerónimo, me parecen
suficientes para la defensa del puerto. El fortin del Chagre á la
embocadura del rio de este nombre, es, segun creo, el punto
principal del istmo, siempre en la suposicion mas natural que el
ataque viene del norte; sin embargo ni la presa de Puertobello, ni
la del fortín de San Lorenzo del Chagre no deciden de la posesion
del istmo de Panamá. La verdadera defensa de este pais consiste en
la dificultad que hallará toda expedicion considerable para
penetrar en el interior. Sobre las costas meridionales, que estan
enteramente despobladas, la misma dificultad existe ya hasta para
dos ó tres viajantes aislados.»
Despues de haber discutido la extension de la superficie, la
poblacion, los productos y el comercio de las provincias unidas de
Venezuela, tanto en su estado actual corno en su aumento mas ó
menos lejano, fáltame que hablar de las haciendas ó rentas del
estado. Este objeto es de tal importancia política, que contiene
una de las primeras condiciones de la existencia de un gobierno:
pero despues de largas disensiones civiles, despues de una guerra
de trece años que ha hecho retrogradar la agricultura, estorbado
las relaciones de comercio y agotado los manantiales principales de
la renta pública, solo podrá describirse un estado de cosas
enteramente transitorio y poco conforme á la riqueza natural del
pais. Para tomar un punto de partida mas seguro, para juzgar del
estado de cosas, cuando se hayan restablecido la confianza y la
tranquilidad, es preciso voIver de nuevo á la época que ha
precedido á la revolucion. De 1793
á 1796 el término medio
del producto líquido de todas las contribuciones, sin comprehender
el de la renta del tabaco, era de 1,426,700 pesos fuertes.
Añadiendo á esto 586,300 pesos fuertes como producto neto de la
renta del tabaco, se encuentra que la renta de la
capitanía
general de Caracas, descontando los gastos de recaudacion era
de 2,013,000 pesos fuertes. Esta renta ha ido en disminucion á
causa de los embarazos del comercio maritimo, en los últimos años
del siglo XVIII° y en los primeros del XIX°; pero desde 1807 hasta
1810 subió esta renta á 2,500,000 pesos fuertes, de los cuales
percibieron las aduanas 1,200,000 pesos fuertes, la renta del
tabaco 700,000 y la alcabala de tierra y mar 400,000. Todas estas
cantidades han sido consumidas por los gastos de la administracion;
ha habido algunas veces un sobrante liquido de 200,000 pesos
fuertes que se han remitido al tesorero de Madrid; pero los
ejemplos de estas remesas han sido sumamente raros. Desde que
Caracas no ha recibido el situado de Nueva España, se ha necesitado
de tiempo en tiempo echar mano de las cajas igualmente pobres de
Santa Fe. La renta bruta de todas las provincias que forman hoy la
república de Colombia ha subido, segun mis informes, en el momento
de la revolucion, á un maximun de seis millones y medio de pesos
fuertes
(33)
, de
los cuales el gobierno de la metrópoli jamas ha percibido mas de un
duodécimo.
En mi
Ensayo político he demostrado que las colonias
españolas en América, en la época de la mayor actividad del
comercio y de las minas,
han tenido una renta bruta de treinta
y seis millones de pesos fuertes; que la administracion interior de
estas colonias ha absorvido cerca de veinte y nueve, y que solo de
siete á ocho millones han entrado en el tesoro real de Madrid.
Segun estos datos, que estan fundados en documentos oficiales, y
cuya exactitud no ha sido puesta en duda hace quince años, admira
ver atribuir tan á menudo todavía, en graves discusiones de
economía política, los embarazos de hacienda de la metrópoli á la
emancipacion de las colonias. Los impuestos sobre las importaciones
y las exportaciones son, en toda la América, el principal manantial
de renta pública. Este manantial se ha hecho progresivamente mas
abundante desde que la corte ha privado á la compañía de Guipuzcoa
del monopolio del comercio con Venezuela, compañía de la que, segun
la expresion extraña de una
cédula real «todo el mundo podía
hacer parte sin derogar á la nobleza y sin perder ni honor ni
reputacion.» Si se hace presente á la memoria, que en estos últimos
años solo la aduana de la Habana ha percibido mas de tres míllones
de pesos fuertes, y si se oonsidera al mismo tiempo la extension
del territorio y la riqueza agrícola de Venezuela, no podria
dudarse del aumento progresivo que va á tomar la renta pública en
esta hermosa parte del mundo; pero el cumplimiento dé esta
esperanza, y de todas las que acabamos de enunciar, depende del
restablecimiento de la paz, de la sabiduria y de la estabilidad de
las instituciones.
He expuesto en este capítulo los elementos de estadística que he
tenido ocasion de reunir en mis viajes y por mis relaciones no
interrumpidas con los Españoles americanos. Historiador de las
colonias, he presentado los hechos en toda su simplicidad, pues que
el estudio atento y exacto de estos hechos es el único medio de
alejar las vagas conjeturas y vanas declamaciones. Esta marcha
circunspecta se hace principalmente indispensable, cuando debe
temerse ceder demasiado fácilmente á los prestigios de la esperanza
y de las antiguas afecciones. Las nuevas sociedades tienen, como la
juventud, algo que encanta: conservan la frescura de los
sentimientos, la franca é ingenua confianza y aun la credulidad;
ofrecen á la imaginacion un espectáculo mas aun atractivo que el
triste humor y la desconfiada austeridad de estos rancios pueblos
que parecen haberlo gastado todo, su felicidad, su esperanza y su
fe en la perfectibilidad humana.
La grande lucha, durante la cual ha combatido Venezuela por su
independencia, ha durado mas de doce años; época que, como la mayor
parte de los tormentos civiles, ha sido fecunda en heroismo, en
acciones generosas y en culpables extravíos de pasiones exaltadas.
El sentimiento del peligro comun ha fortalecido. los vínculos entre
los hombres de diferentes razas, que, extendidos en los llanos y
dehesas de Cumaná ó aislados en las altas llanuras de Cundinamarca,
tienen tan diferente la organizacion flsica y moral corno el clima
en que viven. La metrópoli ha entrado muchas veces en posesion de
algunos distritos; pero como las revoluciones renacen siempre con
mas violencia cuando no pueden remediarse los males que las
producen, estas conquistas no han sido mas que efímeras. Para
facilitar y hacer mas enérgica la defensa se han reconcentrado los
poderes y formado un vasto estado desde las bocas del Orinoco hasta
mas allá de los Andes de Riobamba y de las costas ó márgenes del
Amazona. La capitanía general de Caracas ha sido reunida al
vireinato de la Nueva Granada, que habia estado enteramente
separado desde 1777. Esta reunion, que será siempre indispensable
para la seguridad exterior, y esta centralizacion de poderes en un
pais seis veces mayor que España, han sido motivadas por
combinaciones políticas. La marcha tranquila y sosegada del nuevo
gobierno ha justificado la prudencia y sabiduría de estos motivos,
y el congreso hallará menos obstáculos aun en la ejecucion de sus
benéficos proyectos para la industria nacional y la civilizacion, á
medida que pueda acordar mas libertad á las provincias y hacerlas
conocer las ventajas que han conquistado con su sangre. Bajo toda
forma de gobierno ya establecido, así en las repúblicas corno en
las monarquías moderadas, deben ser progresivas las mejoras para
ser saludables. La Nueva Andalucía, Caracas, Cundinamarca, Popayan
y Quito, no se han hecho estados confederados como la Pensilvania,
la Virginia y el Maryland. Sus juntas ó lejislaturas provinciales
estan directamente sujetas al gobierno de la Colombia. Segun el
articulo 52 del acto constitucional, deben nombrarse por el
presidente de la república los intendentes de los departamentos y
provincias. Es natural que tal dependencia no sea siempre en
provecho de la libertad de los ayuntamientos ó municipalidades que
tiendan á discutir por sí mismos sus intereses locales, y que ella
haya dispertado alguna vez discusiones que podrian llamarse
geográficas. El antiguo reino de Quito, por ejemplo, depende por
las costumbres y por la lengua de sus pueblos montañeses ó
serranos, del Perú y de la Nueva Granada. Si tuviese una junta
provincial, si no dependiese del congreso mas qué en cuanto á los
impuestos necesarios para la defensa y el bienestar general de la
Colombia, el sentimiento de una existencia política individual
haria menos interesados á los habitantes en la eleccion ó silla del
gobierno central. Está mismo se aplica á la Nueva Andalucía ó á la
Guayana, que son gobernadas por intendentes nombrados por el
presidente. Puede decirte que estas provincias se hallan hasta
ahora en una posicion casi igual á la de los territorios de los
Estados Unidos, cuya poblacion es menor de 60,000 almas.
Circunstancias particulares, que no podrán apreciarse con
puntualidad en tan grande distancia, han hecho sin duda necesaria
una grande centralizacion en la administracion civil: toda mudanza
seria peligrosa mientras haya enemigos exteriores; pero las formas
propias y necesarias para la defensa no son siempre las que
favorecen suficientemente, despues de la lucha , las libertades
individuales y el desenlace de la prosperidad pública. La misma
historia nos prueba que cuando no se ha sabido vencer con prudencia
esta dificultad, ha sido mas de una vez el escollo donde se han
estrellado el entusiasmo y las afecciones de los pueblos. Sin
romperse los vínculos que deben unir las diferentes partes de la
república de Colombia (Venezuela, la Nueva Granada y Quito) podrá
poco á poco repartirse una vida parcial en este grande cuerpo
politico, no para dividirle, sino para aumentar su vigor.
La poderosa union de la América septentrional ha quedado largo
tiempo aislada sin tocar con estados que tuviesen instituciones
análogas.
Aunque, como hemos dicho mas arriba, los progresos que ella hace
en la direccion del éste al oeste esten considerablemente
amortiguados en la orilla derecha del Misísipi, adelantará sin
embargo sin descontinuar hácia las provincias internas de Méjico, y
hallará en ellas otra raza, otras costumbres y un culto diferente.
¿Perteneciendo la corta poblacion de estas provincias á otra
federacion nueva, podrá ser ó será envuelta por el torrente del
este y transformada en un estado anglo americano, como los
habitantes de la Baja Luisiana? Un muy próximo por venir resólverá
este problema. Méjico no está por otra parte separado de Colombia
sino por Goatemala, pais de una rara fertilidad que muy
modernamente ha tomado la denominacion de república de la América
central. Las divisiones políticas entre Oajaca y Chiapa, Costa Rica
y Veragua, no están fundadas sobre los límites naturales, ni sobre
las costumbres y lenguas de los indígenas sino sobre la única
costumbre de una dependencia de los gefes españoles que residian en
Méjico, Goatemala ó Santa Fe de Bogota. Pareceria bastante natural
que Goatemala pudiese unir algun dia los istmos de Veragua y Panamá
al de Costa Rica. Quito une la Nueva Granada al Perú, como la Paz,
Charcas y Potosí unen el Perú á Buenos Aires. Las partes
intermedias que acabamos de nombrar, forman desde Chiapa hasta las
Cordilleras del Alto Perú, el paso de una asociacion política á
otra, semejante á aquellas formas transitoriales con que se enlazan
en la naturaleza los diferentes grupos del reino orgánico. Así como
en las monarquías vecinas las provincias que se tocan ofrecen desde
su origen estas demarcaciones cortadas que son el efecto de una
grande centralizacion en el poder, así en las repúblicas
confederadas los estados colocados en las extremidades de cada
sistema, oscilan algun tiempo antes de adquirir un equilibrio
sólido y estable. Seria indiferente, para las provincias entre el
Arkansas y el Rio del Norte, enviar sus diputados á Méjico ó á
Washington. Si la América española manifestase algun dia mas
uniformemente esta tendencia hacia el federalismo, que el ejemplo
de los Estados Unidos ya ha hecho nacer en muchos puntos,
resultaria del contacto de tantos sistemas ó grupos de estados,
confederaciones diversamente graduadas. Yo no trato aquí mas que de
indicar las relaciones que nacen de esta singular reunion sobre una
línea no interrumpida de 1,600 leguas de largo. Ya hemos visto en
los Estados Unidos dividirse en dos antiguo un estado atlántico, y
tener cada uno de ellos una representacion diferente. La separacion
del Maine y del Masachusets se ha hecho en 1820 del modo mas
pacífico. Divisiones de este género se verificarán sin duda con
frecuencia en las colonias españolas; pero es de temer que el
estado de las costumbres las haga mas turbulentas. Cuando un pueblo
de raza europea se inclina naturalmente hácia la independencia
provincial y municipal, cuando los indígenas bronceados tienen un
gusto igualmente declarado por la division política y por la
libertad de los pueblos pequeños, la mejor forma de gobierno es la
que, sin luchar de frente contra una inclinacion nacional, sabe
hacerla menos dañosa para los intereses generales y la unidad del
cuerpo entero. Hay todavía mas; esta importancia de las divisiones
geográficas de la América española, que se fundan á la vez sobre
relaciones de posicion local y sobre los usos de varios siglos, ha
impedido á la metrópoli precaver ó retardar la separacion de las
colonias ensayando de establecer infantes de España en el nuevo
mundo. Para gobernar posesiones tan vastas, hubiera sido menester
seis ó siete centros de gobierno, y esta multiplicidad de los
centros (de los vireinatos y de las capitanías generales) se
hubiera opuesto al establecimiento de nuevas dinastías en la misma
época en que se debia todavía esperar de ellas algun efecto
saludable para la metrópoli.
Bacon ha dicho en sus aforismos políticos «que seria feliz que
los pueblos pudiesen siempre seguir el ejemplo del tiempo, que es
el mayor novador de todos, pero que obra con sosiego y casi sin que
se pueda notarlo.» Este dicha no es dada á las colonias cuando
llegan á la época crítica de su emancipacion; lo ha sido todavía
menos á la América española lanzada en una lucha, no para obtener
ya su independencia total, pero sí para substraerse á una
dominacion extrangera. ¡Pueda un sosiego durable suceder á las
agitacion de los partidos! ¡Puedan los gérmenes de la discordia
civil esparcidos durante tres siglos para asegurar la dominacion de
la metrópoli, ser ahogados poco á poco, y la Europa productiva y
comerciante persuadírse de que el perpetuar las agitaciones
políticas del nuevo mundo, es empobrecerse ella misma disminuyendo
el consumo de sus productos, y privándose de un mercado que sube ya
á mas de 70 millones de pesos fuertes por año! Las exportaciones de
la América española, de los Estados Unidos, de la Francia y de la
Gran Bretaña son actualmente
(34)
como los números 100, 103, 140 y
575.
Muchos años se pasarán sin duda, antes que 17 millones de
habitantes, esparcidos sobre una superficie, que es de una quinta
parte mayor que la Europa entera, hayan llegado á un equilibrio
estable gobernándose ellos mismos. El momento mas crítico es aquel
en que pueblos, largo tiempo sujetados, se hallan de repente libres
de componer su existencia á beneficio de su prosperidad. Se repite
incesantemente que los Españoles americanos no estan bastante
adelantados en el cultivo para gozar de instituciones libres.
Acuérdome que en una época poco lejana aplicaban este mismo
raciocinio á otros pueblos que se decia estar demasiado maduros en
la civilizacion. La experiencia prueba sin duda que, en las
naciones como en los individuos, el talento y el saber son
frecuentemente inútiles para la dicha; pero, sin negar la necesidad
de una cierta masa de luces y de instruccion popular para la
estabilidad de las repúblicas ó de las monarquías constitucionales,
pensamos que esta estabilidad depende mucho menos del grado de
cultivo intelectual, que de la fuerza del carácter nacional, de
esta mezcla de energía y de sosiego, de ardor y de paciencia que
sostiene y perpetua las instituciones, de las circunstancias
locales en que un pueblo está colocado, y en fin de las relaciones
politicas de un estado con los estados limitrofes.
Si las colonias modernas, en la época de su emancipacion
manifiestan todas una tendencia mas ó menos pronunciada por las
formas republicanas, la causa de este fenómeno no debe ser
únicamente atribuida á un principio de imitacion que obra sobre las
masas aun mas que sobre los hombres aislados; está fundada sobre
todo en la pesicion en que se halla una sociedad separada de
repente de un mundo mas antiguamente civilizado, libre de todo lazo
exterior y compuesta de individuos que no reconocen ninguna
preponderancia política en una misma casta. Títulos concedidos por
la metrópoli á un muy corto número de familias en América no han
formado allá lo que llaman en Europa una aristocracia nobiliaria.
La libertad puede espirar en la anarquía como por la usurpacion
efímera de algunos gefes atrevidos, pero los verdaderos elementos
de la monarquía no se encuentran en ninguna parte en el seno de las
colonias modernas. En el Brasil, ellos han sido importados de
afuera en el momento en que este vasto pais gozaba de una paz
profunda, mientras que la metrópoli se hallaba bajo un yugo
extrangero.
Reflexionando sobre el encadenamiento de las cosas humanas, se
concibe como la existencia de las colonias modernas, ó mas bien el
descubrimiento de un continente medio despoblado y en el que solo
un desenvolvimiento tan extraordinario del sistema colonial ha sido
posible, ha debido hacer revivir sobre una grande escala y hacer
mas frecuentes las formas de un gobierno republicano. Escritores
célebres han mirado las mudanzas que el orden social ha
experimentado en nuestros dias en una parte considerable de Europa,
corno un efecto lento de la reforma religiosa obrada al principio
del siglo XVI°. No olvidemos que esta época memorable, en que las
pasiones activas y el gusto por los dogmas absolutos fueron los
escollos de la política europea, es tambien la época de la
conquista del Méjico, del Perú y de Cundinamarca; conquista que,
segun las nobles expresiones del autor del
Espiritu de las
leyes, deja de pagar á la metrópoli una deuda inmensa para
desempeñarse para con la naturaleza humana. Vastas provincias,
abiertas á los colonos por el valor castellano, fueron unidas por
los vínculos comunes del lenguage, de las costumbres y del culto.
Es así que, por una rara simultaneidad de los acontecimientos, el
reino del monarca mas poderoso y mas absoluto ha preparado la lucha
del siglo XIX° y echado los cimientos de estas asociaciones
políticas que, apénas bosquejadas, nos asombran por la extension y
la tendencia uniforme de sus principios. Si la emnancipacion de la
América española se consolida, como todo lo hace esperar hasta
ahora, un brazo de mar del Atlántico ofrecerá, sobre estas dos
orillas, formas de gobierno que, por ser opuestas, no son
necesariamente enemigas. Las mismas instituciones no pueden ser
saludables á todos los pueblos de los dos mundos; la prosperidad
creciente de una república no es un ultrage para las monarquías,
cuando estan gobernadas con sabiduría y con respeto por las leyes y
por las libertades públicas.
El objeto de esta memoria es el coordinar las observaciones
geognósticas que he podido recoger durante el transcurso de mis
viages por las montañas de la Nueva Andalucía y Venezuela, los rios
del Orinoco y del Apure, los llanos de Barcelona y Calabozo, y por
consiguiente desde la costa del Mar de las Antillas hasta el valle
del Amazona, entre los paralelos de 2° y 10° 1/3 de latit. boreal.
Describiendo los objetos á medida que se presentan al viagero, cada
hecho queda aislado; solo se expone lo que se ha visto siguiendo
las tortuosidades ó vueltas de los caminos; se aprende á conocer el
resultado de las formaciones segun tal ó cual alineacion, pero no
puede tomarse su mutuo encadenamiento. El órden de ideas á que debe
ceñirse la relacion histórica de un viage, tiene la ventaja de
hacer distinguir cual es el resultado de una observacion directa, ó
cual el de una combinacion fundada en la analogía; pero para
abrazar de un golpe de vista el cuadro geognóstico de una vasta
parte del globo, para contribuir á los progresos de la geognosía,
que es una ciencia de encadenamientos, es preciso renunciar á la
cumulacion estéril de hechos aislados y estudiar las relaciones,
que existen entre las desigualdades del suelo, la direccion de las
cordilleras y la naturaleza mineralógica de los
terrenos.
La extension del pais, que en diferentes direcciones yo he
atravesado, tiene mas de 15,400 leguas cuadradas, y ha sido ya el
objeto de un bosquejo geognóstico trazado apresuradamente en los
mismos parages, despues de mi regreso ó vuelta del Orinoco, y
publicado en 1801, por M. de Lametherie, en el diario de física (T.
XLV. pág. 46). En esta época se ignoraba en Europa la direccion de
la cordillera costera de Venezuela y la existencia de la de Parima.
Ninguna medida de altura se habia tomado hasta entónces, á
excepcion de la provincia de Quito, ni ninguna roca de la América
meridional era nombrada hasta entonces, ni tampoco existia
descripcion alguna de la superposicion de las rocas, en una region
cualquiera de los trópicos. En tales circunstancias un ensayo que
se dirigiese á probar
la identidad de las formaciones en ambos
hemisferios no podria menos de excitar el interes de los
geognósticos. El estudio de las colecciones que yo he traido, y
cuatro años de viages por los Andes, me han puesto en estado de
rectificar mis primeros cálculos y tanteos, y extender un trabajo
que, en razon de su novedad, habia sido recibido con bastante
benevolencia. Como las descripciones mineralógicas de cada roca han
sido ya expuestas en los capítulos precedentes, solo me queda aquí
que reunir los materiales esparcidos y citar las páginas en que se
encuentra el por menor de las observaciones. Para aprovechar mejor
las relaciones geognósticas mas notables, voy á tratar de un modo
aforéstico en diferentes secciones la configuracion del suelo, la
direccion y la inclinacion de las camas y vetas y la naturaleza de
las rocas primitivas, intermediarias, secundarias y terciarias. La
nomenclatura de que me sirvo es la misma cuyos principios he
expuesto en una obra de geognosía general.
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(32)
|
Relación del gobierno, parte IV, cap. III, fol. 118, 122, 123
(manuscrito). (Regresar a 32)
|
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(33)
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Don José María del Castillo, en su parte é informe al
congreso de Bogota (5 de mayo) no valua anualmente las rentas
ordinarias sino á 5 millones de pesos fuertes. (Regresar a 33)
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(34)
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He hecho ver en otra obra (Ensayo político), deteniéndome
en las valuaciones mas moderadas, que ya, en 1805, la América
española necesitaba, de una importacion de mercancías extrangeras
de 59,000,000 de pesos fuertes, lo que hace un valor casi tres
veces mayor que el que ofrecian los Estados Unidos ocho años
despues que su independencia fuese reconocida por la Gran Bretaña.
Para tener en vista algunos números comparativos, recuerdo el
estado de las naciones mas comerciantes del mundo, los Ingleses de
Europa y los de América. El valor anual de las importaciones de la
Gran Bretaña, de 1821 á 1823, subia á 30,203,000 libras esterlinas,
y el de las exportaciones era de 50,636,800 libras esterlinas. Las
exportaciones de los Estados Unidos, en 1820, subian á 64,974,000
duros, y las importaciones á 62,586,000 duros. En la época anterior
de 1802 á 1804 eran las exportaciones, un año con otro, de
68,461,000 duros, y las importaciones de 75,306,000 duros, de donde
resulta que las importaciones de los Estados Unidos y de la América
española, poco tiempo antes de las agitaciones políticas de este
último pais, han sido igualmente considerables. Es preciso no
olvidar que todo lo que se importa en la América española, es
enteramente consumido en ella y no reexportado. Las exportaciones é
importaciones de la Francia en 1821 han sido de 404,764,000 y
394,442,000 francos. (Regresar a 34)
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