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INDICE
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CAPÍTULO
XXVI
Ensayo político de la provincias de
Venezuela. Extensión del territorio. Población. Producciones
naturales. Comercio exterior. Comunicaciones entre las diversas
provincias que componen la república de Colombia
Antes de dejar las costas de Tierra Firma y de entretener al
lector de la importancia política de la Isla de Cuba, es
la
mayor de todas las Antillas, reuniré bajo un punto de vista todo lo
que puede apreciar con justicia las futuras relaciones de la Europa
comerciante con las Provincias Unidas de Venezuela: Al publicar
después de mi regreso el
Ensayo político sobre Nueva
España
, hice conocer una parte de los materiales que
poseo sobre la riqueza territorial de la América del Sur. El cuadro
comparativo de la población agricultura y comercio de todas las
colonias españolas fue redactado en una época, en que la marcha de
la civilización estaba entrabada por la imperfección de las
instituciones sociales, por el sistema prohibitivo y por los demás
funestos extravíos de ciencia del gobierno.
Despues de haber yo manifestado los inmensos recursos que los
pueblos de las dos Américas, gozando de los beneficios de una sabia
libertad, podrán hallar en su posición individual y en sus
relaciones con la Europa y Asia comerciantes, una de las grandes
revoluciones que agitan de cuando en cuando la especie humana ha
mudado el estado la sociedad en los vastos países que ha recorrido.
La parte continental del Nuevo Mundo se halla hoy como dividida
entre tres pueblos de origen europeo; el uno y el mas poderoso, es
de raza germánica; los dos otros pertenecen por su lengua, su
literatura y sus costumbres, á la Europa latina. Las partes del
antiguo mundo que mas se adelantan hacia el oeste, la península
Iberia y las islas británicas son también las que sus colonias han
ocupado mas extensión; pero cuatro mil leguas de costas habitadas
por los solos descendientes de los Españoles Portugueses atestan la
superioridad que, en los siglos 15 et 16 habían adquirido los
pueblos insulares por sus expediciones marítimas sobre el resto de
los pueblos navegantes. Puede decirse que sus lenguas, propagadas
desde la California hasta el rio de la Plata, tanto á espaldas de
las Cordilleras como en los bosques, de la Amazona son monumentos
de gloria nacional que sobrevivirán á todas las revoluciones
políticas.
Los habitantes de las Américas portuguesa y española forman
en este momento una duplicada población que la de la raza inglesa.
Las posesiones francesas, holandesas, y dinamarquesas del Nuevo
Continente son de muy poca extensión; pero para completar el cuadro
general de los pueblos que podrán influir sobre el destino del otro
hemisferio, no debemos olvidar los colones de origen slavo que
intentan establecerse desde la península de Alaska hasta la
California, ni aquellos africanos libres de Haití que han cumplido
la profecía hecha por el viagero milanés Benzoni en 1545. La
posición de los Africanos en una isla 2 veces mayor que la
Sicilia, en medio de Mediterráneo de las Antillas, aumenta su
importancia política. Todos los
amigos de la humanidad
hacen votos por el desarrollo de una civilización que después de
tantos furores y tanta sangre, adelanta ó progresa de una manera
inesperada. La América rusa parece hasta ahora menos á una colonia
agrícola que á estas factorías que los Europeos han establecido con
el más grande perjuicio de los indígenas, en las costas del
África: pues que ella solo ofrece puestos militares, estaciones de
pescadores y cazadores siberios. Es sin duda un fenómeno chocante
hallar el rito de la iglesia griega establecido en una parte de la
América y ver dos naciones que habitan las extremidades orientales
y occidentales de la Europa, Rusos y Españoles, ser limítrofes en
un continente á donde ellas han llegado por caminos opuestos; pero
el estado casi salvaje delas despobladas costas de Ochotsk y de
Kamtschatka, la falta de socorros dados por los puertas del Asia y
el régimen adoptado hasta aquí en las colonias slavas del Nuevo
Mundo son trabas que las tendrán por largo tiempo en la infancia.
Resulta de esto que en las observaciones y exámenes de economía
política se habitúa uno a mirar solo las masas se, conocerá que el
continente americano está dividido, propiamente hablando en tres
grandes naciones de razas inglesa, española y portuguesa. La
primera de ellas (los Anglo-Americanos) es también, después de los
ingleses de Europa, la que cubre con su pabellón la mayor extensión
de los mares. Sin colonias remotas, su comercio ha tomado un
aumento que ninguna nación del antiguo mundo ha podido alcanzar, si
no es el que ha comunicado en el norte de América su lengua, el
brillo de su literatura, su amor al trabajo, su pasión por la
libertad y una parte de sus instituciones civiles.
Los colonos ingleses y portugueses solo han poblado las
costas opuestas á Europa; los Españoles por el contrario han
poblado desde el principio de su conquista la cadena de los Andes y
se han establecido hasta en las regiones más occidentales, en
donde, en Méjico, en Cundinamarca, Quito y Perú han hallado los
vestigios de una antigua civilización, naciones agrícolas, é
imperios florecientes. Esta circunstancia, el aumento de una
población indígena, y serrana, la posesión casi exclusiva de las
grandes riquezas metálicas y las relaciones comerciales
establecidas desde el principio del siglo 16 con el archipiélago
indio han dado á las posesiones españolas de la América equinoccial
el carácter que les es propio. En las regiones del Este, caídas en
suerte á los colonos ingleses y portugueses, eran los naturales
pueblos errantes y cazadores, y lejos de formar
allí una
porción de la población agrícola y laboriosa, como en las llanuras
del Anahuac, en Guatemala y en el AltoPerú, se han retirado
generalmente á la aproximación de los blancos. La necesidad del
trabajo, la preferencia dada al cultivo de la caña de azúcar, del
añil y del algodón, la avaricia que acompaña y degrada con
frecuencia la industria, han producido este infame comercio de
negros, cuyas resultas han sido igualmente funestas á los dos
mundos. Felizmente en la parte continental de la América española,
es tan poco considerable el número de los esclavos africanos que,
comparándole con el de la población servil del Brasil ó con la de
la parte meridional de los EstadosUnidos, se encuentra en la
proporción de 1 á 5. Todas las colonias españolas, sin excluir las
islas de Cuba y Puerto Rico no tienen, en una extensión ó sea
superficie que excede al menos de un quinto á la de Europa, tantos
negros como el solo estado de la Virginia. Los Españoles Americanos
ofrecen en la unión de Nueva España y Guatemala el único ejemplo,
en la zona tórrida, de una nación de ocho millones de habitantes
gobernados por leyes é instituciones europeas, que cultivan á la
vez la caña de azúcar, el cacao, el trigo, y la viña, y casi sin
tener esclavos arrancados al suelo africano.
La población del Nuevo Continente excede muy poco á la de
Francia, ó Alemania : la de los Estados-Unidos ha doblado en el
espacio de veinte y cinco años; y en Méjico ha duplicado también en
menos de cuarenta y cinco años, aun, bajo el régimen de la
metrópoli. Sin entregarse a esperanzas muy lisonjeras sobre el
porvenir, puede admitirse que en menos de siglo y medio igualará la
población de América a la de Europa. Esta noble rivalidad de la
civilización de las artes industriales y del comercio, lejos de
empobrecer, como tan a menudo quiere pronosticarse, el antiguo
continente á expensas del nuevo, aumentara las necesidades del
consumo, la masa del trabajo productito y la actividad de los
cambios ó permuta. La fortuna pública, es el patrimonio común de la
civilización, se encuentra después de las grandes revoluciones que
sufre el estado de las sociedades humanas, diferentemente repartida
entre los pueblos de los dos mundos: pero el equilibrio se
restablece poco á poco, y es una preocupación funesta, y aún diré
impía el considerar como una calamidad para la vieja Europa la
prosperidad creciente de cualquier otra porción de nuestro planeta.
La independencia de la américas no contribuirá a aislarlas, antes
bien las aproximará á los pueblos antiguamente civilizados. El
comercio tiende á unir lo que hace mucho tiempo se ve separado por
una celosa política.
El embrutecimiento de los pueblos es el resultado de la opresión
que ejerce el despotismo interior ó un conquistador extranjero, y
va siempre acompañado de un empobrecimiento progresivo y de una
disminución de la fortuna pública. Estos inconvenientes y peligros
se destierran por instituciones libres y fuertes adaptadas á los
intereses de todos; y la civilización creciente del mundo, la
concurrencia del trabajo, y la de los cambios ó permutas no
arruinan los estados, cuyo bien estar procede de un manatial común
y
natural. La Europa productriz y comerciante se aprovechará
del nuevo estado de cosas que se introduce en la América española,
como se aprovecharía, por el aumento de consumo, de los
acontecimientos que hiciesen cesar la barbarie en Grecia, en las
costas septentrionales del África y en los demás países sujetos á
la tiranía de los Otomanos. Nada hay mas terrible para la
prosperidad del antiguo continente como la prolongación de estas
luchas intestinas que detienen la producción disminuyendo al mismo
tiempo el número y las necesidades de los consumidores. Esta lucha
que empezó en la América española seis años después de mi partida
llega poco á poco á su fin
. Muy en breve veremos pueblos
independientes, regidos según formas de gobierno muy diversas, pero
unidos por la memoria de un origen común, por la uniformidad del
idioma y las necesidades que hace nacer siempre la civilización,
habitar las dos costas ú orillas del Océano Atlántico. Podría
decirse que los inmensos progresos que el arte del navegante ha
hecho, han unido las mares. El Océano Atlántico se presenta á
nuestra vista bajo la forma de un canal estrecho que ya no aleja
mas del Nuevo Mundo á los estados comerciantes de Europa, que en la
infancia de la navegación alejó del Mediterráneo á los Griegos del
Peloponeso de los de Jonia, de la Sicilia y de la Cineraica.
He juzgado oportuno recordar aquí estas consideraciones
generales acerca de las relaciones futuras de los dos continentes,
antes de trazar el cuadro político de las provincias de Venezuela,
cuyas diferentes razas de hombres he hecho ya conocer igualmente
que las producciones espontáneas y cultivadas, las desigualdades el
suelo y las comunicaciones interiores. Estas provincias, gobernadas
hasta 1810, por un Capitán general residente en Caracas, están
reunidas actualmente al Virreinato de la Nueva-Granada ó Santa Fé
bajo el nombre de la república de Colombia. No anticiparé la
descripción que después haré de la Nueva Granada, pero para hacer
mas útiles mis observaciones sobre la estadística de Venezuela á
los quieran juzgar de la importancia política de aquel país y de
las ventajas que puede ofrecer aun al comercio de Europa, su estado
poco avanzado de cultura, pintaré las
Provincias-Unidas de
Venezuela en sus intimas relaciones con Cundinamarca á la
Nueva-Granada como haciendo parte del nuevo estado de Colombia.
Esta cálculo comprenderá necesariamente cinco divisiones; la
extensión las producciones, el comercio, y las rentas públicas.
Hallándose indicada una parte de los datos, que servirán para
formar este cuadro, en los capítulos precedentes, podré ser conciso
en la enunciación de los resultados generales. M. Bonpland y yo
hemos pasado cerca de tres años en los países que forman hoy el
territorio de la república de Colombia; á saber diez y seis meses
en Venezuela y diez y ocho en la Nueva Granada, habiendo por una
parte atravesado este territorio en toda su extensión desde las
montañas de Paria hasta la Esmeralda en el Alto-Orinoco y hasta San
Carlos del rio-Negro situado junto las fronteras del Brasil; y por
otra parte desde el rio Sinu y Cartagena de Indias hasta las
montañas nevadas de Quitó, en el puerto de Guayaquil en las costas
del Océano Pacifico y en las riberas del Amazona en la provincia de
Jaen de Bracamoros. Una tan larga mansión y un viage de 1300 leguas
marinas en lo interior de las tierras y de las cuales, 650 en botes
ó canoas, me han proporcionado un conocimiento bastantemente exacto
de las circunstancias locales; y sin embargo no me atrevo á
lisonjearme de haber recogido sobre Venezuela y la Nueva-Granada
materiales estadísticos tan numerosos y tan seguros como los que me
ha proporcionado una permanencia mas corta en Nueva-España.
Hay menos inclinación á discutir cuestiones de economía política
en países puramente agrícolas y que ofrecen muchos centros del
poder, que en donde la civilización está concentrada en una gran
capital y donde él inmenso producto de las minas acostumbra á los
hombres á la evaluación numérica de las riquezas naturales. En
Méjico y Perú he hallado en los documentos oficiales una parte de
los datos que deseaba proporcionarme. No sucedió lo mismo en Quito,
en Santa fé y en Caracas en donde el interés por las averiguaciones
y exámenes estadísticos no se devolverán sino por el goce de un
gobierno independiente. Los que se han habituado a examinar la
cifras antes de admitir la verdad, sabe que, el los estados libres
nuevamente fundados gusta exagerar y ponderar el aumento de la
fortuna pública, al paso que en las antiguas colonias se aumenta la
lista de los males que son todos atribuidos á la influencia del
sistema prohibitivo. Es casi vengarse de la metrópoli el exagerar
la estagnación del comercio y la lentitud en los procesos de la
población. No dudo que los viajeros que ha visitado últimamente la
América miren estos progresos como mucho mas rápidos de lo que
parecen indicar los números á que me atengo en mis investigaciones
estadísticas. Prometen ellos para el año 1913 en donde creen que la
población ha doblado todos los 22 años, 112 millones: en
Estados-Unidos, á la misma época 140 millones. Estos números,
confieso, no me espantan por los motivos que alarmarian á los
celosos sectarios de Maltus. Es posible que 2 ó 300 millones de
hombres encuentren algún día de sus subsistencia en la inmensa
extensión del Nuevo Continente entre la Laguna de Nicaragua y la de
Notario: concedo que los Estados Unidos en cien años con más de 80
millones de habitantes admitiendo una mudanza progresiva en el
periodo de la duplicidad; pero á pesar de los elementos de
prosperidad que encierra la América equinoccial, y á pesar de la
sabiduría y prudencia del gobierno que quiero suponer
simultáneamente á los numerosos gobiernos republicanos formados en
el sur y norte del ecuador, dudo que el aumento en la población en
Venezuela, en la Guayana española, Nueva Granada y Méjico pueda ser
en general tan rápida como lo es en los Estado Unidos; porque
situados estos últimos bajo la zona templada, y desprovistos de
altas cadenas de montañas, ofrecen un inmenso espacio de pais fácil
á someterse al cultivo.
Las hordas de Índios cazadores reculan delante los colonos á
quienes aborrecen y delante de los misioneros metodistas que
contrarían su gusto por la ociosidad y holgazanería. No hay duda en
que, en la América española, la tierra mas fecunda produce en la
misma superficie mayor masa de substancias nutritivas, y que en las
llanuras de la región equinoccial el trigo produce de 20 á 24 por
uno; pero las Cordilleras en que hay grietas ó quebradas casi
inaccesibles, llanos desnudos y áridos, selvas que resisten á la
hacha y al fuego y una atmósfera llena de insectos venenosos,
opondrán por mucho tiempo poderosos obstáculos á la industria y á
la agricultura. Los mas robustos y mas emprendedores colonos no
podrán adelantar en los montuosos distritos de Mérida, de Antioquia
y de los Pastos, en los Llanos de Venezuela y del Guaviare; en los
montes del rio de la Magdalena, del Orinoco, y de la provincia de
las Esmeraldas, al oeste Quito, como han extendido sus conquistas
agrícolas en los llanos al este de los Alleganis, desde el origen
del Ohio, del Tenesco y del Alabama hasta las márgenes del Misuri y
del Arkansas. Teniendo presente la narración de mi viage al Orinoco
se apreciarán los obstáculos que una naturaleza poderosa opone á
los esfuerzos dcl hombre en los ardientes y húmedos climas. Grandes
superficies del terreno están desprovistas de aguas en Méjico; las
lluvias son allí muy raras y la falta de nos navegables debilita y
animora las comunicaciones. Como la antigua población indígena es
agrícola y como lo ha sido mucho tiempo antes de la llegada de los
españoles, los terrenos que son de un acceso y de una cultura mas
fácil tienen ya sus propietarios. Se encuentran allí menos
comúnmente que se cree en Europa, países fértiles y de una vasta
extensión que están á la disposición del primer ocupante ó
susceptibles de ser vendidos por lotes ó porciones á beneficio del
Estado. Resulta de esto que el movimiento de la colonización no
puede ser tan rápida y tan libre en todas partes de la América
española, como lo ha sido hasta aquí en las provincias occidentales
de la Unión anglo-americana. La población de ésta unión se
comprende de blanco y negros que arrancado á su patria ó nacidos en
el Nuevo Mundo, han sido los instrumentos de la industria de los
blancos.
En Méjico, Guatemala, Quito y Perú existen por el contrario en
nuestros días mas de cinco millones y medio de indígenas de raza
bronceada que, á pesar de los artificios empleados para
desindianizarlos, su aislamiento parte forzado, parte
voluntario, su adhesión á los antiguos usos y su desconfiada
inflexibilidad de carácter les impedirán aun por largo tiempo
particular de los progresos de la prosperidad pública. Insisto
sobre estas diferencias entre los estados libres de la América
templada y los de la América equinoccial para manifestar que éstas
últimas tienen que luchar con obstáculos que dependen de su
posición física y moral, para recordar que los países adornados por
la naturaleza de la mas diversas y más preciosas producciones, no
son siempre susceptibles de un cultivo fácil, rápido y
uniformemente extendido.
Si se mirasen los límites que puede alcanzar la población como
únicamente dependiente de la cantidad de la cantidad de
subsistencias que la tierra puede producir, los más simples
cálculos probarían la preponderancia de las sociedades establecidas
en las bellas regiones de la zona tórrida; pero la economía
política o la ciencia positiva de los gobiernos se desconfía de los
números de vanas abstracciones. Los destinos que esperan a los
Estados Unidos libres de América española son muy imponentes para
que necesitemos hermosearlos con el prestigio de las ilusiones y de
cálculos quiméricos.
AREA Y
POBLACIÓN
Para fijar la atención del lector sobre la importancia política
de la antigua
Capitanía general de Venezuela empezaré por
compararla con las grandes masas en que se agrupan hoy les
diferentes pueblos del Nuevo Continente; porque elevándose á miras
generales puede uno lisongearse de dar algún interés sobre el
detalle de los datos estadísticas que son los elementos variables
de la prosperidad y del poder nacional. Entre los 34 millones de
habitantes que ocupan la vasta superficie de la
América
continental (en este número se comprenden los indígenas
salvajes é independientes), se distinguen, según las tres
razas
preponderantes, 16 millones en las posesiones de los
EspañolesAmericanos, 10 millones en las de los
Anglo-Americanos, y casi cuatro millones en las de los
Portugueses-Americanos. Las poblaciones de estas tres
grandes divisiones están actualmente en la proporción de 4, 2 1/2,
1; mientras que la extensión de la superficie en que se encuentran
estas poblaciones son como los números 1
, 5, 0, 7, 1 La
Área de los Estados-Unidos es casi de una cuarta parte rica
española es también una cuarta parte mas extensa que la Europa
entera. Los Estados-Unidos
(1)
tienen la misma población que la América
española y su extensión y territorio es mas de la mitad mas
pequeño. El Brasil contiene, hacia el este, países talmente
desiertos que, en una extensión un tercio mas pequeña que la
superficie de la América española, su población está en razón de 1
á 4. El siguiente cuadro contiene los resultados de un ensayo que
he hecho, en unión con M. Mathieu, miembro de la Academia de
ciencias y del despacho de longitudes, para valuar por medios
precisos la extensión de la superficie de los diferentes estados de
la América. Para este objeto nos hemos servido de mapas que hemos
rectificado, según los datos que hemos publicado en la
Recopilación de observaciones Astronómicas. Nuestras escalas
han sido generalmente demasiado grandes por no descuidar espacios
de 4 á 5 leguas cuadradas, y hemos creído llevar la precisión hasta
este punto para añadir la incertidumbre de la medida de los
triángulos, trapecios y tortuosidades de las costas, á la que
resulta de la incertidumbre de los datos geográficos.
EXPLICACIÓN
He tomado la extensión de toda la América meridional, tomando
por limite la extremidad oriental de la Provincia de Panamá, de
571,290 leguas cuadradas, de la cuales la parte Panamá y la
provincia de Veragua), el Perú, Chile y Buenos-Aires (sin las
tierras magallanes), comprenden 271,774 l. c; las posesiones
portuguesas 256,990 l. c; las Guayanas inglesas, holandesas y
francesas 11,320 l. c; y las tierras patagónicas al sur del
Rio-Negro 51,206 l. c. Los siguientes números que indican grandes
extensiones de superficie, pueden servir de término de comparación
Europa 304,700 l. c; imperio ruso en Europa y Asia 603, 160 l. c;
parte europea del imperio ruso, 138,116
l. c EstadosUnidos
de América 174,310 l. c. Todas estas evaluaciones están hechas en
leguas cuadradas de 20 al grado ecuatorial ó de 2855
. He
adoptado esta medida en la
Relación histórica de mi viage
por qué las leguas marinas, de tres millas cada una, serian mucho
mas fáciles á introducir uniformemente como medida geográfica en
los pueblos comerciantes de la América española, que las
leguas
legales y
leguas comunes de España, que son de 26 ½ y de
19 al grado. En mi
Ensayo político sobre el reino de
Nueva-España, estan indicadas las superficies cuadradas de 25
al grado al modo de la mayor parte de las obras estadísticas
publicadas en Francia. Recuerdo estos datos, porque muchos autores
modernos, al copiar las evaluaciones de superficies que contiene mi
Ensayo político, han confundido en sus reducciones las
leguas de 25 al grado con las leguas marinas y geográficas;
confusión tan deplorable como la de las escalas termométricas
centígradas y octogesimales. Al lado de un elemento invariable,
como lo es el del
área que depende del grado de exactitud de
las cartas, he puesto otro elemento bien incierto que es el de la
población Los datos siguientes aclararán este punto que,
con razón, ha podido llamarse por mucho tiempo
plenum opus
alae. Hay números en el estudio de la economía política como
hay elementos de la meteorología y tablas astronómicas; los cuales
adquieren progresivamente precisión y lo mas comunmente es menester
detenerse á los
numeros limites.
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Para evitar circunlocuciones fastidiosas continuaré
designando ó en esta obra á los países habitados por los
Españoles-Americanos con el nombre de
América
Española, á pesar de las mudanzas políticas que han sobrevenido
en el estado de las colonias. Nombraré también
Estados—Unidos sin añadir
de la América
septentrional, al país de los
Anglo-Americanos, aun
cuando se hayan formado otros nuevos
Estados-Unidos en la
América meridional. Es dificultoso hablar de pueblos que hacen un
papel tan grande en la escena del mundo, y que carecen de nombres
colectivos. La palabra
Americano no puede aplicarse ya á
solo los ciudadanos de los Estados-Unidos de la América del Norte,
y seria de desar que esta nomenclatura de las naciones
independientes del nuevo continente pudiese fijarse de una manera
cómoda, harmoniosa y precisa á un mismo tiempo.(regresar 1)
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