Noticias confusas, publicadas acerca de la riqueza de los
pueblos que habitan el Meta y otros desaguaderos sobra el reverso
oriental de los cordilleros de la Nueva Granada, empeñaron
sucesivamente en 1535 y 1536. á Geronimo de Ortal, Nicolas
Federnann, y Jorge de Espira á emprender expediciones por tierra
hacia el sud y el sudoeste. Pasado el promontorio de Paria hasta
Coba de la Vela, se han encontrado desde los años 1498 y 1500,
entre las manos de los indígenas, figuritas de oro fundido. Los
mercados principales de estos amuletos que servían de adorno á las
mujeres, eran las poblaciones de Curiana (Coro) y Cauchieto (cerca
del rio la Hacha). El metal empleado por los fundideros de
Cauchieto procedía de un país montuoso mas meridional, y se concibe
que las expediciones de Ordaz y Herrera, habían aumentado el deseo
de acercare á estos países auríferos. Jorge de Espira salió de Coro
en 1555, penetró por las montañas de Mérida á las orillas del Apure
y Mata, y pasó estos dos rios cerca de sus nacimientos adonde son
aun poco anchos. Los índios le contaron que mas adelante, andaban
errantes en
los llanos hombres blancos. Espira que se creía
bastante cerca de las orillas del Amazona, no dudaba que estos
españoles errantes pertenecían al desgraciado naufragio de la
expedición de Ordaz. Cruzó los prados de San Juan de los llanos
que, se decía, eran abundantes en oro, é hizo una grande detención
en una población india llamada
el pueblo de Nuestra Señora,
y después la
Fragua, al sudeste del Páramo de la Suma Paz.
He estado sobre el reverso occidental de este grupo de montañas, en
Fusagasuga, y he visto que los llanos que cercan las montañas hacia
el este conservan aun alguna celebridad de riqueza entre los
indígenas.
En la población numerosa de la
Fragua, Espira encontró
una
casa del sol y un convento de vírgenes semejante á los
del Perú y Nueva Granada. ¿Será esto el efecto de una emigración de
los cultos hacia el este, ó será que tienen su origen en las
llanuras de San Juan? La tradición decía en efecto que Bochica,
legislador de la Nueva Granada y gran sacerdote de iraca, había
subido de las llanuras del este sobre la meseta de Bogota; pero
como Bochica es al mismo tiempo hijo y símbolo del sol, su historia
puede encerrar alegorías puramente astrológicas. Siguiendo su
marcha hacia el sud y cruzando los dos ramos del Guaviare, que son
el Ariare y Guayavero (Guayare ó Canicamare), Espira llegó sobre
las orillas del gran rio Papamene o Caqueta. La residencia que
encontró por espacio de un año en las provincias de Choques, puso
fin en 1437, á esta memorable expedición. Nicolás de Federmann y
Jerónimo de Orta, que en 1536, habían salido de Macarapena y de la
embocadura del rio Neveri, siguieron en 1535 las huellas de Jorge
de Espira. El primero buscó oro en el rio grande de la Magdalena; y
el segundo quiso descubrir un templo del sol, sobre las orillas del
Meta; y cómo se ignoraba el idioma de los naturales se creyó ver
por todas partes al pie de las cordilleras, el resplandor de la
grandeza de los templos de Iraca (Sagamozo), á donde se hallaba
entonces el centro de la civilización de Cundinamarca. La tradición
del
Dorado, como lo hemos indicado mas arriba, tuvo su
origen en el reino de Quito, donde Luis Daza encontró en 1535, un
indio de la Nueva Granada que había sido enviado por su príncipe (
sin duda el
Zippa de Bogota ó
Zaque de Tunja) para
pedir socorros á Atahualpa, Inca del Perú.
Este embajador, alabó como es costumbre, las riquezas de su
patria; pero lo que fijó sobre todo la atención de los españoles
reunidos con Daza en la ciudad de Tacunga fue la historia de un
señor, que cubierto el cuerpo de polvos de oro entraba en un lago
situado en medio de las montañas: supongo yo que este era el
lago sagrado de Guatavita al este de las minas de sal gema
de Zipaquirá. He visto sobre las orillas de esta hoya los restos de
una escalera labrada en la roca misma y que servía a las ceremonias
de la ablución. Los indios cuentan que se arrojaba allí el oro en
polvos y vajilla del mismo metal, para sacrificar a los ídolos del
adoratorio de Guatavita. Aun se encuentran
los
vestigios de una brecha profundizada por los Españoles con el
designio de desaguar el lago. Hallándose al templo del sol de
Sogamozo bastante inmediato a las costas septentrionales de Tierra
Firme, las nociones
hombre
dorado fueron
inmediatamente aplicadas á un gran sacerdote de la secta de Bochica
ó Idacanzas que, para celebrar el sacrificio, se hacía también
encolar todas las mañanas con el polvo de oro untándose la cara y
las manos con una materia muy pegajosa. Otras relaciones
conservadas en una carta de Oviedo dirigida al celebre cardenal
Bembo, dicen que cuando Gonzalo Pizarro descubrió la provincia de
las canelas, buscó al mismo tiempo un gran príncipe de quien se
hacia mucho ruido en aquellos países, y que iba siempre cubierto de
polvos de oro; de manera que desde los pies á la cabeza se parecía
de una figura de oro lavorata di mano d’un buonissimo
orifice. El polvo de oro se mantiene fijo sobre el cuerpo por
medio de una resma odorífera, pero como este género de vestido le
incomodaría para, dormir, el príncipe se lava todas las noches y se
hace adorar de nuevo por la mañana, lo que prueba que el imperio
del
Dorado es infinitamente rico en minas. Nada se opone á
creer que, en las ceremonias del culto introducido por Bochica,
haya alguna cosa dado lugar á semejante tradición tan generalmente
extendida, pues se han encontrado en el Nuevo Mundo los usos mas
raros. En Méjico se pintaban el cuerpo los sacrificadores y
llevaban también especies de castillas de mangas pendientes que
eran pieles humanas curtidas; he publicado ya sus diseños hechos
por los antiguos habitantes de Amahuac y conservados en sus libros
rituales.
Sobre las orillas del Caura y en otros puntos salvajes de la
Guayana, en que la
pintura del cuerpo suple al
tatuage, los indígenas se untan con grasa de tortuga; se
encolan la piel con pepitas de mica resplandecientes como el
metálico blanco de plata y el encarnado de cobre; y cuando se les
mira de lejos se cree que llevan vestidos con galones. El mitho del
hombre dorado está acaso fundado sobre un uso análogo; y
como la Nueva Granada tenia dos príncipes soberanos, el Lama de
Iraca y el gefe secular ó Zaque de Tunja, no debe sorprender que la
misma ceremonia fuese atribuida ya al rey, ya al gran sacerdote. Es
mas extraordinario que desde el año 1535 se haya buscado el país
del
Dorado al este de los Andes. Robertson admite en su
historia del Nuevo Continente que Orellana en 1540, tuvo los
primeros conocimientos acerca de él, sobre las orillas del Amazona;
pero la obra de Fray Pedro Simon, fundada sobre las memorias de
Quesada, el conquistador de Cundinamarca, prueba directamente lo
contrario; y desde el año de 1536 Gonzalo Diaz de Pineda buscó el
hombre dorado, mas allá de las llanuras de la provincia de
Quijos.
La celebridad que las expediciones de Ordaz, Herrera y Espira
habían dado ya al Orinoco, Meta y a la provincia Papamine, situada
entre tos nacimientos del Guaviare y Caqueta contribuyeron á fijar
el mitho del
Dorado cerca del reverso oriental de las
Cordilleras.
La reunión de tres cuerpos de ejército sobre la llanura de la
Nueva Granada, extendía en toda la parte de América, ocupada por
los Españoles la noticia de un país rico y muy poblado que faltaba
que conquistar. Sebastián de Velalcazar marchó de Quito por Popayán
en 1536 á Bogota, y Nicolás Federmann viniendo de Venezuela, llegó
de la parte del este por las llanuras del Meta. Estos dos capitanes
encontraron establecido ya sobre la llanura de Cundinamarca al
famoso
Adelantado Gonzalo Ximenez de Quesada, de quien he
visto cerca de Zipaquira un descendiente guardando ganado á pie
desnudo. El encuentro casual de tres conquistadores, acontecimiento
el más extraordinario y mas dramático de la historia de la
conquista, tuvo lugar en 1538. Belalcazar inflamó con sus
relaciones la imaginación de guerreros ambiciosos á empresas
arriesgadas y se juntaron los conocimientos comunicados á Luis
Daza, por el indio de Tacunga, con las ideas confusas que Ordez
había recogido en Meta, acerca de los tesoros de un gran príncipe
indio tuerto y sobre un pueblo vestido al que servían de montura
los Llamas. Pedro de Limpias, antiguo soldado que había acompañado
á Federmann al llano de Bogota, llevó las, primeras noticias del
Dorado á Coro, adonde el recuerdo de la expedición de Espira en
1535 y 1537 al rio Papamene, estaba todavía muy reciente. De esta
misma ciudad de Coro, Felipe de Huten (Urre, Utre) emprendió su
famoso viage á la provincia de Omaguas, mientras que Pizarro,
Orellana, y Hernán Pérez de Quesada, hermano del
Adelantado
buscaron el país del oro en rio Napo á le largo del rio de las
Amazonas y en la cadena oriental de los Andes de la Nueva Granada.
Los pueblos indígenas para deshacerse de sus huéspedes incómodos
pintaban sin cesar el
Dorado como fácil de encontrarse y
situado á una distancia poco considerable. Era como una fantasma
que parecía huir de los españoles y que los llamaba a todas hora
Está en la naturaleza del hombre errante sobre la tierra, figurarse
la dicha más de lo que está a su alcance y el
Dorado
semejante al Atlas y á las islas Hisperides, salió poco á poco del
dominio de la geografía y entró en la ficciones
mitológicas.
Hernán Pérez de Quesada, después de la marcha de su hermano el
Adelantado para Europa, buscó de nuevo en 1559,
en el
terreno montuoso, al nordeste de Bogota, el templo del sol de que
Geronimo de Ortal en 1536, había oído hablar en las orillas del
Meta. El culto del sol introducido por Bochica y la celebridad del
santuario de Iraca ó Sagamozo daban lugar á estos ruidos confusos
de los templos é ídolos de oro macizo; sin embargo así en las
montañas, como en los llanos se creían muy lejos de ellos, porque
jamás respondía la realidad á los sueños de la imaginación.
Francisco de Orellana después de haber buscado en vano el
Dorado en compañía de Pizarro la provincia de
los
Canelos y sobre las orillas auríferas del Napo, descendió en
1540, el gran rio de las Amazonas y encontró entre los bocas del
Javarari y rio de la Trinidad (Yupura) una provincia rica en
oro llamada Machiparo (Muchifaro) y próxima á la de Aomaguas
ú Omaguas. Estos conocimientos contribuyeron á llevar el
Dorado hacia el sudeste, porque los nombres
Omaguas
Dit-aguas y
Papemene designaban un mismo país, y el
que Jorge de Espira había descubierto en su expedición á Caqueta.
Estos dos conquistadores igualmente celebres en la historia de
América llegaron por diferentes caminos á los llanos de San Juan,
llamados entonces Valle de Nuestra Señora. Hernán Pérez de Quesada
pasó en 1541, las cordilleras de Cundinamarca, probablemente por
entre los Páramos de Chingasa y de Suma Paz; mientras que Felipe de
Huten, acompañado de Pedro de Limpias, se dirigió del norte al sud
por el camino que había seguido Espira, en el reverso oriental de
las montañas. Huten dejó á Coro, sitio principal de la
factoría
alemana ó compañía de los Wesler, cuando Heinrich Remboldt era
su director. Después de haber cruzado, en 1541, los llanos de
Casanare, Meta y Caguan, llegó á las orillas del Alto-Guaviare
(Guayare) que, por mucho tiempo se ha creído ser el origen del
Orinoco y cuya embocadura he visto yo, yendo por San Fernando de
Atabapo al rio Negro. Cerca de la orilla derecha del Guaviare,
entró Huten en Macatoa villa de los Guaypes. El pueblo esta allí
vestido; campos parecían bien cultivados; y todo anuncia una
cultura desconocida en esta región cálida de América que se
extiende al este de las Cordilleras. Es probable que Espira cuando
su expedición al rió Caqueta, y á la provincia de Papamene, cruzase
el Guaviare mucho mas arriba de Macatoa antes de la unión de los
dos brazos de este rio, el Ariari y el Guayavero.
Berrio preparar en Europa por su maestre de campo Domingo de
Vera una expedición de 2000 hombres destinada á subir, el Orinoco
y conquistar el Dorado
que, desde entonces se empezaba á
llamar el
país de La Manoa, y también la laguna de la gran
Manoa. Ricos propietarios vendieron sus tierras para tomar parte
una cruzada, á la que se agregaron 12 religiosos observantes y 10
eclesiásticos seculares. Los cuentos forjados por un tal Martínez
(Juan Martín de Albujar), que suponía haber sido abandonado en la
expedición de Diego de Ordaz, y que conducido de ciudad en ciudad á
la capital del Dorado, inflamaron la imaginación de Berrio. Es
difícil distinguir lo que este conquistador había observado por si
mismo descendiendo el Orinoco, de lo que decía haber, leído en un
su puesto diario de Martínez depositado en Puerto Rico. Se ve que
en esta época se tenían en general sobre el Nuevo Continente las
mismas ideas que hemos tenido largo tiempo sobre el África, se cree
hallar mas civilización hacia el centro que en las costas. Juan
González que Diego de Ordaz había enviado, en 1531 para explorar
las orillas del Orinoco, anunciaba que cuanto mas se subía este rio
mas aumentada se veía la población.
Berrio habla de la provincia de Amapaja, muchas veces inundada
entre el confluente del Meta y Cuchivero, en la que encontró muchos
idolitos de oro fundido semejantes á los que se fabrican en
Cauchieto al este de Coro y creyó que este oro procedía del suelo
granítico que cubre el país montuoso entre Carichana, Uruana y
Cuchivero. Al este de la provincia de Amapaja cita Berrio el rio
Carony (Caroly) y que se creía proceder de un gran lago, porque los
desaguaderos del Carony, rio Paragua (rio de
la grande agua)
se creyó por ignorancia de las lenguas indianas, un
mar
interior. Muchos historiadores españoles han creído que este
lago, nacimiento dcl Carony, era el
grande Manoa de Berrio;
pero se ve por los conocimientos, que este ha dado á Ralegh, que se
suponía la
Laguna de Manoa del Dorado ó del Parima colocada
al sur del rio Paragua disfrazado en
laguna Casipa. Una y
otra de estas hoyas tenian arenas auriféras; pero en las orillas
del Casipa, se hallaba situado Macureguara (Margureguaira) capital
del Cacique de Aromaja, y primera ciudad del imperio imaginario de
la Guayana.
Como estas regiones, muchas veces inundadas, han sido en todo
tiempo habitados por pueblos de raza Caribe, que hacían en el
interior de las tierras un comercio extremadamente activo con las
mas retiradas, no debe sorprender que se haya encontrado en las
manos de los indios mas oro que en otra cualquiera parte. Los
indígenas del litoral no empleaban solamente este metal bajo la
forma de adornos ó remedios, sino que también usaban de él en
ciertos casos como medio para el cambio, y parece muy natural que
el oro haya desaparecido sobre las costas de Paria y en los pueblos
del Orinoco desde que las comunicaciones interiores han sido
interrumpidas por los Europeos. Los indígenas independientes, son
en nuestros días de una manera indudable, mas miserables,
indolentes é ignorantes, que lo eran antes de la conquista. El
mismo rey de Morequito, cuyo hijo había conducido Ralegh á
Inglaterra, había visitado á Cumaná en 1594 para cambiar una gran
cantidad de figuras en oro
macizo por herramientas de hierro
y mercancías de Europa. Esta aparición inesperada de un gefe indio,
aumentó la celebridad de las riquezas del Orinoco. Se suponía que
el
Dorado debía estar cerca del país de donde venia el rey
de Morequito; y como este país se inundaba muchas veces y que los
nos se llamaban allí indeterminadamente grandes mares y grandes
hoyas de agua, el
Dorado debía estar situado en las orillas
de un lago. Se olvidaban que el oro traído por los Caribes y otros
pueblos comerciantes no era el producto de su suelo, del mismo modo
que no lo es en las regiones de Europa el de los diamantes del
Brasil y la India. Habiendose hecho numerosísima la expedición de
Berrio durante la detención de los navíos en Cumaná, la Margarita é
isla de la Trinidad, se dirigió por Morequito (cerca de la Vieja
Guayana) hacia el rio Paragua, desaguadero del Carony; pero las
enfermedades, la ferocidad de los indígenas y la falta de viveres
pusieron obstáculos invencibles á la marcha de los españoles.
Perecieron todos á excepción de 30 que volvieron en un estado
deplorable al puesto de Santo Tomé.
Estas desgracias no calmaron el ardor que habían desplegado
hasta la primera mitad del siglo XVII en la investigación del
Dorado. Dio fe á las fábulas
urdidas por Juan Martín
de Albujar y no deja en duda la existencia de los dos lagos Casipa
y Ropunuwini, ni la del grande imperio del Inca, que algunos
príncipes fugitivos debían haber fundado (después de la muerte
Atahualpa) cerca del nacimiento del rio Esquibo. No tenemos la
carta que Ralegh había hecho, y que recomienda al lord Carlos
Howard conservar en secreto. El geógrafo Hondius ha delineado ésta
laguna, y ha añadido también á su carta un cuadró de longitudes y
latitudes entre las que figuran la
Laguna del Dorado y la
Ciudad imperial de Manoa. Mientras que Ralegh se hallaba
cerca dé Punía del Gallo (en la isla de la Trinidad) hizo explorar
por sus tenientes las bocas del Orinoco, principalmente las de
Capuri, Grande Amana (Manamo Grande) y Macureo (Macareo). Como sus
navíos hacían mucha agua, tuvo bastantes dificultades para entrar
por las bocas chicas, y se vio obligado á construir embarcaciones
chatas. Observó los fuegos de los Tivitivas (Tibitihies) y la raza
de los indios Guaraones en la parte alta de los cocos Mauritía
cuyos frutos recogió él el primero en Europa,
frutum squamosum
simulem Palma Pini.
Estoy sorprendido de que no se haya hablado del establecimiento,
que Berrio había hecho bajo el nombre de Santo Tomás (la Vieja
Guayana). Este establecimiento tuvo sin embargo lugar en 1591, y
aunque, según Fray Pedro Simon, “la religión y la política
prohíben toda relación mercantil entre cristianos Españoles y
herejes Holandeses é Ingleses” se hacia entonces á fines del
siglo XVI, como se hace en nuestros días un comercio activo de
contrabando por las bocas del Orinoco. Ralegh pasó mas allá del rio
Europa (Guarapo) y los llanos de los Saymas (Chaymas) que se
extienden conservando un mismo nivel hasta Cumaná y Caracas; y se
detuvo en Morequito (acaso un poco al norte del punto de la villa
de Upata en las misiones del Carony) en donde un viejo Cacique le
confirmó todos los desvarios de Berrio sobre la irrupción de
pueblos extranjeros (Orejones y Epuremei) en la Guayana. Los
Raudales ó Cataratas del Caroli (Carony), rio que se miraba en esta
época como camino mas corto para llegar á las dos ciudades de
Macureguaray y de Manoa, situadas sobre las orillas de la Laguna
Casipa y el Rupunuwini, ó
Dorado, pusieron fin á esta
expedición.
Apenas ha recorrido Ralegh la distancia de 60 leguas sobre el
Orinoco; pero conforme á las nociones vagas que él ha recogido
llame á los desaguaderos superiores, Cari, Pao, Apure, (Caputi)
Guaneo, (Voari) Meta y en la provincia de Baraguan la grande
catarata de Atulo (Atures) que impide toda navegación ulterior. No
trataré de discutir aquí la creencia verdadera ó fingida de Ralegh
en todo lo que cuenta acerca de los mares interiores semejantes al
mar Caspio, la ciudad imperial de Manoa
(and golden City),
los magníficos palacios construidos por el
emperador Inga de la
Guayana. á imitación de los de aquellos antepasados del Perú.
Se ve que Ralegh acomodaba todo á hipótesis forjadas de antemano; y
aunque es cierto que él mismo era engañado, cuando se trataba de
inflamar el espíritu de la reina Isabel y ejecutar los proyectos de
su política ambiciosa no descuidaba medio ni artificio alguno de
lisonja. Pintaba á la reina los transportes de aquellos pueblos
bárbaros á la vista de su retrato y quena que el nombre de la
virgen augusta que sabe conquistar imperios llegase hasta el país
de las mujeres guerreras del Orinoco y el Amazona; asegura que en
la época en que los Españoles han destruido el trono dcl Cuzco se
ha encontrado una antigua profecía según la que la dinastía de los
Inca; deberá algún día su restauración á la Gran Bretaña; aconseja
colocar, bajo pretexto de defender el territorio contra los
enemigos exteriores guarniciones de tres á cuatro mil Ingleses en
las ciudades del Inca obligando á este príncipe á pagar anualmente
a la reina Isabel una contribución de 300.000 libras esterlinas, y
en fin añade, como hombre venidero, que todos estos vastos países
de la América meridional pertenecerán algún día a la nación
inglesa.
Los cuatro viages da Ralegh al Bajo Orinoco se sucedieron desde
1595 hasta 1617; y después de éstas inutiles tentativas el arder
por la investigación del
Dorado ha disminuido poco a poco.
No ha habido ya expediciones formadas por un concurso numeroso de
colonos; pero empresas aisladas y muchas veces animadas por los
gobernadores de las provincias. Las nociones que extendieron los,
viages de los padres Acuña en 1688 y Fritz en 1637 sobre el tuno
aurífero de los indios Manoas del Jurubesh y sobre la
Laguna de
oro han contribuido á renovar las Ideas del
Dorado en
las colonias portuguesas y españolas al norte y sur del Ecuador. En
Cuenca, reino de Quito, encontré hombres que el obispo Marfil había
empleado para buscar, al este de las Cordilleras, en los llanos de
Macas, las ruinas de la ciudad de Logroño que se creía situado en
un país rico de oro. Por el diario de Hortsmann que he citado
muchas veces, sabemos que en 1740, se creía poder llegar de la
Guayana holandesa al
Dorado subiendo el Esquibo. En Santo
Tomé de la Angostura el gobernador don Manuel Centurión manifestó
un excesivo ardor para llegar al lago imaginario de Manoa.
Arimuicaipi, Indio de la nación de los Ipurucotos, bajó el rio
Caroni é inflamó con falsas relaciones la imaginación de los
colonos españoles y les enseñó en el cielo austral las nubes de
Magallanes, cuya blanquecina luz era, según él, el reflejo de las
rocas argentíferas situadas en medio de la laguna Parima. Era
describir de una manera bien poética el resplandor de los esquitas
micáceos y talqueos de su país!
Otro gefe indio, conocido entre los Caribes del Esquibo bajo el
nombre del
capit
á
n Jurado, trató en vano
desengañar al gobernador Centunon. Hiciéronse varias tentativas
inútiles por el Caura, y Rio Paragua, y muchos centenares de
hombres perecieron miserablemente en estas locas empresas: pero sin
embargo la geografía ha sacado algún partido de ellas. Nicolás
Rodríguez y Antonio Santos fueron empleados en ; 1775 y 1780, por
el gobernador. El último llegó siguiendo el Caroni, Paragua,
Paraguamusi, Anocapra, y las montañas de Pacaraymo y Quimiropaca, á
la Uranictiera y rio Branco, y yo he hallado excelentes noticias en
los diarios de ruta de estas expediciones arriesgadas.
El monumento mas antiguo que tenemos de la geografía del Nuevo
Continente es el mapa mundi de Juan Ruysch unido á una edición
romana de Tolomeo de 1508, en donde se ven el Yucatan y Honduras
(la parte mas meridional de Méjico) figuradas como una isla bajo el
nombre de Culicar. No hay istmo de Panamá, pero sí un paso que
permite una navegación directa desde Europa á las Indias. La grande
isla meridional (la América del sur) presenta el nombre de
Terra
de Careas, limitada por los dos rios Lareno y Formoso. Estas
careas son, á no poderlo dudar, los habitantes de
Caria, nombre que Cristóbal Colon habla oído ya en 1498, y
que durante largo tiempo fue aplicado á una gran parte de
América.
Ningún vestigio del Orinoco encuentro todavía en el mapa mundi
de 1508. Este rio se presenta por la primera vez con el nombre de
rio Dulce sobre la célebre carta que Diego Ribero,
cosmógrafo del emperador Carlos V, construyó en 1529, y que ha sido
publicada con un sabio comentario del señor Sprengel en
17
95. Ni Colon en 1498, ni Alonso de Ojeda acompañado de
Ámerigo Vespucci en 1499 habían visto la verdadera
embocadura del Orinoco. La confundieron con la abertura
septentrional del golfo de Paria, á quien se atribuía por una
exageración tan común á los navegantes de aquel tiempo, un enorme
volumen de aguas dulces. Vicente Yañez Puizon fue quien, después de
haber descubierto la embocadura del Rio Marañon
(8)
vio también el primero en
1500, la del Orinoco. Llamó á este rio
Rio Dulce, nombre que
desde Ribero se ha conservado largo tiempo en los mapas y que se ha
dado alguna vez por error al Maroni y al Esquibo. El grande lago
Parima no se descubre en las
cartas hasta después del primer
viage de Ralegh, y ha sido Jodocus Hondius quien desde el año de
1599, ha fijado las ideas de los geógrafos y figurado como un país
enteramente conocido, el Interior de la Guayana española. El mar
interior (Laguna Parima) fue colocado desde luego de manera que su
extremidad occidental coincidiese con el meridiano del confluente
del Apure y el Orinoco, y poco á poco le adelantaron hacia el este,
hallándose la extremidad occidental al sur de las bocas del
Orinoco. Además del Parima y el Casipa figuraban en las cartas un
tercer lago donde se hacia salir el Aprouague
(Apurwaca).
Antes de volver á tomar el hilo de mi narración me falta añadir
algunas reflexiones generales sobre los terrenos auríferos situados
entre el Amazona y el Orinoco, Acabamos de establecer que el
mitho del Dorado, como los mithos mas célebres de los
pueblos del antiguo mundo, ha sido aplicado progresivamente á
diferentes localidades.
Aunque la celebridad de las riquezas de la Guayana española se
deba en gran parte á la posición geográfica del país y á los
errores de las Cartas antiguas, no puede negarse la existencia de
un terreno aurífero en la extensión de 82,000 leguas cuadradas que
se prolonga entre el Orinoco y el Amazona, al este de los Andes de
Quito y Nueva Granada. Lo que yo he visto de este país, entre 2 y 8
grados de latitud y 66 y 71 de longitud, se compone enteramente de
granito y un gneiss que pasa por micaesquita y esquita talcosas.
Estas rocas se presentan á la vista en las altas montañas de Parima
como en los llanos del Atabapo y del Casiquiare. El granito domina
allí sobre las demás rocas; y aunque en los dos continentes el
granito de antigua formación se halle en general desprovisto
de minerales de oro, no podrá inferirse por eso que el de Parima no
contenga ninguna veta ni ninguna cama de cuarzo aurífero; además de
que nosotros hemos visto, al este del Casiquiare, hacia el
nacimiento del Orinoco, aumentarse el número de estas vetas y
camas. El granito de aquellos países, por su estructura, su mezcla
de anfibolia y otros caracteres geológicos igualmente importantes
me parece pertenecer á una formación mas moderna y quizá posterior
al gneiss y análoga á los granitos stanníferos, á los hyalomictes y
á los pegmatites. Luego los granitos menos antiguos son también
menos desprovistos de metales; y muchos nos y torrentes auríferos
en los Andes, en Salzbourg, el Fichtelgebirge y la llanura de
las dos Castillas hacen creer que estos granitos contienen algunas
veces oro nativo y algunas partículas de pirites y galena
auríferas diseminadas en toda la roca, corno sucede con el estaño,
hierro magnético y hierro micáceo.
El grupo de montañas de la Parima, cuyas cimas
llegan á
1300 toesas de altura ha sido casi enteramente desconocido antes de
nuestro
viage al Orinoco, sin embargo de tener cerca de 100
leguas de largo sobre ochenta de ancho; y aunque su estructura, por
las partes, en que M. Bonpland y yo le hemos atravesado, nos haya
parecido uniforme, no habrá razón para afirmar que en medio de este
vasto grupo de montañas no puedan existir esquitas micáceas y
rocas de transición metaliferisimas sobrepuestas al
granito.
He hecho ver mas arriba que el lustre argénteo y la frecuencia
del mica han contribuido á dar á la Guayana la celebridad de
riquezas metálicas. El pico Calitamini que brilla siempre al
ponerse el sol con un fuego rojizo, llama todavía la atención de
los habitantes de Maipures; y son, según las mentirosas relaciones
de los indígenas, islotes de micaesquita, situados en el lago
Amucu, que por su reflejo aumentan el resplandor de las nieblas del
cielo austral. “Cada montaña, dice Ralegh, y cada piedra de
los bosques del Orinoco brillan como metales preciosos y si no es
oro es al menos
madre del oro.”
Este mismo navegante asegura haber traído
soroques de
cuarzo blanco aurífero
(barde withe sparr), y para probar la
riqueza de estas minas cita los ensayos hechos por oficiales de la
moneda de Londres”. Ninguna razón tengo para creer que los
químicos de aquel tiempo quisiesen engañar á la reina Isabel, ni
tampoco haré este ultrage á la memoria de Ralegh suponiendo, como
lo hicieron sus contemporáneos, que el cuarzo aurífero que trajo no
fue procedente de América. Difícil es juzgar de las cosas de que
uno está separado por un largo espacio de tiempo. El gneiss de la
cadena del litoral conserva aun vestigios de preciosos metales, y
se han encontrado algunos granos de oro en las montañas de Parima
cerca de la misión de la Encaramada. ¿Como inferir la esterilidad
absoluta de las rocas primitivas de la Guayana de mi testimonio
puramente negativo, de esta circunstancia que durante un viage de
tres meses no hayamos visto veta alguna que se demuestre aurífera
en su igualdad?
Para reunir aquí todo cuanto pueda ilustrar al gobierno de aquel
país sobre un objeto tanto tiempo disputado, haré algunas
observaciones geológicas mas generales. Las montañas del Brasil, á
pesar de los numerosos lugares de minerales que ofrecen entre San
Paulo y Villarica, no dan hasta aquí sino oro de lavado. 78,000
marcos de este metal que ha derramado anualmente la América, al
principio del siglo XIX en el comercio de Europa, mas de los seis
séptimos se deben, no á la alta cordillera de los Andes sino á los
terrenos de aluvión situados al este y oeste de las Cordilleras,
que apenas pasan del nivel del mar, como son los de la Sonora en
Méjico, choco y Barbacoas en la Nueva Granada, ó bien que se
extienden en llanuras como en el interior del Brasil. No es de
creer que otros depósitos de terrenos auríferos se prolonguen hacia
el hemisferio boreal hasta las orillas del Alto Orinoco y rio
Negro, dos rios que no forman sino una misma hoya con el de la
Amazona.
Desde Loja á Popayán están estas Cordilleras compuestas
alternativamente de traquites y rocas primitivas. Los llanos de
Zamora, Logroño y Macas (Sevilla de Oro), el gran rio Napo con sus
desaguaderos (el Ansupi y Coca en la provincia de Quijos), la
Caqueta de Mocoa hasta la embocadura del Fragua y en fin todo el
país comprendido entre Jaen de Bracamoros y Guaviare, conservan su
antiguo nombre de riqueza metálica. Mas al este, entre el
nacimiento del Guainia, Iquiari y el Jurusbesh, encontramos otro
terreno evidentemente aurífero, que es en donde Acuña y el, padre
Fritz colocaron su
Laguna del oro; y otras muchas noticias
que he obtenido en San Carlos de boca de los Portugueses americanos
explican perfectamente lo que La Condamine ha publicado sobre las
planchas de oro batido que se hallaron en manos de los indígenas.
Si de Iquiari pasamos á la orilla izquierda del rio Negro entramos
en un país enteramente desconocido entre el rio Branco, el
nacimiento del Esquibo y las montañas de la Guayana portuguesa.
Acuña habla del oro que acarrean los desaguaderos septentrionales
del Bajo Marañon, tales como el rio Trombeta (Oriximina), el
Curupatuba y Guinipape (rio de Parú).
Nada se opone á conceder que haya terrenos con cerros auríferos
lejos de la Cordillera de los Andes, al norte de la Amazona, como
los hay al sur en las montañas del Brasil. Los Caribes del Caroni,
Cuyuni y Esquibo han practicado, aunque en pequeño, el lavado de
las tierras de aluvión desde los mas remotos tiempos. Cuando se
examina la estructura de las montañas y se abraza bajo un mismo
punto de vista una grande superficie del globo, las distancias
desaparecen y los sitios mas lejanos se acercan
insensiblemente.
He hecho la descripción de las vastas provincias de Venezuela y
la Guayana española; y examinando sus limites naturales, climas y
producciones, he discutido la influencia que ejerce la
configuración del suelo sobre la agricultura, el comercio y los
progresos mas ó menos lentos de la sociedad. He recorrido
sucesivamente las tres zonas que se siguen del norte al sur, desde
el Mediterráneo de las Antillas hasta los bosques del Alto Orinoco
y Amazona. A la parte fértil del litoral, centro de la riqueza
agrícola, siguen los prados habitados por los pueblos que se
componen de pastores; y estos mismos llanos, á su turno, están
rodeadas por la región de los bosques, cuyos habitantes gozan, no
diré de libertad (que es siempre el producto de la civilización),
sino de una salvaje independencia. El limite de las dos últimas
zonas es hoy el teatro de esta guerra que va á decidir de la
independencia y prosperidad de la América. Las mudanzas que se
preparan, no podrán borrar el carácter individual de cada región;
pero sin embargo las costumbres y el estado van á tomar un aspecto
mas uniforme. Es agradable ver pintados en un mismo cuadro los
pueblos civilizados del litoral, y este débil resto de indígenas
del Orinoco, que no conocen otro culto que las fuerzas de la
naturaleza y que semejantes á los Germanos de Tácito
deorurn
nominibus appellant secretum illud, quod sola reverentia
vident.
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El nombre Marañon era conocido cincuenta y nueve años
antes de la expedición de Lopez de Aguirre; es pues por error que
se le atribuye la denominación del rio al mote ó sobrenombre de
marranos que este aventurero daba á sus compañeros al bajar
el rio de las Amazonas. ¿ Esta grosera burla no haría ella alusión
mas bien al nombre indio del rio? (regresar
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