LIBRO
IX.
CAPÍTULO
XXV.
Llanos del Pao, ó parte oriental de
los llanos de Venezuela. —Misiones de los Caribes. —
Ultima mansión en las costas dela Nueva Barcelona Cumaná y Araya.
Era de noche cuando por la última vez pasamos el rio del
Orinoco: debíamos dormir cerca del fortín de San Rafael para
emprender al amanecer del día siguiente nuestro camino por medio de
los llanos de Venezuela; y como habían transcurrido seis semanas
después de nuestra llegada á la Angostura, deseábamos vivamente
alcanzar las costas para hallar en Cumaná ó en la Nueva Barcelona
un buque que pudiese conducirnos á la isla de Cuba y de allí á
Méjico. Nuestras mulas nos estaban aguardando en la margen
izquierda del Orinoco. Las colecciones de plantas y demás
objetos geológicos que llevábamos con nosotros dela
Esmeralda y rio Negro, habían aumentado nuestro equipaje. Corno
hubiera sido expuesto separarnos de nuestros herbarios debíamos
esperarnos un viage muy lento por los llanos. El calor era excesivo
en razón de la reverberación del terreno que está desnudo de
vegetales. Trece días gastamos en atravesar los llanos habiendo
permanecido un poco de tiempo en las misiones Caribes y en el
pueblo de Pao. He trazado mas arriba el cuadro físico de las
inmensas llanuras que separan las selvas, de la Guayana de la
cadena de los montes costeros. La parte oriental de los
Llanos que habíamos recorrido entre la Angostura y la
Nueva-Barcelona, ofrece el mismo aspecto salvaje que la parte
occidental, por la cual habíamos venido desde los valles de Aragua
á San Fernando de apure. Era precisamente la estación de las
lluvias en el norte del ecuador; no lluvia en los llanos, pero la
mudanza de la declinación del sol había hecho cesar hacia algún
tiempo el juego de las corrientes polares. En aquellas regiones
ecuatoriales en donde puede orientarse según la dirección de las
nubes y donde las oscilaciones del mercurio en el barómetro indican
la hora, casi como un relox, todo está sujeto á un tipo regular
y uniforme. La cesación de las brisas, la. entrada dc las
lluvias y la frecuencia de las explosiones eléctricas son fenómenos
que se encuentran unidos por vínculos mutables.
El 13
de julio llegamos al pueblo de Nuestra Señora del
Socorro
de Cari, la primera de las misiones Caribes que
dependen de los
Padres Misioneros observantes del Colegio de la
Purísima Concepción de Propaganda. Fide en la Nueva-Barcelona,
conocido con el nombre de
Colegio de Piritú; nos hospedamos,
como teníamos de costumbre, en el convento, porque, además de
nuestros pasaportes del Capitán general de la provincia, teníamos
recomendaciones de los obispos y del guardián de las misiones del
Orinoco. Desde estas costas de la Nueva-California hasta Valdivia y
la embocadura del rio de la Plata, extensión de dos mil leguas,
pueden vencerse todas las dificultades de tan largo viaje si se
tiene la protección del clero americano. El poder que éste cuerpo
ejerce, está demasiado bien establecido para que un nuevo orden de
cosas pueda trastornarle en mucho tiempo. Mucho se asombró nuestro
buen guardián de que unas gentes del Norte de Europa llegasen á su
convento desde las fronteras del Brasil por el rio-Negro del
Orinoco y no por el camino de la costa de Cumaná.
Mas de 500 Caribes encontramos en el pueblo de Cari y otros
muchos en las misiones inmediatas. Es un aspecto curiosísimo ver un
pueblo, en otro tiempo errante, afecto al suelo hace poco y
diferente de todos los otros índios por su fuerza física é
intelectual. En ninguna otra parte he visto una raza entera de
hombres mas altos ni de estatura mas colosal. Los hombres están
generalmente mas cubiertos en América que las mujeres. Estas no
llevan irías que el
guajuco ó
perizoma en forma de
faja y aquellos un pedazo de tela azul turquí casi negra desde las
caderas hasta las rodillas, pero tan ancha, que cuando la
temperatura baja hacia la noche, los Caribes se cubren con el la
las espaldas Como tienen el cuerpo pintado de
onoto
(1)
sus grandes caras,
de un color bronceado y pintorescamente trapeadas , parecen á lo
lejos á las antiguas estatuas de bronce. El modo de cortarse el
pelo los hombres es muy característica y se parece al de los
frailes ó monaguillos se afeitan una parte de la frente, lo que les
hace que ella parezca mas grande. Un mechón de pelo cortado en
circulo comienza muy cerca de la coronilla de la cabeza.
Esta semejanza que tienen los Caribes con los frailes no es el
resultado de la vida de las misión, ni debida, como falsamente se
ha dicho, al deseo que tienen de imitar los indígenas á sus amos
los Padres de San Francisco. Las tribus, que han conservado su
salvaje independencia entre el nacimiento del rio Carony y el del
rio Branco, se distinguen por este mismo
cerquillo de
frailes, que en el descubrimiento de América los primeros
historiadores españoles atribuyan ya á los pueblos de la raza
Caribe. Cuántos hombres hemos visto de está misma raza , sea
navegando en el Bajo Orinoco, sea en las misiones de Piritú, se
diferencian de los demás indios, no solamente por su alta estatura
sino también por la regularidad de sus facciones. Tienen la nariz
menos ancha y menos aplastada, los juanetes menos sacados y la
fisonomía menos feamente construida. Sus ojos, que son mas negros
que los de las otras hordas de la Guayana, anuncian inteligencia y
aun podría decirse la costumbre de la reflexión. Los Caribes tienen
gravedad en sus maneras y algo de triste en sus miradas, como se
encuentra generalmente entre la mayor parte de los primitivos
habitantes del Nuevo-Mundo. La expresión de severidad que ofrecen
sus facciones se aumenta singularmente por la manía que tienen de
teñirse las cejas con el suco del Caruto, de agrandarlas y de
unirlas ambas algunas veces se hacen manchas negras particularmente
en la cara para parecer mas fieros. Los magistrados de la villa, el
gobernador y los alcaldes, que son los únicos que tienen derecho de
llevar grandes bastones vinieron a visitarnos. Había entre ellos
indios tan jóvenes que no pasaban de diez y ocho años, pues que la
elección solo depende de la voluntad de los misioneros.
Estábamos admirados de volver a encontrar los Caribes, pintados
de
Onoto, aquel aire de importancia, aquella mesurada
compostura, aquellas maneras frías y desdeñosas que se encuentran á
las veces entre os empleados en el antiguo continente. Las mujeres
Caribes son menos robustas y mas feas que los hombres y suportan
casi todos los trabajos, tanto domésticos como del campo. Nos
pedían ellas con instancia alfileres que, por falta de
faltriqueras, colocaban baso su labio inferior penetrándose la piel
le modo que la cabeza del alfiler quedase en lo interior de la
boca, costumbre que han conservado desde su primer estado salvaje.
Las jóvenes se pintan de encarnado y á excepción del
guajuco
están enteramente desnudas.
Los indios de las misiones del Piritú fijaban un tanto nuestra
atención cuanto que pertenecen á un pueblo que, por su audacia, por
sus empresas guerreras y por su espíritu mercantil, ha tenido una
gran influencia sobre el vasto país que se extiende desde el
ecuador hacia las costas septentrionales. En todas las partes del
Orinoco habíamos encontrado los recuerdos de las excursiones
hostiles de los Caribes que en otro tiempo se extendieron desde el
nacimiento del Carony y del Erato hasta las orillas del Ventuari,
del Atácavi y del rio-Negro. La lengua de los Caribes se propagó
por esta razón en aquella parte del mundo y aun ha pasado (como la
de los Lenní-Lenapes ó Algonquines y la de los Natchez ó Muskogeos
al este de los Alleganis) á tribus que no tienen el mismo
origen.
En medio de los Llanos de la América septentrional una nación
poderosa, que ha desaparecido ya, ha construido fortificaciones
circulares, cuadradas y octogonas, muros ó paredes de 6000 toesas
de largura, túmulos de 700 á 800 pies de diámetro, y de 140 de
altura, ya redondos, ya con mucho s pisos que contenían millares de
esqueletos, de hombres menos altos y mas rechonchos que los
actuales habitantes de aquellas regiones. Otros huesos envueltos
en telas que parecen á las de las islas de Sandwich y Fidji, se
encuentran en las grutas naturales del Kentucki. ¿Que se ha hecho
de aquellos pueblos de la Luisiana, anteriores á los Lenui-Lenapes,
á los Shawones y, quizá á los Sioux (Nadowesses Narcota) del Misuri
que se han fuertemente
mongolizado, y que, según su propia
tradición se cree haber venido de las costas de Asia? En los llanos
de la América meridional, como he dicho mas arriba, apenas se
encuentran
cerros hechos
á
mano y en
ninguna parte obras de fortificación análogas ó parecidas á las de
Ohio. Sin embargo en una vasta extensión de terreno, tanto en el
Bajo-Orinoco como en las costas de Casiquiare y entre el origen de
los rios Esquibo y rio Branco hay, rocas de granito que están
cubiertas de figuras simbólicas. Al oeste, á la espalda de los
Andes, nada parece ligar la historia de Méjico con las de
Cundinamarca y del Perú; pero en las llanuras del este una nación
belicosa, largo tiempo dominante, ofrece en sus facciones y
constitución física los vestigios de un origen extranjero. Los
Caribes conservan tradiciones que parecen indicar algunas
comunicaciones antiguas entre las dos Américas. Un tal fenómeno
merece una atención particular, cualquiera que sea el grado de
embrutecimiento y de barbarie que los Europeos hallaron a fines del
siglo quince entre todos aquellos pueblos no montañeses del Nuevo
Continente. Si es verdad que la mayor parte de los salvajes, como
parece probarlo sus lenguas, sus mitos cosmogónicos, y una
inmensidad de otros indicios, no son mas que razas degradadas,
reliquias ó restos escapados de un naufragio común es sumamente
importante examinar los caminos por donde estos restos han sido
transportados de uno á otro hemisferio. La bella nación de los
Caribes solo ocupa hoy una parte muy pequeña de los países que
habitaba, cuando se descubrió la América.
Las crueldades cometidas por los europeos la han hecho
desaparecer de las Antillas y de las costas del Darien, al paso
que, sometida al régimen de las misiones, ha formado villas
populosas en la provincia de la Nueva Barcelona y de la Guayana
Española. Yo creo que puedan calcularse á 35,000 los Caribes que
habitan los llanos del Piritú y las márgenes del Carony y del
Cuyuni. Si se añadiesen á este número los Caribes independientes
que viven al oeste
de las montañas de Cayena de Pacaraymo,
entre el origen del Esquibo y del Rió Branco, se obtendrían quizá
40,000 individuos de raza pura sin mezcla alguna de otras
indígenas. Insisto tanto mas sobre éstas nociones, que antes de mi
viage se acostumbraba hablar de los Caribes como una raza
extinguida.
(2)
No
conociendo el interior de las colonias españolas del continente, se
suponía que las pequeñas islas de la Dominica, de Guadalupe, y San
Vicente habían sido la mansión principal de esta nación de que ya
no existen (en todas las Antillas orientales) sino esqueletos
(3)
petrificados ó
más bien envueltos en una calcárea de madréporas.
El nombre de los Caribes que encuentro por la primera vez en una
carta de Pedro Martir de Anghiera, se deriva de Calima y de
Caripuna habiendo trasformado las
l y
p en
r y
b
(4)
. Es
también bien muy notable que este nombre, que Colomboyó de boca de
los pueblos de Haití se encuentre en los Caribes de las islas y
entre los del continente. De Carina ó Calina han formado Galibí
(Caribi), denominación con que se conocía una nación de una
estatura mucho mas pequeña que los habitantes del Cari, pero que
hablaba uno de los innumerables dialectos de la lengua Caribe.
Leyendo con atención los autores españoles del siglo 16, se ve
que las naciones caribes se extendían entonces sobre 18º á 19º
de latitud, desde las islas Vírgenes al este de Puerto Rico
hasta las bocas del Amazona. El otro prolongamiento hacia el oeste,
toda la cadena costera de Santa Marta y Venezuela parece menos
cierto. Sin embargo López de Gomera y los mas antiguos
historiadores llaman
Caribuna, no como se ha hecho después,
el país que media entre el nacimiento del Orinoco y las montañas de
la Guyana francesa, sino los llanos pantanosos entre las
embocaduras del rio Atrato y el Rio Sinu. Yo mismo he estado en
estas costas, al dirigirme de la Habana á Puerto Belo, y he sabido
que el cabo que guarnece al este el golfo del Darien ó de Uraba,
conserva aun el nombre de Caribana. En otro tiempo era una opinión
muy extendida que los Caribes de las Antillas traían su origen, y
aun su nombre, de estos pueblos guerreros del Darien.
La dominación que los Caribes han ejercido durante tanto tiempo
en la mayor parte del continente y la memoria de su antigua
grandeza, les ha inspirado un sentimiento de dignidad y de
superioridad nacional que se manifiesta en sus maneras y en sus
discursos. “Nosotros solos somos una nación, dicen ellos
proverbialmente; los demás hombres
(aquili) son hechos para
servimos.” Este menosprecio de los Caribes para con sus
antiguos enemigos es tan decidido que he visto á un niño de diez
años que echaba espuma de rabia cuando se le llamaba
Cabre,
o
Cayere, sin embargo de que en toda su vida él no había
visto á ningún individuo de aquella desgraciada nación que ha dado
su nombre á la villa de Cabmuta (Cabritu). Y que después de una
larga resistencia, ha sido casi enteramente exterminada por los
Caribes. En las hordas medio salvajes y en la parte mas civilizada
de Europa hemos encontrado estos odios inveterados, estos nombres
de pueblos enemigos que el uso ha hecho pasar á las lenguas como
las mas crueles injurias.
El misionero nos condujo á muchas cabañas índias en que reinaba
el orden y la limpieza mas extremada. Vimos con sentimiento los
tormentos á que las madres Caribes someten á sus hijos, desde la
mas tierna edad, para engrosar no solamente Las pantorrillas sino
también la carne de las piernas desde el tobillo hasta la parte
superior de los muslos. Fajas de cuero ó tejidas de algodón son
colocadas alternativamente como ligaduras estrechas de 2 á 3
pulgadas de distancia, con las cuales, apretando de mas en mas,
hacen hinchar los músculos en los intervalos de las fajas. Nuestros
niños en mantillas sufren mucho menos que los de los pueblos
caribes, en una nación que se dice ser la mas próxima al estado de
la naturaleza. Es en vano que los frailes de las misiones, sin
conocer las obras ni aun el nombre de Rousseau, quieran oponerse á
aquel antiguo sistema de educación física: el hombre, salido de los
bosques, que creemos tan simple en sus costumbres, solo es dócil
cuando se trata de su adorno y de las ideas que él se ha formado de
la hermosura y la decencia. Quedé por otra parte sorprendido al ver
que la incomodidad y opresión que se hace experimentar á aquellos
pobres niños y que parece impedir ó entorpecer la circulación de la
sangre, no debilitase el movimiento muscular, tanto mas cuanto que
no hay raza de hombres mas robustos ni mas ligeros en la carrera
que los Caribes.
Si las mugeres trabajan en componer las piernas y muslos de sus
niños para producir lo que los pintores llaman contorno ó perfil
ondeante, se abstienen á lo menos en los Llanos de aplastar la
cabeza comprimiéndola entre almohadas y tablas. Este uso, tan común
en otro tiempo en las islas y entre las tribus de los Caribes, en
la Parima y la Guayana francesa, no se practica en las misiones que
hemos visitado. Los hombres
tienen allí la frente mas
arqueada que los Chaimas, los Otomacos, los Macos, los Maravitanos
y que la mayor parte de los habitantes del Orinoco. La bárbara
costumbre de aplastar la frente se encuentra también entre muchos
pueblos que no son dé la misma raza. Cuando se viaja por las
misiones caribes y se observa el espíritu de orden de sumisión que
allí reina, cuesta trabajo en persuadirse que uno está entre
Canibales.
Todos los misioneros de Carony, del Bajo Orinoco y de los Llanos
del Cari que hemos tenido la ocasión de consultar, nos han
asegurado que los Caribes son quizá los menos antropófagos del
Nuevo Continente; aserción que ellos extienden hasta las hordas
independientes que andan vagando al este de la Esmeralda, entre el
nacimiento del rio Branco y el del Esquibo. Se deja de conocer
fácilmente que el encarnizamiento y desesperación con que se ha
visto á los desgraciados Caribes defenderse contra los Españoles,
cuando en 1504 un real decreto les declaró esclavos, han
contribuido no poco á este renombre de ferocidad que se les ha
dado. La primera idea de maltratar y esclavizar á esta nación y
privarla de su libertad y derechos naturales, fue sugerida por
Cristóbal Colon que, participando de las opiniones del siglo 15,
no era siempre tan humano como por odio contra sus
detractores, se ha dicho en el siglo 18. En aquellas sangrientas
luchas fue en donde las mujeres caribes después de la muerte de sus
maridos, se defendieron con tal desesperación que se las tuvo, como
dice Anghiera, por los pueblos de las Amazonas. Las odiosas
declamaciones de un fraile dominico, llamado Fray Tomas Ortiz,
contribuyeron mucho á prolongar las desgracias que pesaban sobre
naciones enteras. Sin embargo me complazco en decir que en medio dc
aquellas crueldades ejercidas contra los Caribes, no faltaron
algunas hombres valerosos que hacían entender algunos acentos de
humanidad y justicia. Muchos religiosos abrazaron una opuesta
opinión á la que en un principio ellos mismos habían circulado. En
un siglo, en que no se podía esperar fundar la libertad pública
sobre instituciones civiles, se trataba al menos de defender la
libertad individual Es una ley santísima, dice Gomara, aquella que
ha dado nuestro Emperador prohibiendo se reduzca á los indios á la
esclavitud. Es justo que los hombres que todos nacen libres no
puedan hacerse esclavos unos de otros.
Nos sorprendió ciertamente durante nuestra permanencia en las
misiones, la facilidad con que los indios de 18 á 20 años, cuando
son elevado a al empleo de Alguacil, ó fiscal, arengan al
Ayuntamiento durante horas enteras. La ¡ntonacion, la gravedad y
compostura, la acción y el gesto que acompaña la palabra, todo
anunciaba un pueblo espiritual y capaz de alto grade de
civilización. Un fraile franciscano, que poseía bastante bien el
caribe para poder predicar algunos veces en esta lengua, nos hizo
observar cuan largos y numerosos eran los periodos sin ser jamás
embarazosos, incómodos, ni obscuros. Las particulares inflexiones
de sus verbos indican de antemano la naturaleza del régimen, según
que él es animado ó inanimado, comprendiendo una sola ó una
pluralidad de objetos. Las pequeñas formas anexas tienen el poder
de adornar el sentimiento, y aquí, como en todas las lenguas,
formadas por un desenvolvimiento no trabado, nace la claridad de
este instinto regulador que caracteriza la inteligencia humana en
los diferentes estados
de barbarie y de cultura. Los días
festivos después de la misa mayor se reúne el pueblo todo delante
de la iglesia: las jóvenes depositan a los pies del misionero haces
de leña, maíz,
bananas ó plátanos y otros comestibles de que
necesita para el usa de su cesa. Al mismo tiempo el gobernador, el
fiscal y los oficiales municipales, todos de raza india, exhortan á
los indígenas al trabajo, reglan las ocupaciones que deben
entregarse durante la semana y es preciso decirlo, reprenden á los
perezosos y castigan cruelmente á los indóciles. Los palos son allí
recibidos con la misma facilidad con que son dados. Estos actos de
justicia distributiva parecen bien largos y bien frecuentes á los
viageros que atraviesan los Llanos desde la Angostura á las costas.
Seria de desear que no fuese el fraile el que impusiese penas
corporales al momento de dejar el altar; querría no vérsele asistir
al castigo á los hombres y mujeres en hábito sacerdotal; pero este
abusos, ó si se quiere esta falta de conveniencia, nace del
principio sobre que estriba el régimen extravagante de las
misiones. El mas arbitrario poder civil esta estrechamente ligado
con los derechos que ejerce el cura del pequeño pueblo; y aunque
los Caribes no sean caníbales y se quisiese tratarlos con dulzura
é indulgencia, se conoce sin embargo que los medios un poco
enérgicos son muchas veces necesarios para mantener la
tranquilidad, en una sociedad naciente.
La dificultad de fijar y aficionar á los Caribes al suelo es tan
grande que, después dé muchos siglos, se han dedicado al comercio
en los rios. Mas arriba hemos hecho conocer este pueblo ó nación
activa, comerciante y guerrera al mismo tiempo, ocupada en el
tratado de esclavos y conduciendo sus mercaderías desde las costas
de la Guayana holandesa hasta el Amazona. Los Caribes
independientes que habitan el país conocido entre él nacimiento del
Orinoco y de los rios Esquibo, Carony y Parima están divididos por
tribus. Este régimen conviene mucho mas al espíritu de estas hordas
guerras que no encuentran ventajosos los vínculos de la sociedad
sino cuando se trata de su defensa común. Los gefes de los caribes
independientes son hereditarios de padres á hijos y no para los
hijos de hermanas. Los gefes jóvenes y los solteros caribes, que
quieren casarse, están sujetos á los ayunos y penitencias las mas
extraordinarias. Sé les purga con las frutas de algunas
Euforbiáceas; se les hace sudar en estufas y se les dan remedios de
aquellos
marirris ó piaches que en las regiones
trans-alleganianas se llaman
pociones para la guerra, y
pocio para dar valor. Los
marirris caribes, son los
mas célebres de todos frailes, curas; titiriteros y médicos, á las
veces, se transmiten sus doctrinas, sus astucias y los remedios que
ellos emplean. Los últimos son acompañados de imposición de manos y
de algunos gestos ó practicas misteriosas que parecen derivadas de
las operaciones mas antiguamente conocidas del magnetismo
animal.
Aunque he tenido proporcion de ver muchas personas que habian
observado de cerca á los Caribes confederados, no he podido
verificar si los
marirris pertenecen á una casta particular.
Para conocer bien las costumbres y los usos seria menester visitar
á la par las misiones de los
Llanos, las de Carony, y las
sabanas que se extienden al sud de las montañas de Pacaraymo.
Cuanto mas se aprenda á conocerlos, dicen los frailes de San
Francisco, mal se verán disiparse las preocupaciones que se han
propagado contra ellos en Europa, en donde se les mira como mucho
mas salvajes, ó sirviéndome de la franca expresión del señor de
Montmartin, como mucho menos
liberales que otras naciones
de la Guayana. La lengua de los caribes del continente es la misma
desde el nacimiento del rio Branco hasta las llanuras de
Cumaná.
Al momento de marchar de la misión de Cari tuvimos algunas
contestaciones con nuestros arrieros índios porque llegaron, con la
mayor administración nuestra, á Conocer, que llevábamos esqueletos
de la caverna de Ataruipe y estaban firmemente persuadidos que el
macho de carga que conducía “el cuerpo de sus abuelos”
debía perecer en el viage! Todas cuantas precauciones habíamos
tomado para ocultar los esqueletos fueron inútiles; nada escapaba á
la penetración y olfato de un caribe y era precisa toda la
autoridad de los misioneros para hacer marchar nuestras cargas.
Tuvimos que pasar el rio Cari en una lancha y el
rio de agua
clara á vado ó por mejor decir á nado. Las movedizas arenas del
fondo hacen muy penible el paso de este último rio durante la
estación de las grandes crecidas. Antes de llegar á la villa de Pao
tuvimos dos malas posadas en Matagorda y en los Riecitos, y en
todas partes encontramos los mismos objetos; á saber, aquellas
cabañas construidas de cañas y cubiertas de cueros; aquellos
hombres á caballo armados de lanzas que guardaban los rebaños; los
ganados de bestias de cuernos medio salvajes notables por el
uniforme color de su pelo, que disputaban los pastos á las mulas y
caballos; ninguna cabra ningún carnero en estas inmensas llanuras.
Los carneros no se multiplican bien en la América equinoccial sino
en las mesetas ó cumbres elevadas de mas de mil toesas, en cuyos
sitios las lanas son largas y á las veces muy hermosas. Bajo el
ardiente clima de los llanos en que los lobos son sucedidos por los
jaguares, estos pequeños rumiantes, desprovistos de colmillos y tan
lentos en sus movimientos, no pueden conservarse en gran
número.
Llegamos el 15 de julio á la
Fundación ó villa del Pao
fundada en 1744 y muy favorablemente situada para servir de almacén
ó deposito de comercio entre la Nueva Barcelona y Angostura: su
verdadero nombre es la
Concepción del Pao, cuyas cercanías ó
inmediaciones ofrecen algunos árboles frutales, fenómeno raro en
los llanos; y encontramos tambien allí cocoteros que parecian muy
vigorosos á pesar de la gran distancia del mar.
Cinco jornadas, que nos parecieron muy largas, nos condujeron
desde la villa del Pao al puerto de la Nueva-Barcelona. A medida
que adelantábamos, el cielo era mas sereno, el suelo mas
pulverizado, y la atmósfera mas ardiente. Este
calor que
allí hace y de que se sufre mucho, nos es producido por la
temperatura del aire sino por, la fina arena que allí se encuentra
mezclada, que resplandece por todas partes y hiere en la cara del
viajante.
Pasarnos entre el Pao y la villa de Santa Cruz de Cachipo,
fundada en y habitada por 500 caribes, y toda la prolongación
occidental de la Mesa de Amana, que forma un punto de arrastradero
entre el Orinoco, el Guarapiche y el litoral de la Nueva Andalucía:
su altura es tan pequeña que será muy poco obstáculo para el
establecimiento de una navegación interior en aquella parte de los
Llanos. Sin embargo el rio Mamo que desemboca en el Orinoco por
encima del confluente ó desaguadero del Carony y que d’Anville
ha trazado (no sé porque razón) en la primera edición de su mapa
grande, como procedente de la laguna de Valencia y como recibiendo
las aguas del Guaire, jamás ha podido servir de canal natural entre
dos rios, ni ninguna separación de este género existe en aquel
llano.
Un número considerable de índios caribes que habitan hoy las
misiones de Piritu, estaban establecidos en otro tiempo al norte y
este de la Mesa de Amana entre Maturin, la boca del rio Área y el
Guarapiche. Las incursiones de don José Carreño, uno de los
gobernadores mas emprendedores de la provincia de Cumaná, en 1720,
fueron la causa de una emigración general de los Caribes
independientes hacia las riberas del Bajo Orinoco.
Toda aquella vasta llanura está compuesta, como dejamos dicho,
de formaciones secundarias que se acercan, hacia el sur,
inmediatamente á las montañas graníticas del Orinoco, y hacia el
nordeste una faja bastante estrecha de
rocas de transición
las separan de las primitivas montañas del litoral de Caracas. Esta
abundancia de peñas secundarias que cubren sin interrupción un
espacio de mas de 7200 leguas cuadradas (contando solo la parte de
los llanos que está bordada al sur por el rio Apure, y al oeste por
la Sierra Nevada de Mérida y el Páramo de Rosas) es un fenómeno
tanto mas notable bajo estos climas, cuanto que en toda la Sierra
de la Parima, entre la margen derecha del Orinoco y el rio Negro,
choca sobremanera, como en Scandinavia, la total ausencia de
formaciones secundarias.
El 16 dé julio dormimos en la villa india de Santa Cruz de
Cachipo; misión que fue fundada en 1749, por la reunión de muchas
familias de caribes que habitaban las inundadas y malsanas orilla
de las Lagunetas de Anache enfrente del confluente del rio Puruay
con el Orinoco: nosotros nos hospedamos en casa del misionero Fray
José de las Piedras.
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1
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En Caribe se llama
bichet esta
pintura. (regresar 1)
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2
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Ensayo político. Tom. I,
pag. 83. (regresar
2)
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3
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Estos esqueletos se han descubierto en 1805, por el caballero
Cortés, de quien he tenido ocasión de hablar antes por sus
importantes observaciones geológicas. Dichos esqueletos se hallan
engastados en un mármol ó piedra de madréporas que los índios
llaman ingenuamente construidas ó fabricadas por Dios y que como el
travertino de Italia sobre restos de algunos vasos y otras obras
humanas. Los SSres Dauxion Lavaysse y el doctor Konig han sido los
primeros que han hecho conocer en Europa este fenómeno que ha
fijado la atención de los geólogos. (regresar 3)
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4
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Los Galibis ó Calibitis, los Palicures y los Acocuas
acostumbraban también á cortarse el pelo como los frailes y á poner
ligaduras á los niños para hacer engordar ó hinchar las
pantorrillas, y tienen la misma predicción por las piedras verdes,
que entre los pueblos caribes del Orinoco. Hay también en la
Guayana francesa unas veinte tribus, que son diferentes de los
Galibis, á pesar de que se quiera probar, por su lenguaje ó
dialecto
que tienen el mismo origen que aquellos. (regresar 4)
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