Aumentóse de tal modo el calor cuando llegamos al medio de los llanos que hubiéramos preferido no caminar de día; pero estábamos sin armas y los Llanos estaban á la sazón infestados por un prodigioso número de ladrones que con una crueldad atroz asesinaban á cuantos blancos caían entre sus manos. Nada hay mas deplorable en las colonias de ultramar que la administración de justicia. Encontramos en todas partes las prisiones llenas de malhechores, cuya sentencia no es pronunciada sino después de siete á ocho años de espera, durante cuyo tiempo una tercera parte de ellos consigue escaparse; ofreciéndoles un asilo y alimento las despobladas llanuras, pero cubiertas de ganados, que existen es aquellos parajes, en donde ejercen sus atrocidades y robos á caballo á modo de los famosos Beduinos (5). La insalubridad de las cárceles llegaría á su colmo, si de cuando en cuando no se desocupasen por la fuga de los presos: sucede allí muy á menudo no poder ejecutarse las sentencias de muerte, pronunciada muy de tarde en tarde por la Audiencia de Caracas, por falta de verdugo; en cuyo caso, según una bárbara costumbre, de que ya he hecho mención, se perdona la vida á uno de los sentenciados á muerte que quiere encargarse de ahorcar á los demás (6).
Nos contaron nuestros guías que, poco tiempo antes de nuestra llegada á Cunaná, un Zambo muy conocido por su ferocidad, resolvió substraerte al castigo, haciéndose verdugo. Los preparativos del suplicio le amedrentaron y detuvieron ó entibiáron tanto su determinación que se horrorizo de sí mismo y, prefiriendo la muerte al colmo de vergüenza que se atraería salvando de este modo su vida, volvió á solicitar le pusiesen los grillos que ya le habían quitado su prisión no fue larga y sufrió la pena, por la bajeza y poco ánimo de uno de sus cómplices, que tomó á su cargo desempeñar el honroso cargo de verdugo.
Si en los pacíficos tiempos en que M. Bonpland y yo hemos recorrido las dos Américas, servían ya los Llanos de asilo y refugio á los malhechores que habían cometido algún crimen en las misiones del Orinoco ó á los que se habían fugado de los prisiones del litoral, ¿cuanto no se habrá empeorado este estado de cosas en consecuencia de las discordias civiles, en medio de esta sangrienta lucha que se ha terminado dando la libertad y la independencia á aquellas vastas regiones? Nuestros landas (7) y nuestros matorrales ofrecen solo una muy débil imagen de aquellas sábanas del nuevo continente, cuya drea de ocho diez mil leguas cuadradas, esta tan llana como la superficie del mar. La inmensidad del espacio asegura la impunidad á los vagabundos, que se esconden mejor en aquellas vastas llanuras que en nuestros montañas y selvas, y los ardides y artificios de la política europea no pueden ponerse en ejecución en donde hay viageros y no caminos, ganados y no pastores, y granjerías ó cortijos de tal modo aisladas, que á pesar de la poderosa acción del reflejo (mirage) podría hacerse muchas jornadas sin encontrar una en el horizonte.
Recorriendo los llanos de Cáracas, de Barcelona y de Cumaná que se siguen del oeste al este desde las montañas de Trujillo y Mérida hasta la embocadura del Orinoco, se pregunta ¿si aquellos vastos terrenos están destinados por la naturaleza para servir eternamente de pastos, ó si la hazada y el arado del labrador los sujetará o someterá algún día al cultivo? Esta cuestión es tanto mas importante cuento que los Llanos, situados á las dos extremidades de la América del sur impiden la unión política de las provincias que ellas mismas separan. Los llanos impiden que la cultura agrícola de Venezuela se extienda hacia la Guayana y que la del Potosí refluya hacia la embocadura del lijo de la Plata. Los interpuestas llanuras conservan con la vida pastoril alguna cosa de agreste y salvaje que les aísla y separa de la civilización de los países desmontados ó rozados; por esta misma razón en la guerra de la independencia han sido los llanos el teatro de la lucha entre las partes enemigas, y los habitantes de Calabozo han visto decidirse bajo sus muros la suerte de las provincias confederados de Venezuela y de Cundinamarca. Desearía, que al asignar los limites á los nuevos estados y á sus subdivisiones, no tengan que arrepentirse algún día de haber perdido de vista la importancia de los llanos y su influencia sobre la desunión de sociedades que deberían ser unidas por intereses comunes. Los llanos servirían de límites naturales como los mares ó los montes vírgenes de los trópicos, si los ejércitos no los atravesasen con tanta facilidad porque ellos mismos proporcionan en sus innumerables ganados y manadas de caballos, mulas, y bueyes, que les ofrecen, todos los medios de transporte y de subsistencia.
La configuración del suelo y el estado de su superficie están allí, mejor que en cualquiera otra parte del mundo, mucho mas pronunciadas ; y en ninguna parte obran tampoco de una manera mas sobre las divisiones del cuerpo social, dividido ya por la diferencia del origen, por la de los colores y de la libertad individual. No está en, el poder del hombre mudar esta diversidad de climas, que las desigualdades del suelo producen en una pequeña distancia de terreno, y hacen nacer la antipatía de los habitantes de tierra caliente contra los de tierra fría, antipatía fundada en las modificaciones del carácter, de los usos y costumbres. Estos efectos morales y políticos se manifiestan, mas particularmente en los países en que los extremos de altura y de depresión son mas chocantes y donde las montañas y bajos terrenos tienen mas extensión. Tales son, por ejemplo, la Nueva Granada ó Cundinamarca, el Chile, el Perú en que la lengua del Inca ofrece muchas formas y francas expresiones para designar esta oposición climatérica de temperamento, de inclinaciones y de facultades intelectuales. El estado de Venezuela, por el contrario, les montañeros ó serranos de las altas montañas de Bocono y de Timotes y de Mérida no forman mas que una parte demasiadamente módica de la población total, y los valles populosos de la cadena costera de Caracas y Caripe distan solo trescientas ó cuatrocientas toesas sobre el nivel del mar. De esto resulta que en la reunión política de Venezuela y de la Nueva Granada bajo el nombre de Colombia, la gran población montañera de Santa Fé, de Popayán, Pasto y de Quito, ha sido balanceada, sino por entero al menos por mas de la mitad, por el aumento de ochocientos á novecientos mil habitantes de tierra caliente. El estado de la superficie del suelo es menos inmutable que su configuración.
Conócese fácilmente la posibilidad de ver desaparecer estas oposiciones entre los bosques impenetrables de la Guayana y los Llanos desnudos de árboles y cubiertos de gramíneas; pero ¿cuantos siglos serán necesarios para que se palpen estas mudanzas en loe inmensos llanos de Venezuela, Meta, Caqueta, y Buenos Aires? Lo que se ha listo del poder del hombre, de su lucha contra las fuerzas de la naturaleza eh los Galos en la Germania y nuevamente, pero siempre fuera de los trópicos, en los Estados-Unidos, no da aun una justa idea de lo que debemos esperar de los progresos de la civilización bajo la zona tórrida. Ya he hablado antes de la lentitud con que se hacen desaparecer los bosques por el fuego y la hacha, cuando los troncos de los árboles tienen 8 á 16 pies de diámetro, cuando al caer se apoyan unos sobre otros y que su madera, humedecida por las continuas lluvias, es de una dureza extrema. La posibilidad de someter ó sujetar al cultivo él suelo de los Llanos ó Pampas, no es generalmente reconocida por los colonos que fe habitan; y este es un problema que he puedo resolverse de una manera general.
La mayor parte de las sábanas de Venezuela no tienen la ventaja de las de la América septentrional que están atravesadas longitudinalmente por tres nos grandes; á saber, el Misuri, el Arkansas y el rio vermejo ó rojo de Natchitoches: las sábanas de Araure de Calabozo, y del Pao están cortados transversalmente por los afluentes ó desaguaderos del Orinoco, cuyos mas principales (el Cari, el Pao, el Acaru y el Manipare) tienen muy poca agua en la estación de sequía. No prolongándose estos afluentes ó desaguaderos hacia el norte, quedan en el centro de los llanos vastos terrenos (bancos y mesas) de una espantosa aridez. Las partes occidentales, fertilizadas por el Portuguesa, el Masparro. y el Orivante, que por los muy próximos afluentes de estos tres nos, son las únicas susceptibles de cultivo. El suelo es una arena mezclada de greda cubierta por una capa de guijarro cuarzoso : el terreno vegetal, que es el origen, principal de la nutrición de las plantas, es allí sumamente delgado, y no aumenta nada con la caída de las hojas que sin embargo de ser menos periódica en los bosques de la zona tórrida, lugar tiene en aquel punto como en los climas templados. Desde miles de años están los Llanos desprovistos de árboles y de malezas; algunas palmeras esparcidas en la sábana añaden muy poco á este hydrure de carbono y á esta materia extractiva que, según las experiencias de Saussure, de Davy y de Braconnot, fertilizan el terreno. Muchas culturas aisladas existen ya en medio de estos pastos en que se han encontrado aguas corrientes ó algunas mazorcas de palmeras Mauritas. Estos cortijos ó haciendas, al rededor de las cuales han sembrado maíz, y plantado yuca, se multiplicarán considerablemente si se llagan á aumentar los árboles y arbustos.
La aridez y el excesivo calor de las mesas no dependen únicamente del estado de su superficie y de la reverberación local del suelo; su clima está modificado por las regiones adyacentes y por la llanura entera, de que las mesas hacen parte. Los progresos que la vegetación. de los grandes árboles y el cultivo de las plantas dicotiledones han hecho en las inmediaciones de las villas, por ejemplo al rededor de Calabozo y del Pao, prueban lo que se ganarla en los llanos atacándolos, por pequeñas porciones cercándolos poco á poco y dividiéndolo con sotos y canales de riego. Quizá se conseguiría disminuir la influencia de los vientos que esterilizan el suelo, si estas divisiones se hiciesen engrande, de 8 á 10 fanegas de tierra, plantando en ellas semilleros de Psidium, de Croton, de Casia ó de Tamarindo que gustan de lugares secos y abiertos ó aireados. Estoy lejos de creer que los hombres hagan desaparecer jamás las sábanas por entero, y que los Llanos, útiles á los pastos y al comercio de ganados, sean nunca cultivados como los valles de Aragua ó otras partes próximas á las costas de Caracas y Cumaná; pero estoy firmemente persuadido que una considerable porción perderá, á fuerza de tiempo y bajo una favorable administración á la industria, el aspecto salvaje que han conservado desde la primera conquista de los Europeos.
Estas mudanzas progresivas, estos aumentos de población no solamente añadirán la prosperidad de aquellas regiones, sino que ejercerán también una influencia útil sobre el estado moral y político. Los llanos forman mas de dos tercios de esta parte de Venezuela ó sea la antigua Capital general de Caracas, que está situada al norte del Orinoco y del rio Apure.
Si el Bajo-Orinoco no estuviese suficientemente defendido por el patriotismo de una población robusta y aguerrida, el estado actual de los Llanos baria doblemente peligrosos los efectos de una invasión extranjera sobre las costas occidentales. La defensa de los llanos está íntimamente unida á la de la Guayana española; y hablando mas arriba de la importancia militar de las bocas del Orinoco, he demostrado que las fortalezas y baterías con que se ha guarnecido la costa septentrional desde Cumaná hasta Cartagena, no son los verdaderos baluartes de las provincias unidas de Venezuela. Al lado de este interés político se coloca otro igualmente importante y mas durable aun. Un gobierno ilustrado debe ver con sentimiento que las costumbres de la vida pastoril que entretienen la ociosidad y la holgazanería, reinan sobre mas de los dos tercios de su territorio. La parte de la población de la costa que refluye anualmente hacia los Llanos para establecerse ó fijarse en los hatos de ganado (8) y cuidar en ellos los rebaños, hacen mi paso retrogrado en la civilización. ¿Como poner en duda que los progresos de la agricultura, la construcción, de villas en donde hay agua corriente, no atraerían unas sensibles mejoras en el estado moral de los habitantes de las alturas y llanos? La suavización en las costumbres, el gusto de una existencia sedentaria y las virtudes domésticas penetrarían allí con los trabajos agrícolas.
A los tres días de marcha empezamos á notar la cadena de montañas de Cumaná que separan los Llanos, ó como se oye á menudo decir allí los llanos son como un mar de yerbas de las costas de las Antillas. Si el Bergautin tiene mas de 800 toesas de alto puede vérsele (aun no suponiendo sino una refracción ordinaria de 1/14 del arco) á mas de 27 leguas marinas de distancia; pero el estado de la atmósfera nos ocultó el hermoso espectáculo de esta cadena de montañas. Mostrábase al principio como un banco 6 mesa de bruma ó gama que ocultaba las estrellas inmediatas del polo á su salida y postura: este montón de vapores parecía agrandarse poco á poco, condensarse, tomar un color azulado y limitarse por rodeos y tortuosidades inmovibles. Lo mismo que observan los marinos al aproximarse á una tierra nueva, se presenta al viagero en la orilla de la llanura. El horizonte empezaba á ensancharse hacia el norte y la bóveda celeste ya no se parecía reposar á igual distancia en el suelo cubierto de gramíneas.
El 23 de julio llegamos á la ciudad de Nueva Barcelona menos cansados del calor de los Llanos á que estábamos acostumbrados mucho tiempo hácia, que de los vientos de arena, cuya prolongada acción causa grietas dolorosas en la piel. Hacía siete meses que, viniendo de Cumaná á Caracas, habíamos arribado por algunas horas en el Morro de Barcelona, peñasco fortificado que, del lado de la villa de Pozuelos, solo por una lengua de tierra, depende del continente. Hallamos la mas afectuosa acogida y todo el esmero de una agradable y cumplida hospitalidad en casa de un negociante llamado don Pedro Lavie, francés de origen. Acusado este de haber dado asilo al desgraciado España cuando estaba fugitivo en estas costas en 1797 fue llevado de orden de la Audiencia y conducido preso á Caracas. La amistad del gobernador de Cumaná y la memoria de los servicios que había hecho la industria naciente de aquel país contribuyeron mucho, para que le pusiesen en libertad. Nosotros tratamos de consolarle en su prisión y tuvimos la satisfacción de volverle á ver en el seno de su familia: pero sus males físicos fueron agravados durante su detención y sucumbió sin ver resplandecer estos días de la independencia- americana que su amigo don José España habia pronunciado al momento de su suplicio, Yo muero, decía este hombre amoldado para ejecutar grandes proyectos, muero ignominiosa pero inocentemente; mis conciudadanos recogerán dentro de poco mis cenizas y mi nombre resucitará con gloria. Estas terminantes y notable palabras fueron pronunciadas en la plaza pública de Caracas el 8 de mayo 1799 y me han sido contadas el mismo año por una Infinidad de personas, unas que tanto abominaban los proyectos de España, como otras gemían por su desgraciada suerte.
Ya ha hablado antes de la importancia del comercio de la Nueva Barcelona. Esta pequeña ciudad que en 1790 apenas tenia 10,000 habitantes y en 1800 mas de 16,000, fue fundada por un conquistador catalán, llamado Juan Urpin, en 1637 se trató entonces de llamar á toda la provincia la Nueva Cataluña, pero fue en vano. Como en nuestros mapas se indican muy á menudo dos ciudades, Barcelona y Cumanagoto, en vez de una, ó se miran estos dos nombres como sinónimos, será útil aclarar la causa de este error. En la embocadura del rio Neveri había antiguamente una ciudad india construida en 1588 por Lucas Fajardo bajo el nombre de San Cristóbal de los Cumanagotos, que solo estaba habitada por indígenas venidos de las salinas de Apaicuare. Urpin fundó en 1637, á dos leguas de la interior de las tierras con algunos habitantes de Cumanagoto y muchos catalanes la ciudad española de Nueva Barcelona. Por espacio de treinta y cuatro años, los dos ayuntamientos vecinos se hicieron quejas siempre renacientes, hasta que en 1671 el gobernador Angulo llegó á persuadirles se reuniesen en un tercer territorio, que es el que ocupa hoy la ciudad de Barcelona, y cuya latitud es, según mis observaciones de 10º 6´ 52´. La antigua de Cumanagoto es célebre en el país por la Virgen del Tutumo llamada la milagrosa imagen de Maria Santísima del Socorro, hallada, dicen los indios, en un tronco hueco de un tutumo. Esta virgen fue trasladada procesionalmente á Nueva Barcelona; pero cada vez que el clero estaba descontento. de los habitantes de la nueva ciudad, se huía de noche y volvía al tronco del árbol á la embocadura del rio. Este prodigio no cesó sino cuando se construyó un gran convento (el colegio de la Propaganda) para habitar en él los frailes de San Francisco. Mas arriba hemos visto que en un caso semejante, el obispo de Caracas hizo colocar la imagen de Nuestra Señora de los Valencianos en los archivos del obispado y quedó allí treinta años bajo llave.
El clima de Barcelona es menos cálido que el de Cumaná, pero húmedo y algo malsano en la estación de las lluvias. Al sudoeste de Nueva Barcelona, á dos leguas de distancia, se eleva una alta cadena de montañas-arrimada al Cerro del Bergantín que es visible en Cumaná. Este sitio es conocido bajo el nombre de las aguas calientes. Los indios de Nueva Barcelona conducen la leña al mercado de un modo muy extraordinario: arrojan al rio dos gruesos leños de zigophyllum y de Coesalpina y el propietario de la leña con sus hijos mayores nada acá y allá para hacer marchar los pedazos de leña que están retenidos por las tortuosidades de las orillas. La ciudad de Barcelona no tiene, como Cumaná, un barrio de indios, y si se ven allí algunos de ellos, son habitantes de las misiones inmediatas ó de las cabañas esparcidas en el llano.
Embarcamos nuestras colecciones de plantas, nuestros instrumentos y nuestros monos y esperábamos hacer por un tiempo delicioso una travesía muy corta desde la boca del rio Neveri á Cumaná; pero apenas habíamos llegado al canal estrecho entre el continente y las peñascosas rocas de la Borracha y de las Chimanas, encontrarnos con grande admiración un buque armado, que al mismo tiempo que nos llamaba con la bocina disparó desde muy lejos algunos tiros de fusil sobre nosotros, eran marinos pertenecientes á un corsario de Halifax. Nuestras protestas o tuvieron efecto alguno y nos condujeron á bordo del corsario que, fingiendo no conocer los pasaportes que el gobernador de la Trinidad daba para el comercio ilícito, nos declaraba buena presa. Como tengo alguna práctica en expresarme en inglés, entre en negociación con el capitán para no ser conducido á Nueva Escocia y le rogué me pusiese en tierra en la costa inmediata. Mientras que yo trataba de defender mis derechos y los del propietario de la canoa en la camara del capitán, oí ruido sobre el puente y volvieron á halar al oído al capitán quien me dejó con un aire consternado. Por fortuna nuestra corveta inglesa (el sloop el Harwk) cruzaba también en aquellas aguas; hizo señales para llamar al capitán corsario y éste no apresurándose á obtemparar, la corveta disparó un cañonazo y envió un guardamarino á nuestro bordo. Este que bonito y político era un jóven me hizo esperar que la canoa cargada de cacao nos seda entregada y que por la mañana siguiente continuaremos con nuestra marcha. Me propuso al mismo tiempo le acompañase y me aseguró que su, comandante el capitán John Garnier, de la marina real, me ofrecería un albergue mas agradable que el que encontraría en un buque de Halifax. Agradecí mucho y acepté las atentas ofertas y fui colmado de toda suerte de atenciones por parte del capitán Garnier.
Continuamos nuestra travesía al dia siguiente y quedamos asombrados de la profundidad de los canales entre las islas Caracas donde la corbeta maniobraba casi rosando con las rocas; ya las nueve de la mañana nos encontramos delante del golfo de Cariaco que sirve de nada á la ciudad.
Nos apresuramos á dirigirnos á casa del gobernador don Vicente Emparan cuyas recomendaciones y constante solicitud nos habían sido tan útiles durante el largo viage que acabábamos de terminar. Nos buscó en el centro de la ciudad una, casa que era quizá demasiado elevada en un país expuesto á violentos terremotos, pero sumamente cómoda para nuestros instrumentos.
Pasamos agradablemente del 3 al 5 de noviembre en la península de Araya, situada al otro lado del golfo de Cariaco enfrente de Cumaná. Fray Juan González y el tesorero don Manuel Navarrete, que nos habían ilustrado con sus consejos desde nuestra primera llegada á aquellas costas, nos acompañarán en nuestra pequeña excursión. Desembarcados cerca del cabo Caney visitamos de nuevo la antigua salina convertida el lago por irrupción del mar, las hermosas ruinas del castillo de Araya y la montaña calcárea del Barrigon que, por su escarpadura del lado del oeste, es de muy difícil acceso. La laguna chica es una ensenada rodeada de montañas cortadas á pico y que solo se unen al golfo de Cariaco por un canal estrecho de 25 brasas de fondo, formado por un temblor de tierra. Una pequeña playa parece probar que el mar puede perderse allí en las tierras como sucede en la costa opuesta de Cumaná. La península de Araya, que se estrecha, entre los cabos de Mero y de las Minas hasta 1400 toesas de ancho, tiene algo mas de 4000, junto á la Laguna chica contando de un mar á otro. Teníamos que atravesar esta distancia poco considerable para legar al cabo de la Punta de chuparupara. Lo que hace difícil el camino es el no haber ninguna senda abierta y el estarse obligado á salvar ó saltar entre los precipicios demasiadamente profundos, algunas puntas de rocas enteramente peladas y desnudas. El punto culminante tiene cerca de 220 toesas de altura; pero las montañas, como sucede siempre en los istmos peñascosos, ofrecen formas muy extravagantes. Las Tetas de Chacopota y Cariaco, situadas á la mitad del camino entre la Laguna chica y la villa de Cariaco, son verdaderos picos que se considerarían aislados, vistos desde la plataforma del castillo de Cumaná. No hay en aquel país tierra vegetal sino á 30 toesas de altura sobre al nivel del mar, y algunas veces no llueve allí durante quince meses, y sin embargo si inmediatamente después de la florescencia de los melones, calabazas y sandías, caen algunas gotas de agua, estas últimas producen frutos de 60 á 70 libras á pesar de la sequía aparente.
Llegamos demasiado tarde á la laguna chica para poder visitar otra ensenada que esta situada mas al este y célebre bajo el nombre de la Laguna grande ó Del Obispo, y nos contentamos con admirarla desde el alto de las montañas que la dominan: después del Ferrol y Acapulco quizá no habrá otra de una configuración mas extraordinaria: es un golfo interior de dos millas y media de largo del este al oeste y de una milla de ancho. Las rocas de micaesquita, que forman la entrada del puerto, no dejan paso libre mas que en una anchura de 250 toesas; pero por todas partes se encuentran 15 a 25 brazas de fondo. Es muy probable que el gobierno de Cumaná sacará ventajas algún día de este golfo interior y del de Mochima, situado á ocho leguas marinas al este de la mala rada de la Nueva Barcelona.
Quedamos solo dos semanas en Cumaná para aprovecharnos de un buque americano que cargaba en Nueva Barcelona carne salada para la isla de Cuba. Separámonos de nuestros amigos de Cumaná el 16 de noviembre para hacer por la tercera vez la travesía de la embocadura del golfo de Cariaco á Nueva Barcelona. La noche estaba fresca y hermosa, y no fue sin bastante emoción que vimos por última vez el disco de la luna que alumbraba la cumbre de los cocoteros que rodean las orillas de Mazanares. Nuestra vista quedo largo tiempo en esta blanquecina costa en que solo una vez habíamos tenido que quejarnos de los hombres. La brisa era tan fuerte que en menos de 6 horas anclamos cerca del moro de Nueva Barcelona , en donde hallamos el buque que debía conducirnos á la Habana y que estaba pronto á hacerse á la vela.
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Arabes del desierto. (regresar 5) |
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Lo mismo sucede en Portugal. Yo he visto en la capital de Lisboa la ejecución á muerte de algunos de estos infelices. La humanidad se resiente al ver, particularmente en el siglo 19, un espectáculo tan horroroso. Sale el reo del Limoeiro (cárcel pública) y va á pie, descalzo, vestido con una túnica blanca, llevando al cuello las cuerdas, que al menos pesan una arroba, hasta al lugar de suplicio (Caes do tojo) ,que está á una legua poco mas ó menos de distancia de la cárcel. No hablemos de los horrorosos aparatos, fúnebre acompañamiento, vocingleria de los frailes hachas o cirios verdes, y ecos tristes de campanillas ocultas de la hermandad da Mizericordia, etc., y pasemos al momento de la ejecución; Aquí se traspasa de dolor el corazón mas empedernido! Arrastran al miserable paciente por toda la escalera de la horca ; cúbrenle la cara con una capucha que tiene la túnica; arreglale el verdugo (que es otro reo condenado a muerte y quizá mas criminal que el paciente, pero que se le ha indultado la vida con tal que prive de ella á muchos de sus hermanos) y arrójase con él, pero como poco practico en su nuevo oficio, hace padecer tan cruelmente y por tanto tiempo al paciente que el espectador más apático tiembla y se irrita contra el ejecutor qué se complace la mayor parte de las veces que hace uso de su nuevo, se regocija y aun desea que se repitan estos actos, tanto mas cuanto que cada día de ejecución, además del pago de su trabajo, tiene por extraordinario para, su comida una gallina asada y una botella de buen vino. (Nota del Traductor.) (regresar 6) |
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País muy arenoso de Francia entre Burdeos y Bayona. (regresar 7) |
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Especie de granjería compuesta dé cobertizos ó sotechados que sirven de habitación á los hateros y peones para el rodeo, es decir á los hombres que cuidan, ó mas bien que inspeccionan los rebaños semi salvajes de caballos y bueyes. (regresar 8) |
